Lula

Brasil buscará recuperar la Amazonía más allá de que llegue la ayuda internacional

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Brasil protegerá la Amazonía “con sus propios esfuerzos”, sin condicionar la tarea a la recepción de fondos internacionales, aseguró hoy en la COP27 la exministra de Medio Ambiente y diputada electa Marina Silva.

En un encuentro con la prensa dos días antes de que el presidente electo de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, llegue a la conferencia del clima que se está celebrando en Egipto desde el domingo pasado, Silva enumeró las prioridades ambientales del próximo Gobierno.

Silva, que podría repetir como ministra de Medio Ambiente, cargo que ya desempeñó con Lula entre 2003 y 2008, insistió en la necesidad de crear un superórgano nacional que coordine la acción climática entre varios ministerios.

“Es algo innovador y potente”, declaró la exministra, citada por la agencia de noticias AFP.

Silva aseguró que la visita de Lula a Sharm el Sheij, antes incluso de asumir el cargo el 1º de enero, envía el mensaje poderoso de que “Brasil recobra el protagonismo ambiental en el espacio multilateral”.

Según sostuvo, “una prioridad estratégica” será la lucha contra la deforestación de la Amazonía, que bajo el Gobierno de Jair Bolsonaro avanzó con fuerza desde 2019 y en 2021 alcanzó un máximo en 15 años, por su política de promoción de la minería y las actividades agropecuarias incluso en zonas protegidas.

En esa tarea por preservar el mayor pulmón verde del planeta y un sumidero fundamental de CO2 capaz de combatir el cambio climático, Silva aseguró que Brasil actuará “con sus propios esfuerzos”, sin condicionarlo a la ayuda internacional.

Y al combatir la destrucción de la Amazonía y perseguir un objetivo de reforestación de 12 millones de hectáreas, Brasil adoptará un papel de liderazgo mundial “por medio del ejemplo”, destacó.

Silva celebró, no obstante, que Noruega y Alemania hayan anunciado, que están dispuestos a reanudar su apoyo financiero ahora que Lula vuelve al poder y anticipó que buscarán socios adicionales.

Noruega es el mayor contribuyente de ese fondo, y según su ministerio de Medio Ambiente, hay actualmente 641 millones de dólares disponibles.

Silva detalló que la ayuda internacional puede ser útil igualmente para promover la llamada bioeconomía.

Según ella, una de las pistas es fortalecer la agricultura familiar en la Amazonía, no para hacer retroceder su extensión sino para aumentar la productividad en explotaciones ya existentes por medio de tecnología más moderna.

Igualmente, la aliada de Lula reconoció que hay una tarea urgente en recomponer los presupuestos destinados a la preservación de la Amazonía, recortados por el Gobierno de Bolsonaro, y también los equipos especializados en la conservación.

“No es algo difícil, habrá que sustituir a personas inadecuadas, militares que no saben de medio ambiente”, por “equipos técnicos” capaces de hacer su trabajo y que están “amenazados y asediados por el actual Gobierno”, apostilló.

La ex ministra, que viajó a Egipto para preparar el terreno a la esperada visita de Lula, enfatizó por otro lado que será necesario revisar el mercado de créditos de carbono, para evitar que las empresas de energías fósiles los usen para lavarse la cara y evitar tener que reducir sus emisiones.

“No creo que se deba perpetuar la generación de energía fósil apoyándose en esos créditos. Esas empresas tendrán que transitar a un modelo consistente en generar energía y no sólo vender petróleo”, explicó Marina Silva.

“Ese es el camino que con certeza se perseguirá en Brasil, que también es un productor de petróleo”, y que por lo tanto empleará “este recurso aún necesario para hacer la transición a otras fuentes de generación de energía”, agregó.

Silva enfatizó que, “en su opinión” personal, esto aplica a la petrolera estatal Petrobras, que debe ir más allá del petróleo y contribuir a la transición energética de Brasil.

