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La industria interrumpió la recuperación en el tercer trimestre

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La actividad industrial del mes de septiembre de acuerdo a información preliminar del Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL, mostró un avance interanual de 7.8%. La mejora interanual alcanzó a todos los sectores de actividad, pero con un nuevo recorte en el ritmo de recuperación entre los líderes -minerales no metálicos, producción siderúrgica y metalmecánica-, incluyendo la industria automotriz. La dificultad de acceso a insumos importados se ha mostrado más difundida entre sectores.

En el tercer trimestre de 2021, la industria tuvo una mejora de 11.2% en la comparación con el mismo periodo de 2020, restando ritmo respecto al salto del 36.6% observado en el segundo trimestre de este año respecto al mismo periodo de 2020 en el que comenzaba el paulatino proceso de apertura de plantas industriales. Luego de encadenar cuatro trimestres de mejora consecutiva en la medición desestacionalizada, en el tercer trimestre de 2021 la industria interrumpió la recuperación con una caída de 1.7% respecto al segundo trimestre.

En la comparación con el mes de agosto la producción industrial retrocedió 1.7% -históricamente la actividad en septiembre sostiene el nivel del mes anterior-, con sólo tres sectores de diez que reporta el IPI de FIEL logrando un avance. El mayor retroceso de la producción se dio en el bloque de la metalmecánica. También hubo retrocesos en la producción de químicos y plásticos y alimentos y bebidas.

La producción de minerales no metálicos alcanzó el mejor septiembre, en un escenario en el que la construcción transita un cambio en la composición por tipo de obra con un recorte en la actividad agregada, expectativas contenidas y conflictos gremiales que afectan la producción de insumos. Con todo, en los primeros nueve meses del año la producción industrial acumula una mejora de 18.9% respecto al periodo enero – septiembre de 2020, con una marcada merma en la dinámica de crecimiento acumulada en meses previos.

A nivel de sectores de actividad, en los primeros nueve meses del año y en comparación con el mismo  periodo de 2020, el bloque automotriz consolida su liderazgo en el ranking de crecimiento industrial con un avance acumulado de 88.5%. Con un crecimiento superior al promedio en el periodo enero – septiembre, se coloca el sector de la siderurgia con una mejora de 34.5%, seguido de los minerales no  metálicos (34.2%) y la metalmecánica (+33.9%). Por debajo del promedio y con registros de  crecimiento acumulados muy inferiores a los sectores líderes se ubican los despachos de cigarrillos  (+14.7%), la producción de insumos químicos y plásticos (+13.0%), la refinación de petróleo (+12.3%),  la producción de alimentos y bebidas (+4.8%) y la de papel y celulosa (2.4%). Finalmente, la producción  de insumos textiles iguala (+0.5%) en el periodo enero -septiembre el nivel observado en el mismo  periodo de 2020.-

La actividad industrial vista desde la perspectiva de los tipos de bienes continúa siendo liderada por la  producción los bienes de capital que acumulan una mejora de 53.5% en los primeros nueve meses y en  la comparación interanual. Le siguen la producción de bienes de consumo durable con un crecimiento  acumulado de 43% entre enero y septiembre respecto al mismo periodo del año anterior. Por su parte,  los bienes de uso intermedio acumulan una mejora de 17.3% en nueve meses. Finalmente, los bienes  de consumo no durable rezagan en su recuperación acumulando en nueve meses un avance de 6% en  comparación interanual.

En términos desestacionalizados, el IPI de septiembre retrocedió 1% respecto al mes anterior,  encadenando un trimestre de caída de la producción industrial. Luego de mostrar inestabilidad desde  abril pasado -cuando se alcanzó el máximo nivel de producción de la presente fase-, el proceso de  recuperación industrial se interrumpió en el tercer trimestre, recortando la mejora acumulada  respecto al inicio de la Pandemia. La fase actual de recuperación industrial ha dejado de ser la más dinámica. 

A modo de síntesis. En septiembre la industria volvió a mostrar una mejora interanual que tiende a  moderarse. Respecto al mes de agosto el retroceso de la actividad sumó sectores y en términos desestacionalizados se encadenaron tres meses de caída mensual. La dificultad de acceso a insumos  importados se ha difundido entre los sectores. En este escenario, la actividad industrial entró en una  etapa donde las tensiones asociadas a restricciones de oferta de insumos importados, problemas  logísticos y conflictos gremiales, comienzan a obstaculizar la dinámica de la recuperación observada a  la salida de la pandemia en la última parte de 2020 y primer semestre de 2021.

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Lecciones de la crisis

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La crisis de confianza que se generó después de las PASO del 11 de agosto ha dado lugar a una gran confusión respecto de las causas y las medidas que se adoptaron para enfrentar los problemas.

