COLUMNISTAS

Aberrante accionar geopolítico de Libertarios y secuaces

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Respecto a la Política Exterior del actual gobierno de Argentina, cabe, definirla más bien como la anti geopolítica, con evidente carencia total de la más elemental dosis de patriotismo.

Subordinarse explícita y vergonzosamente a los dictados de potencias extranjeras, es carecer por completo de Política Exterior Nacional. Y eso es cipayaje explícito de la peor calaña.

En más de dos siglos de vida nacional, pese a haber soportado más de un gobierno nefasto, antinacional, cargados ellos de racismos implícitos o explícitos, destructores intencionales de la Patria, e incluso cerradamente unitarios que despreciaron la integridad territorial; el (des)gobierno libertario, excede con creces las negatividades y corruptelas de los gobiernos cipayos y antinacionales que marcaron negativamente amplios períodos de nuestra tumultuosa historia; la cual también tuvo períodos y gobiernos claramente patriotas.

Cabe citar entre los peores ejemplos a Rivadavia, Urquiza, Mitre y sucesores, los de la infame década del ’30 (del siglo XX), el gorilismo militaroide patriotero de la revolución fusiladora y sus continuadores proceseros, los neoliberales noventistas (Menem – De La Rúa), y el endeudador e industricida gobierno macrista; pese a todos los inmensos daños que esa caterva de personajes nefastos cometió, el muy negativo accionar de neoliberales y libertarios (con varios perpetradores que se repiten en sucesivos gobiernos), supera ampliamente los prontuarios nefastos y antinacionales de los citados gobiernos que tantos daños nos han causado.

El accionar de vergonzosa e impresentable postura de sumisión total a los dictados del Bloque Atlantista, en particular a los objetivos de política exterior de EEUU y sus aliados directos, y dentro de ello la subordinada actitud con caracteres felpúdicos -que tan abiertamente opera el histriónico presidente de muy dudoso equilibrio mental-, respecto al agresivo y voluble accionar de Trump y el establishment de caracteres neoimperiales, es vergonzoso y ofende al Ser Nacional.

Acompañar y fogonear esas acciones de neo imperialismo por parte de nuestro gobierno nacional actual, pisotea en forma infame el accionar señero de la Política Exterior Argentina, que supimos tener.

Esa trayectoria positiva de la diplomacia nacional se caracterizó en amplios períodos de nuestra historia, por el marcado pacificismo, la neutralidad y la defensa de principios elementales de soberanía y de dignidad nacional, y el respeto al ser humano; fue una constante, solo transgredida en algunos períodos de gobiernos de acentuado perfil ultra liberal, en los que las minorías apátridas gustosamente se subordinaron a los designios de los principales poderes imperiales de turno, con el miserable “proceso” y los impresentables períodos del menemato y el delarruato, en el último medio siglo, como los recientes peores ejemplos.

Caben destacar el patriótico accionar de Julio Argentino Roca, que en su segundo período presidencial, evitó la guerra contra Chile, que hubiera dejado lamentables odios insalvables a ambos lados de la cordillera; el señero accionar del Canciller Carlos Saavedra Lamas como factor fundamental para dar fin a la absurda guerra fratricida entre Bolivia y Paraguay (Guerra Del Chaco); la neutralidad argentina en las dos Guerras Mundiales, pese a las presiones muy fuertes de los anglosajones y sus aliados, para que aportemos nuestra “debida” cuota de carne de cañón, en dos enormes conflictos de los que no éramos parte involucrada. Claro que al final de la Segunda Guerra Mundial, bajo fuertes presiones de los aliados ya a punto de ganar, Argentina como mera formalidad diplomática declaró la guerra al Eje, e incluso se llegaron a aprontar tropas (mi propio padre fue uno de los convocados, seguramente por sus conocimientos en telegrafía, y por egresar del Servicio Militar como Dragoneante).

Sucesivos conflictos desde los años ’50 (Corea, el polvorín de Medio Oriente, Vietnam, y otros) fueron períodos en los que mantuvimos la neutralidad, e incluso fuimos factores impulsores de la paz.

No fue detalle menor que, en la década peronista, como formalización doctrinal de la necesaria neutralidad, se creara e impulsara la Doctrina de la Tercera Posición, que fuera uno de los pilares del Movimiento de Países No Alineados, que fuera importante en las décadas del ’50 y ’60.

Décadas después, como uno de los fundamentos de su Cuarta Doctrina Política, Alekxandr Dugin, se basó en los valiosos antecedentes de la Tercera Posición. Y fue ese filósofo el principal intelectual cuyas elucubraciones fueron base del accionar que evitó el desguace de Rusia en la era post Unión Soviética; en un complejo proceso que, entre otros cambios profundos, pasó del anti-teísmo dogmático de la URSS, al renacer de la Iglesia Ortodoxa como uno de los pilares del nacionalismo ruso. Tuve el gusto de escuchar a Dugin, en una disertación en Buenos Aires, hace algunos años.

No son temas menores considerar que la población argentina, entre sus múltiples incorporaciones migratorias, recibió a importantes contingentes de sirios y libaneses, que ingresaron con pasaportes turcos; y también mucha población de orígenes judíos, la mayoría proveniente de naciones eslavas; todos ellos positivamente integrados al mosaico de orígenes de nuestra población.

