ENTREVISTAS

De Andresito a Nueva York, la yerba que conquista sabores en Argentina

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Por tercer año consecutivo, la yerba mate Andresito fue elegida por el público como la del “mejor sabor”, en la Feria Caminos y Sabores que se hace en la Rural de Palermo. ¿Cuál es el secreto de esta marca que tiene menos de 30 años y que de a poco está conquistando destinos tan disímiles como Australia o Nueva York? Control estricto de calidad y una trazabilidad que garantizan un producto sin altibajos, cuenta su presidente, Juan Carlos Amann, segunda generación de productores y quién reemplaza a su padre Federico en la presidencia de la cooperativa fundada en 1982, cuando el plan de colonización de Andresito daba sus primeros pasos. 

“Estamos muy contentos por el premio, consecutivo es el tercero, pero son cuatro en total: en 2018, 2022, 2023 y 2024 fuimos galardonados en lo que es sabor y calidad a lo que es yerba”, celebra Juan Carlos en una entrevista con Economis

¿Cómo se consigue eso?

Nosotros tenemos como premisa el control de calidad, que se lleva a cabo día a día en la planta de proceso y creo que mantener eso es clave. En la propia industria se hace todo el proceso. La cooperativa no compra canchada de terceros para poner en su paquete sino que compra la hoja verde de los productores y eso pasa por la parte de secado, estacionamiento, molienda y envasado todo la misma planta. La trazabilidad es estricta y eso es lo que perdura en el tiempo y mantiene la calidad, y lo que lleva al sabor.

¿Cuántos socios hay en la Cooperativa? 

Está compuesta por 126 socios de los cuales 100 están de forma activa. Conjuntamente trabajamos con proveedores no socios que están fuera de la cooperativa y a quienes se les compra materia prima. 

La historia de Cooperativa Yerbatera Andresito está fuertemente vinculada al pueblo que estaba naciendo a fines de los 70, con el atractivo de las tierras para plantar en una zona virgen. Hasta 20 hectáreas de yerba mate se podían plantar en el incipiente plan de colonización, con un mercado definido por la extinta Comisión Reguladora de la Yerba Mate. Gracias a la riqueza de la tierra, los yerbales prosperaron rápidamente, pero llegado el tiempo de cosecha y al no existir en la zona una planta procesadora, sobraba yerba mate y los caminos de tierra hacían imposible la comercialización en los días de lluvia. Ante este escenario, los productores decidieron crear la Cooperativa Yerbatera Andresito y fundar el primer secadero de la zona. La asamblea constitutiva se llevó a cabo en agosto de 1983 ante la presencia de 92 productores.

“En el 83 empezaron a dar producción los primeros yerbales y no había a quien venderle, todo lo que era camino para salir afuera eran terrados. Entonces se juntaron un grupo de colonos y fundaron la cooperativa, que trabajó vendiendo yerba canchada hasta 1996 y en ese año lanzó su propia de marca, Yerba Mate Andresito”, recordó Amann. 

¿Y qué mercado han ganado?

Andresito es una yerba que está bastante impuesta en el mercado, tenemos nuestro gran foco comercial en gran Buenos Aires, también estamos en Córdoba, Rosario, Resistencia. En Misiones hay mucha competencia, estamos presentes pero es un nicho que tiene muchos distribuidores. Después llegamos al resto del país por distintas cadenas comerciales pero en menor cantidad. El año pasado retomamos el comercio internacional. Empezamos con pocas cantidades para ingresar al mercado, pero ya tenemos algunos clientes que están haciendo su segunda compra lo que lleva a que el producto esté rotando. Exportamos a Australia, Nueva York, Estados Unidos, República Checa, Vietnam y Argelia. Estamos haciendo más trabajo de comercio internacional con las ferias y demás para seguir expandiendonos. 

En el mercado interno, más allá de la coyuntura que marca una caída generalizada de la demanda, a la yerba Andresito no le va nada mal. El año pasado terminó octava entre las marcas más vendidas, con un salto significativo con 7,5 millones de kilos hasta octubre, mientras que en 2022 había ocupado el puesto catorce, con 6.393.280 kilos. La marca andresiteña tiene un tres por ciento del mercado total. 

¿Cómo les afectó la caída de precios de la materia prima?

Es un problema para la producción y para toda la línea productiva de la yerba. Veníamos acostumbrados cada día hacer números para arriba y ahora hay una retracción del precio y justo en un año en el que hay sobreproducción, a comparación del año pasado que afectaron mucho la seca y las condiciones climáticas, por lo que hay un excedente en producción. La alternativa que se busca ahora es abrir nuevos mercados y ver la forma que aumente la demanda que va acompañado con el aumento de precios, no hay otra modalidad. Hay que buscar nuevos consumidores.  