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Marcar el camino

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La derrota de Jair Bolsonaro reconfigura el mapa político sudamericano. Pero la vuelta al poder de Lula no debe ser leída como un anticipo de lo que pueda suceder en la Argentina en 2023. El contexto político es parecido, con una polarización ideológica nunca antes vista. La tenacidad de Lula no encuentra parangón y la indolente y despectiva gestión de Bolsonaro facilitó las cosas.

En Argentina la elección será definir entre la continuidad de dos oficialismos que cargan con una enorme marca negativa. La alianza Cambiemos promete hacer lo mismo pero más rápido y sus candidatos disputan por mostrarse más duros entre los duros. 

El Frente de Todos tiene escasos logros para mostrar y después de tres años de gestión, apenas anota como mérito haber “estabilizado” la macroeconomía tras la llegada de Sergio Massa, el ministro de Economía ungido de apuro y que por ahora no quiere ponerse el traje de candidato. 

Cristina Fernández, a priori la candidata de los votos, tampoco parece estar decidida a dar el paso del regreso y aunque pueda concitar el entusiasmo en el peronismo, al mismo tiempo garantiza el rechazo de la otra mitad de la Argentina. Un péndulo riesgoso. Ninguno de los dos extremos muestra algo distinto para la Argentina allende de la General Paz.

La virulencia con la que la alianza Cambiemos está dirimiendo su propia interna es la ratificación de un modo de hacer política en el que no hay lugar para los débiles.

No me crucés más por la tele porque la próxima te rompo la cara. Te lo aviso directamente, conmigo no se jode”, amenazó, brutal, Patricia Bullrich al jefe de Gabinete de Horacio Rodríguez Larreta, el intendente porteño que quiere heredar el PRO. La Piba está decidida a ser candidata presidencial y cuenta con la bendición de Mauricio Macri, quien, de todos modos, no deja de coquetear con buscar, él mismo, su segundo tiempo

El primero terminó abruptamente, pese a que contaba con respaldo fuerte. El economista Carlos Melconian, ahora presidente de la Fundación Mediterránea, contó un diálogo que revela cómo los intereses del país se rifaron en función de las aspiraciones del ex presidente. 

“Es absolutamente cierto que el presidente Macri logró un acceso excepcional de la mano del presidente Donald Trump”, admitió Melconian sobre el préstamo más grande de la historia del FMI. Recordó que Macri le dijo: “Me están dando la plata para ganar la elección”. 

Macri recibió un crédito de 57 mil millones de dólares de parte del Fondo Monetario Internacional, del que finalmente se hicieron efectivos 45 mil millones. Esa deuda condiciona el presente y el futuro de la Argentina por varias generaciones. 

“¿Qué opinas del acuerdo?”, recordó Melconian sobre lo que le dijo Macri y señaló que él le anticipó que perdía la elección de 2019. En ese momento el economista agregó que el líder del PRO le dijo: “Pero si me están dando la plata para ganar la elección”. 

Melconian también confesó lo obvio. El préstamo traía consigo el paquete de condiciones del FMI y fue el entonces número dos del FMI, David Lipton quien tomó las riendas del acuerdo. Según Melconian, Macri le ofreció en ese momento hacerse cargo del ministerio de Economía y él lo rechazó porque “un presidente y un ministro, con Lipton al lado, toman mate”. Melconian acertó. Macri, como ahora Bolsonaro, fracasó en su intento de reelección. La deuda quedó como legado. Sin embargo, Cambiemos quiere volver al poder como si esa parte de la historia no hubiese existido.

El nivel de abstracción es tal que el único debate en la oposición es quien encabeza la fórmula presidencial. Rodríguez Larreta repite ahora lo que dijo durante su fugaz paso por Misiones: “Mi candidatura no depende de que otro se presente, sea Macri, Morales, Vidal o quien sea”, asegura el intendente porteño que hace unos días vino a pasear por la Costanera de Posadas y sacarse fotos en un yerbal. El escenario elegido fue una de las chacras de Ramón Puerta, rodeado de los referentes de la alianza local, como el propio Pedro Puerta y el radical Martín Arjol, que sueña con ser el candidato bendecido en la tierra colorada. 

