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Europa, entre el libre mercado y el proteccionismo

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¿Cómo se le llama a algo o alguien que pregona una cosa pero hace otra? En términos diplomáticos se le diría que es hipócrita y en el barrio se le diría “careta”. Hoy, Europa está en esa encrucijada. Una región que durante décadas ha pregonado la vida de la democracia liberal y el irrestricto respeto al libre mercado, ve en el proteccionismo la única herramienta para aún seguir en pie, mientras su luz se apaga lentamente, cual vela consumida por el calor.

Tractorazo europeo

Cuando las papas queman, la agenda de lucha se da en la calle, o al menos los europeos lo entienden de esa manera, mientras sacaban a relucir sus tractores y  maquinarias en una marcha de protesta sobre el edificio de la sede oficial de la Unión Europea en Bruselas.

El contexto o la crítica principal de los productores de los países que integran la Unión Europea es por un posible acuerdo de libre comercio entre el bloque europeo y el Mercosur. De congratularse en algún futuro, la fragilidad económica a la que están sometidos, principalmente Italia y Francia provocarían un impacto económico negativo en los sectores productivos.

La ecuación es simple. Si entran productos agropecuarios de países del Mercosur a los países de la Unión Europea, su precio en góndola será menor al de los europeos, por ende, es mucho más probable que los consumidores se vuelquen hacia los precios más accesibles. Esto decantaría en una menor demanda de los productos del viejo continente, conllevando a menor generación de excedentes, lo que se traduciría en decisiones empresariales para mantener el rango de producción y las ganancias, cómo por ejemplo la reducción de la planta laboral o la reconversión a otros modelos de producción, con el fin de abaratar costos y poder competir en las góndolas.

Ante esta situación, los productores italianos y franceses se “pararon de mano” para los políticos europeos con el fin de frenar este proyecto, cosa que lograron en cierta medida. La postergación de esto trae a colación una petición de medidas económicas para salvaguardar a los productores, sumado a multas o sanciones para los productos del Mercosur que no cumplan con los estándares “ambientales”.

Italia y Francia son los más afectados, entendiendo que son las zonas de mayor producción agrícola a gran escala y que se verían imposibilitados de competir con los productos del Mercosur. La contracara es Alemania, con una base productiva en el aparato tecnológico, ve con buenos ojos el arribo inminente en 2026 de los productos sudamericanos a un precio bajo, entendiendo la mejora que puede producir en la competitividad en los mercados más importantes del país.

Esta encrucijada en la que se encuentra Europa era un tanto impensada hace décadas. Evidentemente, estos cimbronazos son producto de la absoluta fragilidad económica y de la burbuja globalizadora que al explotar, se lleva puesto al endeble sistema en el que se encuentra el viejo continente.

Si hay un hecho histórico reciente que demostró el fácilmente corrompible modelo económico de la Unión Europea fue la guerra en Ucrania. Ante el avance de las tropas rusas (ya hace casi 4 años), los europeos tomaron la decisión de ejecutar una serie de sanciones y multas económicas de impacto internacional contra el país de Putin. Hoy, a años de comenzada la guerra, el tiro les salió por la culata. Ese cúmulo de sanciones sólo demostraron una amplia dependencia energética con Moscú, la cual en cada verano e invierno que pasa, lo sienten profundamente con cortes de energía y con una factura cada vez más cara.

Está a las claras que Europa está atravesando un momento clave, en donde su economía agraria depende exclusivamente de que no se apruebe un acuerdo de libre comercio. Ironía pura, si entendemos al viejo continente como el centro cosmopolita del mundo.

Haz lo que digo, no lo que hago

Curiosa situación la de un lugar como Europa, que, al menos desde la posguerra, pregonaron con fuerza el libre mercado. Con matices y altibajos pero siempre fiel capitalismo su Dios y el libre mercado su iglesia, hoy depende, lisa y llanamente de una decisión proteccionista.