Como dato tal vez poco conocido, al término de la Segunda Guerra Mundial, Argentina recibió fraternalmente a un barco repleto de inmigrantes de orígenes hebreos, que se integraron a nuestra población. Otros países se habrían negado a recibir a esos migrantes, posiblemente por los costos económicos que esa solidaria acción representaba.

Volviendo al eje del tema, la altiva neutralidad de Argentina fue parte del accionar pacifista mundial, para intentar la paz en el conflictivo Medio Oriente.

Pero después, el neoliberal (y por ende apátrida) menemato, pisoteando nuestra neutralidad, nos involucró absurdamente en la agresión contra Iraq, comandada por la OTAN.

Vendrían después las explosiones con dolorosos saldos de víctimas, en la embajada de Israel y en la AMIA, cuyos reales perpetradores tal vez nunca se terminen de definir con contundentes pruebas. Parecería que las “pruebas” que involucrarían a Irán en esos atentados, están “algo flojas de papeles”, y no se termina de entender que rédito real podría haber buscado la nación persa en esos hechos.

Actualmente, el accionar genuflexo del gobierno libertario hacia las potencias de la OTAN y sus aliados; con el presidente que no da muestras de mantener la necesaria mesura y equilibrio de conducta que su alta investidura debería imponer, pretende involucrarnos en la guerra en curso “in crescendo” en Medio Oriente, en la cual no tenemos nada que ver ni nada que ganar -y mucho para perder- con esa impostada agresividad, que más bien parece una actitud de desquiciados totales, de un gobierno que evidencia odio y desprecio hacia el propio pueblo; y un enfermizo accionar destructivo de nuestra patria.

El propio presidente, en una entrevista televisada, expresó con exaltada fruición, que es el topo (infiltrado), que vino a destruir al Estado Argentino. Cabe enfatizar que SIN ESTADO NO HAY NACIÓN, Y SIN NACIÓN NO HAY PATRIA.

Entre tantas aberraciones que libertarios y secuaces perpetran día a día, algo tan grave como esa insólita confesión de las apátridas intenciones destructivas del Ser Nacional, pasó casi desapercibida.

Claramente, de mínima, buscan involucionarnos al perimido e inviable país – colonia, de estructura semi feudal, que éramos a fines del siglo XIX; pero de máxima, pretenden implosionarnos para hacer desaparecer a la República Argentina. 

Y repitiendo el infame accionar que se pretendió imponer en la crisis terminal de 2001-2002, el establishment antinacional evidencia buscar forzar el canje de deuda por territorio, amenazando especialmente a nuestra querida Patagonia Argentina.

¡Que Dios nos proteja y nos de fuerza y coraje para evitar tan malvados y aberrantes objetivos anti argentinos!

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El parásito que no mata: por qué la reforma del seguro enfrenta el mismo problema que mató a la LRT

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Hay una frase que escuché hace años, en una conversación que no olvidé. Me la dijo un abogado litigante “de parte actora”, con larga trayectoria en juicios de daños laborales, en un momento de franqueza que probablemente no calculó bien, creyéndola un puente de entendimiento. Yo llevaba varios años como abogado de una de las empresas más grandes del sector forestal del NEA, y la frase describía exactamente lo que vivíamos del otro lado del mostrador, ya que ese abogado no paraba de conseguir poderes de trabajadores del sector que alegaban haber tenido accidentes de trabajo en faenas forestales:

“Yo les hago juicios grandes pero acepto transar los casos en montos pagables. No me sirve matar a la empresa sino seguir litigando, sin generar que deban reaccionar y tratar de destruirme.”

No lo dijo como confesión. Lo dijo como descripción de una estrategia racional. Y si bien me chocó y me irritó en su momento, el abogado tenía razón: era exactamente eso. Una estrategia racional, sostenida en el tiempo, que no requería coordinación con nadie porque el sistema de incentivos la producía de manera espontánea.

Tardé años en tener el marco teórico para entender por qué esa frase era tan importante. Ahora lo tengo.

Primer concepto: el parásito óptimo

La biología evolutiva distingue entre parásitos letales y parásitos óptimos. Un parásito que mata a su huésped demasiado rápido se extingue junto con él. El parásito que sobrevive es el que aprende a calibrar la extracción: tomar lo suficiente para prosperar, dejar lo suficiente para que el huésped siga funcionando.

La tenia, el toxoplasma, el parásito de la malaria: todos exhiben, en grados distintos, ese equilibrio entre extracción y preservación del huésped. No porque tengan conciencia de hacerlo, sino porque la selección natural eliminó a los linajes que exageraban y conservó a los que calibraban bien.

El abogado que me habló aquel día no era una tenia. Era un profesional inteligente que había aprendido, mediante experiencia acumulada, a calibrar exactamente lo mismo: extraer sin destruir. No por altruismo hacia la empresa, sino porque la empresa muerta no genera más juicios.

Eso es lo que la teoría de juegos evolutiva llama una Estrategia Evolutivamente Estable, o ESS por sus siglas en inglés. Un equilibrio en el cual ningún actor tiene incentivo de cambiar su conducta unilateralmente. El litigante no tiene incentivo de pedir más porque podría activar una respuesta defensiva costosa. La empresa no tiene incentivo de pelear hasta el final porque el costo esperado del juicio completo supera el costo de la transacción. El sistema se estabiliza en un punto que no es óptimo para nadie en particular pero que nadie puede mejorar actuando solo.

