Ucrania

Ucrania acusó a Rusia de querer destruir sus equipos de energía ante la llegada del invierno

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Ucrania acusó hoy a Rusia de disparar cuatro misiles y lanzar drones de ataque durante la noche desde territorios ucranianos ocupados por Moscú en el sur del país, en lo que podría ser la antesala de una ofensiva sobre sus infraestructuras energéticas, como ocurrió el invierno pasado.

“Quince [drones] Shahed y un misil aéreo guiado Kh- 59 fueron derribados”, dijo la fuerza aérea ucraniana, refiriéndose a drones de fabricación iraní.

Ucrania teme que Rusia lance ataques sistemáticos contra sus infraestructuras energéticas, como hizo el invierno pasado, lo que provocó cortes de calefacción y electricidad para millones de personas, recogió la agencia de noticias AFP.

El jefe de Gabinete del presidente ucraniano Volodimir Zelenski, Andrii Yermak, publicó en las redes sociales imágenes de los daños tras un ataque en Odesa (sur), prometiendo una respuesta.

En esta región un total de ocho personas resultaron heridas, anunció el ministro del Interior ucraniano, Igor Klimenko, e indicó que 20 edificios de apartamentos, un museo de arte y diversas infraestructuras resultaron dañadas.

Ucrania pide a sus aliados occidentales que la ayuden a fortalecer sus defensas aéreas para evitar la intensificación de los ataques rusos durante el invierno.

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Europa advierte que no puede sustituir el apoyo de EEUU a Ucrania

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El jefe de la diplomacia de la Unión Europea, Josep Borrell, afirmó el jueves que Europa no puede sustituir el apoyo estadounidense a Ucrania, en momentos en que una crisis política en Washington plantea dudas sobre la continuidad de dicho apoyo.

España enviará otros seis lanzadores de misiles Hawk a Ucrania 

España añadió seis lanzadores de misiles Hawk del Ejército de Tierra a la ayuda prometida este jueves por el jefe del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, para hacer frente a los posibles bombardeos rusos sobre objetivos civiles, a infraestructuras críticas y la defensa del nuevo corredor del grano.

Tras las conversaciones mantenidas hoy entre el presidente del Gobierno con el presidente de Ucrania el Gobierno de España va a poner a disposición de Ucrania estos seis lanzadores, que se unen a los seis ya enviados y a la ayuda militar comprometida este jueves para hacer frente a la prevista ofensiva rusa, informaron fuentes gubernamentales.

Zelenski augura “buenas noticias” para el Ejército ucraniano tras reunirse con Macron 

 El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, abordó hoy con su homólogo francés, Emmanuel Macron, la posibilidad de que París envíe a Ucrania más sistemas de defensa antiaérea, en un encuentro del que, según adelantó, saldrán “buenas noticias” para el Ejército ucraniano.

“Reforzar la defensa aérea de Ucrania y también la seguridad de la región de Odesa y del Mar Negro”, dijo sobre dos cuestiones “de importancia crítica para la estabilidad de toda Europa y el mundo” que se trataron en la reunión.

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Por qué algunos quieren traicionar a Ucrania

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Así que el gobierno federal no se cerró durante el fin de semana, aunque puede que tengamos que volver a pasar por todo este drama dentro de seis semanas. Kevin McCarthy, el presidente de la Cámara de Representantes, acabó haciendo lo obvio: presentar un proyecto de ley de financiación que sólo podría aprobarse con los votos demócratas, porque los de línea dura de su propio partido no aceptarían nada factible. Y el proyecto de ley no incluía ninguno de los recortes de gastos que los republicanos han estado exigiendo, excepto una cosa grande y mala: un recorte de la ayuda a Ucrania.

Los demócratas parecen haber aceptado este proyecto de ley porque esperan conseguir una votación separada sobre la ayuda a Ucrania; el presidente Biden ha indicado que cree que tiene un acuerdo con McCarthy a tal efecto. Espero que tengan razón.

Pero, ¿por qué las cosas han salido así? Michael Strain, del derechista (pero en su mayoría no MAGA, Make America Great Again) American Enterprise Institute, ha llamado a la confrontación fiscal el “cierre ‘Seinfeld’”, es decir, un cierre por nada. Es una buena frase, pero si vamos a hacer referencias a la cultura popular, creo que sería mejor llamarlo el cierre “Red”, como en la gente que grita “¡Estoy enfadadísimo, y no voy a aguantar más!”.

