Bausili admite que la economía crece por debajo de lo esperado y defiende la flexibilización del crédito en dólares
El presidente del BCRA reconoció que la actividad avanza a un ritmo cercano al 2% anual, por debajo de las expectativas oficiales. También anticipó medidas para reducir costos y trabas, mientras el dólar mayorista volvió a ubicarse debajo de los $1.500.
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La economía argentina transita una recuperación que, aunque mantiene signo positivo, avanza a un ritmo menor al que esperaba el Gobierno. El diagnóstico fue planteado por Santiago Bausili, presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), durante una exposición ante empresarios y referentes productivos en la Bolsa de Comercio de Mendoza. En paralelo, el mercado cambiario mostró una moderación en la cotización del dólar mayorista, que cerró en $1.489 y volvió a alejarse de la barrera de los $1.500.
“La economía crece despacio, en torno al 2% anual, mucho más despacio de lo que nos gustaría”, sostuvo Bausili, en una definición que expone uno de los principales desafíos de la segunda mitad del año: transformar la estabilización macroeconómica en una expansión más vigorosa de la actividad y del crédito privado.
El encuentro fue encabezado por el presidente de la Bolsa de Comercio de Mendoza, Luis Romano; el gobernador Alfredo Cornejo; y el diputado nacional Lisandro Nieri, quien moderó la exposición. Frente a empresarios, Bausili repasó el desempeño del Banco Central y puso el foco en un problema menos visible que la inflación o el tipo de cambio, pero determinante para la recuperación: la persistencia de la cautela de hogares y empresas a la hora de invertir y endeudarse.
El titular del BCRA describió ese comportamiento como una suerte de “estrés postraumático” de la economía argentina. El temor a asumir deuda o comprometer capital continúa funcionando como un freno para la inversión, incluso después de la fuerte reducción de la inflación y de la normalización de algunas variables financieras. Para Bausili, modificar esas expectativas constituye una condición necesaria para que la estabilización se traduzca en crecimiento.
La respuesta que anticipó apunta a profundizar la desregulación del sistema financiero y reducir los costos de intermediación. “Sacar trabas y bajar costos” será, según planteó, una de las líneas de acción para favorecer el desarrollo del sector privado. El objetivo es que una mayor proporción del ahorro doméstico vuelva al circuito financiero formal y pueda convertirse en financiamiento para empresas y consumidores.
En ese marco adquiere relevancia la flexibilización de los préstamos en dólares. Bausili explicó que la nueva disposición permite a los bancos prestar hasta el 15% de sus depósitos en moneda extranjera y consideró que, incluso con ese cambio, el esquema continúa siendo “restrictivo”. La definición resulta relevante porque el crédito en dólares puede ampliar las alternativas de financiamiento de empresas con ingresos vinculados a esa moneda, particularmente exportadoras o firmas integradas a cadenas de comercio exterior.
El desafío consiste en ampliar el crédito sin trasladar al sistema financiero riesgos cambiarios que puedan terminar deteriorando la estabilidad monetaria. La discusión planteada por los empresarios durante el encuentro giró precisamente alrededor de ese equilibrio, junto con el escenario electoral, la relación comercial con Estados Unidos y la presión tributaria que todavía condiciona la competitividad.
Bausili también se refirió a la inflación de julio, que alcanzó el 2,1%. Según explicó, el dato estuvo condicionado por factores puntuales, entre ellos la estacionalidad y el turismo, y aseguró que el Banco Central mantiene la expectativa de retomar el sendero descendente. La cuestión es central porque una inflación persistentemente baja no solo mejora el poder adquisitivo, sino que también permite extender los horizontes de planificación de las empresas y reducir la prima de riesgo incorporada en las decisiones de inversión.
El mercado cambiario, mientras tanto, ofrece una señal de relativa calma. El dólar mayorista cerró en $1.489, con una baja de $3, después de dos jornadas consecutivas de subas. La cotización se encuentra así 24,8% por debajo del techo de la banda cambiaria, establecido en $1.858,35. En el Banco Nación, el dólar minorista descendió $5 hasta $1.510 para la venta, mientras que el promedio informado por el BCRA se ubicó en $1.515,689.
En los mercados paralelos, el dólar blue se mantuvo en $1.540, mientras que el contado con liquidación operó en $1.583 y el dólar MEP en $1.521,39. La dispersión entre las distintas cotizaciones refleja que, aunque el mercado no atraviesa una situación de desborde, persiste una demanda de cobertura que obliga al equipo económico a administrar cuidadosamente las expectativas.
Los operadores consideran que el Gobierno busca evitar que el dólar supere de manera sostenida los $1.500 mediante herramientas de intervención en futuros y bonos dólar linked. La estrategia tiene un beneficio inmediato sobre las expectativas cambiarias, pero también plantea un dilema de política económica: contener la volatilidad sin generar una restricción excesiva sobre la liquidez ni elevar nuevamente el costo del dinero en pesos.
La capacidad de intervención del Banco Central constituye uno de los principales respaldos de esa estrategia. En lo que va de 2026, la autoridad monetaria acumula compras superiores a US$13.000 millones, mientras las reservas internacionales brutas se mantienen cerca de los US$50.000 millones. Esa posición ofrece un margen considerablemente mayor que el disponible durante otros episodios de tensión cambiaria, aunque no elimina la necesidad de administrar el mercado con prudencia.
El punto de fondo es que el Gobierno necesita que la estabilidad cambiaria deje de ser un objetivo en sí mismo y se convierta en una plataforma para recuperar inversión, productividad y crédito. La admisión de Bausili sobre un crecimiento cercano al 2% anual muestra que la estabilización todavía no se tradujo en la velocidad de expansión que esperaba el oficialismo.
Para las empresas, especialmente las que necesitan capital de trabajo o financiamiento para ampliar capacidad productiva, la próxima etapa estará definida menos por la discusión sobre el nivel puntual del dólar y más por la posibilidad de acceder a crédito a plazos y tasas compatibles con proyectos de inversión. La formalización del ahorro, la flexibilización del crédito en moneda extranjera y la reducción de costos financieros pueden convertirse en herramientas concretas para cerrar esa brecha.
El desafío de política económica es, entonces, pasar de una economía que dejó atrás los desequilibrios más extremos a otra capaz de crecer de manera sostenida. El propio diagnóstico del Banco Central reconoce que la estabilización todavía no alcanza: mientras persista el temor a invertir, endeudarse y asumir riesgos, la recuperación seguirá avanzando, pero a una velocidad inferior a la que necesita el sector productivo.