Cuando los proyectos de ley hablan de “industria del juicio” o de “caranchaje jurídico”, están describiendo este fenómeno con lenguaje moral. El problema del lenguaje moral es que sugiere que la solución es de orden ético: habría que convencer a los abogados de no ser caranchos. Pero los equilibrios evolutivamente estables no se disuelven con apelaciones éticas. Se disuelven cuando cambian los incentivos que los sostienen.

Segundo concepto: el dique y la presión evolutiva

En 1995, el gobierno argentino sancionó la Ley de Riesgos del Trabajo con una arquitectura conceptual que parecía sólida: crear un sistema de cobertura de accidentes de trabajo gestionado por aseguradoras privadas, con prestaciones tarifadas y, crucialmente, con la vía de la acción civil vedada para el trabajador accidentado. El artículo 39 de esa ley decía, en sustancia: si sufriste un accidente de trabajo, tenés el sistema de las ART y nada más, salvo que el empleador haya actuado con dolo.

La lógica era la de la seguridad jurídica: costos predecibles, litigiosidad controlada, primas calculables. Las empresas, incluyendo las del sector forestal, internalizaron esa promesa. Contrataron sus ART, estructuraron su gestión de riesgos sobre la promesa del tope y, en muchos casos, relajaron inversión en prevención porque el costo marginal de un accidente quedaba acotado por el sistema.

Había un problema. El artículo 39 LRT intentaba construir un dique contra una corriente que ya existía en el sistema jurídico argentino desde 1968.

En ese año, la reforma de la Ley 17.711 al Código Civil de Vélez Sarsfield había introducido algo muy importante en el artículo 1113: la responsabilidad objetiva por riesgo o vicio de la cosa. Quien era dueño o guardián de una cosa riesgosa respondía por los daños que causara, sin necesidad de que la víctima probara culpa. Bastaba acreditar el daño y la relación causal con la actividad riesgosa.

Ese artículo estaba vigente en 1995. Y producía una asimetría que haría insostenible al artículo 39 LRT desde el primer día de su vigencia.

Pensemos en una faena forestal: motosierras, tractores forestales, carga de rollos, trabajo en altura entre árboles. El visitante ocasional que sufre un accidente en esa faena tiene abierta la vía del artículo 1113 de Vélez sin ninguna restricción: la actividad es riesgosa, el daño existió, la relación causal es clara. El trabajador que opera en esa misma faena durante ocho horas diarias, expuesto permanente y profesionalmente al mismo riesgo, tenía vedada esa vía por el artículo 39 LRT.

Cuanto mayor la exposición al riesgo, menor el derecho a la reparación integral. Esa ecuación viola el principio de igualdad ante la ley de una manera tan visible que resulta llamativo que el sistema haya sobrevivido nueve años.

Sobrevivió por inercia y por conveniencia de muchos actores, no porque fuera jurídicamente sostenible.

Tercer concepto: por qué el colapso era inevitable

En la teoría del derecho como fenotipo extendido, que es el marco que vengo desarrollando en los últimos años, las normas jurídicas son tratadas como replicadores culturales que compiten por sobrevivir en un ambiente institucional. Un replicador sobrevive si tiene mayor “fitness” que sus competidores en ese ambiente. Y el fitness de una norma depende, entre otras cosas, de su compatibilidad con el sustrato constitucional que la rodea.

El artículo 39 LRT era un meme normativo en conflicto de fitness con al menos tres elementos del sustrato jurídico argentino:

El primero era el artículo 1113 de Vélez, que desde 1968 había establecido la responsabilidad objetiva por riesgo como principio general del derecho de daños.

El segundo era el artículo 19 de la Constitución Nacional, del cual la Corte Suprema derivó históricamente el principio alterum non laedere: nadie puede causar un daño a otro sin repararlo integralmente.

El tercero, más reciente, era el artículo 75 inciso 22 de la Constitución incorporado en 1994, que dio jerarquía constitucional a los tratados internacionales de derechos humanos. Varios de esos tratados protegen el derecho a la reparación integral de daños de manera explícita.

Tres corrientes simultáneas empujando contra un solo dique. La pregunta no era si colapsaría sino cuándo.

El fallo Aquino de la Corte Suprema, dictado el 21 de septiembre de 2004, declaró inconstitucional el artículo 39 LRT en cuanto vedaba la acción civil del trabajador accidentado. El voto de la mayoría fue construido exactamente sobre esas tres corrientes. La Corte no innovó: reconoció una incompatibilidad estructural que existía desde el primer día de vigencia de la LRT.

Lo que siguió es la historia que muchos abogados del sector conocen bien. La apertura de la vía civil para accidentes de trabajo, combinada con la posibilidad que la jurisprudencia posterior fue reconociendo de acumular la prestación ART con la indemnización civil, convirtió cada accidente de trabajo en un objeto de litigación con valor económico significativo para todos los actores del proceso. Excepto, frecuentemente, para quien lo había sufrido.

El ecosistema de litigiosidad que la LRT pretendía evitar emergió con mayor vigor que el anterior, porque ahora operaba sin el techo que el artículo 39 hubiera impuesto y con el capital humano especializado que el sistema ART había contribuido a desarrollar.

El segundo marco: lo que cambió con el CCyCN

Hasta aquí, el análisis corresponde al período 1995-2015, cuando regía el Código de Vélez reformado. Hay que distinguir ese marco del que rige hoy.