Nada menos que un golpe de estado puede satisfacer esta rabia incipiente. Pero McCarthy evidentemente pensó que podría reducir la reacción contra su acuerdo con los demócratas traicionando, o al menos fingiendo traicionar, a Ucrania. Eso es claramente algo que MAGA quiere. Pero, ¿por qué?

A pesar de lo que puedan pretender voces anti-Ucrania como Elon Musk, no se trata de dinero.

Los partidarios de la línea dura de la derecha, tanto en el Congreso como fuera de él, afirman estar molestos por la cantidad que estamos gastando en apoyar a Ucrania. Pero si realmente les importara la carga financiera de la ayuda, harían el mínimo esfuerzo necesario para que las cifras fueran correctas. No, la ayuda a Ucrania no está socavando el futuro de la Seguridad Social, ni imposibilitando la seguridad de nuestras fronteras, ni consumiendo el 40% del PIB de Estados Unidos.

¿Cuánto estamos gastando realmente en apoyar a Ucrania? En los 18 meses posteriores a la invasión rusa, la ayuda estadounidense ascendió a 77.000 millones de dólares. Puede parecer mucho. Es mucho comparado con las ínfimas sumas que solemos destinar a la ayuda exterior. Pero el gasto federal total asciende actualmente a más de 6 billones de dólares al año, o más de 9 billones cada 18 meses, por lo que la ayuda a Ucrania representa menos del 1% del gasto federal (y menos del 0,3% del PIB). La parte militar de ese gasto equivale a menos del 5 por ciento del presupuesto de defensa de Estados Unidos.

Por cierto, Estados Unidos no está soportando en absoluto la carga de ayudar a Ucrania en solitario. En el pasado, Donald Trump y otros se han quejado de que las naciones europeas no gastan lo suficiente en su propia defensa. Pero en lo que respecta a Ucrania, los países e instituciones europeos han asumido colectivamente compromisos de ayuda sustancialmente mayores que los nuestros. En particular, la mayor parte de Europa, incluyendo FranciaAlemania Gran Bretaña, ha prometido una ayuda que es mayor como porcentaje del PIB que el compromiso de Estados Unidos.

Pero volvamos a los costes de la ayuda a Ucrania: teniendo en cuenta lo pequeña que es una partida presupuestaria de ayuda, las afirmaciones de que la ayuda a Ucrania de alguna manera hace que sea imposible hacer otras cosas necesarias, como asegurar la frontera, no tienen sentido. Los tipos de MAGA no son conocidos por hacer bien sus números o, para el caso, por preocuparse de si hacen bien sus números, pero dudo que incluso ellos crean realmente que los costes monetarios de ayudar a Ucrania son inasumibles.

los beneficios de ayudar a una democracia asediada son enormes. Recordemos que, antes de la guerra, Rusia era considerada una gran potencia militar, que la mayoría de los estadounidenses veía como una amenaza crítica (y cuyo ejército no despierto algunos republicanos exaltaban). Ahora esa potencia se ha visto humillada.

El inesperado éxito de la resistencia ucraniana a la agresión rusa también ha puesto sobre aviso a otros regímenes autocráticos que podrían haberse visto tentados a emprender guerras de conquista de que las democracias no son tan fáciles de invadir. No es por exagerar, pero los fracasos de Rusia en Ucrania seguramente han reducido las posibilidades de que China invada Taiwán.

Por último, lo que incluso los republicanos solían llamar el mundo libre se ha visto claramente reforzado. La OTAN ha estado a la altura de las circunstancias, confundiendo a los cínicos, y está sumando miembros. Las armas occidentales han demostrado su eficacia.

Estos son grandes beneficios para unos gastos que son una pequeña fracción de lo que gastamos en Irak Afganistán, y no olvidemos que los ucranianos están luchando y muriendo. ¿Por qué, entonces, los políticos de MAGA quieren aislar a Ucrania?

La respuesta es, por desgracia, obvia. Digan lo que digan los republicanos de línea dura, quieren que gane Putin. Consideran que la crueldad y la represión del régimen de Putin son características admirables que Estados Unidos debería emular. Apoyan a un aspirante a dictador en casa y simpatizan con dictadores reales en el extranjero.

Así que no prestes atención a todas esas quejas sobre cuánto estamos gastando en Ucrania. No están justificadas por el coste real de la ayuda, y a la gente que dice estar preocupada por el coste no le importa realmente el dinero. Lo que son, básicamente, es enemigos de la democracia, tanto en el extranjero como en casa.

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¿Put-in o Put-out?

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Las últimas semanas fueron claves para revelar el nuevo curso de la guerra en Ucrania. Un fuego cruzado que ya golpea las puertas de Moscú y deja al descubierto la duda: ¿Putin se está debilitando?

