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Glifosato: prohibir o regular, ese es el verdadero debate

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El glifosato mata. Los antibióticos, la aspirina y hasta la sal también pueden provocar daños graves e incluso la muerte cuando se utilizan o consumen de manera inadecuada o en cantidades excesivas.

La frase puede resultar provocadora, pero sirve para abrir un debate que Misiones necesita dar: ¿debemos discutir la prohibición absoluta del glifosato o debemos discutir cómo, dónde, cuánto y bajo qué condiciones se utilizan los productos fitosanitarios?.

Después de tres años de sancionada la Ley VIII N.º 103 de Promoción de la Producción de Bioinsumos, que establece en su artículo 7 la prohibición del uso del glifosato, considero que tenemos una oportunidad para debatir seriamente sobre esta política y, fundamentalmente, para sacarnos las caretas.

No se trata de defender a ultranza un producto ni de demonizarlo. Se trata de construir una posición consensuada entre el Estado, los profesionales, los productores, los trabajadores y la sociedad.

Es cierto que existen evidencias científicas sobre los riesgos asociados a determinados productos fitosanitarios y que se han detectado residuos de estas sustancias en personas, cursos de agua y alimentos. También es cierto que una utilización incorrecta puede generar consecuencias reales sobre la salud de los aplicadores, terceros y el ambiente.

Pero si realmente queremos abordar el problema, debemos analizar los distintos contextos productivos.

En Misiones, por ejemplo, existe una problemática histórica vinculada al uso de fitosanitarios en determinadas actividades, particularmente en el sector tabacalero, donde las condiciones de aplicación y exposición merecen especial atención.

El sector forestal presenta una realidad diferente. La provincia cuenta con aproximadamente 400.000 hectáreas de bosques cultivados, y una parte importante de esa superficie se encuentra bajo sistemas de certificación forestal, entre ellos PEFC/CERFOAR y FSC.

En este sector, la utilización de productos fitosanitarios se concentra principalmente durante los primeros tres o cuatro años desde la preparación del terreno para la plantación, dentro de ciclos de rotación que pueden extenderse aproximadamente entre 13 y 15 años. Es decir, que durante gran parte del crecimiento de los árboles no se realizan aplicaciones.

Esto no significa que el sector forestal esté exento de impactos ambientales ni que la certificación sea una garantía absoluta. Significa que existen protocolos, controles y criterios de manejo que permiten reducir y ordenar el uso de estos productos.

Además, el sector forestal es actualmente la actividad productiva de Misiones que ocupa la mayor superficie cultivada, por encima de la yerba mate. Por eso, cualquier decisión sobre el uso de fitosanitarios en nuestra provincia debe contemplar necesariamente su impacto sobre esta actividad, sobre el empleo y sobre la competitividad de las empresas y productores.

El glifosato, como muchos otros productos utilizados en la producción agropecuaria y forestal, es una herramienta. Utilizado correctamente puede contribuir a reducir determinados costos y facilitar labores productivas; utilizado incorrectamente puede generar impactos sobre los aplicadores, terceros y el ambiente.

Por eso, no se trata de hacer apología de su utilización. Tampoco de convertirlo en el responsable de todos los problemas ambientales. Se trata de reconocer que estamos frente a una herramienta tecnológica que debe estar sometida a reglas claras, capacitación, controles y responsabilidad.

También debemos discutir el origen y la historia de esta tecnología. El desarrollo de los herbicidas modernos estuvo fuertemente vinculado al crecimiento de grandes empresas multinacionales y a un modelo de producción agrícola que generó enormes transformaciones económicas y tecnológicas, pero que también recibió fuertes cuestionamientos por sus impactos ambientales, por la concentración empresarial y por sus efectos sobre la soberanía alimentaria y la diversidad genética de las semillas.

No debemos ignorar esa discusión. Pero tampoco debemos permitir que nos impida analizar con racionalidad la realidad concreta de Misiones.

Nuestra condición de provincia de frontera agrega otro elemento que no puede ser ignorado.

Cuando se prohíbe un producto que continúa siendo utilizado legalmente en países vecinos y existe una demanda productiva para utilizarlo, también debemos preguntarnos qué ocurre cuando la prohibición no está acompañada de controles efectivos.

El riesgo es que aparezca un mercado ilegal, sin trazabilidad, sin capacitación, sin control sobre las dosis, sin fiscalización sobre las aplicaciones y, especialmente, sin una correcta gestión de los envases vacíos.

Una política de prohibición que no pueda ser controlada puede terminar generando exactamente el efecto contrario al buscado: mayores riesgos ambientales y sanitarios.

Por eso, antes de tomar decisiones definitivas, necesitamos estudios serios e integrales. ¿Sabemos cuánto empleo podría verse afectado? ¿Cuánto aumentarían los costos de producción? ¿Qué impacto tendría sobre la competitividad de nuestras empresas y productores frente a Brasil, Paraguay y otros mercados? ¿Qué alternativas técnicas existen para cada cultivo? ¿Cuál sería el costo de reemplazar determinadas prácticas? ¿Y qué beneficios ambientales concretos obtendríamos?

Hasta el momento, el debate económico necesita mayor evidencia.

Muchos actores del sector productivo advierten que una prohibición absoluta podría generar aumentos significativos de los costos de producción y afectar la competitividad. Puede que algunas de estas advertencias sean exageradas y puede que otras sean reales.