El Código Civil y Comercial de la Nación, vigente desde agosto de 2015, no creó la responsabilidad objetiva por actividad riesgosa: la heredó de Vélez y la sistematizó con mayor precisión técnica. Los artículos 1757 y 1758 establecen que toda persona responde por el daño causado por actividades que sean riesgosas o peligrosas por su naturaleza, por los medios empleados o por las circunstancias de su realización. Ya no solo las cosas riesgosas: las actividades riesgosas en sentido amplio.

Esa extensión tiene consecuencias directas para el análisis del sistema asegurador. La gestión de siniestros que se demora sistemáticamente, el diseño de coberturas con exclusiones que el asegurado no pudo conocer razonablemente, la intermediación que crea expectativas que la póliza no cumple: todas estas actividades pueden encuadrar en la categoría de actividad riesgosa bajo el CCyCN con mayor facilidad que bajo el texto de Vélez.

Lo que esto significa para el Proyecto Benedit y para cualquier reforma del sistema asegurador es concreto: el marco de referencia actual es más exigente que el que produjo el colapso de la LRT. Si el artículo 1113 de Vélez ya era suficiente para hacer insostenible el dique del artículo 39, los artículos 1757 y 1758 del CCyCN ofrecen un sustrato aún más robusto para cualquier reclamación de reparación integral que el nuevo régimen asegurador intentara limitar sin respaldo constitucional propio.

Lo que la reforma necesita entender

El Proyecto Benedit diagnostica correctamente la obsolescencia de las tres leyes. Describe con precisión el fenómeno de la litigiosidad parasitaria. Pero el análisis que antecede sugiere que el problema no se resuelve cambiando los textos normativos sin modificar la arquitectura de incentivos que produce los equilibrios que se quieren eliminar.

La litigiosidad en seguros no es un defecto de redacción de la Ley 17.418. Es un equilibrio evolutivamente estable que opera con la lógica que describió aquel abogado: extracción calibrada para no destruir al huésped. Ese equilibrio sobrevivirá a la reforma del texto legal si la reforma no altera las variables que lo sostienen: el régimen de tasas de interés judicial, el modelo de honorarios proporcionales al monto del juicio, la ausencia de mecanismos extrajudiciales con enforcement (fuerza normativa) real y el costo relativo de conciliar versus litigar.

La historia de la LRT es la historia de un dique construido sin análisis de la presión que debía contener. El resultado fue nueve años de ilusión de estabilidad, de malas decisiones confiando en un sistema sin bases para ser sostenible y un colapso que generó exactamente el ecosistema que se quería evitar, pero amplificado.

Una reforma del sistema asegurador que incorpore ese aprendizaje, que mapee los equilibrios que pretende desplazar antes de cambiar los textos, y que diseñe mecanismos que alteren los incentivos reales y no solo las reglas formales, tiene posibilidades genuinas de producir un sistema diferente.

Una reforma que repita el error de 1995, prometiendo estabilidad sin analizar la presión evolutiva que la rodea, producirá en algún momento su propio Aquino.

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8M: cuando el reconocimiento no alcanza

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Cada 8 de marzo el mundo vuelve a hablar del liderazgo de las mujeres.

Se organizan actos, se escriben mensajes, se multiplican los gestos de reconocimiento. Y está bien que así sea. Durante siglos la voz de las mujeres estuvo ausente de muchos espacios de decisión y de poder. Recordarlo no es un ejercicio simbólico: es, sobre todo, un acto de justicia histórica.

Pero quienes hoy habitamos espacios de responsabilidad pública sabemos que el desafío no termina en la visibilidad.

El liderazgo femenino en la política sigue atravesando tensiones silenciosas. Muchas veces se celebra la presencia de mujeres en lugares de decisión, pero todavía cuesta aceptar plenamente su autoridad, su palabra y su capacidad de conducir.

En los discursos se habla de igualdad.
En la práctica, todavía hay inercias que pesan.

Las mujeres que participamos en política conocemos bien esa sensación: la de tener que demostrar más. La de sostener, muchas veces al mismo tiempo, responsabilidades institucionales, familiares y comunitarias, sin que ese esfuerzo cotidiano aparezca en ninguna estadística.

También conocemos otra dimensión menos visible: la tarea de sostener equipos, cuidar vínculos, ordenar tensiones y seguir adelante incluso cuando el cansancio se acumula.

Por eso el 8M no debería ser solo un día de reconocimiento.
Debería ser también un día de sinceridad.

Un día para decir que todavía queda camino por recorrer.
Un día para preguntarnos cómo construimos instituciones donde el liderazgo femenino no sea una excepción celebrada, sino una presencia natural.

Y también un día para reconocer algo que muchas veces queda fuera de los discursos: la fortaleza silenciosa de tantas mujeres que sostienen proyectos, comunidades y políticas públicas incluso cuando las condiciones no son fáciles.

Porque detrás de cada mujer que ocupa un lugar de responsabilidad hay casi siempre una historia de perseverancia.

De trabajo.

De convicción.

Tal vez por eso la pregunta sigue resonando con fuerza en este tiempo:
¿quién cuida a quienes cuidan? ¿quién sostiene a quienes sostienen?

El desafío del presente no es solo abrir puertas para las mujeres.

Es construir una cultura política donde su liderazgo sea plenamente reconocido, acompañado y respetado.

Ese es, quizás, uno de los verdaderos sentidos del 8 de marzo.

