Brasil va a “segundo turno”: Flávio Bolsonaro sorprendió y Lula admitió que no esperaba este resultado

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Flávio Bolsonaro terminó primero con el 47,04% de los votos válidos, contra el 45,15% de Lula. Menos de 2 puntos de diferencia. Es, además, la menor distancia entre los dos candidatos más votados en una primera vuelta presidencial desde la redemocratización brasileña.

Los dos candidatos hablaron la misma noche de las elecciones. Con registros completamente opuestos.

“El resultado fue inesperado. Estaba convencido de que íbamos a ganar en primera vuelta. Mañana comienza una nueva campaña”, afirmó Luiz Inácio Lula da Silva.

Por su parte, el semblante y el mensaje de Flávio Bolsonaro fueron muy diferentes: “Brasil quiere un cambio. Estoy muy contento con este resultado. El 25 de octubre vamos a terminar el trabajo.”

La diferencia entre los dos discursos lo dice todo. Lula salió a reconocer que la noche no salió como esperaba y a convocar a una nueva campaña. Flávio salió a festejar como si ya hubiera ganado.

Esa asimetría emocional importa. Pero hay algo todavía más importante: el 4 de octubre no se votó solamente presidente. Brasil votó también Congreso, Senado y gobernadores. Y ahí aparece una fotografía política que puede ser incluso más relevante que esos dos puntos de diferencia.

¿Por qué Flávio sacó más votos de los que todos esperaban?

Hay al menos tres factores que se retroalimentan. El primero es el voto bolsonarista que las encuestas no terminan de capturar. Es algo que ya ocurrió en 2022. El electorado de Bolsonaro demostró entonces que podía aparecer con más fuerza en las urnas que en los pronósticos.

El segundo es el descontento de sectores medios con la economía. La inflación de alimentos, el endeudamiento de las familias y la sensación de que la recuperación no llega con la misma intensidad a todos los hogares le quitaron a Lula parte del margen que esperaba obtener.

El tercero es la consolidación del voto evangélico y conservador. Ese bloque se convirtió en una pieza central de la política brasileña durante la última década y el bolsonarismo aprendió a trabajar territorialmente ese electorado.

Pero hay una cuarta cuestión. Flávio Bolsonaro no necesitaba convencer a todos los brasileños. Necesitaba consolidar al electorado que quería votar contra Lula.

La elección que importa no termina en la Presidencia

El próximo presidente no recibirá un Congreso vacío. Recibirá un Congreso con una correlación de fuerzas que, en principio, no parece sencilla para el PT.

La Cámara de Diputados tiene 513 bancas y todas estuvieron en disputa. El Senado, en cambio, renovó 54 de sus 81 bancas: dos por cada estado y por el Distrito Federal.

Eso significa que dos tercios del Senado brasileño fueron puestos en juego en esta elección. Y el resultado muestra una tendencia clara: el centro y la derecha llegan fortalecidos.

El propio DIAP, antes de la elección, proyectaba un escenario en el que la federación PP-Unión podía convertirse en la mayor fuerza de la Cámara, con una media estimada de 107 bancas; el PL de Bolsonaro aparecía con una media de 91 y la federación PT-PCdoB-PV con 87.

Más allá de que la composición definitiva depende de la totalización completa, el dato político es evidente: el próximo presidente deberá gobernar negociando con un Congreso que no estará alineado automáticamente con él.

En el Senado la renovación de 54 bancas modifica de manera significativa la composición del Senado a partir de 2027.

En São Paulo, el estado más importante electoral y económicamente, fueron elegidos Guilherme Derrite y André do Prado. Ambos estuvieron en el espacio político de Tarcísio de Freitas y Flávio Bolsonaro.

São Paulo: la gran derrota del PT

Si hay un resultado estadual que Lula debería mirar con atención es el de São Paulo. Tarcísio de Freitas fue reelegido gobernador en primera vuelta con alrededor del 63% de los votos. Fernando Haddad, el candidato del PT, quedó muy por detrás.

São Paulo no solamente volvió a elegir a Tarcísio. También consolidó un espacio político que ya empieza a pensar en el escenario nacional posterior a 2026.

Pero Tarcísio no es Flávio Bolsonaro. Es un dirigente de derecha, pero con un perfil propio, experiencia de gestión y una relación mucho más pragmática con sectores empresariales y del centro político. Su triunfo lo convierte, automáticamente, en uno de los nombres que habrá que mirar hacia 2030.

Paraná: Sergio Moro vuelve al centro de la escena

En Paraná, Sergio Moro fue elegido gobernador en primera vuelta con poco más del 50%.

El exjuez y exministro de Jair Bolsonaro vuelve así a ocupar un lugar de enorme visibilidad política. Y lo hace desde un estado clave del sur brasileño, una región donde el bolsonarismo conserva una fuerte implantación.

El resultado tiene otra lectura: el espacio de derecha y centroderecha no solamente conserva poder, sino que está produciendo dirigentes con ambiciones nacionales.

Santa Catarina: otra victoria contundente del PL

En Santa Catarina, Jorginho Mello fue reelegido en primera vuelta con más del 68% de los votos. Es uno de los resultados más contundentes de la elección estadual.

Y vuelve a aparecer el PL. No como una fuerza exclusivamente presidencial, sino como una estructura territorial capaz de sostener gobernadores, senadores y diputados.

El PT también conserva territorios importantes

La foto tampoco es completamente azul. El PT retuvo la gobernación de Bahía. Jerônimo Rodrigues fue reelegido en primera vuelta con más del 55% de los votos.

También hubo triunfos del oficialismo en otros estados importantes del Nordeste. Es decir: Lula conserva una estructura territorial poderosa. Y probablemente ahí esté una de sus principales herramientas para las próximas tres semanas.

TRES ESCENARIOS POSIBLES PARA EL 25 DE OCTUBRE

Lo que significa para Argentina y Misiones

Un Brasil gobernado por Flávio Bolsonaro tendría una relación con la Argentina de Javier Milei muy diferente de la que mantiene Lula. El alineamiento ideológico entre Milei y el bolsonarismo sería mucho más directo.

Con Lula, en cambio, probablemente continuaría una relación marcada por el pragmatismo comercial, pero atravesada por diferencias ideológicas.

Y para Misiones eso importa más que para casi cualquier otra provincia argentina. Porque la relación con Brasil no ocurre solamente en Buenos Aires o Brasilia. Ocurre todos los días en Posadas, Puerto Iguazú, San Antonio, Andresito, Bernardo de Irigoyen, San Javier, Alba Posse  y en toda la frontera.

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