Ciencia

El Ministerio de Ciencia invierte 2.500 millones de pesos en un centro en Ingeniería de la UBA

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En el marco del Programa Federal “Construir Ciencia” del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, tendrá lugar una nueva obra, esta vez, sobre los cimientos ya construidos correspondientes a la Facultad de Ingeniería (FIUBA). Se trata del “Centro de Innovación en Ingeniería de Alto Nivel (CIIAN) de la UBA” que demanda una inversión de 2.500 millones de pesos por parte de la cartera científica. La obra, que prevé una superficie de 6570 m2, estará destinada al desarrollo educativo, científico y tecnológico para la transferencia del conocimiento a las empresas del sector y la cooperación internacional en áreas estratégicas de la Ingeniería. El Ministro de Ciencia, Daniel Filmus, y el Rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Ricardo Gelpi, firmaron el convenio para la construcción de la obra. Participó el Subsecretario de Coordinación Institucional del MINCyT, Pablo Nuñez; el Secretario de Ciencia y Técnica de la UBA, Sebastián Civallero; entre otros/as.

Luego de la firma, Filmus indicó que “no es lo mismo cualquier carrera, no es lo mismo cualquier profesión. Creemos que la ingeniería es estratégica para el desarrollo del país. Podemos financiar estas obras por la Ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. Esta carrera nos plantea un desafío particular y lo podemos hacer por la ley que plantea llevar el presupuesto al 1% del PBI en el año 2032. Significa que todos los años aumenta la inversión pública en CyT como todos los países del mundo desarrollados” y siguió “esta ley si se cumple garantiza el gasto eficiente. Lo que hace falta es que la política de Estado no tenga que ver con los gobiernos de turno”. El ministro afirmó que “en Argentina todos tienen el derecho de estudiar, el derecho a la educación, pero hay algunas carreras que son estratégicas y el Estado tiene que destinar recursos” y subrayó que al igual que la educación superior. 

Y continuó: “Realmente hay que pensar cómo articulamos más la investigación con la docencia. No hay discusión posible de porqué el Estado debe financiar a la ciencia” y en ese sentido, señaló las diferencias en los modelos de país “aquellos que financian la ciencia o aquellos que quieren que seamos proveedores de materias primas sin agregado de valor, sin CyT” y remarcó “la posibilidad de generar ciencia y desarrollo y transferirlo al sector privado. Existe la transferencia tecnológica a partir de la investigación básica que financia el Estado”.

“Estamos contentos de dar este paso con una obra tan importante”, cerró Filmus y mostró su apoyo a la UBA.

Por su parte, Civallero, expresó: “Es importantísimo seguir financiando la ciencia, desde las y los investigadores, fomentar su desarrollo y potencialidades, pero nada de esto sería posible sin la infraestructura y los espacios necesarios para que las tecnologías tengan aplicación tanto en el campo académico como profesional, donde proponemos constantemente la articulación entre el Estado, la Universidad y las Empresas”.

En el CIIAN además se instalarán los actuales Institutos UBA-CONICET: de Hidrógeno y Energía Sustentable (ITHES), de Polímeros y Nanotecnología (ITPN), de Ingeniería Biomédica; los futuros Institutos UBA de Ingeniería Satelital y Aeroespacial, y de Ingeniería Naval y Oceánica. Estos últimos estarán conformados por laboratorios y grupos de investigación actualmente existentes en la FIUBA y serán impulsados mediante los acuerdos de cooperación firmados con la República Francesa.

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En clave federal, se realizó el Primer Encuentro Nacional de Ciencia Ciudadana

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Con una nutrida concurrencia finalizó este mediodía el Primer Encuentro Nacional de Ciencia Ciudadana, organizado por el Programa Nacional de Ciencia Ciudadana (PNCC) del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación en conjunto con el Centro Cultural de la Ciencia. El panel de cierre estuvo encabezado por el Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Daniel Filmus, acompañado por el Secretario de Articulación Científico Tecnológica, Juan Pablo Paz; la Subsecretaria de Evaluación Institucional, Gabriela Dranovsky; y la Directora Nacional de Programas y Proyectos, Guillermina D’Onofrio.

Bajo el lema “Ciudadanía científica para fortalecer la democracia”, el evento buscó generar un espacio institucionalizado, abierto y federal de construcción de comunidad e intercambio de experiencias entre actores vinculados a iniciativas de ciencia ciudadana en nuestro país. En el cierre se entregaron diplomas a los 36 proyectos ganadores de la Convocatoria “Fortalecimiento y promoción de proyectos de Ciencia Ciudadana”, que demandó una inversión total de $171.509.643.

