Dios por cuenta propia: la fe desborda las iglesias y pone límites al mercado
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Argentina reza más de lo que va al templo y conserva más vida espiritual de la que permiten ver las etiquetas religiosas. El 95,2% de los adultos realizó al menos una práctica religiosa o espiritual en el último año, pero apenas el 23,4% asiste a misa o a un culto con frecuencia semanal o diaria. El catolicismo sigue siendo la pertenencia mayoritaria, aunque entre la religión recibida en la crianza y la identidad actual pierde 17,8 puntos porcentuales. Y, cuando la pregunta sale de la intimidad y entra en la economía, aparece una mayoría contundente: el 77,4% está de acuerdo con que el agua, los alimentos y la salud queden fuera de la especulación financiera y los intereses privados.
La Encuesta Nacional sobre Religión Vivida, ENReVi 2026, a la que accedió Economis, dibuja un país que mantiene una intensa relación con lo sagrado mientras modifica sus vínculos con las instituciones que históricamente lo administraron. Hay oración, altares domésticos, meditación, promesas, objetos protectores, mensajes por redes y consultas a la inteligencia artificial. También hay distancia, costumbre y prácticas que se repiten sin ocupar un lugar central en la vida.
La investigación permite leer algo más que un mapa de creencias. Ofrece una radiografía de las formas de buscar tranquilidad, transmitir herencias familiares y fijar fronteras morales al poder económico y tecnológico. Una sociedad puede elegir por su cuenta cómo rezar y, al mismo tiempo, reclamar controles públicos frente a la inteligencia artificial. Puede alejarse de una identidad religiosa heredada y coincidir con posiciones sociales del Papa.
La autonomía espiritual convive con una demanda mayoritaria de protección colectiva. Esa es una de las tensiones más fértiles del estudio, y también una de sus noticias políticas.
El trabajo fue desarrollado por investigadores de la Universidad Católica de Córdoba y Boston College, con participación de la Universidad Católica Argentina. Sus responsables principales son Hugo H. Rabbia y Gustavo Morello. El relevamiento, realizado por Zuban Córdoba y Asociados entre el 27 de agosto y el 7 de septiembre, reunió 2.414 casos en las 23 provincias y la Ciudad de Buenos Aires.
Salir del catolicismo no equivale a abandonar lo sagrado
El 78% de los encuestados fue criado en el catolicismo, pero el 60,2% se identifica actualmente como católico. La diferencia es de 17,8 puntos porcentuales. La mayoría se sostiene, pero la continuidad automática entre la fe recibida y la pertenencia adulta muestra una fisura importante.
En sentido inverso, el grupo sin filiación religiosa pasa del 5,8% en la crianza al 19,3% en la actualidad. Son 13,5 puntos adicionales y una proporción que representa más de tres veces la de origen. Casi uno de cada cinco adultos se reconoce hoy fuera de una pertenencia religiosa.
Los evangélicos también aumentan su peso: del 11,3% como religión de crianza al 14,3% como adscripción actual. El incremento es de tres puntos. En términos de tamaño, la población sin filiación religiosa supera a la evangélica por cinco puntos.
Aparece con claridad una recomposición del mapa de pertenencias. El origen familiar pesa, pero ya no decide por completo. Entre la identidad recibida y la elegida existe un espacio de revisión.
| Pertenencia religiosa | Religión de crianza | Religión actual | Diferencia |
| Católica | 78,0% | 60,2% | −17,8 puntos |
| Sin filiación religiosa | 5,8% | 19,3% | +13,5 puntos |
| Evangélica | 11,3% | 14,3% | +3,0 puntos |
| Mormona / Testigo de Jehová | 1,5% | 1,8% | +0,3 puntos |
| Judía | 1,2% | 1,3% | +0,1 puntos |
| Otra religión | 1,1% | 1,1% | Sin variación |
| Musulmana | 1,0% | 0,7% | −0,3 puntos |
| Religión de matriz afro | 0,1% | 0,1% | Sin variación |
| Budista | Sin valor visible en el gráfico | 1,2% | No calculable |
Fuente: ENReVi 2026, figura 4. Las diferencias pequeñas no deben interpretarse como cambios estadísticamente significativos.
