Central Puerto proyecta un aserradero de US$40 millones
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Corrientes busca dar otro salto en la industrialización de su patrimonio forestal. Mientras se proyecta una planta de celulosa fluff por US$2.000 millones en Ituzaingó, Central Puerto analiza desembarcar en el Parque Foresto-Industrial de Santa Rosa con un aserradero de gran escala que demandaría una inversión superior a US$40 millones.
El proyecto todavía atraviesa una etapa de evaluación y negociación con el Gobierno correntino, pero ya registra avances concretos. Directivos y técnicos de la compañía recorrieron el parque industrial y comenzaron a evaluar las condiciones operativas para una eventual radicación.
De concretarse, la planta tendría una capacidad cercana a las 450.000 toneladas anuales y estaría orientada principalmente a producir madera sólida para los mercados externos.
La iniciativa incorpora además un componente energético: los residuos generados durante el procesamiento industrial de la madera serían utilizados para producir energía mediante biomasa, agregando eficiencia al aprovechamiento de la materia prima forestal.
El gobernador de Corrientes, Juan Pablo Valdés, confirmó las negociaciones y anticipó que, si las gestiones avanzan según lo previsto, las obras podrían comenzar durante este año.
El eventual desembarco no supone para Central Puerto ingresar a un negocio desconocido. La compañía ya construyó una posición relevante dentro del sector forestal argentino y cuenta con una importante disponibilidad propia de materia prima.
La empresa posee más de 160.000 hectáreas entre Corrientes y Entre Ríos, incorporadas a partir de distintas adquisiciones de activos forestales. Aproximadamente el 93% de esas plantaciones está localizado en Corrientes.
Ese patrimonio constituye una ventaja estratégica para el proyecto: permitiría integrar la disponibilidad del recurso forestal con su transformación industrial y reducir la dependencia de terceros para abastecer una planta diseñada para operar a gran escala.
Para Corrientes, el proyecto representa además otro paso en una estrategia que busca dejar atrás un perfil concentrado en la producción primaria de madera y capturar dentro de la provincia una porción mayor del valor agregado de la cadena.
La cuestión no es menor para el mapa forestal del NEA. Corrientes y Misiones concentran buena parte de la superficie de bosques implantados del país, pero la nueva ola de grandes inversiones industriales comienza a mostrar una dinámica particularmente intensa del lado correntino.
Santa Rosa gana escala industrial
El lugar elegido es el Parque Foresto-Industrial de Santa Rosa, donde ya funcionan empresas vinculadas al procesamiento de madera. Representantes de Central Puerto visitaron las instalaciones y mantuvieron encuentros con compañías radicadas en el complejo para analizar las condiciones necesarias para avanzar con la inversión.
El proyecto podría convertir al establecimiento en uno de los aserraderos de mayor capacidad del país.
La escala prevista -unas 450.000 toneladas por año– revela además que no se trata simplemente de sumar capacidad de aserrado, sino de estructurar una plataforma industrial con orientación exportadora y aprovechamiento energético de los subproductos.
Esa combinación responde a una tendencia cada vez más marcada dentro de la industria forestal mundial: maximizar el uso de cada tonelada de madera que ingresa a planta, destinando las piezas de mayor calidad a productos sólidos y convirtiendo residuos, corteza y otros subproductos en insumos energéticos.
El Gobierno correntino busca acompañar esta estrategia mediante incentivos fiscales y garantías de estabilidad jurídica para proyectos de largo plazo.
Pero aparece un obstáculo: por su escala, una inversión de US$40 millones queda muy lejos del piso general establecido para ingresar al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Valdés planteó al ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo, la necesidad de revisar el piso mínimo de US$200 millones para permitir que inversiones industriales vinculadas con economías regionales puedan acceder a un régimen de beneficios similar.
El planteo apunta directamente a una característica del sector forestal: salvo los grandes proyectos de celulosa, muchas inversiones capaces de modificar sustancialmente la capacidad productiva de una región requieren decenas de millones de dólares, pero no necesariamente alcanzan los umbrales previstos para los megaproyectos incluidos en el RIGI.
Una eventual adecuación podría convertirse, por lo tanto, en una herramienta para acelerar inversiones en aserraderos, plantas de tableros, generación con biomasa y otras industrias asociadas a la madera.