Tras la ceremonia de entrega de distinciones Filmus expresó: “Decidir en favor de la Ciencia Ciudadana nos parece realmente sustantivo. Y lo bueno es que detrás de todo esto hay un movimiento, que puede tener o no apoyo estatal y lo importante es que nuestros recursos sirvan para fortalecer a este movimiento, que tiene que ser independiente del Estado porque tiene una validez en sí misma”.

El Ministro de Ciencia continuó diciendo que “quienes trabajamos en la ciencia tenemos una obligación enorme, que es la de generar una conciencia ciudadana de que la ciencia es lo mejor que le puede pasar a una sociedad. Esa pequeña parte del presupuesto -entre el Estado y el privado llega al 0,5% del PBI- es la que nos genera condiciones de desarrollo soberano para resolver los problemas de nuestra gente”.

Y finalizó: “Tenemos que dar esa pelea para que la ciencia sea una política de Estado. Un país que no tiene ciencia y tecnología propias es un país que no avanza en el conocimiento y no puede atender las necesidades de su gente, pero principalmente es un país sin soberanía. Queremos despertar vocaciones para que cada vez más se incorporen al sistema científico para tener un país en donde todos vivan dignamente”.

A su turno, Paz afirmó: “Para que estas cosas sean posibles tiene que haber una base de ciudadanos interesados en participar de actividades científicas y una comunidad científica comprometida en dialogar con su pueblo y de trabajar al servicio de resolver problemas concretos. Y un Estado que financie y que aporte, organice y haga las cosas bien, como se ha hecho acá. Le agradezco al equipo y al Ministro Filmus la decisión de transformar este programa y darle el impulso necesario”.

Una comunidad que crece día a día
En la actualidad, la Ciencia Ciudadana en Argentina se encuentra en un proceso de crecimiento sostenido, reflejado en el incremento de publicaciones, proyectos y personas de la sociedad civil que participan. En ese sentido, Dranovsky y D’Onofrio ofrecieron algunos números del presente en el país y de la convocatoria en particular:

  • Se recibieron 121 solicitudes con participación federal: 19 provincias más la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Se presentaron solicitudes de todas las regiones del país.
  • 36 proyectos fueron financiados en la presente convocatoria, 30 por la línea de fortalecimiento y 6 por la línea de promoción, alineados con el Plan Nacional de Ciencia y específicamente con 4 desafíos: discapacidad, votaciones científicas, democracia y energías.
  • Más de 17.000 personas están participando en los proyectos financiados, entre la comunidad científica y la ciudadanía.
  • Como resultado del Mapeo de Iniciativas de Ciencia Ciudadana Argentina que el Ministerio realiza en alianza con PNUD Argentina, se identificaron más de 90 proyectos en curso en la actualidad, con la participación de 45.000 personas, entre investigadoras/es e integrantes de la sociedad civil.

Durante el evento se realizaron talleres, capacitaciones y paneles de discusión con referentes en cada temática, y debates con la audiencia. Las principales problemáticas de trabajo se centraron en la constitución de un cuerpo de buenas prácticas en el ejercicio de ciencia ciudadana, los obstáculos, y los desafíos presentes y futuros.

Por su parte, las capacitaciones abordaron herramientas a la hora de conducir una iniciativa o proyecto bajo el enfoque de la participación ciudadana (estrategias de comunicación, organización de talleres participativos, apertura y visualización de datos georreferenciados, estrategias de articulación con actores sociales y gubernamentales, y prácticas lúdicas para ciencia ciudadana).

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Tecnología argentina cuida corazones en todo el continente

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Con la colaboración del instituto, la firma desarrolló una nueva versión de un dispositivo holter para monitorización cardíaca de pacientes. Este modelo se utiliza en más del 60% de los estudios nacionales, se exporta a nueve países de la región ―Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, Perú y Uruguay― e ingresará al mercado mexicano.
Especialistas del Centro de Micro y Nanoelectrónica del INTI desarrollaron una nueva versión de un equipo de monitoreo cardíaco de la empresa argentina Eccosur, que responde a requerimientos del sistema de salud actual y mantiene la competitividad del producto en el mercado. Se trata del holter modelo HT-103, que permite hacer estudios médicos de más duración y ya se exporta a nueves países de América Latina.

El nuevo dispositivo tiene un menor consumo de energía para poder realizar estudios mayores a 48 horas, capacidad para detección de pulsos de marcapasos, conectores estándar de electrodos, mayor frecuencia de muestreo y mejor resolución en amplitud, comunicación bluetooth y soporte para memorias SD de mayor capacidad.

