Cuentos increíbles y realidades que demandan
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Hay historias difíciles de creer. Y después está la de Manuel Adorni. Durante semanas el jefe de Gabinete soportó preguntas incómodas sobre su patrimonio, sus gastos, sus inmuebles, los préstamos que tomó y la velocidad con la que crecieron sus activos desde que llegó al poder. La respuesta finalmente llegó con una batería de declaraciones juradas rectificativas presentadas oportunamente unas pocas horas antes de que comience el Mundial que podría acaparar la atención por estas horas. Pero no tuvo suerte. Sólo se habla de las rectificativas de Adorni.
Rectificativas. Qué palabra elegante para decir: “Voy a rehacer los números porque los anteriores ya no me sirven”. Recuerda a reperfilar.
La secuencia tiene algo de prodigio financiero y bastante de realismo mágico libertario. Según la nueva versión de los hechos, Adorni habría invertido unos 200.000 dólares en Bitcoin entre 2013 y 2018. Una apuesta que, según explica ahora, terminó generándole una fortuna cercana a los 500.000 dólares. Luego habría vendido esos activos para proteger el futuro de sus hijos y conservado ese dinero durante años. En efectivo. Guardado. Quieto. Invisible. Tan invisible que se olvidó de declararlo cuando ingresó al Gobierno. Recién ahora recuperó la memoria. Justo cuando la Justicia empezó a mirar sus gastos exorbitantes desde que asumió en la gestión pública. Antes compraba trajes en cuotas, reclamaba por una salchicha y pedía para el pasaje, según sus colegas en los medios. Después, viajes a destinos exclusivos, vuelos privados, departamentos y remodelaciones en el country.
La historia ya tendría problemas de verosimilitud si se tratara de un vecino del barrio. Encontrar un pendrive con semejante fortuna es digno de un guión cinematográfico. Pero adquiere otra dimensión cuando quien la cuenta es el jefe de Gabinete de la Nación. La pregunta elemental es simple: ¿quién invierte todo su patrimonio en Bitcoin en 2014? No una parte. No un porcentaje. Todo.
En 2014 Bitcoin era un experimento para entusiastas tecnológicos, libertarios tempranos y apostadores profesionales. No era un refugio de valor, ni una inversión conservadora. No era un plazo fijo. Era una ruleta.
Y según la explicación oficial, Adorni habría puesto ahí prácticamente todo lo que tenía.
Más extraño todavía: los números tampoco terminan de cerrar. Si efectivamente hubiera invertido 200.000 dólares cuando Bitcoin cotizaba en torno a los 500 dólares y vendido cuando rondaba los 7.500, la rentabilidad habría sido muy superior a la que ahora declara. Los cálculos simples sugieren que el resultado debería haber sido varias veces más alto que los poco más de 500.000 dólares que intenta justificar. Ni siquiera el milagro parece estar bien contado.
Pero el problema principal no es financiero, sino político y judicial.
La Justicia ya ordenó nuevas medidas de prueba. Solicitó reconstruir el historial laboral y de ingresos de Adorni y de su esposa desde 2012. Requirió información a organismos públicos, pidió analizar la evolución patrimonial y ordenó determinar cuánto valían los bitcoins cuando fueron adquiridos y cuánto representarían hoy. Incluso solicitó recopilar todas las declaraciones públicas en las que el funcionario habló sobre criptomonedas.
Un detalle especialmente incómodo. Porque existe un registro de Adorni contando que conoció Bitcoin a partir de un estudiante que seguía obsesivamente la cotización durante una clase. Un relato que no parece el de alguien que estaba apostando cientos de miles de dólares propios al mercado cripto.
Pero hay más. Las declaraciones rectificativas revelan que el funcionario habría llegado al Gobierno con un patrimonio cercano a los 708.000 dólares y hoy declara alrededor de 638.000.
Es decir, según su propia reconstrucción, perdió patrimonio en dólares. La otra pregunta incómoda es por qué necesitó préstamos de familiares y jubilados si disponía de semejante colchón de liquidez.