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Juegos de guerra

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Lo que pasó, Negro, es que es más difícil de lo que vos creés“. El ministro de Economía, Luis Caputo se justificó ante los empresarios reunidos en Córdoba, convocados por la Fundación Mediterránea. El reincidente intentaba explicar porqué, pese a los éxitos declamados, el riesgo país no cede y la Argentina sigue siendo sumamente frágil ante cualquier estornudo externo, como la guerra que acaba de estallar por el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán. El auditorio se mostró comprensivo, pero lo cierto es que los datos no acompañan el optimismo de Caputo, quien prometió “un gran 2026” con inversiones nunca vistas que “van a generar cientos de miles de puestos de trabajo”.

“Ya hay inversiones aprobadas por 26.000 millones de dólares que son una muestra de confianza sobre lo que está pasando en Argentina”, deslizó. Después, en Mendoza, contó que hay otros 42.000 millones adicionales a aprobar mediante el RIGI. Sin embargo, esas inversiones por venir, se concentran en la minería y el petróleo, cuando el resto de la economía se derrumba sin encontrar el fondo del pozo. La industria argentina se convirtió en la segunda en el ámbito mundial, con mayor caída, con 7,9 por ciento en los últimos dos años, apenas por debajo de Hungría, que fue afectada por la guerra de Ucrania y una crisis energética. 

Caputo, en cambio, cree que la guerra en Irán jugará a favor de Argentina por la demanda eventual de petróleo, que hay en abundancia en Vaca Muerta. Puede ser. En el mediano plazo. En el corto, la guerra ya impacta en el valor del crudo y eso puede trasladarse al precio de los combustibles que podrían registrar aumentos superiores al 10% en los surtidores. Las naftas ya aumentaron 268,9% desde que asumió el gobierno libertario. 

Lejos del optimismo petrolero, Misiones ya siente los efectos de la guerra. La escalada obligó a paralizar cargamentos de yerba mate con destino a Siria. La naviera MSC -Mediterranean Shipping Company-, una de las principales operadoras del transporte marítimo mundial y una de las que opera en el puerto de Posadas, suspendió reservas de carga con destino a la región y aplicó recargos extraordinarios por combustible y riesgo de guerra.

La medida responde al deterioro de la seguridad en rutas marítimas estratégicas como el Estrecho de Ormuz y Bab el-Mandeb, corredores clave para el tráfico internacional entre Asia, Europa y Medio Oriente. Los recargos de emergencia por combustible (Emergency Fuel Surcharge) y por riesgo de guerra, están vigentes para reservas confirmadas desde el 3 de marzo. Estos cargos pueden alcanzar hasta 2.000 dólares por contenedor de 20 pies y 3.000 dólares para contenedores de 40 pies, lo que encarece de forma significativa el comercio exterior.

El impacto potencial para Argentina se concentra en un producto muy específico: la yerba mate. Siria es históricamente el principal importador mundial, con una demanda sostenida que absorbe buena parte de las exportaciones argentinas destinadas a Medio Oriente. La paralización de reservas y las restricciones logísticas amenazan con interrumpir temporalmente los embarques hacia ese mercado, uno de los pilares del negocio exportador del sector. Están en juego más de 20 millones de kilos, de los cuáles, buena parte sale de Misiones. 

La guerra, entonces, en la que Argentina tomó partido por “el lado correcto”, se suma a los problemas que ya arrastra la industria. La exportación de té cayó 18,1 por ciento en el último año y suma un alerta a las economías regionales, que tienen a la yerba en rojo desde hace tiempo.  Desde el sector industrial advierten que el escenario puede agravarse si no se corrigen los costos internos.

Renso Klimiuk, empresario tealero y yerbatero, sostuvo que la caída de las exportaciones responde en gran medida al fuerte encarecimiento de los costos en dólares. “Hoy producir en Argentina se volvió extremadamente caro. El costo de la energía se triplicó y los combustibles aumentaron 300 por ciento. Es una locura el nivel de incremento de los costos que tuvimos”, afirmó.

Según explicó, la baja del dólar mayorista frente al aumento de los costos genera un escenario crítico para la competitividad internacional. “Se armó el combo perfecto: los costos en dólares suben y el tipo de cambio baja. Así se pierden mercados porque no podemos competir con los grandes países productores”, advirtió. El empresario anticipó un panorama complejo para el sector: “Si no cambia algo, este año va a ser peor”. “Los números van a ser más bajos“, coincidió otra empresaria del sector.

La industria tealera pidió a Caputo la vuelta de un “dólar exportador” para fortalecer las exportaciones, pero así como ante las súplicas de los productores de yerba, las respuestas de Nación han sido nulas. 

Lejos de atender las demandas de las economías regionales, el ministro de Economía insiste en que el modelo no se toca: “La forma de ganar competitividad es bajando impuestos, bajando regulaciones…”, sentenció.

El ministro evalúa los resultados de su segunda gestión como un éxito. “Se logró hacer todo esto con la economía también creciendo y logrando sacar a más de 11 millones de argentinos de la pobreza, esto es algo que nos debíamos todos como país y todavía hay un largo camino por recorrer”, afirmó. 

Más allá de lo inverosímil del relato, llama la atención que el ministro no se ponga de acuerdo con el Presidente a la hora de hablar de la pobreza: Milei dice que son 15 millones los argentinos que salieron de la pobreza, a razón de un millón por mes, según sus últimos discursos. 

