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Problemas nuevos y viejas discusiones

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En los últimos meses, algunos observadores han manifestado su preocupación sobre la marcha de la economía. Sin embargo, los datos que acaban de publicarse sobre el estimador del PIB del mes de diciembre han sido mejores a los esperados. Además de que se corrigieron al alza los meses previos, se observó un aumento muy importante en el último mes del año que fue impulsado no sólo por una excelente cosecha fina y por la actividad minera (hidrocarburos) sino también por crecimientos interanuales de dos dígitos en pesca, la actividad financiera y electricidad, gas y agua.

Si se compara el promedio del año pasado con el de 2023, se observa que 8 de los 14 sectores han mejorado su nivel de actividad y el resto todavía se encuentra peor. Dentro de los sectores que todavía tienen problemas, revisten algunos que son trabajo intensivos (definidos como aquéllos que tienen un mayor porcentaje del empleo total que del PIB total). Este es el caso, por ejemplo, de la construcción y el comercio mayorista y minorista y de varias actividades de servicios, pero también tienen un nivel de actividad menor al registrado en el año 2023 algunos sectores capital intensivos, como la industria manufacturera. Del mismo modo, se observa que dentro de los que han mejorado la actividad en los últimos dos años, hay algunos capital intensivos (como el agro y la minería) y otros trabajo intensivos, como el sector de hoteles y restaurantes o las actividades inmobiliarias y financieras. En resumen, no parece haber un patrón muy claro que muestre con elocuencia que los sectores que se expanden son sólo aquellos que usan poca mano de obra.

Durante los últimos meses del año 2025, se observó una reducción de 2% real en los salarios privados formales y de 4% real en los públicos, mientras que los informales mejoraron 2% (aunque registraron caídas durante noviembre y diciembre). Esto puede haber afectado negativamente las decisiones de consumo de las familias y podría explicarse porque las paritarias se cierran para varios meses y la inflación proyectada resultó ser menor a la que finalmente se observó durante el último trimestre del año.

Sin embargo, los trabajadores arrastran una pérdida de ingresos mucho más significativa si se consideran los momentos recientes de mejores salarios reales. Por ejemplo, en el caso del trabajador privado registrado, los ingresos de diciembre de 2025 eran 18% menores que los de marzo de 2018 o 24% más bajos que los de noviembre de 2015. Sin embargo, esos niveles de ingresos probaron ser insostenibles para las cuentas externas de la Argentina. En aquellos años, el déficit externo alcanzó cerca del 3% del PIB en 2015 y casi 6% en 2018. Cuando se redujo el flujo de fondos externos, el tipo de cambio sufrió un salto abrupto y los salarios perdieron contra la inflación. En resumen, no hay magia posible. Los salarios reales en el largo plazo pueden crecer al mismo ritmo que la productividad. Si está se estanca, como ha ocurrido en la Argentina durante las últimas décadas, no hay espacio para mejoras sostenibles de ingresos.

En el frente externo aparecen varios puntos que han despertado interés, entre otros, la reducción de importaciones, la apreciación del tipo de cambio nominal, la acumulación de reservas y el uso de éstas para pagar deuda o fortalecer la posición de reservas netas del BCRA.

La reducción de importaciones guarda alguna relación con el nivel de actividad que se había estancado hasta noviembre, pero también ha influido la normalización de un adelanto en las compras a la espera de una devaluación post elecciones que no ocurrió. Por ejemplo, las compras mensuales de insumos intermedios se habían disociado de la evolución de la producción industrial. Tarde o temprano se debía volver a cierta normalidad.

El tipo de cambio nominal se ha apreciado más que otras monedas, aún a pesar de que el BCRA compró muchos más dólares que lo proyectado a finales del año pasado. Hay cuestiones puntuales como la normalización de la demanda de divisas para atesoramiento, que volvió en noviembre y diciembre a los niveles del primer semestre (alrededor de US$ 1.500 millones por mes) comparado con algo más de US$ 5.000 millones durante los meses de julio a octubre, de incertidumbre electoral. Durante el mes de enero, hubo un rebote de alrededor de 50%, pero habrá que esperar a los próximos meses para poder estimar cuál es una demanda “normal” de divisas de las familias.

También se profundizó el financiamiento neto a empresas y provincias y ayudó la excelente cosecha fina. Pero hay un debate de mediano plazo. Por un lado, en la medida en que se concrete el shock previsto en las exportaciones de minería e hidrocarburos, en el mediano plazo habría un salto de ventas al exterior de alrededor de US$ 20.000 millones. Y si la economía continúa su proceso de normalización, la dolarización de ahorros debería ceder aún con la cuenta capital abierta (digamos unos US$ 10.000 millones menos). Esto sería bastante mayor a la normalización en los pagos al exterior de empresas todavía restringidos por el cepo y requeriría de un aumento equivalente en la demanda por importaciones de bienes y servicios o pagos netos de deuda al exterior para repetir valores históricos del tipo de cambio real. Obviamente que puede interceder el BCRA comprando divisas para terminar de resolver una debilidad del programa en curso, pero terminado el proceso de remonetización y alcanzada una inflación “normal”, el señoreaje sólo permitiría compras no esterilizadas por alrededor 0.5% de PIB al año. Un Tesoro con más sobrante de pesos que pueda cancelar deuda ayudaría. Si bien no es tarea fácil de lograr, sería positivo que se tratara de alcanzar un superávit primario de 2.5% del PIB como se acordó con el FMI en abril de 2025. Puesto de otra manera, el influjo de dólares es de los privados y el que debería cancelar deuda neta (o mejorar sus activos) es el gobierno. Esto requiere que el BCRA o el Tesoro tengan ingresos suficientes para poder completar esa tarea.

