Cientos de evacuados del mayor hospital de Gaza entre denuncias de ataques a un campo de refugiados

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La mayor parte de las más de 2.000 personas que se encontraban en el hospital más grande de la Franja de Gaza abandonaron hoy las instalaciones, aunque Israel negó haber dado una orden de evacuación, como denunció el movimiento islamista palestino Hamas, que acusó además al Ejército israelí de un ataque a un campo de refugiados que dejó más de 80 muertos.

El director general del Ministerio de Salud gazatí controlado por Hamas, Munir al Bursh, afirmó en declaraciones a la cadena Al Jazeera que Israel llamó a evacuar el hospital Al Shifa, donde aún quedan cinco médicos supervisando el proceso de desalojo de los heridos.

La evacuación se produjo tras una orden lanzada por las fuerzas israelíes, que llevan a cabo por cuarto día consecutivo una operación militar en el hospital y que exigieron temprano por altavoz abandonar el lugar “en una hora”, de acuerdo a lo consignado por un periodista de la agencia de noticias AFP en el lugar.

Sin embargo, las fuerzas israelíes emitieron poco después un comunicado en el que niegan haber ordenado la evacuación forzosa del centro, sino que trabajan en colaboración con las autoridades de Al Shifa para ofrecer un corredor seguro a aquellos pacientes que quieran evacuar, consignó la agencia de noticias Europa Press.

Según la ONU, al menos 2.300 pacientes, personal sanitario y desplazados por la guerra se encontraban en el hospital, un enorme complejo en el oeste de la ciudad de Gaza.

Salieron del hospital a pie, pero responsables médicos dijeron que 120 pacientes siguen dentro porque no pueden moverse. Entre ellos hay bebés prematuros, según el Ministerio de Salud de Hamas.

El ejército israelí, cuyos tanques rodean el centro de salud, está registrando “edificio por edificio” el complejo que, según Israel, alberga instalaciones de Hamas, en particular una red de túneles subterráneos.

El movimiento islamista palestino niega estas acusaciones y dice que Israel las usa como pretexto para atacar el lugar.

El hospital lleva varios días sin electricidad y los jefes de departamento aseguran que decenas de pacientes murieron porque el equipamiento médico dejó de funcionar.

Por otro lado, Hamas denunció hoy que más de 80 personas murieron en dos ataques de Israel contra un campo de refugiados en el norte de la Franja de Gaza, incluyendo uno sobre una escuela de la ONU.

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El primer ataque ocurrió “al amanecer, en la escuela Al Fakhura”, administrada por la agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos (Unrwa), dijo un funcionario del Ministerio de Salud de Gaza.

“Estamos recibiendo imágenes horrendas de muchos muertos y heridos, una vez más en una escuela de la Unrwa que albergaba a miles de personas desplazadas”, escribió el comisionado general de esa agencia, Philippe Lazzarini, en la red X (antes Twitter). “Estos ataques (…) deben cesar. Un alto el fuego humanitario no puede esperar más”, añadió.

Las fuerzas militares y el Gobierno de Israel no hicieron comentarios sobre el hecho.

Las imágenes que circulan en las redes sociales muestran cuerpos, algunos cubiertos de sangre, otros de polvo, en los pisos del edificio, donde se habían instalado colchones debajo de los pupitres escolares.

Otro bombardeo contra un edificio del mismo campo dejó 32 muertos de la misma familia, 19 de ellos niños, dijo la misma fuente del Ministerio de Salud.

De acuerdo a fuentes médicas citadas por la agencia de noticias palestina WAFA, decenas de muertos y heridos por este ataque, en su mayoría niños y mujeres, fueron trasladados al hospital Indonesio de Gaza.

El ataque ocurrió en el campo de refugiados de Jabaliya, en el norte de la Franja de Gaza, que ya fue blanco de bombardeos a principios de noviembre, cuando el gobierno de Hamas anunció más de 200 muertos y cientos de heridos en ofensivas israelíes repartidas en tres días.

Se trata del campo más grande del enclave, donde más del 80% de los habitantes son refugiados o descendientes de refugiados que abandonaron sus hogares en 1948 con la creación del Estado de Israel.

El 7 de octubre, Hamas realizó una incursión en el sur de Israel en la que mató a unas 1.200 personas, en su mayoría civiles, en tanto que otras 240 fueron secuestradas, incluyendo una veintena de argentinos.

Unos 12.300 palestinos, incluidos 5.000 niños, murieron desde entonces en Gaza en incesantes bombardeos del Ejército israelí, según el último balance del gobierno de la Franja de Gaza a cargo de Hamas.

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En este contexto, miles de personas lideradas por familiares de los rehenes marcharon hoy por Jerusalén para exigir a las autoridades de Israel más esfuerzos para la liberación de los retenidos desde el 7 de octubre.

El grupo salió caminando el martes desde Tel Aviv y tras recorrer 60 kilómetros llegó ayer a Jerusalén, donde hoy se movilizaron para reclamar por la aparición de los secuestrados.

Yuval Haran, uno de los participantes en la marcha y familiar directo de uno de los rehenes, dijo que seguirán presionando “por todos los medios” hasta lograr la liberación de sus familiares, recogió el diario local Haaretz.

Otro familiar arremetió contra el primer ministro, Benjamin Netanyahu, por permitir la entrada de dos camiones diarios de combustible en la Franja de Gaza y las pausas humanitarias: “Nos aleja aún más del objetivo que usted mismo se fijó”, según reprodujo el medio Times of Israel.

El gabinete de guerra israelí autorizó ayer la entrada diaria de dos camiones con combustible al enclave para “permitir el mantenimiento mínimo necesario de los sistemas de agua, alcantarillado y saneamiento para evitar pandemias que podrían extenderse a toda la zona”.

Sin embargo, Unrwa manifestó hoy que esa cantidad cubre “solo la mitad de las necesidades mínimas” de la población en el enclave.

“Esto dista mucho de ser suficiente para cubrir las necesidades de las plantas desalinizadoras, las bombas de aguas residuales, los hospitales, las bombas de agua de los refugios, los camiones de ayuda, las ambulancias, las panaderías y las redes de comunicaciones para que funcionen sin interrupción”, enumeró Lazzarini.

“Sin la cantidad completa de combustible, la gente tendrá sólo dos tercios de sus necesidades diarias de agua potable limpia; grandes zonas de Gaza seguirán inundadas de aguas residuales, lo que aumentará aún más el riesgo de enfermedades; no se eliminará el 70% de los residuos sólidos, lo que supone un grave peligro para la salud”, añadió.

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