Difícil de sostener el argumento de la baja de la pobreza en medio del derrumbe económico, más de 300 mil puestos de trabajo perdidos y una inflación que lejos está de ser contenida. Un análisis de los registros laborales oficiales muestra que solo dos provincias lograron aumentar el empleo asalariado privado registrado desde la asunción de Milei. Se trata de Neuquén y Río Negro, impulsadas por el dinamismo de la formación hidrocarburífera Vaca Muerta, mientras que las otras 22 jurisdicciones del país registraron caídas.

La inconsistencia es enorme, pero poco se cuestiona, porque hacerlo obliga a exponerse a la verborragia presidencial, como ocurrió durante la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. Por momentos en tono vulgar, el Presidente dedicó su mensaje a disparar contra la oposición, particularmente el kirchnerismo y la izquierda, espacios que al mismo tiempo considera un riesgo latente y cadáveres políticos. 

El Presidente está convencido de que va camino a la reelección -su discurso del domingo pareció ser el lanzamiento de campaña-, justamente por la escasa capacidad de reacción de la oposición. El peronismo no logra salir de su interna adolescente y su poder de fuego se limita a Buenos Aires, donde Axel Kicillof debe lidiar con los caprichos del camporismo residual. 

Sin oposición real, Milei tiene allanado el camino, aún cuando los resultados de su gestión sean escasos. Ese escenario le permite darse lujos de “elegir” el lado correcto y exponer a la Argentina a una contienda innecesaria y lejana. 

Su alineamiento con Donald Trump es entusiasta y acrítico. Simplemente celebra acompañarlo. Este sábado fue partenaire de la Cumbre “Escudo de las Américas”, una especie de Consenso de Washington pero de la seguridad: el mandato de Trump es que los Ejércitos podrán intervenir en la lucha contra el narcotráfico y otros delitos. Todo bajo la supervisión de Estados Unidos. La ley argentina prohíbe expresamente la intervención militar en la seguridad interior. Nimiedades. 

“I’m not going to learn your damn language. I don’t have time” (“No voy a aprender su maldito idioma. No tengo tiempo”), dijo Trump para dejar claro quien impone las condiciones. El alineado auditorio de presidentes latinos celebró el “chiste”.

La iniciativa, presentada en el complejo Trump National Doral, implica el uso de fuerza letal y protocolos inéditos de cooperación en materia de defensa, según informó el mandatario norteamericano durante su discurso. Contra el narcotráfico y… contra China. 

La llamada Carta de Doral formaliza la estructura del bloque, que integran países como Argentina, El Salvador, Ecuador, Paraguay, Chile, Costa Rica, Panamá, Honduras, República Dominicana, Bolivia y Trinidad y Tobago. El acuerdo destaca la presencia de mandatarios alineados con la doctrina “América Primero”. Entre los firmantes figuran Milei, Nayib Bukele (El Salvador), Daniel Noboa (Ecuador), Santiago Peña (Paraguay) y José Antonio Kast, presidente electo de Chile. El final del acto, con Trump regalando lapiceras a los presidentes, es digno de una comedia. Control vs Kaos.

Lejos de las mieles palaciegas, la realidad argentina es menos rutilante. La industria no para de caer, la construcción no levanta y el consumo está planchado desde hace meses. Los gobernadores no hallan respuestas en el Gobierno nacional y la caída de coparticipación asfixia a las provincias. Misiones conserva músculo para poder sostener la gestión, aunque cada peso exige un esfuerzo de distribución. 

Por primera vez en más de dos décadas, la Provincia tomó un crédito internacional para poder concretar inversiones en infraestructura energética, largamente negociadas con la Nación -desde gestiones anteriores- y sin respuestas de la Nación.

El gobernador Hugo Passalacqua logró destrabar un crédito de 75 millones de dólares con la Corporación Andina de Fomento que servirá para concretar la extensión de la línea de 132 Kv desde San Isidro, hasta Alem y Oberá. Son 180 kilómetros de una “autopista” energética, como definió Matías Sebely, intendente de una de las ciudades beneficiadas. Las obras se pondrán en marcha a la brevedad.

También en breve se anunciarán obras en rutas provinciales, con financiamiento propio y se gestiona otro crédito internacional, con el Banco Interamericano de Desarrollo, para obras la ruta nacional 14 y accesos a distintas ciudades.

El panorama es claro: de la Nación no podrá esperarse más recursos para obras o infraestructura. A arreglarse con lo que hay. Por eso la premisa de Passalacqua es gestión y gestión. La exigencia a los ministros es constante, aunque algunos pueden exhibir más resultados que otros.

El plan de ajuste sigue en camino y en el día a día, una gestión de cercanía y servicios, aunque sean mínimos. Mirar mejor, entrega de títulos, pequeños respaldos a la microeconomía son herramientas clave contra la escasez.

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La situación laboral de las mujeres en Misiones: entre el deterioro reciente y una mejor posición regional

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En ocasión del 8 de marzo, jornada en la que se conmemora el Día Internacional de la Mujer, resulta oportuno observar cómo ha evolucionado la situación de las mujeres en el mercado de trabajo de Misiones en los últimos años, especialmente considerando los distintos episodios de crisis económica que atravesó el país en el período reciente. 

Los ciclos de inestabilidad macroeconómica suelen tener impactos diferenciados en el empleo según género, y en ese contexto analizar la dinámica laboral femenina permite dimensionar con mayor claridad los desafíos estructurales que persisten en materia de inserción laboral, participación económica y acceso al empleo.

