ENTREVISTAS

Maximiliano Haene: “El mercado inmobiliario está volviendo a respirar, y Posadas se consolida como un destino de inversión”

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Por estos días, Maximiliano Haene no duda en reconocer que el mercado inmobiliario atraviesa una etapa de recuperación: “Desde que asumió el gobierno nacional hubo un giro muy fuerte. A las 24 horas teníamos un DNU que deroga la Ley de Alquileres, después vino el relanzamiento de los créditos hipotecarios. Hay señales de que el barco navega”, grafica el empresario inmobiliario.

Desde su experiencia diaria, afirma que el clima de negocios cambió: “Vemos una recuperación de la confianza. Hay consultas todos los días por créditos hipotecarios, tanto de colegas en los grupos de WhatsApp como de clientes que llegan a la oficina con preaprobaciones. La cuota de un crédito ya se equipara a un alquiler: hoy por un departamento de un dormitorio pagás entre 600.000 y 700.000 pesos. Y por ese mismo valor podés acceder a una cuota fija de un crédito a largo plazo. Y eso al final te deja algo propio”.

El impulso del “dólar colchón”

Uno de los factores que empieza a mover el mercado es lo que se conoce como el “dólar colchón”, ese ahorro informal en moneda dura que muchas familias guardaron durante años y que, ante un nuevo contexto de cierta estabilidad y oportunidades de financiamiento, comienza a salir a la superficie.

“Hay una masa de dólares que estuvo guardada por mucho tiempo, porque no había confianza, porque nadie se animaba a invertir en ladrillos. Pero hoy se está viendo un cambio: con precios estables, cuotas fijas y mejores condiciones, mucha gente empieza a decir ‘prefiero ponerlo en un lote, en un departamento, en algo que me quede’, antes que seguir durmiendo sobre los billetes”, explica Haene.

Y agrega: “Incluso, en un contexto de inflación global, también en dólares, ese capital que parecía seguro empieza a degradarse. Hoy no comprás lo mismo con 10.000 dólares que hace cinco años, ni en Argentina ni en Estados Unidos. Entonces, invertir en ladrillos vuelve a tener sentido”.

El Palenque, un desarrollo sin precedentes en Posadas

Haene se entusiasma especialmente con el lanzamiento de El Palenque, un desarrollo de 70 hectáreas en la zona este de Posadas, que apunta a posicionarse como uno de los barrios cerrados más innovadores de la región.

“No es solo un country. Va a tener un hotel, un área deportiva ecuestre con pista de salto y cancha de polo, sector de playa y una futura villa náutica. Es algo que le faltaba a Posadas. Va a tener impacto social y también turístico”, describe.

Los lotes son de 1.000 metros cuadrados y se comercializan con planes de financiación que llegan hasta 70 cuotas fijas. “Es una propuesta distinta para quienes buscan calidad de vida y también una inversión segura”, remarca.

Además de El Palenque, Haene Castuariense avanza con la preventa de un nuevo emprendimiento premium en Sáenz Peña casi Costanera, con amenities, diseño moderno y foco en tecnología, y continúa con obras en Sáenz Peña y Córdoba, entre otros proyectos.

Haene sostiene que Posadas vive un proceso de transformación que la vuelve cada vez más atractiva para inversores: “Hay gente que viene de otros lugares y se queda. Tenemos casos de clientes que viven en México o Córdoba y ahora quieren comprar para alquilar por Airbnb o para venir a pasar parte del año. Posadas ofrece todavía tranquilidad, buena conectividad, desarrollo urbano y una relación costo-beneficio que pocas ciudades pueden dar”.

Y concluye con una reflexión: “La Argentina necesita normalidad. Aunque sea caro o barato, pero estable. Hoy hay un clima donde se pueden tomar decisiones. El ladrillo sigue siendo refugio, y cuando el entorno te da previsibilidad, la gente vuelve a apostar. Y en ese contexto, el dólar colchón puede dejar de ser un ahorro dormido para convertirse en una inversión concreta”.