¿Fue el ajuste fiscal y monetario el culpable de la derrota del oficialismo?

En 2015, la Argentina tenía un déficit fiscal del orden de 6 a 7% del PIB que no podía ser financiado con reservas internacionales (no había reservas netas), ni tampoco en el pequeño mercado local de capitales. Eso dejaba como opciones el impuesto inflacionario y el financiamiento con deuda externa. Estas dos alternativas generan costos importantes, la primera por su impacto negativo sobre la pobreza y el funcionamiento de la economía, y la segunda porque atrasa el tipo de cambio real y expone la economía a un sudden stop.

La solución era avanzar rápido en la mejora de las cuentas fiscales pero en lugar de eso (o de intentar un gradualismo) el gobierno optó por la inacción, ya que el déficit fiscal de 2016 y 2017 no fue muy distinto del de 2015. El corte de financiamiento externo desde 2018 en adelante, que sólo pudo ser reemplazado por el FMI en forma parcial, obligó a una corrección acelerada de la posición fiscal con un impacto contractivo sobre el nivel de actividad. En definitiva, la génesis del problema es muy anterior a 2018 y 2019: es la inacción fiscal de los dos primeros años. Por ejemplo, si se hubiera optado por una reducción gradual del déficit primario a un ritmo de 1% del PIB por año, como los ahorros se acumulan, se podía haber prescindido de toda la deuda de corto plazo que hay en 2019.

Eso deja una lección importante para el futuro gobierno. Si se quiere reducir la volatilidad de la economía argentina, es prioritario resolver la cuestión fiscal.

En el campo monetario, la falta de credibilidad en el ancla nominal y objetivos muy ambiciosos en la reducción de la inflación ayudaron a que la tasa de interés real fuera alta. Ello se agravó con la crisis de confianza que requirió una compensación creciente para que los ahorristas optaran por invertir en instrumentos en moneda local. Tasas de interés muy elevadas en términos reales conspiraron también en contra del nivel de actividad.

¿Puede la crisis convertirse en una oportunidad?

Ello es posible en un gobierno que tiene un largo período de gestión por delante, pero no parece estar al alcance de uno cuyo mandato terminaría en pocos meses.

Sin embargo, esta situación no es justificativo para las medidas de corte populista decididas post PASO en materia fiscal y energética: conspiran contra la mejora en las cuentas públicas y contra los incentivos a la inversión que harán posible una mejora permanente en la oferta de petróleo y gas.

¿Qué margen de maniobra tiene el gobierno en el medio de la incertidumbre? En momentos de alta incertidumbre, el margen de acción de cualquier gobierno se acota al extremo. Los problemas había que resolverlos antes para generar los colchones que permitieran un tránsito más ordenado hasta el 10 de diciembre.

Cuando hay colchones acotados y una crisis de confianza, los gobiernos se ven forzados a elegir el mal menor. Sin embargo, al tomar las decisiones con cuentagotas y favorecer a los individuos a expensas de las empresas e inversores institucionales, el gobierno nacional generó algunos costos para el futuro que podían haberse evitado. La reprogramación de la deuda de corto plazo, particularmente en pesos, donde empresas y gobiernos subnacionales estacionaban liquidez genera un daño adicional a la actividad económica y complica la recuperación de un mercado en el futuro que existe en todos los países. El daño que generan los controles a la salida de capitales puede ser acotado si se mantienen por un plazo corto. Si el nuevo gobierno los extiende en demasía, además de fomentarse las típicas operaciones de subfacturación y sobrefacturación del comercio exterior, se reducirá la inversión ante la imposibilidad de disponer libremente de las utilidades.

Los desafíos para el próximo gobierno

La oposición enfatizó durante la campaña la necesidad de reprogramar la deuda. Se habló de la que se mantiene con el FMI pero ahora se ha sumado, por iniciativa del gobierno, la que se debe en bonos al sector privado (algo más de US$ 100.000 millones). Para lograr una extensión de plazos es habitual que los países comprometan un esfuerzo fiscal primario que le de ciertas garantías a los acreedores que cobrarán luego de la extensión. Como puede verse, el problema fiscal vuelve a ser central.

Se suma a este desafío que el programa monetario parte con una inflación muy elevada que no deja mucho margen para el error. Con una economía en recesión (el PIB caería otro 3% este año) y alta inflación el nuevo gobierno puede quedar preso de algunas de sus promesas de campaña y tratar de navegar sin resolver los problemas. Ese muddling through llevaría pronto a una desilusión colectiva. La opción es enfrentar los problemas con decisión lo cual puede requerir pagar costos políticos importantes al inicio de la gestión. Paradojalmente, es crucial evitar la inacción y desconfiar de las planillas de cálculo donde todo se resuelve mágicamente si la economía crece en forma sostenida.

