Galperin ya no recomienda aprender a programar: el consejo del hombre más rico de Argentina para los estudiantes

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En el pódcast “Founder’s Mentality: The CEO Sessions” de Bain & Company, el fundador de Mercado Libre trazó una hoja de ruta que combina disciplina financiera, inteligencia artificial y competencia global. En una conversación de alto voltaje estratégico, Galperin reveló que dejó de percibir salario y se apartó del rol ejecutivo tradicional para enviar una señal interna: dedicación total al proyecto.

“Mercado Libre tiene que ser tu vida”, sostuvo, al describir la compañía como un proyecto familiar y de largo plazo. La decisión, explicó, apunta a reforzar la cultura de compromiso en una empresa que opera bajo presión constante en un mercado cada vez más competitivo.

IA y talento: la era post-programador

El punto más disruptivo de su diagnóstico fue el impacto de la inteligencia artificial sobre la estructura de talento. Con 20.000 programadores en plantilla, 2026 será —según anticipó— el primer año en que la compañía no aumentará esa dotación. En un horizonte de cinco años, incluso podría reducirse a la mitad, no por despidos sino por menor contratación.

La señal al ecosistema tech es clara: aprender a programar ya no es la ventaja diferencial. “Hoy diría: hay que saber matemáticas, entender la lógica, los fundamentos”, afirmó. En otras palabras, el diferencial pasará por la capacidad de pensar en términos abstractos y numéricos más que por dominar un lenguaje específico que puede quedar obsoleto frente al avance de la IA generativa.

Para Galperin, la transformación tecnológica obliga a las compañías a “autointerrumpirse”: optimizar márgenes, escalar eficiencia y reinvertir en innovación antes de que el mercado lo imponga.

Competencia china: disciplina y batalla larga

Otro eje fue la presión de competidores chinos en América Latina. Galperin los describió como actores disciplinados, tecnológicamente robustos y dispuestos a sostener estrategias agresivas durante largos períodos.

“La competencia es darwiniana”, sintetizó. En su visión, la presión externa actúa como antídoto contra la burocracia interna y la complacencia, alineando a los equipos en torno a resultados concretos.

Cultura de alto rendimiento

En materia organizacional, defendió un modelo similar al de un equipo deportivo de élite: cultura compartida, pero con exigencia de rendimiento. Quien no cumple objetivos puede reubicarse, pero el “campo de juego” debe estar reservado a quienes generan valor directo.

Marketplace, fintech e ingeniería —los núcleos productivos— concentran la creación de valor; el resto cumple funciones de soporte. La claridad de roles, sostuvo, es clave para evitar la “tiranía de la excelencia funcional” y la proliferación de estructuras burocráticas.

Señal al mercado

La intervención dejó un mensaje potente para el sector tecnológico latinoamericano: el liderazgo ya no se mide por el salario o el cargo, sino por la capacidad de anticipar disrupciones, moldear cultura y sostener competitividad en un tablero global.

En un contexto donde la inteligencia artificial redefine perfiles profesionales y la competencia asiática intensifica la presión, Galperin plantea una ecuación exigente: menos código, más pensamiento estratégico, disciplina organizacional y foco absoluto en la ejecución.

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