Cambiemos

Juntos por el Cambio destacó la “importancia de lograr acuerdo” con el FMI

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La Mesa Nacional de Juntos por el Cambio ratificó hoy “la importancia de lograr un acuerdo” con el FMI “que conduzca a una solución al tema de la deuda” externa y “reclamó responsabilidad al oficialismo”, ya que “un posible default sería perjudicial para el país”.

“Como se señaló en la última reunión de esta Mesa, JxC estudiará los detalles de la solución alcanzada una vez que se haya conocido una carta de intención entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional, y se evaluará en el Congreso, como lo establece la ley”, añadió en un comunicado.

“Son momentos en los que se requiere la máxima responsabilidad por parte de todos los actores, en especial de aquellos que pertenecen a la alianza a cargo del Gobierno”, añadió.

La reunión se realizó en el mediodía de hoy durante dos horas de manera virtual.

Participaron el expresidente Mauricio Macri, los presidentes de los partidos que integran JxC Gerardo Morales (UCR); Maximiliano Ferraro (Coalición Cívica) y Patricia Bullrich (PRO); el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta; los senadores nacionales Luis Naidenoff, Alfredo Cornejo y Humberto Schiavoni; los diputados nacionales Mario Negri, Juan Manuel López y Cristian Ritondo; la diputada provincial Maricel Etchecoin y el auditor nacional y exsenador Miguel Ángel Pichetto.

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La cuestión de fondo

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En medio de un total hermetismo, el Gobierno de Alberto Fernández se anotó una victoria que le brinda una nueva oportunidad, después de un medio tiempo amarrete en resultados. El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, anunciado de modo sorpresivo, es mérito casi exclusivo de Martín Guzmán, el silencioso y poco afecto a los flashes ministro de Economía al que se ningunea por su escasa experiencia en las lides del establishment financiero. En cambio, exhibió una notable diplomacia económica que le da respiro a la Argentina y permitirá robustecer los cimientos de una recuperación esperada desde 2018, antes de la pandemia que empeoró todo lo que podía empeorarse de la crisis dejada como legado por Mauricio Macri.

El nuevo pacto no es el mejor, ni mucho menos. Es lo que podía conseguirse. El Fondo, más allá de la tibia autocrítica que hizo del préstamo exprés a Macri, sigue siendo el Fondo y no puede, por esencia, torcer demasiado sus convicciones. 

Pero el acuerdo tiene varias a favor de la Argentina. Fija metas, pero deja en manos del equipo económico local, el cómo alcanzarlas. Esto es, con este Gobierno, sin asfixiar a la economía y sin volver a recortar el gasto, como marcaba el recetario tradicional del organismo que conduce Kristalina Georgieva. Vale la pena recordar la última vez que se “arregló” con el Fondo: gobernaba la alianza y Fernando De la Rúa decía que “el ajuste no es negociable”. El ajuste, palabra que ahora se omite, lo paga siempre el de a pie. En 2001 la Argentina terminó más endeudada con megacanje y blindaje incluidos y varios funcionarios de esa alianza después se reconfiguraron en la otra alianza, que volvió a pedir plata prestada al Fondo.  

Las metas que impone el nuevo acuerdo apuntan más hacia una normalidad que a esta altura es extrañada en la descontrolada economía argentina. El propio FMI destaca que el sendero fiscal acordado permitiría aumentar el gasto en infraestructura y ciencia y tecnología y protegería programas sociales focalizados, al mismo tiempo que habrá una estrategia para reducir los subsidios a la energía de manera progresiva (y esperemos que equilibrada en clave federal).

Se advierte también que va a haber una reducción gradual pero decidida de la asistencia monetaria que realiza el Banco Central al Tesoro y se apunta a que en 2022 el financiamiento monetario sea de 1% del Producto; en 2023 alrededor de 0,6% y en 2024 sea cercano a 0 para converger en una situación en la cual no haya más financiamiento sistemático del Banco Central.

El acuerdo despeja temores sobre un salto cambiario; agitados por la oposición y sectores especuladores.

En cuanto a la inflación, el principal agobio de la sociedad, más allá de la recuperación económica, “se acordó un enfoque de políticas integral” -otro dato relativamente novedoso-, que tendrá como objetivo alcanzar tasas de interés reales positivas. Los acuerdos de precios van a tener un rol y un espacio importante en el esquema antiinflacionario. 