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La industria mostró en junio una caída mensual del 0.5% en la medición desestacionalizada

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El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL del mes de julio mostró un retroceso del 0.5% respecto al mes anterior en términos desestacionalizados, de acuerdo a información preliminar. Desde diciembre pasado la actividad industrial ha permanecido estable acumulando una ligera mejora de 0.2% en los primeros siete meses del año en la medición desestacionalizada.

En cuanto a la comparación interanual, en el mes de julio se observó una caída de la actividad industrial del 3.9%, explicada fundamentalmente por el retroceso de la producción automotriz, que en el mes alcanzó el 48.1% interanual. En cambio, dos ramas de actividad ‐la refinación de petróleo y la producción de alimentos y bebidas‐ acumulan un trimestre con mejora interanual, al tiempo que los despachos de cigarrillos también mostraron un avance interanual en julio.

Asimismo, en el mes, se observaron mejoras interanuales en actividades puntuales como la faena vacuna, la producción de aceites, agroquímicos y jabones, mientras que las mejores condiciones climáticas permitieron una recuperación de los despachos de cemento. En cuanto a la actividad industrial en los primeros siete meses del año, esta acumula un retroceso de 7.5% en la comparación interanual, volviendo a recortar el ritmo de caída respecto a lo observado en el primer semestre del año (Véase Tabla 1 y Gráfico No 1).

Siguiendo el desempeño de las ramas de actividad, en los primeros siete meses todas acumulan caídas en la comparación interanual. El ranking de variaciones es encabezado por la refinación de petróleo que registra el menor retroceso (0.3%), seguido por la caída de la producción de alimentos y bebidas (‐1%), la producción de insumos textiles (1.3%), papel y celulosa (4.8%), minerales no metálicos (5.9%), metalmecánica (6.2%) y despachos de cigarrillos (6.9%). Las restantes tres ramas de actividad muestran un retroceso interanual superior al promedio de la industria, comenzando con la siderurgia (7.6%), y siguiendo por los insumos químicos y plásticos (‐11%) y la producción automotriz (‐36%) (Gráfico No 2).

Observando la clasificación de las ramas industriales según el tipo de bienes, a partir del desempeño observado en la industria automotriz, la producción de bienes de capital y de consumo durable elevan el ritmo de caída en el acumulado para los primeros siete meses del año, mientras los bienes de consumo no durable a partir del avance de la producción de aceites y la faena vacuna, y los bienes de uso intermedio por el aporte del proceso de petróleo, actividades del sector químicos y los despachos de cemento, moderan su ritmo de contracción.

Así, en los primeros siete meses, la contracción es liderada por la producción de bienes de capital con una caída interanual acumulada en el periodo de 17.6%, seguida de la producción de bienes de consumo durable que acumulan una caída de 16.4% sobre la misma base de comparación. Por su parte, los bienes de uso intermedio acumulan un retroceso de 6.5%, mientras que finalmente, los bienes de consumo no durable retroceden 1.8% en términos interanuales en el acumulado de los siete primeros meses (Gráfico No 3).

El retroceso de la medición desestacionalizada por segundo mes ha postergado el inicio de una nueva fase de recuperación industrial, no obstante la ligera mejora en la difusión de la recuperación de la actividad.

En síntesis, en julio la industria continuó recortando el ritmo de caída interanual. La caída observada en julio es explicada fundamentalmente por el retroceso de la industria automotriz. En el mes muestran una recuperación sectores como el de alimentos y bebidas y proceso de Petróleo, que acumulan un trimestre de mejoras, a lo que se suman actividades puntuales como la faena vacuna, la producción de agroquímicos, jabones y los despachos de cemento.

La reciente devaluación interrumpe el proceso de desaceleración de la inflación, postergando Mejoras de ingresos reales y el recorte de tasas de interés, lo que demorará el comienzo de una fase de recuperación de la actividad industrial.

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La industria mostró en mayo una mejora mensual del 1,8% desestacionalizada

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Según el informe de la consultora FIEL la Producción Industrial (IPI) del mes de mayo de 2019 mostró un alza del 1,8% respecto al mes anterior y en lo que va del año hay una mejora del 1,7% desestacionalizada.

El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL del mes de mayo mostró un alza del 1.8% respecto al mes anterior en términos desestacionalizados, de acuerdo con información preliminar. En el periodo diciembre – abril la actividad industrial ha permanecido estable acumulando una mejora de 1.7% en los primeros cinco meses del año en la medición desestacionalizada.