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Día Mundial del Mate, la iniciativa de CBSé para expandir el mercado de la yerba

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“Queremos que el mundo tenga su Día del Mate”, dice Sol Orquera, que algo sabe de concretar ideas locas. Fue una de las protagonistas de dos iniciativas similares: el día nacional del Mate y la incorporación del emoji del mate en las redes sociales.
Ahora la CEO de CBSé lidera una cruzada global para que la infusión más emblemática del Cono Sur tenga su efeméride internacional. 

Al frente de CBSé, una de las principales compañías del sector yerbatero, Orquera lleva años empujando los límites de lo tradicional para posicionar la yerba mate en el corazón del mundo. Y no solo a través del negocio. También desde la cultura.

“Empezamos esta iniciativa en un Día Nacional del Mate, el 30 de noviembre, y nos dimos cuenta de la potencia que tiene esta bebida a nivel global”, cuenta en diálogo con Economis. Ese fue el punto de partida para una campaña que hoy busca consagrar la efeméride global: el Día Mundial del Mate. La propuesta ya reúne cerca de 17.000 firmas en la plataforma Change.org y apunta a instalar la celebración en el calendario oficial de Naciones Unidas, encargada de la existencia y promoción de días internacionales que tienen como fin promover actividades de sensibilización.

Queremos hacer ruido de mate”, dice, en referencia al lema de la campaña. “Ese sonido que hacemos al terminar el mate simboliza algo muy nuestro, y creemos que puede ser también un llamado colectivo para que se reconozca el valor cultural, nutricional y emocional que tiene esta bebida. Sería una forma de darle visibilidad al mate en el mundo entero”, remarca la ejecutiva que es licenciada en Publicidad (UADE) y creadora de más de 10 productos para la empresa fundada por su padre, Florentino Orquera. 

El impulso de CBSé por internacionalizar el mate no es nuevo. En 2015, la empresa lideró la cruzada por el emoji del mate, que finalmente fue aprobado en 2019. “Fue una gestión larga, difícil, pero muy movilizadora. En ese camino nos ayudaron incluso argentinos que vivían en Silicon Valley, llevando kits de mate y explicando nuestra cultura a quienes deciden qué símbolos se suman cada año”, recuerda.

Detrás de estos gestos, hay una convicción profunda: “El mate no es solo una bebida, es bienestar, es comunidad. Tiene beneficios para la salud, genera vínculos y felicidad. Por eso también hicimos un estudio con el Instituto de Neurociencias Cognitivas sobre cómo el mate activa zonas cerebrales asociadas al placer y la gratificación”, agrega.

Yerba saborizada y tradicional, con identidad misionera

CBSé fue pionera en introducir yerbas saborizadas en el mercado, pero ahora decidió recorrer el camino inverso. Recientemente lanzó su propia línea de yerba tradicional, elaborada y envasada en origen, en Misiones.

“Nos preparamos muchos años para esto. Queríamos tener procesos propios con nuestros secaderos y proveedores locales, y ofrecer una yerba suave, con poco polvo y un perfil más limpio”, explica Orquera. El envase, además, tiene un diseño sustentable y está ilustrado con fauna misionera. “El colibrí, por ejemplo, simboliza lo positivo, las buenas energías. Queremos que cada paquete invite a recorrer el origen”, destaca.

El nuevo producto ya se distribuye en góndolas del país y comenzará su etapa de exportación en los próximos meses. “La recepción viene siendo muy buena. Sabemos que posicionar una nueva yerba lleva tiempo, pero estamos convencidos del diferencial que tiene”, afirma.

Actualmente, CBSé ocupa el tercer lugar en el ranking de participación de mercado a nivel nacional, aunque con una baja porción del segmento de yerbas tradicionales. “Queremos crecer también allí, sin abandonar la innovación que nos caracteriza”, remarca.

Consultada sobre el contexto económico, Orquera no elude el diagnóstico: “El 2024 fue un año muy difícil. Pero la yerba mate, por su lugar en el consumo cotidiano, suele ser de lo último que se resigna. Y ahora vemos una recuperación progresiva, con señales alentadoras en este semestre”.

Detrás de cada campaña, cada producto y cada acción institucional, subyace un propósito más grande: proyectar al mundo la identidad matera. “El mate es parte del alma de nuestra región. Si logramos que tenga su día internacional, vamos a estar dando un paso más en esa misión de llevar nuestra cultura a todo el planeta”, concluye.

