COFRA aprobó su Memoria y Balance 2024 y lanza NUTRA COF para expandir su modelo productivo. Además, se decidió avanzar en la incorporación de genética danesa y noruega para mejorar la productividad de los porcinos. El Presidente de la Cooperativa, Ricardo Saraceni explicó a Economis que en el actual contexto deben trabajar en afinar costos, sin perder calidad y trabajar en ganar nuevos mercados.
Con una participación récord de socios, la Cooperativa Frigorífica de Leandro N. Alem (COFRA) celebró el sábado 26 de abril su Asamblea General Ordinaria 2024. Durante el encuentro, se aprobaron por unanimidad la Memoria y Balance del ejercicio, se renovaron las autoridades del Consejo de Administración y la Sindicatura, y se anunció el lanzamiento de NUTRA COF, una nueva unidad de negocios enfocada en la producción de alimentos balanceados.
Consolidación institucional y nuevos proyectos estratégicos
El presidente de COFRA, Ricardo Saraceni, destacó el fortalecimiento de la cooperativa a través del trabajo conjunto: “Es la asamblea número 55, con muchas expectativas y esperanzas hacia el futuro en función del trabajo en equipo que realiza COFRA. Gracias al equipo de administración, los productores pudimos poner en funcionamiento nuestra unidad de negocio de producción de alimento balanceado para cerdos y pollos”, afirmó.
La creación de NUTRA COF marca un paso estratégico en el plan de diversificación y expansión de COFRA, que busca aprovechar su trayectoria en la producción porcina para brindar servicios a terceros, aumentando su participación en el mercado regional.
La nueva unidad de negocios permitirá usar la capacidad ociosa de las dos plantas de alimento balanceado que tiene actualmente COFRA, brindando mayores beneficios a la cooperativa en base a poder posicionar un nuevo producto en el mercado. “El objetivo es salir al mercado con estos nuevos productos para la cría de cerdos y pollos. Son dos líneas comerciales que estarán respaldadas por la marca COFRA”, explicó Saraceni.
La asamblea también permitió la renovación parcial del Consejo de Administración y de la Sindicatura, reforzando la estructura institucional de la cooperativa. La alta participación de socios reflejó un sólido respaldo a las decisiones estratégicas adoptadas, señalando confianza en el rumbo delineado por la actual conducción.
Nueva genética para mejorar la producción porcina
Como parte del plan de innovación productiva, COFRA anunció la implementación de nueva genética en sus sistemas de producción porcina. Esta incorporación busca optimizar la eficiencia y calidad de su oferta, fortaleciendo su competitividad en un contexto de mercado cada vez más exigente.
La iniciativa se enmarca en un esquema de mejora continua que incluye inversiones en infraestructura, capacitación técnica para los asociados y apertura de nuevos canales comerciales.
Saraceni explicó que esta inversión en nueva genética es necesaria porque la que venían trabajando “se estancó” y se generó una caída en el nivel de producción en los últimos años. Lo cual les genero que tuvieran unos 7 mil “capones” menos que lo proyectado para faenar durante el 2024.
“Hemos adoptado dos genéticas nuevas para que compitan entre si y podamos recomponer el nivel productivo. Es un proceso progresivo y esperamos remplazar la línea genética que veníamos trabajando en tres años”, explicó Saraceni. Quien indicó que este proceso de mejora se da además con inversiones en las tres granjas de cría para mejorar el bienestar animal, en particular en el control de calor.
Otra de las inversiones que se dio fue la de mejorar el pago por los servicios de engorde, que hacen los socios en sus chacras, llevando el pago a 30 mil pesos por cada cerdo. Lo cual fue un gran beneficio para los productores.
“Crecemos en productividad y debemos crecer en comercialización. Por ello además, invertimos en la compra de camiones para optimizar la logística tanto interna como para la comercialización”, detallo el presidente de COFRA.
Un nuevo horizonte para COFRA
La aprobación de la Memoria y Balance 2024, la renovación de autoridades y el lanzamiento de NUTRA COF posicionan a la cooperativa en una nueva etapa de crecimiento sostenido. Con un modelo de negocio basado en la innovación, la integración productiva y el fortalecimiento de sus bases sociales, COFRA consolida su papel como actor estratégico en el sector agroalimentario de Misiones y la región.
Saraceni remarcó que el actual contexto macroeconómico ya lo venia previendo hace dos o tres asambleas. “Vengo insistiendo que teníamos que aprovechar los años de bonanza para realizar inversiones que nos permitan estar fortalecidos para tiempos como los actuales”, dijo a Economis y detalló que en el primer trimestre de 2025 la importación creció más del 504% en relación al año anterior, pero gracias al sistema integrado de producción pudieron sostener sus niveles de ingresos.
“Esto ya paso en años anteriores. Si se dan esas aperturas indiscriminadas de importaciones los productores locales terminan liquidando sus cerdos e inundan el mercado. Y para defendernos de esto la única cosa que hay es ser eficientes y ser altamente competitivos”, remarcó.
Saraceni describió al año 2024 como complejo, donde los cambios macroeconómicos llevados adelante por el gobierno nacional generaron “nuevas reglas de juego”, donde los márgenes de rentabilidad cayeron más de un 50%. “Los ingresos totales aumentaron menos que la inflación y los costos crecieron por encima de la inflación”, detallo. Esto hizo que el balance ajustado por inflación sea negativo, “pero al estar desendeudada la cooperativa tenemos un potencial muy fuerte de recuperación”, indicó.