El secretario de Industria y Desarrollo Productivo de la Nación, José Ignacio de Mendiguren, resaltó: “Este es un Estado que pone el acervo científico y tecnológico del país al servicio del crecimiento de empresas que invierten e innovan como Eccosur, y que llevan sus productos a la frontera tecnológica para ganar mercados y aumentar las exportaciones. Por delante tenemos el deber de fortalecer esta tarea para que Argentina salte al desarrollo”.
Por su parte, la presidenta del INTI, Sandra Mayol, destacó: “Las capacidades técnicas del INTI les permiten a las empresas darle valor agregado a sus productos y posicionarse tanto en el mercado local como en el extranjero”.

“El holter representa un salto tecnológico y de calidad, que es reconocido por nuestros clientes, y que seguramente nos ayudará a incursionar en nuevos mercados y afianzarnos en los actuales”, subrayó José Bibiloni, director de Eccosur.

Eccosur es una empresa con 20 años de trayectoria que ha comercializado más de 10 mil holters en latinoamérica. El reciente dispositivo se utiliza en más del 60% de los estudios del país; se está exportando a Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, Perú y Uruguay. Además, tienen previsto que ingrese al mercado mexicano.

Por su parte, Alex Lozano, director del Centro de Micro y Nanoelectrónica del INTI, agregó que “El instituto cuenta en su staff con diseñadores certificados por el Institute of Printed Circuits (IPC), como es el caso de Diego Brengi, que trabajó en el diseño del holter siguiendo normas y estándares internacionales en la temática ― que le agregaron valor a la tarea”.

“Actualmente, continuamos trabajando de manera conjunta con Eccosur para sumarle al holter y al resto de los equipos que comercializa, conectividad a IoT (internet de las cosas), que permitirá no sólo compartir estudios de pacientes en la nube, sino también gestionar el uso del equipamiento médico en forma remota”, finalizó Lozano.

Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo, con cifras que superan las 17 millones de defunciones anuales. El holter es una de las tecnologías médicas más utilizadas para la detección temprana de este tipo de afecciones.

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Neurobiología Vegetal Vs Inteligencia Artificial

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Reducir la inteligencia a la mera capacidad de resolver problemas es atentar contra la especie misma. Creer que es posible de cuantificar en cifras lineales, creer que se trata de un sistema perfecto, caracterizado no más que por la cifra de “éxito” que posea el cerebro del más prominente de los científicos, es equivalente a condenar a la súbita y más deplorable extinción al sistema de razonamiento individual más complejo que haya desarrollado el planeta a lo largo de toda su historia, el ser humano.

Obsesionados por medir y comparar, no somos más que verdugos de cualquier futuro imaginado. Para ahondar mejor en esta postura, debemos remontarnos a los orígenes mismos de la vida, y a las transformaciones claves que constituyen la mismísima evolución de las especies. Verán, las especies de seres vivos, se trate del reino que se trate (Vegetal, Animal, Fungi) deben de ser capaces de afrontar diversos desafíos, quizás se trate de una enfermedad, o quizás una “crisis alimentaria”. Cuando uno de estos “desafíos” se muestra limitante para con la procreación y perseveración de una especie, la misma se ve obligada a actuar en consecuencia, desarrollando alteraciones en el genoma, que termina por desencadenar un cambio, algo distinto, no mejor ni peor, sino simplemente distinto. La mayoría de las veces, estos “cambios”, terminan por perecer de manera natural, dejando paso a otras variantes. Finalmente, y en un momento dado, una de estas variables alternativas es capaz de afrontar la problemática y garantizar la supervivencia.

De esta manera, es obvio, que estamos frente a nada menos que una forma de inteligencia. Esto, a lo que podríamos denominar “Inteligencia natural”, se reparte entre muchas denominaciones, disciplinas científicas, etc. Entre ellas, esta la Neurobiología Vegetal, un punto de vista que afirma la existencia de un sistema de razonamiento muy complejo, subyaciendo bajo nuestros pies. Las redes establecidas entre plantas, mediante raíces, actúan de manera similar a una neurona animal, desarrollando sintaxis, pensamiento. Pero, no queda ahí, la red de raíces puede limitarse a una maceta abandonada, o extenderse a lo largo de continentes enteros, elevando el número de sintaxis posible a cifras incalculables, haciéndonos consientes de una inteligencia que existe, pero que no comprendemos.

