Primer plato

En tres días se harán oficiales los nombres de los frentes que competirán en las elecciones. Habrá una característica común: los partidos quedarán relegados por las alianzas y el protagonismo excluyente de los candidatos por encima de los sellos.

Los principales actores de la política argentina lo son por sí mismos. Los partidos se transformaron en estructuras de soporte que incluso pueden ser abandonados por un rato. Nadie puede negar la pertenencia de Cristina al peronismo, pero su centralidad no está dada por el partido.

El radicalismo se asume como partenaire del PRO dentro de la alianza Cambiemos y su identidad está en disputa hacia dentro, donde hay sectores desmoralizados por el sometimiento, pero incapaces de sacar los pies del plato. Los dos principales partidos de la historia argentina tienen identidades difusas desde la fractura que significó el que se vayan todos que hizo escapar por los tejados al fugaz Fernando De la Rúa.

Ese desprendimiento de los partidos también torna difusos los límites ideológicos de cada espacio.

El mismo escenario se repite en Misiones. El Frente Renovador aglutina a varias corrientes políticas con una identidad “misionera” que se fortalece con el paso de los años. El misionerismo está hoy mucho más claro como concepto, que incluso termina traspasando los discursos de espacios opositores.

El peronismo formal va como aliado de la Renovación. El “informal” se divide entre Mauricio Macri o Sergio Massa y un sector menor, apuesta a la consolidación de Florencio Randazzo.

Ramón Puerta será nuevamente rival del PJ con Unión Popular, su partido propio, y un ideario mucho más cercano al Gobierno al que representa como embajador en España.

Del otro lado, los sindicalistas peronistas Adolfo y Alejandro Velázquez se inclinan por Massa, con la compañía del radicalismo alfonsinista, el Socialismo y las expresiones provinciales representadas en Trabajo y Progreso.

El peronismo, con sus vertientes, está acostumbrado a redefinirse. El radicalismo se enfrenta a un doble dilema. Macri se fortalecerá si gana y ya no necesitará de unos socios por conveniencia. Si pierde, la UCR será arrastrada a una crisis similar a la de 2001 tras el fracaso del segundo gobierno radical.

La balanza ya no se inclina por los sellos ni pertenencias, sino por modelos políticos y económicos que, en definitiva, tienen incidencia directa en el bienestar individual y colectivo.

No se eligen únicamente legisladores, sino que octubre será una disputa entre la consolidación o el freno de la gestión de Macri. Una victoria o incluso una derrota mínima, le darán aire para sostener las transformaciones económicas que inició hace año y medio. Cambiemos, es el espacio que más bancas pone en juego en Diputados. Con 87 diputados, en Cambiemos concluyen su mandato 40, mientras que en el massismo se le vence su escaño 20 de sus 37 miembros; en el Frente para la Victoria –con varios dispersos- 32, de 72, y el bloque Justicialista arriesga 8 de sus 17 integrantes.

En el Senado, en cambio, es el Frente para la Victoria el que más arriesga. De las 24 bancas en disputa, 15 pertenecen al bloque presidido por Miguel Ángel Pichetto. De esta manera, el FPV pone en juego el 42 por ciento de su bancada: 15 sobre 36 en total. Por el contrario, el bloque del oficialismo pone en juego solo un 20 por ciento de sus bancas, con tres sobre un total de 15.

El Gobierno expone su propia estabilidad. Una derrota podría complicar los planes, frenar políticas, diluir recortes. Hasta abortar la idea de una reelección, que deslizó el propio Presidente en una reunión con periodistas de espectáculos realizada en la Quinta de Olivos.

Cristina, si finalmente es candidata, pondrá en juego su trascendencia. Debe validar el mito. Las oposiciones, más preocupadas en ella que en el Gobierno, son como aquellos jóvenes bandidos que se ilusionaban con el duelo con el vaquero más rápido del condado. Si tenían buena puntería, lograban una fama que no se sustentaba en su valentía, sino en la fama del caído.

