La cotización del dólar paralelo se mantiene estable en los $195, en su menor valor desde octubre pasado. En tanto, el dólar solidario se ubica en $195,34 en promedio. En calma, los dólares financieros se ubican en torno a los $190.
El dólar minorista -sin los impuestos- opera este lunes 18 de abril en $118,39, de acuerdo al promedio en los principales bancos del sistema financiero. A su vez, el valor minorista del billete en el Banco Nación cotiza a $118.
Tras el fin de semana XL el mercado volverá a operar luego de cuatro días y podría producirse un salto en la cotización del dólar oficial. Es que la devaluación controlada que lleva adelante el Banco Central -crawling peg- se viene acelerando y después de varias jornadas sin actividad se espera un movimiento algo más brusco.
El miércoles, el Banco Central (BCRA) debió vender más de u$s30 millones, lo que representa el primer saldo negativo en 7 jornadas. “Se viene observando una fuerte actividad de los importadores, que se aceleró en los últimos días”, dicen en el mercado.
El aumento de la demanda forzó un cambio en la tendencia compradora exhibida por la autoridad monetaria y redujo el saldo positivo del mes que ahora queda en unos u$s14 millones de compras netas, aproximadamente. “Las complicaciones logísticas dilatan el impacto de la nueva cosecha de granos en el mercado y reducen el objetivo oficial de exhibir en este mes un abultado monto de compras de reservas, algo que parece solo se podrá ver en los próximos meses”, aseguró el analista Gustavo Quintana.
Dólar ahorro
El dólar solidario -que incluye el 30% del impuesto PAÍS y el 35% deducible de ganancias- opera en $195,34 en promedio, superando así el nivel del blue, por primera vez desde junio de 2021.
Dólar Mayorista
El dólar mayorista, que regula directamente el BCRA, se encuentra en los $112,97. En la corta semana, el tipo de cambio mayorista subió 81 centavos, por debajo de la corrección total de la semana anterior. pero con la salvedad que este ajuste se realizó en solo tres días de operaciones.
Dólar “contado con liqui”
El dólar “contado con liqui” (CCL) -operado con el bono Global GD30- se mantiene en los $190,53. De este modo, spread con el tipo de cambio mayorista, que regula el Banco Central, se ubica en 68,7%, nuevo mínimo desde mayo de 2021.
Dólar MEP o Bolsa En tanto, el dólar MEP o Bolsa -también valuado con el Global 2030- se negocia en $190,33, por lo que la brecha cambiaria se ubica en los 69,4%.
Dólar blue El dólar blue se mantiene estable en los $195, lo que representa su menor valor desde octubre pasado, según un relevamiento de Ámbito en el Mercado Negro de Divisas.
El dólar paralelo terminó el miércoles por octava jornada consecutiva por debajo de los $200. Así, la brecha con el dólar oficial mayorista se ubica en 72,6%, mínimos desde junio pasado.
Ante una inflación que podría llegar al 60% anual en el presente año, otra vez se ha puesto en primera plana en la Argentina el debate de si debemos o no dolarizar o no la economía.
Primera cuestión: ¿Hay certeza?
Se escucha en los medios partidarios de la dolarización, que sería la solución a todos los problemas de la Argentina; se terminaría la inflación, nos integraríamos al mundo, las reglas serían más claras lo que genera inversión etc.
Por otro lado, los detractores dicen que el remedio sería peor que la enfermedad; perderíamos el control sobre nuestra soberanía monetaria, dependeríamos de las fluctuaciones de una economía (Estados Unidos) muy distinta a la nuestra y nos va a ir como en el 2001 etc.
Entonces ¿quién tiene razón?
Las medidas económicas no son vacunas que se puedan probar bajo experimentos controlados, para tener las certezas de su éxito o fracaso una vez llevadas a la práctica.
Por ende la incertidumbre existe, y al final va a depender de la aceptación o rechazo de la gente. En 1995 se auguraban “100 años de Convertibilidad” y solo cinco después pedíamos a gritos la devaluación. Dijimos nunca más atarnos al dólar y hoy se empieza a pedir a gritos la dolarización.
Que hacemos
Hacer lo que salió bien en otro lado y adaptarlo a las particularidades del país; esto tampoco es garantía de éxito pero al menos hay un camino probado para tenerlo.