Desde esta postura, autores como S. Simard o S. Mancuso, señalan que hablamos de un tipo de inteligencia visiblemente diferente al que conocemos, donde los “individuos” no razonan por si solos, comparando el razonamiento de los demás o adoptando posturas ideológicas propias. Sino que su individualidad no sería posible sin una gigantesca y compleja red implicada, en la cual no hay lenguaje, ni interpretación. Simplemente hay intercambio de recursos y cooperación, en contrapunto con nuestra conducta de naturaleza competitiva, acentuada con la educación Prusiana.

Según dicho sistema (Modelo Prusiano), es decir, las bases del sistema educativo que hoy reina, los “patrones evolutivos” se ven curiosamente reflejados. Donde los “grados” representan las etapas de crisis y problemática a afrontar, y las “notas” equivalen al factor de éxito que posea el individuo. No voy a profundizar en los nefastos mecanismos que este sistema implementa de manera forzada y atroz, pero es obvio que el sistema no está pensado para conocer el origen del individuo ni su interpretación de los desafíos allí planteados, sino que, a lo largo de los últimos 200 años, se enseñó a leer a todos los niños de primer grado y a dividir decimales al de segundo grado. Es decir, se gestiona al razonamiento en función de un modelo y juicio generalizado en torno a una necesidad, crear entidades uniformes. Que sepa decir “sí, señor”, “no volveré a llegar tarde, señor”, “soy el responsable absoluto de mis errores”, “si me esfuerzo más, llegaré lejos, seré alguien la vida”.

Mas recientemente en la línea temporal, desarrollamos más estilizados mecanismos para medir la inteligencia, o bien, capacidad para resolver problemas. Entre ellos se encuentra el Test de IQ, con el que pudimos cuantificar de manera relativamente eficaz el desempeño de los individuos, y decirle a Juancito que es mejor que Pedrito. Se lo que están pensando, “El test de IQ si funciona, si no, ¿Por qué el coeficiente de A. Einstein (IQ: 160) era desorbitantemente mayor al promedio?”, a lo que yo respondería, que el mismísimo Einstein consideraba que la verdadera inteligencia se manifestaba en la capacidad de plantear preguntas y resolver problemas de manera innovadora. Además, para él, la inteligencia no estaba determinada por el coeficiente intelectual, sino por la curiosidad, la imaginación y la perseverancia.

Quizás, si yo te preguntara, ¿Quién fue el ser humano más inteligente de la historia? Vendrán a tu mente apellidos como el antes mencionado, o quizás el de Hawking (IQ: 160) o Zuckerberg (IQ: 152). ¿Pero si te dijera que no se encuentra entre ellos? ¿Y que la sociedad no está ni mucho menos orgullosa de su mera existencia? Quien alguna vez poseyó un IQ que sumaba al de A. Einstein y S. Hawking, no era un ciudadano correcto, es más, fue encarcelado por encabezar marchas socialistas en reivindicación del día del trabajador en 1919. William J. Sidis, fue aceptado por el MIT a los 8 años, ingreso a Harvard a los 11 y con 16 años, hablaba no menos de 40 idiomas, incluyendo uno que inventó el mismo a los 7 años de edad. Si Einstein viviera, señalaría el caso Sidis como un ejemplo de relatividad en términos de inteligencia

También nos atribuimos ser poseedores de la “formula de la inteligencia”, estoy hablando de la sintaxis neuronal, un conjunto de ecuaciones que convierten variables en resultados numéricos. Es desde ese lugar, que creamos las famosas “redes neuronales”, que, en conjunto, conforman lo que hoy conocemos como I.A (Inteligencia Artificial). De la cual estamos enormemente orgullosos, y creemos que quizás nos supere en términos intelectuales. Hagamos una pausa aquí, ¿Qué no era la inteligencia la mera capacidad de resolver problemas? ¿Puede resolver problemas la I.A? ¿Qué podemos considerar “un problema”?

Llegados a este punto, nos dirigimos a reconsiderar ¿A que le estamos atribuyendo el adjetivo de “Inteligente”? ¿Lo son nuestros “Smartphones” (Teléfonos “Inteligentes”)? ¿Lo es un estudiante, perdido en algún recóndito punto de Nigeria?

Según el eje de la cuestión, para desenmarañar estas preguntas, debemos tener una cosa en claro. Hablo, de que es verdaderamente un problema, ¿Lo es la correcta secuencia de sugerencias acorde nuestros gustos en redes sociales? ¿O lo es la batalla entre energía renovable y los combustibles fósiles? Para el primero de los casos, todos somos expertos, y sabemos si el Samsung A10 es mejor o peor el Iphone14, por su procesador quizás, quizás por su cámara, o por su dinámica al navegar. Pero ¿Qué hay del segundo caso? ¿Acaso alguna vez oíste siquiera el nombre Oyeyiola? El convirtió su Volkswagen “escarabajo” en un simpático auto solar-eólico, no tiene título de ingeniero, no tiene IQ de 300, no tiene bata blanca. Oyeyiola solo tiene un auto oxidado, Oyeyiola solo tiene su sonrisa contagiosa, Oyeyiola solamente tiene el brillo soñador de sus ojos.

