Empleo privado en Misiones: un año en que casi todos retrocedieron
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El empleo privado registrado de Misiones transita un 2026 con menos gente adentro. Si bien los datos mensuales, relevados por SIPA, llegan hasta junio, hace apenas unos días el Observatorio de Empleo y Seguridad Social de la Nación (OEDE) de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación difundió la información sectorial para el primer trimestre del año. Sobre esto, una breve aclaración previa: los datos mensuales de SIPA relevan personas asalariadas del sector privado formal que tienen al menos, una ocupación; en cambio, los datos de OEDE relevan puestos de trabajo, por lo cual si una persona tiene dos empleos, se cuentan ambos puestos. Esto se aclara porque los datos absolutos varían entre una fuente y otra, y de allí surge la explicación.
Ahora bien, yendo a los datos, el sector privado registrado contaba con 103.717 puestos de trabajo en el primer trimestre del corriente año, unos 2.510 menos que en igual período del 2025. Se trata de una caída del 2,4%, y no es un tropiezo aislado: es el tercer año seguido en que el número baja. En ese marco, lo alarmante no es solo el tamaño de la caída, sino lo extendida que está. De los trece grandes sectores de actividad en que se mide la economía, nueve perdieron puestos de trabajo y solo cuatro terminaron en positivo, pero de esos, apenas dos crecieron de manera genuina.
Los que exhiben el peor resultado en términos relativos, fueron la Explotación de minas y canteras que cayó 16,0%, aunque se trata de una actividad chica (explica apenas el 0,2% del empleo misionero), Hoteles y Restaurantes (-13,5% interanual, siendo un sector que explica el 4,0% del empleo provincial) y la Intermediación Financiera (-8,1%).
Más atrás, pero con números que duelen más por su arraigo en la estructura económica y laboral misionera, aparecen la Industria (-6,7%) y el Comercio (-5,4%) que, en conjunto, explican el 41,3% del empleo total, siendo los dos sectores de mayor empleabilidad en Misiones. Luego se ubican las Actividades inmobiliarias y de servicios a empresas (-4,7%), la Construcción (-4,1%), los Servicios de transporte, almacenamiento y comunicaciones (-3,7%) y la Agricultura, ganadería, caza y silvicultura (-3,6%).
Del otro lado de la vereda, con desempeños positivos, quedaron la Enseñanza, que sumó un 12% más de puestos de trabajo, y el rubro de Otros servicios comunitarios, sociales y personales, que creció en 9,6%. Los Servicios Sociales y de Salud y la Electricidad, Gas y Agua, por su parte, crecieron muy levemente (+1,5% y +0,5%).
En otras palabras: la parte de la economía que produce bienes y la que vende y atiende al público se achicó, mientras que crecieron actividades que dependen menos del bolsillo del consumidor y del ciclo económico.
En este marco, vemos que las fábricas y los negocios explican toda la caída. Mirando ya no variaciones relativas, sino absolutas, el mapa sectorial se ordena rápido. La Industria manufacturera perdió 1.453 puestos y el Comercio, 1.278. Entre los dos suman más de 2.700 empleos menos, una cifra que supera por sí sola la caída neta de toda la provincia. Es decir: si el resto de la economía hubiera quedado empatada, el resultado igual habría sido negativo.
Detrás aparecen los Hoteles y Restaurantes, con 655 trabajadores menos, el equivalente a una cuarta parte del saldo negativo total. Luego, con pérdidas de entre 300 y 350 puestos cada uno, vienen el Transporte, los Servicios inmobiliarios y empresariales y el Agro; mientras que la Construcción resignó otros 201, los bancos 105 y la minería 34. Sumadas, todas esas bajas dan unos 4.700 empleos perdidos.
Lo que evitó que el número final fuera mucho peor fue la Enseñanza (+1.389 puestos) y los Servicios comunitarios y personales (+732) moderaron la caída, con ayuda de los Servicios sociales y de salud (+57) y la Electricidad, gas y agua (+9). En total, estos sectores aportaron unos 2.200 nuevos puestos que compensaron casi la mitad de lo que se perdió.
El peso de los sectores más grandes y, a la vez, más golpeados, queda en evidencia al observar su participación en el resultado global provincia: la industria explica por sí sola el 58% de la caída neta y el comercio, el 51%, demostrando que esos dos sectores cayeron más de lo que cayó la provincia, y que fueron otros los que amortiguaron el golpe. La enseñanza, por caso, compensó más de la mitad del retroceso total. Sin ella, Misiones habría perdido cerca de 3.900 empleos en lugar de 2.500.
Diez años después, hay una provincia con otra cara. Si uno se aleja de la coyuntura y mira una década para atrás, se observa en primera instancia, para sorpresa de nadie, que Misiones tiene menos empleo privado formal que en 2016. En el primer trimestre de aquel año había 106.580 puestos de trabajo y en la actualidad cayó a 103.717. Es decir, diez años después, con más población en edad de trabajar, hay casi 2.900 puestos menos.
Pero ese resultado general, esconde otro problema de gran magnitud: la profunda transformación del entramado laboral. La construcción es el caso más dramático, ya que pasó de 9.482 puestos de trabajo a 4.666, es decir, perdió la mitad de su plantel (-50,8%). En 2016 casi nueve de cada cien puestos de trabajo privado formales de la provincia estaban en una obra; hoy son apenas cuatro de cada cien.
La minería, aunque más chica, también se redujo a la mitad (-52,2%), pero con menor impacto por tratarse del sector con menos empleo privado (históricamente) de la provincia.
El campo es la otra gran pérdida: la agricultura, la ganadería, caza y la silvicultura tienen hoy 2.263 puestos de trabajo registrados menos que hace diez años, una caída del 22,0%. En la misma línea están los bancos (25,5% menos) y los servicios inmobiliarios y a empresas (20,7% menos).