Lo que el mundo hizo:
Desde la década del 80 los países normales incluidos “todos” nuestros vecinos aprendieron que la inflación se da por financiar con emisión el déficit fiscal; por eso dejaron de tener inflación países como Paraguay, Chile y Uruguay, por no nombrar países del primer mundo como excusa. Entonces lo mejor que podemos hacer es tener una moneda propia y no bastardearla emitiendo cada vez que queremos un plan platita. Pero viendo la historia, eso en Argentina parece difícil, sino imposible, entonces vamos por la segunda alternativa posible:
Dolarizar:
En general los países que dolarizaron o adoptaron un tipo de cambio fijo tuvieron los mismos problemas que Argentina y, resignados a no poder optar por la mejor alternativa optaron por esta, cuáles fueron los resultados:
1.Controlaron la inflación 2.Bajaron las tasas de interés debido a la eliminación de 1), y del riesgo de devaluación, con esto el crédito (para empresas, hipotecarios etc. se amplió) 3.Son más abiertos al mundo (comercian más debido a la necesidad de atraer dólares)
Pero……
4.No existe evidencia contundente de que hayan tenido más o menos inversión que los países no dolarizados. 5.En general no controlaron su déficit fiscal y viven en acuerdos con el FMI. 6.Tuvieron un crecimiento menor que países similares no dolarizados. 7.Son más vulnerables a los Shock externos (baja del precio de lo que exportan o suba de lo que importan), puede generar más desempleo ante estos fenómenos.
Estas conclusiones se desprenden principalmente de los trabajos de Sebastián Edwards. Un influyente economista chileno radicado en Estados Unidos, cuya investigación está muy dedicada al tema. Lo resalto porque a pesar de tratarse de un economista liberal formado en Chicago, es escéptico de las bondades de dolarizar por sí solo, además concluye que las bondades de la dolarización en Panamá (el país más grande con este sistema) se encuentran “embellecidas”.
Dolarizar Hoy…
Implementar la dolarización requiere un inmenso trabajo pero quiero resaltar tres requisitos esenciales:
1 ) Tener dólares: cambiar los pesos por dólares a $110 requiere arriba de 40.000 millones de Uss que el Banco Central hoy no tiene, aparte de necesitar más para seguir pagando la deuda y las importaciones.
2) Un consenso general: para que no fracase y aceptarlo en las buenas épocas (precio de exportables altos) como en las malas (precio de exportables bajos o importables altos). Con grieta no se puede dolarizar… Vamos a tener un 2001 a la vuelta de la esquina.
Mención especial:
3) Aceptar las reglas: en este punto quiero ser sumamente claro: Cuando los países tienen un shock externo ( por ejemplo que bajara el precio de la soja) una devaluación es un ajuste encubierto de la reducción de ingresos (cobro lo mismo en pesos pero menos en dólares), con la dolarización no hay moneda para devaluar, entonces el ajuste se debe dar por baja de salarios o aumento del desempleo (en 1999 no quisimos bajar salarios un 10 por ciento como proponía un candidato a ministro de Economía con algo de torpeza política, y dos años después terminamos perdiendo mucho más, ver gráfico:
Como podemos ver el día después de la salida de la Convertibilidad el salario en dólares pasó de 1358 a 375 dólares. Si la cuenta del candidato a ministro estaba bien, hubiera sido preferible una baja del salario hasta los 1200 uss o 1000 exagerando, y no los 375 o 494 y bajando del día de hoy.
La realidad es que los precios y los salarios son rígidos a la baja… aunque la consecuencia de no ser flexible termine siendo peor.
Que podría pasar con Misiones:
La regla general dice que una devaluación mejora la balanza comercial porque se exporta más y se importa menos; en Argentina la evidencia muestra que si bien mejora la balanza esto se da principalmente porque se importa menos porque es más caro, con lo que pensar que con la dolarización per se vamos a perder competitividad es poco probable.
Por el contrario, sí existe consenso en que al dolarizar, con todo lo que ello implica, deberían fomentarse las exportaciones no tradicionales como yerba mate, té o tabaco. Todo lo que signifique hacer entrar dólares debería ser incentivado. O sea debería facilitarse todo el proceso de exportaciones en cuanto a la burocracia y estructura impositiva posible, pero no esperar que la dolarización aumente o disminuya por si sola las exportaciones; es una decisión del extranjero comprar o no.