El cómo del nuevo pacto es la gran novedad. El FMI no impuso (no pudo o no quiso) condiciones severas de otros tiempos. El cómo dependerá del Gobierno de Alberto Fernández y de quien esté en la Rosada desde el año próximo. Eso es, en sí mismo, un punto a favor, pero al mismo tiempo, otra espada de Damocles para el propio Alberto. Los resultados serán auditados por el Fondo, pero auscultados por la sociedad y su propia base electoral. Si la economía no sostiene su ritmo de recuperación, pero especialmente si no se controla la suba de precios desbocada, el fracaso será suyo. 

El silencio con el que se tejió el nuevo pacto con el Fondo Monetario Internacional dejó al denudo el trajín de boberías en el que andan la oposición y buena parte de los medios de comunicación, que hasta minutos antes del anuncio, seguían tirando teorías sobre cómo debían llevarse las negociaciones y otros dudando sobre si se iba a conseguir o no un punto de acuerdo. 

La oposición queda entrampada en su lógica de rechazar cualquier cosa que haga el oficialismo, pero cada palabra se desliza sobre el filo de reconocer que el descalabro es únicamente responsabilidad de Mauricio Macri y su Gobierno, que pactó con el FMI a escondidas y sin darle mínima participación al Congreso. El pétreo rostro de quienes se animan a soltar la lengua, dice más de ellos que del mismo acuerdo que cuestionan. 

El tono de sorna revela cómo se tomaron las cosas cuando ellos mismos eran Gobierno y cómo ejercen la responsabilidad social de ser hoy oposición. “Juntos por el Cambio considera positivo este primer entendimiento con el FMI que evita así un costo default”, dice la alianza opositora sin ninguna mención de que la deuda en discusión es la que ellos mismos tomaron. 

Cambiemos pide ahora “certezas” sobre la letra chica para “no seguir sembrando incertidumbre” en la sociedad y que sea el Congreso el que tenga la última palabra, según el documento firmado por el ex presidente Mauricio Macri y el misionero Humberto Schiavoni, entre otros. 

“Se esperó demasiado, con altos costos, pero finalmente se llegó a un acuerdo”, se quejó Cristian Rittondo. María Eugenia Vidal hizo silencio. Nicolás Dujovne también. Macri siguió las negociaciones desde la playa. 

“El principio de acuerdo con el FMI despeja un escenario de default que perjudicaría severamente al país. Hay que analizar en el Congreso la letra chica del acuerdo y la factibilidad de su cumplimiento. Pero además, sigue siendo imprescindible que el Gobierno le anuncie a los argentinos un plan económico para recuperar el crecimiento y generar trabajo”, tuiteó Horacio Rodríguez Larreta. 

Solo resta decir que el préstamo serio y responsable que había conseguido Macri comprometía a que este año Argentina debía pagar una cuota de 19.020 millones de dólares. Casi veinte mil millones de dólares. Todo lo que se diga con la omisión de ese dato es poco serio. 

Lejos de la grieta, el gobernador Oscar Herrera Ahuad introdujo otro detalle -no menor- a la celebración del acuerdo con el FMI: “Anhelamos que todo esto profundice el federalismo con políticas activas y reales para todos los argentinos y en particular para los misioneros“, remarcó. 

En mayor o menor sintonía, varios gobernadores dijeron cosas parecidas al de Misiones. Un acuerdo que sirva para un país previsible, pero que apunte también a resolver los problemas internos y no se quede en lo macro. Misiones tiene varias deudas pendientes con la Nación, como la creación de la Zona Aduanera Especial, el Fondo de Compensación Ambiental o el plan de obras por casi cien mil millones de pesos, que se perdió por el voto negativo de Martín Arjol, Alfredo Schiavoni y Florencia Klipauka, los diputados de Cambiemos que rechazaron la ley de Presupuesto en su alineamiento con un lado de la grieta nacional. 

Arjol se sumó al pedido de que el acuerdo con el Fondo sea discutido por el Congreso “para que el diálogo dé lugar al desarrollo económico y social”. Schiavoni también celebró que “después de dos años, el Gobierno de Fernández empiece a transitar por la racionalidad”.

La política virtual, versus la real. En la realidad, el voto negativo privó a Misiones de un enorme paquete de obras y una herramienta clave para el desarrollo “económico y social”.

