Este miércoles 4 de mayo quedará inaugurada la muestra “Libertad robada”, en el Museo Juan Yaparí. Se trata de una serie de óleos del reconocido artista plástico misionero Bernardo Federico Neumann.
El reconocido artista plástico misionero Bernardo Federico Neumann dejará inaugurada en el museo provincial de Bellas Artes “Juan Yaparí” la muestra “Libertad robada”. Está compuesta por obras de distinto tamaño y técnicas, la mayoría elaboradas durante la pandemia y también motivadas por experiencias personales que impactaron en el autor. Una de ellas fue el robo de una pequeña ave rescatada, alimentada y puesta en libertad en el Parque de las Sierras. Los guardaparques se esmeraron en cuidarla, preservando su libertad…hasta que un individuo la robó el 17 de enero de este año, ya que era un ave sociable y acostumbrada a los humanos. “Me llenan de impotencia esas acciones; lo único que puedo hacer es mostrar mi dolor mediante algunas pinturas. Y así, condenar ese acto, como a los que venden animales que deben volar en libertad”. Las obras de tamaño menor “son el resultado de lo lúdico y entretenido que me resulta brindar al espectador la oportunidad de sentirse creadores y pintar SU cuadro con las primeras pinceladas que están plasmadas”.
Sobre el artista
Neumann es profesor de Dibujo y Pintura, egresado del Instituto Superior “Antonio Ruíz de Montoya”, donde además ejerció la docencia. También fue profesor titular de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Misiones. Tomó cursos de perfeccionamiento con maestros de arte en nuestro país y el extranjero. Su obra se caracteriza por el estilo abstracto y único en la utilización del color
A lo largo de su carrera artística ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas en Argentina, Latinoamérica y Europa. Sus obras se encuentran en museos y colecciones privadas de nuestro país, Chile, Brasil, Paraguay, Inglaterra, Suiza, Holanda, Francia, Alemania, Rumania, Japón e Indonesia. Posadas cuenta con numerosos murales de este pintor, dispersos por la ciudad.
La muestra se podrá apreciar durante el mes de mayo en la planta baja del museo sito en Sarmiento 319 de Posadas. El museo abre de lunes a viernes de 8.00 a 12.00 y de 14.00 a 20.00; sábados, domingos y feriados de 15.00 a 21.00.
En el corazón de Los Aguacates, Villa Sarita, se erige una casa pintoresca con grandes ventanales en su fachada y un colorido mural pintado a mano por el propietario de la vivienda. Falta una hora para el mediodía y de esta reconocible residencia sale un siempre sonriente Bernardo Neumann, quien con sus casi 70 años pareciera mantener la picardía de un niño alegre.
Bernardo, o Berni como le dicen los más allegados, posee una humildad genuina, a pesar de contar con una carrera artística de casi 50 años, con más de 2.500 cuadros vendidos y reconocimiento en países como Francia, Italia, Rumania y otros tantos, por nombrar algunos. Originario de Colonia San Alberto, confiesa no haber tenido casi juventud, debido al trabajo que le costó mantener sus estudios y su carrera, pero reitera en más de una oportunidad que es un bendecido de la vida, por todo lo que le tocó vivir y recorrer.
Antes siquiera de encender el grabador y realizar alguna pregunta, Bernardo empieza a reflexionar en voz alta, sobre el presente del sector donde se desenvuelve. Docente jubilado, todavía se dedica al arte por su cuenta y eventualmente realiza talleres en diferentes lugares, sin embargo se hace cargo de una bandera que merecidamente puede portar y hablar por él y por sus colegas. “Necesitamos un poco más de reconocimiento, porque el arte está pasando por una situación muy crítica”, asegura de manera grave, “creo que estamos llegando un momento en cada uno de nosotros se va a transformar nuevamente en esos alquimistas de la Edad Media que fabrican sus propios colores”, sentenció.
Explica que, a pesar de que hay una Ley Provincial, la 2708 sobre la creación del Régimen de Reconocimiento al Mérito Artístico, esta nunca se instrumentó y sería un buen incentivo para apoyar a artistas que cuentan con una trayectoria respetable. “Lo que yo quiero plantear, con este tema, es que me parece que si hay alguna trayectoria detrás de la persona es porque trabajó toda su vida, ¿No?”.