El problema va a ser para nuestros comerciantes si no se corrigen la asimetrías, o a la tasa que se dolariza tenemos atraso; pero repito, si el consenso es “dolarizar” en serio, tales correcciones inevitablemente deberían ocurrir.
Conclusión:
La causa de los problemas argentinos no es la moneda que adopte sino el desastre fiscal que tenemos, que garantiza hasta el fracaso de que adoptemos el oro como moneda de curso legal. Panamá como ejemplo de dolarización exitosa no sería tal de no ser tan pequeño y sin el apoyo estratégico que tiene de Estados Unidos cada vez que tiene problemas. Como nosotros no tenemos un canal que una el Pacifico con el Atlántico y nuestros problemas son miles de millones más, no creo que contemos con el salvataje que tienen permanentemente (el karma de vivir al sur, diría Charly).
Las cuestiones ideológicas del tipo “los que quieren dolarizar son cipayos vende patria” me parecen totalmente irrelevantes, ya que nadie va ser más o menos patriota por el color del papel que tenga en la billetera. Esto se trata de que la Argentina tenga estabilidad, crecimiento y que la gente viva mejor. Igual vamos a poder ponernos la escarapela en la Semana de Mayo.
En las últimas semanas, con el objetivo de llamar la atención de la opinión pública, ciertos personajes del circuito político reavivaron la idea de dolarizar la economía argentina. ¿Pero qué significa la propuesta y cuál sería su impacto en la economía?
A lo largo de los últimos 10 años el proceso inflacionario ha crecido de manera consistente en el país. Desde 2014 convivimos con una tasa de inflación mayor al 20% anual y sólo en el año pasado el peso argentino perdió el 50% de su poder de compra. En este contexto de crisis de legitimidad, la propuesta de empezar a regirnos por la moneda norteamericana vuelve a presentarse como una alternativa que podría solucionar los desórdenes monetarios de nuestra economía.
Particularmente para los países en vías de desarrollo, el debate de dolarizar se enmarca en un problema más general que consiste en definir un régimen cambiario que permita integrarnos de manera sostenible con el resto del mundo. La autoridad monetaria tiene el desafío de diseñar una moneda que cumpla con las características del dinero, que logre encajar con la idiosincrasia y expectativas de la sociedad y a su vez pueda adaptarse para afrontar los desafíos económicos cada vez más vertiginosos debido a la interdependencia de los países y la globalización.
Los encargados de definir el rumbo de la política monetaria de un país son los Bancos Centrales. El Banco Central no solo determina la cantidad de dinero en circulación, sino que también define su valor futuro a través de la tasa de interés y su relación con las monedas de otros países a través del tipo de cambio, entre otras cosas. La principal función de un Banco Central es preservar el valor del dinero y garantizar la liquidez necesaria al sistema bancario.
¿Cómo se dolariza una economía?
La dolarización en un sentido estricto consiste en reemplazar la moneda local sustituyéndola en su totalidad por la moneda extranjera. No existiría más el peso argentino y todos los ciudadanos usaríamos dólares, en este caso se desmantelaría el Banco Central cediendo la soberanía monetaria y heredaríamos las políticas de la Reserva Federal Norteamericana. Algo similar a la idea que Carlos Menem propuso, en 1999, al Tesoro de Estados Unidos. En ese entonces la administración de Bill Clinton dejó en claro que no formalizaría su apoyo, no cedería el derecho a imprimir billetes, no permitiría el desembolso de redescuentos (para asistir al sistema bancario), ni prestaría dólares en caso de faltantes, por lo que el proyecto nunca se concretó.
Por otro lado, se podría dolarizar la economía fijando una paridad del tipo de cambio e incluyendo al dólar como moneda de curso legal. En este caso los pesos estarían atados al dólar en una proporción fija, similar a lo sucedido en la época de la Convertibilidad. Esta idea parecería inviable teniendo en cuenta el contexto actual de endeudamiento que mantiene el país con el FMI y el nivel de las reservas disponibles. En ambos casos le estaríamos sacando la facultad, total o parcialmente, a las autoridades monetarias de utilizar las herramientas que tiene a disposición para adaptar la política monetaria a los cambios exógenos o endógenos que surjan en la economía.
