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Qué dejan los 100 primeros días de Sergio Massa como Ministro de Economía

Pasaron 100 días de la designación de Sergio Massa como ministro de economía y el perfecto resumen está en lo que no ocurrió.

Pasaron 100 días de la designación de Sergio Massa como ministro de economía y el perfecto resumen está en lo que no ocurrió. Según lo destacado por María Esperanza Casullo en Americas Quarterly, la elevada inflación no se transformó en hiper, las reservas no se agotaron, la crisis política no se incrementó, no se incumplió con el acuerdo del FMI. Hechos que no eran seguros al momento de su nombramiento y podía verse reflejado en el precio del dólar, las acciones, los bonos y el Riesgo País.

Que siga en pie le ha dado la posibilidad al Frente de Todos de llegar al 2023.

El ascenso de Massa al Ministerio de Economía fue el resultado de un tira y afloja muy público de meses de duración entre el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner sobre la dirección de la política económica. Ambos se dieron cuenta de que la incertidumbre creada por sus conflictos disminuía sus perspectivas políticas y amenazaba la supervivencia de su gobierno. La solución al estancamiento fue llevar al tercer y más joven socio de su coalición, Massa, a una posición de mayor responsabilidad.

Los números del ministro

El punto central durante estos primeros 100 días estuvo en las reservas y la inflación, siendo esta última contenida en el rango del 6%, logrando una desaceleración pero no disminución. Podemos observar esto si miramo s la evolución del IPC desde julio en adelante:

Los dos Fernández acordaron darle a Massa poder sobre la política económica, incluidas áreas como la energía, la producción industrial, la relación con el FMI y el crédito externo, una cartera más amplia que la de cualquier ministro de Economía desde el primer ministro de Economía de Néstor Kirchner, Roberto Lavagna.

Aun así, el artículo de Americas Quarterly destaca que: Massa no ha usado su poder para hacer cambios radicales. No optó por un shock redistributivo, como algunos esperaban, ni por un shock de ajuste, como otros temían. (Lo primero habría implicado aumentos de salarios nominales y controles de precios; lo segundo, levantamiento de controles de divisas, privatizaciones y despidos masivos del sector público). En cambio, ha centrado su mensaje en los recursos naturales de Argentina, promocionando su oportunidad de convertirse en una fuente de “energía, proteínas y minerales” para el mundo. Su intento de proyectar autoridad y decisión se ha combinado con un intento de construir una alianza con el sector industrial, con generosas regulaciones pro-industria. En el proceso, ha ganado admiradores en los Estados Unidos. Tanto es así que se había generado el rumor de que lo querían como presidente del BID -Banco Interamericano de Desarrollo-.

Pero también ha demostrado que no tiene reparos en hacer el tipo de intervención económica por la que el kirchnerismo es conocido desde hace mucho tiempo, como un acuerdo con el sector privado para congelar los precios de más de 1.400 bienes, en su mayoría alimentos y otros productos básicos, anunciado en noviembre. 10. En resumen, los primeros meses de Massa los pasó realizando un acto de equilibrio entre izquierda y derecha, intervencionismo y laissez-faire.

El hecho de que Massa sea un político y no un economista genera que hable como tal. Eso es algo que destaca María Esperanza Casullo dado que: “Esto le ha servido bien en estos pocos meses porque los principales problemas del gobierno del Frente de Todos son políticos. El gobierno se ha dividido en dos facciones, ninguna lo suficientemente poderosa como para actuar unilateralmente, pero ambas lo suficientemente poderosas como para bloquear a la otra. El resultado ha sido parálisis e indecisión. Lo que Massa trae a la mesa no es una especie de visión económica radical, sino el poder de tomar decisiones y llevarlas a cabo.”

Más allá de esto último, cabe mencionar la performance que tuvo el BCRA en término s de reservas gracias al lanzamiento del “dólar soja” -un programa de tipo de cambio diferencial (más alto) para los exportadores de soja que permitió adelantar y elevar exportaciones-. Aun así, el aumento de resevar mediante este mecanismo elevó el déficit cuasifiscal del BCRA dado que durante el mes de septiembre, la entidad monetaria estuvo emitiendo pasivos remunerados para compensar la pérdida que generaba comprar dólares a $200 (para exportadores) y vender a $150 (para importadores).

Gráfico: Salvador Vitelli

Este mayor stock de pesos todavía no se reflejó en el precio del dólar, específicamente en el CCL, donde se puede observar cierto undershooting entre la relación Cantidad de pesos y Cantidad de dólares

Gráfico elaborado por Christian Buteler

¿Qué quiere Massa?

Quedan preguntas sobre el final del juego de Massa. ¿Se postulará para presidente en 2023? A pesar de toda la atención reciente, sigue siendo una figura un tanto misteriosa. Por un lado, Massa es un político de la vieja escuela, para quien el servicio público ha sido un trabajo de tiempo completo desde los veinte años, desde ayudante del consejo local hasta alcalde de la ciudad de Tigre y presidente de la cámara baja.

Massa nunca ha sido tímido con respecto a sus ambiciones políticas (se postuló para presidente en 2015 y terminó tercero en la primera ronda). Es difícil imaginar que aceptaría el desafío de conducir la economía argentina si no estuviera pensando al menos en la presidencia.

Por otro lado, como debe hacer cualquier buen político, es bueno esquivando preguntas incómodas. En particular, se ha mostrado reacio a decir si planea postularse para presidente en 2023. A fines de octubre, afirmó que sus hijos no querían que se presentara y que miraría las elecciones del próximo año “desde lejos”. Tal reticencia puede ser comprensible, dado que cualquier camino viable hacia la presidencia depende de dos factores. La primera es Cristina Fernández de Kirchner, quien aún conserva el poder de bloquear o facilitar cualquier nominación.

La segunda es la inflación. A Massa se le puede atribuir el haber evitado que los aumentos de precios alcanzaran niveles de hiperinflación, pero no los ha reducido: la tasa mensual fue del 6,3% en octubre, luego de alcanzar un nivel similar en septiembre. Sus posibilidades presidenciales dependen de ese número más que de cualquier otra cosa. Si lo reduce, incluso en algo así como un 20% anual, tiene una oportunidad; si no, mirará las elecciones del próximo año desde lejos. Han pasado tres meses y quedan poco más de 11.

El “problema” Rubinstein

El viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, cometió un pecado para la política: hablar sin filtro ante empresarios, consultores, economistas, periodistas y demás personas influyentes del Círculo Rojo. Metió todo en la bolsa. Desde dólar y dolarización hasta rodrigazo y falta de reservas hasta la posibilidad de otro dólar soja, reivindicación de la economía de Roberto Lavagna y las ya clásicas críticas a la vicepresidente CFK, que ahora incluyen a Juntos por el Cambio también.

Resumió en un momento del simposio organizado por el IAEF: “No hay consenso de ningún tipo en la dirigencia política para un plan de estabilización”.

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