Dejemos de caer en el precipicio
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A medida que pasan los días, vemos como progresivamente se acentúa nuestra decadencia económica en el país. Tal fenómeno no responde a una ley natural, y por la cual se vuelve imposible escapar de ella. En honor a la verdad, esto es el resultado de medidas equivocadas tomadas por el Poder Ejecutivo Nacional, y que se van acumulando en forma negativa con el correr del tiempo. Las autoridades nacionales saben que hay cosas que son elementales para el crecimiento económico, y que no pueden ser ignoradas por los gobernantes. Por supuesto, siempre y cuando lo mueva el interés por el país, antes que esas otras prioridades que están atadas a intereses propios o de sus parientes y amigos. Sin embargo, todo indica que se han inclinado por la segunda opción, debido a la dirección económica que han tomado y la forma de negociar con sus pares de las naciones más desarrolladas.
Desde el mismo momento que Javier Milei asumió la presidencia de la República, él ha inclinado la dirección economía del país hacia una primarización sin precedente, y para peor, nos hace dependiente de solo tres actividades (agro, petróleo y minería). Los demás rubros, varios de ellos considerados como los grandes generadores de las riquezas, por el alto valor agregado que producen y la gran cantidad de trabajo que aportan, lo fueron abandonando.
Estos son los principales males que hay que corregir, y que hoy ahogan a la Argentina. El abandono de las economías regionales, el achicamiento del mercado interno, la apertura de las importaciones, el hundimiento de la industria nacional, las ciencias y las tecnologías, el abandono de las rutas nacionales, la indiferencia hacia los sistemas de salud y educación, entre otros, son los que con más urgencia hay que recomponerlos antes que nos sepultemos en el subdesarrollo.
Aquí aparece uno de los grandes desafíos al cual tendrán que hacerle frente quienes están dispuestos llevar adelante estas banderas. Las cosas no son tan fáciles, pero tampoco imposible. Creo que muchos están al tanto que gobiernos como el de Milei, son tan permeables a los intereses de las grandes corporaciones y, además, muy sometidos a los intereses y dictados que vienen de países desarrollados. El caso argentino es muy claro. Ya en las elecciones de medio término vimos como el poder económico de los Estados Unidos, ha colaborado enormemente para que La libertad Avanza se impusiera en esas elecciones. Esta ayuda no fue hecha porque los libertarios son buenos gobernantes. Lo hicieron porque Javier Milei es obediente a todo lo que le ordena Donald Trump y, como sabemos, esas órdenes son siempre para salvaguardar los intereses estadounidenses. Esas posesiones que ya tienen y siguen aumentando como propias, son riquezas argentinas que tendrían que ayudar al bienestar de los argentinos. Somos consiente que no hay razones para que nos opongamos a la instalación en el país de capitales externos. Eso siempre acerca importantes aportes para el desarrollo de toda la nación. Pero claro, al hacerlo, es el Estado argentino el que tiene que imponer las condiciones, y éstas siempre deben garantizar riqueza y desarrollo para nosotros. Un acuerdo donde el grueso de las ganancias termina en manos de los extranjeros, no es una opción para tenerlo en cuenta, y mucho menos para llevarlo a la práctica.
Hay algo que siempre llama la atención cuando se toman medidas económicas equivocadas, y donde siempre los que reciben los peores golpes son las provincias. El hecho que más sorprende es el alto nivel de indiferencia que los gobernadores adoptan frente a estas medidas tomadas por el gobierno central. Como mínimo, deberíamos esperar una reacción muy distinta, porque son ellos los que están más cerca de sus gobernados, y porque fueron electos para defender el bienestar de sus comprovincianos. Pero no es frecuente que la realidad pase por ahí. Los hechos casi siempre te muestran un panorama muy distinto, donde aparecen argumentos que se escapan por lo bajo, y ya no sabes si creerlos o no. Uno de los más frecuentes es que si te volves rebelde, corres el riesgo de que no te lleguen las partidas extraordinarias de ayuda. Un argumento que en el fondo es bastante débil. Porque los gobernadores son muchos y en el congreso siempre hay más provincianos que capitalinos, lo que es un dato muy relevante para animarse a imponer condiciones.
Tengo fe que llegará ese momento en que nuestros gobernantes provinciales, se pondrán de pie, y desde la misma altura reclamarán que las medidas que tome el gobierno nacional sean más consensuadas y equitativas. Porque al final de cuentas, son ellos los que están más cerca de los problemas y las necesidades del pueblo. Son los que, por cercanía, pueden aportar ideas para un crecimiento más armónico en todo el país, y no que los grandes beneficios se concentre siempre en una porción muy pequeña del territorio nacional.