La única manera responsable de saberlo es estudiarlo.

Prohibir o regular: ese es el verdadero debate.

Creo que debemos abandonar las posiciones extremas.

Misiones ya cuenta con un marco normativo que puede ser una herramienta fundamental para avanzar en este sentido: la Ley XVI N.º 144 de Productos Fitosanitarios y Domisanitarios, que establece mecanismos vinculados con la utilización responsable de estos productos, incluyendo la obligatoriedad de la receta y la intervención de profesionales, junto con la responsabilidad técnica.

El problema, entonces, no es solamente qué dice la ley, sino cómo hacemos para que la ley se cumpla efectivamente en todo el territorio provincial.

Para eso hacen falta recursos. Recursos humanos, técnicos, tecnológicos y económicos que permitan fiscalizar, capacitar, registrar aplicaciones, controlar la comercialización y verificar el cumplimiento de las recetas profesionales.

También es necesario fortalecer los organismos responsables del control y generar mecanismos de trazabilidad que permitan saber qué producto se utiliza, dónde, cuánto, quién lo prescribe y quién lo aplica.

Una política de regulación sin recursos para fiscalizar corre el riesgo de convertirse simplemente en una norma escrita.

Por eso, si realmente queremos proteger la salud y el ambiente, debemos fortalecer la aplicación de la Ley XVI N.º 144 y utilizar todas las herramientas disponibles antes de avanzar hacia prohibiciones que pueden resultar difíciles de controlar. Necesitamos una política provincial que involucre a profesionales especializados, productores, trabajadores, organismos técnicos y un verdadero organismo de contralor.

Una política que establezca:

  • receta agronómica obligatoria y efectiva;
  • intervención y responsabilidad de profesionales habilitados;
  • capacitación obligatoria para los aplicadores;
  • registro y trazabilidad de las aplicaciones;
  • protocolos claros de aplicación;
  • distancias y condiciones de seguridad;
  • correcta gestión de envases vacíos;
  • monitoreo de suelo y agua;
  • protección de las personas expuestas;
  • fortalecimiento presupuestario de los organismos de fiscalización;
  • controles efectivos en todo el territorio, especialmente en zonas rurales y de frontera;
  • y multas severas y ejemplares para quienes incumplan y provoquen daños a las personas
    o al ambiente.

Pero esta política no debería terminar ahí.

Promover alternativas, no solamente prohibir

La propia Ley VIII N.º 103 de Promoción de la Producción de Bioinsumos nos brinda una herramienta para avanzar en esa dirección. La norma no solamente establece un marco regulatorio para los bioinsumos, sino que plantea entre sus objetivos promover su desarrollo tecnológico, impulsar su utilización, mejorar la fertilidad del suelo, fortalecer el control biológico de plagas y enfermedades y fomentar técnicas vinculadas con sistemas de producción orgánica.

Por eso, en lugar de pensar únicamente en términos de prohibición, deberíamos poner en valor esa herramienta y darle los recursos necesarios para que pueda cumplir con sus objetivos.

Misiones puede avanzar hacia una producción con menor dependencia de productos sintéticos, pero esa transición debe estar acompañada por investigación, desarrollo tecnológico, capacitación, asistencia técnica, financiamiento e incentivos económicos para productores y empresas que adopten alternativas.

La producción de bioinsumos también puede convertirse en una oportunidad para generar conocimiento, empleo y agregado de valor dentro de nuestra propia provincia. Pero esa oportunidad debe construirse mirando hacia adelante y aprendiendo de las experiencias anteriores.

No podemos reemplazar un modelo de dependencia por otro.

Si vamos a promover los bioinsumos, debemos hacerlo generando las condiciones para que puedan surgir múltiples empresas, emprendimientos y desarrollos tecnológicos, con reglas claras, competencia y transparencia, independientemente de su origen o vinculación con el Estado.

El objetivo debe ser crear un verdadero mercado de bioinsumos, donde diferentes actores puedan investigar, producir, comercializar y competir en igualdad de condiciones. El Estado debe tener un rol fundamental, pero como promotor, regulador, fiscalizador y generador de conocimiento.

La producción orgánica requiere un esfuerzo adicional. Requiere más manejo, conocimiento, planificación y, muchas veces, mayores costos.

Si como sociedad queremos que ese modelo crezca, no alcanza con prohibir el producto opuesto: hay que incentivar la alternativa.

Podemos pensar en reducciones impositivas significativas para quienes produzcan bajo sistemas certificados, programas de asistencia técnica, financiamiento diferencial, promoción comercial y, fundamentalmente, políticas que ayuden a encontrar mercados dispuestos a pagar por productos diferenciados.

La transición hacia sistemas productivos más sustentables no debería construirse desde la prohibición, sino desde la promoción y la generación de alternativas viables.

En definitiva, no se trata de elegir entre glifosato u orgánico.

Se trata de construir una política productiva que permita reducir progresivamente la dependencia de los productos sintéticos, promover alternativas biológicas y orgánicas y, al mismo tiempo, garantizar que mientras determinadas herramientas continúen siendo necesarias, su utilización se realice bajo las condiciones más estrictas de seguridad, profesionalización y control.

Misiones no necesita una discusión basada en consignas.

Necesita ciencia, profesionales, productores, controles, incentivos y datos. Y, sobre todo, necesita una política que proteja la salud y el ambiente sin destruir la producción, el empleo y la competitividad de quienes trabajan y producen en nuestra
provincia. Ese debería ser el verdadero debate.

