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Nueva administración en Estados Unidos: la oportunidad de Argentina de tener un nuevo rol en la región

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Una perspectiva general muestra que América Latina hoy es un reino de tensión y desconfianza. Los países latinoamericanos en medio de la pandemia parecen decidir todo dentro de sus fronteras. Las políticas públicas para combatir la pandemia y la etapa llamada “post-pandemia” muestran muy poca coordinación regional y hay un retroceso sin precedentes en todas las instancias de integración producto de la extrema polarización.

En este contexto, la administración Biden puede continuar con la llamada estrategia realista seguida por Trump, que básicamente consistió en abandonar la cooperación multilateral para encerrarse en su propia burbuja tratando de evitar los efectos negativos de la globalización al cual el mandatario llamó “America First”.

Durante los últimos cuatro años, Estados Unidos mostró poco interés en América Latina, aunque esta indiferencia no implicó la ausencia de una perspectiva sistémica, simple, pero en última instancia, basada en la Doctrina Monroe XIX. Estados Unidos se presentó en la región como el hermano mayor que en el marco de las relaciones interamericanas trató de proteger a los hermanos menores de la maligna influencia de actores extrarregionales como China, Rusia e Irán. 

El cambio de administración presenta una nueva oportunidad para la Argentina de entablar relaciones diplomáticas serias y la pregunta que surge es la siguiente: ¿qué asuntos vinculan a los dos países actualmente? Por lo pronto, la relación del gobierno argentino con el FMI y la pesada herencia de la deuda que dejó el gobierno de Mauricio Macri. Algunos elementos pueden influir en el papel constructivo de Estados Unidos en esta cuestión. Antes de la pandemia, la región atravesaba una situación de creciente inestabilidad. La pandemia la exacerbó reflejando los estragos que dejan décadas de desigualdad social. 

En este sentido, es poco probable que en materia de política exterior Estados Unidos vaya a resguardar sus intereses nacionales y tratar de mejorar su posición relativa, en especial respecto a la influencia de China en el área, propiciando el fracaso de la negociación entre la Argentina y el FMI. Por otro lado, cabe recordar que Biden es, después de John Kennedy, el segundo presidente católico que ha tenido Estados Unidos. Admira al Papa Francisco y lo considera “el timón moral del mundo”. Éste último en sus diálogos con distintos Jefes de Estado, solicitó el apoyo a la negociación entre el gobierno argentino y los acreedores privados y no sería ninguna sorpresa contar con el apoyo e influencia que Biden puede tener ante un eventual acuerdo.

Un tema delicado para ambos países es, sin lugar a dudas, la situación de Venezuela. Es importante destacar que las sanciones a este país comenzaron con la administración Obama, quien emitió una orden ejecutiva en 2015, declarando a Venezuela una amenaza a la seguridad nacional y a la política exterior de Estados Unidos. Bajo la administración Trump la retórica anti-chavista se vio exacerbada sobre todo durante el período de campaña electoral 2020. 

Biden por su parte, cuestionó la política de Trump hacia Caracas por ineficaz. En este sentido, es improbable que elimine las sanciones ya que no deseará iniciar su gestión haciéndose acreedor de acusaciones de “castro-chavista”; término que utilizaron los trumpistas en su contra a lo largo del 2020. 

Sin embargo, tampoco podrá proponer el eufemismo que algunos asesores le sugieren: “sanciones inteligentes”. En breve, si opta por dejar atrás la amenaza del uso directo de la fuerza y contempla una solución democrática, deberá entonces introducir matices a su estrategia frente al gobierno chavista. En ese caso, la Argentina, que no respaldó ningún tipo de intervención armada, pero que se manifestó con voto contra la situación de derechos humanos en el país, podría eventualmente aportar a una alternativa política para Venezuela. Con cautela podría sugerir una iniciativa de distensión diplomática y salida institucional, algo que Washington vería con buenos ojos.

Otro tema que Joe Biden prometió relanzar fue el multilateralismo. Es notorio el prolongado deterioro y cuestionamiento del multilateralismo profundizado en el período de la administración Trump. Un estilo arrogante se impuso desde Washington intentando disimular el declive estadounidense y afectando la reputación de la Casa Blanca. El nuevo mandatario demócrata indicó su interés por re-encauzar la política multilateral de Washington. 

En ese contexto, cabe recordar que la Argentina fue invitada en 2020 por Emmanuel Macron y Angela Merkel a ser parte de la denominada “Alianza por el Multilateralismo”, una opción de defensa y promoción de las organizaciones, los regímenes y los tratados multilaterales que caracteriza la diplomacia del país. 

Posiblemente haya otra cuestión que acerque a Washington y Buenos Aires: la lucha contra el cambio climático, uno de los tres ejes principales de la nueva administración. En su primer día de gestión, Biden firmó una orden ejecutiva para que Estados Unidos vuelva a ser parte del Acuerdo de París y en este sentido, Biden necesita del apoyo de los líderes latinoamericanos y Alberto Fernandez puede ocupar el lugar de aliado estratégico en la región -entendiendo el declive del gobierno brasileño-, por eso un diálogo cordial entre ambos cuerpos diplomáticos podría marcar la diferencia y otorgarle a la Argentina la posibilidad de desarrollo e inversiones que tanto necesita para enfrentar los desafíos que presenta el período post- pandemia.

En todo caso, será esencial que Estados Unidos no opte, como lo han hecho gobiernos anteriores a Trump, por una especie de “multilateralismo a la carta” con el que solo se generan acuerdos bilaterales donde los que se benefician siempre son los mismos.


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