Juan Carlos es el segundo Amann en la presidencia de la cooperativa. Sucede a su madre. “Mi papá vino en el 82 y es socio fundador de la cooperativa, y ahora vamos quedando los hijos”, explica. 

¿Cómo es heredar este compromiso con la yerba y la producción?

Toda la vida estuvimos en la cooperativa, mal o bien siempre estuvimos, es como una empresa familiar para nosotros, somos muchos socios, somos dueños y debemos cuidarlo como tal, hay momento buenos y momentos malos como ahora, difíciles, pero es un desafío y no hay que dar el brazo a torcer y que eso siga creciendo con mucho orgullo. Los que estamos en la comisión cooperativa tenemos la camiseta puesta y aunque a veces es complicado pero hay que sacarlo adelante.

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Los que invierten: Harvest, la panadería que cosecha sueños

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Los domingos argentinos son de pasta o asado, pero cualquiera sea el menú siempre, hay una panera en la mesa. Las panaderías son una tradición fundamental en la vida cotidiana de las familias. Una historia ligada a la inmigracion italiana, pero con un desarrollo que adquirió un sello propio gracias a los productos y  gustos locales. 

En honor a esta narración, Ariel Kopetko y Liliana López decidieron escribir su propia historia en el mundo de los panificados e inauguraron Harvest, una panadería tradicional pero con un estilo tan propio que destaca indiscutiblemente, al igual que la genuina atención de sus fundadores, quienes transmiten entusiasmo y esperanza.

La apertura de la panadería que también cuenta con una cafetería representa para ambos un logro personal y el fortalecimiento de una familia que pasó por muchos procesos. La resiliencia y la fe los llevó a vivir una nueva aventura, y cosechar los frutos de todos los altibajos que vivieron en el pasado. 

En entrevista con Economis Ariel y Liliana contaron que con esa impronta nació Harvest. Queríamos darle algo hermoso, que marque la diferencia, además de los productos y la atención. Harvest quiere decir cosecha y representa todo lo que vivimos. Estamos casados hace 17 años y tenemos una hija, ella también es parte de todo este fruto, porque estuvo con nosotros cuando lloramos, cuando pasamos todos los fracasos, ahora estamos disfrutando otra vez, los tres en familia y Harvest es la vida de todos esos procesos”. 

¿Cual es la propuesta de Harvest?

Ariel: Es el café al paso, en sus distintas combinaciones en conjunto con una gran variedad de panificados dulces y salados. Así también la opción de disfrutar en la cafetería, un momento a solas o con amigos, el espacio está ambientado con buena luz, tranquilidad y buena música.  

¿Cómo surgió invertir en una panadería/cafetería?

Liliana: Esto se dio a través de una necesidad. En la pandemia nos quedamos sin trabajo, Ariel tiene 25 años en el rubro de los panificados, adquirió mucho conocimiento, entonces encaramos la situación con lo que sabíamos hacer, empezamos a vender pan casero y pastelitos en la calle, sin miedo porque necesitábamos llevar comida a nuestra mesa y lo que teníamos en la mano era harina, sal, agua y experiencia

También montamos una pequeña fábrica de pastas, con máquinas y lugar prestados. Empezamos con una bolsa de harina de 50 kilos, agua, leche y fuimos para adelante, la demanda iba en aumento, género un buen ingreso por lo que empezamos a crecer y a comprar todo lo que hoy tenemos, pero fueron años de trabajo. El crecimiento y la dedicación nos llevaron a dónde estamos hoy. 

¿Hace cuánto tiempo están con Harvest?

A: Estamos atendiendo al público hace una semana -en avenida Mitre 1683-, pero el proyecto está desde hace un año, lo veníamos analizando pero no sé daba el local y hace tres meses pudimos ubicarnos acá. En el centro nos resultó complicado por las máquinas y la cantidad de muebles que tenemos, hasta que llegamos a este lugar ideal. 

L: Venir fue todo un desafío porque no pensamos algo tan grande pero como veníamos comprando muebles y demás necesitábamos un lugar con mucho espacio. 

El bullicio de la ciudad ¿cómo dieron con el local? 

A: Pasamos mil veces por el lugar y un día me detuve a mirar, coincidió que el dueño estaba ahí y me pregunto si me gustaba, yo le dije que sí, me pregunto cómo para qué, entonces le conté que era para un negocio. En un acto de fe hicimos los trámites y alquilamos. 

