Milei en la ONU: Malvinas, crítica al multilateralismo y apuesta por la inteligencia artificial
|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
El presidente Javier Milei utilizó su tercera intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas para plantear una revisión integral del papel del organismo multilateral, colocar el reclamo argentino por las Islas Malvinas en el centro de su discurso y presentar a la inteligencia artificial como una oportunidad estratégica para el desarrollo económico. La intervención combinó política exterior, soberanía, energía, apertura comercial y una defensa explícita de un esquema de innovación con baja intervención estatal.
Ante la 81.ª sesión de la Asamblea General, Milei sostuvo que la ONU se apartó de los objetivos que dieron origen a la organización y cuestionó su capacidad para hacer cumplir sus propias resoluciones. Su diagnóstico fue presentado alrededor de tres preguntas: qué debería haber hecho el organismo y no hizo, qué acciones emprendió pese a que, según su interpretación, no correspondían a su mandato y cómo debería posicionarse frente a la transformación tecnológica impulsada por la inteligencia artificial.
La primera parte de la exposición estuvo atravesada por una crítica severa al funcionamiento del sistema multilateral. Milei sostuvo que la organización dejó de cumplir con su propósito original de promover la cooperación entre Estados, defender la soberanía y resolver conflictos mediante mecanismos pacíficos. También cuestionó políticas vinculadas con derechos humanos, regulación económica, género, ambiente, migración y la respuesta internacional frente a la pandemia de coronavirus.
Malvinas y el límite entre las resoluciones y los hechos
El capítulo de mayor contenido geopolítico estuvo dedicado a las Islas Malvinas. Milei reiteró que para la Argentina constituyen una “causa nacional” y utilizó la disputa para cuestionar la capacidad de Naciones Unidas de transformar sus resoluciones en consecuencias concretas.
El Presidente recordó la resolución 31/49 de la Asamblea General, que insta a la Argentina y al Reino Unido a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales mientras permanezca abierta la disputa de soberanía. Su planteo coincidió con un momento de mayor tensión bilateral alrededor de la exploración hidrocarburífera en el área disputada. Reuters informó que el discurso argentino se produjo en un contexto de crecientes diferencias con Londres por proyectos de exploración petrolera en torno a las islas.
Milei sostuvo que el proyecto Lion, orientado a la exploración de hidrocarburos en la cuenca Malvinas Norte, se desarrolla mediante licencias británicas que el Gobierno argentino considera ilegales e ilegítimas. Frente a ese escenario, enumeró las medidas adoptadas por su administración: notas de desaliento, utilización de herramientas jurídicas, sanciones a empresas involucradas y sus proveedores y el envío al Congreso de un proyecto de ley relacionado con la defensa de la soberanía nacional.
La estrategia planteada por el Gobierno fue presentada como una defensa “pacífica, práctica y efectiva”, acompañada por un nuevo llamado a Londres para retomar las negociaciones sobre la disputa de soberanía y sobre la explotación de recursos naturales. En paralelo, Milei volvió a sostener la posición argentina sobre la aplicación del principio de libre determinación a la población de las islas.
El componente energético estuvo directamente vinculado con esa definición geopolítica. Milei invitó a inversores internacionales a participar del desarrollo de Vaca Muerta, a la que presentó como una oportunidad para convertirse en uno de los grandes polos energéticos de las próximas décadas, pero marcó como límite la explotación de recursos en áreas que la Argentina considera bajo ocupación externa.
Apertura económica y alineamiento internacional
El segundo gran eje del discurso fue la orientación económica y geopolítica de la administración Milei. El Presidente sostuvo que la Argentina está abriendo su economía al comercio y la inversión, avanzando sobre sus recursos estratégicos y reconstruyendo sus capacidades militares después de décadas de deterioro, según su propia caracterización.