Algunos analistas plantearon alguna objeción al uso de las divisas compradas en el mercado para eventualmente reducir la deuda externa pública. En la medida en que el swap de monedas con Estados Unidos sea creíble, cancelar un pasivo no es muy diferente que acumular un activo líquido. Pero si se pierde esa opción, entonces parecería que un activo líquido da algunas opciones de manejo adicionales, al menos en el cortísimo plazo.

Finalmente, el conflicto en Medio Oriente plantea algunas oportunidades y desafíos que obviamente dependen de cuál sea su duración. El primer efecto sobre las exportaciones argentinas es positivo. Por cada US$ 10 que aumente el precio del petróleo en el mercado internacional, las exportaciones aumentarían en alrededor de US$ 3 millones por día. Al mismo tiempo, hay un efecto negativo sobre los subsidios que todavía paga el Tesoro Nacional porque aumentaría el costo marginal de la energía eléctrica que se produce con derivados del petróleo. También es de esperar que en un escenario de mayor incertidumbre global aumente el riesgo país y se fortalezca algo el dólar americano.

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IVA en baja, coparticipación en retroceso: el círculo que asfixia a las provincias

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La economía no levanta y las cuentas provinciales lo sufren. En los últimos meses, Misiones viene enfrentando un deterioro sostenido de sus recursos por coparticipación federal que ya no puede explicarse como un simple vaivén coyuntural. Los datos son contundentes: en febrero de 2026 la provincia recibió por envíos automáticos 172.603 millones de pesos, cifra que implicó una caída real interanual del 7,9% y del 9,7% respecto a enero

En términos concretos, esta baja interanual se traduce en una pérdida de 14.816 millones de pesos frente al mismo mes del año anterior. Enero ya había mostrado un comportamiento similar, con una merma interanual del 7,0% y casi 14.400 millones de pesos menos en términos reales. 

En apenas dos meses, la provincia resignó alrededor de 29 mil millones de pesos por la caída de la recaudación nacional.

¿Qué se esconde detrás de esto? El factor central es la contracción en la recaudación del IVA, uno de los principales componentes de la masa coparticipable. Cuando el IVA cae en términos reales, las provincias lo sienten de manera inmediata en sus transferencias automáticas. Y el IVA cae porque el consumo se enfría. Allí está el núcleo del problema. 

Más allá de que el INDEC muestre una economía con crecimiento estadístico en determinados indicadores, la economía real, la que mueve el comercio, la industria y los servicios, sigue mostrando signos de estancamiento en amplios sectores.

Esta semana conocimos los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica, que presentó un resultado positivo tanto en diciembre como para el acumulado del 2025, pero dicho resultado tiene una fuerte incidencia de sectores puntuales que no son los que generan más empleo ni los que movilizan el consumo masivo; es decir, el crecimiento económico medido por el EMAE no se traduce en una expansión homogénea hacia todos los sectores. Los rubros que más inciden en la recaudación del IVA siguen operando con demanda contenida, márgenes ajustados y baja capacidad de recuperación. 

En ese marco, el programa económico nacional termina impactando sobre la dinámica comercial y, por lo tanto, sobre la recaudación. 

De hecho, también se conocieron esta semana los datos de ventas en supermercados y autoservicios mayoristas y las ventas de combustible al público. En todos los casos el escenario es parecido: puede observarse, en el nivel general nacional, cierto repunte pero que está apoyado en pisos históricos. Es decir, la baja base de comparación sigue vigente, porque si miramos un poco más atrás en la comparación temporal, absolutamente todos los indicadores de consumo están por debajo de 2021, 2022 y 2023.

Misiones no es ajena a este esquema. Si bien es la provincia con mayor autonomía fiscal del NEA, continúa siendo fuertemente dependiente de los envíos nacionales. Cada punto de caída real en la coparticipación repercute directamente sobre la posibilidad de llevar adelante un presupuesto orientado al desarrollo. La pérdida acumulada en los primeros meses de 2026 no es menor: son miles de millones de pesos que dejan de ingresar en un contexto que ya presentaba restricciones.

El presente es complejo y el horizonte inmediato no resulta alentador. Dada la tendencia de la recaudación nacional y la falta de señales claras de recuperación sostenida del consumo, el primer semestre se perfila como muy exigente para las arcas provinciales. 

Esto obliga a reorganizar prioridades. Misiones cuenta con ventajas comparativas construidas a lo largo de los años, como un esquema fiscal ordenado y bajo nivel de endeudamiento. El contraste con Chaco, dentro de la región, es marcado en términos de déficit y carga de deuda. Sin embargo, una mejor posición relativa no elimina el problema central: cómo sostener servicios, inversión y políticas públicas con ingresos que, en términos reales, se reducen de manera sistemática.