Vimos que había una oportunidad, nos pareció una ubicación estratégica, un lugar que se puede explotar porque circula mucha gente y además cumplía con la suficiente ampliación para nuestros equipos y muebles. 

Ariel, 25 años de trayectoria en el rubro de panificados ¿cómo inició todo?

A: Empecé a trabajar a los 13 años más que por gusto por necesidad, no solo en el sector de panadería sino en muchos otros trabajos, pero dónde más aprendí fue en panadería. En el transcurso de los años trabajé como panadero en varios supermercados importantes de la ciudad, adquirí mucho conocimiento acerca del rubro  y hoy eso lo estoy volcando a este proyecto. 

17 años de casados y 19 de conocerse ¿Qué sienten al ver este gran logro?

A: Se siente bien, tengo la tranquilidad de saber que hay días buenos y días malos, ya soy conocedor de que no hay que bajar los brazos si las cosas un día no salen muy bien, es seguir avanzando, todos los días vamos a tener un desafío nuevo, cuesta mucho pero nos complementamos. 

L: Nosotros estamos acá para ayudar, para generar empleo, por eso pensamos en cosas grandes, porque va a ser una oportunidad para muchas familias. Somos emprendedores. Siempre fuimos de emprender y durante el camino hubo muchos fracasos. Donde estamos ahora es gracias a la constancia y de saber cosechar lo aprendido, primero pensamos que era la derrota pero después nos dimos cuenta que solo fue un aprendizaje. Lo que la gente ve hoy es el fruto del trabajo de más de 17 años, lo estamos disfrutando y viviendo al máximo.   

¿Cómo es emprender después de tantos “fracasos” y además en un año complejo para Argentina?

A: Es complicado, si me preguntan ahora si lo volvería hacer, mi respuesta es no. Pero creo en Dios, y se que si las cosas pasan es por algo, creo que uno de esos desafíos es generar empleo, hoy día casi nadie tiene un buen trabajo, nosotros ahora pudimos brindar un trabajo digno a dos chicas, a quienes vamos capacitando para el rubro. La idea es seguir creciendo por lo tanto vamos a necesitar más personal, va a ser más fuente de trabajo y eso nos alegra mucho. 

L: Además de anexar más cosas también nos pidieron revender los productos en Garupá, así que estamos en ese proceso de generar insumos para otros lugares con el nombre Harvest, no en sentido de franquicias sino de reventa. Son muchos los desafíos y estamos aprendiendo  más cosas en el camino, y eso es bueno. 

Exige un gran compromiso y esfuerzo mantener un negocio de tal magnitud… 

A: Si, yo me levanto todos los días antes de la 4 de la mañana y empiezo a organizar todo. La parte de administración y las compras genera mucha demanda, entonces la idea es si se da la posibilidad de expansión delegar esas tareas, eso quiere decir más fuentes de trabajo y nosotros estaríamos más que nada para hacer el control de que todo marche bien.  

L: Por ahora nos dividimos las tareas él está en la parte elaboración, sostiene que esté todo en regla y yo en la administrativa controlando que hace falta comprar y demás.

¿Cómo está la demanda?

A: Bien, no digo un cien por ciento pero sí un 40% a menos de un mes de la inauguración nos parece más que bien. La perspectiva es generar nuevos productos que los clientes piden como empanadas, pizza, ahora tenemos sándwiches de jamón y queso, pero la idea es sumar más variedad, lo estamos analizando y solo es cuestión de organizar el espacio. 

La panadería se está extendiendo con todo lo que estamos haciendo, es impresionante la gente que vive acá en los alrededores hace 20 años nos dicen que Harvest le dio un cambio al lugar. 

L: Vienen muchas familias, tuvimos visitas de turistas tanto de Brasil como de Paraguay. Nosotros tratamos de marcar la diferencia y que no sea solo servirle un café o vender algún producto sino generar esa interacción, tener empatía con el otro, esa parte humana con la gente es importante. 

 ¿Cuál es la visión a futuro?

A: El local cuenta con dos espacios, uno en planta baja y otro en un primer piso, la proyección es trasladar la cafetería arriba, pero que sea más completa, con la opción de organizar reuniones, eventos o cumpleaños. Aún no está habilitado pero el proyecto está presente para seguir incorporando nuevas ofertas. 

L: El fin es dejar el espacio de abajo para personas adultas o con alguna capacidad diferente, más que nada para quienes no puedan subir las escaleras porque no hay ascensor. Cuando pusimos la cafetería fue más como una prueba piloto, la cual resultó espectacular porque generó una gran demanda, ahora en unos días queremos incorporar lo que es el servicio de agua caliente y batidos. 