Pero la política real no siempre se adapta a las necesidades de un twitter o una columna. En la realidad, Misiones es una de las provincias menos endeudadas del país, merced a un proceso de desendeudamiento de la deuda tomada en los 90. Ese proceso contrasta con el de otras provincias, alentadas durante el gobierno de Cambiemos a tomar dólares baratos en un mercado que era generoso. 

Sin embargo, el ex diputado Luis Pastori, una de las cartas fuertes de la alianza, reapareció con una columna en la que se queja de que Misiones está “en default” porque refinancia los vencimientos de bonos Cemis. Quizás omitió un detalle: la emisión de los bonos lleva la firma de Humberto Schiavoni, hoy senador de Cambiemos y una de las figuras centrales del macrismo al que el radicalismo comienza a perderle el respeto pensando en 2023. 

Es que el macrismo duro quedó golpeado por la derrota en las internas de la alianza y no tiene figuras de recambio, salvo Martin Göerling, quien armó una base que le permite seguir en carrera, aunque debe cargar con la mochila de la gestión macrista, que gestión que dejó un sabor amargo, con pobreza, desempleo, inflación récord y una deuda galopante. 

La economía misionera exhibe hoy datos que muestran su pujanza, además de una deuda insignificante. Crece el empleo, crece el número de empresas en actividad y la industria es una potencia exportadora en toda la región NEA. Esa potencia económica se traduce en un Estado que puede brindar una mejor atención. La salud, demanda acuciante, está bien custodiada, con infraestructura de punta y políticas públicas que protegieron a los misioneros en lo peor de la pandemia. Hoy, con 1,8 millones de vacunas aplicadas, urge que la sociedad tome conciencia y vaya a buscar la primera, la segunda o la tercera dosis. Los últimos días, con récord de muertes, revelan que la mayoría de los fallecidos no contaba con vacunas aplicadas por decisión personal o familiar. El dato, no menor es que hubo varios menores de edad en los partes con los datos más duros. 

Pero en el contexto nacional y regional Misiones es una de las provincias que mejor sobrellevó la pandemia, con un gabinete volcado a atender las diversas demandas y que debe ponerse a tono con las exigencias que van mutando, como demostró el Gobernador con la designación de nuevos ministros en áreas sensibles.

Ese mix entre cuidado de la economía y custodia de la salud llama la atención. En el país y en el mundo. El poderoso Bayern München decidió traer a Misiones su programa de captación de talentos y formación profesional de técnicos y especialistas. Nada menos que el Bayern, que mete miedo a los poderosos de Europa. Los bávaros eligieron a la provincia justamente por su infraestructura educativa, el acervo cultural y la logística deportiva que se expande en distintas ciudades.

Mentor de esa transformación, el presidente de la Legislatura, Carlos Rovira destacó que “Misiones es una provincia startup que desde hace un tiempo le está mostrando al mundo sus avances con los primeros productos disruptivos de una estrategia proyectada para largo plazo”.

“Con la innovación, las nuevas tecnologías, las políticas ambientales y ahora las oportunidades deportivas de primer nivel internacional, la Provincia se está consolidando en los nuevos nichos económicos en que se mueve el mundo”, dijo.

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Cuestión de tiempos

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Ya es tarde para buscar a los chicos que dejaron la escuela durante la pandemia. Esos chicos seguramente estarán perdidos de una villa o ya cayeron en actividades del narcotráfico“. La frase de la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, muestra en toda su dimensión el preconcepto clasista de un espacio político. La funcionaria de Horacio Rodríguez Larreta, en una ciudad donde gobierna el PRO desde 2007, trata de ese modo el impacto de la pandemia en la educación, que, paradójicamente, es uno de los valores que son la “esencia” de la alianza Cambiemos. El que se quedó atrás, no vale la pena el esfuerzo.

No es una concepción que sea exclusividad de la ministra que considera fracasados a los que eligen la docencia, sino que forma parte de un ADN que atraviesa al principal espacio de la oposición, desde aquella queja del radical Ernesto Sanz porque la Asignación Universal por Hijo se iba por la canaleta del juego y la droga, hasta el diputado antivacunas Horacio Loreiro, del macrismo misionero, quien cree que durante la última dictadura había más libertades, cuando no se exigía un pase sanitario.