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Milei y la realidad que no encaja

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Hay un problema que Javier Milei parece no poder resolver con insultos, posteos, cadenas de retuits ni explicaciones económicas: la realidad insiste.

Insiste en los supermercados, en las tarjetas de crédito, en las familias que se endeudan para llegar a fin de mes. Insiste en las encuestas. Insiste incluso en las redes sociales, ese territorio donde el Presidente construyó buena parte de su identidad política y que ahora empieza a devolverle señales incómodas.

Según un informe de Ad Hoc, consultora especializada en comunicación política, las menciones al Presidente pasaron de 13 millones en febrero de 2025 a 3,7 millones en junio de 2026. La consultora habla de “fatiga digital”: el ecosistema libertario perdió capacidad para instalar conversaciones y disputar agenda.

Hasta ahí llega una de las fortalezas que hicieron posible al Milei político.

Pero el problema es bastante más profundo que una caída en las redes.

Porque Milei tiene una explicación para casi todo. Si la gente no percibe la recuperación, no es porque la recuperación no haya llegado a su vida cotidiana: es porque no sabe reconocerla. Si aumenta el endeudamiento, es un problema entre privados. Si un periodista publica información que contradice el relato oficial, el problema es el periodista.

La posibilidad de que sea su interpretación de la realidad la que necesite una revisión parece no formar parte de las alternativas.

Y quizás ahí esté la clave para entender este momento de su presidencia.

Porque Milei ya no presenta su rumbo solamente como una política económica. En el colegio ORT, una institución educativa de la comunidad judía, dejó ver hasta dónde llega su convicción. Allí presentó su nuevo libro y habló de capitalismo, judaísmo, cristianismo y propiedad privada como parte de una misma construcción moral. Dijo que sus valores son “no negociables” y que, aunque recibió presiones para modificar el rumbo y ser más “laxo”, no está dispuesto a hacerlo.

No es un detalle menor.

Cuando un programa económico se convierte en una cuestión moral y, además, adquiere una dimensión religiosa, discutir sus resultados deja de ser suficiente. Si el rumbo es presentado como expresión de valores superiores, cambiarlo puede dejar de parecer una corrección política para convertirse en una traición.

Y Milei fue todavía más lejos.

En su nuevo libro sostiene que Dios creó el capitalismo, que el liberalismo es la ideología del Creador y que el marxismo forma parte del mal. En el discurso presentado en ORT llegó a calificar a Karl Marx de satánico.

Ahí ya no estamos solamente frente a un Presidente defendiendo una política económica.

Estamos frente a un Presidente que parece haber convertido sus convicciones económicas en una misión.

Y cuando la política se transforma en misión, cambiar de rumbo puede parecer una traición.

El problema es que afuera de esa construcción hay un país que sigue pagando las cuentas.

Según los datos difundidos esta semana, 20,6 millones de argentinos tienen algún tipo de deuda y alrededor de seis millones directamente no pueden pagarla. La deuda de las familias alcanza los $74,2 billones.

No parece exactamente el escenario de prosperidad que Milei celebra.

Y acá aparece una de las contradicciones más interesantes de estos días. Jonatan Viale, uno de los periodistas más identificados con el universo libertario, tuvo que advertirle al Presidente que no puede ignorar a quienes no llegan a fin de mes.

Agustín Laje, desde el mismo universo ideológico, planteó que si la derecha no consigue mejorarle la vida a la gente, la izquierda vuelve.

La advertencia ya no viene solamente desde afuera.

Y la respuesta de Milei, según las versiones periodísticas, fue el enojo.

También se enojó con Marcelo Bonelli después de que el periodista publicara información sobre Luis Caputo y la decisión presidencial de no modificar el rumbo económico. Caputo salió a desmentir esa versión, mientras otra reconstrucción periodística sostuvo que Milei estaría dispuesto a perder las elecciones antes que cambiar lo que considera su rumbo.

Es una frase extraordinaria.

Porque supone que la elección puede perderse, pero la convicción no se toca.

Y entonces aparece una pregunta incómoda: ¿qué es exactamente eso que Milei llama “el plan”?

Porque más que una hoja de ruta económica capaz de corregirse frente a los resultados, parece tratarse de la traducción política de una concepción ideológica, teológica, dogmática del mundo.

Mientras tanto, hasta el territorio donde Milei alguna vez pareció invencible empieza a mostrar grietas.

Ad Hoc registró una caída del 70% en el impacto de las principales cuentas vinculadas al Presidente y sintetizó el momento con una frase demoledora: “Perdimos la discusión”.

La discusión que durante años el mileísmo había logrado imponer en las redes ya no parece funcionar como antes.

Y cuando el consenso espontáneo se debilita, aparecen episodios todavía más reveladores: el debut de Santiago Oría en la comunicación oficial quedó envuelto en una polémica por cuentas que difundían mensajes favorables al Gobierno y que, según LPO, mostraban indicios de una operación coordinada. Algunas de esas cuentas incluso parecían operar desde otros países.

El detalle casi cinematográfico fue que se les escapó un “Reply”.

La fábrica del consenso dejando la etiqueta puesta. 😂

Pero hay algo más grave que un ejército de bots mal configurado.

Milei empieza a pelearse con quienes muestran que el relato no alcanza.

