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Dos velocidades: la economía que exporta y la economía que consume

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Hay una imagen que empieza a repetirse con demasiada frecuencia en la economía argentina: mientras algunos sectores alcanzan récords, otros siguen acumulando caídas. Misiones ofrece hoy uno de los ejemplos más claros de esta economía a dos velocidades y particularmente esta semana volvimos a ver, con datos, la manifestación de este escenario.

Por un lado, las exportaciones misioneras atraviesan un momento excepcional. Misiones viene marcando máximos históricos tanto en montos como en cantidades exportadas y sostiene su liderazgo dentro del NEA, con una estructura donde tienen un peso significativo las manufacturas y la agregación de valor. El perfil exportador misionero se diferencia fuertemente de las otras provincias de la región justamente por su agregado de valor, que redunda no solo en mayores cantidades sino también en mejores precios. Esto es la consecuencia de contar con un esquema económico mucho más fuerte en términos de productividad en comparación con otras provincias de la región. 

Sin embargo, del otro lado, el mercado interno muestra una realidad completamente diferente. Por caso, en junio las ventas en supermercados de Misiones cayeron 7,3% interanual en términos reales (la decimocuarta caída consecutiva) y acumularon una baja del 10,4% durante el primer semestre. La demanda interna es justamente lo que explica este fenómeno: el 63,6% de los empresarios relevados por INDEC dicen que el factor relevante de la baja de ventas es la falta de demanda interna, cuando hace tres meses ese número era del 57,3%. 

No se trata simplemente de dos datos que evolucionan en direcciones opuestas. Lo verdaderamente relevante es que la distancia entre ambos mundos parece ampliarse mes a mes. La economía que vende hacia afuera encuentra mercados, demanda y oportunidades de crecimiento. La economía que depende del bolsillo de los argentinos enfrenta, en cambio, un consumidor que sigue restringiendo sus compras. El resultado es una recuperación profundamente desigual, donde el crecimiento de determinados sectores no necesariamente se traduce en una mejora equivalente de la actividad cotidiana.

Esto tampoco es exclusivamente un fenómeno misionero, sino que es una característica cada vez más visible de la economía argentina. El sector externo puede mostrar una dinámica muy positiva mientras el consumo masivo, el comercio y buena parte de las actividades orientadas al mercado doméstico permanecen rezagados.

La diferencia está en la demanda. Exportar significa encontrar consumidores en otros mercados, mientras que el consumo interno depende de salarios, empleo, crédito, expectativas y capacidad de compra. Naturalmente, cuando esos factores no acompañan, la recuperación del frente externo puede convivir perfectamente con góndolas que venden menos. También esta misma semana, a la par que se conocieron récords de exportación, el INDEC informó que el salario del sector privado registrado cayó 3,0% interanual y -2,6% en el sector público, acumulando una baja desde que asumió Milei del -3,6% para el privado y del -16,5% para el público.

¿La merma de un lado invalida lo positivo del otro? Para nada. Lograr niveles récords exportadores es una excelente noticia debido no solo a que se genera divisas, sino que sostienen parte de la actividad productiva, abren mercados y muestran que existen sectores capaces de competir internacionalmente. El problema es que no alcanzan, por sí solos, para desarrollar una dinámica económica que incluya a todos en el tren del desarrollo. Dicho de otro modo: una provincia con alto perfil exportador es necesaria, pero no es suficiente. Al final del día lo que verdaderamente inquieta en términos de análisis económico es, en el marco de la economía heterogénea, responder a la pregunta de quiénes están creciendo y quiénes están quedando afuera, aunque la respuesta parecería ser obvia.

Aun en este contexto, podemos ser optimistas y optar por la filosofía de mirar el vaso medio lleno. En el costado del frente exportador, la ratificación misionera de su liderazgo en el NEA pero, más aún, su consolidación como provincia manufacturera es altamente relevante para comprender que, con los incentivos correctos, la matriz productiva misionera todavía tiene mucho para crecer y, en ese contexto, tiene mucho para dar en términos de empleo, remuneraciones y derrame sobre otras cadenas productivas. 

En relación con el consumo, aunque el dato general fue negativo, se pueden rescatar algunas cosas: en primer lugar, el consumo en productos de almacén creció 3,2%, revirtiendo la caída del mes anterior fue mayor al 10%. Esto es relevante dado que se trata de la canasta más voluminosa en el caso provincial y que está compuesta, mayoritariamente, de productos de primera necesidad. En segundo lugar, se destaca que las ventas de junio crecieron casi 6% comparado con mayo, lo cual es relevante pensando en una eventual recuperación y julio, con mayor impacto del pago de medio aguinaldo, podría continuar la tendencia. 

