Ruta de la seda e innovación permanente ¿quién es Carolina Butvilofsky, la empresaria que quiere volcar su experiencia a la política?

Me gusta el concepto del misionerismo”, define como al pasar Carolina Butvilofsky. Eso, confiesa, la convenció de sumarse a la propuesta electoral del Frente Renovador, como candidata a diputada. Sin embargo, fue mucho tiempo atrás, en Alemania, cuando coincidió con el entonces gobernador Carlos Rovira, cuando tomó contacto con esa idea, todavía incipiente, en una disertación que hizo el mandatario misionero.

Por entonces vivía en tierras germanas, trabajando en una empresa vinculada a servicios turísticos, que iba a ser, sin querer, la llave para comenzar a diseñar su futuro. 

Carolina Butvilofsky es hoy una empresaria floreciente del Alto Paraná, con una empresa de turismo en Eldorado y una creciente producción de seda -si, seda misionera-, que se comercializa en todo el país. 

Jeans, camisa a tono y zapatillas de trekking. No parece tener los 48 que acredita el DNI. Los años vividos recién cobran dimensión cuando cuenta que “hace 25 años” hizo un viaje por Indonesia que le iba a marcar la vida. En ese tour conoció una granja de seda de Sri Lanka. Quedó fascinada. En los tres días que estuvo en ese país fue a visitarla para conocer sus secretos. El árbol de mora, abundante en el norte misionero, garantizaba alimento suficiente para los gusanos de la seda. Podía replicarse en Misiones. 

Pero fue mucho tiempo después, ya en Argentina, cuando redescubrió la magia de la seda. Fue con una amiga de Asunción que se enteró que en Paraguay también fabricaban seda. Y muy cerca de Eldorado. Bastó para embarcarse en la aventura. Fue hasta Paraguay y después a Brasil, donde la seda también tiene a sus maestros. Allí aprendió lo que le hacía falta para comenzar con el emprendimiento en la tierra colorada. Hoy produce para toda la Argentina. 

En paralelo, la agencia de turismo que montó en Eldorado andaba a buen ritmo. Primero recibiendo contingentes, especialmente de Alemania, con un dólar barato por la devaluación de 2002. Después, reconvirtiendo su propio target, también se dedicó al turismo emisivo aprovechando el buen momento económico, especialmente del sector forestal al que le iba muy bien. “Fue un boom terrible, nuestra agencia creció vendiendo los viajes a nuestra gente”, explica.

La clave está allí, en saber recalibrar a tiempo las opciones, asegura. 

Volvió de Alemania en 2001, el peor momento de la Argentina, pero al mismo tiempo “una buena escuela, para aprender a ser resiliente, a girar la brújula lo más rápido posible, porque eso es muy importante cuando sos empresario”. 

Vos podés ser muy apasionado por un montón de cosas, pero no podés ser un improvisado. Detrás de la pasión tiene que haber un estudio, una estadística, un plan de negocios claro”, define Carolina, madre de dos hijos de 16 y 14 años. 

La familia ocupa un lugar central. Los hijos dieron su aprobación a la candidatura y la acompañan, como un homenaje al abuelo, declarado ciudadano ilustre de Eldorado a sus 80 años. 

“Por ahí está mal visto ser político. Mi hijo, que es el más frontal, me dijo: ¿Por qué lo hacés? Y yo creo que fue una oportunidad y un desafío. Todos somos grandes políticos los domingos cuando nos juntamos en la mesa. Pero es diferente cuando recibís una propuesta, o cuando te piden una idea superadora, cómo lo podés hacer mejor, eso es lo que yo sentí, como una invitación para tratar de hacer las cosas mejor”.

¿Y qué pensás que podés aportar?

Mis experiencias, mis aprendizajes, es importante que los misioneros entiendan que tenemos todo y somos una provincia rica. Hace años que el mundo no compra más viajes. Compra experiencias. Y tenemos que ser creativos para ofrecer eso. Podemos aprovechar el destino Iguazú, que tiene la bendición de las Cataratas y generar opciones en cada uno de los pueblos. Hacer un circuito de río por el Paraná, llegar a las minas de Wanda, a Eldorado, a San Ignacio. Conocer la historia. La gastronomía. Creo en la estadística del mercado. Nadie va a invertir donde sabe que no va a ganar. 

El uso de la estadística, insiste, es fundamental para un buen plan de negocios o la proyección de una inversión. “Cuando comenzamos con mi esposo con el negocio de la seda, nos dimos cuenta que Argentina iba a ser un buen mercado porque había una faltante, pero no desde el hilado, sino como subproducto, con todo lo que tenga que ver con la cosmética, con la medicina, con la extracción del aceite de la seda, las proteínas de la seda, y esto que hacemos de las proteínas de la seda, la cosmética, esos son nuestros pilares”. 