El radicalismo, que también apela a la desmemoria, desafía al PRO a que esta vez aporten el candidato a vice detrás del jujeño Gerardo Morales. Pero la UCR tampoco exhibe ideas frescas, sino que apela a un imaginario alfonsinista que quedó a todas luces demodé. Reconocerlo no es quitarle valor al primer presidente pos dictadura, sino admitir que pasaron cuatro décadas y que el mundo necesita mucho más que democracia para comer, curarse y educarse. Por el contrario, la grieta se alimenta de una desigualdad que corroe los cimientos mismos del sistema.

Alfonsín no pudo domar la economía y Fernando De la Rúa, el otro presidente radical, se fugó en helicóptero en medio de una feroz crisis, represión y muertes. Desde entonces el radicalismo no se refundó, sino que se mimetizó con el PRO, de la mano de Macri y muchos de sus dirigentes hoy están cómodos en ese segundo plano que no exige demasiado esfuerzo. Por eso mismo las “bases territoriales” empiezan a desertar, agotados de ninguneos para sostener un status quo que siempre tiene a los mismos protagonistas. 

Misiones viene dando muestra de ese hastío. Y es notorio como la línea argumental coincide: el partido radical no se abre a nuevas ideas ni nombres que no sean los patricios de siempre. José Luis Pastori, el hijo del ex diputado nacional Luis Pastori fue el primero en hacer notar que no había lugar para él mismo, nacido en cuna radical y criado en una familia que vive la política hace más de 40 años. Fue el primero en advertir que no había espacio para la construcción política y que los que mandaban eran siempre los mismos. Hoy ya no sorprende en los mitines de la Renovación. Siguieron sus pasos el presidente de la Juventud Radical y un centenar de dirigentes jóvenes. La única respuesta que dio el radicalismo era que la fuga tenía condicionantes económicos. Vaya forma de motivar a la tropa y reconocerles valor a los militantes. Ahora sucedió otra fuga, de jóvenes de Eldorado. Una frase explica las motivaciones: “Durante mucho tiempo militamos dentro de la UCR, partido que nos permitió formarnos políticamente, pero que hasta el día de ayer nos ha limitado”.

“Se cansaron de ser mano de obra electoral, y que no los dejen ser protagonistas de nada”, graficó un joven conocedor de las lides radicales. “Los candidatos siempre son los mismos  o amigos y parientes de los mismos… Estos pibes quieren pista, y no les dan porque si no tenés guita para bancarte una campaña nadie te ayuda. Los espacios internos no tienen  nada de democráticos, ahí los apellidos ilustres definen a dedo quien es el candidato. Y si no sos del riñón, serás siempre mano de obra electoral”, detalló. Y lejos de la indiferencia del partido, advirtió que “estos pibes saben que tienen votos, y quieren dejar de moverlos para otros, quieren ser protagonistas”. Habrá otras novedades fuertes en los próximos días. 

El misionerismo seduce como concepto diferenciador ante un escenario político que no deja de mirarse el ombligo. El gobierno de Alberto Fernández repite patrones de conducta que contradicen las promesas de federalismo y que demuestran que las banderas levantadas por el Norte Grande son imprescindibles para poner un poco de equidad. Los problemas de la Argentina son más acuciantes en las provincias lejanas de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Si no se contempla esa inequidad, las soluciones demorarán mucho más. 

Por eso se hace insoportable la levedad con que se tratan algunos problemas centrales de la Argentina. La vicepresidenta Cristina Fernández se quejó por Twitter del aumento de las prepagas como si no tuviera nada que ver con el Gobierno que lo autorizó. “Resulta francamente inaceptable este nuevo aumento”, retó la Jefa. El fue de 13,8%, para alcanzar 114% interanual, bastante por encima de la inflación ya asfixiante. 