Una de cal y una de arena para Rusia. La buena noticia fue que hace algunas semanas nada más, el Jefe de la Compañía Wagner anunció la toma del 100% de Bajmut. Este enclave ucraniano es de suma importancia para las pretensiones bélicas rusas, entendiendo que es un punto estratégico para la movilidad y el rearme de tropas. Sin embargo, eso solo fue el ojo de la tormenta. De manera consecutiva, el grupo de mercenarios anunció su retiro de esa ciudad y el líder terminó propinando una serie de críticas ante el mal ensamble del ejército ruso. Acto seguido, casi como reprimenda, los ataques en Belgorod por un grupo de saboteadores llamados “Legión para la libertad de Rusia”, y un aluvión de drones de guerra que tuvieron como objetivo a Moscú. Este último hecho es sumamente fuerte, más allá de que no hubo fallecidos, fue un mensaje crudo al mundo.

Con el asedio a la capital rusa, la fragilidad del Kremlin quedó al descubierto. Moscú fue, justamente, el enclave que marcó el fin de grandes incursiones bélicas en la historia. Fue el lugar a donde ni Napoleón Bonaparte ni Adolf Hitler pudieron llegar. Lo simbólico de esto es directo, Ucrania con el apoyo económico y bélico de las potencias occidentales es capaz de propiciar un golpe de knockout al país de Putin. Asimismo, esto solamente reafirma la teoría de que esta guerra dejó de ser entre Ucrania y Rusia hace tiempo, para transformarse en un conflicto híbrido entre Occidente y Rusia.

Bajo este contexto se encuentra el mandamás ruso. Putin, quien siempre tuvo una mano de hierro para resolver conflictos y ganar guerras, hoy pareciera débil y aislado. El mandatario sabe que una dotación de misiles nucleares puede destruir a Ucrania por completo, pero nadie estaría de acuerdo con eso. Lo más probable es que esa acción sea el desencadenante de una guerra mundial. Ni siquiera China, máximo aliado del Kremlin, está de acuerdo con una guerra de semejante magnitud, ya que paralizaría la economía mundial. En este último punto es donde Xi Jinping está llevando adelante su propia guerra comercial con Estados Unidos, y con un proceso global creciente y tendiente a la desdolarización, Pekín no permitiría que Rusia de semejante golpe.

Por otro lado, el brutal ejército ejemplar de Rusia (heredero del poderío soviético) no parece ser lo que nos han contado. Sin embargo, el problema no es táctico, el problema es social. Los rusos no están encomendados a llevar adelante una guerra hasta las últimas consecuencias contra Ucrania, como si lo hicieron contra los Chechenos, por razones obvias. Chechenia y el islam fueron vendidos como los grandes enemigos de la construcción del Estado y la idiosincrasia rusa, ante ello, el motus propio fue defender una “patria” construida. Además de ello, los atentados en Rusia fueron motivo suficiente como para tener la decisión de combatirlos. Con Ucrania no pasa eso, al menos hasta ahora. Si Zelenski decide que puede atacar a Moscú y lo hace efectivamente, la capacidad máxima del motor bélico ruso si podría estallar, y si algo demostró la historia, es que cuando Rusia se toma las cosas en serio, las cumple.

Hay otra hipótesis interesante: la guerra de desgaste. Este punto es llamativo, porque involucra la idea de que Rusia está luchando a “media máquina” sin pretensiones inmediatas de ganar las batallas y ocupar un lugar, sino que extenderla lo máximo posible para debilitar al contrincante. Contra todo pronóstico, el rival no es Ucrania, por más disonante que parezca. En este apartado, el antagonista es Occidente, entendida por el resto de Europa y Estados Unidos. Pensarlo de esta manera nos lleva a reflexionar en cuanto se empobreció el viejo continente desde que arrancó la contienda bélica. Los europeos, dueños inasequibles del dedo acusador, se quedaron sin gas, con poco combustible y con una inflación galopante que preocupa a los especialistas. El europeo de a pie está cada día más empobrecido, a causa de una guerra que es financiada por sus propios líderes en Ucrania.