A este cuadro se suma una limitación estructural. Las provincias no tienen herramientas para ir contra el ciclo económico general. No definen la política monetaria, no fijan el tipo de cambio, no determinan el esquema de retenciones ni la estructura de los principales impuestos que componen la masa coparticipable. Administran lo que reciben y optimizan sus propios tributos, pero no pueden revertir por sí solas una contracción del consumo a nivel nacional. Cuando la macro se enfría, las provincias pueden intentar paliar ese efecto, pero no poseen la solución de fondo.

Tampoco existe hoy un esquema de asistencia financiera nacional que amortigüe el impacto. Con una estrategia fiscal centrada en la reducción del gasto y la obsesión del superávit por el superávit mismo, no hay fondos compensatorios ni programas extraordinarios que permitan suavizar las pérdidas. En ese contexto, cada jurisdicción debe absorber el shock con recursos propios, lo que profundiza tensiones presupuestarias y obliga a postergar iniciativas.

El sector privado, por su parte, atraviesa un momento de extrema cautela. Con consumo débil, crédito limitado y costos financieros elevados, las empresas difícilmente puedan convertirse en el motor que reactive de manera contundente la economía. Sin inversión sostenida ni expansión del mercado interno, la recaudación tributaria seguirá condicionada. Pretender que el crecimiento surja espontáneamente en un escenario contractivo resulta más una expresión de deseo que una proyección fundada.

Por eso, la discusión de fondo es política y económica al mismo tiempo. La Nación debe asumir que el equilibrio macroeconómico es una condición necesaria, pero no suficiente. Sin dinamismo en la economía real, sin recuperación efectiva del poder de compra y sin expansión del consumo, la recaudación no se fortalecerá y las provincias continuarán bajo presión. El bienestar no se construye únicamente con indicadores agregados en verde, sino con actividad concreta en comercios, industrias y servicios. Si la estrategia nacional no logra traducir estabilidad en crecimiento tangible, las provincias seguirán reflejando, mes a mes, las consecuencias de una economía que todavía no despega.

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Los que quedan en el camino

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Algunos vamos a quedar en el camino, pero si ese es el precio que hay que pagar para que nuestros nietos, nuestros hijos, tengan una Argentina normal, yo creo que vale la pena”. La frase del presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), Mario Grinman, describe el derrumbe de la economía y se convierte en una definición política de quiebre. Ya no se trata cerrar los números con la gente adentro, sino de un sálvese quien pueda para alcanzar un país “normal”, en el que, por reflejo, no será para todos. 

El problema en la frase de Grinman es que ese “algunos” ya involucra a cerca de 22 mil empresas y casi 300 mil empleos perdidos en los últimos dos años. Números que impactan por la velocidad y la magnitud del deterioro. Durante los cuatro años de Cambiemos cerraron 25 mil pymes. Durante el peor gobierno de Alberto Fernández, que atravesó la pandemia y terminó con una feroz recesión, se estima que cerraron 12 mil empresas. 

No se trata, como plantea livianamente el diputado libertario Diego Hartfield de que “cierre de empresas hubo siempre”, sino de un plan económico que derrumbó la actividad y que no aparecen señales positivas en el horizonte. 

La misma dinámica se puede observar en la yerba mate. Durante los 90, la anterior década desregulada, la crisis tardó en hacer eclosión porque Carlos Menem había logrado congelar los precios. De la hiper se pasó a cero casi sin escalas y los productores pudieron “aguantar”, aunque inexorablemente se producía un éxodo rural y se malvendían chacras por la miseria de los precios de la materia prima. Ahora ese escenario se repite a máxima velocidad: mientras se derrumbó el precio de la hoja verde, los costos de producción no dejaron de subir. El gasoil, insumo esencial de la chacra, aumentó 231,8 por ciento desde que asumió Javier Milei. Ni hace falta sumar electricidad o los alimentos, que en el último año aumentaron por encima del 40 por ciento. La situación se hace insostenible para muchos pequeños productores. 

La industria, aunque paga mucho menos que hace dos años por la materia prima, también debe afrontar mayores costos y rentabilidad escasa.Y despide. Un círculo nada virtuoso que la reforma laboral celebrada como un triunfo por el Gobierno, no vendrá a solucionar. 

La reforma laboral es la carta que le faltaba al menú libertario. No puede quejarse el Presidente de que haya obstrucción de la oposición, ni culparla por falta de resultados: cada iniciativa considerada clave, contó con respaldo político.

La nueva ley laboral avanza sobre varios pilares sensibles del sistema de relaciones de trabajo en la Argentina. Por un lado, flexibiliza las condiciones de contratación y modifica el esquema de despidos mediante la creación de un fondo de cese laboral administrado por bancos y entidades financieras. Ese fondo se nutriría de aportes patronales que hasta ahora tenían como destino la Agencia Nacional de la Seguridad Social, lo que abre un interrogante inevitable: ¿se trata de un mecanismo de previsibilidad para las empresas o de un nuevo factor de desfinanciamiento del sistema previsional?