El país que reza
La oración fuera de misas o cultos es la práctica más extendida: el 76% rezó u oró durante el último año. El 60,3% del total lo hace con frecuencia semanal o diaria; el 9,2% se ubica en la categoría mensual y el 6,5% en la anual. El 24% nunca lo hace.
La asistencia a misa, servicios religiosos o cultos alcanza al 56,4% cuando se suman todas las frecuencias relevadas. Pero la intensidad es diferente: el 23,4% concurre semanalmente o a diario, el 11,3% con frecuencia mensual y el 21,7% en la categoría anual. El 43,6% nunca asiste.
Entre rezar de manera habitual y participar habitualmente de una celebración religiosa hay una diferencia de 36,9 puntos porcentuales. La oración frecuente tiene una extensión equivalente a unas 2,6 veces la de la asistencia frecuente al culto.
La distancia importa. Una iglesia puede conservar presencia simbólica en la vida de personas que participan poco de sus ceremonias. La relación con lo sagrado encuentra otros horarios y lugares; el templo comparte ese territorio con la casa, el teléfono y el cuerpo.
La investigación desplaza la pregunta tradicional. En lugar de quedarse únicamente con qué religión declara una persona, observa qué hace: si bendice una comida, prende una vela, lee un texto sagrado, medita o comparte una oración. Bajo esa definición amplia, apenas el 4,8% no realizó ninguna práctica en el último año.
Ese 95,2% no significa que el 95,2% de los argentinos crea en Dios, pertenezca a una iglesia o sea practicante regular. El indicador reúne actividades de naturaleza e intensidad distintas, algunas también realizables fuera de una identidad religiosa. La amplitud de la categoría es parte del enfoque del estudio y explica por qué el universo de prácticas excede al de las pertenencias.
La paz interior como búsqueda
Entre quienes tienen la oración como práctica principal, el 70% la realiza predominantemente en soledad y el 68,2% en el hogar. En la meditación, esos porcentajes son del 65,7% y del 60%, respectivamente.
La paz interior aparece como motivo central para el 53,7% de quienes meditan y para el 31,1% de quienes oran en el análisis de las prácticas más importantes. En cambio, la asistencia al culto conserva un perfil más familiar: el 43,4% concurre principalmente en familia. Conectar con Dios o la divinidad motiva al 37% y agradecer, al 23,8%.
Las diferencias describen experiencias distintas. La oración privada y la meditación ofrecen un espacio de intimidad; el culto organiza una instancia de encuentro y pertenencia. El informe denomina a la expansión de las prácticas personalizadas “cuentapropismo religioso”: una manera de construir la relación con lo sagrado con mayor autonomía respecto de las instituciones.
El 30,4% declara tener un altar, una mezuzá, un gohonzon o un lugar de devoción en su casa. El dato corresponde a las respuestas de personas adultas, no a un relevamiento directo de viviendas. El comunicado del estudio señala que las mujeres reportan estos espacios con mayor frecuencia que los varones, aunque no proporciona porcentajes desagregados.
La intimidad espiritual también se lleva puesta. El 40,6% usó durante el año prendas, joyas o accesorios de contenido religioso o espiritual. Para el 31,2% del total, el uso es semanal o diario. Medallas, rosarios y otros objetos conservan un lugar cotidiano incluso fuera de las celebraciones.
El 9,7% tiene tatuajes o marcas corporales con motivos religiosos o espirituales: el 7,4% declara uno y el 2,3%, dos o más. La piel funciona como soporte de una pertenencia, una memoria o una protección que acompaña a la persona sin necesidad de ingresar a un templo.
Del rezo a las consultas a chatbots
Las frecuencias permiten distinguir prácticas masivas, hábitos intensos y experiencias ocasionales. El siguiente cuadro reconstruye la prevalencia anual como 100 menos la respuesta “nunca” de la tabla original.