“Hago mías las palabras que, creo, que dijo en su momento Andy Warhol y es que nosotros, los artistas, producimos cosas que la gente no necesita y es por eso que yo siempre celebro cuando me compran un cuadro, porque quiere decir que, de alguna manera, todavía hay gente que es sensible, independientemente de la cuestión económica que nos pega a todos por igual”, cierra la reflexión.
Desde Colonia San Alberto a Francia
De familia alemana, Bernardo Neumann nació y creció en Colonia San Alberto, entre Capioví y Puerto Rico. Desde pequeño aprendió la crudeza de la vida rural de los años 60´ cuando debía levantarse a las 5:00 de la mañana a llamar a la vaca para el ordeñe, luego prepararse y caminar kilómetros hasta llegar a la escuela. Y fue en esa escuela, gracias a su docente Eduardo Cisneros y su esposa Matilde Gutiérrez, que empezó a dar sus primeros pasos artísticos.
Berni lo relata como si lo hubiese vivido la semana anterior y no hace 60 años. Recuerda que en un acto escolar por el 25 de Mayo, quedó maravillado por toda la escenografía, los carteles, el telón, todo iluminado por las lámparas Petromax a kerosene, que debían llevar los vecinos. “No te imaginás lo que fue, las lámparas todas orientadas hacia el escenario, las bambalinas, fue algo mágico y automáticamente le pregunté al docente como se hacía todo eso y él, Eduardo, me dijo que en la clase me iba a enseñar”.
Eduardo le explicó los primeros rudimentos del dibujo, como construir una flor, un árbol, un bote usando el número ocho, cosas elementales, muy básicas que sentaron las bases de una exitosa carrera artística. “Cuando me empezó a enseñar, Eduardo me dijo que debía dibujar y pintar todos los días lo que tenía alrededor”, recordó y con eso resumió el origen de la esencia de sus dibujos, que es la selva misionera.
Junto a la escuela y con una pasión por los dibujos, Bernardo tuvo que trabajar. Volvía de la escuela, se cambiaba e iba derecho a trabajar. Estuvo en la chacra, trabajó como peón de albañil y realizó múltiples tareas que lo forjaron como una persona que reivindica cada vez que puede la cultura del trabajo y del esfuerzo que hay que hacer para lograr los objetivos que se plantee cada uno.
Ya en la secundaria le costaba, o mejor dicho le aburría, el sistema de enseñanza de dibujo de la escuela, buscaba algo diferente a lo que le ofrecía la academia, por lo que no le quedó más remedio que encarar a la docente y explicarle que a él no le servía esa clase y que prefería dibujar otras cosas. “Entonces llegamos a un acuerdo con la profesora que en su hora yo iba a salir al patio a dibujar, pero al final de cada clase debía llevarle un dibujo para que lo evaluara”, recordó.
Fue en esa época donde inicio con las “primeras ventas de sus obras”, como recuerda entre risas. “Cuando llegaba la época de entregar trabajos, mis compañeros me pedían que yo los haga por ellos y me pagaban por eso, entonces tenía en casa, además de mis trabajos, una pila de carpetas para hacer”, rememora entre risas.
Ya a principios de los años 70´ decide emigrar, como muchos jóvenes de la provincia, a Posadas a continuar con sus estudios. “Alquilábamos una casa entre 14, compartía una habitación muy chiquita con otros, no era sencillo, hoy hay más posibilidades, hay albergues, hay becas de comedor, por eso creo que es fundamental apoyar a la educación pública que brinda tantas oportunidades”, reflexionó Berni.
Al trasladarse a Posadas, también tuvo que arremangarse y trabajar, en lo que podía, mientras que empezaba a formarse. Bernardo recuerda el nombre de cada persona que le dio una mano cuando más lo necesito y siempre aprovechó las oportunidades que tuvo, como cuando el ex gobernador y entonces presidente de la Cámara de Representantes se comprometió a conseguirle un trabajo, para costear sus estudios o cuando docentes de su carrera, al enterarse que casi deja sus estudios por la imposibilidad de conseguir los materiales que necesitaba para hacer unos trabajos, abrieron una cuenta en una librería para acceda a los mismos.
El esfuerzo lo premió y en el año 1972 tuvo su primera exposición individual en el Instituto Montoya, donde actualmente se encuentra la librería y contó con la entonces rectora de la institución. “Para mí era todo un honor, vinieron los medios a hacer a hacer notas, estaban las autoridades, fue muy lindo”.
