El Rally Patrimonial recorrió Misiones y ya puso en valor unos 40 lugares en ocho ediciones
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Casi 100 personas y unos 28 vehículos participaron de la octava edición del Rally Patrimonial y Turístico por la Ruta de la Yerba Mate, una propuesta que volvió a unir historia, producción, patrimonio y cultura en un recorrido por distintos puntos del sur de Misiones. La caravana partió desde la Costanera de Posadas y pasó por Candelaria, Loreto y San Ignacio, con la yerba mate y el legado jesuítico como algunos de los principales hilos conductores.
Pero el dato que permite dimensionar el alcance de la iniciativa aparece al mirar sus ocho ediciones en perspectiva. Según explicó a Economis Marcelo Insfrán, uno de los coordinadores, el rally ya permitió recorrer unos 40 sitios diferentes y no repitió lugares. El objetivo es precisamente ampliar el mapa de aquello que los propios misioneros conocen de su provincia.
“Todos los rallys, el 80% de los lugares yo tampoco conocía”, explicó Insfrán. La idea, sostuvo, es que los participantes puedan descubrir espacios que muchas veces quedan fuera de los circuitos turísticos tradicionales y, a partir de ese conocimiento, contribuir a darles visibilidad y valor.



La octava edición comenzó en La Cascada de la Costanera de Posadas y reunió a participantes de distintos puntos de Misiones y también de otras provincias. Hubo visitantes provenientes de Formosa y, en ediciones anteriores, participantes que llegaron desde Córdoba, atraídos por una modalidad que no plantea una competencia de velocidad, sino una caravana con paradas destinadas a conocer el territorio.
La primera estación fue la estancia Santa Cecilia, en Candelaria, un establecimiento que originalmente tuvo actividad yerbatera y que actualmente tiene a la ganadería como principal producción. Allí los participantes conocieron la historia de la capilla de piedra y del casco principal, construido en 1906, además de la actividad productiva que se desarrolla actualmente en el establecimiento.



El recorrido continuó hacia la misión jesuítica de Nuestra Señora de Loreto. El sitio forma parte del patrimonio histórico vinculado con las antiguas reducciones jesuítico-guaraníes y permitió incorporar al recorrido otra dimensión de la historia misionera. Allí, además, el Coro Municipal de Oberá compartió una presentación musical y los participantes realizaron el camino de peregrinación hasta el pie de la capilla del Monte del Calvario.



La caravana siguió luego hacia la comunidad Tava Miri, en San Ignacio, donde el componente turístico se combinó con una acción solidaria. Los participantes entregaron útiles escolares, ropa, alimentos y otras donaciones a la comunidad mbya, que recibió al grupo con canciones interpretadas por su coro.



La visita también permitió conocer prácticas vinculadas con la producción tradicional de alimentos y el secado de la yerba mate, además de aspectos de la arquitectura de la comunidad, como la construcción de viviendas y espacios destinados a prácticas espirituales.
El último tramo tuvo como escenario a la misión jesuítica de San Ignacio Miní. Los participantes recorrieron el nuevo centro de interpretación y realizaron una visita guiada por los restos de la reducción. El recorrido concluyó frente al museo de la misión, donde pudieron observar el frontis recuperado y actualmente resguardado.



La jornada sumó además una propuesta musical con Cacho Bernal, Cecilia Simonetti y Frodo Peralta. Uno de los momentos destacados fue la explicación de Bernal sobre el gualambao, ritmo creado por Ramón Ayala, que permitió incorporar la música regional como otra forma de aproximarse al patrimonio cultural de Misiones.
Conocer para poner en valor
Para Insfrán, el propósito del rally excede la organización de una excursión. “Nuestro objetivo es dar visibilidad a los patrimonios que tenemos en las provincias”, señaló. En esa lógica, conocer aparece como el primer paso para que un sitio histórico, una producción, una comunidad o una obra arquitectónica pueda incorporarse a la mirada cotidiana de quienes viven en el territorio.
La experiencia también busca generar una relación diferente con lugares que muchas veces son vistos desde la ruta sin que se conozca su historia. Candelaria, Loreto y San Ignacio concentran en pocos kilómetros capas muy distintas del pasado y del presente misionero: establecimientos productivos, patrimonio jesuítico, comunidades indígenas, paisajes y expresiones culturales.



“Hay que conocer”, resumió el coordinador. Y puso como ejemplo la relación que existe en otras provincias entre la población y sus propios atractivos históricos: cuando una comunidad conoce su patrimonio, también cuenta con mejores herramientas para explicarlo, transmitirlo y convertirlo en parte de su oferta turística.
Ese es uno de los principales aportes que los organizadores atribuyen a la iniciativa. En ocho ediciones, el recorrido acumuló alrededor de 40 puntos diferentes, principalmente en el sur provincial. La cifra también funciona como una señal sobre la amplitud del patrimonio disponible: después de ocho años, los organizadores sostienen que todavía quedan numerosos lugares por descubrir.
Una experiencia que se sostiene a pulmón
El rally no funciona como una competencia tradicional ni detrás de una estructura empresarial dedicada exclusivamente a organizar este tipo de actividades. La propuesta es impulsada de manera autogestionada por la Asociación Ruta de la Yerba Mate, el Estudio 2116 y la Asociación de Pilotos y Navegantes del Rally Misiones (AMPYNAR).
La organización requiere coordinar con municipios, propietarios privados, autoridades y responsables de los sitios visitados. También demanda acompañamiento para la seguridad y el traslado de una caravana que en esta edición estuvo integrada por casi un centenar de personas, unos 28 vehículos y una combi.



La combinación entre actores públicos y privados fue determinante para concretar el recorrido. Establecimientos como Santa Cecilia abrieron sus puertas para mostrar su patrimonio y su actividad productiva, mientras que organismos y municipios facilitaron aspectos vinculados con el recorrido y la seguridad.
La propuesta termina así construyendo una especie de red informal de patrimonio visitable, donde una estancia productiva, una misión jesuítica, una comunidad mbya o una expresión musical pueden formar parte de una misma experiencia sin perder sus características particulares.
La yerba mate cumple en ese esquema una función que va más allá del producto. Es una puerta de entrada a la historia económica y cultural de Misiones y permite conectar actividades productivas actuales con territorios atravesados por otros procesos históricos.



En lugar de concentrar la experiencia en un único atractivo, el rally propone recorrer las conexiones entre ellos. El resultado es una mirada de Misiones que incorpora patrimonio, producción, paisaje, arquitectura, espiritualidad, cultura y solidaridad dentro de un mismo circuito.
La octava edición terminó en San Ignacio, pero el recorrido dejó planteado el mismo desafío que atraviesa la iniciativa desde su comienzo: ampliar el conocimiento que los propios misioneros tienen de su territorio. Después de ocho ediciones y cerca de 40 lugares visitados, el mapa todavía parece lejos de estar completo.