Dedicó horas a atacar periodistas. Caputo habló de impulsar una ley para sancionar a quienes publiquen información que considere sin sustento. Y Milei respaldó la idea.

Primero se discute el dato. Después se descalifica al periodista. Y finalmente aparece la tentación de disciplinarlo.

La respuesta política a una realidad incómoda empieza a ser combatir a quienes la cuentan.

Pero la realidad no se deja bloquear en X.

También aparece en el Congreso.

Milei festejó la aprobación en Diputados de la reforma del Banco Central. Lo que no festejó fue que 133 diputados consiguieran reunir los votos para imponer una agenda que el oficialismo no quería, con una sesión prevista para el 9 de septiembre sobre endeudamiento familiar y discapacidad.

Milei celebra cuando consigue imponer su agenda.

La oposición empieza a demostrar que también puede imponerle la suya.

Y después están Lula y Chile.

Con Brasil, los insultos contra Lula terminaron deteriorando una relación estratégica. Con Chile, una referencia sobre Magallanes y el Pasaje de Drake provocó una reacción diplomática.

Son dos ejemplos distintos de una misma dificultad: la convicción presidencial también tiene consecuencias cuando sale de las fronteras de su propio relato.

Y quizás por eso resulte tan significativa la imagen del Presidente encerrado en Olivos, cada vez más aislado de funcionarios, aliados y hasta de quienes alguna vez formaron parte de su círculo de confianza.

No hace falta especular sobre su salud ni entrar en rumores personales.

Alcanza con mirar la política.

Milei se está quedando cada vez más solo dentro de una interpretación del mundo que cada vez más cosas vienen a contradecir.

La economía que él considera exitosa no alcanza para millones.

Los endeudados que él considera un problema privado aparecen como fenómeno social.

Las redes que alguna vez amplificaron su mensaje pierden potencia.

Sus propios aliados empiezan a advertirle.

El Congreso le disputa la agenda.

Los periodistas que publican información incómoda se convierten en enemigos.

Y hasta Caputo puede pronunciar una expresión que para Milei debería sonar como una blasfemia: “justicia social”.

Sí. Caputo.

El mismo espacio político que durante años convirtió en pecado hablar de “la plata de los jubilados” cuando Cristina utilizaba recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, ahora propone utilizar ese fondo para financiar créditos hipotecarios y lo presenta como “justicia social”.

La palabra maldita acaba de entrar por la puerta grande.

Y mientras tanto, Milei sigue sosteniendo que no hay nada que cambiar.

Quizás porque cambiar implicaría algo más que reconocer un error.

Implicaría aceptar que la realidad puede ser más poderosa que la teoría.

Y ese parece ser, justamente, el lugar donde Milei menos cómodo se siente.

Porque si el capitalismo fue creado por Dios, si el liberalismo pertenece al lado del bien y Marx al del mal, si sus valores son innegociables y su rumbo no se modifica aunque cueste una elección, entonces ya no estamos hablando solamente de economía.

Estamos hablando de fe.

Y la política no suele tener piedad con quienes confunden la fe con el gobierno.

Por eso la realidad sigue ahí.

No importa cuántos tuits se escriban, cuántos periodistas se insulten, cuántos enemigos se inventen o cuántos bots intenten repetir el mensaje.

La realidad insiste.

Y tarde o temprano, cobra.

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La macro es un desastre, la micro un genocidio

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Entre las muchas falsedades y tergiversaciones conceptuales, profusamente difundidas por el destructivamente serial gobierno libertario, es una muletilla usual enfatizar las supuestas diferencias acentuadas entre macro y micro economía, casi como si fueran contextos separados o profundamente desvinculados.

Apelan a ese truco pseudo económico, para eludir las abundantes y crecientes críticas que a diario provoca el desastroso plan económico en perpetración, que es copia calcada de los tres precedentes, caratulados como “los cuatro gobiernos M”; lo cual contestan Milei y el coro de Caputo y sus “libertos boys”, auto alabándose con supuestos “grandes logros ‘logrados’ ” (giro verbal en uso por el macrismo, aliado libertario) en la macro economía, en particular la supuesta baja de la inflación, y el muy mentiroso “equilibrio fiscal”. Pura “contabilidad fiscal creativa”, que los propios datos y dichos oficiales desmienten contundentemente.

Recordemos el concepto de “los cuatro gobiernos M”, que explicité en un artículo anterior: cuatro gobiernos apátridas neoliberales, destructivos del tejido socio económico argentino, a saber: Martínez De Hoz (con el sátrapa Videla), Menem, Macri, Milei.

Volviendo al tema, la economía nacional (o provincial), es básicamente una, e involucra aspectos generales (lo macro), y análisis puntuales o sectoriales, como por ejemplo evaluar el contexto de los consumidores o de algún sector parcial de la economía (lo micro) -como puede ser la industria–el sector tecnológico–la agricultura y ganadería-, etc.

La economía no es tan difícil como se la suele presentar. Los patriotas de FORJA, ya en los años ’40 del siglo XX, decían -palabras más o menos- “si le explican algo referente a Economía, y no lo entiende, significa que le están ocultando el tema”.

Mucha gente no entiende el vocabulario económico, ni puede repreguntar para simplificar la comprensión de lo que se explica con poca claridad. Y los periodistas “dóciles”, encarpetados o ensobrados, o acomodaticios, no hacen repreguntas ante las omisiones o falsedades expresadas por el propio presidente o sus colaboradores inmediatos.