| Práctica | La realizó en el último año | Frecuencia semanal o diaria |
| Rezar u orar fuera de misas o cultos | 76,0% | 60,3% |
| Asistir a misas, servicios religiosos o cultos | 56,4% | 23,4% |
| Bendecir objetos, agua o comida | 52,9% | 32,0% |
| Compartir imágenes, mensajes u oraciones en redes | 52,2% | 27,5% |
| Prender velas, hacer promesas u ofrendas | 50,4% | 14,7% |
| Leer o estudiar libros sagrados o textos temáticos | 48,8% | 24,7% |
| Consumir contenidos religiosos en medios o internet | 47,3% | 28,9% |
| Usar prendas, accesorios o joyas religiosas | 40,6% | 31,2% |
| Meditar, hacer respiración, mindfulness o yoga | 40,0% | 26,4% |
| Ayunar o modificar la alimentación por motivos espirituales | 36,1% | 10,7% |
| Escuchar música, cantar o bailar por motivos religiosos | 32,7% | 19,7% |
| Buscar asistencia o consultar a personas religiosas o chamanes | 31,1% | 7,8% |
| Consultar carta astral, tarot, horóscopo o adivinación | 29,3% | 8,3% |
| Participar de actividades grupales religiosas o espirituales | 26,0% | 12,0% |
| Misionar, predicar o realizar voluntariado religioso o espiritual | 23,5% | 10,5% |
| Consultar chatbots de IA sobre contenido religioso o espiritual | 22,9% | 9,1% |
| Realizar terapias alternativas incluidas en el cuestionario | 19,2% | 4,5% |
Fuente: ENReVi 2026, tabla 1. Porcentajes sobre el total; respuestas múltiples entre prácticas. La categoría habitual reúne “al menos una vez por semana / todos los días”. Puede haber diferencias de una décima al sumar categorías por redondeo. La inclusión de terapias alternativas describe el cuestionario y no implica aval de su eficacia.
La bendición de objetos, alimentos o agua supera la mitad de la población y llega al 32% en frecuencia habitual. Las velas, promesas y ofrendas también alcanzan a la mitad, pero su repetición semanal o diaria baja al 14,7%. Hay gestos que acompañan la rutina y otros que se activan en ocasiones especiales.
La lectura de libros sagrados o textos temáticos alcanza al 48,8%, con un 24,7% de frecuencia habitual. El consumo de contenidos religiosos por televisión, internet, radio o podcasts llega al 47,3%, con un 28,9% semanal o diario. El circuito religioso tiene una presencia mediática que no exige asistencia física.
La participación grupal ofrece otro contraste. El 26% se involucró durante el año en retiros, estudios bíblicos u otras actividades, pero el 12% lo hace habitualmente. Las misiones, la predicación o el voluntariado religioso alcanzan al 23,5%, con un 10,5% de frecuencia habitual.
Estas minorías activas no son irrelevantes. El estudio destaca que las experiencias grupales y de servicio tienden a resultar muy significativas para quienes las realizan. Extensión e intensidad son dimensiones distintas: una práctica puede ser menos masiva y, a la vez, organizar profundamente la vida de quienes la adoptan.
El teléfono entró en la vida espiritual
El 52,2% compartió imágenes, mensajes religiosos u oraciones en redes durante el último año. El 27,5% lo hace con frecuencia semanal o diaria. La circulación digital convierte al teléfono en un canal de transmisión espiritual que atraviesa vínculos familiares y sociales.
La inteligencia artificial ya tiene su propio lugar en ese repertorio: el 22,9% consultó chatbots sobre contenido religioso o espiritual, mientras el 9,1% lo hace semanalmente o a diario. El 77,1% nunca utilizó esa herramienta con ese propósito.
El dato permite hablar de una práctica instalada en una minoría considerable. No permite afirmar que los usuarios sustituyan a sacerdotes o pastores por una máquina, ni conocer el tipo de preguntas que formulan. El primer informe no ofrece ese detalle.
Sin embargo, abre una pregunta relevante sobre las nuevas mediaciones: quién responde cuando una persona busca orientación espiritual, con qué información y bajo qué criterios. La encuesta registra el uso; la discusión sobre autoridad, calidad de las respuestas y responsabilidad queda planteada.
Y aparece una tensión sugerente: una parte de la población utiliza IA para cuestiones espirituales, mientras una mayoría pide someter esa tecnología a control público. Adoptar una herramienta puede convivir con la exigencia de que tenga límites.
Mucha práctica, distinta importancia
La oración es también la actividad más valorada: el 35,2% la elige como la práctica religiosa o espiritual más importante de su vida. La asistencia al culto ocupa el segundo lugar entre las prácticas concretas, con el 12,2%, y la meditación, la respiración, el mindfulness o el yoga reúnen el 7,5%.
Pero hay un dato que obliga a afinar la lectura: el 20,9% contesta que ninguna práctica es la más importante. La respuesta ocupa un lugar muy superior al de varias actividades e impide confundir una práctica declarada con una vida organizada alrededor de la fe.
