El economista y político Claudio Lozano, ex director del Banco de la Nación Argentina y actual precandidado a presidente por el partido Unidad Popular (que integra el Frente de Todos) llegó a Misiones para dar una charla esta tarde en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNaM. En la previa habló con Economis sobre la situación del país y como encara el frente las próximas elecciones.
Tras la última aparición pública de Cristina Fernández de Kirchner, donde volvió a frenar todo pedido de su candidatura, Lozano ratificó que “de no ser ella la candidata, vamos a ir a las PASO para definir a los candidatos”.
Explicó que “nosotros hace rato que desde Unidad Popular tomamos dos definiciones, la necesidad de democratizar el Frente y en ese marco Unidad Popular propuso también mi precandidatura a presidente de la Nación para participar en las PASO. Nosotros no vamos a aceptar una conducción conservadora del Frente de Todos”.
Afirmó que “el Frente de Todos será una alternativa popular o no será nada. Para eso nació y en ese marco y por esa razón nosotros participamos de su fundación. Así que bueno, yo espero que, si la hoy vicepresidenta no asume el rol de ser la candidata, obviamente en caso de que lo sea, dado el liderazgo que ella ejerce, no hay ninguna discusión, espero que, si esto es así, ella no repita la estrategia del dedo, sino que garantice el debate y un paso abiertamente democrática sin imposiciones ni límites que permitan que efectivamente este espacio tan amplio de actores vinculados al movimiento popular en la argentina pueda tener los candidatos que merece”.
Lozano haciendo un poco de autocrítica planteó que el Frente, surgió como “una alternativa popular frente al ajuste neoliberal, frente a lo que era la devastación que implicaba el gobierno de Macri, hoy en el marco de las políticas del FMI y la conducción de Massa, esto es una variante más del ajuste“. Ante esta situación “por lo menos desde Unidad Popular, tratamos de ir construyendo a nivel de todo el país la posibilidad de una estrategia nacional diferente”, dijo.
Indicó que muchos sectores se han abierto o alejado del Frente de Todos, al ver las medidas aplicadas. “Claramente estamos convencidos que la gran mayoría de los espacios organizados que forman parte del Frente de Todos viven con mucha disconformidad lo que hoy está ocurriendo y creemos además y aparte es evidente que lo que fue la base electoral que acompañó al Frente de Todos, está más distante aún de este tipo de política. De hecho, bueno, ya no nos acompañaron en el 2021 y nada indica que las cosas estén mejor en este momento”.
Por ello Lozano remarcó que “para nosotros es un año clave, digamos, respecto a qué medida podemos seguir sosteniendo posibilidades para una perspectiva mejor para el país y no terminemos en un retorno del pasado que indudablemente nos complicaría la historia a todos los argentinos, es un año en el cual se definen muchas cosas, o sea, es un año donde es necesario tomar distancia de esta gestión gubernamental para encarnar una propuesta distinta“.
Aclaró que “pretender ir a elecciones defendiendo esta gestión, creo que es un suicidio político y es, por otro lado, además, faltarle el respeto a la gente. La gente sabe y no alcanza el tema de la herencia, no alcanza el tema de la pandemia, la cuestión internacional, todas esas cosas existen. Por otro lado, además, el trabajo durante la pandemia fue lo que mejor hizo el Gobierno. La verdad que no fue ahí donde tuvimos el problema, lo tuvimos a partir de finales del 2020 en donde comenzaron con mayor claridad las discusiones con el Fondo y a partir de allí se comenzó a limitar severamente las definiciones en materia de política económica y social”.
Y, por otro lado, explicó que “lo grave del caso es que no es que la economía argentina no se haya recuperado, La economía argentina creció, hoy es mucho más grande que lo que era cuando se fue Macri. Y sin embargo tenemos más pobres que los que teníamos cuando Macri se fue. O sea, el hecho de que haya habido recuperación de la actividad económica, con ampliación de la desigualdad y perpetuación e incremento de la pobreza, eso es un déficit serio para una política que pretende ser expresión de la mayoría de la población”.
