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El INDEC registró una suba del 2,5% en el costo de la construcción y consolidó una presión del 6,9% en el trimestre

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El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que el costo de la construcción aumentó 2,5% en marzo respecto a febrero, lo que llevó el acumulado del primer trimestre al 6,9%. El dato, correspondiente al Gran Buenos Aires, refleja una dinámica de precios que combina actualización salarial, suba de insumos y ajustes tarifarios, con impacto directo en la estructura de costos del sector.

La variación mensual estuvo explicada por incrementos en los tres componentes que integran el índice: materiales (1,8%), mano de obra (3,4%) y gastos generales (1,8%). El dato adquiere relevancia en un contexto donde la construcción funciona como termómetro de la actividad económica y de la inversión.

Salarios, tarifas y materiales: el núcleo de la suba

El informe oficial detalla que el mayor impulso provino del componente laboral. La suba del 3,4% en mano de obra responde al acuerdo salarial de la Unión Obrera de la Construcción (UOCRA), homologado a comienzos de abril pero con impacto desde marzo. Esa actualización también incide en los gastos generales, ya que incluye categorías vinculadas a personal como el sereno.

En paralelo, los gastos generales incorporaron ajustes en tarifas de servicios públicos. Según el INDEC, se reflejan modificaciones en electricidad —autorizadas por el Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE)—, así como actualizaciones en conexiones de agua, cloacas y gas, aprobadas por organismos reguladores.

Por su parte, el componente de materiales mostró una suba más moderada, aunque sostenida, en línea con su peso estructural dentro del costo total de obra. El relevamiento contempla una cobertura superior al 95% de los insumos más relevantes.

Un esquema de costos con lógica mixta

El índice se construye bajo un modelo que combina trabajo propio de la empresa constructora con subcontratación en rubros específicos como yesería, pintura o instalaciones. Este esquema refleja la dinámica real del sector, donde la fragmentación de tareas impacta en la formación final de precios.

En términos prácticos, la suba del costo de la construcción implica mayores requerimientos de capital para iniciar o sostener proyectos, tanto en el ámbito privado como en el público.

Costos en alza en un contexto de ajuste

El incremento del índice se produce en un escenario donde el Gobierno busca consolidar un esquema de orden macroeconómico y control del gasto, mientras se reconfiguran precios relativos, particularmente en tarifas y salarios.

En ese marco, los actores del sector —empresas constructoras, desarrolladores y contratistas— enfrentan un escenario de mayor presión de costos. Al mismo tiempo, la actualización salarial formalizada fortalece el ingreso de los trabajadores del sector, aunque incrementa la carga sobre las estructuras empresariales.

El dato también se vincula con la política de tarifas, que impacta directamente en los costos indirectos de la actividad.

Inversión bajo presión

El aumento del costo de construcción puede trasladarse a precios finales de obras, afectando decisiones de inversión, especialmente en proyectos de mediano y largo plazo. También incide en la rentabilidad de desarrollos en curso, que deben recalcular presupuestos frente a variaciones mensuales.

En términos macro, la evolución del índice funciona como un indicador adelantado de tensiones en la cadena de valor de la construcción, con efectos sobre empleo y actividad.

Señales para Misiones y el NEA

Si bien el indicador corresponde al Gran Buenos Aires, su dinámica suele replicarse —con matices— en otras regiones. Para provincias como Misiones, donde la construcción tiene peso en el empleo y en el desarrollo urbano, la evolución de estos costos puede anticipar ajustes en precios de obras privadas y en la planificación de proyectos.

De manera prudente, el escenario sugiere que cualquier incremento sostenido en insumos, salarios o tarifas tiende a trasladarse, directa o indirectamente, a economías regionales con menor escala y mayores costos logísticos.

La evolución del costo de la construcción quedará atada a tres variables clave: la dinámica salarial, la política tarifaria y el comportamiento de los materiales. También será determinante el nivel de actividad económica y la capacidad de inversión del sector privado.

El comportamiento de estos factores definirá si la presión de costos se estabiliza o continúa en alza en los próximos meses.

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La inflación mayorista se acelera al 3,4% en marzo y presiona costos por el salto en energía

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El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la inflación mayorista alcanzó el 3,4% en marzo, en línea con el Índice de Precios al Consumidor del mismo mes, tras haber mostrado una desaceleración en enero y febrero. El dato confirma un cambio de tendencia en los costos de producción, con impacto directo en la estructura de precios de la economía.

