Coloquio IDEA: Advierten por la pérdida de aprendizajes y proponen seis cambios en la educación

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La educación volvió a ocupar un lugar central en la agenda empresaria con un diagnóstico que trasciende la discusión sobre cantidad de alumnos escolarizados: el problema argentino también está en cuánto aprenden y en qué capacidades adquieren para incorporarse al mundo del trabajo. Durante el 62° Coloquio de IDEA, empresarios, especialistas y referentes de organizaciones educativas plantearon seis prioridades que van desde la recuperación de los aprendizajes básicos hasta una mayor autonomía escolar y la adaptación del sistema a la inteligencia artificial.

La discusión partió de un dato que Mariano Narodowski, director del área de Educación de la Universidad Torcuato Di Tella, sintetizó con una advertencia: “El stock de talento se terminó hoy”. Su planteo fue que Argentina todavía dispone de capacidades acumuladas, pero que ese capital se deteriora si los problemas de aprendizaje persisten durante generaciones.

La directora ejecutiva de IDEA, Luciana Paoletti, ubicó el problema en términos de capital humano y competitividad. Según explicó, ampliar la escolaridad no garantiza mejores resultados si los estudiantes permanecen en las aulas sin incorporar los conocimientos necesarios. Durante el encuentro sostuvo que el 60% de los chicos de 11 años no alcanza las habilidades de comprensión lectora correspondientes a su edad, frente a un nivel que, según el planteo presentado, no debería superar el 35%.

Narodowski agregó otro indicador para dimensionar la situación: afirmó que Argentina registra un 59% de pobreza de aprendizaje. Bajo esa medición, de cada 100 chicos, 59 no asisten a la escuela o, aun asistiendo, no comprenden adecuadamente lo que leen. También vinculó los resultados argentinos con los observados en otros países de la región y señaló que, según las evaluaciones mencionadas durante el coloquio, el país se encuentra en niveles comparables con El Salvador.

La preocupación empresaria no se limita a los resultados de las pruebas. El diagnóstico presentado en IDEA plantea que el deterioro educativo termina trasladándose al mercado laboral y a la distribución de oportunidades. Cada generación que egresa con déficits de aprendizaje enfrenta mayores dificultades para desarrollar capacidades posteriores, acceder a determinados empleos y adaptarse a transformaciones productivas.

La primera prioridad propuesta consiste en recuperar los aprendizajes básicos. El objetivo es establecer una base común de conocimientos que permita a los estudiantes avanzar posteriormente hacia capacidades más complejas. Para Narodowski, una de las dificultades actuales es que no existe suficiente claridad sobre qué debería saber un alumno en cada año de su trayectoria escolar.

La propuesta apunta, por lo tanto, a hacer explícitas esas expectativas de aprendizaje para estudiantes, docentes y familias y a vincular las evaluaciones con esos objetivos. La lógica es sencilla: si el sistema no define con precisión qué espera que aprenda cada estudiante, resulta más difícil medir los resultados, detectar los déficits y determinar qué intervenciones funcionan.

El segundo eje apunta precisamente a esa capacidad de medición. IDEA planteó la necesidad de desarrollar sistemas de información con métricas y trazabilidad que permitan conocer el desempeño educativo, localizar los principales problemas y verificar si las políticas aplicadas producen mejoras concretas.

La discusión incorpora así una dimensión de gestión que suele quedar relegada frente al debate sobre financiamiento. Medir resultados no resuelve por sí mismo los problemas de aprendizaje, pero permite identificar dónde se encuentran las mayores dificultades y evaluar si los recursos y programas implementados están generando cambios verificables.

El tercer punto está relacionado con las condiciones en las que trabajan docentes y estudiantes. Verónica Cipriota, directora ejecutiva de Enseñá por Argentina, sostuvo que el sistema cuenta con escuelas, docentes comprometidos y presencia territorial, pero que necesita mejores herramientas para convertir ese esfuerzo en resultados sostenibles. Su planteo fue que la calidad educativa no debería depender de docentes considerados “heroicos”, sino de estructuras capaces de sostener buenas prácticas de manera sistemática.

La cuarta prioridad introduce uno de los debates más complejos del sistema argentino: la distribución de responsabilidades entre Nación, provincias y escuelas. La propuesta plantea revisar el federalismo educativo y ampliar la autonomía de los establecimientos para que puedan tomar decisiones vinculadas con sus necesidades concretas.

Narodowski señaló que los directores de escuelas estatales disponen de márgenes limitados para resolver problemas cotidianos y que una parte importante de su trabajo queda absorbida por tareas administrativas definidas desde las estructuras educativas. La propuesta de mayor autonomía busca modificar esa relación y trasladar capacidad de decisión hacia quienes conducen las instituciones.