L: Además estamos analizando un espacio para adolescentes con juegos didácticos, donde ellos puedan divertirse. Tenemos toda una idea de cómo será el lugar pero primero vamos a trabajar por la cafetería y después iremos por esta propuesta, estamos muy entusiasmados y sabemos que con ayuda de Dios grandes cosas se vienen para Harvest. 

Panaderia Harvest es la nueva opción en la capital misionera para disfrutar una experiencia gastronómica auténtica en su variedad de panificados clásicos y productos frescos, todo de elaboración propia con recetas de familia. La calidad y el sabor de sus productos son el resultado de la dedicación y el amor que ponen en cada detalle. 

La misma cuenta con un ambiente acogedor y atención personalizada, lo que la convierte en el lugar ideal para disfrutar un desayuno o merienda, ya que atienden de lunes a sábados de 6 a 22 horas y los domingos de 9 a 22 horas.  

instagram @panaderia_harvest Telefono 3765 044546

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Fresa, un gigante energético con impacto regional

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Al costado de la ruta nacional 14, a unos pocos kilómetros antes de llegar a la ciudad de Gobernador Virasoro, asoma una enorme planta industrial diseñada para aprovechar los residuos forestales de la región y transformarlos en energía. La planta demanda 60 toneladas hora de madera, chips, ramas o residuos forestales y genera 40 megavatios/hora las 24 horas y los 365 días del año -para tomar dimensión, la planta de MM Bioenergía en Cerro Azul, inaugurada hace tres años, genera 3,3 MW-. De los 40 megas/hora que genera la planta correntina, 36 se entregan al Sistema Integrado Nacional, lo que equivale al diez por ciento de la demanda de la provincia de Corrientes o la cobertura total de los municipios cercanos. El objetivo es, para el año que viene y con una segunda planta, duplicar esa generación de energía renovable. 

El gigante energético es el más grande del país. Su nombre es Fresa y en septiembre cumplirá cuatro años de generación. En total, con la segunda planta -se llama San Alonso- la inversión alcanzará los 200 millones de dólares. La industria es un hervidero de gente, entre los operadores de la planta que ya está en funcionamiento y los obreros que están montando la segunda, en el mismo predio, de unas 25 hectáreas, en el paraje San Alonso. Cerca de 600 personas por día entran a trabajar. En total, hay mil empleos entre directos e indirectos. 

La particularidad es que Fresa no tiene madera propia, sino que compra toda su materia prima, incluso a aserraderos y productores del sur de Misiones. 

La planta consume 60 toneladas hora de biomasa. Cada tonelada de biomasa tiene un costo de 24 dólares. La biomasa llega a la planta ya como chips o como rollos, y allí se realiza un proceso de preparación de la biomasa para que sea combustible. 

También son muchos los misioneros que tienen cargos ejecutivos en la planta, que pertenece a una alianza del holding Insud, del empresario farmacéutico Hugo Sigman -tiene presencia en más de 40 países- y el grupo Benicio, de la familia Cartellone, además de socios locales, como Pomera, empresa forestal con presencia en Misiones y Corrientes, que es uno de los principales aportantes de materia prima, junto a otros 50 proveedores, varios de ellos de San José, Apóstoles y otras ciudades del sur misionero. 

Fresa no es otra cosa que Fuentes Renovables de Energía S.A. Nació con la idea de aprovechar los residuos forestales de los aserraderos correntinos. Residuos que se acumulaban en los establecimientos y que eran desaprovechados, además de representar un enorme riesgo en los meses de mucho calor. 

El conglomerado hizo el jueves una presentación en sociedad, a la que fue invitada Economis, con el objetivo de mostrar la planta y el proceso de generación de energía que le da un uso sustentable a la enorme cantidad de forestaciones que hay en la zona. 

El proceso de producción está diseñado para aprovechar cada metro cúbico de madera que entra a la planta. Primero en un inmenso playón, donde se hace una selección y estacionamiento natural y después en un silo que es el paso previo a la entrada a la caldera. La madera que entra allí tiene un máximo de 52 por ciento de humedad y hay una reserva de cuatro días de funcionamiento constante. 

La generación de energía demanda 180 m3 hora de agua, de los cuáles solo 9 van a la caldera. El agua surge de pozos perforados que cuentan con estudios de impacto ambiental aprobados en audiencia pública. El agua regenerada se vuelca nuevamente al suelo a través de una canalización cercana. La planta también cuenta con su propio laboratorio y tratamiento de efluentes cloacales.

“Nuestra prioridad es el medioambiente y una generación de energía sustentable”, explica Adriana Steckler, ingeniera química con una maestría en administración de negocios. La joven de Puerto Rico es responsable de Medio Ambiente, Seguridad y Salud Ocupacional de la Fresa.