Así sucede con el reiterado énfasis en afirmar, falsamente, que “la macro economía está bien”, lo cual por simple repetición, falta de reflexión y análisis coherente, pasa a ser creído y repetido, incluso por alguno que otro gobernador, que debería estar bien asesorado e informado y debidamente formado en lo elemental del tema económico.

Pero es tan grande el descalabro económico generalizado, que las burdas mentiras de la “contabilidad creativa” aplicada a la macroeconomía, nadie medianamente bien informado cree que “la macro economía está bien”.

Para medir la inflación, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) es el que debería mostrar el impacto de las subas de precios, en los bolsillos del ciudadano de a pie. Pero hace varios meses, el entonces director del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, Marco Lavagna, renunció expresando disconformidad por la negativa oficial de medir la inflación utilizando componentes de cálculo actualizados. O sea que las mediciones con bases de datos desactualizadas, dan resultados erróneos. La inflación real -según analistas objetivos- es mucho mayor que la calculada con la metodología ya anacrónica.

Cabe recordar que el impresentable ex Vocero Presidencial Manuel Adorni (el mismo presunto delincuente que no pudo justificar el descomunal nivel de gastos de su abrupto enriquecimiento desde que comenzó su deplorable gestión pública libertaria), con la hueca soberbia expositiva que lo caracterizó, anunció formalmente la grosera falsedad diciendo “la inflación es un tema técnicamente superado”; una más de las tantas mentiras de libertarios y sus secuaces.

Aun con la metodología anacrónica y por tanto errónea, el IPC “oficial”, muestra una persistente alta inflación, muy elevada incluso comparándola con la de los doce años del período 2003-2015. ¡Falso que la inflación está siendo eliminada!
Mayores niveles de “contabilidad creativa” (amañadamente falsa) muestran las constantes afirmaciones de haber alcanzado superávit fiscal, monstruosa mentira con fuertes ribetes delincuenciales.

Alardear superávit fiscal, cuando el presunto equilibrio económico – financiero estatal, se mantiene artificial y delincuentemente, mediante el burdo ardid de eludir los pagos de conceptos elementale, como los vinculados con la salud pública, la educación pública -en particular las Universidades Nacionales, contra las que tanto odio evidencian operar-, con las falsas “economías” al desguazar entes estatales de valiosos e imprescindibles funciones; e incluso incurriendo en delincuenciales malversaciones de fondos -como sucede con las importantes recaudaciones de impuestos a los combustibles, que por ley deben destinarse al mantenimiento y a nuevas obras en la red nacional de caminos-, y otras acciones aberrantes, en muchos casos amparadas en usos abusivos de la figura de los DNU (decretos de necesidad y urgencia), utilizados para temas que no son de necesidad ni de urgencia.

Pero el dibujo de falso “equilibrio presupuestario” tiene claras aristas no solo delincuenciales, sino de graves responsabilidades humanas, al ser muchas de las acciones perpetradas, causantes de muchos hechos luctuosos. Tales los decesos directamente provocados por haberse cortado los suministros de medicamentos y atenciones sanitarias, a enfermos con riesgos terminales o pacientes crónicos, y a personas con discapacidades serias y crónicas; a lo cual caben sumar los problemas de atención a la creciente cantidad de gente que debe recurrir a atenderse en hospitales públicos. Y por supuesto, hubo muchos accidentes carreteros, provocados o inducidos por el crecientemente deteriorado estado de caminos y autopistas.

O sea que cabe calificar de genocidio económico, el que sigue en perpetración alevosa, por parte de los personeros del neoliberalismo salvaje que encarna el libertarismo.

Ese grosero falso equilibrio presupuestario, podría compararse con el supuesto superávit presupuestario familiar, que podría “alcanzar” cualquier asalariado, si optara por alardear que “le sobra plata”, al no pagar los gastos mensuales de electricidad, agua, gas y transporte urbano; o a practicar “dieta forzosa” con solo una comida diaria.

Con los burdos justificativos de relatos torpemente falsos, como los descriptos, los personeros del libertarismo y sus secuaces neoliberales pretenden eludir la contundente muy negativa realidad.

Si la economía fuera tan “exitosa” como pregonan, no necesitarían endeudarnos más en forma permanente; siendo que en realidad evidencian privilegiar el “carry trade” que es un negociado infame, que ya perpetraron con desastrosos resultados, la dupla de Luis Caputo – Sturzenegger y sus cómplices, en anteriores gobiernos neoliberales.

El actual gobierno libertario, es claramente apátrida, cargado de sadismo con el que se regocija provocando creciente miseria y acentuada exclusión social.

De mínima, busca involucionarnos a una economía excluyentemente primaria, con una minoría hiper rica, y una gran mayoría resignadamente pobre; mientras pisotea todo concepto de soberanía y de sano patriotismo.

¡Pero de máxima, claramente, opera para perpetrar la disolución nacional!

Entre otras acentuadas incoherencias, buscó involucrarnos en dos guerras, que no nos conciernen, respecto a las cuales y a otros conflictos, en los que Argentina supo mantener una señera postura neutral y pacifista.

Dentro del respetado encuadre constitucional, existen sobrados motivos para hacer juicio político destituyente, al presidente que no evidencia ni las mínimas condiciones de cordura y estabilidad emocional, imprescindibles para ejercer la muy alta función que tan deplorablemente desempeña.

