Javier Milei

El Gobierno impulsa el “Súper RIGI” con mayores beneficios fiscales, cambiarios y laborales

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El Gobierno nacional avanzó con el envío al Congreso del denominado “Súper RIGI”, un nuevo esquema de promoción para mega inversiones que busca profundizar los beneficios ya contemplados en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), pero enfocado exclusivamente en proyectos vinculados a nuevas industrias estratégicas y de alto impacto productivo.

La iniciativa, bautizada formalmente como Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias, apunta a captar desembolsos superiores a los USD 1.000 millones en sectores considerados clave para la transformación económica argentina, como baterías de litio, autos eléctricos, paneles solares, turbinas eólicas, infraestructura digital y cadena de valor del uranio.

El proyecto plantea un esquema de beneficios fiscales, aduaneros, laborales y cambiarios de una magnitud inédita en la legislación argentina reciente. Entre los principales incentivos aparece una reducción de la alícuota del Impuesto a las Ganancias al 15% para los Vehículos de Proyecto Único (VPU), estructuras jurídicas que deberán crearse exclusivamente para cada inversión adherida.

Además, incorpora amortización acelerada de inversiones, deducción ilimitada de quebrantos, reducción al 3,5% de la carga sobre dividendos y utilidades, devolución de IVA mediante Certificados de Crédito Fiscal y exenciones de derechos de importación y exportación vinculados al proyecto.

En materia laboral, el texto también introduce una reducción significativa de contribuciones patronales: establece una alícuota única del 10% para nuevas relaciones laborales generadas bajo los proyectos adheridos.

Uno de los capítulos más sensibles del proyecto es el referido al régimen cambiario. Allí se habilita la libre disponibilidad progresiva de divisas provenientes de exportaciones, con un esquema escalonado que permite disponer del 20% de los dólares el primer año, 40% el segundo y 100% a partir del tercero desde la primera exportación. También se exceptúa de liquidación obligatoria a divisas provenientes de aportes de capital y financiamiento externo.

La propuesta incorpora además garantías de estabilidad normativa por 30 años en materia tributaria, aduanera, cambiaria y de seguridad social, un punto central en la estrategia oficial para captar inversiones de largo plazo. El proyecto garantiza además disponibilidad plena sobre la producción, protección frente a actos confiscatorios y acceso irrestricto a la Justicia.

Sin embargo, uno de los aspectos que podría generar mayor debate político y federal aparece en el capítulo destinado a provincias y municipios. El texto exige a las jurisdicciones subnacionales compromisos concretos de “moderación fiscal” y limita severamente la posibilidad de crear o aumentar tributos locales sobre los proyectos adheridos.

En ese marco, las provincias no podrán aplicar alícuotas de Ingresos Brutos superiores al 0,50% ni cobrar Impuesto de Sellos sobre contratos, operaciones financieras o instrumentos vinculados a las inversiones. Tampoco podrán crear nuevos gravámenes después del 31 de diciembre de 2025 si implican una mayor carga fiscal.

La iniciativa también establece que las empresas que ya hayan solicitado adhesión al RIGI original no podrán ingresar al nuevo “Súper RIGI”, ni tampoco proyectos similares pertenecientes al mismo grupo económico, con el objetivo de evitar superposiciones y preservar el carácter estratégico del régimen.

El oficialismo busca presentar el nuevo esquema como una herramienta para acelerar inversiones de escala global en sectores tecnológicos y energéticos donde Argentina pretende posicionarse en la próxima década. No obstante, el alcance de los beneficios y las restricciones fiscales sobre provincias y municipios anticipan un debate político intenso en el Congreso y entre las administraciones provinciales.

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Transporte sin subsidio: el Gobierno elimina compensaciones por pasajes gratuitos y traslada el costo a las empresas

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La Secretaría de Transporte derogó el régimen que compensaba a las empresas de ómnibus de larga distancia por los pasajes gratuitos destinados a personas con discapacidad, pacientes trasplantados y niños con cáncer. La decisión redefine la ecuación económica del transporte interjurisdiccional en un contexto de desregulación tarifaria y podría tener efectos concretos en provincias periféricas como Misiones, donde las distancias largas, la baja densidad de rutas y las asimetrías fronterizas elevan los costos operativos del sistema.

La Resolución 28/2026 elimina las compensaciones que el Estado nacional pagaba desde 2018 a las compañías por los boletos emitidos bajo las leyes 22.431, 26.928 y 27.674. El argumento oficial es que, tras la liberalización del sector impulsada por el Decreto 883/2024, las empresas ya tienen libertad para fijar precios y absorber esos costos dentro de su estructura tarifaria.