La iniciativa también redefine el equilibrio de fuerzas entre empleadores y sindicatos. Impone límites más estrictos al derecho a huelga al fijar servicios mínimos del 75% en sectores considerados esenciales -salud, educación, transporte, energía y agua, entre otros-, un alcance tan amplio que, en la práctica, reduce de manera significativa la capacidad de presión gremial. Al mismo tiempo, promueve los acuerdos por empresa por sobre los convenios colectivos por actividad, lo que podría fragmentar la negociación salarial y debilitar el poder estructural de los sindicatos.

El Gobierno sostiene que la reforma apunta a “modernizar” la legislación laboral y a dinamizar un mercado de trabajo formal que lleva más de una década estancado. Sin embargo, buena parte de los economistas advierte que ninguna modificación normativa, por sí sola, puede revertir esa inercia si la economía no logra salir del ciclo de bajo crecimiento que arrastra desde hace años. La discusión de fondo, entonces, no es solo jurídica ni laboral: es, ante todo, macroeconómica. Sin expansión sostenida, difícilmente haya reforma que alcance.

Misiones perdió más de 10 mil empleos privados desde que asumió Javier Milei -después de un techo de 110 mil registrados en 2023-. La extensa fila -varias cuadras y largas horas de espera desde la madrugada del viernes- de jóvenes y no tanto, para cubrir 20 puestos pedidos por un supermercado familiar de Posadas, exhibe una postal que no era habitual. 

Fotos gentileza Primera Edición.

La urgencia por un trabajo atraviesa a toda la sociedad. En la construcción, el derrumbe es histórico, con el volumen de empleo más bajo desde 2007. En diciembre Misiones registró unos 4.636 empleos formales en la construcción, con una baja mensual del 6,3% (-312 empleos) al tiempo que, en la comparación interanual, el empleo se contrajo 10,1% (-521 empleos). Si se toma la evolución desde noviembre 2023 a diciembre 2025, de modo de observar el impacto sobre la construcción de las políticas aplicables por la gestión Milei, Misiones presenta una baja del 40,4%, provocando una pérdida de 3.137 empleos.

No es un problema local. La última encuesta de Zuban & Córdoba revela que la principal preocupación es el bolsillo, pero no en abstracto, sino en una forma concreta y cotidiana: “bajos salarios y pérdida del poder adquisitivo”, encabeza el ranking con 28,5%. Le siguen “falta de empleo y desocupación” (22,7%), “inflación y aumento de precios” (17,7%).

En la misma línea, la última encuesta de Atlas Intel para Bloomberg vuelve a encender luces amarillas en la Casa Rosada. La desaprobación del presidente Javier Milei trepó al 55,3% y acumula dos meses consecutivos en alza, acercándose al máximo histórico de la serie. La aprobación, en cambio, cayó al 41,5%, también por segundo mes consecutivo, mientras que el 3,3% aún no toma posición. Cuando se analiza la evaluación general del Gobierno, el 53,1% lo califica como malo o muy malo, frente a un 35% que lo considera excelente o bueno y un 11,9% que lo define como regular. Lo llamativo es que, aunque crecen tanto las opiniones positivas (+4,5 puntos) como las negativas (+5,5 puntos), estas últimas alcanzan su nivel más alto desde el inicio de la serie. La sociedad parece polarizarse, pero con un sesgo creciente hacia la crítica, aunque hasta hace pocas semanas se aplaudía a rabiar la motosierra y el ajuste.

El capítulo laboral es especialmente sensible. Más de la mitad de los argentinos cree que la reforma reducirá derechos (59%) y aumentará la precarización (55%). Un 63% piensa que la informalidad crecerá o no cambiará. Si bien el 40% espera mayor competitividad, el 58% prevé que la oferta de empleo caerá o permanecerá estancada. El mensaje oficial de modernización choca con el temor social a la pérdida de estabilidad.

El trasfondo es económico. El 62% califica la situación del país como mala y apenas el 22% la considera buena. Más contundente aún: el 57% evalúa negativamente la realidad de su propio hogar. A futuro, el 50% cree que la economía empeorará y más de la mitad anticipa un deterioro del mercado laboral. Ese clima condiciona consumo, crédito e inversión, pilares de cualquier recuperación sostenible.

No se trata de una consultora marginal. Atlas Intel fue una de las firmas que mejor proyectó el triunfo de Milei en 2023. Su estudio Latam Pulse Argentina, realizado en febrero de 2026 junto a Bloomberg, ubica la confianza del consumidor en zona negativa y posiciona al país entre los peores registros de la región.

La brecha entre la narrativa oficial de estabilización macroeconómica y la percepción cotidiana de la sociedad aparece como el principal desafío político. Porque aun cuando los números fiscales o inflacionarios muestren mejoras, el humor social se mueve por el empleo, el ingreso disponible y la expectativa de futuro. Y hoy, según estos datos, ese humor está dominado más por la preocupación que por la esperanza.

Las soluciones no pueden ser locales, aunque las provincias tienen que hacerse cargo de las consecuencias. El gobernador Hugo Passalacqua expresó con claridad su prioridad: “Empleo, empleo, empleo”; repitió durante la firma de un nuevo acuerdo de financiamiento con el Consejo Federal de Inversiones por 5.500 millones, destinado a Pymes y fortalecer el empleo. 