Pero Cristina, que promete “hacer lo que tenga que hacer para que el pueblo recupere la alegría”, nada dijo del nuevo aumento de los combustibles que aplicó YPF, con el argumento… de la inflación.

El nuevo aumento de los combustibles golpea particularmente al “pueblo” de las provincias lejos del centro. El incremento promedio según YPF fue del 6 por ciento, pero en Misiones el aumento fue superior. La nafta Infinia en la capital misionera cuesta ahora 210,20 pesos, con una suba del 6,97 por ciento en comparación con octubre. La súper ahora cuesta 171,10 pesos, con un incremento del 7 por ciento. Pero la suba más drástica se evidenció en la Infinia Diesel, que ahora cuesta 258,20 pesos, 9,5 por ciento más que hace un mes. La diferencia se amplía en otras ciudades de Misiones. En Puerto Iguazú la nafta súper cotiza 173,80, mientras que la Infinia aumentó a 213,20, 33,80 pesos más cara que en Buenos Aires. En el caso de Shell, los precios son aún más elevados: la V-Power Diesel cotiza a 278,50, mientras que la nafta V-Power subió a 219,40 pesos.

La brecha entre Misiones y Capital Federal se ensanchó aún más con el “ajuste” de YPF. En la ciudad gobernada por Horacio Rodríguez Larreta, la nafta súper cuesta 146,50 pesos, 16,79 por ciento más barata que en Posadas. La Infinia está en Buenos Aires 179,40 pesos, 17,17 por ciento más barata que en la capital misionera. El diesel Infinia cuesta en Buenos Aires 210,40 pesos, mientras que en Posadas cuesta 22,72 por ciento más, una diferencia de 47,80 pesos por litro. 

Por eso el “misionerismo” sorprende a propios y extraños, ya que a pesar de esas asimetrías eternas, es la provincia con mayor crecimiento de la región, con indicadores que no se encuentran en las provincias vecinas. “No conozco Los Ángeles, pero debe ser como Posadas”, confesó el intendente de Paso de los Libres, Martín Ascúa.

“Fijate que hoy tenemos un proyecto con las federaciones económicas de Corrientes y Misiones para llevar la autopista que llega a Paso de los Libres, de ruta 14, hasta San José, y de ahí seguir para conectar con Posadas, pero los misioneros ya están por llegar al límite con Corrientes sin que haya un plan nacional”, sostuvo en una entrevista concedida a Radio News, que levantó mucho revuelo en la provincia vecina. 

No fue el único que se sorprendió con Misiones. El ministro de Ambiente, Juan Cabandié, destacó “la capacidad de innovación que tiene Misiones” al presenciar junto al gobernador Oscar Herrera Ahuad la presentación del “tractor bombero”, un invento misionero con inventiva privada y respaldo del Estado que ya está listo para combatir incendios apenas comience el verano.

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Lula 3.0

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Se viene un nuevo Brasil, representado por un nuevo capítulo en la vida política de Lula da Silva. Tras un ajustado triunfo en las urnas frente a Jair Bolsonaro y la máxima expresión derechista de América Latina, el Partido de los Trabajadores vuelve al poder, generando expectativas e incertidumbre. Con Lula a la cabeza, se viene un gran giro en la política regional. 

