Mundial 2026: la polémica por el transporte expone la otra cara del negocio multimillonario de la FIFA
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La discusión sobre el costo del Mundial 2026 ya no se limita al precio de las entradas. A menos de un año del inicio de la mayor Copa del Mundo de la historia, una nueva controversia comenzó a ocupar el centro de la escena: el elevado costo del transporte para llegar a los estadios en algunas de las principales sedes de Estados Unidos.
La situación resulta especialmente sensible porque el torneo organizado por Estados Unidos, Canadá y México aspira a convertirse en el evento deportivo más grande jamás realizado por la FIFA, con 48 selecciones, 104 partidos y millones de espectadores movilizándose entre ciudades y estadios. Sin embargo, para muchos aficionados, asistir a un partido implica afrontar gastos adicionales que en algunos casos alcanzan niveles comparables al valor de una entrada.
El caso más emblemático se registra en la región de Nueva York y Nueva Jersey, donde se disputarán ocho encuentros, incluida la final del 19 de julio de 2026 en el MetLife Stadium. Allí, los aficionados que viajen desde Manhattan deberán desembolsar 98 dólares por un pasaje ferroviario de ida y vuelta, una cifra que generó cuestionamientos de dirigentes políticos, organizaciones de hinchas e incluso de la propia FIFA.
La polémica se intensificó porque el precio originalmente anunciado por NJ Transit, la empresa estatal de transporte de Nueva Jersey, alcanzaba los 150 dólares. Tras semanas de presión pública y negociaciones, la tarifa fue reducida en dos oportunidades hasta llegar al valor actual. Aun así, el monto continúa muy por encima de los aproximadamente 13 dólares que cuesta habitualmente el mismo recorrido durante los partidos de la NFL que disputan los New York Giants y los New York Jets.

La controversia también alcanza a quienes planean llegar en vehículo particular. Los estacionamientos cercanos al estadio registran tarifas que en días de partido superan los 200 dólares, incrementando aún más el costo total de la experiencia mundialista.
Boston aparece como el segundo foco de conflicto. Los servicios especiales de tren hacia el Gillette Stadium costarán 80 dólares ida y vuelta, cuatro veces más que el precio habitual que pagan los espectadores durante otros eventos deportivos. Las autoridades locales justifican el valor argumentando la necesidad de desplegar servicios extraordinarios para movilizar a decenas de miles de personas hacia un estadio ubicado a unos 45 kilómetros del centro urbano.
Sin embargo, el escenario no es uniforme en todas las sedes. Algunas ciudades optaron por estrategias diametralmente opuestas. Miami anunció servicios gratuitos de autobuses hacia el Hard Rock Stadium con el objetivo de reducir la congestión vehicular y facilitar el acceso de los espectadores. En Kansas City, los servicios de traslado costarán apenas 15 dólares ida y vuelta, mientras que Filadelfia logró un acuerdo con Airbnb para financiar transporte gratuito de regreso después de los partidos. Atlanta, Houston y Seattle, por su parte, mantendrán las tarifas regulares de sus sistemas de transporte público.
Detrás de la discusión aparece una cuestión de fondo que trasciende al Mundial: quién debe asumir los costos extraordinarios de organizar un megaevento deportivo global. Cuando Estados Unidos, Canadá y México obtuvieron la sede en 2018, los contratos contemplaban transporte gratuito para los poseedores de entradas. Sin embargo, la FIFA modificó esa exigencia en 2023 al considerar que representaba una carga financiera excesiva para las ciudades anfitrionas.
Desde entonces, las sedes quedaron obligadas únicamente a garantizar la existencia de servicios de transporte, sin necesidad de subsidiarlos. Esa modificación trasladó gran parte de la discusión financiera a gobiernos locales, operadores de transporte y aficionados.
El debate adquiere una dimensión aún más sensible cuando se observan las cifras económicas del torneo. La FIFA proyecta ingresos cercanos a los 13.000 millones de dólares durante el ciclo 2023-2026, casi el doble de los 7.500 millones registrados en el período anterior. Este dato es utilizado por quienes sostienen que la organización debería asumir una parte de los costos logísticos asociados a la movilidad de los espectadores.
La gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, calculó que transportar de forma segura a unos 40.000 aficionados por partido demandará cerca de 48 millones de dólares para NJ Transit. Desde su perspectiva, resulta difícil justificar que semejante carga recaiga sobre los contribuyentes locales mientras la FIFA obtiene ingresos récord. Una postura similar expresó el líder demócrata del Senado estadounidense, Chuck Schumer, quien cuestionó que los residentes deban afrontar tarifas que considera excesivas para asistir a los encuentros.

La FIFA rechaza esos argumentos. El organismo sostiene que eliminó la obligación de transporte gratuito precisamente para aliviar las finanzas de las ciudades anfitrionas y afirma haber trabajado durante años junto a las sedes para desarrollar planes de movilidad eficientes. También recuerda que en otros eventos deportivos o musicales celebrados en los mismos estadios los organizadores no suelen hacerse cargo del traslado de los asistentes.
La discusión deja al descubierto una tensión cada vez más frecuente en los grandes eventos internacionales: mientras los beneficios económicos globales se concentran en organizaciones deportivas, patrocinadores y cadenas comerciales, una parte significativa de los costos operativos termina siendo absorbida por gobiernos locales y usuarios finales.
A medida que se acerca el inicio del Mundial 2026, el debate sobre el precio del transporte amenaza con convertirse en uno de los temas más incómodos para la organización. Porque más allá del espectáculo deportivo, la verdadera pregunta es quién paga la factura de un negocio que promete ser el más rentable en la historia de la FIFA.
Con información de la BBC Mundo