¿Cuáles serían los impactos de dolarizar?
Si bien es incierto predecir el impacto de implementar una medida de este tipo, los sectores que la promueven argumentan que en el periodo de la Convertibilidad la inflación se redujo drásticamente. Esto es verdad, pero el efecto sólo duró mientras pudieron mantener la medida y trajo muchas consecuencias desfavorables como el sobreendeudamiento del sector público y privado, la liquidación de las reservas, la cesación de pagos y una de las mayores crisis económicas en la historia argentina con altas tasas de recesión y desempleo.
Entre los posibles impactos favorables de una dolarización en Argentina podemos destacar que la medida podría ayudar a combatir la inflación, debido a la estabilidad del dólar y su demanda internacional. Otro punto favorable es que ya no sería necesaria la indexación de contratos, al eliminar las cláusulas de actualización se gana previsibilidad para el pago de las obligaciones futuras ayudando a reducir el aumento de precios. Otra garantía es que el acceso al crédito internacional podría ser más simple y barato, esto se debe que ya no existiría el riesgo cambiario, por lo que el costo financiero sería menor reduciendo de la prima de riesgo y en el costo del endeudamiento.
Las consecuencias negativas de dolarizar resultan más significativas. Al ceder la soberanía monetaria se pierden muchas herramientas de política monetaria. Por ejemplo, la opción arbitrar el tipo de cambio, una herramienta que permite ajustarnos a la competencia en el comercio internacional. El tipo de cambio cumple la función de separar precios internos de externos, por lo que, un país exportador de materias primas ante una caída del precio internacional, podría incurrir en déficit comercial si no logra ajustar el tipo de cambio. En la misma línea, el riesgo de default se incrementa debido a que todas las obligaciones pasan a estar en moneda extranjera por lo que ante un shock negativo las recesiones podrían ser más profundas.
Por último, el mercado laboral sin dudas se vería afectado por la medida. Una de las consecuencias de la inflación es que genera una caída de los salarios reales, sobre todo en economías con alta informalidad laboral donde los salarios nunca logran recuperar su poder de compra. Al dolarizar la economía, los salarios podrían hasta aumentar en términos reales sin embargo la consecuencia sería un severo aumento del desempleo. Lastimosamente debido al descontento con la performance económica y la gestión pública vuelven a surgir en Argentina propuestas como la dolarización que en el pasado fueron ensayadas y fracasaron generando un alto costo económico, político e institucional.
“Establécese el dólar de los Estados Unidos de América como moneda de curso legal de la República Argentina“, dice el artículo primero del proyecto que Alejandro Cacace presentó en el Parlamento y cuyos detalles difundió por Twitter en una cruzada para “frenar la inflación”.
Se trata de la primera vez que se presenta en el Congreso un proyecto de ley para dolarizar la economía, idea que fue esbozada por el exministro de Economía Domingo Cavallo pero a la que nunca terminó de darle forma.
¿Qué significa en la práctica “dolarizar” la economía? ¿Es una nueva Convertibilidad? ¿Cuáles son los beneficios? ¿Y los riesgos? Coincidentemente, la propuesta del diputado de Cambiemos cosechó más rechazos que adhesiones. El más enfático fue el presidente del partido radical y socio minoritario de la alianza con el macrismo, Gerardo Morales: “Rechazo terminantemente el payasesco proyecto presentado por un diputado de Evolución (el partido armado por el radical Martín Lousteau). Hay que ser irresponsable e ingenuo, por no decir otra cosa, para plantear que la dolarización es la salida. La dolarización es peor que la Convertibilidad”, retó el jujeño. Añadió que “esto ya nos generó daños irreparables en el pasado, destruyendo el aparato productivo del país”.
“Creer que con 7 artículos de un proyecto de ley se van a resolver los problemas de la economía y la inflación en el país es una gran estupidez“, enfatizó el jefe del radicalismo nacional.
Agregó que “es un delirio pensar que el Banco Central va a contar con dólares para cambiar los pesos de la gente. Estos planteos ortodoxos y neoliberales ya los conocemos, son antiguos, atrasan y fracasaron en el país”.