Así las cosas, el desafío entonces no pasa por elegir entre exportaciones o consumo interno, sino por lograr que ambas velocidades comiencen a converger. Los récords exportadores muestran que Misiones tiene capacidad productiva, competitividad y margen para crecer, mientras que la recuperación del consumo todavía aparece como la variable pendiente. Los primeros datos de junio y las señales de julio permiten mantener cierto optimismo, pero será necesario que la mejora del frente externo empiece a traducirse en mejores ingresos, más empleo y mayor demanda interna. 

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No pasarás: Palantir, Thiel y la Argentina de Milei en disputa

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Peter Thiel llegó a la Argentina para hacer negocios y se encontró con Gandalf. No con uno: con varios. Disfrazados, con túnicas y bastones, unos manifestantes lo recibieron con una bandera que decía “You shall not pass”. Debajo, una expresión “no oficial” y bien argentina: un insulto de esos que Tolkien jamás imaginó para la Tierra Media.

La escena era graciosa. Casi absurda. Pero también era una síntesis bastante precisa de lo que está en discusión.

Porque Thiel no es solamente un millonario de Silicon Valley que decidió mirar hacia el sur. Es el fundador de Palantir, la empresa cuyo nombre remite a las piedras videntes de Tolkien: objetos capaces de observar a distancia y convertir información en poder.

Y ahí conviene detenerse.

Cómo ya dijimos, ¿Palantir es una piedra que ve y habla?

La pregunta, entonces, no es solamente qué puede ver. Es quién mira, qué ve y para qué.

El periodista Alejandro Bercovich viene siguiendo precisamente esa dimensión del desembarco de Thiel y su vínculo con Javier Milei: no sólo la inversión y los negocios, sino la posibilidad de que la Argentina se convierta en una suerte de laboratorio político, económico y tecnológico.

Y ahí aparece la primera paradoja.

El Gobierno presenta la llegada de capitales como una demostración de confianza internacional. Pero la pregunta incómoda es otra: ¿qué clase de país estamos construyendo para que esos capitales quieran venir?

Porque Thiel no llega a una Argentina cualquiera.

Llega a la Argentina de Milei: un país que abrió de par en par las puertas a los capitales extranjeros, que convirtió Vaca Muerta en uno de los grandes objetos de deseo de los inversores y que hizo de la desregulación una bandera.

Pero también llega a una Argentina donde las PyMEs salen a la calle para denunciar que están siendo asfixiadas; donde los hogares se endeudan para sostener el consumo; donde crece la morosidad y donde los salarios aparecen entre las principales preocupaciones de la sociedad.

Una Argentina que ofrece oportunidades extraordinarias hacia arriba mientras la presión se acumula hacia abajo.

El “Mapa de la Deuda”, de Delfina Rossi y su equipo, (https://mapadeladeuda.ar/) permite ver aquello que las grandes cifras macroeconómicas suelen esconder: el endeudamiento no es solamente un dato financiero. Está en la tarjeta, en el préstamo, en la cuota y en la familia que llega a fin de mes pateando una deuda hacia el siguiente.

Mientras una Argentina se endeuda, otra discute cómo atraer más capital.

No necesariamente hay contradicción. El problema es quién queda de cada lado de la ecuación.

Una economía puede resultar extraordinariamente atractiva para quien viene a comprar activos, energía, tierras, empresas o datos y, al mismo tiempo, volverse cada vez más difícil para quien vive de un salario.

Ahí la palabra colonia deja de sonar como una provocación literaria.

Ya no hacen falta barcos ni uniformes.

Hay deuda. Hay recursos naturales. Hay tecnología. Hay plataformas. Hay datos. Hay capital financiero. Y hay gobiernos dispuestos a presentar todo eso como sinónimo de libertad.

No es casual que, mientras discutimos el desembarco de Thiel y el poder de Palantir, León XIV haya advertido sobre el riesgo de que la inteligencia artificial se convierta en una nueva forma de colonialismo económico o ideológico.

La advertencia puede venir del Vaticano. La pregunta, sin embargo, es bastante más terrenal:

¿Quién controla la tecnología?

¿Quién controla los datos?

¿Quién controla los recursos?

Y, finalmente, quién controla las decisiones?

Por eso los Gandalfs dejan de ser una anécdota simpática.

Su “no pasarás” adquiere otra dimensión.

Y mientras los Gandalfs ponen humor a una discusión muy seria, la realidad económica empieza a poner nervioso al establishment.

La división frente a Milei ya no es una fantasía opositora. Sectores empresarios empiezan a discutir públicamente si la recesión puede terminar poniendo en riesgo aquello que hasta ahora valoraban del Gobierno: el famoso orden macro.

Eso es bastante más significativo que cualquier encuesta.

Porque cuando quienes apoyan un modelo empiezan a preguntarse si el conductor del modelo puede terminar poniendo en peligro sus propios objetivos, algo empieza a romperse.

Y la respuesta presidencial parece ser siempre la misma: mirar hacia otro lado.

Si hay endeudamiento, la culpa es del endeudado.