Luego vendría su primera incursión en el exterior, cuando fue invitado a exponer en un poblado de Francia llamada Pointe-à-Pitre, un pueblo medieval ubicado en la región de Guadalupe. Al año siguiente ya volvió para presentar otra muestra en Rennes, capital de Bretaña en el noroeste del país. “En su momento hasta tuve una oferta para irme a vivir allá, pero andaba con muchos proyectos acá, estaba pagando mi casa, pero viendo para atrás tal vez la mejor decisión hubiese sido aceptar la propuesta”, señala.
No obstante, eso no le impidió hacer una amplia y rica trayectoria, en el que visitó el viejo continente más de 16 veces, donde estuvo también por Italia, Rumania y Alemania. Fue invitado como jurado evaluador de muestras, dejó obras por Brasil, Perú, Paraguay y enseñó en Chile, pero nunca dejó su esencia misionera y de trabajar para los suyos, donde realizó talleres, muestras, pintó murales tanto públicos, como privados, decoró una escalinata en la costanera para que, con la lluvia, genere la ilusión de convertirse en un típico salto, como los hay en toda la provincia.
Un legado
Es conocedor de su trayectoria y el reconocimiento popular al que escapa llamarlo “fama”, pero no se obnubila en esos palmarés, ya que nunca fueron parte de sus objetivos o al menos no se lo imaginaba en aquellas frías madrugadas en Colonia San Alberto. Sabe que tanto su carrera, como reconocimiento es fruto de su trabajo y de las personas que lo ayudaron a cumplir los objetivos que se propuso y de los cuales no se olvida, por lo que siempre está a disposición de la comunidad con la alegría que lo caracteriza.
“Soy muy tímido y me cuesta vincularme, mi único vicio es la bicicleta y raramente me verán en un café o tomándome una cervecita, entonces lo que me queda es trabajar. Me levanto de madrugada, subo a mi taller inicio algo y no paro hasta que bajo a hacer alguna otra cosa, luego vuelvo a seguir pintando y así estoy todos los días”, explica y reitera que, aunque suene una muletilla, la única opción que encuentra válida para progresar y es un poco lo que busca transmitir a los más jóvenes es la de siempre trabajar y esforzarse.
En eso también deja implícito el legado que espera dejar, ya que no se considera una persona materialista, todo lo contrario, considera que su mayor valor está en los conocimientos y la experiencia vivida y es lo que desea transmitir. “No me interesa ser un cadáver culto, quiero dejar algo que sea más allá de una pintura o esas cosas que nos trascienden, aunque sé que, cuando no esté, habrá varios que se disputen mis pinturas”, aseveró.
Es por esto que adelantó que está en sus planes realizar una gran muestra, para celebrar sus 70 años, para vender todas sus obras y quitarlas de su taller. “Yo me despegué de muchas cosas materiales, cosas de mi familia, de mi padre y mi abuelo, pero no las regalé, las vendí por monedas o por lo que fuera, para que signifique un mínimo esfuerzo para quienes lo reciban, porque así se valoran más las cosas”, explicó.
Fuerte reivindicador del trabajo, el esfuerzo y la libertad, que se considera el hombre que más errores ha cometido en su vida, pero que siempre se mantuvo en pie y buscó crecer. Bernardo Federico Neumann es más que una persona detrás de 2.500 obras, murales y artes urbanos, es una persona que buscó trascendencia más allá de su arte, a través de los valores que, entiende, son los que necesita la sociedad para crecer.
Al finalizar la charla, comenta que realizará una muestra el próximo 4 de mayo, en el museo Juan Yaparí, donde llevará alrededor de 30 trabajos de distintas medidas, características como para llenar de colores el museo. “El objetivo es que cada persona que vaya, se sienta creativa, que la última pincelada de cada cuadro lo dé el espectador, por eso no voy a ponerles títulos que condicionen la subjetividad de cada uno, que digan me parece esto, aquello o no me parece nada”, cierra entre risas.
Culminada la entrevista expone los cuadros que están colgados en su taller, el lienzo sobre el atril en pleno proceso creativo y lanza una última reflexión. “Tantas cosas me han pasado en la vida que no me queda nada más que agradecer al cielo y disfrutar del momento que está pasando, así vivo y disfruto mis días, en un espacio con una luz espectacular, la parte soñada de cada artista, de tener un espacio así”, finaliza señalando su taller ubicado en el primer piso de su casa.
El próximo sábado 23 de abril la ceramista Luján Oliveira, realizará un taller de Mural Cerámico, con la técnica de cuerda seca. Esta actividad está diseñada para que cualquier persona, sin conocimientos previos, lo pueda hacer. “Empezamos de cero”, comenzó explicando la artista misionera.