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Derechos humanos en los tiempos de la IA: las granjas de bots y el riesgo de la verdad y la transparencia en los procesos electorales

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¿Con quiénes discutimos en las redes sociales?

Una granja de bots es una red de dispositivos, programas o secuencias de comandos que operan de forma automática para controlar miles de cuentas falsas. Su objetivo principal es simular actividad humana masiva para manipular la opinión pública, inflar métricas de interacción o difundir contenidos en redes sociales.

Cómo funcionan

Controlan cientos o miles de perfiles digitales de forma coordinada.

Obligan a los sistemas de plataformas como X, Instagram o TikTok a destacar ciertos temas o etiquetas (hashtags).

Hacen creer que una idea o un candidato tiene un apoyo social mucho mayor al real.

Sin lugar a dudas, y como lo venimos sosteniendo en varios artículos, el avance de la IA y los riesgos de los derechos humanos son cada vez más evidentes.

Usos habituales

Política: campañas electorales para instalar relatos o atacar adversarios.

Comercio: compra y venta de seguidores, visualizaciones y «me gusta» para empresas o marcas.

Ya no somos espectadores y nos encontramos ante una verdadera crisis. Y, sin dudas, necesitamos no solo una regulación, sino una alfabetización digital que incluya al menos:

Conocer la infraestructura de las granjas.

Determinar las identidades «sintéticas».

Verificar los modelos que aparecen falsamente en las redes.

Si bien debemos decir que la IA no cambia el voto de la gente, lo cierto es que trabaja y modifica absolutamente la percepción de la sociedad, desde un debate hasta la posición sobre algún conflicto (ej.: hacer una represa). Es decir que la influencia puede llegar a ser tan grande que puede modificar cualquier decisión, no solo de los gobiernos, sino también de la sociedad al momento de emitir su opinión o voto.

Estos modelos no intentan censurar abiertamente, sino a través de fake news, notas falsas o likes inexistentes.

Está probado, además, cómo los sesgos de la IA amplifican cuestiones absolutamente discriminatorias de minorías religiosas, sexo y razas, y son generadores de campañas de odio que pueden provocar en 30 minutos.

Las empresas de redes sociales emplean sistemas de recomendación basados en la interacción de los usuarios con sus plataformas y el tiempo que pasan en ellas, con el objetivo de maximizar los ingresos publicitarios y, obviamente, la política se ha mechado en ellos.

Estas dinámicas pueden conducir a una mayor exposición a la desinformación de dos maneras, y los algoritmos construidos en torno a métricas basadas en la popularidad son vulnerables a la manipulación por parte de los bots sociales.

1.- La IA generativa es muy económica en relación con el costo/beneficio. 2.- Con una excesiva velocidad. 3.- Desconocemos si el debate es con un bot o una persona.

Los derechos humanos nacieron para proteger a los ciudadanos ante los excesos de los Estados y, en este nuevo escenario, nos encontramos en la era de la inteligencia artificial, donde no existe el cinturón de seguridad.

Mientras en Europa ya existe normativa al respecto y Brasil está discutiendo un marco normativo, en Argentina lo vemos como si fuéramos meros espectadores y no protagonistas o víctimas, que es peor.

Hoy, una granja de bots puede ser operada por una sola persona: hasta 5.000 perfiles y con modismos de la región.

¿Quién entrena a los bots para que la IA hoy pueda revisar tu perfil, tu CV, tus pensamientos y tu ideología antes de conseguir un trabajo?

Sin dudas, estamos frente a la más grande vulneración de nuestros derechos humanos y a vivir en un Estado de derecho.

En Argentina no existe autoridad de aplicación de cuestiones relativas a la IA, ni tampoco la obligación de preservar a los menores de edad, la existencia de filtros de belleza o la obligación de destacar que el contenido fue realizado con IA.

La falta de regulación no es neutralidad: es una decisión política que beneficia a unos pocos.

Lo básico que deberíamos reclamar quienes defendemos los DD. HH. y como ciudadanos, básicamente, es:

Transparencia.

Auditoría y responsabilidad de las plataformas.

Alfabetización digital ciudadana.

Protección a las minorías.

Argentina fue un país que estuvo siempre a la vanguardia de la defensa de los DD. HH., con lo cual debemos meternos de lleno en esta nueva etapa, que va a ser decisoria para sostener a nuestra democracia, y empezar a abordarla con seguridad y responsabilidad.

La responsabilidad es del Estado.

Si no lo hace la Nación, pues deberemos las provincias proteger nuestros derechos legalmente.

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Las líneas entre pasado y presente

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La frase que utilizó el gobernador Hugo Passalacqua en su discurso de homenaje al general José de San Martín, fue pensada minuciosamente para trazar una línea entre el pasado y el presente. “San Martín era un patriota, pero también era un hombre de libertades, que no podía convivir con un sistema monárquico. Esa voluntad de libertad de San Martín está asociada al fin del absolutismo. ¿Qué es el absolutismo? Es creerse que uno es dueño de todo, el Estado soy yo. Luis XIV, y l’État c’est moi. Yo soy el Estado. Yo decido qué tenés que decir y qué no tenés que decir, qué pensar y qué leer, quien crece y quien no. Yo decido porque soy yo, soy el absoluto. San Martín peleó contra ese absoluto, entregó su vida para que no vuelva ese absoluto. Esa voluntad de libertad para algo, no libertad para que el opresor ponga el pie sobre el oprimido”. 