El resguardo de un sistema completo parece estar en manos de un grupo de productores franceses e italianos. Si esto es así, ¿de qué se ocuparon los eurodiputados en décadas? Si la discusión sigue siendo libre mercado vs proteccionismo, evidentemente hubo una gran ocupación por cuestiones que no mejoraron el ritmo económico de Europa o que simplemente “no la vieron”. La descomposición social, económica y cultural a la cual está sometido el viejo continente tiene un capítulo más con los productores que piden a gritos que no entren productos del Mercosur ya que no podrían competir con los precios. 

¿Es soberbia? Posiblemente. Nunca quisieron aceptar que esa era de bonanza post caída del muro de Berlín está llegando a su fin. Esa premisa cosmopolita de que Europa es el gran ejemplo ha quedado atrás. La desglobalización se los está llevando por delante.

El rearmado geopolítico actual muestra y demanda bloques o países con tendencias nacionalistas, más no el multilateralismo que imperó hasta hace algunos años. Es justamente Europa quien tiene una crisis de identidad política actual al no tener líderes fuertes ni referencias de peso geopolítico dentro del bloque de la UE. La salida de Angela Merkel de Alemania en 2021 significó el fin de la última líder fuerte que tuvo el viejo continente. No es casualidad que Putin haya invadido Ucrania un año después. Personajes como Macron, Scholz o Meloni son simples caras de rutina para los grandes mandamases del mundo: Putin, Trump y Xi Jinping.

Puede pasar. Un movimiento agrario en Europa puede ser el empujón que necesitan sus políticos para dar un giro en el timón político y empezar a ponerse a tono con la nueva era geopolítica.

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Mendoza y una comparación necesaria

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Las bases científicas que hoy justifican el desastre ambiental llevado a cabo en Mendoza son perfectamente comparables con los argumentos pseudocientíficos que argumentaron el holocausto de la Alemania nacional socialista.

La “eugenesia” es un término que refiere a las prácticas y creencias que promueven la idea de “mejorar” la genética humana propiciando la reproducción de aquellos que posean las características “deseables” en tanto a aspecto o inteligencia y, por otro lado, evitan la multiplicación de aquellos que posean características “indeseables”. El término fue acuñado en 1883 por Francis Galton, primo hermano de Charles Darwin, quien lo definió como “la ciencia de la mejora de la raza“. En sus inicios, la eugenesia ganó popularidad entre intelectuales y políticos, especialmente a principios del siglo XX, en países como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y los países nórdicos. A lo largo de la historia, la eugenesia, ha sido argumento de diversas violaciones de los derechos humanos, a continuación, unos ejemplos: La colonización de América se sustentó en una eugenesia basada en la supremacía racial y religiosa, que consideraba a indígenas y africanos como razas inferiores. Promovió su eliminación, desplazamiento, mestizaje forzado y el “blanqueamiento” de la población para “mejorar” la composición humana del continente según el modelo europeo, sentando así las bases ideológicas de la eugenesia moderna. “La conquista del desierto” en Argentina, también representó la purga de indígenas de la Patagonia por orden de Sarmiento, cuyo busto se venera en las escuelas primarias de Argentina. La esclavitud tanto en estados unidos como en el resto de América, en el transcurso de los siglos XIX y XX, fue respaldada por la nueva teoría “científica” que dio en llamarse eugenesia, lo que derivó en el holocausto, el genocidio sionista sobre palestina, y otras guerras y segregación hacia todo aquello que no cumpla con el estándar de raza deseable.

Pero, qué tiene que ver esto con Mendoza?

Al igual que con la eugenesia, los argumentos que intentan respaldar la megaminería de cobre bajo los términos que establece el gobierno nacional son una farsa demasiado evidente, claro, al mismo tiempo que representa un peligro inminente para millones de personas.