Brasil puso guiño y dobló a la izquierda 

Tan solo dos millones de votos aproximadamente terminaron por volcar la balanza política en las urnas brasileñas para consagrar a Lula da Silva como el nuevo presidente de su país, con el fin de cumplir su tercer mandato al mando del coloso sudamericano. Sin embargo, esa pequeña diferencia también denota otro agregado para intentar comenzar a comprender la futura gestión del PT en Brasil. Es justo decir que la mínima ventaja refleja una polarización ideológica absolutamente abrumadora en Brasil. También es correcto hablar de ideología y no solamente de política o economía, sino de formas de ver el mundo totalmente antagónicas. Allí está Brasil, en ese punto crítico, entre mitines de militantes bolsonaristas que piden la intervención militar y desacreditan la democracia, y la centroizquierda que asume el poder con sed de revanchismo político, luego de la operación del lawfare y la causa del Lava Jato. La diferencia es clara, y haciendo equilibrio en esa balanza deberá gobernar Lula da Silva. 

Esto deja a las claras que, al no tener una mayoría notoria dentro de los estamentos del Estado nacional, como así también en los Estados regionales y con calles verdaderamente convulsionadas, el mandatario entrante deberá generar alianzas para garantizar su gobernabilidad. 

Estos pactos tácitos del PT se explicitan a nivel interno y externo, desde lo partidario. De hecho, el vicepresidente de Lula, Geraldo Alckmin, podría ubicarse tranquilamente en la centroderecha. Sin embargo, el gran salto deberá darlo Lula para generar lazos diplomáticos con la oposición, con el fin de que se aprueben sus leyes y pueda consolidar un mito de gobierno, de lo contrario, será muy difícil sostener un país tan grande como Brasil, con semejante polarización ideológica en marcha. La muñeca política de Lula da Silva y su posición como un estratega de la vieja guardia, deberán ser la carta más importante en lo inmediato. 

Por otro lado, el mundo cambió drásticamente desde que Lula fue obligado a dejar la vida política, y el contexto internacional no es ni meramente parecido a lo que afrontó en sus dos mandatos anteriores. 

Una guerra en Europa sacude a los mercados de todo el mundo todos los días, a tal punto que el mismo viejo continente está pasando por un proceso de empobrecimiento que no se había visto desde años de la reconstrucción post Segunda Guerra Mundial. En ese aspecto, Lula tiene un escenario que, dependiendo de su agenda pueda favorecer a Brasil, entendiendo el mercado abierto y emergente para la energía que necesita Europa. 

Paralelamente, otro aspecto globalista que cambió de manera rotunda es el posicionamiento de la hegemonía internacional de los países. Está a la vista que Estados Unidos no es la única nación dominante en el mundo, y que grandes países como Rusia, China e India, disputan la fragmentación del poder. 

De hecho, el caso de Brasil es interesante, ya que forma parte del BRICS, en donde comparte este bloque justamente con Moscú, Pekín y Nueva Delhi. La multipolaridad está a la orden del día, y es evidente que se puede hablar de un “cielo de tres”. 

En términos generales, una tarea ardua que enfrentará Lula da Silva es la reconstrucción de lazos estratégicos de política exterior que Bolsonaro se encargó de poner en tensión. No es casualidad que desde la Unión Europea siguieran muy de cerca estas elecciones, y es claro que ven a Brasil bajo el mando de Lula da Silva como un aliado importante. 

Más allá de la cuestión económica que pesa y es inmediata, la política ambiental también es un foco de interés desde los 27 miembros con Brasilia. De hecho, Emmanuel Macron, presidente de Francia, tuvo fuertes encontronazos con el bolsonarismo por el destrato del Amazonas, la tala y la quema indiscriminada y la falta de acción del Estado ante hechos verdaderamente fatídicos a nivel ambiental en el pulmón verde del mundo. 

A pesar de la presencia de Brasil en el BRICS y de la cercanía con las potencias orientales, Estados Unidos también ve con buenos ojos el futuro de Brasil con Lula. Esta es una cuestión estratégica: Washington entiende que el vecino país es un escenario de disputa de poder con China, Rusia e India. Toda Sudamérica forma parte de este ajedrez geopolítico, pero Brasil, por su poderío económico es el punto que mayor interés genera a las potencias. Por otra parte, Estados Unidos se encuentra a la vuelta de la esquina de una nueva elección legislativa, en donde el bipartidismo vuelve a decir presente. Ante esto, los demócratas llevaron adelante un intento de generación de alianzas débiles, laxas y hasta simbólicas en diversas zonas del mundo, como por ejemplo Taiwán. 