Si cae la natalidad, aparecen los “pañuelitos”.

Si hay críticas, aparecen los periodistas.

Si hay problemas políticos, aparecen los enemigos.

Si hay dificultades económicas, aparece otro culpable.

Y cuando la explicación económica no alcanza, la batalla cultural viene al rescate.

La realidad, otra vez, resulta bastante menos obediente que el relato.

El Presidente que prometió gobernar contra “la casta” empieza a tener problemas incluso con sectores del poder económico que deberían sentirse cómodos con su programa.

Las PyMEs marchan.

Los empresarios se preocupan.

El establishment se divide.

Los hogares se endeudan.

Y el Gobierno responde con insultos.

En ese paisaje aparece también Fernando Cerimedo, operador político y digital ligado a la campaña de Milei de 2023, aportante registrado por 28 millones de pesos y ahora detenido en Bolivia en el marco de una causa gravísima: intento de femicidio y, además, corrupción a gran escala.

El hombre que alguna vez fue suficientemente cercano como para formar parte del dispositivo político y comunicacional del presidente boliviano Rodrigo Paz y del propio Javier Milei, ahora parece transformarse en una figura de la que conviene tomar distancia. Pasó lo mismo cuando fue acusado de ser cómplice del intento de golpe de estado en Brasil para tratar de impedir que Lula asuma como presidente.

El viejo “yo no fui”.

Una curiosa costumbre de la política libertaria: los vínculos son sólidos mientras sirven y perfectamente inexistentes cuando dejan de ser convenientes.

Pero hay algo que no puede borrarse con un tuit.

La piedra habla.

Habla la deuda.

Hablan las PyMEs.

Hablan los salarios.

Hablan las persianas bajas.

Habla la morosidad.

Habla el establishment cuando empieza a preocuparse.

Y hablan los datos.

La última encuesta de la Universidad de San Andrés registra 35% de aprobación y 61% de desaprobación para el Gobierno, mientras ubica entre los principales problemas del país la falta de trabajo, los bajos salarios, la corrupción y la pobreza.

La piedra puede mostrar el mundo desde lejos.

Pero hay algo que no puede hacer.

No puede votar por nosotros.

No puede pagar nuestras cuotas.

No puede abrir una fábrica cerrada.

No puede sostener una PyME.

No puede recuperar un salario.

No puede vivir en una casa endeudada.

Eso lo hacen —o lo padecen— las personas.

Por eso quizá la escena más importante de estos días no ocurrió en Silicon Valley ni en una reunión de empresarios.

Ocurrió en la calle.

Unos argentinos disfrazados de Gandalf levantaron un bastón y le dijeron a uno de los hombres más poderosos de la tecnología mundial:

No pasarás.

Y quizá, sin proponérselo, estaban diciendo algo mucho más grande.

Que una sociedad no es un territorio vacío esperando inversiones.

Que los recursos no son solamente activos.

Que los datos no son solamente mercancía.

Que la tecnología no es neutral.

Y que la libertad no consiste en abrir todas las puertas para que entren los poderosos y después pedirle al que quedó adentro que agradezca.

Porque la discusión que empieza a aparecer detrás de Thiel, Palantir, Milei, Vaca Muerta, la deuda, las PyMEs y la inteligencia artificial es, en definitiva, qué Argentina queda después de que todos los que quieren verla desde lejos terminen de mirarla.

Y ahí sí.

No pasarás.

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El show debe continuar, aún después de muertos…

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La industria de los shows póstumos mueve cientos de millones de dólares. En marzo de 2026, seis funciones del holograma de Gustavo Cerati se agotaron en minutos en el Movistar Arena. El anuncio fue deliberadamente ambiguo: “No es tributo. No es homenaje. Es Soda, en vivo.” La pregunta que el negocio no quiere responder: ¿en vivo quién?

Es Soda, en vivo. Soda = Vanguardia.”

La palabra que faltaba era “holograma”. Fue omitida de manera deliberada. Y funcionó: las entradas para las seis funciones del Movistar Arena (21 y 22 de marzo, 6 de abril, 4, 10 y 11 de junio de 2026) se agotaron en cuestión de días. Decenas de miles de personas pagaron para ver a Gustavo Cerati en el escenario. Cerati murió el 4 de septiembre de 2014.

Nadie fue engañado. Todos lo sabían. Y fueron igual.

Eso dice algo sobre la industria y algo todavía más interesante sobre nosotros.

Los shows póstumos son uno de los negocios de mayor crecimiento en la industria del entretenimiento. La gira de Roy Orbison, fallecido en 1988, recaudó más de 35 millones de dólares. La de Whitney Houston recorrió Europa y Estados Unidos con 54 funciones entre 2020 y 2022. El holograma de Tupac Shakur en Coachella 2012 acumuló 15 millones de visualizaciones en YouTube en 48 horas y disparó las ventas del catálogo del rapero. 

