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De la madera al real estate, la mutación industrial de Forgua Hábitat

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La construcción con madera atraviesa una transformación que promete modificar una de las industrias más tradicionales de la economía argentina. La industrialización de los procesos, la incorporación de tecnología de última generación y la búsqueda de sistemas constructivos más eficientes están abriendo oportunidades para un material que, pese a su abundancia en el país, todavía ocupa un lugar marginal en el mercado inmobiliario.

En ese escenario, Gregorio López Moreno, presidente de Forestal Guaraní y propietario de Forgua Hábitat, impulsa desde el nordeste argentino un modelo de producción que busca demostrar que la madera puede ser mucho más que una alternativa económica a la construcción convencional: puede convertirse en la base de viviendas de alta calidad, desarrollos turísticos, edificios y proyectos arquitectónicos de primer nivel.

La compañía, que ya superó las 4.000 viviendas entregadas, cuenta con una estructura productiva que integra la actividad forestal, el procesamiento industrial y la fabricación de componentes para la construcción. Su experiencia abarca desde soluciones habitacionales de bajo costo hasta intervenciones en proyectos de alta gama, como el reconocido restaurante Don Julio, en la Ciudad de Buenos Aires.

“Hoy podemos decir que somos los que tenemos la tecnología más avanzada y los que más trabajo hemos hecho en Argentina en construcción con madera en cantidad de metros cuadrados”, afirma López Moreno.

Detrás de esa afirmación aparece una discusión que excede a una empresa: cómo transformar una ventaja forestal en una industria de mayor valor agregado, capaz de producir viviendas a escala, reducir tiempos de ejecución y ampliar las posibilidades de acceso a soluciones habitacionales de calidad.

Tecnología alemana 

La estructura operativa de Forgua Hábitat se distribuye entre Corrientes y Misiones. En Ituzaingó se concentran las plantaciones forestales, el aserradero y las primeras etapas de manufactura, mientras que Posadas funciona como centro de desarrollo final y logística.

La compañía participa como socia de una planta equipada con tecnología alemana automatizada, cuya capacidad instalada permite fabricar componentes equivalentes a 300 viviendas de 60 metros cuadrados por mes. En términos de superficie, representa un potencial de producción de 18.000 metros cuadrados mensuales.

La escala industrial constituye uno de los principales diferenciales del sistema. A diferencia de la construcción tradicional, donde buena parte de las tareas se ejecuta directamente en la obra, la fabricación de paneles y estructuras en un entorno controlado permite estandarizar procesos, mejorar la precisión y optimizar el uso de materiales.

La lógica es trasladar una porción creciente del trabajo desde el terreno hacia la fábrica. De esa manera, la obra se convierte progresivamente en un proceso de montaje de componentes previamente diseñados y fabricados.

Sin embargo, la capacidad industrial contrasta con el desarrollo todavía incipiente del mercado argentino.

Según las referencias que maneja López Moreno, mientras en Estados Unidos las estructuras de madera tienen una participación cercana al 95% en la construcción de viviendas y cuentan con una presencia consolidada en otros mercados desarrollados, en Argentina su utilización representa menos del 3% de los metros cuadrados construidos.

La comparación permite dimensionar la oportunidad, aunque las cifras internacionales corresponden a mercados y tipologías constructivas que no necesariamente son equivalentes.

“Tenemos que dar el salto de calidad y llevar el material a todo tipo de desarrollo y poner a la madera en el lugar que se merece”, sostiene el empresario.

Su visión apunta a ampliar el uso de estos sistemas más allá de las viviendas individuales, incorporándolos a escuelas, edificios, establecimientos comerciales y desarrollos de mayor complejidad.

El desafío de derribar los prejuicios sobre la madera

La tecnología no es el único obstáculo para el crecimiento del sector. También existe una barrera cultural que asocia las construcciones de madera con viviendas precarias, menor durabilidad o mayores exigencias de mantenimiento.

“Hay mucho prejuicio, sobre todo de la durabilidad de la madera y del mantenimiento”, reconoce López Moreno.

La respuesta de Forgua Hábitat se apoya en el tratamiento industrial de los materiales, el diseño estructural y el cumplimiento de las normativas técnicas.

La empresa utiliza madera impregnada y sistemas adaptados a las distintas condiciones bioclimáticas del país, lo que le permite ofrecer una garantía estructural de 50 años.

“Ya tenemos casas nosotros fabricadas hace 20 años y en Misiones hay casas que tienen más de 45 años ya”, explica.

Otro de los cuestionamientos habituales está relacionado con la seguridad frente a incendios. En este aspecto, el empresario destaca el comportamiento de los sistemas constructivos cuando incorporan revestimientos y soluciones de protección adecuadas.

Según López Moreno, determinadas configuraciones de paneles con placas cementicias permiten alcanzar una resistencia al fuego de 60 minutos, una prestación que depende del diseño y de la certificación del conjunto constructivo.

“La madera se quema despacio y no se desmorona. A diferencia de otros materiales como el hierro y el hormigón, lo cual te da una ventaja en la construcción”, sostiene.

Desde el punto de vista técnico, la madera estructural puede desarrollar una capa carbonizada que retrasa el avance del fuego hacia su interior. No obstante, la resistencia final depende de las dimensiones de las piezas, las uniones, los revestimientos y el sistema utilizado.

A estos avances se suma un cambio regulatorio relevante. Desde 2019, los sistemas de construcción con entramado de madera cuentan con reconocimiento dentro del régimen argentino de construcción tradicional, sujeto al cumplimiento de los requisitos técnicos correspondientes.