En cambio, en términos interanuales, en el mes de mayo volvió a observarse una caída de la actividad que alcanzó el 6.1%. En el mes, todas las ramas, con excepción de la industria automotriz, mostraron un menor ritmo de contracción respecto a lo observado en el primer cuatrimestre, destacándose el menor ritmo de caída interanual en la producción siderúrgica –con una mejora en la producción de laminados‐, la producción de minerales no metálicos –con crecimiento de los despachos de cemento‐, el proceso de petróleo, los insumos químicos y plásticos y la metalmecánica. Así en el acumulado para los primeros cinco meses del año, la industria recorta su caída hasta el 8.9% en la comparación interanual. (Véase Tabla 1 y Gráfico No 1).

Siguiendo el desempeño de las ramas de actividad, en los primeros cinco meses del año todas acumulan caídas en la comparación interanual. El ranking de variaciones es encabezado por la producción de insumos textiles que registra un retroceso de 1.5%, seguido por la caída de la producción de alimentos y bebidas (3.8%), papel y celulosa (4.3%), proceso de petróleo (4.6%), cigarrillos y minerales no metálicos (6.2%) y metalmecánica (7.3%). Las restantes tres ramas de actividad muestran un retroceso interanual superior al promedio de la industria, comenzando con la producción siderúrgica (‐9.2%), y siguiendo los insumos químicos y plásticos (‐13.6%) y la producción automotriz (‐32.9%) (Gráfico No 2).

Observando la clasificación de las ramas industriales según el tipo de bienes, excepto en el caso de los bienes de capital, para los restantes tuvo lugar una reducción en el ritmo de caída de la producción respecto a la registrada para el primer cuatrimestre. Así, en los primeros cinco meses, la contracción es liderada por la producción de bienes de consumo durables con una caída interanual  acumulada en el periodo de 17.5%, seguida de la producción de bienes de capital que acumulan una caída de 15% sobre la misma base de comparación. Por su parte, los bienes de uso intermedio acumulan un retroceso de 8.2%, mientras que finalmente, los bienes de consumo no durable retroceden 4.1% en términos interanuales en el acumulado de los cinco primeros meses (Gráfico No 3).

Asociado a la mejora observada en la producción industrial para la medición desestacionalizada, los indicadores que permiten establecer una reversión de la fase recesiva han mostrado una nueva mejora, a la que se suma una ligera caída en la difusión sectorial de la contracción de la actividad industrial. De acuerdo a lo anterior, el inicio de una nueva fase de recuperación cíclica será fechado entre diciembre y abril pasados.

En síntesis, la industria argentina modera su ritmo de caída interanual. Con excepción de la industria automotriz, varios sectores mejoran los niveles de stocks moderando su contracción, mientras que otros registran mejoras interanuales de la producción. En Brasil continúa el deterioro de las expectativas de crecimiento y la confianza en la industria. Hacia los próximos meses continuaría recortándose el ritmo de caída de la producción industrial, al tiempo que se espera la consolidación de la fase de recuperación.

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La producción industrial cayó por sexto mes consecutivo, según FIEL

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La industria continúa transitando una fase recesiva. La inestabilidad de los precios, la disminución de los gastos y el consumo y las dificultades económicas en general, son algunas de las causas que generan la contracción de la actividad fabril. Y no se observan señales de una reversión de esta situación en los próximos meses.
Este retroceso se puede observar en el último informe de la fundación FIEL, en donde señala que la producción industrial registró en octubre una caída del 3,6% respecto de igual período de 2017, la sexta baja consecutiva, y acumuló en lo que va del año un retroceso del 1,9%.
En el mes, 7 de 10 ramas de actividad mostraron una caída, destacándose el retroceso de la producción automotriz, metalmecánica, de minerales no metálicos y de químicos y plásticos.
Respecto de septiembre, la producción industrial resultó 3,2% superior incluyendo factores estacionales, mientras que si estos se corrigen la actividad mostró un ligero retroceso del 0,3%.
“Aún cuando en septiembre y octubre la contracción de la actividad ajustada por estacionalidad se ha moderado respecto de lo registrado en meses previos, no se observan señales de una reversión de la fase en los próximos meses”, estimó la consultora.
En los primeros diez meses del año y en la comparación con el mismo periodo de 2017, la siderurgia continúa liderando el crecimiento industrial con un avance de 9,8%.
La producción automotriz acumula en el periodo enero–octubre una mejora de 4% en comparación con el mismo periodo del año anterior, seguida de la producción de minerales no metálicos y la de papel y celulosa que mostraron un avance de 0,5% en ambos casos, y la producción de alimentos y bebidas (0,2%).
La producción de insumos textiles registra entre enero y octubre una baja del 1,5% contra igual período de 2017 y los despachos de cigarrillos retroceden 1,9%.
“Las restantes ramas de actividad muestran una caída más profunda que el promedio de la industria, comenzando por el procesamiento de petróleo (5,5%), la producción de insumos químicos y plásticos (5,9%) y el complejo metalmecánico que acumula una caída del 8%”, indica el documento.

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