Técnicamente ninguno de esos eventos fue un holograma real, todos usaron el “Pepper’s Ghost”, un truco de ilusionismo del siglo XIX que proyecta una imagen en una pantalla traslúcida inclinada. Pero la percepción del público fue la de una resurrección. Y esa percepción es el producto.

La tecnología mejoró exponencialmente desde aquel Coachella. La IA generativa permite hoy reconstruir voz, movimiento y expresión de un artista con una fidelidad que hace diez años era imposible. No se trata solo de proyectar una imagen archivada: es posible generar nuevas actuaciones, nuevas canciones, nuevas interacciones con el público usando el material que el artista dejó en vida como base de entrenamiento.

Eso abre un territorio que la industria está explorando mucho más rápido que lo que la ética, y la ley,  puede seguirle el paso.

Tupac Shakur

†1996

Primera aparición masiva. Coachella 2012, junto a Snoop Dogg y Dr. Dre. 90.000 presentes. 15 millones de visualizaciones en 48 horas. Disparó las ventas de su catálogo. Técnica: Pepper’s Ghost. Su patrimonio lo controla un fideicomiso familiar.

El holograma de Tupac Shakur en Coachella 2012

Michael Jackson

†2009

Billboard Music Awards 2014, performance digital de “Slave to the Rhythm”. Los herederos controlan el patrimonio y autorizan los usos. Catálogo valorado en más de 2.000 millones de dólares al momento de su muerte.

Whitney Houston

†2012

Gira internacional “An Evening With Whitney”, 54 funciones en Europa y EE.UU. Aprobada por su familia. Producida por Base Hologram. Su holograma “compartió” escenario con Christina Aguilera en The Voice — la familia pidió que no se transmitiera por la calidad visual.

CRISTINA AGUILERA Y EL HOLOGRAMA DE WITHNEY HOUSTON

Gustavo Cerati

†2014

“Soda Stereo Ecos”, Movistar Arena, Buenos Aires. Seis funciones agotadas en minutos. Primera vez que Argentina vive este fenómeno a escala masiva con un artista propio. La familia y los miembros sobrevivientes de la banda dieron su aprobación. El anuncio evitó deliberadamente la palabra “holograma”.

Amy Winehouse

†2011

Gira programada para 2019, cancelada. Base Hologram encontró “ciertas dificultades y sensibilidades”  probablemente relacionadas con la naturaleza pública de su muerte por adicciones. El caso más claro de que no todo artista fallecido es igualmente “hologramable” sin costo reputacional.

El negocio tiene una lógica que se entiende fácilmente: un artista fallecido no cobra, no se niega, no tiene caprichos creativos, no pide renegociar el contrato y no envejece. El catálogo sigue generando royalties. El patrimonio lo gestionan herederos o fideicomisos que, en muchos casos, tienen incentivos económicos muy claros para autorizar estas producciones.

Pero el dinero es solo la capa más visible del problema. Debajo hay preguntas que la industria prefiere no formular porque no tienen respuesta cómoda.

LAS PREGUNTAS QUE EL NEGOCIO EVITA

¿Cerati hubiera querido volver al escenario de esta manera? ¿Quién decide cómo suena, cómo se mueve, qué canciones canta un artista que no puede opinar? ¿Los herederos tienen derecho a tomar esas decisiones? ¿Y si el artista se hubiera negado en vida?

La dimensión legal es un territorio en construcción. En Argentina no existe regulación específica sobre el uso de la imagen y la voz de personas fallecidas con fines comerciales mediante IA. En Estados Unidos, algunos estados como California y Tennessee aprobaron leyes que protegen la “personalidad digital” de los artistas, pero la regulación federal es inexistente. En Europa, el Reglamento de IA de 2024 tiene previsiones generales sobre deepfakes pero no aborda específicamente el uso comercial de artistas fallecidos.

El vacío legal es conveniente para la industria. Y la industria lo sabe.

Hay una dimensión más filosófica que los análisis de mercado raramente incluyen. Cuando Cerati tocaba en vivo, había algo impredecible en cada función. Un error de guitarra corregido al vuelo. Una improvisación que nunca se repetiría. Una mirada al público en el momento exacto. La imperfección y la contingencia eran parte del evento. Eso es lo que hace que un recital sea irrepetible y lo que justifica el precio de la entrada.

El holograma de Cerati es perfecto. Hace exactamente lo que fue programado para hacer, en el orden exacto, con la misma entonación, el mismo gesto, el mismo silencio antes del estribillo. Noche tras noche. En las seis funciones.

¿Es eso un recital? ¿O es una experiencia museística muy cara?

El filósofo Walter Benjamin escribió en 1935 sobre “el aura” (si, el concepto existe mucho antes de la actualidad en la que se la “farmea”) de la obra de arte original esa cualidad irrepetible que la copia mecánica destruye. Su argumento era sobre la fotografía y el cine. Nunca imaginó un concierto. Pero la pregunta que planteó es exactamente la misma: ¿qué pierde la experiencia artística cuando puede reproducirse con perfecta fidelidad? La respuesta que la industria de los shows póstumos no quiere escuchar es que lo que se pierde es precisamente lo que hacía que valiera la pena estar ahí.