También en esa línea se inscribe la reingeniería de la cúpula del Estado que decretó Passalacqua: 144 puestos jerárquicos fueron eliminados como corolario de un proceso que se inició hace varios meses y que continuará en los próximos. “Decreté la eliminación de 114 cargos jerárquicos del ámbito provincial, entre direcciones, secretarías y otras estructuras. Esta decisión se da en el marco de una serie de medidas que estamos tomando como parte de una evolución necesaria para los tiempos que corren, simplificando activamente el Estado para que sea cada vez más eficiente. Respetar el esfuerzo de nuestra gente es, ante todo, cuidar la plata de la familia misionera para que los recursos lleguen mejor a donde tienen que estar”, detalló Passalacqua.

Es que las perspectivas no son alentadoras en cuanto a los recursos. En el mes de febrero de 2026 las transferencias automáticas del Estado nacional a las provincias y CABA totalizaron $ 5,44 billones presentando un nuevo descenso en términos reales1, que esta vez fue de -7,5% respecto a igual mes del 2025; a su vez, contra el mes previo también mostraron un retroceso (-9,5% real mensual).

En ese marco, los envíos a Misiones totalizaron $ 172.603 millones con una variación también negativa del 7,9% interanual, al tiempo que contra el mes anterior disminuyeron en 9,7% real. El primer bimestre 2026 cerró con envíos a Misiones por $ 358.336 millones, que representa un -7,4% en términos reales contra igual período del 2025.

Si la economía no crece es improbable que los recursos lo hagan. Y la economía lejos está de crecer de forma homogénea. Apenas estertores. El estimador económico de diciembre mostró un crecimiento interanual del 3,5% y una suba mensual desestacionalizada del 1,8%. En términos de tendencia-ciclo, el avance fue de apenas 0,3%. A primera vista, el número habilita la palabra “recuperación” y el Gobierno de Javier Milei lo exhibe como señal de éxito, del mismo modo que lo hizo con el superávit comercial.

El 3,48% interanual está fuertemente explicado por Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, que creció 32,2% y aportó 1,91 puntos porcentuales al total. Es decir, más de la mitad de la expansión proviene del agro. La explicación técnica es clara: cosecha récord de trigo y efecto rebote tras la sequía de 2023.

El segundo motor es la intermediación financiera, con un crecimiento del 14,1% y una incidencia de 0,52 puntos. Le sigue explotación de minas y canteras, con 9,1% y 0,36 puntos de aporte. También muestra dinamismo el sector de electricidad, gas y agua.

El patrón es evidente: la expansión se apoya en agro, finanzas y sectores primarios o energéticos.

En contraste, los sectores con mayor encadenamiento productivo y mayor elasticidad empleo-producto siguen mostrando debilidad. La industria manufacturera cayó 3,9% interanual y restó 0,60 puntos al crecimiento. El comercio mayorista y minorista retrocedió 1,3% y restó 0,16 puntos. Hoteles y restaurantes bajaron 1,5%. La administración pública cayó 1,1%.

En términos distributivos y laborales, el dato es aún más relevante. El agro combina alta productividad con baja absorción relativa de empleo. La intermediación financiera tampoco es intensiva en mano de obra. Es posible, entonces, observar crecimiento estadístico sin una mejora proporcional en el salario real ni en el consumo masivo.

Políticamente, el número permite construir la narrativa de la reactivación y alimentar el relato del “éxito económico”. Pero la estructura sectorial revela un patrón de crecimiento apoyado en commodities, energía y valorización financiera, mientras la industria manufacturera -núcleo de densidad tecnológica y empleo- continúa en contracción.

El consumo masivo no rebota: se sigue hundiendo. El adelanto de la consultora Scentia para enero confirma una caída interanual de 1,1% en el total de canales. Pero el promedio esconde el golpe real: el self service total -supermercados de cadena y autoservicios independientes- cae 3,8% frente a enero del año pasado. Dentro de ese universo, los supermercados retroceden 3,3% y los autoservicios 4,2% interanual. Es el consumo cotidiano, el de góndola y barrio, el que sigue en terreno negativo.

El desglose por canales tampoco ofrece consuelo. Contra diciembre, enero muestra desplomes de dos dígitos: supermercados -15,4%, autoservicios -12,5%, mayoristas -14,6% y e-commerce -11%. Farmacias caen 7,8%. Solo Kioscos y Tiendas (K+T) exhiben una leve suba interanual de 2,7%, mientras que el comercio electrónico crece 33% contra enero de 2025, aunque desde una base más acotada y con fuerte volatilidad mensual. Pocas veces se vio un deterioro tan extendido y sostenido en el consumo masivo: cuando caen los canales que venden lo básico, no es un ajuste estadístico, es una señal de enfriamiento profundo del poder adquisitivo.

En Misiones, las ventas en los supermercados volvieron a ser negativas. Las ventas relevadas en las bocas de expendio de los grandes supermercados de la provincia totalizaron $ 29.771 millones en diciembre y en relación con igual mes del 2024 mostraron una caída del 6,0%, la octava baja consecutiva. Fue la provincia con el tercer mayor descenso del país (solo por encima de Corrientes y Tucumán); a su vez, el retroceso también se observó en la comparación mensual  desestacionalizada, donde las ventas disminuyeron en 0,2% real (también la tercera más fuerte del país). Misiones cerró el 2025 con una caída acumulada de sus ventas del 3,8% contra 2024 (tercera más fuerte del país). Fue el peor año para este indicador en la provincia, ya que también muestra bajas contra todos los años desde 2017.