El proyecto San Jorge ha causado revueltas en la población civil por el asunto del agua, pero ¿Por qué? Claro, por un lado, el proyecto megaminero de producción de cobre fino requerirá 141 Litros de agua dulce por segundo, 12,1 Millones de Litros al día, suficiente para satisfacer a 4,7 Millones de personas, el 10% del País. Por otro lado, las perforaciones de las que se obtiene agua potable en Mendoza promedian los 120m de profundidad, y como el “tajo” del PSJ (Proyecto San Jorge) trasciende los 300m, el agua potable se acidificará con residuos tóxicos. Mendoza dedica actualmente el 82% de su agua a la irrigación de cultivos, los cuales, por su alta calidad, hacen que podamos hoy enorgullecernos del prestigio de nuestros vinos y frutas provenientes de la “capital del vino”.

Pero, ¿Que importa? Lo importante es que estamos trayendo inversiones del exterior ¿No? Lo importante es que estamos creando trabajo ¿No?

El PSJ es el primer gran proyecto de Mendoza en adherirse al nuevo Régimen de Incentivo de las Grandes Inversiones (RIGI), impulsado por el gobierno de LLA. La Inversión necesaria para crear el PSJ es de 3.5 billones de pesos, con lo que se esperan lograr entre 16 y 27 años de producción de cobre en un mundo con demanda extrema de cobre debido al desarrollo tecnológico. En contraposición a Chile, de dónde se extrae gran parte del cobre de todo el mundo, nosotros tendremos una renta del 16% de las ganancias para el Estado, mientras que en Chile no baja del 45%. Y a esto se le suma que los recursos que actualmente administra el Estado no se dirigen a la educación ni a proyectos que beneficien a los trabajadores.

¿Puestos de trabajo?

A Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza y simpatizante político de las estrategias económicas de Javier Milei, le enorgullece anunciar la masiva cantidad de empleos que generará el PSJ: 3.900 puestos de trabajo durante la construcción del proyecto (2 a 3 años) y 2.400 puestos una vez en marcha (16 a 27 años). No hace falta aclarar que fui sarcástico cuando el número de beneficiados cabe en cuatro cifras mientras que el de afectados es de siete. Es difícil defender esta iniciativa cuando todos los números hablan de genocidio silencioso (hay cada vez más macanas y menos derechos), destrucción del medio ambiente y de regalar nuestros recursos naturales a empresas suizas.

Comparar el proyecto megaminero de San Jorge con la eugenesia de la Alemania nazi no es exagerado, ya que las consecuencias de que más proyectos como este sigan llegando al país implican que no sea solo el agua la que se nos quite en pos de un propósito que es ajeno a la población civil.

Lamentablemente lo más probable sea que las miles de personas que se manifestaron en contra del PSJ no logren cambiar nada, ya que 3.5 billones de pesos es mucho dinero y el gobierno nacional parece tener claras sus intenciones cuando invierte en “seguridad” y compra aviones F-16 en lugar de comprar aviones hidrantes para los incendios de este verano.

Hay quienes afirman que, de lograrse masividad en las protestas contra el proyecto, podría evitarse su construcción. Yo, aunque la realidad me aplaste cada vez más, “elijo creer”.

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Malignos períodos M de nuestra historia reciente: quinta parte

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Con una sumatoria de groseras distorsiones de datos y gruesas falsedades (como la muy repetida “sacamos a 12 millones de la pobreza”-faltó decir “para empujarlos a la indigencia”-, la “grandeza del Centenario” y vinculado con ese dislate el otro “éramos la primera potencia mundial”, “dolarizar la economía”, “experto en crecimiento con o sin dinero”) y una interminable sarta de sanatas similares; y con irracionales medidas de destrucción socio económica perpetradas con alevosía; evidencian muy a las claras que el gobierno libertario tiene dos objetivos que marcan su accionar intencionalmente destructivo.