“Debemos ser eficientes, en la genética, en la compra de insumos, en la logística. Por eso Nutra COF nos hace eficientes en la compra de insumos y su uso como alimentos balanceados. la compra de camiones nos permite ser eficientes en la logística interna como en mejorar la comercialización de nuestros productos”, remarcó.
Alertó que el clima también los está afectando, porque el bajo régimen de lluvias esta complicando el abastecimiento de agua en las granjas. En particular en la de 25 de Mayo, donde tienen más de 6 mil animales, lo cual les demanda un uso de unos 70 mil litros de agua por día. Por ello están invirtiendo en optimizar el uso de agua, usar sistemas de recolección de agua de lluvia (para el uso en la limpieza).
Carlos Bauer es un filósofo argentino, especialista en teoría crítica, filosofía política y estudios sobre el pensamiento de Karl Marx (alemán) y Enrique Dussel (argentino). Es profesor e investigador en instituciones académicas de Argentina y otros países y ha desarrollado una obra centrada en la crítica de la economía política, el concepto de ideología y los vínculos entre filosofía y emancipación social.
El filósofo Bauer estuvo en Misiones para dictar una diplomatura sobre historia y filosofía latinoamericana, y en una entrevista con Economis aprovechó su visita para reflexionar, con crudeza y profundidad, sobre el rumbo económico del país, la desinformación política y el rol urgente de una filosofía de la liberación arraigada en la historia regional.
Para Bauer “Argentina necesita filosofía, historia y pensamiento propio para salir del colapso político y económico”. Remarcó que “El modelo libertario argentino es una copia fracasada del neoliberalismo noventista”. Además, planteó que “No hay libertad sin producción nacional ni pensamiento propio; Argentina debe recuperar su tradición latinoamericana”.
Filosofía para la liberación: Bauer y su visión crítica del modelo argentino
Durante una intensa semana de actividades académicas y sociales en Misiones, el filósofo Carlos Bauer —referente de la filosofía latinoamericana de la liberación— encabezó clases magistrales en Posadas y Jardín América, en el marco de un programa de diplomatura impulsado por la Multiversidad. La agenda incluyó también la presentación de un libro de Raúl Aramendi y reuniones con actores del movimiento campesino misionero.
Bauer planteó un diagnóstico implacable sobre la situación actual de Argentina: “Lo que vivimos hoy es una desorientación política total. Un modelo fracasado que no produce riqueza no distribuye y profundiza la pobreza”, afirmó en diálogo con Economis.
Un país sin proyecto: crítica al modelo económico neoliberal y la pérdida de soberanía
El filósofo subrayó que el actual rumbo económico promueve una “libertad”que, desde la perspectiva latinoamericana, no representa ningún tipo de emancipación. “La supuesta libertad económica que se pregona es la libertad del capital para los ricos. Es dualismo puro: más concentración de riqueza y más pobreza”, sostuvo.
Bauer cuestionó la salida de Argentina del bloque BRICS, calificándola como “una de las decisiones más ignorantes de esta gestión”. Y añadió: “El respaldo real de una moneda es la producción. No es liberar el cepo ni generar burbujas especulativas. Lo que hoy se vende como modelo es una reedición del modelo excluyente del neoliberalismo de la década del 90.”
Misiones, economías regionales y el voto alienado: ¿por qué se apoya un modelo que empobrece?
Consultado sobre el fuerte respaldo electoral que sectores productivos regionales dieron al actual gobierno, incluso en provincias directamente afectadas por el ajuste como Misiones, Bauer fue contundente: “Eso demuestra una desconexión absoluta con la historia nacional. No se trata de ideología sino de alienación. Falta pensamiento crítico, formación y memoria”.
Destacó también que el fenómeno de adhesión juvenil a estas propuestas se explica por una manipulación emocional, mediada por redes sociales y discursos de odio. “En vez de brindar herramientas para discernir, se lleva a los jóvenes como hojas al viento”, reflexionó.
Recuperar una visión nacional desde lo comunitario y lo social
El pensador instó a recuperar un proyecto nacional desde una filosofía de la liberación, capaz de articular comunidad, producción y soberanía. “Los grandes países del mundo han construido sus modelos abrazando su tradición social, no negándola. La Argentina fue un faro en Latinoamérica cuando supo hacerlo”, recordó.
Criticó además el fenómeno de los “provincialismos estancos” —como el “misionerismo” o el “cordobesismo”— que impiden pensar el país en clave integral. “Son ghettos políticos que no diseñan Nación. Hay que volver a pensar en grande, desde la base, desde el pueblo organizado, desde la historia compartida”, dijo. El centralismo porteño es un problema histórico mayor a resolver ya que ha favorecido a un crecimiento asimétrico desproporcionado para la nación lo que es un grave problemas para la concreción de la justicia social. Ya hace medio siglo muchos países pasaron al menos del unicentrismo al policentrismo…
El futuro: herramientas, memoria y comunidad
En su cierre, Bauer remarcó que “no hay fórmulas mágicas” para salir del actual colapso, sino un camino arduo de reconstrucción crítica: estudiar, debatir, generar proyectos populares. “Hay que devolverle al pueblo la capacidad de decidir, no desde la manipulación, sino desde la formación, la historia y una filosofía propia que piense la emancipación”, concluyó.