Hasta hoy, el único dirigente que se había manifestado públicamente a favor de dolarizar la economía fue el “libertario” Javier Milei, ya que ningún representante de JxC optó por impulsar la decisión de que la Argentina renuncie a la soberanía monetaria.
En la práctica, economistas de diversas corrientes ideológicas coinciden en que lejos de solucionar el problema de la inflación, lo que haría una eventual dolarización es impulsar una fuerte suba de la pobreza y destruiría el aparato productivo, que tanto costó recuperar pos caída de la Convertibilidad y la recesión iniciada en 2018, antes de que Mauricio Macri pidiera auxilio al FMI.
Llamativamente, del propio partido de Cacace hubo voces en contra. El ex diputado nacional Luis Pastori, referencia de la alianza Cambiemos en temas económicos, agregó otro dato: “Estoy en contra de la dolarización por la pérdida del manejo autónomo de la política cambiaria. Un ejemplo, si Brasil devalúa se funde medio país”, advirtió.
El ministro de Hacienda de Misiones, Adolfo Safrán fue terminante. “La dolarización afecta a la economía en general, por un lado porque el Gobierno pierde el manejo de la política monetaria, que sirve como herramienta para atenuar los ciclos económicos. Aunque haya economistas que digan que esto no es cierto, está comprobado que es así”.
“La dolarización solo busca que el Banco Central deje de financiar al Tesoro el déficit con lo cual el Gobierno o tiene que cerrar el déficit o endeudarse en bonos para cubrirlo”, explicó. Al mismo tiempo, advirtió que “para Misiones puede ser perjudicial porque si los precios domésticos de los bienes exportables quedan “caros” en dólares, no podremos exportar y además tendremos una invasión de productos importados más baratos, como ocurrió con el 1 a 1. Conclusión. si la dolarización comienza con precios domésticos elevados respecto del resto del mundo estamos condenados a la recesión”.
El ex diputado nacional de Cambiemos, Luis Pastori rechazó de plano avanzar hacia una dolarización. “Son varias las razones y de diversa índole que me llevan a esta posición, pero cito algunas que son fundamentales:
Pérdida de una de las herramientas de política económica como lo es la política monetaria, que va a estar -en tal supuesto- sujeta a los manejos de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Por lo tanto, ante cualquier shock en tiempo de crisis no tendríamos la posibilidad de emitir para atenuarlo.
Pérdida del manejo autónomo de la política cambiaria. Un ejemplo, si Brasil devalúa se funde medio país.
En estos momentos, además, ante la falta de reservas netas en el Banco Central, ¿de donde van a salir los dólares para cambiar los pesos circulando en la economía? Y a que cotización? Las estimaciones más prudentes hablan de un dólar a $400. Ello devendría en una exacerbación de la pobreza y el sufrimiento, además del altísimo impacto inflacionario.
Lo que se necesita son políticas públicas claras para eliminar el déficit fiscal y la irresponsabilidad de un gasto público por encima de nuestras posibilidades, con un Banco Central INDEPENDIENTE del poder político que se limite a su rol central que es el de preservar el valor de nuestra moneda. Por supuesto que esto será un proceso largo por la pérdida de confianza de la población en los gobiernos. Pero es esa confianza la que hay que recomponer y no destruir algo porque no funciona bien por culpas propias.
La economista Eva Sacco recordó que “Argentina ya tuvo algo muy parecido a una dolarización, y se llamó Convertibilidad”.
“No voy a contar cómo se salió porque ya todos lo sabemos. Pero la única diferencia con la dolarización plena es que existía una salida de emergencia. Esta válvula de escape se pudo utilizar cuando no daba para más: se derogó la ley y se hizo una devaluación asimétrica. ¿Cómo podría haber sido la situación social con un corralito, saqueos, inestabilidad política si ni siquiera hubiera existido esa válvula de escape?