Y sin embargo. Las seis funciones de Soda Stereo se agotaron. Hay algo en la demanda que no puede descartarse simplemente como un engaño masivo o como nostalgia mal procesada.

Tal vez sea esto: la muerte de alguien que amabas, un músico cuya voz fue la banda sonora de momentos que no olvidás, deja un duelo que nunca termina de cerrarse. La industria de los shows póstumos no vende tecnología. Vende una ilusión de continuidad. La posibilidad de estar, una vez más, en el mismo espacio que esa voz. De sentir que el tiempo no pasó del todo, o que pasó de una manera que no tiene que ser definitiva.

Eso no es un negocio menor. Es uno de los negocios más humanos que existen: el de la negación de la pérdida.

La pregunta que queda, entonces, no es si la industria va a seguir haciéndolo. Va a seguir, y va a crecer, porque la tecnología se abarata y la demanda no desaparece. La pregunta es bajo qué reglas.

¿Quién decide qué canciones canta el holograma de un artista que murió antes de poder opinar?

¿Quién controla cómo evoluciona su imagen digital en los próximos veinte años?

¿Puede la IA generar una canción “nueva” de Cerati  con su voz, su estilo, sus influencias  y venderla como parte del catálogo?

¿Y si alguien ya lo está haciendo?

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Corpus Christi y Urugua-í como partes esenciales del potencial hidroeléctrico de Misiones

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El tema de la gran central hidroeléctrica binacional de Corpus Christi, proyectada con Paraguay en el tramo final de la singularidad geográfica del Cañón Del Guayrá, vuelve a tener estado público, con varios opinantes, muchos de los cuales no evidencian aquilatar los necesarios conocimientos técnicos para sustentar sus posturas.

Más allá de estos intercambios de ideas, con o sin fundamentos técnicos de los opinantes, es evidente que en el marco del desastre socio económico general en perpetración por el libertarismo y sus socios neoliberales, es muy dudoso que una gran obra pública para el desarrollo, pueda concretarse.

Pero ante un muy posible cambio profundo de política económica, las grandes obras públicas con enormes efectos multiplicadores positivos, como Corpus Christi, deben ser prioritarias.

Algunos opinantes pueden sin duda expresarse de buena fe, pero al carecer de los conocimientos técnicos imprescindibles para opinar con fundamentos, es frecuente que incurran en errores y/o serias imprecisiones, lo cual puede agravarse si se agregan cerradas posturas afines al fundamentalismo ecolátrico, el cual utiliza el ecoterrorismo como método usual de cooptación de adherentes.

Algunos opinantes seguramente son buenas personas, pero pueden demostrar una personalidad algo tendiente a adoptar posturas tajantes, evidenciando a la vez carencias muy visibles de la debida fundamentación técnica, incluyendo en el concepto lo referente al propio Tema Energético, pero también en Economía, en lo Social, en lo Ambiental y en lo Geopolítico. Y al caer en posturas que rayan lo poco fundamentado, suele suceder que algunas buenas personas terminen siendo usadas por determinados intereses, que en lo Energético por lo general van asociados -en esos casos en los que usan a personalidades proclives a exaltarse- con intereses impresentables, de magnitudes considerables.

En el tema energético, en particular, los poderosos intereses vinculados con la termogeneración (la que quema petróleo, gas o carbón), encontraron un aliado muy funcional, en el ultra ecologismo, el cual opera en gran medida con argumentaciones falsas y/o distorsionadas, enfatizando lo vinculado con el eco terrorismo, inoculando miedo en la opinión pública, como herramienta de sometimiento a sus nada inocentes planteos.

El ultra ecologismo, en Argentina, opera en gran medida con libretos instalados por grandes transnacionales del ecologismo ultra, operado desde el Reino Unido, como lo son Greenpeace y WWF (en Argentina Fundación Vida Silvestre). En los hechos, utilizan el ecologismo cavernario, como excusa para atarnos al subdesarrollo crónico. Suele ser poco conocido, que esas ONGs tienen fuertes trazas de haber sido creadas como instrumentos del MI6 (el servicio secreto británico), el cual opera para condicionar o impedir nuestro desarrollo.

En particular, recuerdo algunas exposiciones, cargadas de planteos pseudo apocalípticos y carecientes de los debidos fundamentos técnicos y científicos, de algunas personas opinantes que evidentemente carecen de los necesarios conocimientos, para basar sus afirmaciones.