El informe interpreta esa elección como señal de vínculos débiles, esporádicos o difusos. Es una interpretación de los investigadores; no una medición directa de la motivación de cada persona. La costumbre, la curiosidad o una participación ocasional pueden explicar parte de ese espacio, pero la encuesta publicada no permite asignar una causa única.
Entre católicos y evangélicos, alrededor del 40% sitúa la oración privada en primer lugar. La diferencia aparece después: entre los católicos, el 15,5% prioriza asistir a misa; entre los evangélicos, el 15,4% elige la lectura y el estudio de libros sagrados.
Entre quienes no tienen filiación religiosa, el 45,5% señala que ninguna práctica es la más importante y el 15,9% destaca la meditación, la respiración o el yoga. La ausencia de pertenencia deja espacio tanto para la distancia respecto de lo sagrado como para búsquedas personales.
El 70% del total cree en Dios. Otro 8,3% cree en una energía u orden superior sin creer en Dios. La creencia en la existencia del alma alcanza al 76,9%. Pertenecer, creer y practicar dibujan mapas que se superponen parcialmente, pero no son intercambiables.
La herencia familiar todavía trabaja
La individualización no borra la transmisión. En el análisis de las prácticas principales, el 73% de quienes oran y el 86,7% de quienes asisten al culto dicen haber invitado o involucrado a sus hijos en esas actividades.
El hogar tiene así una doble función. Es refugio de una espiritualidad íntima y también lugar donde se ofrece una herencia a la generación siguiente. Esa transmisión no garantiza que los hijos mantengan la misma pertenencia cuando sean adultos: la distancia entre catolicismo de crianza e identidad actual muestra, precisamente, que la continuidad puede quebrarse.
Tampoco cabe leer esos porcentajes como tasas nacionales de religiosidad infantil. Son respuestas de los grupos analizados sobre sus experiencias de transmisión, no una encuesta realizada a niños o adolescentes.
León XIV: cinco millones de adultos con intención de verlo
El 16,5% expresa intención de asistir a ver al Papa durante su visita a Argentina. Los investigadores proyectan ese porcentaje como más de cinco millones de personas mayores de 18 años. El 34% no sabe todavía y el 49,5% responde que no irá.
El escenario combina una base de interés considerable con una franja de indecisión que duplica aproximadamente a la de quienes dicen que asistirán. La mitad del país adulto está entre la intención de ir y la duda, pero eso no equivale a una concurrencia efectiva: el sondeo mide disposición declarada, no inscripciones, viajes organizados ni asistencia futura.
La visita está prevista del 8 al 11 de noviembre, con pasos por Buenos Aires, Córdoba y Luján, dentro de la gira sudamericana anunciada por la Santa Sede.
Entre quienes planean asistir, el 77% es católico y casi el 11% es evangélico. Son porcentajes de composición del grupo interesado: no significa que el 77% de todos los católicos o el 11% de todos los evangélicos vaya a verlo.
La intención de asistencia llega al 18,4% en los niveles socioeconómicos bajos, por encima del 16,5% general. El informe describe una disposición algo menor entre adherentes a La Libertad Avanza y partidos de izquierda que entre simpatizantes del peronismo, el kirchnerismo y el PRO. Como no publica las cifras completas de esos cruces, no es posible cuantificar la distancia ni establecer su significación estadística.
El interés excede, de todos modos, a una audiencia homogénea de católicos practicantes. Hay una convocatoria potencial que cruza pertenencias religiosas y encuentra especial receptividad en sectores de menores recursos.
El dato que sale de la sacristía
El resultado con mayor densidad económica es el respaldo a que el agua, los alimentos y la salud queden fuera de la especulación financiera y los intereses privados. El 77,4% está de acuerdo, el 13,6% en desacuerdo y el 9% no sabe o no tiene opinión.
El acuerdo supera al desacuerdo por 63,8 puntos porcentuales. Hay unas 5,7 respuestas favorables por cada respuesta contraria. La magnitud permite hablar de una mayoría muy amplia frente a esa formulación.
La lectura política es fuerte: los bienes indispensables para vivir conservan, para una gran parte de los encuestados, un estatuto que exige protección frente a la especulación. El acceso al agua, a la alimentación y a la salud aparece asociado a una frontera moral del negocio.