Claro que una política educativa seria debe partir de la premisa de que todos deben ser incluidos y que, definitivamente, nunca es demasiado tarde para seguir dentro del sistema. Pero para eso hacen falta bases. Misiones comenzó a pensar un modelo educativo que deje atrás oprobiosos indicadores que ubicaban a la provincia casi siempre última en los ránkings de calidad e inclusión a fines del siglo pasado.

Hoy los datos indican que se mejoró en calidad, en trayectoria, en salarios docentes, pero sobre todo, en inclusión. Misiones terminó el 2021 con más estudiantes que en 2020, cuando se inició la pandemia que obligó a cerrar las escuelas. 

En 2020 había 98.084 chicos en la secundaria, mientras que el año pasado cerró con 99.362, con una diferencia de 1.278 estudiantes, muchos de los cuáles fueron revinculados con la escuela a través de diversos operativos docentes, Centros de Apoyo y los Mitai Recreativos. Más de 18 mil estudiantes mejoraron en forma significativa su trayectoria y hay más jóvenes en la secundaria. 

El acierto de las políticas diseñadas en Misiones se refleja en otro dato. La Nación reconoció que 500.000 chicos están desvinculados de la escuela en todo el país a partir de la pandemia. Para Misiones, que tiene el 3.5% de la matrícula total, deberían ser 17.500 chicos. No hay más de 3.000.

La permanente búsqueda de ampliación de derechos, el gobernador Oscar Herrera Ahuad pidió que los estudiantes de las Escuelas de la Familia Agrícola puedan acceder a las becas Progresar, hasta ahora reservadas para alumnos de escuelas comunes. En primera instancia, Misiones ofrecerá tres mil becas. Se espera que incluso puedan ser incorporados estudiantes que concurren actualmente a escuelas privadas, pero que, por efecto de la agobiante inflación, sus familias tienen menores ingresos. 

“Es nuestra responsabilidad salir a buscar uno por uno a esos más de tres mil estudiantes, potenciales beneficiarios del programa Progresar, deben estar todos incluidos, la meta no debe ser menos ambiciosa”, sentenció Herrera Ahuad, casi al mismo tiempo en el que en Capital Federal, la ministra de Larreta daba por pérdidos a los chicos alejados por la pandemia. Como se ve, nunca es tarde. Solo falta decisión y una mirada política. 

Misiones puede hacerlo por decisión política. El contraste es nítido: una de las provincias con menor proporción de recursos federales, contra la Capital rica y abundante, generosamente beneficiada por decreto con más recursos de coparticipación cuando gobernaba Mauricio Macri.

El contraste puede extenderse a otros ámbitos. A pesar de ser una de las provincias con menor cantidad de recursos y desde hace años reclamando beneficios que emparden la situación económica con otras provincias, Misiones logró desendeudarse y es una de las pocas que, en medio de la pandemia, logró tener una política activa para contrarrestar los efectos de la parálisis. El efecto es visible: hay más empleo, mayor actividad y consumo. Misiones no paró y el turismo, uno de los sectores más golpeados, vive esta temporada una acelerada recuperación, con niveles de ocupación similares a los de la prepandemia. La comparación no es menor, ya que el 2019 había terminado con un récord de visitas al Parque Nacional Iguazú, con más de 1,6 millones de ingresos. La diferencia, sin embargo, radica en que ahora el turismo está preparado de otro modo. Ya no es “sólo” Cataratas, sino que hay un crecimiento en todo el destino, incluida Posadas, que ahora aparece en el mapa con una oferta de playas que no tiene nada que envidiar ni a Encarnación ni a las correntinas. Miles de misioneros y turistas aprovechan la estructura armada de cara al río Paraná, que posiciona a la capital misionera como un activo jugador turístico, ya no como ciudad de paso. La oferta gastronómica de la Costa Sur, sumada a la de la Costanera tradicional, que culmina en el balneario El Brete, convierten a la ribera en un destino en sí mismo. Solo Costa Sur tiene casi una veintena de ofertas gastronómicas de primera línea. El Soberbio asoma como nuevo destino “descubierto” por miles de misioneros e inversiones que potencian el destino. La zona centro también comienza a vivir del turismo como una actividad central de la economía, con hoteles en lugares no tradicionales sobre la ruta nacional 14. 