Entrevista completa a Carlos Bauer
—Carlos, buenos días. Está nuevamente en Misiones. ¿Qué nos puede contar al respecto?
—Sí, comenzamos el lunes en Jardín América con la primera clase de una diplomatura, un postítulo en historia y filosofía latinoamericana, en cuyo diseño de programas y disciplinas participé activamente. Esta propuesta fue gestionada por la Multiversidad, un instituto de educación superior. El martes dimos la segunda clase para los estudiantes de la sede Posadas, con la participación de autoridades académicas, estudiantes de posgrado y referentes de organizaciones sociales. Incluso estuvo presente el director de una escuela del Movimiento Campesino de Liberación de Misiones, de Montecarlo. Se generó una articulación muy interesante entre actores sociales y académicos. Esta experiencia debería replicarse, porque más allá del valor que tiene para la institución, constituye una actividad modelo.
—Vivimos en una sociedad profundamente mediatizada, donde todo parece pasar por la inmediatez de las redes sociales. ¿Qué puede aportar la filosofía en ese contexto?
—La filosofía latinoamericana, y particularmente la filosofía de la liberación, es una filosofía de espíritu y de praxis profundamente independentista. Se vincula con los anhelos más profundos de emancipación de nuestros pueblos. Cuando esto falta, como ocurre hoy en la Argentina, aparece la desorientación política en todos los niveles: institucional, cotidiano y gremial. La filosofía no es una especulación abstracta; ha sido clave en la redefinición de los pueblos, desde Europa hasta Oriente. En el Brasil actual, gracias a una base filosófica sólida, se lograron políticas que sacaron a millones de la pobreza. En contraste, el modelo argentino actual ha fracasado: coloca cada vez más personas en la pobreza. Eso es lo que marcan los datos, más allá de la retórica.
—Este nuevo modelo, que no es nuevo, recicla viejas recetas y se sostiene en una idea de “libertad” que solo contempla el aspecto económico. ¿Cómo se explica esa contradicción?
—Desde la filosofía latinoamericana de la liberación es simple: eso no es libertad. Los libertarios toman como referencia, entre otras cosas, el concepto francés de liberté (libertad), que incluso durante la Revolución Francesa reimplantó la esclavitud en América. Es el concepto de libertad individual del propietario rico que posee riquezas llevado a un extremo egoísta en la actualidad. Esa es la impronta libertaria que aun dicen cuestionar la liberte francesa, pero en realidad es llevarla a un extremo peor de lo que era. Es decir, su libertad es la del capital para los ricos. Los ricos se hacen más ricos y los pobres, más pobres. Es una ideología empobrecedora, dualista, que no representa libertad ni en lo económico ni en lo social. Critican al marxismo, pero no mencionan sus logros. Lula, por ejemplo, con una síntesis de cristianismo y marxismo, sacó a millones de brasileños de la pobreza, y su gestión fue reconocida por líderes de todo el espectro, desde Bush hasta Xi Jinping. ¿Por qué no hablar también de esos logros?
—¿Y qué ocurre con medidas como liberar el cepo al dólar? ¿Qué rol juega la economía en ese marco?
—Esa idea solo genera burbujas especulativas. Ya lo vivimos con Macri y en los noventa. El verdadero respaldo de una moneda es la producción nacional. Los BRICS, por ejemplo, proponen comerciar con las monedas propias de cada país. Es como hablar cada uno en su idioma. Si todo se hace en dólares, se genera una exclusión total. Salir de los BRICS fue una de las mayores ignorancias del actual modelo, que no entiende la economía real.
—Desde que asumió, el presidente Milei sostiene que Argentina debe ser un país de servicios. ¿Qué implica esa idea?
—Definir a Argentina como un país de servicios es definirla como una nación esclava, económicamente dependiente del gran capital, renunciando a su soberanía. No es ni siquiera un regreso al modelo agroexportador de los 80, que al menos era productivo periférico de materias primas pero no distributivo de las riquezas en sentido social. Hoy Argentina no produce nada en niveles significativos. Está en el puesto 66 del tablero económico mundial. En cambio, México, desde 2018, con una combinación de cristianismo y marxismo, logró posicionarse como la economía hispana más grande del mundo, incluso por encima de España. Eso se logra con producción y distribución de riqueza, no con medidas especulativas como liberar el cepo.
—¿Cómo se entiende entonces que sectores productivos regionales apoyen un modelo que los perjudica, como ocurre con la yerba mate o el té en Misiones?
—Eso solo demuestra que no se comprende la historia argentina. Desde 1916, Argentina tuvo una fuerte impronta estatal, con hitos como YPF, la reforma universitaria de 1918 y su colaboración en la creación de Petrobrás y Pemex. Todo eso fue desmontado por seis golpes de Estado entre 1930 y 1976, y luego tres golpes neoliberales: Menem, Macri y ahora Milei. Este colapso es histórico. Quienes apoyan el actual modelo forman parte de ese colapso, porque falta pensamiento crítico y conocimiento de la historia nacional. Lo que vive hoy Argentina ya lo vivió Brasil con Bolsonaro: cayó del sexto al decimocuarto lugar en la economía mundial. Pero gracias al pensamiento crítico, en dos años con Lula volvió a reposicionarse. Tal caída es una tragedia para una Nación, pero gracias a la base económica que dejó la izquierda dicha caída no fue más profunda y el Brasil continuó estando reposicionado en el mundo, la derecha también utiliza esa base económica para encubrir sus políticas económicas destructivas aparentando una mejor situación y achacándole a la izquierda los efectos negativos de las políticas económicas destructivas que va implementando. La derecha no se gesta en sensación de caída, la sensación de caída le toca a la izquierda cuando retoma la gestión luego de la implementación de políticas económicas de derecha.