¿Por qué endeudarse cuando supuestamente había medio millón de dólares guardados? ¿Por qué pedir dinero prestado si el efectivo estaba disponible? Son preguntas que siguen sin respuesta.
Mientras tanto, la discusión jurídica empieza a desplazarse hacia un terreno mucho más delicado.
La figura de omisión maliciosa castiga a funcionarios que ocultan bienes o consignan datos falsos en sus declaraciones juradas. Si la Justicia concluye que existió voluntad de ocultar patrimonio, las consecuencias podrían incluir penas de prisión e inhabilitación para ejercer cargos públicos. No es una cuestión administrativa. Es una cuestión penal, que incluso puede salpicar al presidente Javier Milei, quien insiste en sostenerlo a pesar del posible efecto contagio. ¿Por qué? ¿Qué sabe Adorni? ¿La estafa $Libra como telón de fondo?
Antes de las “rectificativas”; Adorni y su esposa decidieron adherir al Régimen Simplificado de Ganancias impulsado por el propio Gobierno dentro del esquema conocido como “Inocencia Fiscal”, que implica, básicamente, que nadie preguntará demasiado por el origen de los fondos declarados o invertidos. También se adhirieron Federico Sturzenegger, el eyectado por sus amistades narco, José Luis Espert, Andrés Vázquez, Juan Pazo y una larga lista de funcionarios, legisladores y dirigentes oficialistas.
El Gobierno que prometió terminar con los privilegios terminó acogiéndose a las virtudes de un régimen que reduce controles patrimoniales.
La coincidencia temporal es extraordinaria y obliga a una lectura más rigurosa: primero aparecen preguntas sobre patrimonios difíciles de explicar. Después una ley que flexibiliza explicaciones patrimoniales. Finalmente, los funcionarios adhiriéndose a esa ley. Todo perfectamente legal. Pero políticamente puede resultar devastador.
Si un funcionario necesita ingresar a un esquema especial para acomodar declaraciones juradas que ya presentó; si debe rehacer varios años de patrimonio de manera retroactiva; si aparecen cientos de miles de dólares que antes no estaban; si la Justicia debe reconstruir una década de ingresos para entender qué pasó, es casi una confesión…el problema ya no es contable. Es de credibilidad.
Y la credibilidad es el activo más difícil de blanquear. Sobre todo cuando la explicación exige creer que alguien apostó toda su fortuna a Bitcoin cuando casi nadie confiaba en las cripto, ganó una fortuna, la guardó durante años en efectivo, olvidó declararla al asumir funciones públicas y recién la recordó cuando comenzaron las investigaciones.
Hay que reconocer algo. No cualquiera puede construir una historia así. Ni siquiera Hollywood se animaría a tanto. Adorni mintió incluso ante el Congreso, cuando juró que no había nada oculto en su patrimonio.
El problema es que el Gobierno llegó prometiendo que la corrupción era un problema de la política tradicional y que los funcionarios libertarios venían a demostrar una superioridad moral. Por eso cada inconsistencia pesa el doble.
Cristina Fernández está condenada por presuntos delitos cometidos varios escalones más abajo en la cadena de mando. Pero la Justicia consideró que la ex presidenta no podía no saber. Si hay jurisprudencia, a Milei podría aplicársele.
Hasta ahora la explicación consiste en pedirle a la sociedad un acto de fe. El problema es que los gobiernos pueden pedir sacrificios. Pueden pedir paciencia. Incluso pueden pedir confianza. Lo único que no pueden pedir es credulidad.
La “Ley de inocencia fiscal” probablemente sea una de las leyes que quede en la historia grande de nuestro país: aún no se toma la real dimensión de todo lo que implica.
— Manuel Adorni (@madorni) December 27, 2025
Dios bendiga a la República Argentina.
Fin.
El tuiter de Adorni, el 26 de diciembre del año pasado, cobra ahora una dimensión distinta
Ahora no sólo admitió ser evasor, sino que implícitamente reveló que mintió ante el Congreso cuando afirmó: “Respecto de todos los bienes que componen mi patrimonio no existió nunca ocultación alguna”, afirmó. Pues había ocultado bastante.