De mínima, busca hacernos involucionar al anacrónico e inviable contexto de economía exclusivamente primaria -sin industrias ni entes tecnológicos-, como éramos en los nada gloriosos años del Centenario; época caracterizada por un cerrado esquema político – social semi feudal, con una minoría hiper rica, y la inmensa mayoría social y económicamente marginada, chapaleando en la miseria excluyente, con nula sensibilidad humana por parte de los patrones de estancia y otros señorones todo poderosos. Un esquema de poder excluyente, semi feudal, era la caracterización de esos años, que los oligarcas añoran, demostrando egoísmo total con carencia absoluta de patriotismo.

De máxima, es muy evidente que, con total y explícito desprecio a la más elemental soberanía nacional, el objetivo de libertarios y secuaces políticos, es perpetrar la disolución nacional. No es nada exagerado ese deleznable objetivo, pues algunos opinantes importantes del mega poder financiero transnacional se manifestaron muy favorables a la balcanización de los Estados Nacionales sobre los que pretenden influir y destruir.

En Argentina, un gobernador manifestó su intención de ”independizar” a Mendoza, sumando a esa pretendida balcanización, a Córdoba. ¡Y parece que casi nadie salió al cruce a semejante acto de traición a la patria! Y el rabino Bergman, siendo ministro del macrismo, dijo “Argentina es un país que debe ser partido y repartido”. Tampoco hubo las condignas respuestas a tan deleznable afirmación antinacional.

Por cierto, sea por presiones políticas o por conseguir esos impresentables objetivos con el uso de la violencia, desguazaron a la ex Yugoeslavia, dividieron a Checoeslovaquia, empujaron a la anomia y el descontrol de pasar a ser Estados fallidos, a Iraq, Libia, Siria y varios otros Estados de África sumidos en interminables luchas fratricidas.

Antes de Putin, el caos sembrado en Rusia por los personeros locales al servicio del neoliberalismo, al implosionar la URSS, amenazaba ser el prolegómeno de la división del gigantesco país en al menos cuatro naciones separadas, tal lo expresado por algún vocero operando como “think tank” del Estado profundo con sede en EEUU. Y el “premio mayor” eran las gigantescas empresas gasíferas y petroleras, que por poco no pasaron a ser de propiedad anglosajona.

China también debió evitar acciones separatistas, que estaban en situación embrionaria, en el extremo occidental de su territorio, donde existía mayoría de población étnica y culturalmente turca, afín a sus vecinos.

La destrucción socio económica general en Argentina, de muy rápida perpetración, con un activo industricidio fogoneado por la apertura aduanera total y la artificial sobre valorización del peso, además de la destrucción de la capacidad de compra de la población; con el parate total de las obras públicas, que lleva al rápido deterioro de la infraestructura; mientras la miseria y la desocupación forzosa castigan a crecientes cantidades de nuestra población; y el brutal endeudamiento externo lleva a involucionarnos en una nación fallida, ingobernable y en serio riesgo de balcanización.

Todo eso en un impresentable vocinglerío presidencial con discursos no solo mendaces, huecos de contenido, sino también cargados de un vocabulario muy grosero, totalmente impropio para la investidura presidencial y reñido con la elemental moral que debe ser propia no digamos de un estadista (pues no lo es el verborrágico y de conducta agresivamente inestable, actual presidente); sino que debería tener un accionar y lenguaje acorde a elementales principios de ética y decoro.

Existen sobrados y muy claros antecedentes, en la propia historia económica nacional, desde 1976 en adelante, de los nefastos resultados socio económicos, a consecuencia de las aplicaciones de medidas de crudo e insensible neoliberalismo económico.

