Inflación a la baja, salarios rezagados, el 77% siente que perdió poder adquisitivo

Aunque la inflación desacelera, el 77% percibe que su salario perdió poder adquisitivo. Tarifas y transporte explican la brecha.

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Aunque los indicadores oficiales muestran una moderación de la inflación, la percepción social va en sentido contrario. Un informe privado citado por la periodista de Radio Rivadavia Rocío Kalenok revela que el 77% de los argentinos considera que su salario perdió poder adquisitivo frente al avance del Índice de Precios al Consumidor (IPC), con un impacto especialmente visible en la clase media.

El relevamiento expone una brecha creciente entre los datos macroeconómicos y la experiencia cotidiana de los hogares, atravesada por subas persistentes en tarifas, transporte y combustibles, rubros que erosionan el ingreso disponible.

Inflación más baja, pero salarios en “efecto serrucho”

El análisis se apoya en un estudio de la consultora Centric, que midió cómo el avance del IPC se refleja —o no— en los ingresos percibidos por los argentinos. Según Kalenok, la Argentina sigue siendo “una foto aparte”: “Hace algunos años teníamos una de las inflaciones más altas del mundo, incluso en comparación con países con conflictos políticos o bélicos”.

A ese diagnóstico se suma un informe de la Universidad de Buenos Aires (UBA) que describe un “efecto serrucho” en los salarios: aumentos nominales que no logran sostenerse en términos reales frente a subas concentradas en consumos esenciales. “Hoy se gasta mucho más en servicios, transporte y combustibles. Eso va comiendo el poder adquisitivo y termina dejando menos margen para otras compras”, explicó la periodista.

El fenómeno genera una disonancia clara: aun cuando la inflación general desacelera, los rubros que más pesan en el presupuesto familiar crecen por encima del promedio, lo que impide que los hogares perciban una mejora real. “Todos esos consumos esenciales terminan generando que la persona no sienta que el número de inflación sea el más bajo en los últimos siete años”, sintetizó Kalenok.

Clase media en retroceso: percepción de caída social y ajuste en el consumo

Los datos del informe refuerzan la sensación de deterioro social. El 64% de los encuestados se percibe como clase media baja o baja, una tendencia que supera a la mitad de la muestra y marca un corrimiento identitario dentro del entramado social argentino.

En paralelo, el 55% considera que la situación económica del país es peor que su situación personal, una lectura que sugiere una evaluación negativa del contexto macroeconómico aun cuando algunos hogares logran sostenerse de manera individual. “Los encuestados ven que la economía está peor que su situación particular”, señaló Kalenok.

Esa percepción se traduce en decisiones concretas de consumo. Durante las fiestas de Navidad y Año Nuevo, el 48% anticipó menores gastos, y una porción de los consultados incluso rescindió o ajustó sus vacaciones ante la pérdida de poder adquisitivo. El recorte del gasto discrecional aparece así como un mecanismo defensivo frente a ingresos que no alcanzan.

Inflación de diciembre: CABA marcó 2,7% y anticipa el dato nacional

En términos de precios, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) registró en diciembre de 2025 una inflación de 2,7%, con lo que cerró el año en 31,8%. El dato, aunque aún no oficial a nivel nacional, funciona como anticipo de lo que difundirá el INDEC el martes 13 de enero.

Entre los rubros con mayor incidencia se destacó transporte, con un aumento de 5,5%, seguido por alimentos y bebidas, que promediaron 2,4%. Dentro de esta división, el principal impulso provino de carnes y derivados (7,4%), seguidos por frutas (3,7%) y pan y cereales (2,0%). En sentido contrario, verduras, tubérculos y legumbres registraron una baja de -5,9%, lo que moderó parcialmente la suba general.

Consultoras privadas prevén que el IPC nacional de diciembre se ubique en un nivel similar o superior al de noviembre (2,5%), consolidando un escenario de inflación mensual contenida, pero todavía significativa en términos acumulados.

Una brecha persistente entre datos y experiencia cotidiana

El cuadro que surge del informe es claro: la desaceleración inflacionaria no se traduce automáticamente en alivio para la clase media. La combinación de salarios con ajustes intermitentes, aumentos focalizados en gastos esenciales y una percepción social de retroceso configura un escenario de tensión distributiva.

Más allá de los indicadores técnicos, la clave está en la capacidad de los ingresos para recomponerse de manera sostenida frente a los precios que más pesan en la vida diaria. Mientras esa brecha persista, la inflación “a la baja” seguirá sin sentirse en los bolsillos, reforzando una percepción extendida de pérdida del poder adquisitivo y fragilidad económica.

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