Como contraste, los Ahora se transformaron en una herramienta definitiva de sostén de la actividad económica. Los últimos datos de las ventas de los diferentes programas Ahora Misiones revelan un crecimiento exponencial en el consumo interno impulsado por estas herramientas de fomento económico durante los años 2024 y 2025. El impacto económico total en el bienio analizado alcanzó la cifra histórica de $160.945 millones, con un total de ventas en 2024 de $62.287.046.550 y $98.658.577.995 durante 2025, con un incremento nominal del 58,4% sobre las ventas totales.Los programas se han diversificado para cubrir todas las necesidades de las familias misioneras. Se destaca el programas Ahora Misiones, que con un total de $44.090 millones en el año 2025 sigue siendo el pilar del consumo, representando el 50% de las ventas totales del sistema.Sin el programa de financiamiento, la sangría fronteriza sería inaguantable. La presión por el empleo, mucho más asfixiante.

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Perú, el país sin presidente

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Durante una década tuvieron 8 presidentes. Si uno lee ese dato o esa cifra sin contexto alguno podría pensar que se trata de un país ahogado en algún tipo de crisis humanitaria o envuelto en algún conflicto, en donde la institucionalidad se caracteriza por ser endeble y problema de último orden. Sin embargo, pese a eso, Perú sigue funcionando. 

Debilidad presidencial 

José Jerí fue el último cesanteado de su cargo como máximo mandatario. Como con casi todos sus antecesores, las causas y escándalos relacionados a hechos de corrupción han golpeado sus puertas y la destitución terminó atendiendo. José Maria Balcázar fue quien lo reemplazó aunque a horas de asumir, pesa sobre sus hombros una petición de declaración en la justicia por una serie de irregularidades, lo que sigue motivando a un problema a futuro para su continuidad. Dicho sea de paso, hay elecciones el 12 de abril en Perú, dónde buscarán, democráticamente, elegir a su futuro presidente destituido.

Una de las mayores curiosidades de Perú es lo poco que vale la investidura presidencial. Quizás por costumbre, pero en Argentina desfilaron y desfilan presidentes con innumerables causas judiciales en su haber y no pagaron con su cargo. Desde la causa Correo Argentino de Macri hasta la criptoestafa del actual presidente Milei, son algunas de las cuestiones que llevan a nuestro asombro. Quizás los argentinos somos los que no comprendemos a Perú por la naturalización de escándalos relacionados a la corrupción en el poder. 

Sea como sea, en Perú se conjugan dos particularidades que intentan explicar la razón de los constantes cambios en el sillón del Palacio de Gobierno. Por un lado, un Congreso fuerte. Es sabido que existen estas características en varias democracias globales, en donde el Congreso tiene tanto o más poder que la figura presidencial. Nuevamente nos trae a comparar con nuestra experiencia Argentina, dónde el exceso de presidencialismo histórico en el poder puede moldear nuestro imaginario colectivo sobre cómo percibimos la política exterior. La fortificación del Congreso peruano en la última década puede explicarse por las facultades de control agresivas y de bajo costo político, lo que termina transformando al órgano legislativo más en un árbitro o en un verdugo político que es un poder del Estado. 

La otra cuestión que explica la omnipresencia política del Congreso es el lobby económico del poder concentrado. Sectores como la minería, agroexportación, banca, zonas económicas especiales e incluso empresas chinas han estado relacionados a situaciones de lobby o presión sobre el Congreso para la toma de decisiones políticas o inclusive el favorecimiento en leyes o derogaciones de las mismas. Desde reuniones privadas, financiamiento indirecto de campañas, presión vía gremios hasta blindajes a proyectos de interés son algunas de las tácticas más extendidas del lobby económico que presiona en todo el mundo, pero donde pega fuerte es en Perú y donde también termina tumbando presidentes como piezas de dominó. 

Ideología a marzo 

Ese vaivén constante de nombres en el poder, la cuestión ideológica termina siendo materia de debate de estudiantes universitarios de primer año. El único partido al cual parecen responder es al del lobby económico explicado previamente. 

Esta situación toma mayor relevancia cuando uno se da cuenta de que el actual presidente proviene de la izquierda política, con mucha cercanía al ex gobernante Pedro Castillo (también destituido) y que distaba de Jerí y Boluarte, otros predecesores cesanteados. 

Más allá de los protocolos del Congreso y demás cuestiones meramente institucionales, llama poderosamente la atención como en Perú la procedencia ideológica parece no importar o no primar. Sin entrar en teorías o visiones propias de la sociología, uno puede pensar rápidamente que el lobby económico, financiero y empresarial es el que termina decidiendo en pos de sus intereses propios, sin correlación ideológica alguna. 