No es casual que el Gobernador insista en conseguir obras energéticas destinadas al Alto Uruguay, largamente olvidado. Hay un enorme potencial turístico y rural que necesita ser fortalecido con infraestructura. Hasta ahora las respuestas del Gobierno nacional han sido positivas en materia de infraestructura, aunque a cuentagotas si se compara con la urgencia de la demanda. 

También se espera que haya respuestas positivas en relación con el pedido de creación de una zona aduanera especial en Misiones o alguna alternativa intermedia, de la mano de la reglamentación de la ley Pymes. La zona aduanera especial estuvo a punto de convertirse en realidad a través del Presupuesto, pero el rechazo de la alianza Cambiemos al proyecto oficial, empantanó los avances. Ahora no hay herramienta ni Presupuesto. Ambas carencias le permiten a Alberto Fernández manejar la lapicera a su antojo, pero al mismo tiempo, complican el arreglo con el Fondo Monetario Internacional, que mete presión sobre la incipiente recuperación económica. 

Cambiemos, hoy en la oposición, pero responsable del descalabro económico de la Argentina y del mayor préstamo en la historia del FMI, ahora pone condiciones para acompañar las negociaciones del país con el organismo financiero. Parece un mal chiste, pero no. Todo sea para empiojar al rival, para agrandar la grieta. “Un plan serio”, exigió Horacio Rodríguez Larreta, vocero del macrismo ante el silencio del ex presidente. ¿Tan serio como el plan que derivó en los 57 mil millones de dólares de deuda? ¿Tan serio como el que disparó la desocupación y la pobreza en los cuatro años de Cambiemos en el Gobierno? ¿Tan serio como el que culminó con una inflación récord en el último año de Macri en el poder? No es serio poner condiciones con esos antecedentes tan frescos. 

Pero el Gobierno está enmarañado en esas negociaciones que complican incluso la gestión diaria, que necesita en muchos casos una reacción más rápida, acorde a las urgencias. 

La parsimonia permanente daña las estructuras y deja bajo la lupa a algunos funcionarios. El misionero Ignacio Barrios Arrechea, al frente de la Entidad Binacional Yacyretá, está apuntado desde hace algunas semanas como de salida. La única certeza es que le pidieron que presente la renuncia y que se evalúa el nombre de su reemplazante. Podría haber una salida formal en los próximos días, dependiendo de la agenda del Presidente o el secretario de Energía. Misiones, a través del Gobernador, dejó claro que no quiere el cargo que ambicionan otros mandatarios de la región, sino que Yacyretá vuelva a cumplir con las obras energéticas y de compensación que prácticamente desaparecieron desde la época de Cambiemos.

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El derecho del trabajo que nos espera post pandemia

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El 2021 que recientemente terminó ha marcado el segundo año de la convivencia con el COVID, lo que nos dejó una crisis estructural severa, que afecta de manera directa sobre los derechos de los trabajadores insertos en una Empresa que debe sobrevivir ante las políticas públicas y económicas de un Estado en donde, la desigualdad agravada por la pandemia, es una compañera de los pueblos oprimidos. 

La realidad nos demuestra que la crisis económica sigue aumentando trayendo ajustes, impactando directamente sobre los más necesitados. Lo que hace que el equilibrio pretendido por los principios del Derecho del Trabajo, queden cada vez más desequilibrados.

No caben dudas que debemos destacar a partir de la declaración del estado de emergencia ante la llegada de la pandemia en marzo del 2020 en nuestro país, que el gobierno actual intentó construir instrumentos, muchos de ellos hasta rozando la inconstitucionalidad, a los fines de salvaguardar los derechos de los trabajadores, todo lo cual no tenían otro horizonte que no fuera la conservación de la fuente de ingreso de una familia, SU TRABAJO. 

Así, nos hemos encontrado con legislación nueva, que hizo que todos los laboralistas nos reunamos, experimentando la vida en relación mediante redes sociales, realizando conferencias por zoom, dictándose clases de manera virtual, debatiendo sobre el nuevo paradigma que se planteaba a partir de la realidad social y económica atravesada por las empresas. 

De esta manera se prorrogó la duplicación de las indemnizaciones en caso de despidos, el cual ya era un instrumento que se había planteado previo a la declaración de la pandemia, se consagró el principio de intangibilidad salarial y ante la incansable necesidad de resguardar el vínculo laboral, se declaró la prohibición de los despidos sin justa causa. 