La clave está en el abastecimiento. Fresa tiene un contrato con Enarsa que tiene un techo de 40 megas/hora. San Alonso con la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico y deberá cumplir un mínimo de 40, pero podrá generar más, eventualmente, de acuerdo a la demanda. 

Las centrales térmicas Garruchos y San Alonso son parte de los programas de energía RenovAr que se fueron implementando desde el 2015 en el país. La central que está operativa (Garruchos) es parte del RenovAr 1 y tiene un contrato cerrado que la obliga a entregar 36 megas por hora al servicio interconectado nacional. Por cada Mega que entrega la empresa recibe 108 dólares de Cammesa. Mientras que San Alonso estará bajo la normativa del RenovAr 2 el cual a diferencia del otro contrato establece un piso de energía a entregar y no pone topes a la cantidad de energía que se pueda generar, lo que deja abierta la opción de ampliar la inversión y así entregar más energía sin necesidad de ir a nuevas licitaciones del RenovAr.

Luciano Baroni, gerente general de Fresa remarca que la planta nació como respuesta al enorme desperdicio de materia prima que se daba en la zona de aserraderos del norte correntino. 

“La generación de energía por biomasa de Fresa es la más grande del país con 40 megas. San Alonso, que será la segunda central térmica aportará 37 megas adicionales y estará operativa a partir de principios de 2025. Llevamos entre las dos centrales una inversión de aproximadamente 200 millones de dólares, con un impacto local desde el punto de vista económico, social y ambiental es muy importante”. 

¿Por qué no tienen madera propia?

No tenemos madera propia. El modelo de negocio nuestro se diseñó a partir de ver los desechos de la actividad forestal que quedaban en los bosques y los desechos que se generaban sin ningún tipo de destino. Analizamos qué se podía hacer bajo el concepto de economía circular con esta biomasa que no era aprovechada. Se empezó a modelar este negocio y así se así se constituyó. Aproximadamente el cincuenta por ciento del combustible lo generamos de los desechos de la actividad forestal o sea las ramas y las partes del árbol que no utilizan los aserraderos. La otra mitad, de los desechos que se generan en la industria de los aserraderos. 

¿La inversión es de capitales argentinos?

La empresa es de capitales argentinos. Fresa está compuesta a cincuenta por ciento por el grupo Insud y el Grupo Benicio. Y Central Térmica San Alonso es cien por ciento del grupo Insud. 

¿Están comprando materia prima de Misiones?

Sí, nuestro nuestro radio es de cien kilómetros a la redonda y eso por supuesto abarca todo lo que es el sur de Misiones. 

En Misiones hay precios mínimos para la materia prima forestal. ¿Cómo es acá? 

Nos rige el mercado. Oferta y demanda. Hay momentos donde hay más oferta, sobre todo en la época de la cosecha de la yerba. Ahí es más competitivo el mercado. Nosotros mantenemos un precio durante el año con una fórmula ya diseñada y somos competitivos en el mercado, por eso entendemos que también somos una muy buena opción para el despacho de estos productos.

¿Cuál fue la respuesta del sector industrial forestal? 

Positiva. Nosotros queremos tener relaciones de largo plazo con todos nuestros proveedores. Para nosotros es un vínculo estratégico y queremos que seamos siempre la primera opción en donde despachar la materia prima. Para nosotros la prima, para ellos es un subproducto.

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Andresito, donde cuidar el monte sale más barato

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El contexto económico es complejo. La desregulación del mercado yerbatero derrumbó los precios de la materia prima de la principal producción del pueblo, que es también el más perjudicado por el reparto de la coparticipación provincial. 

Sin embargo, Andresito puso en marcha una revolucionaria decisión que implica recaudar menos. Menos recursos a cambio de un legado verde. Un ejemplo que contrasta con otras iniciativas que también buscan preservar la biodiversidad y combatir el cambio climático. En el primer mundo están empezando a cobrar impuestos a los productores para compensar las emisiones agrícolas. Dinamarca dio ese primer paso en el mundo y a partir de 2030, este impuesto climático sobre la agricultura se cobrará a 300 coronas danesas (40 euros; 43 dólares estadounidenses) por tonelada de CO2e producida, y aumentará a 750 coronas danesas (100 euros; 107 dólares estadounidenses) para 2035.

Andresito era hasta hace unos años, el último municipio creado en Misiones. Más allá del Parque Nacional Iguazú, a fines de los 70 y principios de los 80 se puso en marcha un plan de colonización que llevó a numerosas familias a desafiar el monte para producir yerba mate y extraer madera en una zona que entonces era selva virgen. Cuarenta años después todavía queda monte, aunque no tan abundante. Y Andresito decidió premiar a quienes lo preserven en su chacra con la exención de las tasas que cobra el municipio. 