Para ello, se toman los datos de la EPH Urbano de INDEC para Misiones, correspondientes a los años 2023, 2024 y 2025. La primera conclusión es evidente: existe un claro deterioro en la situación laboral de las mujeres. Si bien el mercado laboral en su conjunto presenta señales de fragilidad, en las mujeres los datos muestran una combinación de tres rasgos preocupantes: menor participación relativa en la actividad económica, crecimiento del desempleo y expansión sostenida de la inactividad. 

Esta combinación configura un escenario en el que las mujeres no solo enfrentan mayores dificultades para acceder al empleo, sino también mayores probabilidades de quedar fuera del mercado laboral.

En primer lugar, la participación de las mujeres en el mercado de trabajo continúa siendo considerablemente menor que la de los varones. En 2023 la población femenina económicamente activa en Misiones alcanzaba las 210.110 personas, lo que representaba el 40,7% del total de mujeres de la provincia. Sin embargo, en 2024 se produjo una caída significativa hasta 200.917 mujeres activas (38,4%), lo que implicó una retracción de más de dos puntos porcentuales en la tasa de actividad. Aunque en 2025 se observa una leve recuperación hasta 208.110 mujeres activas (39,2%), el nivel todavía permanece por debajo del registrado en 2023 (-1,5 puntos porcentuales), con dos mil mujeres menos en la población activa.  

Esta dinámica contrasta con la situación masculina. Los varones muestran niveles de actividad significativamente superiores: 54,5% en 2023, 53,0% en 2024 y 53,7% en 2025. Si bien también tuvieron caídas, fueron menores en términos relativos: -0,8 puntos de tasa de actividad. Así, la brecha de participación entre hombres y mujeres se amplió del 13,8% en 2023 a 14,6% en 2025.

El deterioro se vuelve aún más evidente al analizar la evolución del empleo. En 2023 la cantidad de mujeres ocupadas en Misiones ascendía a 200.922, equivalente a una tasa de empleo del 38,9%. En 2024 este número cayó a 192.289 (36,7% de tasa), lo que implicó una pérdida de más de 8.600 puestos ocupados entre las mujeres. En 2025 se registra una leve recuperación hasta 194.499 ocupadas (+2.210 en el último año), pero la tasa de empleo continúa reduciéndose en términos relativos: marca 36,6%. Es decir, incluso cuando el número absoluto de mujeres con empleo mejora ligeramente respecto al año anterior, la tasa sigue disminuyendo.

Este fenómeno refleja un proceso de debilitamiento del empleo femenino en el período reciente. La tasa de empleo cae en 2,3 puntos porcentuales entre 2023 y 2025, lo que indica que el crecimiento demográfico o el aumento de la población femenina no está siendo acompañado por una expansión proporcional del empleo. En otras palabras, el mercado laboral no está generando suficientes oportunidades laborales para absorber a la población femenina en edad de trabajar.

El indicador más alarmante aparece en la evolución de la desocupación femenina. En 2023 la provincia registraba 9.188 mujeres desocupadas, equivalentes a una tasa de desocupación del 4,4% en mujeres. En 2024 cayó levemente al 4,3% (por menos actividad), pero en 2025 se produjo un salto significativo: la cantidad de mujeres desocupadas asciende a 13.611, lo que eleva la tasa al 6,5%. Esto implica un aumento de más de dos puntos porcentuales en apenas un año. 

Cabe repasar brevemente este problema: entre 2023 y 2025, la población activa cayó en 1,5 puntos (-2 mil personas), la ocupada cayó en 2,3 puntos (-6.423 mujeres) y la población femenina desocupada creció en 2,2 puntos (+4.423 mujeres desocupadas).

La comparación con los varones vuelve a poner en evidencia que las mujeres, en procesos de crisis, sufren más los problemas en el mercado laboral. En 2025 la tasa de desempleo masculina alcanzó el 3,5%, prácticamente la mitad de la registrada entre las mujeres (6,5%). Aunque el desempleo masculino también muestra un aumento respecto a años previos, la magnitud del problema es claramente menor. Esto revela que las mujeres enfrentan mayores barreras de acceso al empleo, tanto en términos de oportunidades disponibles como de condiciones de inserción.

Otro elemento central del deterioro laboral femenino es el crecimiento sostenido de la inactividad de mujeres en edad de trabajar. En 2023 había 231.313 mujeres inactivas (44,8%) en Misiones y en 2025 se alcanzó las 247.089 mujeres (46,5%). En apenas dos años, la cantidad de mujeres fuera del mercado laboral creció en más de 15.000 personas. Este aumento de la inactividad es un fenómeno particularmente relevante porque refleja un proceso de expulsión o desincentivo hacia la participación laboral. Muchas mujeres dejan de buscar trabajo por falta de oportunidades, por dificultades para conciliar empleo y tareas de cuidado o por condiciones laborales precarias que no compensan los costos asociados a la inserción laboral. En contextos de debilidad económica, estas dinámicas tienden a profundizarse, reforzando la desigualdad de género en el acceso al empleo.

En paralelo, la población total femenina en la provincia continúa creciendo. En 2023 Misiones contaba con 516.753 mujeres; en 2024 la cifra ascendió a 523.880 y en 2025 alcanzó las 531.230. Este aumento poblacional implica que el mercado laboral debería generar cada vez más puestos de trabajo para sostener los niveles de empleo. Sin embargo, los datos muestran que la creación de empleo femenino no acompaña este crecimiento, lo que contribuye al aumento relativo de la inactividad y del desempleo.