Pero más allá de los candidatos, se volverá a discutir un modelo. El Gobierno no ha logrado en este año y medio imponer transformaciones que hayan resultado en beneficios directos para la sociedad y, en cambio, generaron beneficios para los sectores más concentrados de la economía. Como reflejo, algunos derechos comenzaron a flaquear. El PAMI repitió el ajuste y los sanatorios rechazan a los jubilados, que también perdieron beneficios en las farmacias. Solo en Misiones, el organismo adeuda más de 50 millones de pesos a sanatorios y hospitales por prestaciones que ahora están suspendidas en los nosocomios privados.

No hubo efecto derrame y los peores males del kirchnerismo, como la inflación y el déficit fiscal siguen siendo problemas tan vigentes como entonces.

La inflación de mayo marcó, según los datos oficiales 1,3 por ciento -1,8 para el “índice Congreso- y el Gobierno salió a celebrarlo como un triunfo del rumbo. La baja, debe advertirse, se logra merced a una fenomenal caída del consumo y las elevadas tasas financieras que quitan pesos de la plaza. Es decir, una base demasiado endeble y gravosa, con alto costo social. Se evitó ser Venezuela, pero apenas se le va en zaga. Argentina mantiene la inflación más alta de la región después del país gobernado por Nicolás Maduro. Y son las políticas oficiales las que empujan los indicadores hacia arriba. Los tarifazos inciden de manera lineal en la inflación y en la pobreza. La retracción del consumo incide en la pérdida de puestos de trabajo y en la falta de inversión. Nadie arriesga si no va a vender.

Hasta los propios voceros del establishment comienzan a advertir que si no se aplica un freno, el país puede estrellarse. “Ojo que se puede ir todo a la mierda”, advirtió y luego se desdijo, Carlos Melconian, ex presidente del Banco Nación y macrista convencido. El economista admite que “el gasto público es muy elevado, pero tenemos más pobres”.

“Hay que avanzar en la cuestión fiscal, que es una de las patas que le fallan a este modelo”, precisó en un filoso análisis. Y para que no quedaran dudas, advirtió: “Alguien va a tener que poner el culo en la silla para lograr el equilibrio macroeconómico; el Gobierno practica hipergradualismo fiscal hormiga“.

Hasta ahora, la única lluvia que hubo fue la de deuda externa. La de inversiones no vino en el segundo semestre de 2016 ni asoma este año. Las excusas son varias y entre ellas, ahora aparece el “riesgo electoral”.

La visita de Angela Merkel, la premier alemana, demostró que “volver al mundo” no trae aparejada la confianza económica. Merkel puso condiciones para un acercamiento entre el Mercosur y la Unión Europea. “Hay buenos motivos para llegar a un acuerdo” pero advirtió que “no se verán colmados todos los deseos de la Argentina sino que habrá que hacer concesiones”. “Alemania no siempre es un socio fácil”, afirmó la canciller.  

Merkel dejó claro que la visita no necesariamente implica celebrar al anfitrión. Después de Macri, se reunió con sobrevivientes del Holocausto y víctimas de la última dictadura, que reivindicaron, ante la canciller, los 30 mil desaparecidos, número que irrita al gobierno nacional. 

La situación se agrava incluso hacia el interior del país. Las economías regionales están en crisis desde hace tiempo y provincias como Misiones, padecen además las asimetrías con Paraguay y en menor medida con Brasil. Reclamos insistentes del Gobierno provincial y empresarios, por ahora caen en saco roto. Los funcionarios nacionales parecen no comprender la gravedad de la situación y si lo hacen, muestran una insensibilidad a prueba de todo.

Alejandro Caldarelli, uno de los lugartenientes de Rogelio Frigerio, aseguró que la Nación reconoce los problemas de Misiones, pero nuevamente pidió “optimismo” en que -en algún momento difuso-, se pondrán en marcha los mecanismos que permitirán hacer frente a la sangría de recursos. Una reforma que baje impuestos y de aportes empresarios es la opción favorita en Cambiemos, aunque eso no necesariamente se traduce en una mejor distribución de recursos ni en una baja del precio de sus productos.

En el PRO local admiten que los funcionarios nacionales a veces demuestran no estar a la altura de las demandas provinciales ni conocer en profundidad las problemáticas que aquejan a las economías del interior. “Ni saben tomar mate y quieren resolver la problemática yerbatera por fuera del Instituto Nacional de la Yerba Mate”, definió no sin desazón, uno de los referentes locales.