La gratuidad para los beneficiarios seguirá vigente. Lo que desaparece es el reintegro estatal a las transportistas.

Del subsidio al “costo internalizado”

La resolución marca un cambio estructural en la política de transporte nacional. Hasta ahora, el Estado reconocía que el sistema de tarifa regulada impedía a las empresas trasladar ciertos costos a precios. Con la apertura del mercado y la libertad tarifaria, la administración nacional considera que ese argumento dejó de existir.

Traducido al negocio del transporte: las compañías podrán ajustar tarifas, frecuencias y recorridos para compensar el costo de los pasajes gratuitos.

Para Misiones, la medida tiene un impacto diferencial. No es lo mismo operar un corredor rentable como Buenos Aires–Rosario que sostener trayectos extensos hacia Posadas, Iguazú, Bernardo de Irigoyen o San Vicente, donde el costo por kilómetro es más alto y la demanda es más estacional.

En el NEA, además, el transporte de larga distancia cumple una función sanitaria y social mucho más relevante que en el AMBA. Miles de pacientes viajan regularmente hacia centros médicos de alta complejidad en Corrientes, Chaco o Buenos Aires.

El Gobierno sostiene que el nuevo esquema “no afecta el derecho a la gratuidad”. Jurídicamente es correcto: las empresas siguen obligadas a emitir pasajes gratuitos. El problema económico aparece en otro lado: quién absorbe el costo.

Hasta ahora, parte de ese gasto era cubierto por el Estado nacional mediante compensaciones financiadas por fondos fiduciarios y partidas presupuestarias. Desde ahora, el costo quedará íntegramente dentro de la estructura privada del negocio.

Impactos posibles en el mercado: Mayor presión sobre tarifas comerciales para pasajeros comunes. Reducción de frecuencias en rutas de menor rentabilidad. Concentración empresarial en corredores más rentables. Mayor selectividad operativa en destinos periféricos. Revisión de servicios nocturnos o semivacíos en el interior.

Para Misiones, donde la conectividad terrestre sigue siendo crítica pese al crecimiento aéreo, el tema excede al sector transporte: afecta turismo, comercio y acceso sanitario.

Qué impacto tiene en las empresas de transporte

Si bien la gratuidad de los pasajes seguirá vigente, serán las empresas las que deberán lidiar ahora con los costos de los pasajes gratuitos. En ese sentido, los datos más recientes referidos a dichos programas fueron elaborados por la Cámara Empresaria de Larga Distancia, donde se estimó una emisión anual de 100.000 tickets de viajes gratuitos anuales.

Según datos del 2023, el costo de los pasajes gratuitos por discapacidad ascendía a los 10.000 millones de pesos. Dicha cifra, actualizada a niveles inflacionarios actuales deriva en costos de en torno a los 40.000 millones de pesos que recaerá sobre las arcas de las empresas, que posiblemente trasladen la nueva presión financiera al resto de sus pasajes para no quedar desbalanceadas.

De cualquier manera, el sector del transporte de larga distancia ya acusa el estrés financiero que deriva de la nueva lógica de mercado, con tarifas desreguladas. Al igual que otros sectores de la economía, las empresas han advertido que la posibilidad de trasladar costos a los consumidores es cada vez menor en especial ante la competencia creciente de la oferta de vuelos de cabotaje bajo la lógica “low cost”, que el año pasado superó por primera vez la emisión de pasajes por vía terrestre.

Durante 2025, la emisión de pasajes para micros de larga distancia alcanzó los 22,7 millones de pasajeros. Mientras tanto, las aerolíneas emitieron pasajes por 26,4 millones de pasajeros, consolidando un crecimiento récord.

El punto crítico: la CNRT deberá controlar el cumplimiento

Uno de los focos más delicados será el control efectivo de la gratuidad. La resolución encomienda a la CNRT mantener los mecanismos para garantizar la entrega de pasajes gratuitos. Sin embargo, operadores del sector reconocen desde hace años tensiones recurrentes entre empresas y beneficiarios por cupos, disponibilidad y anticipación de reservas.

Sin compensación estatal, el incentivo económico para restringir o dificultar el acceso podría incrementarse. Ahí aparece un dato relevante para el interior: en provincias alejadas, donde hay menos oferta de empresas y menor competencia real, el usuario tiene menos capacidad de elección y menor poder de reclamo.

Aunque la medida no implica un recorte directo sobre beneficiarios, sí representa un retiro parcial del Estado de un esquema de financiamiento social del transporte. El ahorro fiscal nacional es claro. La incógnita es cómo se redistribuirá ese costo dentro del sistema.