Pero quiero aclarar algunas inconsistencias en la propuesta dolarizadora:
1. Algo obvio: Para dolarizar se necesitan….dólares. Algo que no tenemos y tampoco tenía Domingo Cavallo cuando emprendió la Convertibilidad. Para hacerse de dólares emprendió un proceso de “reforma” del Estado, léase privatizaciones y un ciclo de mega-endeudamiento aprovechando la coyuntura internacional de dólares frescos. Hoy no tenemos la posibilidad de endeudarnos y prácticamente nada que vender
Si dolarizamos, nadie tendría dinero para hacer las operaciones del día a día desde comprar leche en el almacén a pagar un crédito o un salario. La economía se desplomaría.
2. Si dolarizamos se acaba el déficit: falso, lo que se termina es la posibilidad de financiarlo con emisión. Cualquier gobierno podría tomar deuda en dólares para financiarse…y cuando no pueda cubrir los préstamos tendríamos una crisis de deuda. Ya sabemos la gravedad de eso.
3. El dólar es una moneda dura que no depende de la política. Por eso la gente “ya eligió”. Falso, el dólar es dinero tan fiduciario como el peso, y depende de las decisiones políticas en Estados Unidos, al igual que el peso depende de decisiones políticas en Argentina. La diferencia es que nosotros como argentinos, elegimos y participamos de la política argentina. Pero no tenemos el más mínimo poder de influencia sobre Estados Unidos.
4. Si dolarizamos se acaba la inflación: falso, en Estados Unidos también hay inflación. Es más, desde hace varios años hay varios sitios que miden la inflación con metodologías alternativas e indican que la inflación para los trabajadores, es al menos 2 o 3 puntos superior a la reconocida.
5. Sin la posibilidad de ampliar el crédito por la dolarización, el Estado no podría por ejemplo, permitir que haya paritarias para compensar la pérdida de poder adquisitivo por un aumento de alimentos internacional.
Con la dolarización la distribución del ingreso se volvería un elemento completamente endógeno a los precios internacionales, pudiendo cambiar de un día al otro y generando muchísima inestabilidad social. Aún más de la que hay hoy.
Por último tengo una reflexión propia: es entendible que los jóvenes se crean que inventaron la rueda (y por eso es tan importante que se enseñe historia y economía) ¿pero cómo explicamos que haya gente de más de 30 años que pueda pensar realmente que es una solución?
El secretario de Hacienda de Posadas, Sebastián Guastavino, advirtió que una dolarización sería muy dañina para la capital misionera, acostumbrada a lidiar con asimetrías internas y externas. “Sería muy dañino, por cuanto de movida nos quedaríamos sin la mitad de las herramientas para encauzar la situación del país frente a un contexto internacional en plena puja”, contextualizó.
“Se usa esta idea como un freno a los procesos hiperinflacionarios pero cierra en el corto plazo, porque en el largo plazo los precios se acomodan o suelen acomodarse a las canastas de economías comparadas y no tanto así los salarios”, explicó.
“Ahora, en el corto plazo es difícil también, porque la capacidad instalada argentina está muy por encima del nivel de explotación real, por lo que necesitamos activar los niveles de consumo de las familias, y con ello el nivel de empleo. Para que esto ocurra deben apuntar bien el gasto/inversión pública para que la inversión privada logre un tamaño saludable, y ese gasto/inversión requiere de dinero. Con imposibilidad para financiarte con el crédito internacional, no te queda otra que buscar con política monetaria. La competitividad con tipo de cambio también tiene sus limitaciones, y se repite la necesidad de llevar a la producción a niveles de eficiencia (en la escala que sea)”, detalló.
“Básicamente es una convertibilidad, pero la pregunta es a qué tipo de cambio cerrás la equivalencia”, analizó.
“Con una medida estructural estamos queriendo resolver una sola variable, un sólo problema, que es la inflación. Es como si quisiéramos cambiar el auto porque tenemos la cubierta pinchada. Para frenar la inflación, terminamos de descalibrar todo el resto de las variables y no es negocio. La cuestión cultural también, perdés hasta la identidad en una de las relaciones más cotidianas. Estamos en un mundo que discute qué nuevos activos financieros se crean, y nosotros estaríamos yendo hacia una receta vieja, que no ha funcionado y es poco común observar en otras economías que intentan recuperarse”, agregó el economista después de una discusión en el seno de la fundación Frontera Económica.