No pasa solo en Misiones. En Córdoba, donde Cambiemos se impuso con comodidad, hace una semana que hay paro de transporte, al que se sumaron otros gremios. El centro de la capital está paralizado y con negocios cerrados.

El intendente es el radical Ramón Javier Mestre, hijo del ex gobernador de Córdoba y conocido en Corrientes, donde fue interventor, por la deuda fraudulenta de 60 millones de dólares que tomó en el año 2000.

La crisis cordobesa revela que los arreglos macro no coinciden con los problemas micro. La UTA nacional, a cargo de Roberto Fernández, cercano al macrismo, cerró un acuerdo con el ministerio de Transporte de la Nación  para las paritarias nacionales de los choferes de corta distancia. Acordó un acuerdo del 21% escalonado: 8% en junio, 7% en diciembre y el restante 6% el 1º de enero de 2018. En la práctica, un 8 por ciento para este año.

La pobreza, medida por el Indec, supera en Córdoba el 40 por ciento y la inflación de 2016 fue del 41 por ciento, con paritarias que no superaron el 21 por ciento.

En Chaco, el rechazo a las políticas nacionales se hizo sentir con claridad en las elecciones del domingo pasado, lo mismo que sucedió en La Rioja. En Corrientes capital hubo un festejo que motivó incluso la visita del presidente Mauricio Macri. Pero con todo el peso del Estado provincial y nacional, la diferencia a favor del candidato de Cambiemos fue de menos de cuatro puntos. Eso sí, el kirchnerismo puro, separado del PJ, quedó demasiado lejos, con apenas el cuatro por ciento de los votos.

En Misiones es probable que haya un espacio “testimonial” del kirchnerismo puro. El peronismo, como se dijo, irá formalmente como aliado de la Renovación, que presentará candidatos que mezclarán juventud, experiencia y distintas extracciones.

Cambiemos tiene definidos los primeros lugares después de que la UCR decidiera aceptar lo que le toque. Humberto Schiavoni encabezará la lista de senadores –resta saber si el despedido Juan Manuel Holz insistirá con su autopostulación, aunque su mujer, aspirante a diputada provincial, perdió terreno por el affaire del ex delegado de Migraciones-. Luis Pastori será la cabeza de lista de diputados nacionales y habrá algunos radicales más en la de provinciales.

Pese al acuerdo prometido por el radicalismo, el ex gobernador Ricardo Barrios Arrechea no dejó pasar la oportunidad de criticar a sus socios. Dijo que Pastori es mejor candidato que Schiavoni y criticó a Macri por mezclar intereses personales con cuestiones de Estado. “Lo del Correo es un claro ejemplo de blanqueo de capitales para beneficiar a su familia, es torpeza por falta de muñeca”, deslizó.

Para los cargos menores, el PRO busca nombres. El secretario de Gestión Educativa del ministerio de Educación y segundo de Esteban Bullrich, Max Gulmanelli, se reunió con las gremialistas Mariana Lescafette y Estela Genesini para ofrecerles un puesto en las listas aprovechando la visibilidad de ambas por las denuncias por supuestos desvíos del Fondo Nacional de Incentivo Docente. Para sostener el tema, las gremialistas se amparan en un pedido de informes presentado por Pastori y Alex Ziegler en el Congreso nacional, que nunca llegó a salir de la comisión de Educación y una “imputación” del mediático fiscal Gerardo Pollicita.

Pero el propio Gulmanelli admitió ante las autoridades educativas provinciales que no hay nada irregular en la distribución del Fonid en Misiones.

El Gobernador Hugo Passalacqua mantiene la línea de equilibrista. Junto al presidente de la Legislatura, Carlos Rovira y los principales dirigentes de la Renovación, diagraman nombres y cuando se pondrá en funcionamiento la maquinaria electoral. Varios nombres de los que trascienden, probablemente sean cambiados por “tapados” surgidos de otros ámbitos. Algunos que se prueban trajes, tendrán que esperar otros turnos.

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