—Argentina parece haber caído en una fragmentación de caudillismos provinciales sin un proyecto nacional. ¿Cómo se revierte eso?
—Esos caudillismos provinciales llevan décadas consolidándose. No hay fórmulas mágicas, ni para la derecha ni para la izquierda. El neoliberalismo, por ejemplo, se empezó a diseñar en 1945 con Friedman, y recién se aplicó en Chile en los 80 y luego en Argentina en los 90. Para cambiar la historia, hay que trabajar durante décadas. El Partido de los Trabajadores en Brasil surgió tras 20 años de trabajo en dictadura. En Argentina necesitamos conocer profundamente nuestra historia, tener una filosofía propia y generar proyectos comunitarios populares desde las bases. Esa es la única salida.
—Maristella Svampa señala que el voto joven a Milei surge del resentimiento, al ver en redes la vida de los políticos frente a su realidad. ¿Cómo combatir esa manipulación que se refuerza desde redes?
—Eso no fue una elección legítima, y habría que investigarlo técnica y jurídicamente. Se utilizaron algoritmos para manipular emociones, pero no se le dio a la juventud herramientas de reflexión, diálogo, formación. Es un espanto. Además, Milei recibió 100 millones de dólares de BlackRock. ¿Eso es una campaña democrática? No. Se puede demostrar investigando. A los jóvenes no se les da criterios ni herramientas, se los lleva como hojas al viento. El modelo neoliberal actual no difiere de lo que hizo Menem en relación directa. Incluso algunas políticas de Cristina p.e en relación a la mega minería que sectores de la población perciben y que con una profunda autocritica podrían corregirse para avanzar. Hay diferencias, claro, con una distribución que el kirschnerismo realizó aunque sin cortar el hilo neoliberal que la población percibe bajo ciertas modalidades concretas. Menem puso a Cavallo, Cristina impulsó a Massa y a Alberto, ambos ligados al neoliberalismo económico. Entonces, si se enojan con Cristina, también deberían enojarse con Milei, pero aún más ya que no solo no hay productividad sino ni un mínimo de distribución bajo ninguna forma (al estilo Menen), al contrario, una captación de todos los recursos sumado a un inmenso endeudamiento histórico respondiendo a un crudo neoliberalismo de estilo menemista. El problema es que no se está formando a la juventud para elegir con libertad.
—¿Es necesario volver entonces a las teorías de la liberación?
—Absolutamente. Filosofía, teología, economía, política de la liberación. Volver a nuestras raíces, a la tradición social que hizo grande a la Argentina. Los grandes países se basan en sus tradiciones, incluso reconociendo los logros de adversarios políticos. Eso es madurez política. En Uruguay, por ejemplo, los expresidentes se reúnen a dialogar. Conozco personalmente a Mujica, y su enseñanza es enorme: no querer reelegirse, confiar en la construcción colectiva. Uruguay, sin tener ni el 10% del aparato industrial, universitario o científico de Argentina, mantiene hace décadas una economía más estable. ¿Qué nos dice eso de nuestra gestión?
—El presidente argentino elogió recientemente el modelo paraguayo, a pesar de ser uno de los más exclusivos y desiguales de la región. ¿Cómo explicar esa contradicción?
—Es otra mentira. Viajo a Paraguay casi todas las semanas y conozco bien su realidad. Incluso dirigentes y militantes del Partido Colorado reconocen que es un país partido: cada vez más ricos, y de ellos cada vez menos; cada vez más pobres y de ellos cada vez más numerosos. Durante el gobierno de Fernando Lugo, teólogo de la liberación, se hicieron avances en derechos humanos. Hoy, ese país no investiga los crímenes de lesa humanidad, igual que en Argentina. Hace días, una profesora fue condenada por hablar de derechos humanos en clase. Eso es usar el aparato jurídico del Estado para cometer delitos. Argentina fue un ejemplo en el mundo por juzgar a los genocidas. Hoy estamos traicionando esa historia. Como dice el Martín Fierro, la ley termina siendo para los débiles, y los estafadores siguen libres.
Aroma a hogar, a familia, a historia y a naturaleza. Eso se respira apenas uno ingresa a la Estancia Santa Inés. Fundada en 1903 por Pedro Núñez, esta antigua casa conserva intacta su originalidad, con una impronta única que cautiva tanto a locales como a visitantes extranjeros.
Visionario y de espíritu innovador, Pedro Núñez llegó desde España a la tierra colorada en 1887, con tan solo 21 años, tras finalizar sus estudios de teneduría de libros, lo que hoy sería contador. Fue pionero en la plantación de yerba mate en zonas rurales, y pronto comenzó a escribir su historia en la tierra que eligió como su lugar en el mundo. Sin embargo, hacia finales del siglo XIX, la yerba aún no se cultivaba de manera organizada.
Al desembarcar en Posadas, comenzó a trabajar en almacenes de ramos generales y en una compañía de vapores, y también se aventuraba río arriba a cosechar yerba silvestre.