Si uno va a las estadísticas, sitios o consultoras como Datum Internacional, Ipsos, IEP y CPI muestran una tendencia clara. El nivel de desaprobación hacia el Congreso es fuerte, excepto cuando el nivel de aprobación al candidato es alto. Las vacancias hacia los presidentes suelen tener entre un 80 a 90% de aprobación siempre que un candidato padezca tan solo un 10 o 20% de aprobación total. Es decir que la institucionalidad o la percepción que la gente tenga de ello está atada a cuanto aprueban o no la gestión de un gobernante. Ya no su ideología ni tampoco el cuidado de la “democracia” sino simplemente el disgusto con la clase política. 

Cabe preguntarse si Perú no es el futuro de la aceptación política mundial. En un mundo cada vez menos ideologizado y con exceso de consumo basura en redes sociales, tal vez el hartazgo con la clase política puede resolverse o canalizarse a través de apoyar las destituciones sin importar procedencia alguna, sino condenando el accionar corrupto del funcionario en cuestión. Tal vez y solo tal vez, eso que no entendemos de la flexible pasarela de presidentes de Perú sea el verdadero sentimiento de aquel ciudadano no inmerso en la política “intelectual” pero donde el día a día le vive pasando factura. El problema es, que en el medio, quien saca provecho es el empresario que más tiene. 

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Urge nacionalizar las Fuerzas Armadas, quinta parte

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La Dra. en Economía Noemí Brenta (destacada docente de la Maestría en Gestión de la Energía, y notable persona), explica el demencial incremento de la deuda externa, que se multiplicó por seis en la intencionalmente desastrosa gestión del “proceso”. Copio un párrafo de su excelente trabajo al respecto, bajado de Internet en su análisis titulado “La deuda odiosa de la dictadura”.

“Entre 1976 y 1983, la deuda externa argentina se multiplicó por seis: pasó de 7,8 mil millones de dólares a 46,5 mil millones, sumando los atrasos de intereses y la deuda militar, según cálculos del Banco Mundial. Más o menos, porque nunca se supo bien la cifra exacta, ni de la deuda pública ni de la privada”; por lo que otros análisis pueden mostrar montos algo diferentes, pero coincidentes en el irracional endeudamiento perpetrado.

A punta de bayonetas, nos impusieron la subordinación total al Consenso de Washington y su perversa doctrina neoliberal, que busca frenar y destruir el desarrollo económico y social, destruyendo todo y pisoteando la soberanía nacional. Para eso, cambiaron las prioridades de Defensa, suplantándose la Doctrina de Defensa Nacional por la Doctrina de la Seguridad Nacional, sometiendo a los uniformados a un profundo limado de neuronas al ras, de lo cual parecería que muy pocos lograron mantener su propia capacidad de razonamiento, con auténticos Valores Nacionales.

La destrucción del muy importante desarrollo industrial y tecnológico -objetivo perseguido por la vetusta oligarquía rural y otros sectores claramente antinacionales- comenzó con mucha presión del Estado cooptado por la antipatria; y ese mismo tipo de acciones y de discursos falaces y antinacionales, se repetiría con sucesivos gobiernos de orientación neoliberal.
    Otras acciones económicas nada inocentes de “Joe” Martínez De Hoz y sus secuaces (con su dócil marioneta Videla), fueron endeudar a las empresas y entes estatales, contrayendo abultadas deudas en el exterior, cuyos montos eran inmediatamente transferidos al Ministerio de Economía, para financiar el desastroso manejo presupuestario, muy deficitario.

De esa forma, las empresas y entes estatales quedaban sin las divisas recibidas y con deudas que terminarían siendo impagables, en un contexto que los mercenarios del periodismo y la economía liberal, aprovecharon para cargar las tintas en la supuesta “ineficiencia crónica del Estado”, que ellos mismos provocaron o avalaron, lo cual “preparó el terreno” para las vergonzosas privatizaciones que pocos años después perpetraría el también apátrida menemato, avalado y proseguido por el delarruato.

Nada de eso, tan importante, evidencia ser conocido en absoluto, por la casi totalidad de los militares de mentes proceseras, acorde al vaciamiento mental muy acentuado en que se sumió a los uniformados a partir del “proceso”, imponiendo la ignorancia casi total en Economía, Historia y Geopolítica; con lo cual los mantienen hasta hoy en el limbo cargado de prejuicios antinacionales, a la casi totalidad de los militares e integrantes de las fuerzas de seguridad.

Dentro de las brutales acciones de torturas y “desapariciones” en “vuelos de la muerte” y otras acciones aberrantes, ese tipo de “metodologías” se usaron -probadamente- para lograr la apropiación de la empresa Papel Prensa, la cual prácticamente monopolizaba el abastecimiento del estratégico insumo necesario para las impresiones en grandes escalas, de los tres principales diarios de difusión nacional (Clarín, La Nación, La Razón). Siendo de propiedad de la familia Graiver, varios de sus integrantes fueron “persuadidos” en las mesas de tortura, de transferir las acciones a favor de las empresas periodísticas señaladas.

Es de hacer notar que en esos años aún no se había producido la irrupción de los medios digitales, por lo que los diarios de papel tenían un rol preponderante en el periodismo.

Al acto formal de “toma de posesión” de la empresa, acudieron el presidente usurpador Videla y varios de sus secuaces cercanos, tal como fuera difundido en medios gráficos. ¡El “proceso”, cómplice directo de un alevoso saqueo!