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Titular de Conicet, sobre propuesta de Milei: “No hay país desarrollado que no invierta” en ciencia

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La presidenta del Conicet, Ana Franchi, aseguró hoy que “la ciencia y tecnología son soberanía”, y que “no hay país desarrollado que no invierta” en ese sector, al salir al cruce de la propuesta del candidato presidencial de La Libertad Avanza (LLA), Javier Milei, de privatizar el organismo.

“En la pandemia, el Conicet desarrolló en un mes y medio kits de diagnóstico en la Argentina y creó el kits de barbijos que se exportó, y gracias a eso entraron divisas; generó insumos de todo tipo que sirvieron acá y en el mundo. La ciencia y la tecnología son soberanía, no me imagino un país desarrollado que no invierta en ciencia y tecnología”, indicó la científica en declaraciones a Radio 10.

En este sentido, amplió que el desarrollo científico inicial “está en el Estado” y explicó que el trabajo de los científicos del Conicet “impacta en nuestras vidas todos los días”.

Anoche, en una entrevista televisiva con el canal LN+ Milei anticipó que en caso de ganar las elecciones eliminaría el Ministerio de Ciencia y Tecnología y privatizaría el Conicet, al señalar que la investigación del sector debería “quedar en manos del sector privado”.

Asimismo, el candidato presidencial agregó que los científicos del Conicet deberán “ganarse el pan con el sudor de su frente” y afirmó que sólo serán exitosos “sirviendo al prójimo con bienes de mejor calidad”.

“¿Qué productividad tienen? ¿Qué han generado?”, preguntó el libertario.

En respuesta, Franchi replicó hoy que los desarrollos tecnológicos “tienen éxito porque no buscan productividad sino mejorar la calidad de vida de la gente” y que lo han hecho en sectores como “salud, energía, construcción y medicina”.

“Nuestros investigadores trabajan con grupos de riesgo, mejorando la calidad de vida. En un futuro incierto tras el desarrollo de la inteligencia artificial vamos a necesitar gente capacitada”, amplió.

Además, Frenchi explicó que esta gente capacitada proviene de “las universidades públicas de todo el país” y se preguntó: “¿Vamos a darles un pasaje a Ezeiza a los científicos para que se vayan?”.

“Tenemos gente formada en el Conicet que trabaja en muchos lugares, como Vaca Muerta y sectores del agro, son empresas que aportan al Estado y al desarrollo del país”, concluyó.

Para Salvarezza, “privatizar el Conicet es volver al pasado, a los años 90”

El exministro de Ciencia y Tecnología, Roberto Salvarezza, señaló que la propuesta del diputado y candidato a presidente por La Libertad Avanza, Javier Milei de privatizar el Conicet es “volver al pasado, a los años 90” y consideró que es el “Estado el que debe dinamizar la investigación científica”.

“Ya sucedió durante la gestión de (Mauricio) Macri, en la que se rebajó el Ministerio de Ciencia y Tecnología a Secretaría, pero ahora Milei habla de privatizar el Conicet, y con esto lo que hace es exhumar viajas propuestas de los 90, es decir volver al pasado, pero en pleno siglo 21. ¿Qué país desarrollado no apuesta al conocimiento, a la ciencia, a la tecnología y a innovar?”, sostuvo esta mañana Salvarezza en declaraciones al canal C5N.

Además, el exministro de Ciencia y Tecnología destacó que “el principal emprendedor en el área de la ciencia es el Estado, o sea el que va a riesgo y el que invierte en políticas innovadoras y en tecnologías disruptivas”.

“Luego, el sector privado transforma ese conocimiento en un bien comercial, pero sin el apoyo del Estado no habría conocimiento”, agregó el científico.

En ese sentido, Salvarezza precisó: “No hay ninguna duda de que, en el caso de que Milei sea elegido presidente, volvamos a tener una fuga de cerebros”.

Y enumeró: “La comunidad científica ha vivido varios éxodos: en la dictadura, en los años 80 y 90 y durante la gestión de Macri, en la que tuvimos un desaliento muy importante”.

“Aunque lo que propone Milei ahora es peor porque no se trata solo de desfinanciar sino de privatizar el Conicet, es decir un organismo de ciencia que tuvo mucho reconocimiento por parte de sociedad durante la pandemia”, concluyó.

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