En la economía argentina del actual siglo,los años donde hubo un crecimiento del PIB per-cápita también vinieron acompañados de una reducción de la tasa de pobreza. Esta correlación negativa responde a que una mejora de la actividad económica suele estar asociada a un incremento de la producción y a mayores necesidades de empleo, lo cual ayuda a que una mayor proporción de hogares pasen a percibir un salario que sea suficiente para ubicarse por fuera de la línea de pobreza.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que esta relación no siempre se cumplió a la inversa. En algunos años puntuales donde hubo una recesión económica (por ejemplo 2009 o 2012), la pobreza igual disminuyó. En este sentido, la reducción de la pobreza durante estos años obedeció mayormente a factores que no tienen que ver estrechamente con la mejora en el PIB y el nivel de empleo, señala un estudio de la consultora Ecolatina.
Por caso, en ambos años existieron políticas de ingresos robustas, como la implementación de la Asignación Universal por Hijo (AUH) en 2009, que generó que el gasto en asignaciones familiares trepe como porcentaje del PIB (para ejemplificar, representaba un 0,5% del PIB en promedio entre 2005 y 2008 y alcanzó cerca de 0,85% entre 2009 y 2012).
En 2022, la relación se mantuvo para el promedio del año. El PBI per-cápita creció 4,3% en el año, en conjunto a una reducción de la pobreza de 1,1 p.p. respecto a 2021 (de 39% en 2021 a 37,9% en 2022).
Sin embargo, al realizar un análisis únicamente del segundo semestre, se ve como se rompió la tendencia. Por primera vez en los últimos 20 años, se observó un incremento en la pobreza a pesar de que haya aumentado el PIB per-cápita. En otras palabras, el aumento del nivel de actividad económica (y con ello del nivel de empleo) dejó de ser condición suficiente para que la tasa de pobreza se reduzca.
Concretamente, en el segundo semestre el PIB per cápita creció 2,9% i.a., mientras que la pobreza aumentó 1,9 p.p. frente al segundo semestre de 2021 (del 37,3% al 39,2%). A su vez, en la misma comparación (promedio del semestre) la tasa de ocupación aumentó 1,2 p.p. (43,2% a 44,4%, representando niveles récord para la serie), mientras que el desempleo se redujo del 7% al 6,7% (6,3% en el último trimestre).
Haciendo un zoom a lo mencionado anteriormente, se puede observar como el crecimiento del nivel de ocupación en el segundo semestre fue mayormente explicado por informales y cuentapropistas. De esta manera, de los 1,2 p.p. que creció la ocupación respecto al segundo semestre de 2021, 1,4 p.p. correspondió a un incremento de los asalariados informales y 0,2 p.p. al cuentapropismo (e incluso con una caída de 0,3 en los asalariados formales).
Además, cabe destacar que la tasa de actividad (compuesta por la población que tiene un empleo o está buscando uno) se encontró en niveles récord para la serie, posiblemente escondiendo el efecto de “trabajador adicional”: personas que no se encontraban dentro del mercado laboral se insertan con la intención de tener un ingreso extra para el hogar, en un contexto de fuerte deterioro de los ingresos.
El contexto de aceleración en la inflación, la cual pasó de una suba promedio mensual del 5,3% en el primer semestre al 6,2% en el segundo; junto al deterioro de los ingresos reales, explican por qué hubo un incremento de la pobreza pese a la mejora en el nivel de ocupación. Concentrándonos en el segundo semestre, el salario real formal retrocedió 1,6% i.a., mientras que los informales lo hicieron en un 9% i.a. En este sentido, con el incremento de la nominalidad que hubo en los últimos años, se fue profundizando el hecho de que poseer un empleo -aún uno formal- no es una condición suficiente para no ser pobre.
Con todo, en 2022, el salario real (formal e informal) acumuló cinco años consecutivos de caída. Ahora bien, en el promedio del año pasado los salarios formales lograron ganarle (por poco) a la inflación, respaldados por el acortamiento de las negociaciones paritarias, que permitió que los acuerdos sean menos permeables a la erosión ocasionada por las “sorpresas” inflacionarias. No obstante, los salarios reales informales cayeron 7,6%. Desde el último pico en 2017, el salario informal arrastra una pérdida en términos reales del 35%, mientras que el salario real formal cae 18%.