La industria, el transporte y la hotelería también están por debajo de 2016, aunque con caídas más moderadas: entre 6% y 9%. En el caso de la industria, son unos 1.800 puestos menos, y casi todos se perdieron en los últimos dos años.
Del lado de los que crecieron, la enseñanza vuelve a ser la gran protagonista. Pasó de 8.105 a 12.931 puestos de trabajo, un salto del 59,5% en una década. Hay una particular que vale la pena subrayar: lo que ganó la enseñanza en la década (4.826 puestos) es prácticamente lo mismo que perdió la construcción (4.816). Un sector reemplazó al otro casi uno por uno. También crecieron en la última década los servicios comunitarios y personales (27,4%), la electricidad, el gas y el agua (18,1%), el comercio (10,5%) y la salud (10,0%). El comercio merece una mención aparte: a pesar de la caída del último año, sigue teniendo más gente que hace diez años y en el camino le quitó a la industria el lugar de principal empleador privado de Misiones: hoy reúne más de un quinto del empleo formal de la provincia.
Si bien la comparación 2016 vs. 2026 ya muestra resultados adversos, si se mide este indicador contra 2023, la foto es todavía más cruda, porque ese año fue el pico de la serie histórica de los puestos de trabajo. En el primer trimestre de 2023 Misiones llegó a 111.874 trabajadores privados registrados, el número más alto de la década para ese período. Desde entonces se perdieron 8.157 puestos, un 7,3% del total. De cada diez empleos que se habían ganado entre 2021 y 2023, más de ocho ya se perdieron.
De esa sangría, seis de cada diez empleos los aportó la construcción. El sector tenía 9.550 puestos de trabajo a comienzos de 2023 y hoy tiene 4.666: perdió más de la mitad de su gente en tres años (-51,1%).
El derrumbe fue casi instantáneo: entre 2023 y 2024 se fueron 4.000 puestos de golpe, y desde ahí el sector no levantó cabeza. La industria acumula 1.893 empleos menos que en 2023 (8,5% de caída) y el comercio, 1.273 (5,4%). Los hoteles y restaurantes perdieron uno de cada cinco trabajadores. Los servicios inmobiliarios y empresariales cayeron 13,9%, los bancos -13,0%, el agro -7,8% y el transporte -4,0%.
Solo tres sectores están mejor que en 2023. La enseñanza, otra vez, lidera con 2.338 puestos más (22,1% de suba), seguida por los servicios comunitarios y personales, con 1.027 más (+13,9%), y la electricidad, el gas y el agua marcó +0,3%.
Lo que se perdió en estos tres años no fue una caída pareja, sino un golpe concentrado en las actividades más ligadas a la inversión, al consumo y a la competitividad con los países vecinos, y podemos puntear diversos fenómenos que colaboraron con esta importante destrucción de los puestos de trabajo.
Como es harto conocido, el impacto de una obra pública apagada es contundente para provincias con características como las de Misiones y de todo el norte en general. La construcción misionera tenía un aporte fundamental de fondos nacionales para rutas, viviendas, escuelas y obras de infraestructura pero cuando a fines de 2023 la Nación frenó casi por completo la obra pública, el sector se quedó sin uno de sus principales (sino su principal) cliente. La construcción privada, pese a los esfuerzos de los actores del sector, no logran compensar la baja.
Por supuesto, el factor frontera es clave para entender el fenómeno actual. La situación respecto al tipo de cambio y las dinámicas en torno al movimiento comercial y turístico explican buena parte de la caída del comercio, y también del golpe a hoteles y restaurantes. Respecto a esto último, una Argentina cara en dólares genera menos movimiento de extranjeros pero mayor salida de argentinos, impactando en esa actividad.
El modelo macro nacional también impacta en las economías regionales. La industria misionera es, en gran parte, yerba, té, tabaco, madera y papel. La desregulación del mercado yerbatero, que le quitó al instituto del sector la facultad de fijar el precio de la hoja verde, hizo caer lo que cobran los productores y apretó a toda la cadena, desde la chacra hasta el secadero. La industria forestal y maderera, por su parte, sufre la caída de la construcción en todo el país y la competencia de productos importados. A la par, el consumo no arranca. Más allá de lo local, la economía argentina viene de dos años con un consumo flojo, salarios que aún no empiezan a recuperarse y un crédito caro, sumado al avance del endeudamiento de los hogares. Eso pesa sobre los sectores que viven del gasto de las familias: comercio, transporte, servicios a empresas.
También hay otros cambios de fondo que no tienen vuelta atrás. La caída del empleo bancario, pese a que la intermediación financiera es uno de los sectores de mayor crecimiento agregado de la economía nacional, no es solo de este año: es una tendencia que ya inició años atrás empujada por la digitalización, las billeteras virtuales y el cierre de sucursales. Por ende, no se debe esperar que desde allí venga una recuperación cuando mejore la economía.
El balance deja a Misiones frente a una situación crítica. La provincia tiene hoy un mercado de trabajo formal más chico que hace diez años y, sobre todo, distinto: con menos obreros, menos trabajadores rurales y menos empleados de fábrica, pero con más prestadores de servicios, aunque estos no logran compensar la pérdida de los anteriores. No hay un proceso de transformación neta del entramado laboral, sino una destrucción de empleo en el marco de un cambio de estructuras. En ese contexto, recuperar el empleo perdido no depende de un solo factor, sino de una combinación de varios de ellos: que la obra pública y/o privada vuelva a moverse, que la brecha de precios con Paraguay y Brasil no siga drenando consumo hacia el otro lado del río, y que las cadenas de la yerba, el té y la madera encuentren un esquema que les permita volver a contratar.