La encuesta no consultó sobre una nacionalización específica, un sistema de precios, una reforma sanitaria o la prohibición de toda prestación privada. Convertir el resultado en apoyo a alguna de esas medidas sería forzar la evidencia. Lo que mide es acuerdo con una afirmación general sobre bienes básicos, especulación e intereses privados.
Aun con ese alcance, el hallazgo tiene filo. Dentro de una misma sociedad conviven elecciones espirituales individualizadas y una posición mayoritaria que reclama resguardar necesidades esenciales. La autonomía en la fe no desemboca automáticamente en una aceptación de cualquier lógica de mercado.
El informe añade un dato relevante para la discusión partidaria: entre los simpatizantes de La Libertad Avanza, el acuerdo con esta afirmación también supera el 60%. La mayoría general es más amplia, pero el respaldo cruza incluso a ese grupo. La identidad política no ordena de manera perfecta las respuestas sobre estos bienes.
No puede inferirse de allí un rechazo integral al Gobierno o a su programa económico. Sí puede afirmarse que el apoyo partidario convive con posiciones que colocan límites a la especulación en áreas esenciales.
Controlar la inteligencia artificial
El 75,2% está de acuerdo con exigir control público sobre la IA para evitar desinformación y vigilancia masiva. El 11,3% está en desacuerdo y el 13,5% no sabe o no tiene opinión. El saldo favorable es de 63,9 puntos y el respaldo equivale a unas 6,7 veces el rechazo.
El estudio vincula esa idea con la encíclica Magnifica humanitas, dedicada a la persona humana en la era de la inteligencia artificial. También aquí, según el informe, el acuerdo entre simpatizantes de La Libertad Avanza supera el 60%, aunque es menor que entre el resto de los participantes.

La palabra “público” obtiene una aceptación amplia cuando la pregunta remite a manipulación informativa y vigilancia. El sondeo no define un organismo regulador ni evalúa instrumentos concretos. Registra una disposición general a poner controles ante riesgos identificados.
Las dos afirmaciones -proteger bienes básicos y controlar la IA- reúnen respaldos superiores a tres cuartas partes del total. Ese apoyo no prueba adhesión a todas las posiciones del Papa ni conocimiento de sus documentos. Mide coincidencia con las ideas consultadas. Y muestra que su recepción social puede alcanzar a personas que no concurren regularmente a un templo o que no planean participar de la visita.
Qué permite afirmar esta encuesta
El relevamiento cubre las 24 jurisdicciones, pero el primer informe no publica resultados provinciales. No ofrece una estimación específica para Misiones ni para el NEA. Su utilidad para la región es el marco nacional; trasladar automáticamente los porcentajes a la provincia excedería la información disponible.
La muestra reúne 2.414 casos observados y una base ponderada informada de 2.092. El 84,5% de las entrevistas se hizo online, mediante cuotas de género y edad, y el 15,5% fue domiciliario presencial, con un diseño que los responsables describen como aleatorio simple. La ponderación se realizó por región y edad.
Los autores informan un nivel de confianza del 95% y un margen de error de ±2 puntos porcentuales para el total observado. Al predominar un componente online no probabilístico, ese margen declarado no debe leerse como garantía equivalente a la de una muestra íntegramente probabilística, ni aplicarse sin más a grupos religiosos o partidarios más pequeños.
El cuestionario incluyó 32 preguntas y demandó aproximadamente 20 minutos. La supervisión contempló verificación telefónica de al menos el 20% de los casos, con recontacto o reemplazo de los no validados. El financiamiento provino del Centro de Gestión del Conocimiento del CELAM y de Lived Religion Initiative, de Boston College.
Con esos alcances, la encuesta deja una escena potente: una mayoría católica menos coincidente con su origen familiar; casi uno de cada cinco adultos sin filiación religiosa; una oración que conserva enorme presencia cotidiana; nuevas mediaciones digitales; y mayorías que piden proteger bienes esenciales y controlar riesgos tecnológicos.
León XIV encontrará un país que decide cada vez más por su cuenta cómo acercarse a lo sagrado, pero que conserva acuerdos amplios sobre lo que merece protección pública. Entre el altar doméstico y el algoritmo, entre la oración privada y el precio de lo indispensable, la encuesta sitúa la fe en el centro de una discusión social que desborda las iglesias.