Para peor, hay que tener en cuenta que la suba de precios de las canastas básica y alimentaria superaron al IPC en el segundo semestre.Con relación a 2022, en la segunda parte del año la canasta básica alimentaria (CBA) -que define la línea de indigencia- y la canasta básica total (CBT) -que establece la línea de pobreza- promediaron incrementos del crecieron 92% y 86% i.a., respectivamente, por encima de la inflación del periodo (+85%).
Con estos niveles de inflación, también existió un deterioro real del gasto público en prestaciones sociales (-7,6% en el segundo semestre).Por caso, la Asignación Universal por Hijo (AUH) siguió perdiendo en términos reales (-9,7% i.a.), representando una menor proporción de la canasta básica alimentaria de un niño, pasando de alcanzar a cubrir un 70% promedio en el segundo semestre de 2021 a un 62% promedio en el segundo semestre de 2022.
Conclusiones y perspectivas
El crecimiento que experimentó la economía a lo largo de 2022 (+5,2% i.a.) y la mejora en las estadísticas de empleo se sustentó sobre bases inestables: la creación de empleo informal y la contracción de los salarios en términos reales -en mayor medida del empleo de baja calidad- en un marco de inflación ascendente. Esta combinación de factores repercutió de forma directa sobre una tasa de pobreza, la cual muestra una preocupante tendencia ascendente en los últimos 7 años: pasó del 30,3% en el segundo semestre de 2016 al 39,2% actual.
Para el primer semestre del 2023, el panorama se complejiza más aún. En la primera mitad del año, los tres principales frentes que determinan la tasa de pobreza (empleo, inflación, ingresos) empeorarían respecto a lo observado en el segundo semestre anterior.
Por un lado, será difícil que la tasa de ocupación siga creciendo. El primer semestre mostrará una caída tanto interanual como desestacionalizada en términos de actividad económica producto de la sequía y los efectos negativos sobre la mayor parte de sectores que componen al PIB. En este marco, si bien el efecto de “trabajador adicional” puede seguir sumando nuevos participantes al mercado laboral, el resultado agregado posiblemente se vea afectado por la recesión general.
Además, el salario continuará comprometido por la aceleración inflacionaria: para el primer trimestre estimamos que el IPC promediará 6,5% mensual, frente al 5,4% del 4T 2022. Para peor, las canastas básicas acumularon aumentos del 19,8% (CBA) y 16,1% (CBT) en el primer bimestre -superando al IPC (13,1%)- afectadas por las marcadas subas en alimentos (carnes y productos frescos). La inercia inflacionaria, alimentada por una creciente indexación y un acortamiento en los plazos de los contratos (formales e informales), continuará ejerciendo presión sobre un ritmo de aumento de precios que seguirá siendo elevado. A esto se le sumará un crawling peg cambiario más alineado con la inflación, ajustes en tarifas de servicios públicos, las potenciales tensiones sobre la brecha cambiaria y las expectativas de devaluación en medio de la transición electoral y un fortalecimiento de las restricciones sobre las importaciones.
Por último, hay que tener en cuenta que el margen fiscal para realizar políticas sociales será muy escaso este año, por lo cual posiblemente no se podrá contar con una herramienta extra para fortalecer los ingresos totales de los deciles más bajos.
En suma, veremos una nueva suba en la pobreza en el primer semestre del 2023, -probablemente por encima del 40%- pero esta vez no sólo explicada por el deterioro de los ingresos reales, sino también por la recesión económica. Además, la acumulación de años de empeoramiento de los ingresos reales en un contexto de una economía con alta inflación hace pensar que se fue consolidando un piso de pobreza cada vez más alto y difícil de romper en el mediano plazo, aun recuperando el crecimiento económico.
Hacia adelante, la estabilidad macroeconómica (así como la generación de empleo de calidad, entre otras) será una de las principales condiciones de partida para evitar que la pobreza siga consolidándose.
Sin ello, las políticas de ingresos seguirán siendo inefectivas e insuficientes, y la pobreza (crónica) seguirá reproduciéndose de generación en generación, profundizando su impacto en términos con su impacto en términos de capital humano y productividad del país en el futuro.
Casi cuatro de cada diez argentinos es pobre, según los últimos datos del INDEC que conocimos esta semana. El dato es grave, alarmante y decepcionante, pero es aún peor cuando pensamos en el hecho de que se trata de un dato que quedó viejo, ya que corresponde al segundo semestre del 2022 y en este inicio de 2023 los indicadores económicos que determinan la pobreza (como inflación y valores de las canastas básicas) se aceleraron todavía más. El 6,6% de inflación que marcó febrero parece ser bueno al lado de lo que se espera para marzo, cuando las proyecciones más optimistas se ubican en 7% como piso.