Cuerda seca es una técnica que surge en el siglo X en la zona de Andalus, funciona como recubrimiento del cerámico y puede plasmarse en superficies planas o en objetos utilitarios.
“La cuerda seca trabaja con un producto oleoso que genera un límite al esmalte que es líquido pero de base acuosa. Las líneas delimitan el color del esmalte y generan una decoración con brillo y relieve”, agregó.
Todo esto se funde a 1050 grados de temperatura en un horno especial. Y los resultados son una imagen que puede estar a la intemperie y con los colores vivos y brillantes como el primer día.
El costo del taller incluye todos los materiales y los alumnos pueden traer su propio diseño para realizar el mural. Luján enseña a trabajar en cerámica y otros elementos inspirada en la riqueza de Misiones (su gente, la cultura, la flora, la fauna, etc.) para realizar sus obras.
Su taller se adecua a la capacitación a personas que no tienen conocimiento de dicha rama del arte, enseña las técnicas básicas para realizar piezas simples y a lo largo del aprendizaje, en el manejo de uso de herramientas los alumnos comienzan a crear las piezas por sí solos.
En sus obras, la ceramista explicó que quiere transmitir al público la belleza de Misiones, “quiero que la gente que compra lo que hago se lleve un pedacito de la provincia”, expresó Oliveira. El arte de la cerámica, “es como un lienzo vacío donde se puede ir pintando y generando texturas”, finalizó. Para consultas o inscripción el número de contacto es 3764 661088.
A las obras iniciadas en la Casa Museo de Horacio Quiroga, se le suma la licitación en proceso para mejorar el museo San Ignacio de Loyola, en San José y un diagnóstico preliminar del estado en que se encuentran edificios en Posadas. Estas acciones dan cuenta de la apuesta del Ministerio de Cultura por mejorar la parte edilicia a cargo del ministerio.
“Queremos que nuestros edificios y museos se luzcan al máximo, por eso estamos trabajando para aprovechar todas las formas que existen de financiar estos trabajos”, explicó Joselo Schuap, ministro de Cultura, en el marco de una recorrida por los diferentes espacios junto a Gunnar Krieger, responsable de la Dirección General de Arquitectura, el ingeniero Víctor López, director de Infraestructura del área y María Laura Lagable, subsecretaria a cargo del área de Patrimonio y Museos.
La recorrida comprendió el Museo Provincial de Bellas Artes “Juan Yaparí”, el museo arqueológico “Andrés Guacurarí” y el Centro Cultural Vicente Cidade, donde se sumó Celina Jedlicka, subsecretaria responsable de las actividades que se realizan en el histórico edificio de Belgrano y General Paz. “Luego de todo este tiempo en que hemos tenido que enfocarnos en la salud, ha llegado el momento de prestarle atención a los espacios culturales y al patrimonio de nuestra provincia, por ello estamos realizando una recorrida de diagnóstico con gente de Arquitectura de la Provincia. Sin embargo, ya se pueden observar avances, como en San Ignacio, donde ya tenemos iniciada obra gracias a recursos gestionados ante Nación. También estamos esperando que se licite la obra para mejorar el museo San Ignacio de Loyola, en San José”, detalló Joselo.
Encarar tareas de mantenimiento “En ninguno de los edificios hay problemas estructurales que impidan el uso”, afirmó Gunner Krieger. “Se trata más que nada de problemas de mantenimiento: pintura, filtraciones en techo y arreglos en aires acondicionados. Nada que impida el funcionamiento normal de los espacios. Hay que destacar que son todos edificios históricos, patrimoniales, a los que hay que atender periódicamente, para realzarlos y ponerlos en valor”.
Luego de esta primera visita, se espera que lleguen los equipos técnicos a estos tres espacios. Ellos son quienes hacen el diagnostico final, elaboran la documentación y la elevan para el llamado a licitación. Una vez que las obras se inician, la Dirección de Arquitectura es la encargada de hacer el control de la empresa que sea adjudicataria.
San Ignacio también se moderniza A fines del 2021, Cultura logró la aprobación de un proyecto de refuncionalización de la Casa Museo de Horacio Quiroga, en San Ignacio. Esto se hizo a través del Programa de Recuperación de Espacios Culturales, del Ministerio de Cultura de la Nación.