De acuerdo con el informe oficial, el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) acumuló un alza del 6,1% en el primer trimestre y registró una variación interanual del 27,9%, consolidando una dinámica de presión en los precios de origen.

Energía y combustibles, el motor de la suba

El repunte del índice estuvo explicado principalmente por el incremento en los productos nacionales, que subieron 3,5%, mientras que los importados lo hicieron en menor medida (1,1%).

Dentro de los componentes locales, el mayor impacto provino de “Petróleo crudo y gas”, que registró un aumento significativo y explicó más de dos puntos porcentuales de la variación mensual. También incidieron los productos refinados del petróleo, alimentos y bebidas, y productos químicos.

En contrapartida, los productos agropecuarios mostraron una caída mensual, lo que amortiguó parcialmente la suba general.

Un cambio de tendencia tras dos meses de calma

El dato de marzo corta una secuencia de desaceleración que se había observado en enero (1,7%) y febrero (1%). La aceleración vuelve a ubicar a los precios mayoristas en niveles similares a los del IPC, lo que refuerza la señal de transmisión hacia precios minoristas.

Además, otros indicadores del sistema mayorista también mostraron subas: el índice de precios internos básicos al por mayor (IPIB) creció 3% y el índice de precios básicos del productor (IPP) también avanzó 3%, impulsado por aumentos en productos primarios y manufacturados.

Energía como factor estructural

El comportamiento del rubro energético aparece como un factor determinante en la dinámica inflacionaria. La suba en petróleo y gas —asociada a movimientos internacionales— introduce un componente externo que condiciona la política económica local.

En este escenario, los sectores vinculados a la energía y combustibles concentran mayor capacidad de incidencia sobre la formación de precios, mientras que actividades como el agro, que mostraron caídas, pierden peso relativo en la dinámica mensual.

Costos en alza y presión sobre cadenas productivas

La aceleración del índice mayorista implica un encarecimiento en los costos de producción que, según la estructura de cada sector, puede trasladarse a precios finales o absorberse vía márgenes.

El incremento en energía impacta transversalmente: transporte, industria y logística. A su vez, el comportamiento dispar entre sectores —con subas en energía y bajas en agro— genera una recomposición desigual dentro de la economía.

Posibles efectos en economías del NEA

Aunque el informe no desagrega datos regionales, la dinámica observada sugiere un impacto potencial en provincias con fuerte peso de economías regionales como Misiones.

Por un lado, la caída en productos agropecuarios podría moderar costos en actividades primarias. Por otro, el encarecimiento energético y logístico puede afectar la competitividad de cadenas productivas alejadas de los centros de consumo, una condición estructural del NEA.

Variables a seguir

El comportamiento de los precios mayoristas en los próximos meses dependerá de la evolución de los costos energéticos y del contexto internacional. También será clave observar si esta aceleración se consolida o si vuelve a desacelerarse.

Otro punto a monitorear es el grado de traslado a precios minoristas y su impacto en el consumo, en un contexto donde la estabilidad de precios sigue siendo un eje central del programa económico.

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El INDEC revela que criar a un hijo ya supera los $500.000 mensuales y presiona sobre el ingreso familiar

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El costo de criar a un hijo en Argentina volvió a registrar un salto en marzo y superó el medio millón de pesos en todos los tramos etarios, según datos oficiales del INDEC. El informe indica que mantener a un menor de 1 año demandó $515.236 mensuales, mientras que para niños de entre 6 y 12 años el gasto ascendió a $676.431.

La actualización se conoce en un contexto de inflación mensual del 3,4% y acumulada del 9,4% en el primer trimestre de 2026, lo que reaviva el debate sobre el poder adquisitivo y la sostenibilidad económica de los hogares, especialmente en sectores medios y trabajadores formales.

Cómo se compone el costo de criar

La medición oficial incorpora dos dimensiones: por un lado, los bienes y servicios necesarios para el desarrollo de niños y adolescentes; por otro, el valor económico del tiempo destinado a su cuidado.

