El acopio yerbatero comienza con precios más bajos que hace dos años y menos demanda industrial
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La zafra gruesa de yerba mate en Misiones vuelve a arrancar con señales de alarma. Este año, incluso antes de comenzar formalmente, el proceso ya muestra signos de parálisis: varias de las principales industrias del sector anticiparon que no iniciarán el acopio en abril, en un escenario atravesado por la falta de precios de referencia y condiciones productivas que aún no acompañan.
La Cooperativa Flor de Jardín, de Jardín América, puso sobre la mesa una grilla de precios que refleja la dispersión actual del mercado: ofrece $240 por kilo de hoja verde con pago a 120 días, una alternativa mixta de $230 (con $100 al contado y el saldo diferido a 120 días) y un valor de $210 totalmente al contado. La propuesta, además, contempla descuentos adicionales -como costos de cosecha y eventuales penalizaciones por falta de certificaciones-, lo que en la práctica reduce aún más el ingreso efectivo del productor y profundiza las dificultades para alcanzar un precio de equilibrio en la cadena.
El comunicado de la Flor de Jardín refleja ese intento de ordenar un mercado que, en la práctica, funciona sin brújula. Allí se fijan valores escalonados según modalidad de pago, pero que no logran traducirse en acuerdos generalizados. La consecuencia es directa: la zafra no arranca o lo hace a cuentagotas.
“Yerba con mucha semilla aún, por lo que con seguridad no vamos a iniciar el acopio antes del 15 de abril”, explicó un ejecutivo del sector, dejando en claro que el retraso no responde únicamente a una cuestión económica, sino también agronómica. Sin embargo, el trasfondo del problema es otro: la dificultad para encontrar un precio que cierre en toda la cadena.
Hoy, los valores que comienzan a circular -entre $210 y $240 por kilo de hoja verde, según condiciones de pago- no logran conformar a nadie. “Esos 240 pesos nos quedan caros a la industria para pagar y al productor tampoco le sirve. Es malo para toda la cadena”, sintetizó el dueño de una de las principales yerbateras. La frase resume con crudeza el momento: no hay precio de equilibrio.
El contraste con años recientes evidencia un deterioro progresivo. En abril de 2024, en el primer ciclo sin precio sostén del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), tras la desregulación que impuso el presidente Javier Milei, el mercado operó con referencias de entre $290 y $370 por kilo, aunque con fuerte tensión frente a productores que reclamaban cifras mucho más altas. En 2025, los valores se estabilizaron en torno a los $300, todavía lejos de las expectativas del sector primario. En comparación con 2024, los valores ofrecidos ahora son 35 por ciento más bajos, mientras que la inflación fue de 270 por ciento desde que asumió Milei.
Ahora, en 2026, no solo hay una baja nominal de precios -que en términos reales es aún más profunda- sino también una novedad más preocupante: parte de la industria directamente decide no comprar.
Ese freno tiene implicancias inmediatas. Para los productores, significa postergar ingresos en un contexto de costos crecientes. Para los tareferos, implica un retraso en el inicio del empleo estacional. Para la industria, suma incertidumbre en la planificación productiva. Y para el mercado en general, abre interrogantes sobre el abastecimiento y la evolución de los precios en los próximos meses.
El punto de fondo sigue siendo la desregulación del sector. Sin un precio de referencia oficial, el sistema quedó librado a negociaciones directas entre actores con distinto poder de mercado. En ese marco, la falta de acuerdos en un momento clave como el inicio de la zafra expone las tensiones de un modelo que todavía no logra encontrar un nuevo equilibrio.
Así, la cosecha 2026 de yerba mate no solo empieza más tarde: arranca con un nivel de incertidumbre que atraviesa a toda la cadena y que vuelve a poner en debate la sostenibilidad del esquema actual.