La frase describe lo que se quiere dejar atrás. El uso del francés es un dardo con un único destinatario. Detrás de él, en el escenario armado en la localidad de San José, por donde alguna vez pasó el general Manuel Belgrano en su periplo hacia Paraguay, observaban callados Oscar Herrera Ahuad y Maurice Closs, dos ex gobernadores que le dan sustento al Movimiento por lo que Viene, que contiene hoy a casi la totalidad de los intendentes de la ex Renovación, a 18 diputados del mismo espacio y a cuatro diputados nacionales y dos senadores. 

Casi nadie queda del lado de Encuentro Misionero, el espacio que Carlos Rovira pensó como sucesor de la Renovación. Por estas horas nadie sabe si el diputado aceptará mansamente el forzado retiro a cuarteles de invierno o si estará dispuesto a dar una última batalla. En la sesión del último jueves, en la que reapareció después de dos meses, su presencia no pasó inadvertida y no ahorró picardía política: se tomó el trabajo de saludar a cada diputado cercano y buscó la fotografía en la que un par de ellos lo reciben calurosamente. Uno de ellos era Juan José Szychowski, el presidente del bloque de la nueva primera minoría que apenas una semana antes había cuestionado su ausencia con severidad exacerbada.

Sin embargo, en el Gobierno consideran  que ya no importa qué haga Rovira. Ahora el foco estará puesto en la gestión, que, sostienen las principales espadas en el gabinete, comienza a diferenciarse con nitidez de la etapa anterior. 

El ejemplo más cercano que exhiben es el resultado conseguido en la negociación con el ministro de Economía, Luis Caputo, para recuperar tarifas eléctricas subsidiadas. Fue el debut en primera línea del nuevo presidente de Energía de Misiones, Julio César Barreto, uno de los intendentes elegidos para nutrir el equipo de la gestión Passalacqua. El ex intendente de Montecarlo representó a Misiones en la mesa de negociaciones en la que las provincias del Norte consiguieron recuperar una reivindicación que se sentirá en el bolsillo. El principio de acuerdo contempla modificar los actuales bloques de consumo subsidiado y establecer un régimen específico para las zonas cálidas: hasta 500 kWh mensuales durante los seis meses de mayores temperaturas y 300 kWh durante el resto del año.

La estimación de Energía de Misiones es que, con esos parámetros, más del 70% de los usuarios residenciales de la provincia quedarían alcanzados por el beneficio.

La discusión tiene un trasfondo económico considerable. En los últimos dos años y medio, el costo de la energía aumentó alrededor de 423%, como consecuencia de la recomposición del precio mayorista y la reducción de los subsidios nacionales.

Sin embargo, ese incremento no fue trasladado completamente a las facturas.

El Gobierno provincial absorbió durante ese período más de 300 puntos porcentuales del aumento, mediante distintas herramientas y decisiones tarifarias. De esa manera, mientras el costo de abastecimiento trepó más de cuatro veces, el incremento acumulado que terminó llegando a usuarios residenciales, comercios e industrias rondó el 100%.

Barreto le dijo a Economis que la estimación más optimista es que el impacto económico pueda comenzar a verse dentro de los próximos 45 a 60 días. El calendario no es un detalle. Si los plazos se cumplen, el nuevo esquema podría comenzar a operar cerca del inicio del período de mayor demanda eléctrica en Misiones, cuando las altas temperaturas vuelven a empujar los consumos hacia arriba.

Hay otros elementos que muestran una diferenciación con la orientación política previa. Uno será la salida de Héctor Llera de la presidencia de Marandú, la empresa tecnológica misionera. 

Otros tienen un impacto mucho mayor. El Gobierno dejó de comprar bioinsumos a Agro Sustentable la empresa presidida por Joaquín Basanta, socio de Augusto Marini -dueño de los canales de streaming Blender y Carajo y de la aplicación AlegraMed, que también será dada de baja– que se instaló en el Parque Industrial de Posadas al calor de la ley que prohibió el uso del glifosato en Misiones. Esa ley, cuestionada por las entidades productivas, será ahora modificada en su artículo clave: el 7, que impone la prohibición total del uso del herbicida glifosato, sus componentes y derivados en toda la provincia de Misiones. La redacción original fijaba el inicio de la prohibición tras un período de transición, pero ante los reclamos del sector productivo, la aplicación sufrió postergaciones hasta 2030. Ahora la prohibición recién comenzará a regir cuando se encuentre un sustituto probado. La ley generaba un conflicto, particularmente con las condiciones de los países a los que Misiones exporta té, que no permiten fertilizantes amigables con el ambiente que no tengan sellos o certificaciones, lo que no fue tenido en cuenta originalmente. 

La política fiscal también tendrá un capítulo de diferenciación. Comenzó con el fin de la mal llamada “aduana paralela” -que provocó un abrupto corte en el flujo de recaudación en momentos de escasez de recursos-, siguió con la eliminación de retenciones automáticas en billeteras digitales, transferencias bancarias y operaciones financieras. Se está trabajando en un mecanismo de precisión para desactivar la bomba de los saldos a favor y puede haber novedades en patentes, para emparejar la situación con provincias cercanas. 

