El BCRA admite que la expansión del crédito trae más mora y pide prudencia
Director del Banco Central vinculó el aumento de la morosidad con la recuperación del crédito privado y advirtió que bancos, empresas y familias deberán mejorar la gestión del riesgo para evitar el sobreendeudamiento.
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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) reconoció que la expansión del crédito que atraviesa la economía también genera un aumento de la morosidad y planteó que el desafío ahora consiste en administrar ese crecimiento con mejores herramientas de evaluación y regulación. La definición fue publicada en un artículo firmado por Juan Curutchet, superintendente de Entidades Financieras y Cambiarias y director de la autoridad monetaria.
Bajo el título “Hacia una sociedad de propietarios”, Curutchet recorrió la evolución reciente del crédito al sector privado y sostuvo que la Argentina viene de décadas en las que el financiamiento bancario ocupó un lugar marginal. Para el funcionario, la recuperación de la estabilidad macroeconómica y el equilibrio fiscal permitió revertir parcialmente esa dinámica y ampliar el acceso al financiamiento.
El problema que aparece ahora es distinto. Después de años en los que el principal obstáculo fue la ausencia de crédito, el sistema debe afrontar los riesgos propios de una mayor intermediación financiera. Entre ellos, la posibilidad de que una parte de los nuevos tomadores no pueda cumplir con sus obligaciones.
El crédito vuelve, pero la mora expone el costo del proceso
Según los datos citados por Curutchet, el crédito al sector privado alcanzó en julio niveles equivalentes al 9,2% del PIB cuando se consideran los préstamos en pesos y al 12,5% al incorporar los créditos en moneda extranjera.
El crecimiento es significativo respecto del punto de partida, pero todavía deja a la Argentina muy por debajo de otras economías de la región. De acuerdo con datos del Banco Mundial correspondientes a 2024, el crédito al sector privado representaba el 40% del PIB en Perú, el 76% en Brasil y el 104% en Chile.
La brecha también resulta evidente en el mercado hipotecario. El crédito destinado a vivienda supera apenas el 1% del PIB argentino, frente a alrededor del 27% en Chile y el 50% en Estados Unidos.
El diagnóstico del BCRA parte de una premisa: la escasez de financiamiento no fue solamente consecuencia de una baja demanda de préstamos, sino también de un esquema macroeconómico que durante años limitó la capacidad del sistema financiero para canalizar ahorro hacia familias y empresas.
Curutchet atribuyó ese proceso principalmente al déficit fiscal crónico y describió un mecanismo de desplazamiento del sector privado conocido como crowding out. Según su explicación, cuando el Estado absorbe una porción elevada de los recursos disponibles para financiar sus necesidades, los bancos tienen menos incentivos y posibilidades para dirigir esos fondos hacia viviendas, inversiones y empresas.

La recuperación hipotecaria cambia la dimensión del mercado
La recuperación del crédito también empieza a modificar el acceso a la vivienda. Desde 2024 y hasta el primer semestre del año en curso, cerca de 65.000 familias accedieron a un crédito hipotecario, según los datos mencionados por el funcionario.
A esa dinámica se suma una medida reciente del Gobierno basada en fondos de la ANSES para ampliar el financiamiento hipotecario. Curutchet estimó que esa herramienta permitirá que otras 20.000 familias accedan a créditos.
La importancia económica del proceso excede la posibilidad de comprar una vivienda. Una hipoteca a largo plazo transforma ingresos futuros en un activo patrimonial y puede convertir al sistema financiero en un canal de acumulación de capital para la clase media.
Esa es la lógica que el funcionario sintetizó bajo el concepto de “sociedad de propietarios”: una familia que paga durante años una hipoteca no solamente resuelve una necesidad habitacional, sino que construye un patrimonio que eventualmente puede conservar, vender, alquilar o transferir.
Pero ese mecanismo funciona solamente si el crédito resulta sostenible. La expansión de préstamos no garantiza por sí misma una mejora patrimonial si las cuotas terminan superando la capacidad de pago de los hogares.
El desafío que plantea la morosidad
El punto más relevante del documento del BCRA aparece precisamente en esa tensión. Curutchet reconoció que la expansión del crédito “trae desafíos” y ubicó a la mora entre los principales.
“Habrá mora y errores al prestar y endeudarse”, sostuvo, al plantear que bancos, empresas y familias deberán “reaprender a administrar el riesgo”.
La advertencia tiene una lectura doble. Para las entidades financieras implica mejorar la evaluación de los solicitantes y la calidad de las decisiones de crédito. Para los hogares, supone evaluar la capacidad real de pago antes de asumir compromisos que pueden extenderse durante años.
El funcionario también señaló la necesidad de evitar el sobreendeudamiento y reclamó prudencia, profesionalismo y buena regulación. La cuestión deja así de ser exclusivamente bancaria: el crecimiento del crédito requiere que el sistema pueda distinguir entre una expansión saludable del financiamiento y una acumulación de obligaciones que posteriormente se transforma en mora.
En términos económicos, la mora es una señal de que la recuperación del crédito tiene un costo de aprendizaje. Después de un período prolongado de baja intermediación, tanto prestamistas como tomadores deben adaptarse nuevamente a un mercado donde el financiamiento vuelve a ocupar un lugar relevante.
El objetivo es que el crédito se convierta en inversión
La apuesta del BCRA es que el proceso genere un círculo de mayor intermediación financiera. Más ahorro permitiría ampliar el crédito; más crédito podría financiar inversión y vivienda; una mayor inversión debería contribuir a elevar el capital y la productividad.
El punto crítico consiste en que esa cadena necesita estabilidad para sostenerse. Si los hogares se sobreendeudan o las entidades relajan demasiado sus criterios de evaluación para capturar el crecimiento del mercado, la expansión puede generar un incremento de la mora que termine frenando el propio proceso.
Por eso, el desafío de esta nueva etapa no pasa únicamente por aumentar el volumen de préstamos. También exige construir condiciones para que esos créditos puedan ser pagados, refinanciados cuando corresponda y utilizados para financiar activos e inversiones que mejoren la capacidad económica de quienes los toman.
La Argentina todavía parte de niveles de crédito excepcionalmente bajos frente a otras economías de la región. Esa distancia muestra el potencial de crecimiento, pero también explica por qué la recuperación puede generar tensiones que no aparecían cuando el sistema prácticamente no financiaba a las familias.
La definición del BCRA instala así una discusión que va más allá de la estadística de morosidad. El desafío consiste en transformar la recuperación del crédito en una herramienta de acumulación patrimonial e inversión sin repetir los ciclos de endeudamiento insostenible.
Si el sistema logra combinar estabilidad macroeconómica, evaluación crediticia, regulación y capacidad de pago, la expansión puede convertirse en una plataforma para aumentar la inversión y el patrimonio de los hogares. Si la velocidad del crédito supera esas capacidades, la mora puede convertirse en el límite de la recuperación.
