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Trump 2026: promesas de alivio para el bolsillo, tensiones geopolíticas y un nuevo test para los mercados

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Las primeras definiciones económicas y geopolíticas de Donald Trump de cara a 2026 comienzan a delinear un escenario de mayor complejidad para los mercados financieros. Entre promesas de alivio para el bolsillo de los consumidores estadounidenses y una política exterior más disruptiva, los inversores enfrentan un contexto en el que las señales políticas vuelven a ocupar un lugar central en la formación de expectativas, con impactos que trascienden las fronteras de Estados Unidos y alcanzan al sistema financiero global.

En este marco, el debate ya no gira únicamente en torno a si las medidas lograrán cumplir sus objetivos declarados, sino también sobre cómo serán interpretadas y procesadas por los mercados. El equilibrio entre estímulo económico, control de la inflación y estabilidad financiera vuelve a ponerse a prueba, mientras que los movimientos en el tablero geopolítico reavivan interrogantes sobre comercio, energía y flujos de capital. Es en este cruce de variables donde analistas y gestores comienzan a trazar escenarios, identificar riesgos y detectar oportunidades en un año que promete estar marcado por la volatilidad y la reacción a los titulares.

El foco de la administración estadounidense en reducir el costo del crédito busca apuntalar la actividad económica, aunque con resultados que podrían ser más acotados de lo que sugieren los anuncios. “Si bien es probable que las políticas fiscales y de desregulación impulsen la actividad en 2026, los inversores deberán estar atentos a posibles efectos secundarios sobre la inflación y a la volatilidad de corto plazo”, señaló Alex Veroude, Director de Renta Fija de Janus Henderson.

En el segmento hipotecario, los analistas consideran que el impacto directo de las medidas será limitado. “Creemos que las compras de títulos respaldados por hipotecas impulsadas por el gobierno tendrán un efecto moderado sobre las tasas hipotecarias, ya que estas operaciones no eliminan duración del mercado de la misma forma que lo haría la Reserva Federal”, explicaron Nick Childs, Director de Renta Fija Estructurada y Cuantitativa, y John Kerschner, Director Global de Productos Titulizados de Janus Henderson.

Por su parte, desde VT Markets, la lectura del mercado combina expectativas de corto plazo con cautela estructural. “Este enfoque opera en dos capas: una narrativa pro consumidor que puede mejorar el sentimiento en sectores sensibles a las tasas, y otra de ejecución y regulación que definirá si se trata de un cambio real o solo de ruido político”, afirmó Eduardo Ramos Romero, Senior Market Analyst Latam en VT Markets.

En paralelo, la política exterior de Estados Unidos vuelve a posicionarse como un factor clave para los inversores. Desde Janus Henderson advierten que episodios recientes en Venezuela y Groenlandia reflejan un proceso más amplio de realineamiento geopolítico. “El desplazamiento de las placas tectónicas geopolíticas se está acelerando y está empujando a la economía global hacia una estructura más fragmentada”, sostuvo Julian McManus, gestor de cartera de Janus Henderson, quien alertó sobre riesgos para empresas con cadenas de suministro largas y poco resilientes.

Ramos Romero de VT Markets coincide en que el frente geopolítico agrega un nivel extra de incertidumbre. “La reaparición del shock arancelario eleva el riesgo de corto plazo, afecta expectativas de inflación y reduce el margen de maniobra de la Fed, lo que se traduce en mayor volatilidad en tasas, dólar y acciones”, explicó.

¿Y Argentina?

Para Argentina, el impacto es doble. “Si el contexto global se vuelve adverso, Argentina suele ser uno de los primeros mercados en sufrir. Pero si Estados Unidos logra bajar el costo del crédito sin reavivar la inflación, el apetito por riesgo puede volver y el país tiene margen para capturar subas fuertes en bonos y acciones”, concluyó el analista de VT Markets.

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Trump exige a Bolivia expulsar a iraníes señalados como espías de Hezbolá y de Hamás

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El gobierno de Donald Trump presiona al gobierno boliviano para expulsar a presuntos agentes de inteligencia de Teherán. La administración estadounidense busca que Rodrigo Paz califique al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), a Hamás y a Hezbolá como organizaciones terroristas, marcando un giro drástico en la política exterior del país, según Reuters.

El impulso diplomático busca profundizar la influencia de USA en América Latina y disminuir la de sus adversarios. Tras la captura de Nicolás Maduro en enero, funcionarios estadounidenses instaron al gobierno de Delcy Rodríguez a reducir la cooperación con Teherán.

Ahora, el foco está en Bolivia.

“Bolivia ya no será el patio trasero de los ayatolás; o limpian su casa de terroristas y espías, o nos encargaremos de que el litio del futuro solo alimente la libertad, no la tiranía de Teherán”, oyeron fuentes de Reuters.