En términos concretos, los valores informados para marzo fueron:

  • Menores de 1 año: $515.236
  • Niños de 1 a 3 años: $616.046
  • Niños de 4 a 5 años: $538.587
  • Niños de 6 a 12 años: $676.431

El componente de bienes y servicios se calcula en base a la Canasta Básica Total (CBT) del Gran Buenos Aires, que incluye alimentos, transporte, educación, salud, vestimenta y vivienda. A eso se suma el costo del cuidado, estimado a partir del tiempo requerido según cada edad y valorizado con el salario de referencia del personal de casas particulares.

Qué cambia en la dinámica económica familiar

El dato central no es solo el monto, sino su velocidad de actualización frente a ingresos que, según distintas mediciones oficiales, avanzan con rezagos o en línea inferior a la inflación en algunos sectores.

La canasta de crianza funciona como un indicador indirecto del costo de reproducción social de los hogares. En ese sentido, el hecho de que todos los tramos etarios superen el medio millón de pesos mensuales marca un piso elevado de gasto estructural para las familias.

Además, el peso del componente de cuidado introduce una variable clave: no todo el costo es monetario directo, pero sí representa tiempo de trabajo que, en muchos casos, limita la generación de ingresos adicionales.

Entre la macro y la economía real

El informe del INDEC se inscribe en un escenario donde el Gobierno sostiene el orden macroeconómico como eje de gestión, mientras los indicadores de consumo y capacidad de gasto siguen bajo presión.

La evolución de la canasta de crianza expone una tensión estructural: el equilibrio fiscal y la desaceleración inflacionaria conviven con un nivel de costos de vida que condiciona la economía cotidiana.

En ese marco, los hogares —especialmente aquellos con niños— quedan en el centro de la ecuación, con menor margen para absorber aumentos sostenidos en servicios, alimentos y gastos asociados al desarrollo infantil.

Impacto económico concreto

El aumento de la canasta de crianza impacta directamente en: La planificación del consumo familiar. La capacidad de ahorro. La demanda de crédito para gastos corrientes. Y la participación laboral, especialmente en tareas de cuidado

También condiciona decisiones de mediano plazo, como ampliación del hogar o inversión en educación.

Presión extendida en economías del NEA

Si bien la medición se basa en valores del Gran Buenos Aires, el impacto es extrapolable a provincias como Misiones, donde las economías regionales enfrentan ingresos más ajustados y mayores costos logísticos.

En estos contextos, el peso relativo de la canasta de crianza sobre el ingreso puede ser incluso mayor, lo que profundiza las restricciones al consumo y al desarrollo económico local.

Hacia adelante, la evolución de este indicador dependerá de dos variables clave: la dinámica inflacionaria y la recuperación —o no— de los ingresos reales.

Si los costos continúan creciendo por encima de los salarios, la presión sobre los hogares podría intensificarse. Por el contrario, una convergencia entre ingresos y precios podría aliviar parcialmente el impacto.

En ese equilibrio se juega no solo el bienestar familiar, sino también la capacidad de sostener el consumo interno como motor de actividad.

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El INDEC informó subas de hasta 2,6% en canastas básicas en marzo y marca presión sobre el poder adquisitivo

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El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) difundió los datos de marzo de 2026 sobre las canastas básicas alimentaria y total, que registraron subas del 2,2% y 2,6% respectivamente respecto de febrero. En términos interanuales, los incrementos alcanzaron el 32,8% en alimentos y el 30,4% en la canasta total, consolidando un escenario de presión sostenida sobre los ingresos de los hogares.

El dato se conoce en un momento clave para la política económica, donde el Gobierno busca consolidar la desaceleración de la inflación, pero aún enfrenta tensiones en variables sensibles como el costo de vida.

Evolución de las canastas: desaceleración con piso alto

Las cifras muestran una dinámica de aumentos mensuales moderados en comparación con períodos previos, pero con niveles acumulados que siguen siendo significativos. La canasta básica alimentaria —que define la línea de indigencia— avanzó 2,2% en marzo, mientras que la canasta básica total —que mide el umbral de pobreza— lo hizo en 2,6%.

En términos anuales, ambas mediciones reflejan subas por encima del 30%, lo que indica que, pese a la desaceleración inflacionaria, el costo de cubrir necesidades básicas continúa en niveles elevados.

Esta evolución implica que el proceso de desinflación no se traduce de forma inmediata en una mejora del poder adquisitivo, especialmente en los sectores más vulnerables.