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Las manos llenas de grasa, la cabeza llena de ideas: Walter Rosner, el fabricante de montañas rusas

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¿Cómo se llega a fabricar una montaña rusa? ¿Cómo se lleva el ingenio a recorrer el mundo? La historia de Walter Rosner es inusual. Nació en Oberá, se formó en una escuela industrial -de las de antes- y para generar ingresos, por las noches lavaba colectivos en la empresa Capital del Monte, donde comenzó a fortalecer esa pasión por “los fierros”. Con las manos llenas de grasa y la cabeza llena de ideas. Su historia no sigue el libreto clásico del éxito; es más bien una marcha propia, hecha de curiosidad, audacia y terquedad. Una historia donde los sueños no se narran: se sueldan, se ensamblan, se ponen a prueba.

Por esas vueltas de la vida que sólo entienden los que se atreven, Walter Rosner terminó diseñando montañas rusas. Pero no es la típica historia de superación con moraleja al pie. Es la historia de un espíritu indomable, movedizo, curioso, de esos que no entienden el mundo si no es con las manos llenas de grasa, el cerebro encendido y un sueño nuevo por alcanzar.

“¿Dónde aprendiste a soldar?”, la pregunta es inevitable, ante la montaña de hierro forjado con sus manos y sus ideas. Respondió con la precisión de quien no necesita el título para saber lo que hace: “En la técnica, sí. Pero sobre todo lavando colectivos de noche y escuchando a los viejos”. Porque eso le enseñó su abuelo: que la sabiduría no estaba en los libros sino en la paciencia de los que ya vivieron. Así fue. Así arrancó. Así va. 

Dejó huella en las grandes industrias de Misiones: yerbateras, embotelladoras, metalmecánicas. Pero lo suyo no es quedarse mucho tiempo quieto. Cuando las empresas del té no pudieron pagarle los trabajos, aceptó canjes. Té por máquinas. Y así, casi sin querer, nació su primera exportadora.

Se cayó. Se levantó. Volvió a la metalurgia. Emigró a Dos de Mayo, trabajó con Valmitran -una tealera- inventó, diseñó. 

Hasta que un día, en plena crisis de biomasa, se le ocurrió convertir plástico en combustible. Una planta de pirólisis. Volver el plástico a su origen: petróleo. Gasoil, querosén, nafta. “El proceso sucio, lo hace la máquina”, explica.

Instaló una en San Luis. Otra en la selva peruana, en Iquitos, transportada por el río Amazonas. Una tercera, en El Salvador, montada por videollamada y planos de ida y vuelta. Todo construido en Misiones, por misioneros. “¿Quién diría que nosotros, acá, seríamos pioneros en plantas pirolíticas en Sudamérica?”, se entusiasma con asombro.

También es piloto. Porque claro, alguien como Rosner no se conforma con estar a ras del suelo. En un viaje a Alemania, sus parientes lo llevaron a Europa Park, en Rust, una ciudad diminuta en Alemania. Y allí, con la mirada del chico que nunca se apaga, entendió que todo es posible: aquel parque gigante había nacido con una calesita. ¿Por qué no en Misiones?

“Busqué, pregunté, investigué. Nadie fabricaba montañas rusas en Argentina. Todos importaban de China. Dije: ¿por qué no lo hacemos nosotros?”, cuenta. Y lo hizo. Con su equipo, recorrió parques, sacó fotos, desarmó engranajes ajenos con la mente y armó los propios. La primera montaña rusa hecha en Misiones está en el complejo La Roca, y no es un capricho: es una declaración de principios.

Ahora viaja a Buenos Aires con el INTI, para participar del primer congreso de certificación de parques de diversiones. Va como representante misionero. Como fabricante nacional. Como inventor, sí, pero también como visionario que cree que los sueños se planifican.

Rosner repite una y otra vez: Misiones. Lo dice con orgullo. Lo dice con firmeza. No por marketing ni por compromiso. “Misiones es un paraíso. Pero no sabemos vendernos. Tenemos naturaleza, clima, tierra fértil. Nos falta mostrarnos”. En sus años de exportador, con el té a cuestas, conoció el mundo. Y volvió más convencido que nunca: “Tenemos todo. Y muchos misioneros triunfan afuera. Es hora de que lo sepan adentro”.

