Libertad, Igualdad y ¿Fraternidad?

Escribe Lucas Doroñuk

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El asesinato de un joven de 17 años en manos de un agente de seguridad francés desató la ira del pueblo, con una escalada de violencia fiel a la historia de su país. Aunque es solo la gota que rebalsó el vaso de un acumulado que viene teniendo lugar en Francia.

Un control de tránsito con un destino final vía gatillo fácil es solo la punta del iceberg de la indignación francesa. Es cierto, desde este acontecimiento, los franceses tomaron las calles. Saqueos, robos, enfrentamientos con la policía, incendios por doquier, animales en la vía pública y un país envuelto en una situación cuantiosamente anárquica. Casi en una parodia de la toma de la Bastilla o del mayo francés, los habitantes de este país llevan el confrontamiento en la sangre cuando de injusticia se habla. Sin embargo, más allá de lo legítimo de este reclamo, esto es un grito de “basta” ante lo que consideran como un abuso por parte de sus gobernantes.

Los franceses estallaron con varios temas a cuestas. Este país viene siendo azotado por una serie de problemas que solo acrecentar el mal humor social y fragmentan la fraternidad por la que tanto se pregona desde 1789. Más allá de los fenómenos estructurales, Francia viene atravesando hitos que golpean a sus ciudadanos. La pandemia de COVID – 19 fue indudablemente un tema de debate. Las fallas del sistema sanitario, las cuarentenas y la llegada de vacunas fueron temas que estresaron en gran medida a la población, todo a colación de problemáticas económicas a raíz del contexto sanitario. Los “lockdown” afectaron a las finanzas, solo del Estado, sino del sector privado, y esto es claramente un síntoma del descontento social, pese a que sean situaciones que muchas veces escapen a la decisión nacional.

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Otro knockout en el mentón del pueblo francés es la guerra en Ucrania. El empobrecimiento económico, la falta de posibilidad de ascenso social y la imposibilidad de pagar algo tan simple como la factura de luz son motivos más que suficientes para entender la furibunda reacción de un pueblo aletargado por el infortunio político de una conflagración en Europa. Asimismo, el dinero no es todo. Otro tema que aflige a la frágil fraternidad de la herencia revolucionaria es el miedo.

El ciudadano europeo en general comenzó a sentir un temor no antes visto desde la Segunda Guerra Mundial y alguna que otra tensión en tiempos de la Guerra Fría. La amenaza es real y es sobrealimentada por los medios occidentales, y tiene que ver con la probable expansión de la avanzada militar de Putin. Más allá de que en los planes del Kremlin quizás no se encuentre una excursión por el resto de Europa (ya que activaría el protocolo de una guerra global), el miedo está instalado, y a ese miedo solamente le sigue un estado de alerta total, casi paranoico que responde con violencia ante cualquier conminación.

Finalmente, y no menos importante, Macron es uno de los apuntados por el incendio social que actualmente vive Francia. Es que otro tema que viene acumulando el ciudadano de este país es la reforma jubilatoria. El hecho de proponer la suba de la edad para jubilarse fue motivo de manifestaciones populares y movilizaciones en más de 14 oportunidades. Nada de eso detuvo al presidente y su gabinete, quienes, mediante el paso por las cámaras, terminaron aprobando contra toda iniciativa popular la tan criticada reforma. A pesar de esto, no le salió gratis a Macron y lo está viviendo en carne propia actualmente.

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El pueblo solo esperaba para revelarse. Cualquier situación podría llevar a una hecatombe de las características que están viviendo actualmente. Es como si cada francés que salió a con banderas del joven Nahel pero con un nudo en la garganta de una bronca que viene desde hace tiempo. “Cuando el fuego crezca, quiero estar allí”, reza una canción de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y pareciera ser que es lo que está pasando ahora mismo en este país. No es solo un caso de gatillo fácil, el cual lógicamente duele, es un sinfín de situaciones que ponen en jaque el humor de una sociedad. ¿El europeo no está acostumbrado a problemas integrales o multifactoriales? Es claro, la comodidad de una comunidad que no ha sufrido mayor traspiés en 80 años puede darse el gusto de ofenderse, aunque la rebeldía es obligación cuando el desacato político es orden. Hoy en día, la guillotina es simbólica y está en las calles con resultados tremendos en términos de desorden social, detenidos y heridos. Los Robespierre del siglo XXI llamarían a este momento como “Opresión, desigualdad y enemistad”.

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