El intendente Bruno Beck sonríe al explicar los detalles del plan de conservación, porque se puso en marcha justo en momentos de contracción económica. “En Andresito han votado este cambio cuyas consecuencias en la actividad económica y sobre todo en la yerba mate, son negativas. Pero también así como a nivel nacional se está pidiendo el ajuste del Estado también los privados lo tienen que hacer y es cuestión de acomodarse. Nosotros hicimos el ajuste necesario dentro del municipio, no hemos renovado muchísimos contratos que cumplían con un servicio, hemos restringido muchos servicios y por supuesto al tener nosotros como municipalidad una actividad que representa el 70% que es la yerba mate, hoy con los bajos precios nos afecta muchísimo en todo. Tenemos más de 1470 kilómetros solo de caminos, son los mismos kilómetros que de aquí a Mar del Plata, mantener caminos de condiciones para sacar la producción es complicado por el alto costo de los combustibles y los repuestos. Entonces no afecta muchísimo lo que está pasando en general, pero no por eso hay que bajar los brazos, al contrario, hay que poner más esfuerzo, hay que buscar otras iniciativas y poder superar la situación”, detalla. 

En ese contexto, cobra otra dimensión la decisión de resignar recursos a cambio de cuidar el entorno natural. 

“No bajamos las tasas, las sacamos”, saca pecho Beck. “Hay una realidad: Si no cuidamos el medioambiente en esta zona, donde estamos rodeados de parques, el esfuerzo que hacemos es vano. Incentivamos el cuidado del monte, de la biodiversidad, para nosotros es importantísimo eso y de alguna manera generamos la iniciativa en la gente, podemos cuidar, podemos hacer algo. No es mucho. Ojalá la Provincia también pudiera hacer eso”, reflexiona el alcalde que lleva varios mandatos frente al municipio.  

La respuesta a la iniciativa municipal fue muy positiva. “Hasta ahora no hemos tenido ningún tipo de problema, al contrario. Esto nos está obligando a seguir avanzando, porque hay mucha gente que todavía tiene monte en las chacras, pero no tiene ningún resultado económico, entonces ese también es el objetivo de incentivarlos para que conserven”.

Detrás del plan de conservación ambiental hay varios jóvenes y también Hugo Cámara, un ambientalista que adoptó a Andresito como lugar de vida. “El Municipio a través del Concejo Deliberante crea una ordenanza con la figura de corredores municipales de conservación y desarrollo, esta es una figura novedosa que pone en valor algunas áreas del municipio, donde es necesario mantener la conectividad entre los diferentes bloques de áreas protegidas. Andresito tiene varias áreas protegidas, pero también tiene muchas propiedades privadas que están fuera de las áreas y que tienen un bosque interesante para conservar, entonces lo que hicimos fue crear esta figura y crear dos corredores, uno que ya está prácticamente establecido que es el corredor Urugua-í, el más conocido por el de Ecoducto, que es casi un símbolo y otro en la Península, con un corredor que tiene más o menos unas 5.000 casi 5.300 hectáreas. El objetivo es preservar los mini corredores que unen las diferentes áreas protegidas. Hoy estamos alrededor de 11 áreas protegidas dentro del corredor, sumando áreas nacionales, provinciales y las reservas privadas que tienen  diferente tipo de gestión”, enumeró Cámara. Entre las principales áreas protegidas están Puente Verde, rodeada por lodges como Surucuá, o reservas como la que produce yerba orgánica para Guayakí, o una parcela de Bayka, que lidera Matías Romano, el propietario de San Sebastián de la Selva, que encaró hace unos años un intenso plan de recuperación de la selva frente al Parque Foerster. 

Fotos gentileza Elías Dias Da Silva.

El cuidado del monte es también un atractivo para otras economías, como el turismo. “El municipio da un incentivo fiscal para la conservación, esa es una figura novedosa a nivel municipal. La respuesta ha sido muy buena. En este momento llevamos siete propiedades que están ya compartiendo área de conservación y alrededor de 300 hectáreas que sumamos de conservación dentro del corredor. Eso es un número importante porque son áreas clave para conservar, propiedades importantes y gente que, no solamente por  la exención de tasas, ha reconocido que su chacra tiene algo especial: La Península siempre fue algo especial para todos. Lo que hay que trabajar un poco es eso, sentir el orgullo de que la chacra forma parte de un proyecto y que conserva la biodiversidad. No cualquiera tiene un yaguareté caminando por su chacra, unos lo pueden ver como una catástrofe y otros como un orgullo”, argumenta Cámara.