Suelen ser exposiciones sin mala fe, pero al basarse en meros prejuicios funcionales a intereses impresentables, a los cuales no les interesa en nada el desarrollo socio económico de nuestra provincia, del NEA y de todo nuestro país, esos opinólogos al voleo terminan siendo funcionales a impresentables intereses, incluso del tipo de los que lucran sembrando miseria y estancamiento socio económico.

La puesta en marcha de Urugua-Í significó el fin-lamentablemente temporario-, de la sangría de dinero que significaba quemar enormes cantidades de combustibles, tanto en los equipos de EMSA ubicados en Posadas (TG 1, TG 2, Ciclo Combinado), como las centrales del interior (algunas de EMSA y otras de Cooperativas), debiendo adicionarse los elevados costos económicos y ambientales de fletes por camiones, desde San Lorenzo -Santa Fe- hasta los destinos en Misiones. Ese enorme negocio, muy costoso para Misiones, se terminó cuando comenzó a generar Urugua-Í. Por algún motivo irónico, en la Secretaría de Energía de La Nación, se mencionaban los “camioncitos voladores”, vinculados al transporte de combustibles para EMSA.

Cuando se diseñó, Urugua-Í significaba cubrir el 120 % de toda la demanda eléctrica provincial. Lo lógico, dentro de una coherente planificación energética provincial (vinculada con la nacional), indicaba la necesidad de utilizar el tiempo de cobertura total de la demanda provincial, para construir una mega central, esta con un horizonte de cobertura de la demanda provincial a largo plazo, lo que a la vez nos posicionará como proveedor nacional de un insumo de alto valor estratégico, como lo es la electricidad. Eso implica potenciar la matriz productiva de Misiones. Todo eso potenciará el desarrollo, saliendo del subdesarrollo que es causa de la peor de las contaminaciones, la provocada por la miseria.

El gran proyecto con mejores características técnicas y de muy bajo impacto ambiental, factible en Misiones, es Corpus Christi, utilizando la singularidad geográfica del Cañón del Guayrá, el cual posibilita minimizar el área inundable.

Para que se entienda eso, Misiones con Corpus Christi, pasará a ser productora de un insumo de alto valor estratégico para Argentina, a la vez que será otra gran obra que profundizará las vinculaciones geopolíticas con la hermana República del Paraguay. Tendremos acceso a grandes volúmenes de energía eléctrica de calidad, libre de las intermitencias de eólicas y solares.

A la vez, con una gestión que acentúe el rol inductor del desarrollo local (en ambas márgenes), tal como se hizo en la EBY durante la gestión del Arq. O. Thomas, es plenamente factible vincular la construcción de la Hidroeléctrica Corpus Christi, con inversiones en lo social, potenciando el desarrollo de la localidad de Corpus y zonas aledañas (tal como sucede con Ituzaingó, favorecida por la EBY); así como dar un gran impulso cualitativo y cuantitativo a las inversiones en rutas y vías férreas, e inversiones sociales en educación y salud, un moderno puerto en la cercana Santa Ana, y/o el uso intensivo del Puerto de Posadas.

Respecto a la Hidroeléctrica Urugua-Í, la mayor obra pública hecha en Misiones, es necesario opinar con fundamentos, no con el mero “dice que”. La producción promedio anual de la misma, es superior a la media estimada en los estudios previos. Y dadas las conocidas fluctuaciones en el caudal del río en el que se sitúa (el de mayor caudal de los cursos de agua interiores de Misiones), era conocido ex ante, que ocurrirían períodos de estiaje, con bajas producciones de energía; como también la generación a plena potencia, en épocas de grandes caudales, durante los cuales, el exceso de los mismos se vuelca por el vertedero, sobre el cual está la Ruta Nacional Nº 12.

En la descomunal crisis eléctrica por falta de inversiones en mantenimiento, ocurrida en el gobierno macrista, en 2017; en Misiones los efectos de la misma fueron de mucha menor magnitud, en buena parte gracias a la generación de base producida por Urugua-Í.

Existe un interesante proyecto, del Túnel del Urugua-Í, el cual de concretarse permitirá suplir totalmente las carencias de caudal en períodos de baja hidraulicidad, con lo cual se utilizará plenamente el potencial de esa importante central hidroeléctrica. El notable experto mundial en hidroelectricidad, Dr. Ing. Giovanni Lombardi, consideró plenamente factible esa obra.

Guardo muy respetuoso recuerdo de ese muy destacado profesional y excelente persona, que tuvo la enorme deferencia de haber prologado dos de mis libros; además de obsequiarme, con una dedicatoria, un ejemplar del voluminoso libro, de delicada impresión, con el cual conmemoró los 50 años de su muy destacada consultora, con sede en Suiza.

La generada por Urugua-Í, es la energía más económica que dispone Misiones, y sigue siendo un gran respaldo para la demanda eléctrica provincial.

Lógicamente, la demanda creció, y se debería haber invertido en más fuentes de generación hidroeléctrica, de las que existen varios proyectos terminados, planificados en cursos de agua interiores, además de los grandes proyectos binacionales de Corpus Christi, Panambí y Garabí.

