El FMI advierte que las reformas de subsidios y pensiones solo funcionan con respaldo social
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En su último Monitor Fiscal de abril de 2025, el Fondo Monetario Internacional (FMI) sostiene que el éxito de las reformas estructurales en subsidios energéticos y pensiones depende, en gran parte, del respaldo de la opinión pública. El informe plantea que los beneficios fiscales de estas medidas son significativos, pero que la resistencia social es uno de los principales obstáculos. A partir de un nuevo modelo de análisis que utiliza inteligencia artificial, el organismo sugiere estrategias de comunicación, compensación social y compromiso político como claves para la implementación sostenible de estos cambios.
El FMI advierte: sin apoyo social, las reformas de subsidios y pensiones no funcionan
Reformas necesarias, pero impopulares
El informe, elaborado por los economistas Era Dabla-Norris, Davide Furceri y Mauricio Soto, remarca que la eliminación gradual de subsidios a la energía y la reforma de los sistemas previsionales son dos herramientas fiscales cruciales para los países con alto endeudamiento y bajo crecimiento.
Sin embargo, el documento advierte que, si no se gestionan adecuadamente desde lo político y lo comunicacional, estas reformas pueden fracasar ante la resistencia social, aún cuando su impacto técnico sea positivo.
Impacto fiscal: potencial de ahorro y reasignación de recursos
- Los subsidios energéticos insumen, en promedio, 1,5% del PBI en economías emergentes y de bajos ingresos, superando el gasto social destinado a los sectores más vulnerables.
- El gasto previsional alcanza el 8% del PBI en países desarrollados y el 4% en emergentes, con una tendencia creciente debido al envejecimiento poblacional.

El FMI señala que estos gastos, mal focalizados o insostenibles, afectan la calidad del gasto público y restringen el margen fiscal para inversiones estratégicas.
“Reducir subsidios libera recursos, elimina distorsiones y promueve un uso más eficiente de la energía”, apunta el informe.
“Las reformas previsionales permiten garantizar la sostenibilidad de los sistemas y mejorar el empleo juvenil”.
La clave del éxito: gradualismo, compensaciones y comunicación
El informe propone tres pilares para maximizar la aceptación social:
1. Implementación gradual y en tiempos de bonanza
Casos como Colombia y Alemania demuestran que los ajustes progresivos en precios de combustibles o edad jubilatoria, ejecutados en contextos de crecimiento económico, resultan más aceptables.
2. Compensaciones focalizadas
Ejemplos como Australia, que elevó la edad de jubilación mientras aumentaba en más del 10% las prestaciones para adultos mayores de bajos ingresos, muestran que los esquemas de redistribución pueden neutralizar el rechazo inicial.
3. Comunicación estratégica y diálogo político
La experiencia de Marruecos, con una campaña informativa bien articulada sobre el carácter regresivo de los subsidios, permitió avanzar con una reforma energética impopular pero efectiva. En Uruguay, el liderazgo político del presidente en torno a la reforma jubilatoria fue determinante para construir consenso.

Nueva metodología: inteligencia artificial para medir aceptabilidad social
Una de las innovaciones del Monitor Fiscal 2025 es la aplicación de modelos de lenguaje de IA para cuantificar la percepción pública de estas reformas. A partir del análisis de más de 2 millones de artículos periodísticos en 170 países, el FMI diseñó un sistema de medición de aceptación social en tiempo real, que permite anticipar reacciones y ajustar estrategias.
“La opinión pública importa tanto como las variables fiscales en el éxito de las reformas”, concluye el informe.
Lecciones para América Latina y desafíos para Argentina
En un contexto donde muchos países —incluida Argentina— evalúan reformas en subsidios y jubilaciones para ordenar sus cuentas, el FMI remarca que el respaldo social no es accesorio, sino estructural para garantizar resultados duraderos. La advertencia es clara: sin diálogo, transparencia y medidas compensatorias, el ajuste corre el riesgo de convertirse en un factor de desestabilización social.
El desafío es político y comunicacional tanto como económico. Y el momento para actuar, dice el Fondo, es ahora.