“Es lento, porque obviamente esto lleva un proceso, no es que nosotros solamente declaramos la reserva, sino también la hacemos el plan de gestión, se hace un relevamiento, un mapeo, se determina cuál área, porque no toda la propiedad ingresa, solo la propiedad que tiene bosque. La exención no es sobre el lote entero, sino sobre el lote que vas a conservar”.

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Puente Verde, conexión salvaje

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Para llegar hay que recorrer casi 30 kilómetros desde el centro de Andresito, el pueblo al norte de Misiones, a unos 350 kilómetros de Posadas. La interminable ruta de tierra recorre un tramo de yerbales, algunas chacras, un par de escuelas y casas cada vez más alejadas. Monte. Mucho monte. Al final del extenso camino emerge una nueva reserva natural. Su nombre obedece al factor clave que juega, enclavada en la Península de Andresito: Puente Verde, una conexión salvaje entre el Parque Nacional Iguazú, el manso río homónimo aguas arriba de las famosas Cataratas que se conforman 70 kilómetros aguas abajo, y el parque nacional del lado brasileño, además de otras nueve áreas protegidas privadas y provinciales.

Son 183 hectáreas de monte en buen estado de conservación, compradas por Aves Argentinas –la organización ambiental más antigua de Latinoamérica- para re-generar un vínculo entre los parques y garantizar la supervivencia de la inconmensurable fauna y flora del lugar, con palos rosas y palmitos como emblemas. 

Se identificaron 282 especies de aves -más del 50 por ciento de lo que hay en Misiones-, tapires, monos, roedores, serpientes y el mítico yaguareté. 

Las cámaras trampas y los vecinos han logrado captar a varios ejemplares distintos recorriendo la zona. Sus rugidos, cuentan los guardaparques, suelen escucharse en la espesura del monte. También se escucha al pájaro campana, un ave que se creía extinta en Misiones. Pronto se incorporará un ejemplar de maracaná de lomo rojo, un loro sanado en el hospital Güira Oga con el que se buscará conformar plantel estable de una especie que se extinguió en Misiones en el proyecto de recuperar el monumento natural. 

Puente Verde forma parte de una iniciativa mayor. Un corredor biológico de Andresito de unas 5.300 hectáreas, de las cuáles 3.574 son bosques y 1.700 hectáreas son chacras cuyos dueños están dispuestos a preservar el monte en el marco de una iniciativa promovida por el municipio: exención de tasas a cambio de cuidar la selva. Un sector está sobre el río Iguazú, el otro entre el Parque Foerster y el Parque Provincial Urugua-í. En ambos márgenes del pueblo hay una característica distintiva: un creciente interés por la preservación, desde pequeñas parcelas hasta grandes extensiones.

Puente Verde está rodeado por chacras que también cuidan el monte, como el lodge Surucuá o la reserva que produce yerba orgánica para Guayakí. La preservación genera más de 20 empleos directos en ese extremo de la provincia, donde además del cuidado del monte hay un ambicioso plan de restauración de especies: desde el loro vinoso y el yacutinga hasta árboles como el loro negro o el cedro. Hay un amplio vivero con distintas especies para replantar en el monte propio y también entregar a los vecinos que quieran replicar el rewilding.

Un árbol puede tardar entre diez y 50 años para alcanzar su altura máxima. Será difícil que quienes están trabajando en Puente Verde vean el resultado de su dedicación. “La restauración es una actividad de esperanza, de futuro”, reflexiona Hugo Cámara, uno de los nombres detrás de Puente Verde. A sus 63 años, exuda una pasión juvenil por lo que hace. Pasión por la naturaleza. La misma que refleja Julián, un entrerriano de 24 años que hace varios meses vive en medio del monte como uno de los encargados de la reserva y también del vivero. El joven vino hace cinco años a Misiones, a estudiar en la escuela de Guardaparques de San Pedro. No se quiere ir. Ya es uno más entre los vecinos de las chacras cercanas. 

“Conservar es un proceso de mediano y largo plazo. Puente Verde, además de estar trabajando en conservación, y el monitoreo de biodiversidad, es un centro de atracción a mucha gente que viene a ver aves al norte de Misiones particularmente, por tratarse de un lugar donde hay una infraestructura con muy buenos senderos como para hacer recorridos. También hay información, nosotros no alojamos gente, pero hay un lugar para acampar, por el momento es solo para socios de Aves Argentinas. Estamos haciendo un proyecto de uso público extendido para insertarnos en la oferta turística regional, aunque eso llevará un tiempo.  Entonces somos una reserva que trabaja en conservación, en restauración y también trabaja aportando lo que es el desarrollo turístico de esta zona recibiendo gente que viene principalmente a ver y a fotografiar aves”, detalla Cámara. 