En regiones centrales, el mercado puede absorber parte del impacto vía volumen y competencia. En provincias periféricas como Misiones, donde la conectividad tiene costos estructuralmente más altos, la transición puede sentirse con más intensidad en tarifas, frecuencias y calidad del servicio.

Lo que habrá que seguir de cerca es si el nuevo modelo realmente genera eficiencia o si termina profundizando desigualdades territoriales entre el centro del país y las economías alejadas de los grandes corredores comerciales.

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La confianza en Milei perfora otro piso: cinco caídas consecutivas y desgaste del “núcleo blando”

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La luna de miel política de Javier Milei empieza a mostrar señales de agotamiento más visibles. El último Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Torcuato Di Tella registró en mayo una nueva caída mensual y consolidó una secuencia que ya preocupa incluso dentro del oficialismo: el Gobierno acumula cinco retrocesos consecutivos en lo que va de 2026.

El indicador se ubicó en 1,99 puntos sobre una escala de 0 a 5, con una baja mensual de 1,6% y un retroceso interanual de 18,7%. La caída acumulada desde diciembre ya alcanza el 19,2%, en una dinámica descendente que comenzó en enero y que todavía no encuentra piso político.

El dato tiene una lectura más profunda que la mera estadística mensual. La administración libertaria sigue sosteniendo niveles de confianza superiores a los que exhibía Alberto Fernández a esta altura de su mandato y también por encima de los dos gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner. Pero el deterioro empieza a impactar sobre variables sensibles que hasta ahora funcionaban como activos del mileísmo: la percepción de capacidad, honestidad y preocupación por el interés general.

La señal más delicada aparece precisamente en el componente “Capacidad para resolver los problemas del país”, que cayó a 2,36 puntos y marcó el nivel más bajo de toda la gestión Milei. También descendieron los indicadores vinculados a honestidad y preocupación por el interés general, ambos en sus peores registros de 2026.

Políticamente, el dato resulta relevante porque el corazón del apoyo libertario siempre estuvo menos asociado a la empatía o al consenso y más ligado a la idea de eficacia. La narrativa del “ajuste inevitable pero eficiente” empieza a mostrar signos de desgaste en sectores que inicialmente acompañaban el rumbo económico aun soportando caída del consumo, deterioro salarial y recesión.

Sin embargo, el informe también revela que Milei conserva todavía un piso político relativamente sólido comparado con experiencias recientes. En el mes 30 de gestión, el ICG del Presidente se ubica prácticamente en línea con el que tenía Mauricio Macri en igual momento de mandato y claramente por encima de Alberto Fernández.

La diferencia es que el actual Gobierno llegó a ese nivel de confianza tras aplicar el ajuste económico más severo desde el retorno democrático, lo que explica por qué en la Casa Rosada siguen leyendo el escenario con relativa tranquilidad. El problema es que la tendencia dejó de ser estable y comenzó a deteriorarse de forma persistente.

Otro dato políticamente sensible es el comportamiento social de la caída. El desplome más fuerte se registró entre mujeres, donde la confianza cayó 13% en apenas un mes, ampliando nuevamente la brecha de género. Entre los hombres, en cambio, el indicador incluso mejoró.

También aparece una fractura etaria importante. El segmento de 30 a 49 años sufrió la caída más pronunciada y quedó muy por debajo de los jóvenes y mayores de 50 años. Esa franja concentra buena parte de la clase media económicamente activa, precisamente el núcleo más golpeado por la licuación de ingresos, la presión tarifaria y la desaceleración económica.

En términos territoriales, el estudio vuelve a mostrar un patrón que ya se repite desde hace meses: el interior del país mantiene mejores niveles de confianza que el Área Metropolitana de Buenos Aires. El interior registró 2,17 puntos, por encima de la Ciudad de Buenos Aires y bastante arriba del conurbano bonaerense, donde el índice apenas alcanzó 1,65.

Ese dato explica parte de la estrategia política libertaria para 2026: reforzar presencia en provincias y sostener el vínculo con electorados alejados del AMBA, donde el desgaste económico golpea con mayor intensidad y donde la conflictividad social se volvió más visible.

El informe además confirma otra constante del ciclo Milei: la economía sigue siendo el principal ordenador político. Entre quienes creen que la situación económica mejorará dentro de un año, la confianza en el Gobierno alcanza 4,17 puntos. Entre quienes creen que empeorará, se derrumba a apenas 0,37.

En otras palabras, el sostén político del Presidente continúa íntimamente ligado a la expectativa futura más que a la situación presente. Mientras exista una porción significativa de la sociedad convencida de que el sacrificio actual desembocará en estabilidad, inflación baja y recuperación, Milei conservará margen político. El interrogante es cuánto tiempo puede sostenerse esa expectativa en un contexto donde los indicadores sociales siguen deteriorados y la mejora económica todavía no logra derramar sobre amplios sectores de ingresos medios y bajos.