Como no se hizo ninguna hidroeléctrica adicional, excepto Aña Cuá, la no terminada ampliación de Yacyretá, lamentablemente en Misiones se debió volver a montar centrales termoeléctricas, de elevados costos por kWh, altos índices de polución (por quemar combustibles, y por la contaminación del transporte en camiones por más de 1.000 Km.), y vidas útiles acotadas. Además, se invirtió en paneles solares, lo cual es energía costosa, con vidas útiles bastante reducidas, con costos ambientales encubiertos, y con generación de muy baja calidad, pues esa es energía intermitente.

Las únicas tecnologías que producen Energía de Base (técnicamente confiable, sin intermitencias) son la hidroeléctrica, la nuclear y la termoeléctrica.

El tema no se agota, pero en mérito a la brevedad, lo acoto acá, enfatizando que el enorme potencial hidroeléctrico de Misiones, es la gran herramienta para el desarrollo provincial. La peor de las contaminaciones es la provocada por la miseria. Utilicemos la enorme riqueza hidroeléctrica, para sustentar nuestro desarrollo.

Por sólidos motivos, China, la economía con mayores índices de desarrollo, se volcó fuertemente a la construcción de varias megas centrales hidroeléctricas, haciendo caso omiso a las presiones del ecologismo cavernario, que pretendió impedir esas grandes obras. En Europa y EEUU no construyen más hidroeléctricas, pues prácticamente ya construyeron todas las posibles. Estos datos los ocultan los ultra ecologistas.

¡Que el ecologismo cavernario no sea la excusa para el subdesarrollo crónico!

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Flybondi: cuando el mercado falla, ¿quién se hace cargo?

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Llegué a Aeroparque hace unos días, desde Posadas, y me encontré con una protesta de trabajadores de Flybondi y muchos policías a su alrededor. Era una escena extraña en un aeropuerto: carteles, reclamos, empleados denunciando despidos y pagos pendientes.

Pero hubo algo que me llamó todavía más la atención: no estaban frente a una oficina de la empresa -vaya a saber dónde quedan- ni frente a una dependencia del Estado. Estaban en un aeropuerto, reclamando en un lugar que, en principio, no era el lugar donde alguien debería tener que ir a reclamar por su indemnización o por sus derechos laborales.

Mientras seguía viaje, ya en el Uber, apareció una pregunta que creo que va mucho más allá de Flybondi: ¿Quién protege a las personas de carne y hueso cuando una empresa así entra en crisis?

Porque, además, hay algo que tampoco podemos ignorar: Flybondi nunca fue precisamente una compañía que se caracterizara por funcionar sin problemas. Las cancelaciones, demoras e incumplimientos vienen de hace tiempo y durante 2026 la situación se agravó hasta niveles inéditos.

Y detrás de una empresa que no puede sostener sus vuelos hay mucho más que aviones. Hay trabajadores despedidos que reclaman indemnizaciones. Trabajadores que permanecen en la empresa y atraviesan suspensiones, incertidumbre o no cobran. Hay pasajeros que compraron un boleto y no pudieron viajar. Personas esperando reintegros. Proveedores que reclaman deudas.

Y hay un Estado que, cada vez más, parece llegar después de que el problema ya ocurrió. O, peor aún, parece no querer llegar.

Flybondi cuenta con un sindicato propio, la ATAF (Asociación de Trabajadores Aeronáuticos de Flybondi), pero su representación queda circunscrita a la empresa. Esa limitación reduce su capacidad para ejercer una fuerza colectiva que trascienda al empleador y deja al trabajador como el eslabón más débil de la relación: existe representación formal, pero no necesariamente una estructura con suficiente poder para equilibrar la posición de quien depende de la empresa para conservar su empleo.

Esta crisis deja una pregunta mucho más incómoda: ¿Quién representa realmente al trabajador cuando deja de ser trabajador?

Más de 700 personas fueron desvinculadas de Flybondi y existen reclamos por indemnizaciones y acuerdos de salida que, según denuncias difundidas públicamente, todavía no fueron abonados.

Algunos exempleados comenzaron a autoconvocarse para reclamar. ¿A quién?

Y ahí aparece una de las paradojas de nuestro tiempo: alguien puede tener un derecho reconocido, pero no necesariamente tener el poder para hacerlo efectivo.

El trabajador despedido deja de ser parte de una estructura colectiva y pasa a convertirse en un individuo frente a una empresa. Su indemnización se transforma en un expediente. Su reclamo, en una demanda. Y mientras tanto, el tiempo corre.

Después están los pasajeros. El pasajero no compró una crisis financiera. No compró una discusión entre accionistas sobre quién debe poner el dinero para sostener la empresa. No compró una reestructuración empresarial. Compró un vuelo.

