Hooked; ¿Como adiestrar humanos?

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La dopamina es una hormona que actúa como neurotransmisor, es decir, un mensajero químico del cerebro, encargado, en este caso, de determinar “cuando ser feliz” y cuando no serlo. Durante nuestra etapa mas primitiva como humanidad, la dopamina nos sirvió para asegurar nuestra supervivencia misma, ya que, sin la “satisfacción” que genera dicha hormona, no sentiríamos siquiera la necesidad de beber agua, alimentarnos o incluso de reproducirnos.

Lo curioso está en que dicha hormona también es la que hace funcionar al concepto “castigo y recompensa”, volviéndose, así, parte fundamental de la estructura cognitiva animal, y de su proceso de aprendizaje. Unas décadas atrás, se descubrió que esta “vulnerabilidad cognitiva” podía ser el motor de consumo a gran escala, ocupando un espacio más en los parámetros a estudiar por parte de las empresas emergentes.

A modo de ejemplo: Imaginemos un ratón dentro de una caja, en ella hay dos botones; uno le dará al ratón una ración de comida, mientras que el otro electrificará el suelo que pisa, castigándole. Éste seria un claro ejemplo de castigo recompensa, pero, ¿Qué pasaría si solo hubiera un botón? Imaginemos otro escenario hipotético, uno donde el único botón de la caja le de comida o castigo al ratón de forma completamente aleatoria, variando entre poca comida, mucha comida o el castigo. A este experimento se lo conoce como “The Skinner Box” o “La caja de Skinner”, Burrhus Frederic Skinner, alrededor de los años 30, se percató de que el ratón de la segunda caja, oprimiría el botón el doble de veces que en otras cajas, e incluso de manera más compulsiva.

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Esto lo llevaría a determinar que la dopamina se segrega en el cerebro en un doscientos porciento mas “antes” de recibir la recompensa que luego de haberla recibido, tal y como si el cerebro anticipase su satisfacción. A este comportamiento se le denomina adicción, y podemos verlo reflejado, por ejemplo, en la adicción a los juegos de casino, donde la duda acerca de la aleatoria posibilidad de ganar en la siguiente jugada se torna intolerable. Un ejemplo quizás mas cercano, es el de las redes sociales, donde la duda acerca si al encender el teléfono habrá nuevas notificaciones, o cuando “escroleamos” en tiktok, haciendo insoportable la idea de dejar de bajar compulsivamente en el infinito hilo de videos, por la duda de ¿Qué habrá ahí abajo?

El algoritmo, o bien, lógica de funcionamiento de una red social como Instagram, Facebook, etc. se adaptan a nuestros gustos, proporcionándonos videos que puedan llegar a interesarnos, pero hay un trasfondo que pocos conocen, el cual consiste en la “variabilidad” de esta recompensa que significan los videos de interés. Es decir, el algoritmo no nos proporciona “exactamente” lo que queramos consumir, (no porque no sea bueno en ello), sino porque de no hacerlo no nos dejaría “hookeados” (Enganchados). A esta técnica se la conoce como “The Hook Model”, y consiste en ejecutar la lógica de la caja de Skinner para captar la mayor cantidad de audiencia posible.

Uno de los fundadores de la plataforma Facebook, Sean Parker, dijo en una entrevista “Wegiveyou a littledopamine hit” (te damos un pequeño golpe de dopamina), haciendo referencia a la conciencia que encarnaban los pioneros de la red social fundacional mas prestigiosa de la actualidad acerca de lo peligrosamente adictivo que podría llegar a ser aquello que estaban creando.

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Robert Sapolsky o llamó “The Magic Of Maybe” o “la magia del tal vez”, haciendo un paralelismo con el paradigma impuesto respecto a las jornadas laborales y la promesa de una futura jubilación. Regalándonos una idea mas panorámica de que implicancias tiene “adiestrar” humanos y como normalizamos ser domesticados para garantizar orden y obediencia masiva. Sapolsky se aventuró más allá, señalando también la misma promesa religiosa de que “lo realmente bueno viene después de la muerte”.

Es decadente terminar recurriendo a aprovechar lo mas primitivo de nuestra naturaleza humana para manipular y para multiplicar ganancias. Y lo es aún mas que siendo tantos Homo Sapiens sobre la faz de la tierra, ninguno se pare a cuestionar su obediencia innata hacia cosas tan terribles de las que no se tiene siquiera idea. Quizás es que simplemente disfrutamos de esas controladas dosis de dopamina que nos provee el algoritmo, quizás nos aterra la idea de que aquello que hoy termina siendo nuestra única fuente de esa fugaz pero asegurada felicidad, deje de existir, porque estamos tan intoxicados de dopamina, que creemos que no existe la felicidad por fuera de la pantalla.

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