El quinto eje apunta a la carrera docente. La discusión incluye revisar incentivos, mecanismos de desarrollo profesional y formas de reconocimiento de los resultados. Para Cipriota, los docentes ocupan una posición central en cualquier estrategia de mejora y existen experiencias que muestran avances cuando reciben objetivos claros, herramientas y condiciones adecuadas.

El planteo coloca nuevamente al docente en el centro de la política educativa, pero con una diferencia respecto de los enfoques exclusivamente basados en vocación individual: el objetivo es construir condiciones institucionales que permitan reproducir las buenas experiencias en lugar de depender de esfuerzos aislados.

José Goity, ministro de Educación de Santa Fe, definió durante el encuentro el problema como sistémico y sostuvo que atraviesa a diferentes sectores sociales. También señaló que la escuela asumió funciones adicionales, como alimentación, contención y preparación para la salida laboral, pero que esa ampliación de responsabilidades no debería desplazar su función educativa.

La discusión sobre recursos apareció asociada a la necesidad de determinar cómo se utiliza la inversión. Goity destacó la política de alfabetización implementada en Santa Fe desde enero de 2024 y señaló que la provincia desarrolló una evaluación propia para medir resultados de aprendizaje. El caso fue presentado como una experiencia para vincular política educativa, objetivos concretos y medición.

El sexto eje mira hacia adelante y plantea adaptar la educación a las transformaciones del mercado laboral, la tecnología y la inteligencia artificial. La discusión ya no se limita a incorporar dispositivos o herramientas digitales en las aulas, sino a definir qué capacidades deberán desarrollar los estudiantes para desenvolverse en un escenario productivo diferente.

Narodowski sostuvo que Argentina enfrenta numerosos desafíos vinculados con la tecnología, pero que todavía falta un proyecto general para abordarlos desde el sistema educativo. El sector privado, según el planteo realizado durante el coloquio, puede aportar recursos, conocimiento y entornos de aprendizaje, aunque las responsabilidades institucionales deben permanecer diferenciadas.

Ricardo Torres, socio fundador de Pampa Energía y fundador de Argentinos por la Educación, destacó precisamente la dimensión de esa articulación. Señaló que siete de cada diez millones de alumnos concurren a escuelas públicas y planteó que el sector privado dispone de capacidades que podrían contribuir a fortalecer el sistema.

La alfabetización aparece como uno de los puntos sobre los que las organizaciones empresarias buscan sostener una agenda de largo plazo. Torres recordó que en 2023 candidatos presidenciales y gobernadores asumieron compromisos vinculados con la alfabetización y que durante 2024 las 24 provincias contaron con planes en esa materia. El próximo foco anunciado por Argentinos por la Educación estará puesto en matemática.

Según Torres, uno de cada cuatro estudiantes no puede resolver una regla de tres simple al finalizar la secundaria. El dato fue utilizado para plantear que la agenda de aprendizajes básicos no termina en la lectura y la escritura, sino que también incluye competencias matemáticas indispensables para la vida cotidiana y el trabajo.

El debate incorpora así una cuestión que excede a las empresas y al sistema educativo: qué capacidades necesita construir Argentina para sostener su productividad futura. La demanda empresaria por trabajadores con mejores habilidades coincide con un problema que las escuelas deben resolver en condiciones territoriales, sociales e institucionales muy diferentes.

Paoletti sostuvo que el sector privado debe continuar invirtiendo en educación, pero remarcó que generar educación de calidad es una responsabilidad indelegable del Estado. Desde esa perspectiva, el aporte empresario aparece planteado como una demanda y una colaboración sobre un sistema cuya conducción y garantía siguen siendo públicas.

La agenda presentada en IDEA combina, de ese modo, problemas de resultados con cambios en la organización del sistema. Recuperar aprendizajes, producir información confiable, mejorar las condiciones de enseñanza, ampliar la autonomía escolar, revisar la carrera docente y preparar a los estudiantes para la transformación tecnológica forman parte de una misma discusión: cómo convertir años de escolarización en capacidades efectivamente adquiridas.

El desafío será transformar esas prioridades en políticas medibles y sostenidas en el tiempo. La alfabetización ofrece un primer campo de evaluación porque permite establecer objetivos concretos y comparar resultados. La matemática, anunciada como próximo foco de la agenda empresaria, llevará esa misma discusión hacia otra capacidad básica.

En un contexto en el que la educación comienza a ocupar un lugar más visible dentro de la discusión sobre competitividad, el punto decisivo será pasar del diagnóstico a la evidencia sobre resultados. La discusión planteada en el Coloquio de IDEA deja una pregunta abierta para el sistema educativo: no solo cuántos estudiantes logran atravesar la escuela, sino cuántos terminan adquiriendo las herramientas que necesitan para continuar aprendiendo, trabajar y participar de una economía cada vez más atravesada por la tecnología.

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