“Voy a pagar hasta el último impuesto que me corresponda pagar, hasta la última multa, todos los intereses, todo lo que devenga de este error”, prometió como si fuera algo optativo. El jefe de Gabinete negó además ser un “chorro”.
La nueva estrategia tiene sentido, si se considera que es preferible una investigación por evasión que por enriquecimiento ilícito. Sin embargo, la Justicia deberá continuar su recorrido y analizar las denuncias por presunta corrupción, viajes al exterior y, contra su esposa, por supuestos contratos irregulares con el Estado.
El escándalo Adorni está opacando incluso los “méritos” del Gobierno, como la baja del riesgo país y el dato de la inflación, que estuvo por debajo de las proyecciones del mercado, con un 2,1 por ciento que marca algo de alivio.
Pero también logra distraer de otros datos más complejos. Desde que asumió Milei, en diciembre de 2023, cerraron 26.989 empresas.
En el primer mes de vigencia de la reforma laboral se destruyeron 7.603 puestos registrados privados. En los últimos 10 meses se perdieron 112.034 empleos registrados en el sector privado. En el último año, la pérdida asciende a 109.906 puestos, y desde que asumió Milei, la destrucción alcanza los 216.643 puestos (-3,4%).
La gestión, de hecho, está paralizada. No hay acciones, no hay señales hacia las provincias. La economía sólo da señales positivas en donde está concentrada la minería y el petróleo.
La reacción depende de las provincias. Misiones piensa su desarrollo desde la política con las proyecciones que emanan de Encuentro Misionero, el espacio que conduce Carlos Rovira, quien se sacó a sí mismo de las apetencias electorales. Cada jueves, la “previa” se convierte en una usina de ideas donde se piensa la provincia con impronta misionerista. No es apenas un eslogan, sino un contraste directo con los otros espacios, que diseñan su política en oposición a o esperando coordenadas que lleguen de la Capital Federal: “Todavía no definimos nuestra postura sobre la construcción de represas en Misiones. Esas definiciones vendrán desde nuestro presidente”, confesó Adrián Núñez, el referente libertario, sobre una cuestión esencial para Misiones. Ninguno de los referentes libertarios ni sus aliados circunstanciales, se animó a hablar de Adorni y sus andanzas del Bitcoin.
Rovira, en cambio, no eludió el debate por la represa de Corpus, pero recordó que Misiones fue puliendo una matriz energética propia, que puede alimentar hoy un tercio de la demanda y que cualquier proyecto hidroeléctrico debe contar necesariamente con el aval de la sociedad y dejar mucho más que regalías.
Pensar el futuro desde la provincia ya es un dato político que no se replica en otras latitudes, donde prima un sálvese quien pueda en medio de la vastedad del ajuste. Ese posicionamiento abarca todas las aristas para diagramar la nueva etapa política del oficialismo, que busca una síntesis entre lo que se hizo y lo que hace falta. Rovira anunció la pronta puesta en marcha del sistema acusatorio en Misiones, un viejo anhelo que propone un servicio de justicia más ágil y eficiente.
La eficiencia también está puesta entre las prioridades de la gestión. El gobernador Hugo Passalacqua anunció que habrá un recorte de entre tres o cuatro ministerios -pueden ser más-. Según averiguó Economis, se trata de la fusión de áreas espejo: Cambio Climático con Ecología, Agricultura Familiar en el Agro, Acción Cooperativa con Industria y Energía también dentro del área de Obras Públicas. Se pretende achicar la carga burocrática y ahorrar recursos en el Presupuesto 2027.
Ese alineamiento describe el momento que atraviesan los principales hombres del Gobierno: la política pensando a futuro, con la incorporación de nuevas ideas y actores y la gestión que necesita hacerse liviana para atender las urgencias. Passalacqua sabe de gobernar en tiempos complejos. Le tocó administrar durante Cambiemos y ahora con el ajuste como una política de parte de la Nación. La unidad de objetivos de Encuentro Misionero, que ya tiene aval legal para participar en las elecciones, contrasta con la espera de mandatos desde Buenos Aires y la búsqueda de alianzas imposibles entre los espacios menores.