En el NEA, la inflación acumulada del primer bimestre fue del 14,1% siendo el primer año, desde 2016, en que la suba de precios ya llega al doble dígito en apenas dos meses. Las proyecciones para marzo indican que el primer trimestre terminaría en torno al 22% acumulado. La Canasta Básica del NEA muestra un alza del 19% en dos meses, por lo que al primer trimestre cerrará por encima del alza de precios.
En este contexto, el aglomerado de Posadas, que es el que mide el INDEC para determinar la incidencia de la pobreza, no estuvo exento de los problemas y, al igual que pasó a nivel nacional y regional, vio incrementar las tasas de pobreza hacia finales del 2022. Sin embargo, aun asumiendo el problema, hay ciertos factores a tener en cuenta.
En primer lugar, Posadas presenta niveles de pobreza inferiores al país y a la región, en un contexto donde el NEA tiene la mayor tasa del país medida por regiones. A lo largo de la medición de la pobreza, Posadas muestra volatilidades: hubo períodos en los que se ubicó por encima del total país, otros por debajo. Al segundo semestre del 2019, pico máximo de la crisis económica provocada por la administración Macri, el aglomerado misionero exhibió su mayor tasa de pobreza: alcanzó al 41,3%, por encima del total regional (40,1%) y por encima del total nacional (35,5%).
A partir de allí, la posición posadeña cambió: en todo 2020, 2021 y 2022, los niveles de pobreza que registró Posadas fueron sistemáticamente menores a los promedios nacional y regional y, además, nunca volvió siquiera a acercarse a ese pico mostrado a fines del 2019. Es decir, nunca más volvió a superar el 40%. Esto no es casual, sino que se trata de un proceso de mejoramiento de indicadores provinciales que tiene como trasfondo un nivel de crecimiento económico superior a la gran mayoría de las provincia del país.
Posadas, aun con la desmejora exhibida a finales del 2022 (que fue generalizada a nivel país) presenta indicadores sociales que, lejos de ser deseables, son significativamente mejores que las provincias hermanas del nordeste e incluso que muchas del Norte Grande.
La pobreza en Posadas es casi veinte puntos más baja que la del Gran Resistencia y casi diez puntos menor a la de Corrientes. Los números de Formosa no son sujetos de incluir en este análisis, por una simple razón metodológica: sus altas variaciones semestrales del último año la hacen sujeta a revisión, ya que excede los niveles de confianza convencionales. Esto no significa que sean datos manipulados, simplemente se trata de posibles errores en la medición, tal como ya ocurrió en el Gran Resistencia en el segundo semestre del 2019 y razón por lo cual INDEC, en este momento, decidió no publicar los datos correspondientes. Similar caso pasó con el aglomerado Ushuaia-Río Grande en el 2020.
Volviendo a la región, el aglomerado de Posadas mostró los mayores ingresos del NEA de acuerdo al reporte del organismo estadístico nacional. El ingreso medio por cápita familiar se ubicó en los $ 47.935, siendo el único aglomerado de la región con valores por encima de los cuarenta mil pesos en este concepto. A su vez, el ingreso medio de un adulto equivalente (valor de referencia para estimar los consumos necesarios de una persona a los fines de medir los valores de las canastas básicas) fue de $ 59.288 en Posadas y repite posición como el más alto del NEA, además de ser, nuevamente, el único aglomerado del NEA con valores superiores a los cincuenta mil pesos. Por su parte, el ingreso medio de la ocupación principal en Posadas fue de $ 70.629, el mayor del NEA y el único por encima de los setenta mil pesos.
Por ende, en términos de ingresos, el liderazgo posadeño es innegable. El problema viene en la variación. El ingreso medio per cápita familiar en Posadas creció, semestralmente, 29,8%, por debajo del alza de la canasta básica alimentaria regional (42,8%) y de la canasta básica total regional (43,6%). Aquí radica el principal eje de la cuestión. No se trata solamente de ingresos que deberían crecer de manera más fuerte, se trata también de valores de suba de las canastas que generan que toda política social orientada a reducir la pobreza sea insuficiente. Si esto no se resuelve, toda acción queda corta.