Actualmente, no existe ningún hecho concreto por el cual puedan suponerse teóricos efectos positivos, de las aplicaciones de las medidas “libertarias”, las cuales no son otra cosa que un neoliberalismo recargado, que atenta sobre la estructura económica, los entes tecnológicos, y el muy sensible tejido social nacional; además de lo cual el manejo de la política exterior no solo es preocupante, sino que -entre los que analizamos con fundamentos nuestra realidad-, provoca vergüenza ajena, ante las posturas arrastradamente genuflexas del actual gobierno, que no solo no defiende nuestra soberanía, poniendo en serio riesgo nuestra integridad territorial, sino que incluso pretende involucrarnos en conflictos que no son nuestros, como la guerra Rusia – OTAN, que se dirime en territorio ucraniano; y para mayor vergüenza nuestra, esta impresentable Argentina libertaria, apoya y favorece la amenazante invasión de EEUU contra Venezuela; claramente repitiendo la metodología agresiva imperial como la que soportamos en Malvinas en 1982.

Nuestra lógica inserción en el tablero geopolítico mundial, debería estar consustanciado con el bloque BRICS, que no solo no nos condiciona para reequiparnos para la defensa (no le pide permiso al Reino Unido para vender armamentos y tecnologías afines de última generación), sino que explícitamente ese bloque apoya la postura argentina en el tema Malvinas, con todas sus proyecciones marítimas y antárticas. Lo opuesto al irracional alineamiento con el agresivo bloque imperial del Atlantismo, del cual las voces principales en el tema muestran ser EEUU y el Reino Unido.

Pero muchos compatriotas evidencian no entender nada de Geopolítica, incluso entre los uniformados, de muy pobres formaciones en esa importante disciplina, como tampoco conocen casi nada de Historia y Economía.

En el colmo de la incoherencia, muchos uniformados y civiles carecientes de elemental patriotismo, evidencian sentirse muy gustosos con la postura genuflexa de los libertarios, ante las imposiciones imperiales de ambas potencias anglosajonas.

Preocupante realidad, que pone en serio riesgo nuestra continuidad como nación digna y soberana, atributos esenciales que muchos políticos y el grueso de los uniformados, evidencian desconocer o incluso despreciar.

Párrafo aparte merecen los involucramientos de Milei y su entorno, en la sonada estafa “Libra” de cripto monedas; las no desmentidas serias acusaciones de “peajes” (léase coimas) que su hermana percibía para facilitar entrevistas con el presidente (hasta el muy probo orfebre Pallarols se quejó de esas pretendidas imposiciones pecuniarias), y el ya muy famoso 3 % de sobreprecios en las compras de medicamentos; y otras deleznables operatorias de tenores similares; además de los manejos discrecionales de muy costosos viajes al exterior por motivos no oficiales; sin dejar de lado las muy discutibles compras de materiales bélicos usados de dudosas capacidades disuasivas reales y a precios que más de un opinante con fundamentos criticaran como excesivos.

Tampoco cabe omitir la sumatoria de violencias represivas contra pacíficos protestantes, en las que se ensañan las fuerzas de seguridad, practicantes de las doctrinas violentas predicadas e impuestas por la exministra hoy legisladora Patricia Bullrich.

Es que el desquicio general tan acentuado provoca protestas, a las que se pretende ahogar con desmedidas operaciones represivas, de las que parece ser experta la exguerrillera mutante de la política.

Este esquema de destrucción socio económica generalizada, solo se puede mantener en base a operaciones de “ensobrados” y “encarpetados” que cabe suponer con mucha lógica, las presiones de agresivos trols en las redes, y todo eso custodiado por los garrotes y gases tóxicos, de los que hacen alardes las fuerzas de seguridad, que más parecen tropas de ocupación al servicio de la antipatria.

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La soberbia es mala consejera

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Las últimas actuaciones del oficialismo en el Congreso no pueden leerse como episodios aislados ni como simples errores de cálculo parlamentario. Lo que se observa, con creciente nitidez, es el costo político de una estrategia basada en la imposición, el desprecio por los consensos y una confianza desmedida en la capacidad de disciplinamiento. Cuando la soberbia reemplaza a la política, el resultado suele ser el mismo: retrocesos, fracturas y pérdida de control de la agenda.