Le preguntan por la economía y no duda: “Con la inflación era imposible planificar. Ahora veo una ventana. Podemos presupuestar una montaña rusa a dos años. Porque un sistema como ese, lleva meses de planificación antes de colocar el primer tornillo. Antes no sabías si ibas a poder comprar un tornillo al mes siguiente”.

Defiende las rutas misioneras, el trabajo del Gobierno provincial, y clama por más articulación, más integración entre lo público y lo privado. “Hay ideas brillantes que quedan por la mitad. Eso no puede pasar más”.

Walter tiene 46 años. Está casado con Lorena Adriana Runge, pionera también (y empresaria misionera 2025): ella creó la primera planta de té frío de Misiones. Con ella empujan juntos, cada uno en su carril, pero con la misma energía. Tienen tres hijos: Mateo (15), Adriana (13) y Moisés (11). “Mi señora me apoya en todas. Y eso no es poco. Porque soy un loco inventor que a veces se despierta a las 3 de la mañana con una idea rara”, se ríe.

También se emociona cuando cuenta que su esposa trabaja con mujeres solteras, dándoles un lugar en la planta, apostando por el empleo con impacto social. “Ella es muy innovadora, como yo, pero desde otro lado. Y eso es hermoso”.

A Walter Rosner lo guía algo más que la técnica o el negocio. Lo guía el impulso de hacer lo que nadie hizo. El hambre de construir donde no hay nada. De dejarse llevar por la idea loca que nadie se anima a pronunciar. “Si algo me llama la atención, voy. Indago. Pruebo. Me equivoco. Pero voy”. Y así, desde el corazón del monte misionero, un chico que lavaba colectivos en Oberá terminó montando plantas industriales en el Amazonas y diseñando juegos mecánicos con destino nacional. Rosner no espera que el futuro lo alcance. Él lo suelda. Lo dobla. Lo pinta. Y lo lanza a andar, montaña arriba.

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De Europa a Misiones: La Farigola un tributo a la cocina misionera

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Después de varios años en el extrajero, Maura Fuchs, una experta culinaria, decidió volver a Misiones, tierra donde la hospitalidad es virtud que se practica con amor y dedicación. La yerba mate, un tesoro cultural, que se disfruta sin cesar. Y la gastronomía, un deleite para el paladar. Dejó atrás la exuberante Europa para instalarse en la armonía y perfección que se unen al entorno natural. 

Fuchs se graduó en Buenos Aires como Técnica de Administración Gastronómica, posteriormente realizó unas pasantías y un voluntariado en Andorra, país donde conoció a su esposo Alejo Nucci, con quien formó una familia. 

Ambos argentinos, ella de Misiones y él de Bariloche, 12 años después de su estadía en Europa tenían el anhelo de volver a su tierra natal y construir una vida. “Siempre la idea mía era volver, nunca estuvo en mi imaginación tener un restaurante allá”, expresó Fuchs a Economis

Ya en suelo argentino en la ciudad de Oberá en el 2013 inauguraron su primer restaurante La Farigola, donde ofrecen una cocina fusión que invita a los comensales a disfrutar de platos frescos y de calidad con productos locales como así también una carta variada. El pescado de río es el protagonista indiscutible. 

Once años de trayectoria en el rubro, con varios proyectos exitosos y consciente de la riqueza natural que los rodea, Maura decidió apostar por un nuevo sueño e invirtió en un local tributo a la cocina misionera con productos cien por ciento regionales y autóctonos. El 13 de junio de 2024 inauguró La Farigola Mbeju con el objetivo único de reflejar la rica tradición culinaria de Misiones.

“La idea siempre fue que hubiera productos locales pero más gourmet”

Este es el cuarto negocio que Maura y Alejo logran concretar. La Farigola Mbeju, se suma al restaurante ya consolidado en la región, así como a La Farigola Express que ofrece viandas saludables para el mediodía de lunes a viernes, y al Bonus Track que es llevar la cocina misionera a eventos y ofrecer un servicio exclusivo que les permite trabajar con un público mucho más amplio. “En tiempos libres o de menos trabajo, fueron surgiendo otros negocios”. 