En Estados Unidos, la inflación es creciente, es una realidad. Pero el verdadero golpe que asestó Putin a la Casa Blanca es que demostró la incapacidad de prever una guerra, más allá de toda suspicacia. Por otra parte, hay algo que es cierto, y es que Estados Unidos está invirtiendo mucho dinero en esta conflagración. Léase “inversión”, comprendiendo que una victoria de Ucrania simbolizaría el principio del fin de Putin en Rusia y con ello, nuevos mercados y expansión hegemónica del Tío Sam. Además, EEUU podría posicionarse como el gran acreedor de la reconstrucción económica de Europa, e inclusive con un “Plan Marshall” para Ucrania. A los yankees no les fue mal cada vez que hicieron negocios con la guerra.
Putin parece no tener alternativa. Quizás con un régimen desgastado y sin un sucesor fuerte a la vista, todo indica que la guerra seguirá su curso hasta que puedan aparecer tres escenarios:
A) Rusia gana la guerra a como dé lugar y con ese resultado termina ocupando el este ucraniano;
B) El ejército ruso emprende su retirada y con ello la victoria ucraniana y el declive de Putin;
C) Un tratado de paz mundial pone fin al fuego cruzado y comienza una nueva era de cortina de hierro, teniendo a Ucrania y Bielorrusia como los enclaves defensores de dos modelos políticos.

Putin, el inquebrantable líder ruso, ex agente de la KGB, un hombre con una disciplina absoluta y uno de los pocos políticos criados en la Guerra Fría, parece despedirse poco a poco del escenario global. Pase lo que pase, las cartas están echadas. Una derrota lo fulmina y una victoria lo transforma en un mártir ruso. Sin embargo, todo indica que esta es la última gran jugada del mandatario, por su avanzada edad y por la magnitud que tomó esta guerra. El mundo tendrá que comenzar a acostumbrarse a una Rusia sin Putin y a una geopolítica donde no hay héroes ni villanos, solo intereses.

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Año I del inicio de la guerra: Así está el fútbol en Ucrania y Rusia

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Moscú (EFE).- No hay nada mejor para acallar las bombas que un partido de fútbol. Un año después la guerra en Ucrania sigue, pero el fútbol también. Con alarmas y refugios antiaéreos, pero la liga ucraniana se reanudará la próxima semana, como todos los años, tras el receso invernal. Hay pocos aficionados y muy poco dinero, pero el Shakhtar Donetsk mantiene bien alto el pabellón patrio.

Mientras, su vecino, el fútbol ruso, es desde febrero de 2022 un apestado a nivel internacional. Los más pesimistas creen que su ostracismo podría dejarle fuera incluso del Mundial de 2026, lo que armaría de munición a los que abogan por renunciar a Europa y jugar en Asia.

Rusia, un pozo sin fondo

El panorama del fútbol ruso es desolador. Sin apenas estrellas extranjeras, escasa afluencia de público a los estadios y presupuestos menguantes.

“La situación es muy difícil. No me creo que ya haya pasado un año. Nunca habíamos vivido algo igual. El nivel del fútbol en la liga rusa ha bajado mucho. Muchos extranjeros se marcharon”, comentó a EFE Alexandr Mostovói, uno de los mejores futbolistas rusos de los últimos 30 años que militó en Spartak Moscú y Celta de Vigo.

Además de que los clubes siguen excluidos de Europa, Mostovói recuerda que la selección nacional no ha podido jugar el Mundial de Catar y tampoco disputará la fase de clasificación de la Eurocopa de Alemania.

“El peligro está en que no podemos enfrentarnos a los mejores equipos y selecciones de Europa. En los últimos meses hemos jugado con equipos que están en el puesto 120 del ránking como Tayikistán o Uzbekistán y ni siquiera pasamos del empate a cero”, lamentó.

Para más inri, las autoridades han contribuido al caos al imponer a los aficionados la obligación de solicitar un pasaporte especial (el Fan ID) para acceder a los estadios. Dicha medida afectará a todos los equipos a partir de marzo. La reacción de los seguidores no se ha hecho esperar. Si varios clubes habían rechazado dicha iniciativa en 2022, ahora ya son quince de los dieciséis clubes los que han boicoteado dichos carnets.

El objetivo de dichos ID es reducir la presencia de grupos radicales, que han puesto en evidencia a Rusia en varias ocasiones por sus actos vandálicos, la última vez en la Eurocopa de Francia. No obstante, todas las asociaciones de aficionados de Rusia se han puesto de acuerdo a la hora de negarse al unísono a acudir al estadio. “El fútbol es para los aficionados, no para la policía” o “Los aficionados no somos delincuentes”, aseguran.

Varios opositores han denunciado que las autoridades han rechazado sus solicitudes Fan ID debido a sus críticas al Kremlin. Eso confirmaría las sospechas de la oposición de que la medida es una forma más de controlar a la población en medio de la campaña militar rusa en Ucrania. Sea como sea, la iniciativa ha reducido al mínimo la asistencia a los partidos de liga en Rusia, tendencia que la prensa local cree que se agravará a partir de la próxima semana.