La combinación de menor actividad, menor ocupación relativa y mayor desempleo configura un escenario de deterioro estructural del mercado laboral femenino en la provincia. Mientras los varones mantienen tasas de participación superiores al 53% y niveles de desempleo relativamente bajos, las mujeres enfrentan mayores dificultades para ingresar al mercado laboral y, una vez dentro, mayores probabilidades de quedar desempleadas.

En términos socioeconómicos, esta situación tiene implicancias profundas. La menor inserción laboral femenina limita la autonomía económica de las mujeres, reduce los ingresos de los hogares y restringe el potencial de crecimiento de la economía provincial. Diversos estudios muestran que una mayor participación femenina en el mercado laboral contribuye a aumentar el producto, mejorar la distribución del ingreso y fortalecer la resiliencia económica de las familias. Por el contrario, mercados laborales con fuertes brechas de género tienden a reproducir desigualdades estructurales.

En el caso de Misiones, los datos recientes sugieren que el mercado laboral está atravesando una fase de mayor fragilidad que afecta especialmente a las mujeres. El salto del desempleo femenino al 6,5% en 2025, junto con el aumento sostenido de la inactividad, indica que el sistema productivo provincial está generando dificultades crecientes para integrar a la población femenina al empleo.

Aún en ese marco, Misiones sigue presentando un desempeño diferencial respecto al resto de la región del NEA. Si bien la inserción laboral de las mujeres continúa enfrentando múltiples desafíos estructurales, los indicadores comparados muestran que Misiones tiene mejores niveles de participación y empleo femenino que Chaco, Corrientes y Formosa. En primer lugar, la tasa de actividad femenina en Misiones alcanza el 39,2%, ubicándose claramente por encima del resto de las provincias del NEA. En Chaco este indicador se sitúa en 32,5%, en Corrientes en 31,8% y en Formosa en apenas 27,8%. La diferencia es significativa: Misiones presenta una participación femenina en el mercado de trabajo entre 6 y 11 puntos porcentuales mayor que sus pares regionales. Esto implica que, proporcionalmente, una mayor cantidad de mujeres en edad de trabajar participa activamente del mercado laboral, ya sea trabajando o buscando empleo.

Este mayor nivel de actividad refleja una estructura laboral relativamente más dinámica para las mujeres en la provincia. Mientras en otras jurisdicciones de la región la inactividad femenina continúa siendo muy elevada, en Misiones una proporción mayor de mujeres se encuentra integrada al circuito económico. En términos estructurales, esto sugiere una mayor incorporación femenina a la vida laboral, fenómeno que puede estar vinculado a características productivas específicas de la provincia, a una mayor presencia de actividades intensivas en empleo o a procesos sociolaborales que impulsan la participación económica de las mujeres.

Una tendencia similar se observa en la tasa de empleo. En Misiones el 36,6% de las mujeres se encuentra ocupada, lo que nuevamente posiciona a la provincia en el primer lugar dentro del NEA. Corrientes registra una tasa de empleo femenina de 30,5%, Chaco de 29,2% y Formosa de 26,7%. La brecha vuelve a ser significativa: la proporción de mujeres con empleo en Misiones supera en más de 6 puntos porcentuales a Corrientes, en más de 7 puntos a Chaco y en casi 10 puntos a Formosa. Este dato es particularmente relevante porque refleja la capacidad del mercado laboral para absorber la oferta de trabajo femenina. En otras palabras, no solo hay más mujeres participando en el mercado laboral en Misiones, sino que también una mayor proporción logra efectivamente acceder a un empleo. Esto refuerza la idea de que Misiones exhibe un mercado de trabajo relativamente más favorable para la inserción laboral de las mujeres en comparación con el resto del NEA.

Al observar la tasa de desocupación femenina, en Misiones este indicador alcanza el 6,5%, ubicándose por debajo de Chaco, donde la desocupación femenina asciende al 10,1%, pero por encima de Corrientes (4,3%) y Formosa (4,2%). Esto implica que, si bien Misiones presenta mejores niveles de participación y empleo, también registra una mayor proporción de mujeres que buscan trabajo y no logran conseguirlo en comparación con esas dos provincias. 

Esta aparente paradoja tiene una explicación vinculada justamente con la mayor participación laboral femenina. Cuando más mujeres deciden ingresar al mercado de trabajo, aumenta también la cantidad de personas que buscan empleo activamente, lo que puede elevar transitoriamente la tasa de desocupación. En contextos donde la participación es muy baja, como ocurre en otras provincias de la región, el desempleo puede aparecer artificialmente reducido porque muchas mujeres directamente permanecen fuera del mercado laboral.

Desde esta perspectiva, el desempeño de Misiones puede interpretarse como el resultado de un mercado laboral femenino más activo y dinámico. Una mayor proporción de mujeres participa de la economía y una mayor proporción logra emplearse, aunque también existe un segmento que enfrenta dificultades para insertarse laboralmente.

En síntesis, la comparación regional muestra que Misiones se destaca dentro del NEA por presentar los niveles más altos de actividad y empleo femenino, lo que indica una mayor integración de las mujeres al mercado laboral provincial. Aunque persisten desafíos importantes, particularmente en relación con el desempleo, los indicadores comparados sugieren que la provincia exhibe una estructura laboral relativamente más favorable para la participación económica de las mujeres que el resto de las jurisdicciones de la región.

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