Ante la constante interrogante ¿por qué dejar Europa y volver a Misiones? Maura, se define como una mujer que no le convence el confort de lo rutinario, sino alguien a la que le gusta la adrenalina, que busca revalorizar la gastronomía misionera  y los productos de la zona. 

“Cuando se vive lejos uno empieza a ver el verdadero valor que tiene la tierra, nuestra provincia nos da frutas, mandioca, una gran variedad de alimentos con lo que podemos hacer tantos platos, que en el resto del mundo son productos de élite, y acá no sabemos apreciar”, expresó.  

La profesional señaló que los años que estuvo fuera de Argentina, viajó, trabajó, aprendió y conoció diferentes culturas lo que le permitió crecer profesionalmente como así también definir su rumbo. “Vivir experiencias abre mucho la mente para  saber qué es lo que uno quiere y cómo lo quiere. Veía desde afuera que en Perú y en otras provincias está mucho más arraigada las costumbres y los productos, mientras que en Misiones no se le da el valor tan importante que tiene”.

En este sentido, la carismática chef sostuvo que La Farigola, que en Catalan significa tomillo, tuvo sus dificultades al comienzo, como todo. “Oberá no es una ciudad turística, resultó difícil que la población entendiera el concepto que buscaba expresar”. 

Sin embargo a pesar de los vaivenes el negocio familiar sigue creciendo y fortaleciendo sus raíces desde hace más de una década, y aunque tener un local netamente de productos regionales, es aún más complicado, no fue impedimento para concretar la idea e implantar el concepto de revalorizar lo regional.

El nuevo local ofrece platos típicos como,  reviro, mate cocido quemado, una carta de mbeju dulces y salados, pizzas caseras, postres de frutas de estación, un verdadero festín. Además de una novedosa carta de té, que refleja el interés de la propietaria por hacer énfasis en un producto local que no tiene la visibilidad que merece. “Trabajamos mucho con el té, brindamos la posibilidad de conocer la propuesta no solo en infusión sino también en postres y salsas”. 

En tanto la decoración está ambientada con diseño local, las lámparas son de la aldea mbya. “Son muchos conceptos en un mismo lugar con el fin de que tanto locales como visitantes de otros puntos de la provincia y el país puedan ver y probar algo de Misiones”.

“No es una franquicia es un producto muy cuidado en el que trabajamos toda la familia, es nuestra forma de vida. Cuidamos o tratamos de cuidar mucho cada detalle, de estar y que la gente se sienta muy cómoda como en casa cuando viene. No es un lugar donde te vas a encontrar con unas tortas enormes de chocolate, pero sí con una tarta riquísima de rosella”, dijo la profesional. 

La Farigola además de apostar por la identidad misionera, representa también una oportunidad para los productores y artesanos de la zona, que comercializan sus productos para la cadena. “Compramos la materia prima de la feria franca o directamente de la chacra de los alrededores, hay mucha gente que tienen productos excelentes y no tienen lugares para vender”.

En cuanto al crecimiento del turismo, dijo que la provincia es relativamente nueva en las ofertas internas, por lo que motivó a que los misioneros deben ayudar a dar a conocer el interior, más allá de las Cataratas y Posadas que son lugares consolidados. 

“Misiones tiene saltos, tiene la ruta de la yerba, la ruta del té,  muchos lugares para ofrecer distintas experiencias. No todos tienen la posibilidad de ir a Iguazú, sino que se van a recorrer los alrededores y ahí debemos tener una oferta distinta. Hay que arriesgarse a hacer proyectos para que crezcan, porque es muy fácil criticar desde afuera, criticamos más de lo que hacemos”, argumentó. 

Fuchs sostuvo que la visión a futuro es seguir creciendo, buscar diferentes oportunidades, para que las personas que visiten el lugar tengan la oportunidad de probar otro tipo de comida que no sea pizza o hamburguesa, sino productos autóctonos, con el objetivo de mejorar y ofrecer un servicio de excelencia. 