Trayendo a colación de que la justicia de Misiones fue la primera del país en declarar nulo un despido sin justa causa en abril del 2020, el cual aún no se encuentra resuelto atento a la que empresa apeló la decisión de dos instancias judiciales y se encuentra aún pendiente en el Superior Tribunal de Justicia de la provincia el pronunciamiento del mismo. 

En todo el año 2020 y mediados del 2021 la preservación y la conservación de los puestos de trabajos estuvieron en la agenda del Gobierno actual, lo cual demuestra su ideología y la preocupación del aumento del porcentaje de los desocupados en nuestro país. 

Pero a partir de que los contagios fueron bajando, la vida en sociedad fue volviendo a la normalidad, nos encontramos que se presentaron cuatro proyectos en el Senado de la Nación, que tienen por objeto nada más ni nada menos que la eliminación de las indemnizaciones laborales por despido. Cuestión esta que nuevamente hizo prender las luces de alerta en los abogados laboralistas. 

Recordamos que el régimen laboral argentino plantea que ante un despido arbitrario, el empleador debe abonar al trabajador una indemnización por esa ruptura abrupta del contrato de trabajo. Con los proyectos que se encuentran tratándose en el Congreso, se pretende sustituir las mismas y crear un seguro similar al actual régimen de los empleados de la construcción, el cual tendrá un aporte mensual y una vez finalizada la relación, el ex dependiente se hará acreedor de esa suma teniendo en cuenta la antigüedad.

Partiendo de la historia y de mi experiencia, la reforma a las indemnizaciones no es el camino justo, mucho menos cuando lo que se pretende es inducir al error de que los trabajadores registrados son un costo para las empresas que obstaculizan su crecimiento

La protección contra el despido arbitrario es un derecho constitucional el cual es innegociable e inalienable, existe una irrenunciabilidad de derechos. Los trabajadores no son una mercancía ni el objeto para un fin. Ya la Corte ha dicho que el trabajador es objeto de especial tutela. Esta convicción debe ser hoy el punto de partida y base de todo fundamento político y económico. 

Lo que espero de la legislación laboral en este 2022 es la custodia de los derechos y garantías de las personas que al trabajar pierden su libertad a cambio de una remuneración. Partiendo desde la perspectiva de la persona del vulnerable y sabiendo que mediante la lucha permanente, vamos a lograr el deseado bien común de la clase trabajadora con una vida digna y siendo la justicia social, el instrumento para que el mundo sea lo mejor posible. 

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El juego de las diferencias

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Un empresario misionero compartió la tapa de un diario, del 6 de enero de 1989 con una similitud que describe la patética parábola de la Argentina. Nada ha cambiado demasiado. O peor, algunas cosas han empeorado. Ese día, como ahora, el Gobierno decretaba asueto para los empleados estatales para ahorrar luz. Ahora, más de tres décadas después, el presidente Alberto Fernández ordenó a los estatales volver al teletrabajo para ahorrar energía en las oficinas públicas y atenuar, un poco, la demanda en la ola de calor.

La misma tapa reflejaba un aumento del costo de vida del 6,8 por ciento en diciembre de 1988. Ahora, la media nacional de diciembre fue un poco menos apremiante, con 3,8 por ciento de inflación, pero el acumulado cerró en 2021 con una suba de precios de 50,9 por ciento. 

El juego de las diferencias.

La inflación no es aquella de fines de los 80 y tampoco fue el récord de 2019, cuando Mauricio Macri dejó el poder con un vergonzante 53,8%, la más alta del continente latinoamericano, apenas debajo de la vilipendiada Venezuela que no queríamos ser. Pero no deja de evidenciar los fracasos cíclicos de los Gobiernos y cómo los platos rotos son siempre pagados por los mismos. 

También hay diferencias entre los momentos. La de fines de los 80 terminó en hiperinflación. La de 2019 fue récord en medio de una recesión que se inició un año antes, que derivó en el pedido de “auxilio” al FMI por 57 mil millones de dólares. El “salvavidas” conseguido por Macri para su Gobierno terminó en fiasco pero impone condicionamientos a éste y las futuras administraciones.