El rol de las provincias, en este punto, es limitado. La acción más concreta y eficiente que pueden realizar es incrementar salarios en niveles por encima de la inflación actual pero sobre todo, de la proyección. Fuera de esto (que es altamente difícil en un contexto como el actual) quedan acciones más vinculadas a parches que a soluciones concretas. La pobreza es, ante todo, un fenómeno macroeconómico. O quizás sea mejor decir que es la consecuencia de los desequilibrios macroeconómicos.
Pero no por ello las provincias deben quedarse de brazos cruzados. Un buen ejemplo de esto es lo que conocimos esta semana en esta nota de Economis que detalla que la combinación de los programas Ahora Misiones puede generar un ahorro de casi $28 mil mensuales en productos de la canasta básica. Esto permite que muchas familias consuman más y que se logre sortear las limitaciones que produce un escenario de alta inflación. No es una medida antiinflacionaria, es una medida de fomento al consumo que busca que las personas consuman más de lo que podrían hacerlo sin estas herramientas.
Este tipo de programas provinciales no impactan en los números de pobreza, ya que las Canastas regionales medidas por el INDEC se elaboran en base a precios de mercado, pero permite que muchas personas consideradas estadísticamente pobres, según el organismo nacional, consuma por encima de lo que podría hacerlo. Bienvenida sea toda medida que se orienta en esta línea. Pero más bienvenida serán las medidas que desde el Estado nacional se tomen (si algún día deciden tomarlas) para poder ir al hueso de la cuestión y comenzar a ver un camino de reducción de la pobreza.
El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) analizó la evolución de la incidencia de la pobreza y la indigencia en el segundo semestre de 2022: análisis de los principales indicadores vinculados a su evolución
Conclusiones al segundo semestre 2022 y proyecciones para el primer semestre de 2023
La incidencia de la pobreza alcanzó al 39,2% de las personas y la incidencia de la indigencia al 8,1% de las mismas. Estos datos muestran un incremento de la pobreza en 2,7 p.p respecto al primer semestre de 2022 y de 1,9 p.p respecto al semestre equivalente de 2021. En el caso de la indigencia, el dato muestra una reducción de 0,7 p.p respecto al primer semestre de 2022 y de 0,1 p.p. respecto al segundo semestre de 2021. Vale mencionar que la comparación con el primer semestre de 2022 es a modo de referencia dado que metodológicamente no es adecuado la comparación entre semestres no equivalentes.
El resultado actual se explica por (la referencia gráfica es sólo a modo ilustrativo en la comparación con el primer semestre 2022):
Precio de alimentos y CBA/CBA: se mantuvieron en niveles similares a los del primer semestre, pero en niveles sensiblemente superiores a los del segundo semestre 2021.
Salario de los trabajadores/as no registrados/as y SMVM: el primero se redujo 3,5% respeto del primer semestre (producto de bonos abonados en este último período) mientras que en la evolución del SMVM, se percibe un incremento de su poder adquisitivo de casi 1%, que se incrementa hasta 13,7% si se toman en cuenta los bonos de $22.500 abonados en noviembre y diciembre. Estos bonos sólo alcanzaban a aquellas personas sin ningún tipo de ingreso, lo cual implica que debe haber impactado positivamente en el segmento de indigencia y explicarían, en buena medida, la reducción del indicador respectivo. Respecto al período equivalente de 2021, el salario de las y los trabajadoras/es no registrados, se redujo 1,2%, mientras que en el SMVM se percibe un incremento de 6,4% considerando los bonos mencionados.
RIPTE: muestra, en el segundo semestre de 2022, una desmejora en términos reales de 3,8% respecto al primer semestre del año y de 3,5% respecto al período equivalente del año anterior.
Indicadores de empleo: durante el segundo semestre de 2022 mejoraron los indicadores de empleo. La desocupación se ubicó en 6,3% (IVT2022), el menor valor desde 2015, mientras que paralelamente se incrementó la tasa de empleo que pasó de 43,2% en el segundo semestre de 2021 a 44,4% en el mismo período de 2022.