En ese lugar las obras se iniciaron en febrero y apuntan a construir una recepción más grande, con galería, rampa, techo, además de optimizar el estacionamiento y la instalación eléctrica. Se espera que la obra finalice en el año en curso. Luego hay una segunda etapa en vista, que apunta a mejorar el uso de espacios disponibles.
En el centro de San Ignacio también está el museo “Juan Nadasdy”, sobre el cual hay proyectos de refacción y puesta en valor.
Once cuadros de reconocidos autores se suman a la colección de obras de arte del museo “Juan Yaparí”. Los mismos pertenecían a Olga Zamboni y fueron donados por su familia, cumpliendo los deseos póstumos de la querida docente y escritora.
Cumpliendo con los deseos póstumos de Olga Zamboni, sus hermanos formalizaron la entrega de cuadros de autores reconocidos a las autoridades de Cultura de la Provincia. “Estamos muy agradecidos de que confíen en nosotros y en nuestra capacidad de resguardar y disponer de estos bienes culturales para compartirlos con la comunidad”, expresó Laura Lagable, quien se encuentra a cargo de la Subsecretaría de Revalorización Patrimonial y Museos.
Se trata de 11 cuadros originales que ya están inventariados dentro de la colección del Museo Provincial de Bellas Artes Juan Yaparí, además de algunas reproducciones. Las obras se encontraban en la que fue la residencia de la familia Zamboni y luego de Olga, en la calle Sarmiento casi 3 de Febrero, hasta el día de su fallecimiento, el 26 de enero de 2016.
“Como mujer de la cultura que era, Olga siempre fue muy cercana a los artistas en general, y poseía música de distintos estilos, una pared llena de libros y paredes cubiertas de cuadros. Y un buen número de esos cuadros decidimos donarlos con la idea de que puedan ser apreciados por la gente. El deseo de Olga era que las cosas no duerman en un escritorio o en una pared, así que estamos terminando de cumplir su voluntad”, expresó Rubén Zamboni, hermano menor de Olga. “Contando con su aprobación dada aún en vida, fuimos donando sus libros y obras de arte. Creemos que es la devolución que ella de alguna marea realiza a la comunidad con todo su trabajo como escritora, como docente”, afirmó.
La querida “tía O” “Estoy orgullosa de haber tenido una hermana como Olga, que fue sin dudas la referente afectiva y cultural de toda mi familia. Ella marcó a cada uno de mis hijos, que la llamaban ‘la tía O'”, contó también Rosa Zamboni de Maffini, hermana menor de Olga. “Cada viaje de Olga era una fiesta para nosotros, porque ella venia llena de regalos y sabía contar tan bien sus anécdotas, que uno revivía con ella esos viajes. Y supongo que habrá sido así de afectiva y descriptiva en su tarea como profesora primero, y con sus amigos después”.
Rosa coincidió con su hermano en que “Olga siempre fue enemiga de toda figuración, de que la pongan en un pedestal. Ella rescataba su tarea docente; se sentía maestra por antonomasia. Así que no le hubiera gustado quedar inmortalizada rígida en el anaquel de una biblioteca o en un museo. Por eso fuimos donando sus libros a distintas instituciones donde ella prestó servicio, como el Instituto Montoya, la Universidad, las escuelas donde dio clases y su querida Santa Ana. Ella jamás olvidó que venía de ahí”.
La función de un museo El Museo “Juan Yaparí”, tiene la misión de resguardar, conservar y exhibir su patrimonio cultural a la comunidad. El mismo está compuesto por más de 300 obras pictóricas y escultóricas que datan de la década del 40 en adelante, provenientes de artistas regionales y nacionales. A ellas se suman ahora once obras que pertenecieron a la escritora Olga Zamboni. Cabe recordar que una Colección de Arte es un conjunto de piezas artísticas recopiladas por un individuo o un establecimiento, estatal o privado, que se han ocupado de reunir, clasificar, seleccionar, estudiar y conservar.
Olga Zamboni nació el 17 de octubre de 1938 en la ciudad de Santa Ana. Era profesora de letras, ejerció la docencia en todos los niveles educativos, coordinó talleres literarios y en 2003 fue designada miembro de la Academia Argentina de Letras. Fue también novelista, poeta y cuentista, especializada en literaturas clásicas y regionales. Fue distinguida con diversos premios por su trayectoria profesional: Arandú Consagración y Vencejo de Oro, entre otros. Publicó muchos libros de poesías, además de una docena de títulos en narrativa y antologías.