Esto permite que las viviendas que satisfacen las exigencias normativas puedan acceder al financiamiento hipotecario, sin que el material estructural constituya por sí mismo una limitación.

Del diseño exclusivo a las viviendas de catálogo

Uno de los aspectos centrales del modelo de negocios de Forgua Hábitat es su orientación hacia la producción en escala.

La empresa no concentra su actividad en la venta individual de viviendas, sino en proyectos inmobiliarios, complejos turísticos y desarrollos que requieren múltiples unidades.

Para atender ese mercado trabaja con dos modalidades. La primera consiste en asociarse con estudios de arquitectura y empresas constructoras, a las que suministra los kits estructurales para el montaje. La segunda contempla la ejecución integral mediante su propia constructora, bajo el esquema llave en mano.

La estandarización de los componentes no implica necesariamente uniformidad arquitectónica. Los sistemas permiten incorporar diferentes terminaciones exteriores e interiores, desde revestimientos de madera hasta placas de yeso o paneles cementicios.

La propuesta también incluye viviendas progresivas, concebidas para crecer a medida que cambian las necesidades de sus propietarios.

Una unidad inicial de 45 metros cuadrados, por ejemplo, puede diseñarse con conexiones y aberturas previstas para incorporar nuevos módulos sin necesidad de replantear toda la estructura original.

Para López Moreno, esta posibilidad representa una de las principales virtudes de la industrialización: llevar diseño arquitectónico de calidad a proyectos que individualmente no podrían afrontar esos costos.

“Cuando nosotros solemos hablar de una casa de 45 metros cuadrados, en general es difícil que vos puedas contratar al mejor estudio de arquitectura de Argentina. Pero cuando vos estás hablando de una casa de catálogo que se va a hacer en serie, podés tener diseño de altísimo nivel en una casa de pocos metros cuadrados”.

El concepto modifica la relación tradicional entre arquitectura y escala económica. El costo del diseño puede distribuirse entre numerosas unidades, mientras que la fabricación industrial permite repetir procesos sin resignar las posibilidades de personalización.

En otras palabras, la producción en serie puede convertirse en una herramienta para democratizar el acceso a la buena arquitectura, una cualidad habitualmente asociada a los desarrollos inmobiliarios de mayor presupuesto.

La ventaja competitiva del nordeste argentino

La expansión de la construcción con madera también plantea una oportunidad estratégica para la economía regional.

Misiones y Corrientes concentran una importante base forestal e industrial, con disponibilidad de materia prima, conocimiento productivo y empresas vinculadas al procesamiento de madera.

Para López Moreno, esa combinación representa una ventaja que Argentina todavía no aprovecha plenamente.

“La madera es un material que tenemos en la región que crece más rápido que en cualquier lugar del mundo, entonces la ventaja competitiva que tenemos es altísima”, destaca.

La posibilidad de transformar madera de origen regional en componentes constructivos industrializados permite avanzar en la cadena de valor, pasando de la producción primaria a soluciones destinadas a mercados inmobiliarios de mayor complejidad.

Forgua Hábitat también registra experiencia internacional, incluida la exportación de estructuras a Estados Unidos, y trabajos vinculados con sectores de altas exigencias operativas, como la minería.

A la disponibilidad de recursos se suma el componente ambiental. La madera almacena carbono capturado durante el crecimiento de los árboles y, cuando proviene de fuentes gestionadas de manera sostenible, puede contribuir a reducir la huella de carbono incorporada de una construcción.

La magnitud de esa ventaja depende del origen del material, los tratamientos industriales, el transporte, la vida útil de la edificación y su destino final. Pero constituye un atributo cada vez más relevante para proyectos que incorporan criterios de sustentabilidad.

El próximo salto: edificios de altura 

El horizonte de la industria ya no se limita a las viviendas individuales. López Moreno identifica en el desarrollo de tecnologías como el CLT -madera contralaminada- una nueva etapa para ampliar las posibilidades estructurales y avanzar hacia edificios de mayor altura.

Mientras los sistemas de entramado ligero utilizados actualmente por la compañía permiten proyectar construcciones de hasta cinco o seis pisos, según las condiciones de diseño y la normativa aplicable, las soluciones de madera maciza industrializada abren oportunidades para desarrollos más complejos.

La incorporación de estas tecnologías forma parte de una transformación internacional en la que la madera comienza a competir en segmentos históricamente dominados por el hormigón y el acero.

Pero el empresario considera que el cambio más profundo no está únicamente en los materiales, sino en la forma de organizar la construcción.

“Creo que estamos en un momento crítico y más allá de la madera la industrialización en sí nos va a permitir bajar este déficit habitacional que tenemos en Argentina”, afirma.

La posibilidad de producir componentes en serie, reducir tareas en obra y aprovechar capacidades industriales existentes aparece como una alternativa para abordar parte de las dificultades estructurales del sector habitacional.

El desafío, sin embargo, no se agota en la capacidad de fabricar viviendas. También requiere desarrollar mercados, ampliar el financiamiento, formar recursos humanos especializados y consolidar la confianza de desarrolladores, profesionales y compradores.

Para Forgua Hábitat, el objetivo es que la construcción con madera deje de percibirse como una solución de segunda categoría y se convierta en una elección por sus prestaciones, su diseño y su calidad.

“Estamos pensando en una construcción que trascienda generaciones y que sea de altísimo nivel como es en todo el mundo”, concluye López Moreno.

En una región que dispone de abundantes recursos forestales, la transformación puede tener consecuencias que van más allá de la arquitectura. El verdadero salto industrial consiste en dejar de pensar únicamente en la madera como materia prima y comenzar a concebirla como el componente central de una nueva generación de edificios.

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