Si bien todo acto de aniquilamiento es deplorable (incluyendo los que perpetraron los guerrilleros), cabe precisar que los proceseros se atribuyeron potestades para decidir quiénes vivieran y quienes no.

El Mayor (Tte. Coronel Post Mortem) Bernardo Alberte es considerado la primera víctima del “proceso”, asesinato cometido en su propio departamento, en presencia de su familia, siendo arrojado al vacío por la patota asesina (la cual integraban dos Generales). Sus “grandes pecados” fueron haber sido de plena confianza de Perón y de M.E.M. de Perón; y haber dirigido una carta a Videla, advirtiéndole las consecuencias nefastas esperables del golpe de Estado ya en los prolegómenos de la perpetración.

Pocos meses después, sería secuestrado y “desaparecido” el gremialista Oscar Smith, quien se oponía a los planes de “Joe” Martínez De Hoz, de privatizar y desguazar SEGBA, en un negociado que se vincularía con el rol directivo del mencionado Ministro de Videla con la empresa energética Ítalo. Nicolás Caputo, vinculado al neoliberalismo, tuvo participación accionar en EDESUR, una de las tres empresas en que se desguazó SEGBA.

Otro de los asesinatos del “proceso”, tampoco en nada vinculado a las guerrillas, tuvo como víctima a la diplomática Elena Holmberg, la cual según referencias, fue involuntaria testigo de la cordial reunión en un café parisino, de un alto oficial de La Marina; con el dirigente montonero Firmenich, lo cual habría sido su sentencia al “suicidio”.

El muy querido cantautor folklorista Jorge Cafrune, fue “accidentalmente” embestido por una camioneta, cuando de noche y muy lejos de la cinta asfáltica, se dirigía a caballo rumbo a Yapeyú, a la conmemoración del natalicio de San Martín. Como todo artista de raigambre nacional y popular, Cafrune era odiado por los proceseros.

En 1982, demostrando la brutal ignorancia total de los líderes militares del “proceso” y de sus mandantes y colaboradores civiles, implementaron la recuperación de las Malvinas, siendo tan brutos como para suponer que el Reino Unido con todo el apoyo de la Comunidad Británica y de la OTAN, no reaccionaría; y también supusieron -contra toda lógica- que EEUU sería neutral, pues se creyeron “aliados” de los yanquis, por haber aportado “mano de obra” para intervenir en América Central, no entendiendo que apenas fueron marionetas dóciles y descartables.

Desconocer que desde fines del siglo XIX, ambas potencias anglosajonas son sólidas aliadas en cuanto conflicto las involucre, evidencia el tremendo grado de ignorancia en que han sumido a los uniformados de Argentina.

Nos metieron en una guerra para perderla, y aun pagamos las consecuencias de dicha derrota militar.

Además de esa breve reseña de las aberrantes acciones del “proceso”, cabe señalar que en ese muy negativo período de nuestro país, se “institucionalizaron” algunos muy negativos y perversos formateos de la mentalidad de los uniformados, cuyos perversos efectos no solo perduran, sino que parecen haber sido totalmente asumidos por la abrumadora mayoría de los integrantes de las FFAA y FFSS. En breve síntesis se expone.

La Soberanía Nacional y la Defensa Nacional, dejaron de ser prioridades absolutas, siendo reemplazadas totalmente por la “defensa del sistema”, teñido de un desgastado y visceral anti comunismo, en nada acorde a la realidad geopolítica mundial actual.

Vinculado con eso, es bastante común leer o escuchar a uniformados, que “prefieren subordinarse explícitamente a EEUU, antes que hacerlo con China o Rusia”, potencias estas últimas a las que siguen considerando “comunistas”. La soberanía nacional pasa a ser algo inentendible, y el supuesto patriotismo, no pasa del himno y la bandera.

Repiten cuan “verdad revelada” la supuesta “grandeza de la Argentina del Centenario”, demostrando ser dóciles lacayos de las falsedades históricas instaladas por la Sociedad Rural y sus acólitos del academicismo de la historia. Eso va vinculado al desprecio y odio visceral a la industria argentina. Nada de entendimiento acerca de la enorme importancia de la industria y la tecnología nacional como factores de soberanía y desarrollo.

Siguen aferrados neciamente a las pautas de medio siglo atrás, siendo la exclusiva prioridad “la lucha contra el comunismo”. En paralelo, no les molesta en nada, toda acción de subordinación explícita y vergonzosa ante los agresivos sectores del poder financiero transnacional y del Bloque Atlantista.

En los hechos, dieron forma al “partido militar liberal”, en el cual con pautas proceseras infunden y profundizan no solo anacrónicos y falaces dogmas instalados desde los institutos de formación militar, sino que mantienen “alineada a la tropa” mediante aceitados sistemas de “mensajitos”, a la vez que con cerrados criterios difunden en las redes sociales pensamientos y versiones acordes a esos retrógrados esquemas, los que si se analizan con elementales principios de lógica y buenos fundamentos, quedan expuestos como mecanismos de subordinación ideológica a factores de poder claramente antinacionales.

Dentro de esos esquemas, odian a todo lo Nacional y Popular, y a todo lo estatal, no entendiendo ni siquiera que ellos mismos son empleados del Estado, al que desprecian.

 El análisis general del tema, sigue en la Sexta Parte.

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