AUH: en el segundo semestre de 2022, el valor real de la AUH se redujo sensiblemente respecto del nivel del primer semestre de 2022. La desmejora se explica principalmente por el impacto de los bonos otorgados en la primera parte del año (durante los meses de mayo y junio, se abonaron sendos bonos de $9.000 para aquellas personas sin trabajo formal, AUH, y otros). El valor del segundo semestre 2022 resulta 9,7% menor al del período equivalente del año anterior.
Tarjeta Alimentar: se percibe una desmejora en la evolución real de los ingresos de la Tarjeta Alimentar que, en el segundo semestre de 2022, se reduce casi 10% respecto al primer semestre de 2022 y 14% respecto al semestre equivalente de 2021.
Planes sociales: el escenario muestra una reducción de su poder adquisitivo de 5% respecto al primer semestre de 2022 (como resultado el impacto de los bonos de mayo y junio de 2022) y de 6% respecto al semestre equivalente de 2021.
Jubilación mínima: durante el segundo semestre de 2022, la jubilación mínima muestra una desmejora de algo más de 5% en relación al primer semestre y de 7% respecto al mismo período de 2021. No hubo variaciones sensibles en cantidades.
Al comparar la mediana de salarios con la CBT se observa que no logra recuperarse lo perdido durante la gestión de Cambiemos. Los datos muestran que la mediana salarial neta pasó, entre finales de 2017 y hasta finales de 2019, de superar a la CBT en 12,2% a quedar por debajo de la misma en 12% (una retracción de casi 25 puntos). Ese proceso se profundiza levemente con la pandemia: la mediana queda por debajo de la CBT en 15 puntos. Luego, en la pospandemia, la situación mejora llegando en diciembre de 2022 a 93,1%.
Respecto La pobreza y el nivel de actividad económica, se concluyó que en el segundo semestre de 2022 se logra recuperar los niveles de actividad del segundo semestre de 2017 pero no se vuelve a los niveles previos de pobreza. Esta evolución permite confirmar, por enésima vez, que la recuperación post pandemia no tuvo una distribución del ingreso equitativa.
Respecto al primer semestre de 2023, los datos disponibles muestran niveles elevados de inflación (inercia, especulación, tensiones cambiarias), y CBA y CBT moviéndose por encima del segundo semestre de 2022 (7,2% y 11,7% la CBA en enero y febrero y 7,2% y 8,2% la CBT en el mismo período). En relación con los ingresos, el SMVM, en el primer trimestre el incremento de 12,2% “se quedó corto” y perdió contra la inflación, que alcanzó 19,4; pero en el segundo, el incremento de 26,6% (15,6%, 6% y 5% para los meses de abril, mayo y junio respectivamente) supera la inflación esperada de 18,3%. La jubilación mínima tendrá un mejor desempeño en el primer semestre 2023 como resultado de los bonos de $10.000 y $15.000 implementados al menos hasta mayo de 2023. En términos de empleo, el trabajo registrado muestra, aun en 2023, crecimiento sostenido. Finalmente, es menester mencionar que los impedimentos para realizar política fiscal resultantes del acuerdo con el FMI, limitan sensiblemente la capacidad del gobierno para realizar políticas de ingresos que combatan la pobreza.
La disparada inflacionaria de los últimos meses tuvo un impacto directo en la línea de pobreza. Con ingresos que cada vez valen menos, la pobreza aumentó en todo el país y Posadas no fue la excepción. Sin embargo, la capital misionera se mantiene entre los distritos con menor índice de pobreza y es la segunda con menor tasa detrás de Formosa, con 18 puntos menos que Chaco y nueve puntos menos que Corrientes.
Al segundo semestre del año 2022, de acuerdo con la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, la pobreza en el aglomerado urbano de Posadas alcanzó al 36,7% de las personas, una suba de 2,6 puntos porcentuales (p.p) en relación con igual semestre del año anterior y de 8,0 p.p contra el semestre anterior explicada por un fuerte incremento de precios y de las canastas básicas que crecieron por encima de los ingresos de los hogares. De este modo, hay 11.523 nuevas personas en situación de pobreza respecto al segundo semestre del 2021 en el aglomerado misionero.
Dentro del conjunto de personas en situación de pobreza, se distingue un 4,8% de personas en situación de indigencia en el aglomerado misionero, incrementándose a nivel interanual 1,0 p.p, según un informe de la consultora Politikon Chaco basado en datos del INDEC.