La primera señal fue clara en la Cámara de Diputados. El Gobierno logró aprobar en general el Presupuesto, pero sufrió una derrota significativa al rechazarse el capítulo 11, donde se concentraban algunos de los puntos más sensibles del ajuste: la derogación del financiamiento universitario y de la emergencia en discapacidad, entre otros. A pesar de negociaciones de último momento, promesas a gobernadores y presiones internas, el oficialismo no consiguió los votos necesarios. El mensaje fue inequívoco: hay límites que ni siquiera los aliados están dispuestos a cruzar. “Este presupuesto no nos sirve”, se lamentó en privado el presidente.

Lejos de leer esa votación como una advertencia, el Ejecutivo insistió con la misma lógica en el Senado. El resultado fue inmediato. Senadores que hasta ahora habían acompañado al Gobierno se rebelaron contra el estilo de conducción de Patricia Bullrich, cuestionando el método de “latigazos” y dejando en claro que sin presupuesto aprobado en condiciones aceptables no habrá reforma laboral. La decisión de postergar el tratamiento hasta febrero no es solo una dilación técnica: es un gesto político de autonomía y, sobre todo, de hartazgo. A todo esto se sumó la masiva movilización de la CGT, que no pasó sin pena ni gloria y dejó preparado el terreno para oponerse a una reforma que va contra los derechos de los trabajadores y no generará nuevos puestos de trabajo, según lo reconocen en el propio gobierno.

Desde distintos sectores del Congreso, incluso entre quienes no se identifican con la oposición dura, la lectura es coincidente. Legisladores y asesores parlamentarios señalan que el Gobierno subestima el funcionamiento real del sistema institucional, creyendo que la épica del ajuste y la confrontación permanente alcanza para ordenar voluntades. “No alcanza con tener razón en Twitter para ganar una votación”, deslizó un senador dialoguista. Otro fue más directo: “La firmeza sin negociación es solo soberbia”. “Se terminó la espuma del triunfo electoral”, dijo el diputado Agustín Rossi.

Analistas políticos advierten que el problema no es únicamente aritmético, sino estratégico. Un gobierno que no tiene mayoría propia en el  parlamento, necesita ampliar consensos, no reducirlos. Sin embargo, la Casa Rosada, como es su costumbre, parece apostar a una dinámica de desgaste: forzar votaciones, exponer a los aliados, tensionar hasta el límite. Esa lógica puede servir en el corto plazo para marcar posiciones, pero erosiona rápidamente el capital político necesario para sostener reformas estructurales.

El caso de la reforma laboral es paradigmático. Presentada como uno de los pilares del programa económico, hoy aparece empantanada no solo por la resistencia opositora, sino por la desconfianza de quienes deberían garantizar su aprobación. Sin acuerdos previos, sin un presupuesto que ordene expectativas y con un estilo de conducción verticalista, el proyecto de reforma laboral quedó en suspenso. No por conspiraciones externas, sino por errores propios.

En política, la soberbia suele confundirse con determinación. Pero cuando el gobierno cree que gobernar es imponer y no persuadir, termina aislándose incluso de sus propios socios. Esta semana en el Congreso dejó una lección que la historia argentina ya enseñó más de una vez: sin diálogo, sin escucha y sin respeto por la dinámica institucional, la gobernabilidad se vuelve frágil.

Lo ocurrido en el Congreso no es una anécdota ni una conspiración opositora: es el resultado directo de un estilo de gobierno que confunde autoridad con prepotencia y convicción con arrogancia. La derrota parcial en Diputados y la rebelión en el Senado son dos caras de un mismo problema: un Ejecutivo que cree que puede avanzar sin construir acuerdos reales.

Gobernar no es arrasar, ni disciplinar a fuerza de amenazas simbólicas o castigos presupuestarios. Mucho menos en un sistema institucional que exige negociación permanente. Cuando incluso los aliados comienzan a decir basta, el problema deja de ser numérico y pasa a ser político. Y cuando los propios empiezan a rebelarse, la soberbia deja de ser un rasgo de estilo para convertirse en un factor de ingobernabilidad.