Lo que hago es armar grupos de trabajo, si a mí algo me queda claro es que solos no podemos.  Nosotros tenemos una empresa que lo que hace es criar gusanos de seda para la obtención de capullos de seda, de ahí una tanda se va a Buenos Aires para proteínas de seda, otra para luminaria de seda, otra tanda se va al norte, a Jujuy y a Catamarca para el hilado, que lo hacemos con etiqueta compartida, porque no hay mucha gente que hila la seda. Hilar la seda significa que debes estar cuatro horas parada en una máquina en el que vas a tener 100 capullos en agua caliente, para lograr 25 gramos de seda, y con 25 gramos de seda obtener una batita de hilo.

¿Qué precios tiene esa producción?

Nosotros al productor de seda, le pagamos 20 dólares, al dólar oficial. Vamos a un nuevo modelo productivo, que conviva por ejemplo con yerbales orgánicos. La yerba va de marzo a septiembre y la sericicultura, va desde octubre a marzo. Un ingreso por la yerba, un ingreso por la sericicultura.

¿Qué es criar al gusano?

Criar el gusano para obtener el capullo y vender ese capullo. Nosotros pagamos 20 dólares. Pero es muy importante el cambio de paradigma que tienen que hacer los productores que quieran embarcarse en este modelo productivo, que es el tratamiento orgánico. Vos tenés que hacerle un tratamiento a tu yerba para que sea orgánica, la yerba es mucho mejor. ¿Por qué? Porque puede dar 20 toneladas por hectárea, cuando en general dan 7, 8 con químicos. Al ser orgánico con la yerba ya tenés un tratamiento orgánico para la tierra y la mora. Ya podés alimentar a los gusanos de seda sin correr el peligro de que mueran si los alimentas con un químico o infectados.

La mora acá abunda…

Nosotros tenemos plantadas entre la yerba, como arbustos, que se cortan y vuelve a crecer. Tiene un comportamiento muy extractivo, como la yerba mate, da mucho volumen de hoja, porque el gusano lo que necesita es la hoja, porque se alimenta de la hoja. Entonces en medio de esta producción orgánica de yerba y de mora, tenés una huerta orgánica, tenés tus gallinas, tenes huevos, o sea esto viene a darte una soberanía alimentaria. Un estilo de vida, ya sabés lo que tu familia está consumiendo, si a esto le sumás los frutales, los cítricos, es un nuevo modo de producir y de vivir en Misiones. Es un cambio de paradigma.

Carolina siente que le puede dar mucho a la política, pese a que no se siente plenamente identificada con ningún partido. “Me gustan los grandes cambios, me siento identificada con el proyecto misionerista, me gusta pensar en los cambios estructurales, de acá a 100 años”.

“Todo lo que hagamos ahora va a ser de acá a 50 años, mínimo. Nosotros tenemos que pensar en las generaciones que vengan. Cuatro años en la Legislatura no son nada. Vos podés presentar un montón de proyectos, pero necesitas como 20 años para lograr cambios estructurales. Por eso me gusta muchísimo la visión que tiene Carlos Rovira. Lo escuché hablar por primera vez hace 20 años en la feria internacional de Turismo en Berlín, cuando él era el gobernador y desde entonces fueron muchos los cambios que fui viendo”. 

“Cuando volví a la Argentina, en 2001… pasaron 20 años…, a medida que fue creciendo mi actividad, fui viendo como fueron creciendo el Gobierno, la Provincia. En 30 mil kilómetros cuadrados tenemos dos aeropuertos, ¿qué provincia tiene eso? Tenemos en Iguazú un vuelo internacional, directo, que te abre las puertas con la Unión Europea, eso es gestión, es una mirada brutal al futuro, tenemos un Centro del Conocimiento, que te trae cultura, investigación, trae conocimiento. Tenemos todo lo que es el Parque Industrial. El Instituto Misionero de Biodiversidad”, enumera. 

“Me gusta lo que se está haciendo, esa mirada al futuro, me gusta esto de sentirme misionera. Mi papá escribió el libro de Andresito Guacurarí, nuestro libertador, en forma de poesía, así que tengo muy dentro mío los ideales de Andresito y de su padrino Artigas. Hay que darse cuenta primero de las potencialidades, segundo, de cómo se están llevando adelante esas potencialidades”. 

Carolina todavía no sabe si este será el único paso en la política. “Creo que puedo aportar a ese equipo, pero entiendo que soy circunstancial, detrás de mí. No puedo llegar a un lugar para ser un relleno. Ahora hay que poner en prácticas las ideas. Pero creo que si me invitaron es por algo es, porque están dispuestos a llevarlo adelante”.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password