A diferencia de 2019, la inflación de 50 por ciento de 2021 encuentra al país con indicadores de recuperación de la actividad económica, tanto en la industria, el consumo o la construcción, lo que revela nuevamente que el costo recae en el bolsillo de los argentinos, los grandes perdedores de un país que repite errores y desaciertos prácticamente sin consecuencias para quienes toman las decisiones. Por el contrario, el macrismo intenta imponer condiciones al cómo la Argentina renegocia la deuda tomada por Cambiemos con el FMI.

El ciclo también exhibe impúdico la elefantiásica concentración de todo en Buenos Aires. 

Para frenar la inflación, el programa Precios Cuidados ofrece productos más baratos en Buenos Aires que en Misiones, incluida la yerba mate, cultivada en la tierra colorada, que sale más cara en las góndolas locales que en las del principal centro de consumo. Bolsillos protegidos, de primera y de segunda. 

La crisis energética de 1989 y la de ahora son un calco que apunta casi exclusivamente al AMBA. Cuando los noticieros hablan de apagones no se refieren nunca a lo que pasa en Catamarca o en Formosa, sino esencialmente a Capital Federal y los miles de usuarios a la luz de las velas. 

Ahora, pese a los tarifazos otorgados durante el gobierno anterior, queda al desnudo la nula inversión de las concesionarias del servicio en Capital y Buenos Aires, que, sin embargo, siguen sin sanciones serias. El resto del país se queda sin inversiones relevantes y dependen de su propia suerte para evitar colapsos.

Pasaron tres décadas y Misiones sigue sin gas natural y vastas zonas sin la energía necesaria para atender la demanda creciente de las industrias. 

La diferencia con años anteriores radica en que ahora no hay una política de resignación ni de sumisión a los poderes centrales. Antes, el peronismo o el radicalismo imponían verticalidades que eran difíciles de obviar. Esa dicotomía se evidencia ahora desde espacios que no son estrictamente estructuras partidarias, pero que encuentran las mismas raíces. La grieta es la mala evolución del bipartidismo que gobernó como un péndulo la Argentina. 

La Renovación se salió de esa grieta y por eso tiene mayor autonomía para poder interpelar a los gobiernos centrales e insistir en demandas que no por repetitivas pierden relevancia. 

El Presupuesto rechazado por los diputados de Cambiemos, con el voto de los misioneros Alfredo Schiavoni, Florencia Kilpauka y el radical Martin Arjol, le birló a Misiones la posibilidad de conseguir un inédito paquete de obras por casi cien mil millones de pesos, además de la creación de la Zona Aduanera Especial, lo que obliga a doblegar los esfuerzos en las negociaciones para no perder ninguno de los acuerdos conquistados.  

En eso está por estos días el gobernador Oscar Herrera Ahuad. Días intensos de gestión en oficinas de Buenos Aires, para conseguir obras de energía eléctrica, con inversiones millonarias, obras de infraestructura vial, como la extensión de la autopista de la ruta nacional 12 hasta Santo Pipó y de agua potable, especialmente para solucionar de fondo la problemática histórica de Puerto Iguazú. Todas esas gestiones están encaminadas o van camino a resolverse merced a las gestiones y el puntilloso trabajo técnico llevado por el titular de Vialidad Provincial, Sebastián Macías y Virginia Kukla, flamante presidenta de Energía de Misiones, quien consiguió respaldo para la extensión de redes en el Alto Uruguay.

Hay fuertes indicios de que además habrá respuestas inminentes para atender la demanda de Gobierno y empresarios para resolver las asimetrías fronterizas con Paraguay y Brasil. 

De eso habló largo y tendido Herrera Ahuad con el jefe de Gabinete, Juan Manzur. No será el proyecto ideal de Zona Aduanera, esquema que estaba incluido en el Presupuesto rechazado por Cambiemos, pero se buscan las herramientas jurídicas que permitan ampliar espacios comerciales sin impuestos nacionales en varios puntos de la provincia. 

De este modo, el consumidor misionero sentiría un alivio real en el bolsillo y podría acceder a productos con precios competitivos en relación con las fronteras o incluso con Buenos Aires. 

Será un alivio esperado. El NEA finalizó el 2021 con un nivel de alza de precios del 49,7%, apenas por debajo del promedio nacional -en rigor, la única región por debajo del 50 por ciento- y a diferencia de lo que ocurrió a nivel mensual, fue la región con el menor incremento en el año. 