Entre risas afirmó que aunque para su esposo los sueños tienen que parar, en su imaginación siempre hay cosas abiertas, como un mbeju decorado o un local en otro lugar “Podría ser uno en Andorra para viajar cada 6 meses como así sueño. En Buenos Aires, podría decirlo en Bariloche o tal vez solo nos quedemos con esto y sigamos apostando en la provincia”.

Instagram: @lafarigolambeju

                  @lafarigolarestaurante

                  @lafarigolaexpress

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IA en las aulas: “Formar estudiantes que no sean usuarios pasivos sino críticos”, explica Ramiro Aranda

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Misiones dio un paso más en su modelo de educación disruptiva. Con una ley impulsada por Carlos Rovira, se incorpora  la Inteligencia Artificial al modelo pedagógico. Pero con el foco puesto en la “humanización” y la tecnología como aliada clave del aprendizaje. La IA se irá incorporando de forma progresiva en todos los niveles y modalidades del sistema educativo público y privado. ¿Qué significa humanizar la Inteligencia Artificial? 

“Primero, es importante remarcar que la inteligencia artificial ya está entre nosotros desde hace tiempo. Solo que, al no ponerle nombre y apellido, muchas veces no somos conscientes de que la estamos utilizando. Desde asistentes virtuales hasta filtros en redes sociales, usamos inteligencia artificial todos los días. Lo que Misiones ha hecho ahora, y es pionera a nivel nacional, es sancionar la primera ley que regula su integración en los procesos de aprendizaje. Esto nos da un marco normativo claro. A diferencia del plano nacional, donde existe un observatorio pero no una legislación, nosotros ya dimos ese paso”, explica el ministro de Educación, Ramiro Aranda.

“Esta ley nos permite nombrar las cosas por su nombre, reconocer las tecnologías como parte constitutiva de la sociedad, y, a partir de ese reconocimiento, impulsar un uso responsable y ético. Hablamos de comprender los dispositivos, su potencial, pero también sus riesgos. El objetivo es formar a estudiantes, docentes y familias para que sepan cómo utilizar estas herramientas de manera consciente, con foco en el ser humano, que es el centro de esta ley”, remarcó.

¿Qué significa concretamente esto en el aula? ¿En qué cambia el modelo educativo?

Los chicos ya acceden a inteligencia artificial con el simple uso de un celular. Lo que buscamos es acompañarlos desde la escuela, formarlos para que no sean usuarios pasivos sino críticos. Y eso implica capacitar a los docentes, acercarles herramientas para que sepan utilizar también la inteligencia artificial generativa, que crea contenido nuevo. Ahí aparece la dimensión ética: ¿para qué lo estoy generando?, ¿con qué propósito? Eso es central. Misiones tiene una trayectoria de innovación educativa. Fuimos los primeros en implementar una ley de educación disruptiva, los primeros en llevar conexiones satelitales a las zonas más remotas, y ahora somos los primeros en legislar el uso de inteligencia artificial en educación.

Alejandro Piscitelli decía que no hay que enseñar tecnología a los chicos, porque ellos aprenden más rápido que nosotros. Que lo importante es enseñarles el “para qué”. ¿Coincide?

Totalmente. Promover la tecnología no implica olvidarse de los valores. La clave está en formar comunidades que acompañen los procesos que empiezan en la escuela y se continúan en la familia. Si un chico recibe formación ética en la escuela, pero luego en su casa tiene un uso irrestricto de los dispositivos, sin control ni reflexión, entonces el proceso queda trunco. Hay que formar a toda la comunidad: docentes, estudiantes y familias. Porque los valores que hoy necesitamos no son los mismos que hace 30 años, aunque mantengan su raíz. La concordia, la empatía, la solidaridad siguen siendo fundamentales, pero deben ser leídas desde una sociedad hiperconectada.

¿Cómo se traduce eso en la práctica cotidiana? ¿Dónde se ve ese cambio?