En un contexto donde se había perdido el secreto jesuita para germinar las semillas de yerba mate, Núñez siguió el consejo de su amigo Carlos Thays —el famoso botánico y paisajista—, quien le anticipó que en poco tiempo las plantaciones de yerba serían a gran escala. Fue entonces que compró a Narciso Chapo unas tierras ubicadas a 20 kilómetros de la capital misionera, a las que bautizó Estancia Santa Inés, en honor a su única hija mujer entre ocho hermanos.
La propiedad, de 16.000 hectáreas, fue adquirida específicamente para el cultivo de yerba mate a cielo abierto, desafiando creencias de la época e innovando con técnicas como el uso del “ponchito” para mantener la humedad en los plantines recién sembrados. Pero también se desarrollaban otras actividades: tambo, ganadería, arrozales, producción de tung y plantaciones de té.
Hoy, cuatro generaciones después, Lucía Pagliari -bisnieta del fundador– comparte con alegría y naturalidad la historia familiar, y el privilegio de formar parte de ese legado. Junto a su madre, Nanny Núñez, son las encargadas de recibir a los huéspedes con atención personalizada, haciendo que cada visita sea única. Su padre, Rubén Pagliari, se dedica al cultivo de la yerba.
Lucía es abogada, pero desde hace cinco años se dedica al turismo rural, una actividad que define como un disfrute constante. “Es un orgullo cultivar yerba mate, un producto que, a pesar de las crisis, está profundamente arraigado a nuestras raíces misioneras”, expresa.
“Cuando uno llega hoy a la Estancia, ve un poco de lo que era aquel entonces: los secaderos, los barbacuá, donde se hacía el secado, el estacionado y el proceso hasta el producto final”, relata Lucía.
Las casitas que hoy se ven al frente, en realidad eran la parte trasera de la casa. El verdadero frente da al actual patio de selva nativa, donde antiguamente pasaba un camino que conectaba Santo Tomé con Posadas. Esa era la ruta principal, que perdió protagonismo con el nuevo trazado.
Un turismo con alma
La apertura de la Estancia al turismo rural comenzó en 1997, impulsada por Nanny. La casa siempre estuvo muy habitada por amigos y familiares, y decidieron compartirla con el público. Inicialmente pensada para visitantes locales, la propuesta fue encontrando su público en el turismo extranjero, especialmente entre 1997 y 2020. Fue recién a partir de la pandemia que creció la demanda de visitantes misioneros y de otras provincias.
“Hoy tenemos un buen flujo de huéspedes tanto extranjeros como locales”, cuenta Lucía. “El turismo interno creció mucho; los misioneros empezamos a valorar lo que tenemos cerca”.
Visitantes de Francia, Inglaterra, Alemania, Suiza, Dinamarca, República Checa y Canadá llegan con reservas hechas con meses de anticipación. En cambio, el turismo interno se organiza más sobre la marcha, aprovechando programas de escapadas de un día.
Qué ofrece la Estancia
El alojamiento incluye distintas opciones: pensión completa con las cuatro comidas, media pensión o solo desayuno. Los programas de día completo incluyen desayuno, almuerzo, cena y tarde de té, y se complementan con paseos por senderos de monte, reconocimiento de flora y fauna nativa, recorridos por los yerbales, y avistaje de monos, los protagonistas más simpáticos del lugar.
Una vez al mes, organizan el encuentro de luna llena en la naturaleza, con una clase de yoga al atardecer, cena bajo las estrellas, fogón y brindis.
La pensión completa cuesta 120.000 pesos por persona. Una tarde de té, 22.000. “Son precios accesibles por la abundancia de comida y la exclusividad que se ofrece”, dice Lucía. “Nos interesa más un flujo continuo de huéspedes que disparar los precios”.
La casa se comparte, pero el objetivo es que cada huésped se sienta cómodo. Si hay niños, se los deja jugar libremente, y si hay espacio disponible, se prioriza el confort sobre la ocupación. “Queremos que el visitante se relaje, que se lleve una buena experiencia, más allá de llenarnos de huéspedes”, explica.
Recibir a los visitantes en la casa familiar de 1903, que conserva su mobiliario, decoración y pertenencias originales, es lo que le da identidad a la propuesta. “No hay muchas casas en Misiones que se conserven así. Invitamos no solo al turismo rural, sino a conocer nuestra historia, nuestra casa, y viajar un poco en el tiempo”.
Hoy, gran parte de las visitas llega por agencias de viaje o búsquedas online. El boca a boca también es clave, tanto en las redes sociales como en los medios locales, que permiten llegar a un público nuevo.
Además, la Estancia genera empleo. “Contamos con colaboradores que, en muchos casos, son hijos y nietos de quienes trabajaron aquí antes. Son esenciales. Sin ellos, sería imposible mantener este lugar”, destaca Lucía. “El equipo es misionero y está muy comprometido, conocen las historias, las comidas, las costumbres”.
Visión a futuro
“Seguir estando, seguir avanzando en la conservación, no solo de la casa, sino también de la fauna y la flora. Este pulmón verde guarda muchos animales, muchas especies. Es una gran responsabilidad mantenerlo, porque la casa exige mucho mantenimiento. Pero siempre queremos mejorar, en la atención y en todo lo que hacemos”.