Trump: Juegos de espías en Sudamérica.Aunque Bolivia parece un escenario improbable, funcionarios de USA afirman que es una base estratégica para la inteligencia iraní debido a su ubicación central y un entorno permisivo. Rick de la Torre, exoficial de la CIA, señaló que mientras Venezuela es el centro principal, Bolivia y Nicaragua funcionan como “nodos secundarios” clave para proyectar influencia hacia estados vecinos.

Bolivia kafkiana

Tras casi dos décadas de gobiernos del MAS (Evo Morales y Luis Arce) alineados con Irán, la elección del centrista Rodrigo Paz en octubre abrió una ventana de oportunidad para Washington. Paz, enfrentando una crisis económica, busca reparar lazos con USA a cambio de inversión y subvenciones, como las de la Corporación Reto del Milenio.

La presión en Bolivia es parte de una campaña mayor. Recientemente, Ecuador y Argentina designaron a grupos vinculados a Irán como terroristas. Una delegación estadounidense visitó La Paz este mes para formalizar estas peticiones, que también podrían extenderse a Chile, Perú y Panamá.

Esfuerzos regionales contra Irán: Hezbolá y el CGRI en la región

El CGRI ha sido vinculado a complots recientes, como el intento de asesinato del embajador israelí en México en 2025. Por su parte, Hezbolá mantiene una presencia histórica en la región, financiándose mediante redes de contrabando. Aunque existe debate sobre la magnitud de su estructura jerárquica, expertos coinciden en que el grupo utiliza a la diáspora para facilitar operaciones globales.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia declaró que aún no existe una postura definida, mientras el Departamento de Estado y la misión iraní evitaron dar comentarios oficiales sobre el asunto.

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Milei, Trump, Davos y las advertencias que vienen de Auschwitz

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El ingreso de Javier Milei al llamado “Consejo de la Paz” impulsado por Donald Trump no es un gesto aislado ni meramente simbólico: confirma una arquitectura de alineamientos internacionales en la que convergen la alt-right estadounidense, los libertarios europeos, el sionismo ultra, los think tanks antiestatales y la nueva derecha financiera global. Ese campo comparte —más que una doctrina coherente— una pulsión: la demolición de la institucionalidad democrática, el vaciamiento del Estado en favor de corporaciones y fondos, la guerra cultural permanente y un desprecio reaccionario por los consensos internacionales nacidos de la posguerra.

La escena de Milei en Davos fue la puesta en público de esa apuesta: una arenga contra “el colectivismo”, un elogio casi religioso del mercado y una negación explícita de los dispositivos que sostuvieron durante décadas el pacto democrático occidental: derechos, regulación, seguridad social, ciencia, educación pública. La paradoja mayor: que el discurso anti-Estado se pronunciara en el foro donde los estados y las corporaciones negocian, justamente, los términos concretos de la gobernanza global.

En la misma semana en que se invocan estas novedades de la geopolítica reaccionaria, el 27 de enero vuelve a traer a la memoria la liberación de Auschwitz. No como efeméride distante, sino como recordatorio de que la crisis económica, la humillación social, el nacionalismo identitario y la desdemocratización pueden cristalizar —y cristalizaron históricamente— en formas de violencia masiva, exterminio y disciplinamiento extremo. Fue el Ejército Rojo quien abrió las puertas del campo: no lo hizo el mercado, no lo hizo la “mano invisible”, lo hicieron soldados que arrastraban sobre sus espaldas el costo material y humano de frenar al nazismo en Stalingrado y Kursk. La victoria antifascista fue estatal, militar y política; nunca un fenómeno “libertario”.

Hoy, el negacionismo mutó. En lugar de negar el gas Zyklon B, niega la historia, niega el Estado como garante de derechos, niega la desigualdad como tema político, niega el propio concepto de humanidad compartida. Se presenta como “libertad”. En realidad, vuelve a instalar la idea del “descartable”, la noción de que algunos merecen derechos y otros apenas sobrevivencia, que hay quienes pueden vivir sin Estado porque cuentan con capital, contactos o apellido. En su versión más extrema, esa lógica termina justificando guerras punitivas, muros, deportaciones, encarcelamientos masivos y la privatización del mundo.

Milei no llega solo a esos espacios. Llega en nombre de un proyecto que en Argentina se traduce en empobrecimiento súbito, pérdida salarial, desregulación del trabajo, privatización simbólica del sentido común y represión a las resistencias sociales. Nada de eso es neutro, y nada es inconexo con Trump, con Netanyahu, con Meloni, con Vox y con el ecosistema de laboratorios ideológicos que hace rato experimenta con democracias degradadas y sociedades fragmentadas.