Qué mide cada indicador y por qué importa

La canasta básica alimentaria incluye el conjunto de alimentos necesarios para cubrir requerimientos nutricionales mínimos. Su variación impacta directamente en la medición de la indigencia.

Por su parte, la canasta básica total incorpora además bienes y servicios no alimentarios, como transporte, salud o educación, y se utiliza para establecer la línea de pobreza.

El comportamiento de ambos indicadores funciona como termómetro social de la economía: incluso con menor inflación general, su evolución define la capacidad real de los ingresos para sostener condiciones de vida básicas.

Tensión entre desinflación y costo social

Los datos del INDEC introducen una variable sensible en la estrategia económica del Gobierno: la brecha entre la desaceleración inflacionaria y la percepción social del costo de vida.

Mientras el programa económico apunta a estabilizar precios, la persistencia de subas en las canastas básicas condiciona la narrativa oficial y mantiene presión sobre salarios, transferencias sociales y consumo.

En este contexto, los indicadores refuerzan el desafío político de sostener el rumbo económico sin deteriorar los niveles de ingreso real, una tensión que atraviesa tanto al Gobierno como a actores empresariales y sindicales.

Consumo bajo presión

El aumento de las canastas básicas tiene efectos directos sobre el consumo. Al incrementarse el gasto destinado a bienes esenciales, se reduce el margen disponible para otros productos y servicios.

Esto puede traducirse en una reasignación del gasto de los hogares y en un comportamiento más selectivo, especialmente en sectores de ingresos medios y bajos.

En términos agregados, la dinámica impacta en la actividad económica, ya que condiciona la demanda interna, uno de los componentes clave del crecimiento.

Implicancias para Misiones y el NEA

Aunque el informe no desagrega datos por región, el comportamiento de las canastas básicas tiene implicancias directas en provincias como Misiones, donde el peso de los alimentos en el gasto familiar suele ser mayor.

En economías regionales con fuerte dependencia del consumo interno, estos incrementos pueden amplificar el efecto sobre el comercio local y la dinámica productiva.

De forma prudente, puede inferirse que la evolución de estos indicadores será clave para monitorear el impacto social del proceso de estabilización en el NEA.

Variables a seguir

Hacia adelante, el comportamiento de las canastas básicas estará condicionado por la evolución de la inflación general, los ingresos y la dinámica del consumo.

Entre las variables a observar aparecen la tendencia del índice de precios, la política salarial y la recuperación —o no— del poder adquisitivo.

El desafío central será determinar si la desaceleración inflacionaria logra traducirse en una mejora concreta en el costo de vida o si la presión sobre los hogares se mantiene en los próximos meses.

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El INDEC dará a conocer la inflación de marzo: se estima que rondará el 3%

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El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dará a conocer este martes el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del tercer mes del año 2026 y desde el sector privado estiman que el mismo rondaría el 3%, como pasó en enero, y sería el más alto en lo que va del año.

Entre los rubros que más aportan a la composición de datos se encuentran las subas de los precios en educación, canasta básica y los combustibles.

¿Cuál es la expectativa del REM para la inflación de marzo?

Según las proyecciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, se estima que el IPC esté en el orden del 3% para el tercer mes del año, creciendo medio punto, considerándose que la inflación núcleo es de 2,9% en relación al mes previo.

A su vez, el informe muestra que para la primavera el IPC descendería, ubicándose por debajo del 2%, por lo que se espera una desaceleración gradual.

En este sentido, las estimaciones para los meses venideros se ubican en:

Abril

  • 2,6%.

Mayo

  • 2,3%.

Y para el periodo junio-julio la inflación está prevista para llegar al 2,0%, mientras que en agosto y septiembre se ubicaría en el 1,8%.

¿Cuál es la estimación anual del REM?

En este contexto, el REM pronostica que el número de la inflación con el que cerraría el año 2026 estaría cercano a los treinta puntos, ubicándose en el orden de los 29,1%.

Dicha estimación equivale a una suba de 3,1%, dando cuenta de un escenario de permanente desafío en relación con los consumidores, quienes enfrentan un día a día complejo.

Otro dato importante a tener en cuenta es que el primer bimestre del año cerró con un acumulado del 5,9%.__IP__

Tal como se narró arriba, con el inicio de la temporada escolar el rubro educación contribuyó a la suba del IPC, ya que aumentó 8,7% con el inicio del ciclo lectivo 2026.

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