Pensemos en algo tan sencillo como hablar mal de alguien. Antes implicaba enfrentar a esa persona cara a cara. Hoy alcanza con un tuit, una historia, un mensaje. Cambió el canal, pero no el dilema ético. Por eso es vital enseñar que los valores permanecen, pero las formas en que se expresan cambian. Hay quienes creen que la inteligencia artificial reemplazará al ser humano, y eso no es cierto. La IA se alimenta de lo que producimos como sociedad. Es una base de datos, ni más ni menos. Incluso la IA generativa, que produce nuevos contenidos, lo hace a partir de lo que las personas cargamos en la red. Si un libro no está digitalizado, no existirá para la IA. Por eso, educar implica también explicar estos mecanismos y dar herramientas para entender qué es real, qué es generado, qué es ético y qué no.

¿Y cómo ve a las nuevas generaciones frente a estos dilemas?

Mirá, muchos adultos creemos que los jóvenes no comprenden el impacto de lo que publican, pero yo lo veo al revés. Creo que muchas veces los adultos somos quienes no dimensionamos las implicancias de nuestras acciones digitales. Veo chicos con más empatía que muchos mayores. Y esto lo discuto con quienes sostienen la idea de la “generación de cristal”. Yo fui joven en los años 90 y recuerdo niveles de violencia que hoy no vemos. Hoy, cuando ocurre una pelea entre jóvenes, es noticia porque ya no es lo común. Antes lo era. Veo una juventud más consciente, más respetuosa, que comprende mucho mejor el simbolismo de las palabras, de las imágenes, de lo que se dice y se publica.

¿Cuál es entonces el rol de la escuela hoy, más allá del contenido?

La escuela tiene que ser el lugar donde se resignifican los valores para esta nueva era. Pero no lo puede hacer sola. Necesita el acompañamiento de las familias. Yo aprendo mucho de mi hija. Y muchos padres estamos aprendiendo sobre la marcha, porque crecimos en un mundo sin celulares, sin redes, sin inteligencia artificial. Por eso, insisto, es clave formar en valores desde el contexto de hoy. Entender que lo importante no es limitar, sino enseñar a decidir, a reflexionar, a empatizar.

Uno de los avances también fue la conectividad en zonas rurales. ¿Qué impacto tuvo esa política pública y cómo lo ven otras provincias?

Misiones tiene hoy el 95% de sus estudiantes con acceso a internet en las escuelas. Y ese 5% restante corresponde a zonas geográficamente muy complejas. Por eso desarrollamos un plan de conectividad satelital que cumplió un año en abril. Fuimos la primera provincia en implementarlo. Hoy, otras provincias lo están replicando. Estamos empezando a trabajar también con la tecnología satelital de Amazon, que permitirá cubrir más instituciones rurales. La inversión fue 100% provincial. No solo es conectividad, es equidad. Porque sin conectividad no hay acceso real al conocimiento, a las oportunidades.

La otra cara de la conectividad es el riesgo. ¿Cómo se aborda el grooming en las escuelas?

Ese es un tema que nos ocupa profundamente. Misiones tiene un convenio con Grooming Argentina, con quienes trabajamos en capacitaciones a funcionarios, docentes y estudiantes. Además, desarrollamos la primera guía de ciberdelito que se aplica en las escuelas. Pero esto no es solo tarea del sistema educativo. Las familias tienen un rol central. La escuela es el lugar más seguro para usar internet, porque hay filtros, hay docentes presentes. Pero después está la casa, la plaza, la calle. Y ahí muchas veces hay un uso irrestricto, sin límites. Los chicos no deberían dormir con el celular bajo la almohada. Hay que establecer rutinas saludables, dar el ejemplo. Porque el grooming no es un problema virtual, es un delito real que ocurre en entornos digitales. Por eso también creamos en Misiones la primera fiscalía de ciberdelito del país. Le ponemos nombre y apellido a los problemas para poder abordarlos como sociedad.

Con estos avances ¿cuál es el horizonte de la política educativa de Misiones?

Formar en valores, en un mundo hiperconectado, es el gran desafío. Y para eso necesitamos a todos: docentes, estudiantes, familias, medios, comunidad. La innovación no es solo tecnológica, es humana. Porque la mejor herramienta que puede tener un estudiante no es una app, es la capacidad de discernir, de elegir, de respetar. Eso es lo que nos proponemos cada día en las aulas de Misiones. Y eso es lo que nos hace estar a la vanguardia.

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