El trabajo de la Universidad Di Tella funciona así como una radiografía precisa del momento político: Milei todavía conserva una base de apoyo competitiva para estándares argentinos, pero el desgaste dejó de ser episódico y comenzó a transformarse en tendencia. Y en política, cuando la percepción de capacidad empieza a erosionarse, el capital simbólico suele consumirse mucho más rápido que la paciencia social.

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Macri: “Espero que el peronismo recupere un liderazgo más sano”

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Mauricio Macri reapareció con un discurso cargado de definiciones sobre el presente y el futuro del sistema político argentino. Lo hizo durante el “Foro de Presidentes sobre Política y Democracia | Liderazgo y Centralidad Política en Tiempos de Polarización”, organizado por la Universidad Austral y el Círculo de Montevideo, donde participó de una conversación sobre “liderazgos disruptivos” junto a la periodista Florencia Donovan.

Lejos de limitarse a una mirada coyuntural, el exmandatario trazó una reflexión más amplia sobre la deriva política global. Habló de una humanidad atravesada por la incertidumbre, de democracias tensionadas por la polarización y de dirigentes moldeados por una lógica emocional que, según su visión, desplaza cada vez más a la racionalidad y la gestión.

“El mundo entró, para mí, en una aceleración hacia la incertidumbre”, afirmó Macri, al analizar los cambios políticos posteriores a la pandemia y los conflictos geopolíticos recientes. “Cuando estuvimos todos dispuestos a perder nuestra libertad, a favorecer gobiernos que abusaban y violaban todo tipo de leyes para, supuestamente, cuidarnos, empezó una era de incertidumbre absoluta”.

En ese contexto, vinculó el fenómeno político contemporáneo con el avance de liderazgos disruptivos y emocionalmente intensos, entre ellos el de Donald Trump y el del presidente Javier Milei. Sobre el mandatario argentino, sostuvo que “el liderazgo de Milei es obviamente un liderazgo emocional”, aunque destacó que detrás de esa construcción existe “un profundo estudio de las ideas”.

Macri también dejó una de las frases políticas más filosas de su exposición al referirse al futuro del peronismo tras la hegemonía kirchnerista. “Fue muy dañino. Espero que estemos al borde de que el kirchnerismo se transforme en una minoría. Y tal vez el peronismo recupere un liderazgo más sano”, señaló.

La frase no quedó aislada. El exjefe de Estado apuntó directamente contra la posibilidad de que Axel Kicillof emerja como síntesis opositora. “Si la solución es Kicillof, si pierden, pierden; y si ganan, pierden de vuelta. Porque sería otro fracaso y la destrucción final del peronismo”, disparó, en una definición que combina crítica política y advertencia estratégica.

Más allá de los nombres propios, el núcleo conceptual del discurso de Macri giró alrededor de la fragilidad institucional y la erosión del consenso democrático. En uno de los pasajes más reflexivos de la charla, sostuvo que la Argentina “no va a salir adelante si no construimos algunos puntos de acuerdo” y cuestionó la lógica de los “ismos” y de los liderazgos salvadores. “No hay caudillos que salven países. Lo que salva a un país es un conjunto de gente inteligente, con buenas intenciones, trabajando para los demás. Y eso requiere tolerancia”.

El expresidente también advirtió sobre el deterioro del diálogo político y el impacto de las redes sociales en la calidad de la democracia. Según planteó, el nivel de agresividad digital favorece perfiles “narcisistas” y expulsa a dirigentes más empáticos o proclives al acuerdo. “Los empáticos tienden a irse, y eso deja espacio para los narcisistas, a quienes no les importa nada”, afirmó.

En paralelo, reivindicó la necesidad de fortalecer liderazgos capaces de combinar gestión eficiente y capacidad comunicacional. “En la política me di cuenta de que resisten más tiempo los grandes comunicadores y malos administradores que los buenos administradores y malos comunicadores”, señaló, en una definición que funciona tanto como autocrítica retrospectiva como diagnóstico del clima de época.

Macri dejó además una advertencia sobre los riesgos del ejercicio del poder sin límites internos. “Lo que uno necesita cuando lidera es tener gente alrededor que tenga la capacidad de decir la palabra mágica: no”, sostuvo, al señalar que incluso los líderes más preparados pueden equivocarse si se rodean exclusivamente de obediencia.