El dilema asiático

La leyenda celtiña es pesimista. Mostovói cree que el ostracismo ruso podría prolongarse durante varios años. “¿Cinco años como los ingleses? Sí, me lo creo. Pero si te dicen diez años, pues también”, apuntó. “Lo que está pasando no es un país contra otro, sino un país (Rusia) contra todo el mundo”, insiste.

Ese temor a que el castigo se alargue en el tiempo es lo que precipitó la decisión de la Unión de Fútbol de Rusia (UFR) de buscar una alternativa en Asia. Con el argumento de que la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) había dado el visto bueno, estuvo a un tris de dar ese arriesgado paso a finales de diciembre pasado. El plan asiático de la UFR desató una auténtica guerra civil en el fútbol ruso entre los que estaban a favor y en contra. A grandes rasgos, los directivos estaban a favor, los futbolistas ni sabían ni contestaban, y las leyendas y la prensa se oponían.

Finalmente, imperó el sentido común. La idea no ha sido descartada totalmente, pero se han abierto varios meses de consultas con la UEFA y la FIFA para que Rusia sepa a qué atenerse. “Yo estaba en contra. Hay que aguantar un poco. Si te vas a Asia, no te dejarán volver a Europa”, señaló Mostovói.

Ucrania aguanta la tormenta perfecta

El Gobierno ucraniano entendió muy bien que el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes. Dio el visto bueno al inicio del campeonato en agosto. Pese a los masivos bombardeos aéreos rusos, los 16 equipos ucranianos disputaron 15 de las 30 jornadas de liga hasta la pausa invernal de diciembre.

Las alarmas aéreas tuvieron en vilo a jugadores, técnicos y aficionados, pero el deporte superó al miedo. A día de hoy, el Dnipró-1 encabeza la clasificación con 35 puntos, el todopoderoso Shakhtar es segundo con 30, los mismos que el histórico Dinamo Kiev.

El Dnipró-1 jugó sus partidos en los Cárpatos, uno de los lugares más seguros de Ucrania; el Shakhtar en Lviv, cerca de Polonia; el Dinamo y el Zorya de Lugansk lo hacen en el legendario estadio Lobanovski de la capital. La excepción es el histórico Chernomorets, que juega sus partidos en la misma Odesa, ciudad bañada por el mar Negro y también objeto cada cierto tiempo de los ataques enemigos.

Mientras Rusia no ve la luz al final del túnel, la selección ucraniana, que estuvo a punto de disputar el Mundial de Catar, iniciará el 26 de marzo la fase de clasificación para la Eurocopa. Viajará al mítico Wembley para enfrentarse a Inglaterra.

Mudryk, un milagro de venta

Los combates ahuyentaron a las principales estrellas extranjeras del campeonato. El Shakhtar, un sambódromo afinado desde hace años por una docena de brasileños, fue el más afectado por ese éxodo. Por suerte, Ucrania siempre ha sido cantera de grandes futbolistas, desde Blokhin a Shevchenko.

La última aparición fulgurante fue la de Mykhailo Mudryk. Su extraordinaria actuación en la fase de grupos de la Liga de Campeones, lo que incluyó dos partidos ante el Real Madrid, le pusieron en el escaparate. Un Chelsea metido en problemas no dudó en hacerse con sus servicios previo pago de 100 millones de euros.

Fue un negocio redondo para su dueño, Rinat Akhmétov, el hombre más rico de Ucrania al que las autoridades prorrusas han expropiado gran parte de sus activos en Donetsk. Con todo, Akhmétov decidió dedicar 1.000 millones de grivnas (unos 25 millones de euros) para ayudar a los combatientes y sus familias. El dinero se dedicará al tratamiento médico, la ayuda psicológica y la obtención de prótesis para los heridos en combate.

Akhmétov reconoció que su sueño es ganar trofeos en Europa con el Shakhtar, pero admitió que esto es imposible ahora, ya que “en Ucrania tiene lugar una guerra mezquina e injusta contra nosotros por parte de la Federación Rusa”. “Estoy convencido de que ganaremos la guerra. Jugaremos un partido amistoso con el Chelsea en el Donbás Arena en la ucraniana Donetsk. Debemos hacer todo lo posible para acercar ese día”, apuntó.

Mudryk apareció envuelto en una bandera ucraniana en su presentación con el Chelsea, club que perteneció hasta el pasado año al oligarca ruso Román Abramóvich.

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