“Viví toda mi infancia en la Estancia. Ver hoy lo que hacemos no me pesa: lo disfruto. Por supuesto que hay desafíos, pero tengo una familia que me apoya y acompaña. Lo vivo con gratitud. Es mi lugar en el mundo”, se emociona Lucía.
La Estancia Santa Inés guarda un legado que se mantiene vivo entre el tiempo, la memoria y la naturaleza. Aunque ya no cuenta con las 16.000 hectáreas originales, conserva parte de aquella historia que dejó huella en la región y en cada visitante que cruza su portal.
Resiliencia, define Carolina Okulovich. Y la palabra sirve para describir la capacidad de adaptación de la industria del té –o de la industria en general– para funcionar en la Argentina. Una industria que pasó de padecer tipos de cambio paralelos a sufrir un dólar planchado y costos que se dispararon sin control. A eso se suma la world trade war made in Trump, que agrega incertidumbre, con aranceles que pasaron de cero a diez por ciento y de nuevo a una pausa de 90 días que serán muy largos. Paciencia y adaptación.
Sin embargo, toda crisis es al mismo tiempo una oportunidad. Y para el té misionero puede ser una enorme, revela Carolina: uno de los competidores principales del té misionero es China, que en la pulseada con Trump, tiene aranceles de importación del 145 por ciento.
El año pasado Argentina envió té al país del norte por 57,9 millones de dólares, mientras que China colocó 55,5 millones. Habrá que esperar hasta octubre, en la feria de compradores de Estados Unidos, para ver cómo reaccionarán los importadores al nuevo escenario. El dólar libre anunciado el viernes por el ministro de Economía, Luis Caputo, es también un incentivo directo a la exportación, con un incremento del 20 por ciento en relación con la liquidación que regía hasta ahora.
Ese combo de variables provoca una tensión diaria, que exige precisión quirúrgica. “La línea es fina. La ineficiencia hoy se nota mucho más. Entonces hay que ser muy, muy cauteloso. Redoblar esfuerzos, estar más atentos, estar pendientes en todas las áreas”, remarca Carolina en una visita a las oficinas de Economis.
Y no es metáfora. Los costos suben, los ingresos no acompañan, las exportaciones dependen de variables que no se manejan en las propias empresas. “El jornal siguió subiendo hasta emparejarse. Hoy para nosotros es un monto mensual muy importante. Las cargas tributarias también generan un costo financiero altísimo. Terminás de pagar sueldos y a los 10 días te llega el 931, que es un 50% más. La energía, el combustible, los fletes… Nosotros tenemos mil kilómetros hasta el puerto para sacar nuestros contenedores. Todo subió, menos el tipo de cambio. Y prender la industria del té hoy es carísimo. Tenemos muchos motores, mucho gasto energético. Todo esto con el mercado mundial en tensión”.
Don Basilio es uno de los principales exportadores de té argentino a Estados Unidos, donde el consumo de té frío es masivo, sobre todo en los estados del sur. Pero la noticia de un arancel del 10% que comenzó a aplicar ese país cayó como balde de agua fría.
“Es una suba importante. No debería afectarnos, porque es un impuesto a la importación que asume el comprador. Pero sabemos que no funciona así. Nosotros no somos formadores de precio. Dependemos del mercado exterior porque el consumo interno es muy bajo”.
Mientras tanto, la competencia global no afloja. “China está más complicado, Vietnam también, Kenia está como nosotros, pero ha plantado mucho más. Vi unas estadísticas: en 2014 Argentina estaba en el puesto ocho como productor mundial. En 2023, bajamos al puesto once. Y no sé si no vamos a seguir bajando”.
En este contexto, la industria tiene apenas cinco o seis meses de zafra por año. “Invertimos toda la vida en esta estructura. Pero trabajar la mitad del año no alcanza. Dependemos del financiamiento bancario. Mientras elaboramos, no estamos vendiendo. Pagamos sueldos, energía, hoja verde… y después guardamos el producto hasta que el cliente lo pide. Es tiempo muerto”.
Aunque tienen líneas con tasas subsidiadas, no siempre son accesibles. “Muchas veces se orientan a cooperativas más chicas. Nosotros siempre reinvertimos. Pero cada crédito se evalúa con incertidumbre. Las tasas varían todo el tiempo. Ser empresario en Argentina es casi un milagro”.
Detrás de esa expresión, hay una verdad: “Tenemos más de 300 personas trabajando con nosotros. Es una enorme responsabilidad”.
El dilema del pequeño productor
Carolina no esquiva el tema: el sistema no cierra para los pequeños. “Un productor con 7 u 8 hectáreas no puede venderle a la industria y sobrevivir. Nosotros necesitamos ser competitivos globalmente. Con los costos de mano de obra, energía, logística que tenemos, con este tipo de cambio, no cierra”.
“Antes la industria había dejado de participar en Coproté porque el ambiente era difícil. Hoy estamos más presentes, hay más voces. Pero estas cosas hay que decirlas con claridad”, explica.
Por eso impulsa una alternativa: el té gourmet. “Yo soy una motivadora de eso. Que quien tiene su chacra pequeña piense en elaborar su propio té, en cosechar a mano, dar valor agregado. Pero para eso, hay que estar encima. Muchos tienen pocas hectáreas y dejan todo tercerizado. Así no cierra”.