Las aves son el principal atractivo, pero también hay presencia de mamíferos grandes, aunque mucho más difíciles de ver. “Te eriza la piel”, cuenta Julián en voz bajita. Se refiere al “verdadero rey de la selva”. El yaguareté, que se sabe que está, aunque no se lo vea. El joven guardaparque tiene el oído entrenado y lo escuchó varias veces, en las noches, en el monte y cerca del río, además de verlo en las cámaras trampa. Además del yaguareté en Puente Verde hay tapires, agutíes, tapetíes -conejos nativos-, pecaríes y varias especies de monos. 

Julián se siente cómodo en la selva. Se crió en contacto con la naturaleza, ya que su padre también es guardaparque. “Quiero dedicar la vida a la conservación. Misiones me enamoró. Me apasionan las aves”, explica. Esa pasión también atrae a muchos voluntarios que se suman para el trabajo de campo, como llevar los plantines del vivero al terreno y el monitoreo de las cámaras trampa.  

Puente Verde se ha convertido en un centro de atracción, atraemos talentos, inversores y también negocios sustentables como es el caso del turismo, pero uno de los principales logros es que haya puesto de alguna manera a la Península Andresito en un lugar privilegiado, un lugar de interés, el llamar la atención”, resalta Cámara.  El corredor “Península de Andresito” posee una superficie total de 5.276 hectáreas distribuidos en 68 lotes con una superficie promedio por lote de 77,5 hectáreas.

El objetivo es que Puente Verde sea uno de los puntos centrales del Corredor biológico local, gestado por el municipio de Andresito y que involucra a otros productores dispuestos a preservar sus porciones de monte. La península de Andresito es como una cuña que ingresa dentro del Parque Nacional brasileño, y que rodea el río. Es clave para conservar. “La península siempre fue algo especial para todos. Lo que hay que trabajar es que el dueño se sienta orgulloso de que su chacra forme parte de un proyecto de conservación. No cualquiera tiene un yaguareté caminando por su chacra, unos lo pueden ver como una catástrofe y otro lo pueden ver como un orgullo”, analiza el especialista. 

También existe la posibilidad de que los propietarios además de conservar elijan restaurar, lo que demanda la inversión que significa plantar, mantener y limpiar -sobre todo el pasto elefante-, para poder plantar especies nativas. 

Plantar un árbol y hay que esperar 50 años hasta que crezca ¿que te genera eso? 

“Restaurar es un acto de esperanza, un acto de fe, porque muchos de los que somos medio viejitos no vamos a ver los resultados, pero es un compromiso verdadero, a largo plazo, porque de alguna manera es un legado.Restaurar es eso y también hay que hacer una diferencia importante, porque restaurar dentro de un área protegida donde estamos buscando recuperar ambiente es una cuestión, pero también se puede restaurar en un área productiva incluyendo plantas frutales, que después puede usar para una producción sustentable”. 

El palmito es una de esas plantas frutales que está teniendo un aprovechamiento sustentable. Sin tumbar la planta, se aprovecha la pulpa, se extraen los frutos para hacer dulces y salsas. 

Pese a su extensa experiencia en la materia, Cámara se emociona cuando habla del monte. “Es un ambiente espectacular, es como un súper organismo que vive por sí mismo, la clave de la selva es justamente lo completa que es, esa lluvia de hojas permanente que hace que el suelo sea lo que es y esa circulación interna de la energía es como un súper organismo que funciona por sí mismo”, desmenuza.

Ese compromiso con el monte va de la mano de otra pasión: la música. “Soy músico y cuando se empieza a conocer los grandes autores de la música argentina o la música popular, te das cuenta que ahí está la naturaleza o está la selva. Ramon Ayala en su música habla de eso, entonces creo que es parte de nuestra identidad. No podemos concebir a Misiones sin su selva. Entonces creo que todo aquel que ama a su provincia, que ama su territorio, ama su paisaje, de alguna manera debería contribuir para conservarlo, porque si se pierden los referentes, se pierde la cultura. ¿Para qué vas a nombrar algo que ya no está? Con el tiempo desaparece de tu vocabulario y nadie se acuerda de lo que era”. 

Puente Verde está para evitar ese olvido. Es la punta de un corredor verde mucho más extenso. Andresito es yerba pero también es monte. Un monte que con trazos visibles y otros silenciosos, recobra su opulencia.

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