El trasfondo de sus declaraciones expone una discusión más profunda que atraviesa hoy a gran parte de Occidente: cómo sostener instituciones democráticas estables en sociedades cada vez más polarizadas, emocionalmente movilizadas y desconfiadas de las estructuras tradicionales. Y en esa discusión, Macri buscó posicionarse como una voz que reivindica la necesidad de acuerdos mínimos, racionalidad institucional y límites al personalismo político.

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Las tarifas eléctricas y de gas profundizan la brecha regional y exponen el costo desigual de la quita de subsidios

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La reconfiguración del esquema de subsidios energéticos y la actualización de tarifas impulsada por el Gobierno nacional consolidaron un mapa de fuertes asimetrías en el costo de la electricidad y el gas entre provincias argentinas. Según un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el Conicet, las diferencias entre jurisdicciones alcanzan niveles significativos incluso dentro de un mismo segmento de usuarios.

Los datos muestran que la combinación entre quita de subsidios, precios estacionales de la energía, costos de distribución y condiciones regionales generó un escenario de tarifas fragmentadas, donde el lugar de residencia se volvió determinante para el peso de los servicios públicos sobre los ingresos familiares.

La Patagonia concentra las tarifas más altas

En electricidad, Neuquén registró en mayo la factura promedio más elevada del país entre usuarios con subsidio: $88.924 mensuales. Detrás quedaron Río Negro ($84.549), Puerto Madryn ($76.823) y Salta ($69.343).

En el caso de usuarios sin subsidios, la diferencia se amplía todavía más. Neuquén volvió a liderar con boletas promedio de $153.580, seguida por Río Negro ($115.282), Puerto Madryn ($109.618) y Santa Fe ($101.213).

En contraste, las facturas más bajas se registraron en Formosa ($25.321), La Rioja ($27.191) y las áreas de Edenor y Edesur en el AMBA, donde las boletas subsidiadas rondaron entre $28.000 y $29.000.

El informe atribuye parte de estas diferencias al esquema de actualización del Valor Agregado de Distribución (VAD), que varía según cada provincia, y a la transición dispar hacia el nuevo sistema de Subsidios Energéticos Focalizados.

Gas: la brecha regional se vuelve todavía más marcada

La desigualdad tarifaria se profundiza en el servicio de gas por red, donde las diferencias climáticas y los criterios regulatorios generan una dispersión aún mayor.

Entre los usuarios sin subsidios, Tierra del Fuego encabezó el ranking con facturas promedio de $209.502 mensuales. Le siguieron Santa Cruz ($200.941), Chubut Sur ($128.359) y Neuquén ($104.503).

En el extremo opuesto quedaron Tucumán ($36.979), el norte bonaerense ($41.660), Salta ($44.004) y La Puna ($44.174).

Para los usuarios con subsidios, la lógica se mantuvo: Tierra del Fuego registró boletas promedio de $127.893 y Santa Cruz de $123.423, mientras que Tucumán mostró los valores más bajos, con $30.148.

El IIEP explicó que el nuevo esquema tarifario distingue entre usuarios con y sin subsidios. Los primeros reciben una bonificación del 50% más un 25% adicional sobre el costo de abastecimiento del gas hasta determinados umbrales de consumo regional.

El trasfondo político del nuevo esquema energético

La discusión excede lo técnico. La política tarifaria se convirtió en uno de los pilares centrales del programa económico del Gobierno de Javier Milei, que busca reducir subsidios para consolidar el equilibrio fiscal y corregir precios relativos.

Sin embargo, el informe también deja expuesta una tensión estructural: la transición hacia tarifas más cercanas al costo real impacta de manera desigual según ubicación geográfica, condiciones climáticas y estructura distributiva de cada provincia.

El esquema actual combina decisiones nacionales —como la Resolución 109/26 que fijó los precios estacionales de la energía desde mayo— con regulaciones provinciales vinculadas al VAD y a los cuadros tarifarios locales.

Ese entramado termina configurando un mapa energético donde los costos finales pueden duplicarse o triplicarse entre jurisdicciones.

El informe del IIEP vuelve a poner sobre la mesa una discusión histórica del sistema energético argentino: hasta qué punto el esquema de subsidios y tarifas puede sostener criterios homogéneos en un país con fuertes diferencias climáticas, demográficas y productivas.

Mientras el Gobierno avanza en la reducción del peso fiscal de los subsidios, las provincias continúan ajustando sus cuadros tarifarios y adaptando los mecanismos de segmentación.

La evolución de los precios de la energía, el ritmo de actualización del VAD y el impacto social de las facturas serán variables clave para medir hasta dónde puede sostenerse el actual proceso de reordenamiento tarifario sin profundizar tensiones regionales.

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