La escena productiva cambió. “Antes la unidad era una chacra de 25 hectáreas, dividida en cuatro: un cuarto de té, un cuarto de yerba, uno de pino como ahorro y el otro para la casa con animales. Hoy casi no existe eso”.
¿Y qué propone cuando escucha que no da para más?
“A veces dicen ‘plantá otra cosa’, y no me parece tan descabellado. Si no conseguimos más mercado, tenemos que ser realistas. Brasil, por ejemplo, era un gran productor. Hoy no exporta más”.
El té, explica, es una industria 100% tecnificada. “No hubiese habido otra manera de sobrevivir. Desde que tengo uso de razón, siempre invertimos en tecnificación. Competimos con China, India, África… países con costos muchísimo más bajos. Por eso digo: la industria del té argentino es resiliente. Sobrevive todo el tiempo”.
“A veces escuchás críticas: que la industria especula, que tiene galpones… Pero nadie ve que mientras elaboramos, no vendemos. Pagamos todo. Después vendemos. Es al revés de lo que muchos creen”, argumenta.
Pasión familiar y marcas propias
La historia de Don Basilio no se entiende sin la familia. “Mi bisabuelo vino como inmigrante, lo mandaron al monte a plantar té. Decía: ‘Vamos a plantar porque parece que en el mundo se consume’. Era monte. Hoy veo nuestra yerba y nuestro té en góndola y me emociono”.
Su padre sigue trabajando todos los días. “Y eso nos empuja. Yo trabajé muchos años sola con él. Después se sumaron mi hermano, mi hermana. Le metimos aire fresco a la empresa. A las 7:30 nos chocamos todos en la oficina. Amamos lo que hacemos”.
Hoy dieron un paso más: pasaron de ser elaboradores a tener marca en góndola. “Es otro negocio. Somos compradores de papel, de pegamento… cambia todo. Pero la empresa crece. La familia crece. Teníamos que hacerlo”.
¿Y cuál es el objetivo con las marcas propias? ¿Estar, ganar mercados?
Ganar mercado, pelear el mercado. Nos está costando Posadas. Pero no Misiones, lo que pasa es que hay muchas marcas. Pero estar en góndolas ya es un orgullo.
Carolina también fue pionera en vincular la industria con el turismo. “Lanzamos la Ruta del Té hace 11 años. Hoy es una herramienta que acerca el producto a la gente, promueve el consumo y cambia la percepción del té argentino”.
Pero aún faltan cosas. “Hay que mejorar la señalética, la información. En Mendoza está muy bien trabajado. Acá vamos por buen camino, pero falta. Recién lanzamos la tercera Expo Té Argentina, y la semana pasada fue la Fiesta Nacional del Té. Todo suma”.
“Son eventos que potencian el consumo, que acercan la comunidad al producto. Pero Argentina y sobre todo Misiones somos grandes consumidores de mate y de café. Y somos grandes productores de té, pero poco consumidores, entonces el desafío lo tenemos que tener nosotros. Ese camino está siendo transitado. Hace once años cuando empezamos con la ruta del té había prácticamente cero y hoy y si yo miro para atrás digo: “Wow, creo que hubo un cambio.” Cuando al argentino le abren las puertas y le cuentan la historia, se la toman como propia, empiezan a defender el producto argentino con uñas y dientes. Nos pasó con el vino, nos pasa siempre con el cuero argentino, hay un montón de productos argentinos de los cuales nos sentimos orgullosos de que sean argentinos y eso tiene que pasar con el té. O pasar con la yerba también”.
¿Qué falta para eso?
Es tiempo. Yo creo que el camino está correcto. Cambiar la cultura, educar, transmitir, es tiempo. Van 10 años, pero faltarán 10 más probablemente. A veces me preguntan por qué no empezamos antes. “Mi abuelo murió gastado y trataba de solventar. Mi padre sigue trabajando. Nuestra generación recién ahora tiene el tiempo para pensar en diversificar. Antes era sobrevivir”.
“Nosotros vivíamos en Campo Viera, teníamos cinco kilómetros de tierra, veinte de asfalto para llegar al colegio. Recuerdo a mi mamá pintando la casa y cocinando porque venía un comprador de té. Así nos criamos”.
“Don Basilio es una empresa orgullosamente familiar, misionera. Poder estar con mi hermano, con mi hermana. Hay pasión familiar. Y mucha. Uno tiene mucha historia y por eso también es importante participar. Antes la industria había dejado de participar de Coproté, porque realmente el ambiente era difícil y hoy participamos y a veces a mí me dicen, ¿Para qué? Hay que estar”.
Carolina es una de las empresarias más convocadas en foros de liderazgo femenino. Pero no milita desde un lugar de privilegio, sino de esfuerzo. “No levanto banderas. Me formé, me animé, me gané el lugar. Fui presidenta de la Cámara de Elaboradores de Té cuando no había muchas mujeres. Hoy veo hijas de colegas que trabajan y van para adelante. Y me encanta”.
Tiene referentes. “Paquita Lowe es una referente. Victoria Szychowski también. Y muchas más. No somos iguales hombres y mujeres, y eso está buenísimo. Yo soy madre, mi marido es padre, cada uno cumple su rol. Pero el lugar hay que ganárselo. Con respeto, sin ofenderse por cualquier cosa. Hay que estar”.
¿Qué le diría a quien quiere emprender hoy en el agro?