Sin embargo, con estos resultados el IPC tuvo alzas mayores a los registrados en 2020 para esta región (42,2%), como también del 2018 (47,8%) y 2017 (22,3%); aunque se mantuvo por debajo del 2019, que fue récord (57,6%).

A la espera de conseguir resolver demandas históricas, la economía misionera sigue dando señales positivas en medio de un escenario nacional que no logra despejar incertidumbres agravadas por la pandemia. 

Misiones está entre las provincias donde más aumentó el empleo privado y una de las de mayor recuperación desde el inicio de la pandemia. La particularidad es que las que están por encima tienen incentivos directos de los que carece la tierra colorada. En cuatro de las provincias con mejor desempeño laboral, el dinamismo se explica por la minería y sus actividades conexas, que arrastran a la construcción y los servicios asociados. En otra, por el petróleo de Vaca Muerta.

Misiones no tiene minería y, por el contrario, hace de la preservación de la naturaleza una de sus premisas. Aún así, la industria y el comercio explican buena parte del empleo privado, con picos en el sector forestal, que supera los diez mil puestos de trabajo formales. El comercio suma más de 20 mil puestos y el turismo recupera volumen con cerca de quince mil, entre hotelería y gastronomía. 

Con incentivos adecuados, la dinámica laboral podría ser mucho más intensa, pero de todos modos, en promedio, los salarios en Misiones le ganaron a la inflación. Según revela el columnista de Economis, Alejandro Pegoraro, de acuerdo a los datos que suministra la Superintendencia de Riesgos de Trabajo, en base al registro de empleadores y trabajadores por provincia, al mes de septiembre del 2021 Misiones tuvo el mayor incremento del salario, medido a nivel interanual, llegando al 61,1% de expansión, posicionándose así varios puntos por encima del alza de precios tanto regional como nacional, pero también le sacó un par de cabezas de ventaja al resto de las provincias que componen la región. En Corrientes, el salario promedio tuvo una suba del 50,1%; en Formosa del 51,1% y en el Chaco del 47,5%, siendo ésta la provincia con el peor resultado y registrando así caídas reales. 

La clave para sostener la actividad económica fue el manejo de la pandemia. Aún con la tercera ola en su máxima expresión, Misiones se mantiene como una de las provincias con menor cantidad de contagios y muertes. Los cuidados tomados en la primera etapa permitieron que la actividad económica no se paralizara como en otros puntos del país y del planeta. Gestión dual que cuidó la salud y la economía y que se refleja en los índices de valoración que exhibe el gobernador Oscar Herrera Ahuad, hoy el tercer mandatario con mejor imagen del país, según la consultora CB, que mide la imagen de los gobernadores desde hace un par de años. 

La consultora CB publicó su trabajo de medición sobre la imagen de los gobernadores y dirigentes nacionales en todo el país correspondiente a los primeros días de enero. Los tres gobernadores mejores valorados son Gerardo Morales de Jujuy (72,4%), Sergio Uñac de San Juan (70,3%) y Oscar Herrera Ahuad de Misiones (69,8% y en ascenso). ¿Es casual que sean quienes exhiben un mayor grado de autonomía del poder central? Uñac y Herrera Ahuad están en la misma mesa de gobernadores que están discutiendo una agenda federal que surge desde las provincias y no al revés. Morales es el presidente de la UCR y uno de los díscolos dentro del esquema de Cambiemos, que se animó a cuestionar el voto en contra del Presupuesto y admite que la deuda generada por Macri en el poder, obliga como mínimo a que la oposición no obstaculice las negociaciones. Por el contrario, Cambiemos se ha empeñado en que las gestiones fracasen o el acuerdo signifique un nuevo ajuste para la economía argentina, algo que los gobernadores no están dispuestos a tolerar.

El intendente Leonardo Stelatto también aparece en el ranking de CB Consultora como uno de los alcaldes del país con mejor imagen. El alcalde posadeño tiene una imagen positiva en ascenso, que llega al 61,3 por ciento. La transformación de la Capital en una ciudad preparada para recibir al turismo e infraestructura que está cambiando los barrios, se refleja en el índice de aprobación. No es casualidad que las dos principales figuras del Gobierno tengan ese nivel de aprobación. La gestión es la principal bandera que exhibe la Renovación. La oposición, que se regodea en la grieta en las redes sociales o la nostálgica reivindicación de la dictadura, vive un verano casi de vacaciones.

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