Aquí, la ecuación es simple: si Trump apoya a Bolsonaro, Biden apoya a Lula. Fue el máximo mandatario estadounidense, una de los primeros líderes en saludar y felicitar a da Silva por su triunfo en las urnas. 

Volviendo a Sudamérica, el mapa geopolítico y de alianzas estratégicas cambió 180 grados. Hoy en día, la región tiene una presencia de la centroizquierda y el progresismo que es dominante,  y solo Ecuador, Uruguay y Paraguay mantienen gobiernos derechistas, con distintos matices, pero que pueden ser ubicados en esa zona de la brújula política. Entendiendo el dinamismo del bloque regional sudamericano con esta nueva postura en Brasil, es posible afirmar que la derrota de Bolsonaro, fue la derrota de la derecha en toda América Latina y su paulatino retiro de la escena política. 

No significa que la derecha no vuelva, pero si denota un hartazgo en las formas de gobernar, un entramado discursivo que es agresivo y autoritario, pareciera estar afuera de los intereses latinoamericanos, por el momento. Asimismo, quien gobierne a Brasil, tiene la botonera política de América Latina, por lo que significa este país de manera integral, por ende, la derrota de Bolsonaro fue la derrota de la derecha latinoamericana.  

Argentina, por su parte, espera la reconstrucción diplomática que el bolsonarismo se encargó de distanciar con el peronismo. Hoy los colores ideológicos son símiles, de alguna manera. Ante esto, es imprescindible contar con un aliado comercial como Brasil. Y aquí, también ingresan las visiones de la provincia de Misiones. Prácticamente, la mitad de la frontera de la tierra colorada es con Brasil, y allí, la realidad económica del vecino país, afecta la relación del misionero de frontera. Lo que suceda con el real es fundamental para el turismo en suelo provincial, pero también para el comercio pequeño, para el vecino fronterizo que cruza hacia Brasil para comprar algún bien y viceversa. Esta situación es clave para comprender el devenir de la mitad de Misiones, prácticamente. 

Ganó Lula, perdió Bolsonaro y el mundo espera por el futuro del gigante sudamericano.

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Bolsonaro sigue sin admitir la derrota y Lula se prepara para gobernar un Brasil dividido

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El presidente electo de Brasil, Luiz Inacio Lula da SIlva, gobernará un país divido, una tendencia que quedó reflejada en el mapa de resultados de ayer, donde si bien se consolidó en 13 estados, su rival, el mandatario Jair Bolsonaro, se impuso en los 14 restantes.

Si bien el líder del Partido de los Trabajadores (PT) logró sellar la victoria en el balotaje de ayer con el 50,9% de los votos, contra el presidente, que obtuvo 49,1%, la distribución de la victoria a nivel de los estados arrojan la imagen de un país dividido.

Si se consideran los tres distritos electorales más grandes del país, el resultado repitió el escenario de la primera vuelta electoral del 2 de octubre. El PT se quedó con Minas Gerais (segundo más grande), y el actual presidente, San Pablo (primero) y Río de Janeiro (tercero).

En total, Lula pintó de rojo, color del PT, trece estados: Amazonas (51,10% contra el 48,90% de su rival), Alagoas (58,68 contra 41,32), Bahía (72,12 contra 27,88), Ceará (69,97 contra 30,03), Maranhao (71,14 contra 28,86), Minas Gerais (50,20 contra 49,80), Pará (54,75 contra 45,25), Paraiba (66,62 contra 33,38), Pernambuco (66,93 contra 33,07), Piauí (76,86 contra 23,14), Río Grande del Norte (65,10 contra 34,90), Sergipe (67,21 contra 32,79) y Tocantins (51,36 contra 48,64).

