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Neijuan, la palabra que inventaron los chinos para explicar por qué trabajamos más y ganamos cada vez menos

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China popularizó un concepto para describir una competencia agotadora: todos trabajan más, bajan precios y multiplican esfuerzos, pero la recompensa no crece. En Argentina, el fenómeno encuentra ecos en el delivery, el trabajo independiente y la vida cotidiana.

Hay un repartidor que lleva diez horas arriba de una moto. Hizo más entregas que ayer, recorrió más kilómetros y casi no se detuvo a almorzar. Cuando termina su jornada descubre que, entre combustible, mantenimiento y gastos, el dinero que le queda no representa una mejora significativa. (Hace algunas semanas retratamos muy bien este escenario en este artículo)

Hay una diseñadora gráfica que ahora resuelve en dos horas lo que antes le llevaba una jornada. Tiene mejores herramientas y más experiencia, pero sus clientes esperan más piezas por el mismo presupuesto. Y hay un comerciante que extiende su horario porque el negocio de enfrente cierra más tarde: pronto todos hacen lo mismo, sin vender proporcionalmente más.

Tres historias posibles, una misma lógica: correr cada vez más rápido para permanecer en el mismo lugar. En China esa sensación tiene nombre: neijuan.

La competencia que dejó de producir ganadores

Neijuan (内卷), traducido como “involución”, tiene antecedentes académicos en la antropología, pero los jóvenes chinos lo popularizaron hacia 2020 para nombrar una carrera de esfuerzo creciente sin avances equivalentes. No describe simplemente trabajar mucho ni competir: describe una competencia donde el esfuerzo adicional se convierte en requisito para no quedar afuera.

Si todos estudian diez horas, estudiar diez horas deja de ser una ventaja. Si todos los comercios descuentan sus precios, el descuento pierde poder diferenciador. Si todos producen el doble gracias a la inteligencia artificial, ese aumento puede convertirse en la nueva exigencia mínima. Es una inflación del esfuerzo.

China: de las universidades a las fábricas

El término salió de los campus y alcanzó al mundo industrial. En sectores como vehículos eléctricos y energía solar, la expansión de la capacidad productiva y la rivalidad comercial alimentaron guerras de precios. Los consumidores pueden beneficiarse de productos más baratos, pero empresas y proveedores enfrentan márgenes comprimidos. La competencia, que puede estimular innovación, también puede destruir rentabilidad si se transforma en una batalla prolongada de precios.

La preocupación llegó a la política económica china. Durante 2025 y 2026, el gobierno impulsó iniciativas contra la llamada “competencia involutiva”, con el propósito de reducir prácticas destructivas y favorecer competencia por calidad, innovación y valor. No se trata de afirmar que toda baja de precios sea negativa, sino de distinguir productividad genuina de desgaste colectivo.

Una generación que estudió para otro futuro

En junio de 2023 el desempleo juvenil urbano chino de 16 a 24 años alcanzó el 21,3%, bajo la metodología utilizada entonces. Posteriormente las autoridades cambiaron la medición y excluyeron a los estudiantes: en agosto de 2026 la tasa publicada fue de 18,9%. Estas cifras no son directamente comparables. El contraste con el desempleo urbano general, cercano al 5,2% en el promedio enero-agosto de 2026, ilustra la presión que enfrentan los jóvenes.

China: desempleo juvenil. Atención: 2023 y 2026 corresponden a metodologías diferentes; la tasa general es un promedio del período.

El problema va más allá de conseguir un empleo. Durante décadas, la promesa fue que más educación y más sacrificio permitirían vivir mejor que la generación anterior. Cuando los títulos se multiplican más rápido que las oportunidades, estudiar más puede dejar de ofrecer la ventaja esperada. De allí surgen también respuestas culturales como tang ping (acostarse), un rechazo simbólico a competir sin descanso.

Argentina: una involución con causas diferentes

Argentina no es China. La economía china enfrenta, en ciertos sectores, sobrecapacidad industrial y presión deflacionaria. La Argentina arrastra inestabilidad, baja inversión, informalidad y productividad desigual. Pero ambas pueden producir una experiencia parecida: el esfuerzo aumenta sin que mejore de manera proporcional el bienestar.