Recordar Auschwitz el 27 de enero no es un ejercicio museístico. Es mirar el presente con la conciencia de que los fascismos no vuelven idénticos, pero vuelven cuando se combinan crisis económicas, resentimiento social y discursos que reducen la vida a mercancía. Y que vuelven cuando el mundo mira para otro lado mientras se desarman los pocos diques que impiden que la barbarie se convierta en política de Estado.

La historia también enseña otra cosa: los fascismos no se derrotan con silencios ni con tecnicismos. Se derrotan con organización, con claridad política y con la negativa a naturalizar la desigualdad como destino. En los años 30, el fascismo avanzó mientras las democracias discutían modales; cuando finalmente entendieron de qué se trataba, ya había cámaras de gas y millones de muertos.

Recordar Auschwitz es advertir que la barbarie no aparece de un día para el otro: se ensaya, se legitima, se vota, se aplaude y se financia. Y que cuando llega, llega con leyes, con jueces, con mercado y con propaganda. Milei, Trump y esa constelación reaccionaria global no hablan de “paz”: hablan de disciplinar al débil, desmantelar al Estado y dejar que el mercado decida quién vive bien, quién sobrevive y quién sobra.

Contra eso no alcanza la retórica ni la nostalgia democrática: hace falta voluntad para confrontar. Porque si algo enseñó Auschwitz es que la humanidad puede caer muy bajo cuando se la deja sola frente a la ley del más fuerte. Y que la única paz digna es la que garantiza derechos, igualdad y memoria. Todo lo demás es la previa al desastre.

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Lula acusa a Trump de querer crear una “nueva ONU” con él como “dueño”

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, acusó este viernes al mandatario de EE.UU., Donald Trump, de querer establecer una «nueva ONU» con él como «dueño», en referencia a la Junta de Paz propuesta por la Casa Blanca para resolver conflictos.

«En vez de corregir la ONU, como yo reivindico desde 2003 (…) con la entrada de nuevos países, el presidente Trump está haciendo una propuesta de crear una nueva ONU en la que él solito es el dueño», declaró durante un acto.

Lula añadió que la Carta de la ONU «está siendo rasgada» y el multilateralismo «tirado al suelo», mientras prevalece la «ley del más fuerte», declaraciones que alejan aún más la posibilidad de que Brasil se una a la organización liderada por EE.UU.

Hasta ahora, una veintena de naciones, algunas de ellas lideradas por aliados próximos a Trump, han expresado su apoyo a la iniciativa, pero las grandes potencias y la mayoría de países europeos se han mostrado reticentes al considerar que la Junta de Paz debilita la ONU.

Lula defiende el multilateralismo ante Trump

Además, Lula criticó los planes desvelados esta semana por Trump en el Foro Económico Mundial en Davos (Suiza) para levantar complejos hoteleros de lujo en una Gaza devastada por la guerra entre Hamás e Israel.

«Mataron más de 70.000 personas para decir que ahora van a recuperar Gaza y construir un hotel de lujo… ¿y el pueblo que murió?», lanzó.

En ese sentido, el mandatario dijo que este mes ha conversado por teléfono con varios líderes mundiales, como los mandatarios de China y México, para ver si encuentran «una forma» de defender el multilateralismo.

Lula destacó que «no acepta» que Brasil «vuelva a ser colonia» y defendió mantener relaciones tanto con EE.UU. como con Cuba o China porque, según dijo, el país suramericano «no tiene preferencias».

«Estamos viviendo un momento crítico en la política mundial», afirmó, después de citar las recientes elecciones de Chile, Honduras y otros países donde la derecha ganó.

Lula, de 80 años, busca presentarse a los comicios del próximo mes de octubre para lograr un cuarto mandato como presidente.

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Milei participó de la firma del Consejo de la Paz creado por Donald Trump

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En su paso por Suiza, a donde viajó para participar del Foro Económico de Davos, el presidente Javier Milei asistió este jueves a la ceremonia que dio lugar a la firma del Consejo de la Paz creado por Donald Trump. 

El mandatario puso su firma en la formalización del Consejo de la Paz impulsado por su par republicano para bregar por la paz en la Franja de Gaza.

La delegación presidencial que lo acompaña está compuesta por los ministros Luis Caputo (Economía), Federico Sturzenegger (Desregulación y Transformación del Estado) y Pablo Quirno (Relaciones Exteriores) y por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. 

Tras la firma del acta fundacional de la instancia impulsada por Trump en Davos, Milei espera dar una serie de entrevistas, la primera con la agencia de noticias Bloomberg y luego con The Economist, ante la editora en Jefe, Zanny Minton Beddoes. 

Finalmente, a las 18 (14 en la Argentina) el libertario emprenderá el regreso al país.

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