El economista Raúl Karaben, titular de la cooperativa yerbatera Piporé, descartó que dolarizar sea una buena idea. “En realidad, no me parece viable para nada. Yo creo que difícilmente nuestra economía pueda estar dolarizada, por el tipo de Gobiernos y por el tipo de economía que tenemos. ¿Por qué? Porque el problema que tenemos no es de la moneda, el problema que nosotros tenemos es el déficit fiscal. Mientras no se solucione de fondo el déficit fiscal y la deuda, no solo externa, sino la interna, que tiene que ver con el montón de títulos públicos que están dando vuelta, la magnitud de las Leliq y todas las demás deudas que hoy tiene el Estado, no tiene sentido dolarizar”, aseguró.
“Ni siquiera está la posibilidad técnica, si me decís “si se puede hacer” y no, vas a quebrar o reventar la economía. Porque no hay forma de dolarizar con la deuda y el déficit que tenemos. Y no te hablo de la deuda con el FMI, ese es el menor de los problemas, el problema es la deuda con los títulos públicos internos”, insistió Karaben.
Darío Ochoa, también economista, sostuvo que “una dolarización sería algo similar a la Convertibilidad, al menos como se propone desde la UCR y, desde algunos bloques de ese sector. Eso implicaría que podría solucionarse el tema de la inflación de precios, pero cristalizaría una situación de pobreza peor a los niveles que tenemos hoy ya que implicaría también una devaluación, porque tenemos escasos dólares y muchos pesos. Entonces la conversión que habría que hacer, sería sobre un nivel muy, muy alto, que empujaría la pobreza aún más arriba, que andaría en línea a cuando terminó la Convertibilidad, en un 60% de pobreza porque esa era la pobreza al año 2002. Además, implicaría una retracción del aparato productivo, sería el destroce de la industria debido a que perderíamos toda competitividad industrial, donde por escala, por salarios y demás, sería mucho más competitivo importar, que producir en el país. Esto ya lo experimentamos cuando tuvimos una dolarización encubierta durante la Convertibilidad. Así que sería impracticable bajo cualquier punto de vista”.
Particularmente sobre Misiones, Ochoa advierte que sobrevendrá una crisis social. “Somos una provincia que está fuertemente incidida por la dinámica del poder adquisitivo, dedicada al comercio y a la producción primaria, por ende, si bien intentamos hacer esfuerzos en la industria, esto sería imposible, incluso industrias dinámicas como la maderera, se vería muy afectada. Más que nada los cultivos de renta como el tabaco, té y yerba mate que están fuertemente vinculadas al mercado interno, con un mercado interno retraído también verían caer las posibilidades de producción y de demanda”. “Así que, por ningún lado, sería conveniente una dolarización. Generaría situaciones de desigualdad escandalosas socialmente inviables, que ya pasamos, es más la fuerza política que lo propone ya pasó por esta experiencia de sostener una situación dolarización encubierta, como fue la Convertibilidad en el periodo 99 al 2001, y que por no querer salir de esa trampa llevó al país a su peor crisis social, económica y política de la democracia”, recordó.
La cotización del dólar oficial cerró hoy en $116,21, con una suba de tres centavos en relación a la víspera, mientras los dólares bursátiles -contado con liquidación y MEP- marcan retrocesos de hasta 2,5%.
En el segmento informal, el denominado dólar “blue” se negocia sin variaciones, a un promedio de $200 por unidad.
En el mercado bursátil, el dólar contado con liquidación (CCL) baja 2,5%, a $ 192,30; mientras que el MEP retrocede 2,3%, a $ 192,52, en el tramo final de la rueda.
En el mercado mayorista, la cotización de la divisa estadounidense registró un incremento de 14 centavos respecto al cierre previo, en un promedio de $110,82.
Así, el dólar con el recargo de 30% -contemplado en el impuesto PAÍS-, marcó un promedio de $151,07 por unidad, y con el anticipo a cuenta del Impuesto a las Ganancias de 35% sobre la compra de divisas, $191,74.
Fuentes de mercado estimaron que la autoridad monetaria finalizó la jornada de hoy con un saldo negativo de alrededor de US$ 40 millones.
El volumen operado en el segmento de contado fue de US$ 355 millones, en el sector de futuros del Mercado Abierto Electrónico (MAE) se registraron operaciones por US$ 22 millones y en el mercado de futuros Rofex se transaron US$ 866 millones.