El oficialismo enfrenta hoy una encrucijada clara: o revisa su lógica de confrontación permanente o seguirá acumulando derrotas, aun teniendo la iniciativa y la agenda. Porque en política, como vuelve a demostrar esta semana, la soberbia no solo es una mala consejera: suele ser el prólogo del fracaso.

El oficialismo todavía está a tiempo de corregir el rumbo. Pero para eso debería asumir algo elemental: la soberbia no es una estrategia, es un obstáculo. Y en el Congreso, como en la política en general, suele ser una muy mala consejera.

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Científicos advierten sobre los combustibles fósiles

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La evidencia es clara: los combustibles fósiles, así como su industria y sus facilitadores, están impulsando una multitud de crisis interrelacionadas que ponen en peligro la amplitud y la estabilidad de la vida de la Tierra

Un equipo de científicos de la Alianza de Científicos Mundiales (AWS por sus siglas en inglés), investigadores de prestigiosas universidades, cuyo autor principal es el Prof. Shaye Woolf, nos advierten sobre; “Cada etapa del ciclo de vida de los combustibles fósiles (extracción, procesamiento, transporte y combustión o conversión a productos petroquímicos) emiten gases de efecto invernadero que calientan el planeta y contaminantes perjudiciales para la salud, además de causar una degradación ambiental generalizada”.

El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, advirtió en 2023 que los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) son “incompatibles con la supervivencia humana” y que los gobiernos deben tomar medidas urgentes para eliminarlos gradualmente e impulsar la transición a las energías renovables para evitar una catástrofe.

Esta dura advertencia se basó en la vasta base de evidencia científica, construida durante décadas, que establece los daños generalizados y devastadores de los combustibles fósiles y la necesidad urgente de una eliminación gradual de estos combustibles, incluida una transición justa a alternativas limpias para proteger a las personas y al planeta.

Desde la década de 1980, miles de estudios publicados han sido sintetizados en informes masivos por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y otros organismos de investigación, que confirman el consenso científico sobre el cambio climático y documentan los crecientes daños de la crisis climática impulsada por los combustibles fósiles.

A medida que ha aumentado la evidencia sobre los peligros de los combustibles fósiles, ha surgido una serie de soluciones para reemplazarlos. Se han desarrollado fuentes de energía renovable limpias y rentables y materiales alternativos en toda la economía, lo que hace posible la electrificación en la mayoría de los sectores y facilita colectivamente una transición justa para abandonar los combustibles fósiles.

La energía renovable de la energía solar fotovoltaica (PV) y la energía eólica terrestre es mucho menos costosa que la electricidad generada con combustibles fósiles.

Una transición a la energía limpia generaría billones de dólares en beneficios para la salud y el medio ambiente, al tiempo que impulsaría la creación de empleos y las economías en todo el mundo.

A pesar de la evidencia contundente y la disponibilidad de energía limpia y renovable, las medidas gubernamentales para limitar el uso de combustibles fósiles han sido lentas e insuficientes. Las empresas de combustibles fósiles aún reciben subsidios gubernamentales masivos, y los gobiernos continúan expandiendo la producción e infraestructura de combustibles fósiles, por lo tanto las emisiones globales de combustibles fósiles siguen aumentando.

Los llamados a una eliminación gradual equitativa requieren que los países reduzcan la producción y el uso de combustibles fósiles con el tiempo a cero, basándose en varios principios básicos.

La eliminación gradual de los combustibles fósiles debe basarse en la equidad. Los países ricos, con mayor responsabilidad por las emisiones de combustibles fósiles y con mayor capacidad de acción, son los más responsables de una acción climática ambiciosa, que incluye una financiación climática significativa y apoyo a los países más pobres.

La transición debe venir acompañada de salvaguardas para minimizar los daños a las comunidades, los trabajadores y el medio ambiente.