Sentido común”, repiten en el Gobierno, como la cualidad que identifica al nuevo tiempo.  

La situación, claro, no está para grandilocuencias. Misiones perdió 814 empresas en el último año y 6.546 empleos registrados. Desde que asumió Javier Milei, Misiones acumula una pérdida de 12.324 empleos (-11,3% vs. noviembre de  2023). La obsesión es cuidar y recuperar el empleo. Claro está que no depende solo de la voluntad política local. En el país entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, se redujo la cantidad de empleadores en 30.633 casos (33,5 por día). En el mismo período, se perdieron 411.613 puestos de trabajo registrados en unidades productivas (-4,18%), 450 puestos por día.

El sentido común que busca recuperarse en Misiones, parece estar ausente en la Nación. El presidente Javier Milei afirmó que “el sector privado formal está igual” y puso en duda el cierre de empresas: “Es muy deshonesto mirar solo las que cierran. Es cierto que desaparecen empresas, pero son de una sola persona”.

Pero los datos oficiales dicen otra cosa. Hay 30.000 empresas menos, incluso después de contabilizar las nuevas aperturas. Y si se pretendiera explicar esa caída con el argumento -casi exótico- de que cierran firmas de un empleado mientras nacen otras con planteles de diez trabajadores, esa supuesta transformación debería reflejarse en una expansión del empleo registrado. Los datos -nuevamente, los oficiales- muestran exactamente lo contrario.

Pero el Presidente parece decidido a vivir la realidad de acuerdo a sus propios datos. Milei asoció la morosidad récord en las familias argentinas con la venta de televisores para el Mundial. “Compraron y dejaron de pagar”, tira. 

La mora crediticia de las familias argentinas permaneció en 12,8% en junio, conforme a los datos publicados por el BCRA. En la comparación interanual pasó de 5,1% a 12,8%, lo que representa un incremento de 7,7 p.p. (+151%).

La mora llegó a los 19 meses de suba y los últimos datos son de junio 2026, el mes del Mundial. El pico de venta de televisores fue en mayo, con más de 40% de aumento interanual, pero quienes compraron en esa época todavía no pueden estar atrasados por falta de tiempo. Y el dato, no menor… Este fue el mundial en el que se vendieron menos televisores de los últimos tres, según datos del mercado. 

No es el único consumo que cae. En junio de 2026, las ventas en los grandes supermercados registraron un descenso real del 3,1% interanual, la sexta baja

consecutiva. 

En Misiones, las ventas totalizaron $ 27.274 millones en mayo de 2026 y en relación con igual mes del 2025 mostraron una caída del 7,3% real, la décimo cuarta consecutiva, aunque crecieron mensualmente 5,6% respecto a mayo.

El escenario económico será clave para definir el político. El Gobierno confía en que la contención de la inflación alcanzará para sostener la reelección presidencial, pero es el único dato que sustenta ese sueño, ya que el desempleo y la pérdida de ingresos comienzan a hacerse sentir en cada encuesta. 

La oposición busca rearmarse sin demasiada coherencia por ahora. El peronismo logró una foto de unificación, con Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner, pero no parece alcanzar para aplacar la interna. Sin embargo, el peronismo comenzó a mover sus alfiles. Victoria Tolosa Paz, Guillermo Michel, Juan Manuel Olmos, Federico Achával y Emir Félix llegaron a Misiones para mantener una reunión de trabajo con el partido y avanzar sobre una agenda que combina intereses provinciales, producción regional y posicionamiento político. La foto con el gobernador Hugo Passalacqua no pasó desapercibida y marca el distanciamiento del misionero con las huestes libertarias, más a gusto con la conducción de Rovira. 

Tolosa Paz, Michel y Félix manifestaron su disposición a acompañar el proyecto impulsado por Herrera Ahuad para reducir el IVA sobre la harina y la fécula de mandioca, además de sostener el reclamo por una emergencia para la producción yerbatera, uno de los sectores centrales de la economía misionera “La gente no se equivocó en 2023. Los equivocados fuimos nosotros”. La frase, pronunciada por Olmos durante el encuentro del peronismo federal en Posadas, condensa una admisión de responsabilidad por el triunfo libertario y el esbozo de una autocrítica necesaria. 

Ese diagnóstico tiene una consecuencia inmediata: no alcanza con esperar el desgaste de Milei. Michel, diputado nacional y uno de los dirigentes que busca darle forma a una construcción peronista federal, lo puso en otros términos. “El peronismo todavía es visto como oposición, no como alternativa”. Y mientras permanezca en ese lugar, puede acumular críticas pero no necesariamente votos. La salida que propone es bastante menos épica y mucho más difícil: volver a hablar con la gente.

El PRO también coquetea con la idea de un revival. Mauricio Macri sondea la posibilidad de una alianza con los libertarios. Pero el senador Martín Goerling, quien asumió la presidencia del partido en Misiones, prefiere una propuesta autónoma. Se anota también en la carrera por la gobernación, en soledad o con un frente amplio. 

Habrá que ver con quien. El radicalismo es la alianza obvia, pero también está buscando su propio frente, al que imaginan integrado al diputado Ramón Amarilla. Pero el ex comisario dice que no se casa con nadie y que, si hay alianza, será él quien la encabece. Los libertarios todavía no se definen. El ex tenista Diego Hartfield pica en punta, pero Adrián Núñez busca sumar la pata empresaria antes de definir candidatos.

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