También explicitó el alineamiento internacional de su Gobierno con Occidente, Estados Unidos e Israel, al que definió como una elección geopolítica basada en afinidades de valores y complementariedad estratégica. En esa línea, reiteró el rechazo argentino a los ataques de Irán contra Israel y recordó la decisión de declarar terrorista a la Guardia Revolucionaria iraní, además del compromiso oficial con las investigaciones de los atentados contra la AMIA y la Embajada de Israel.
La formulación sintetizó una política exterior que el Gobierno presenta como una combinación de apertura económica, alianzas estratégicas y recuperación de capacidades nacionales. Milei planteó que la Argentina debe incrementar su peso político, económico y militar para ampliar su margen de decisión internacional, aunque remarcó que ese objetivo no estaría orientado a la expansión territorial sino a la autonomía nacional.
Inteligencia artificial: crecimiento antes que regulación preventiva
La tercera parte del discurso trasladó la discusión desde la geopolítica hacia la economía del conocimiento. Milei presentó a la inteligencia artificial como una transformación tecnológica comparable, por sus potenciales efectos económicos, con la imprenta, la máquina de vapor, la electricidad e internet.
Su argumento central fue que las nuevas tecnologías no deberían ser abordadas desde una lógica de temor a la destrucción del empleo. Para sostener esa posición, recurrió a la revolución industrial y a la división del trabajo desarrollada por Adam Smith como referencias para defender la hipótesis de que los saltos de productividad pueden ampliar las capacidades económicas y crear nuevos espacios de actividad.
Desde esa perspectiva, Milei cuestionó que el Estado asuma de manera anticipada el control de la inteligencia artificial. Según su planteo, una regulación preventiva podría limitar la capacidad de innovación y concentrar en funcionarios y organismos públicos decisiones sobre qué tecnologías pueden desarrollarse.
La propuesta argentina que expuso ante la ONU apunta, por el contrario, a posicionar al país como plataforma para el desarrollo de inteligencia artificial. El Presidente mencionó como ventajas los minerales críticos, la disponibilidad energética, el talento humano y la capacidad tecnológica, y propuso un marco jurídico con baja regulación preventiva, responsabilidad limitada para empresas que desarrollen agentes de IA y beneficios fiscales.
La apuesta tiene además una dimensión geopolítica. Milei sostuvo que el desarrollo de la inteligencia artificial no es políticamente neutral y defendió que Occidente mantenga el liderazgo tecnológico para orientar esa transformación hacia principios que su Gobierno identifica con la libertad, la propiedad privada, la vida y la dignidad humana.
Una estrategia que busca convertir recursos en poder económico
El cierre del discurso conectó los distintos capítulos bajo una misma idea: transformar los activos argentinos en capacidad económica y política. Energía, alimentos, minerales críticos, talento humano, el Atlántico Sur y la posición geográfica hacia la Antártida fueron presentados como componentes de una estrategia para aumentar el peso internacional del país.
La definición también mostró la relación que el Gobierno busca establecer entre política exterior y política económica. Vaca Muerta aparece como plataforma energética; los minerales y la energía, como insumos para la nueva economía tecnológica; y la apertura comercial, como mecanismo para atraer inversiones y ampliar mercados.
La intervención dejó así planteado un cambio de enfoque respecto del papel que Milei asigna a la Argentina dentro del sistema internacional: participación en los organismos multilaterales, pero con una crítica explícita a sus mecanismos; defensa de la soberanía sobre Malvinas mediante instrumentos diplomáticos, jurídicos y económicos; alineamiento estratégico con Estados Unidos e Israel; y una política de innovación que prioriza la inversión y la productividad por sobre la regulación anticipada.
El debate que queda abierto no es solamente diplomático. También es económico. La estrategia expuesta en Nueva York supone convertir recursos naturales, energía, capital humano y tecnología en inversión, exportaciones y mayor capacidad de negociación internacional. La cuestión central será cómo esas definiciones se traducen en políticas concretas, resultados productivos y capacidad efectiva para defender los intereses argentinos en un escenario internacional atravesado por disputas geopolíticas y una acelerada transformación tecnológica.