Bolsonaro, en tanto, logró ganar en los estados de Acre (70,30% contra 29,70% de su oponente), Amapá (51,36 contra 48,64), Brasilia (58,81 contra 41,19), Espiritu Santo (58,04 contra 41,96), Goiais (58,71 contra 41,29), Mato Grosso (65,08% contra 34,92) Mato Grosso del Sur (59,49 contra 40,51), Paraná (62,40 contra 37,60), Río de Janeiro (56,53 contra 43,47), Río Grande del Sur (56,35 contra 43,65), Rondonia (70,66 contra 29,34), Roraima (76,08 contra 23,92), San Pablo (55,24 contra 44,76) y Santa Catarina (69,27 contra 30,73).

Si se revisan los resultados términos de las cinco regiones en que se divide Brasil, se observa que en el Nordeste, los nueve estados prefirieron al PT.

En cambio, en el Sur y Medio Oeste, los siete estados (incluido el Distrito Federal, Brasilia) prefirieron al Jefe del Ejecutivo.

Los escenarios más repartidos fueron en la región norte, donde Amazonas, Pará y Tocantins le dieron la victoria a Lula, y Bolsonaro se quedó con Acre, Amapá, Rondônia y Roraima.

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Presidentes y líderes del mundo celebraron la consagración de Lula

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Varios presidentes y líderes de diversos países saludaron a Luiz Inácio Lula da Silva luego de que la autoridad electoral de Brasil lo consagrara ganador del balotaje de hoy.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, felicitó a Lula por su victoria en elecciones “libres, justas y creíbles”, en un comunicado divulgado por la Casa Blanca.

“Espero que trabajemos juntos para proseguir la cooperación entre nuestros dos países”, agregó, según la agencia de noticias AFP.

El presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, afirmó en Twitter que en las elecciones de hoy “Brasil ha decidido apostar por el progreso y la esperanza”, y exhortó a Lula a trabajar “juntos por la justicia social, la igualdad y contra el cambio climático”.

“Felicidades, hermano Lula; tu victoria fortalece la democracia y la integración latinoamericana”, escribió el presidente de Bolivia, Luis Arce.

“Estamos seguros de que conducirás al pueblo brasileño por el camino de la paz, el progreso y la justicia social”, agregó.

El presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, saludó a Lula y le dijo que confiaba “en trabajar para un Mercosur moderno y abierto al mundo”, así como en “continuar y mejorar las muy buenas relaciones bilaterales”.

El presidente de México, Andrés López Obrador, dijo: “Ganó Lula, bendito pueblo de Brasil. Habrá igualdad y humanismo”.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, señaló: “Cuba te felicita, querido compañero. Atrasaron tu victoria con métodos atroces, pero no pudieron impedir que vencieras con el voto del pueblo”.

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, escribió simplemente: “Viva Lula”.

También el mandatario de Chile, Gabriel Boric, uso solo dos palabras para expresar su beneplácito: “Lula. Alegría”.

“Celebramos la victoria del pueblo brasileño”, afirmó el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y agregó que “hoy en Brasil triunfó la democracia”.

El presidente de Perú, Pedro Castillo, saludó al “compañero Lula, obrero, sindicalista, luchador” y sostuvo que “su triunfo es fundamental para fortalecer la unidad de Latinoamérica y la justicia social de la patria grande”.

En tanto, el presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, felicitó a Lula, confió en seguir “fortaleciendo la amistad y la cooperación” entre ambos países y concluyó que la región “se sigue integrando en pluralidad”.

Asimismo, el expresidente de Bolivia Evo Morales felicitó a Lula “por ser elegido por tercera vez presidente de Brasil”.

“Estamos seguros de que volverá a trabajar por los más pobres y restablecerá la dignidad y la soberanía de su país en sus relaciones exteriores”, añadió.

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