En las plataformas de reparto, la tecnología facilita el acceso a ingresos y organiza transacciones con enorme eficiencia. Sin embargo, si crece la cantidad de repartidores más rápido que la demanda, puede hacer falta permanecer conectado más horas para obtener los mismos pedidos. El resultado depende de tarifas, costos, incentivos y poder de negociación: no es igual para todos los trabajadores.

Los profesionales independientes viven otra versión. Internet amplió mercados, pero también multiplicó competidores. Diseñadores, periodistas, traductores y programadores pueden producir más con nuevas herramientas y, al mismo tiempo, enfrentar clientes que esperan entregas más rápidas o tarifas menores. El problema no es la autonomía en sí: es cuando se convierte en una competencia permanente por sostener el ingreso.

El mercado laboral argentino en tres números

Según datos del INDEC para el cuarto trimestre de 2025, la informalidad alcanzó el 43% de los ocupados; entre los trabajadores por cuenta propia fue del 63,3%, y entre los menores de 30 años, del 58,4%. Los tres indicadores corresponden a grupos diferentes y no son tasas de “neijuan”. La informalidad tampoco equivale automáticamente a monotributo: son categorías distintas.

Informalidad laboral en Argentina. Fuente: INDEC, EPH, cuarto trimestre de 2025.

Una comparación oficial ajustada por características de los trabajadores, con datos del primer trimestre de 2025, estimó que el ingreso horario de los monotributistas era aproximadamente un 10% inferior al de los asalariados privados comparables. No significa que todos los independientes ganen menos ni permite inferir una cifra uniforme para los trabajadores informales.

La trampa de los precios

Imaginemos veinte comercios similares. Uno reduce sus precios y atrae clientes. Los demás imitan la estrategia y, al cabo de unos meses, todos venden a precios menores sin haber ganado participación estable de mercado. Las decisiones individuales eran racionales, pero el resultado colectivo puede ser peor. La teoría de juegos estudia situaciones de este tipo; neijuan les da una traducción social y emocional.

No toda competencia intensa es involución. Cuando una empresa innova, reduce costos reales y ofrece mejores productos, existe progreso. El problema aparece cuando el esfuerzo adicional se destina principalmente a defender posiciones, trasladar costos o aceptar condiciones cada vez más exigentes sin crear valor sostenible.

La inteligencia artificial y el futuro del esfuerzo

La inteligencia artificial puede permitir que un profesional haga en cuatro horas lo que antes requería ocho. Podría trabajar menos y ganar lo mismo, o trabajar igual y ganar más. Pero hay una tercera posibilidad: que todos adopten la herramienta y los clientes comiencen a exigir el doble de producción por el mismo precio.

La pregunta decisiva no es solamente cuánto aumenta la productividad, sino quién captura sus beneficios: trabajadores, clientes, plataformas o empresas. La tecnología puede liberar tiempo o aumentar las expectativas de rendimiento. Su efecto depende de mercados, instituciones y poder de negociación.

Neijuan: representación conceptual del círculo de competencia y esfuerzo sin recompensa proporcional.

¿Cómo salir de la cinta que no avanza?

China intenta contener algunas guerras de precios. Argentina necesita otro tipo de respuestas: estabilidad macroeconómica, inversión, capacitación, infraestructura y competencia basada en productividad y diferenciación, no exclusivamente en reducción de remuneraciones. No se trata de blindar a las empresas frente a los consumidores, sino de crear condiciones para que el esfuerzo se traduzca en valor sostenible.

La pregunta central no es cuántas horas trabajamos ni cuántas tareas completamos. Es si esa energía mejora nuestra vida. Una sociedad puede tener más tecnología, más entregas, más títulos y más producción, mientras muchos sienten que no avanzan.

Los chinos lo llaman neijuan. Nosotros todavía no tenemos una palabra propia, pero conocemos demasiado bien la sensación: una sociedad entera corriendo cada vez más rápido sobre una cinta que no avanza

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