Evolución de la pobreza e indigencia en Posadas
En el aglomerado misionero se registraron al segundo semestre de 2022 unas 140.314 personas en situación de pobreza, que corresponden a 34.844 hogares. Así, la incidencia de la pobreza llega al 36,7% de las personas y al 26,3% de los hogares. Además, se registraron 18.480 personas en situación de indigencia en 4.573 hogares, por lo que la incidencia de la indigencia alcanzó al 4,8% de las personas y 3,5% de los hogares.
Analizando la evolución de las tasas de pobreza e indigencia para el aglomerado misionero durante el período 2016-2022 (a partir de la nueva serie de medición iniciada en dicho año) se observa que la pobreza en Posadas marcó un récord en el segundo semestre del 2019 (llegando al 41,3% de las personas siendo el único período donde la tasa de pobreza fue superior al nivel regional del NEA) y luego fue disminuyendo durante 2020. Si bien dio un leve salto hacia el primer semestre 2021, volvió a disminuir sus niveles sobre finales de ese año. En los primeros seis meses del 2022, a partir de una fuerte suba del empleo y la recuperación parcial de salarios -aunque de manera desigual según sectores- Posadas vio una significativa reducción en las tasas de pobreza.
Sin embargo, el fuerte incremento de precios registrado en el segundo semestre del 2022 arrastró también, y en mayor nivel, a los valores de las canastas básicas, determinantes estas de las líneas de pobreza e indigencia. En el aglomerado de Posadas, el ingreso medio per cápita familiar creció 78,1% interanual y 29,8% semestral, pero el valor de la canasta básica alimentaria creció 85,3% y 43,6% respectivamente, situación que indefectiblemente genera un salto en la incidencia de pobreza en el aglomerado misionero, de igual forma que se dio a nivel país.
En la comparación contra igual semestre pero del año 2021 (interanual) la tasa de pobreza en Posadas se incrementó en 2,6 puntos porcentuales. Esto representa que unas 11.523 personas pasaron a situación de pobreza en los últimos doce meses. La variación semestral, a su vez, mostró una suba más importante: +8.0 p.p. que representan 31.085 nuevos pobres.
En el NEA, las personas en situación de pobreza representaron el 43,6%. Dentro de la región, Posadas tiene el segundo menor registro de pobreza del NEA, detrás de Formosa que exhibió un 34,4% de personas consideradas pobres. Por su parte, Gran Resistencia continúa mostrando la mayor tasa de pobreza de la región (54,0%), seguida por Corrientes (45,2%). Se destaca que todos los aglomerados de la región como el total del NEA experimentan un incremento semestral en la incidencia de la pobreza.
Respecto a la indigencia en la región, el registro de 4,8% de Posadas la posiciona como el aglomerado con la menor tasa en el NEA; Gran Resistencia, en la región, vuelve a registrar los mayores niveles en este indicador (14,0%), seguida de Formosa (13,2%) y Corrientes (9,4%). El promedio regional fue del 10,3%.
En el plano nacional, Posadas exhibe un nivel de pobreza inferior al total país y registra la 11° tasa de pobreza más baja del país, en un ranking que agrupa a 32 aglomerados urbanos y que encabeza el aglomerado de Concordia (Entre Ríos)
Además, a nivel nacional, Posadas tiene la sexta menor tasa de indigencia de todo el país.
En relación con los ingresos, el aglomerado de Posadas mostró el mayor ingreso medio per cápita familiar en el NEA con $ 47.934,6 exhibiendo un incremento del 78,1% interanual y 29,8%. Sin embargo, la Canasta Básica Alimentaria en la región se incrementó 91,2% interanual y 42,8% semestral, mientras que la Canasta Básica Total lo hizo en 85,3% y 43,6% respectivamente, lo que genera indefectiblemente una suba en los niveles de pobreza ante un escenario de caída real de los ingresos.
En el NEA, además de tener el ingreso medio per cápita familiar más alto de la región, Posadas exhibió el segundo mayor incremento (interanual y semestral), por debajo del Gran Resistencia (creció 91,0% y 39,5%); sin embargo, en los cuatro aglomerados que conforman la región los ingresos no lograron posicionarse por encima del alza de las líneas de pobreza e indigencia.