Y, sin embargo, hoy se encuentra atrapado en una discusión que le es completamente ajena. Mientras los accionistas discuten quién debe aportar fondos para sostener la compañía, el pasajero sigue esperando una respuesta sobre algo mucho más sencillo: el servicio que pagó. ⁠ 

Cuando ese vuelo se cancela, el problema deja de ser una cuestión empresarial y pasa a ser un problema personal. Una conexión perdida. Una noche de hotel. Una reunión de trabajo. Un día de vacaciones. Otro pasaje comprado a las apuradas y mucho más caro.

El pasajero también reclama solo. Y esa es otra de las cuestiones centrales del caso.

Porque tener derecho a reclamar no significa necesariamente tener capacidad para obtener una respuesta.

Y la situación llegó hoy a un punto todavía más elocuente: después de doce días sin operar vuelos, la página web de Flybondi dejó de funcionar. Ya no se trata solamente de un vuelo cancelado o de una demora: el pasajero ni siquiera puede ingresar al canal habitual de la empresa para consultar, comprar o reprogramar un pasaje. ⁠ 

Durante el último año, Flybondi acumuló miles de cancelaciones y cientos de miles de pasajeros afectados.

Entonces la pregunta vuelve a ser inevitable: ¿Quién protege al usuario cuando la empresa que le vendió el servicio no puede prestarlo?

Y entonces aparece el Estado. El Gobierno de Javier Milei hizo de la desregulación y de la reducción de la intervención estatal una parte central de su política económica. En el sector aerocomercial, la apertura y la competencia fueron presentadas como herramientas para ampliar la oferta y beneficiar al consumidor. El caso de Flybondi, claramente, al día de hoy, no resultó exitoso.

La discusión, sin embargo, no debería ser -ni cerca- si el Estado tiene que administrar una aerolínea. La pregunta es otra: ¿Qué hace el Estado cuando una empresa privada falla?

No tiene que rescatarla. No necesariamente tiene que poner dinero. Pero sí tiene que proteger a quienes quedan atrapados en su crisis.

Porque el Estado puede dejar de ser empresario y no está mal. Lo que no puede dejar de ser es Estado, para ayudar a sus ciudadanos. El Estado no existe constitucionalmente solo para garantizar libertad económica, sino también para afianzar la justicia y -fundamentalmente- el bienestar general. El Estado está, entre otras cosas, para evitar los abusos.

Tiene que garantizar que el trabajador cobre lo que corresponde. Que el pasajero no quede indefenso. Que una empresa no siga vendiendo un servicio que no está en condiciones de prestar. Que los organismos de control actúen antes de que el daño sea irreversible.

Porque si el Estado aparece solamente cuando hay que sancionar, cuando hay que iniciar un expediente o cuando el problema ya explotó, la pregunta es si realmente está regulando o simplemente está tomando nota del fracaso.

El costo para el que está solo es enorme. Flybondi no es solamente una historia sobre una aerolínea en problemas. Es una historia sobre la relación entre individuos, empresas y Estado. El trabajador reclama solo. El pasajero reclama solo. El pequeño proveedor reclama solo.

Y enfrente hay una empresa con abogados, estructura y capacidad de negociación.

Por eso existen los sindicatos. Por eso existen las asociaciones de consumidores. Por eso existe el Estado.

No para reemplazar a las personas, sino porque una persona sola casi siempre tiene menos poder que una organización. Una persona sola o aislada es el eslabón débil.

La desregulación puede ser una herramienta económica. La competencia puede ser saludable. El Estado puede y debe discutir su tamaño.

Pero hay algo que no debería discutirse: cuando el mercado funciona, la empresa gana; cuando el mercado falla, la persona no puede quedar sola pagando la cuenta.

Esa tarde, mientras veía a los trabajadores de Flybondi protestar en Aeroparque, me quedó la triste sensación de que aquello no era solamente una protesta laboral. Era una imagen bastante precisa de una discusión mucho más grande.

Trabajadores que no saben dónde reclamar. Pasajeros que no saben a quién recurrir. Una empresa que atraviesa una crisis profunda. Proveedores que esperan cobrar.

Y un Estado que parece haber decidido que intervenir menos es siempre mejor.

Y aquí, hay un dato que resulta difícil de ignorar: mientras en Brasil, ante el nivel de cancelaciones de Flybondi, el Estado restringió la venta de nuevos pasajes para proteger a los usuarios; aquí, en cambio, se permitió durante bastante tiempo que la compañía siga vendiendo mientras los pasajeros ya afectados deben reclamar después de haber perdido vuelos, dinero o tiempo. Dos Estados frente al mismo problema y dos maneras muy distintas de entender hasta dónde debe llegar la protección pública.

Además, hay una diferencia entre intervenir menos y dejar de intervenir cuando más hace falta.

La pregunta, entonces, no es solamente qué será de Flybondi. La pregunta es más incómoda: ¿quién se hace cargo de los que quedan abajo?

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