En los últimos años han descubierto campañas de desinformación durante varias décadas con un costo de miles de millones de dólares librada por la industria fósil y sus aliados para minimizar o negar los daños de sus productos y retrasar la acción para eliminar gradualmente los combustibles fósiles. Exponer esta desinformación ha sido fundamental para ayudar a los científicos, a los responsables de las políticas y al público a comprender por qué se han estancado las acciones para abandonar los combustibles fósiles.

Los científicos se centraron en cinco categorías principales de daños socioeconómicos y ambientales de los combustibles fósiles:

1.-la crisis climática, impulsada principalmente por las emisiones de combustibles fósiles;
2.-daños a la salud pública,
3.-injusticia ambiental,
4.-pérdida de biodiversidad impulsada por el cambio climático, la contaminación y la degradación ambiental impulsados ​​por combustibles fósiles; y
5.-contaminación petroquímica, con un enfoque en plásticos y agroquímicos.

Crisis climática

Los combustibles fósiles son, sin duda, el motor de la crisis climática global. Diversas evaluaciones científicas han demostrado reiteradamente que los gobiernos deben eliminar progresivamente y con rapidez la producción y el uso de combustibles fósiles para prevenir daños catastróficos.

La producción y la combustión de petróleo, gas y carbón son responsables de casi el 90 % de las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) de origen humano y de aproximadamente el 79 % de las emisiones totales de gases de efecto invernadero.
Las emisiones de combustibles fósiles están calentando rápidamente el clima, acidificando los océanos y propiciando desastres climáticos sin precedentes, como la intensificación de huracanes, olas de calor, sequías, inundaciones e incendios extremos, entre otros fenómenos climáticos extremos.

Cada aumento en la contaminación por combustibles fósiles empuja al mundo hacia puntos de inflexión peligrosos que amenazan “el bienestar humano y la salud planetaria”.

La falta de voluntad política para implementar las medidas climáticas necesarias ha hecho que el punto de referencia de 1,5 °C sea casi imposible de alcanzar sin sobrepasar el límite. Debido a que cada fracción de grado importa para evitar daños devastadores, limitar el calentamiento lo más cerca posible de 1,5 °C (y minimizar la cantidad y la duración del sobrepaso) es crucial.

El Director Ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía (IEA por sus siglas en inglés), Dr. en economía energética, Fatih Birol advirtió: «Si los gobiernos se toman en serio la crisis climática, no puede haber nuevas inversiones en petróleo, gas y carbón, a partir de ahora, a partir de este año».

Los EE. UU., han producido más petróleo crudo que cualquier otra nación en la historia cada año durante los últimos seis años y produce más gas metano fósil que cualquier otro país, con planes para extraer más del doble de combustible fósil en 2030 alimentando la crisis climática en el país y en el mundo.

Al asumir el cargo en enero de 2025, la segunda administración Trump ordenó a las agencias federales expandir agresivamente la producción de combustibles fósiles, impulsar la desregulación de la industria y revertir la política climática, mientras continuaba negando la realidad del cambio climático y retiraba a Estados Unidos del Acuerdo de París.

Conclusión

El impulso para la eliminación gradual de los combustibles fósiles está creciendo en todo el mundo.

Se debe acelerar la transición de los combustibles fósiles a energías limpias y renovables urgentemente. Afortunadamente, ya existen alternativas equitativas, asequibles y limpias en diversos sectores que pueden reemplazar los combustibles fósiles, protegiendo a las personas y al planeta.

Se debe construir poder político en la sección transversal más amplia posible de personas que sufren graves daños sociales, económicos, sanitarios, ambientales y climáticos por parte de la industria de los combustibles fósiles; es esencial para presionar a los gobiernos para que adopten políticas que restrinjan la influencia financiera y política expansiva y arraigada de las industrias del petróleo, el gas, el carbón y la petroquímica.

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