Si tuviera la varita… (Ríe). “Que sepa que no es fácil. Que empieza a subir, cae, sube, cae…. Que hay que invertir, no solamente tiempo, estudiar, observar, mejorar. Ver dónde está la competencia, ver dónde puedo resaltar, en qué puedo ser mejor, dónde puedo marcar la diferencia. Que va a caerse y levantarse muchas veces. Pero que se puede”.
El mercado inmobiliario de Misiones vive una reactivación alentada por la vuelta de los créditos hipotecarios. Sin embargo, aún persisten desafíos vinculados a la escasez de propiedades aptas y a la burocracia para regularizar títulos, planos y sucesiones. Así lo describe Aaron Ortas, CEO de Fénix Inmobiliaria, quien observa desde su experiencia cotidiana una transformación en marcha: “Hoy es el momento de sacar la plata a la calle”, resume con contundencia.
“El 2025 ya se asentó como el año en el que los créditos hipotecarios volvieron a ser una realidad en el país. La gente los está considerando de verdad”, afirma Ortas. Según su diagnóstico, las principales trabas técnicas que enfrentaban bancos, escribanos e inmobiliarias fueron superadas, aceitando la cadena burocrática. “Antes los bancos no sabían ni cómo instrumentarlos, tardaban tres meses o más. Ahora, en promedio, en 60 días ya se puede concretar”, explicó.
La digitalización del proceso aceleró la gestión y permitió que los clientes sepan cuánto pueden pedir y bajo qué condiciones. “Ya hay carpetas preaprobadas, ya saben cuánta plata les van a prestar y van directamente a buscar propiedades”, detalla.
No obstante, Ortas advierte que la oferta todavía no se adaptó del todo: “Faltan propiedades aptas para crédito. Hay muchas sucesiones, donaciones o propiedades sin planos inscriptos que no cumplen con los requisitos”.
El desafío de la clase media
La vuelta del crédito devuelve a la clase media la posibilidad de acceder a una vivienda, luego de años de exclusión. “Durante años la clase media estaba pulverizada, tenía que juntar todo el dinero, y eso congelaba la economía porque era plata que salía de circulación”, señala el empresario. “Hoy, ese crédito que sale de un banco, inmediatamente vuelve a la economía real, genera ventas en cadena y ayuda a revalorizar el mercado”.
Aun así, Ortas remarca que por ahora los montos disponibles limitan las opciones. “Los bancos están prestando entre 100 y 150 millones de pesos. Eso no alcanza para todas las propiedades que están en oferta, aunque a medida que el sistema se estabilice, seguramente los montos van a subir”.
El empresario señala que muchos desarrolladores podrían abastecer de inmuebles aptos al sistema, pero se ven frenados por demoras estructurales: “Los que hacen casas o dúplex tienen los planos aprobados, pero obtener el título les puede llevar hasta 24 meses después de terminada la obra. Hasta que no se habiliten créditos sobre boleto de compraventa o las hipotecas en divisa como plantea el presidente Javier Milei, ese segmento va a seguir fuera”.
El CEO de Fénix sostiene que la dinámica actual genera un círculo virtuoso: más créditos, más operaciones, más dinero circulando y precios que empiezan a corregirse. “Ya hay constructoras que ajustaron entre un 40% y 60% el valor del metro cuadrado, porque sus costos subieron, pero el mercado general todavía va un poco más lento”.
Ortas aclara que aún así existen oportunidades: “Si hace cinco años tenías cero créditos hipotecarios y hoy hay 100, el mercado ya cambió. Es un buen momento para invertir porque los inmuebles se están revalorizando”.
Consultado sobre zonas recomendables, Ortas apunta a barrios en expansión. “Hay oportunidades en Candelaria, Nemesio Parma, Itaembé Guazú, o Bahía El Brete. Son zonas donde la ciudad crece y la población se expande. Hace cinco años no existía nada y hoy tenés supermercados, comercios y viviendas en plena construcción. En Itaembé Guazú, por ejemplo, se construyeron más de 1.500 viviendas y hoy hay 70 locales comerciales nuevos. Donde se instalan supermercados, se garantiza consumo y demanda”, ejemplifica.
Además, propone pensar más allá de la vivienda: “La gente suele pensar solo en comprar un departamento para alquilar. Pero si lo que querés es rentabilidad, un local comercial bien ubicado puede dar entre un 100% y 300% más que un alquiler habitacional”.
Además, remarca una diferencia clave para quienes buscan resguardar capital: “Invertir en real estate en barrios en crecimiento es mucho más seguro que apostar a una criptomoneda o a un bono del que no sabés quién lo maneja. Acá vos ves lo que comprás, sabés dónde está y podés controlar el proceso. Apostar al desarrollo urbano es tangible, y mucho menos volátil que cualquier activo financiero especulativo”.
Para Ortas, pensar estratégicamente es clave. “No busques oportunidades donde ya está todo hecho, como el centro. En barrios en crecimiento, invertís menos y ganás más”.
Finalmente, remarca que Posadas vive un proceso de expansión sostenido, con el apoyo de desarrolladores y políticas provinciales. “Hoy falta que los inversores se animen a soltar la plata. El que la tiene guardada desde hace uno o dos años no solo la está sacando del sistema financiero, sino que está perdiendo oportunidades inmobiliarias. Hoy es el momento de sacar la plata a la calle y aprovechar este círculo virtuoso que ya está en marcha”, concluye.