La construcción cayó 4,4% y el crecimiento del año quedó al borde del estancamiento

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La construcción volvió a perder terreno en agosto y dejó prácticamente agotado el crecimiento que había conseguido durante la primera parte del año. La actividad cayó 4,4% frente al mismo mes de 2025, después de retroceder 4,5% en julio, y el saldo acumulado entre enero y agosto se redujo a una mejora de apenas 0,8%. En un sector que moviliza empleo, proveedores industriales, transporte y comercio, el deterioro excede a las obras: también debilita la demanda que llega a buena parte de la economía.

El informe del INDEC muestra un pequeño alivio frente al mes anterior. El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción -ISAC- aumentó 0,4% en la medición desestacionalizada. Sin embargo, ese avance llegó después de dos bajas consecutivas, de 4,2% en junio y 4,4% en julio. El rebote de agosto recuperó una porción mínima del terreno perdido.

La señal más persistente aparece en la serie tendencia-ciclo, que busca identificar el movimiento de fondo de la actividad: retrocedió 1,1% mensual, la cuarta disminución consecutiva y la más pronunciada de esa secuencia. La coexistencia de una mejora mensual pequeña con una tendencia descendente obliga a moderar cualquier lectura de recuperación.

La construcción consiguió frenar parcialmente la caída de corto plazo, pero todavía no muestra un cambio sostenido de dirección.

El crecimiento acumulado se desarma

La evolución del año permite dimensionar el problema. Hasta marzo, la construcción acumulaba una expansión de 3,9% frente al primer trimestre de 2025. Después de distintas oscilaciones, cerró junio con una mejora de 2,8%. En julio, ese margen se redujo a 1,6%, y en agosto volvió a recortarse, hasta 0,8%.

En apenas dos meses, el sector perdió dos puntos porcentuales de crecimiento acumulado. El resultado anual sigue siendo positivo, pero cada vez depende más de las mejoras conseguidas anteriormente y menos de la actividad reciente.

La comparación mensual también expone la fragilidad. El índice desestacionalizado pasó de 153 puntos en mayo a 140,7 en agosto: una reducción cercana al 8%, calculada sobre los niveles publicados por el INDEC. La mejora de agosto, por lo tanto, se produjo desde un escalón considerablemente más bajo.

La distinción es relevante para empresas e inversores. Un aumento frente al mes anterior puede aliviar la coyuntura, pero no alcanza por sí solo para justificar una ampliación de capacidad, nuevas contrataciones o mayores compras de materiales si el volumen general sigue debilitándose.

El retroceso tuvo una extensión considerable: once de los trece grupos de insumos relevados registraron bajas interanuales.

El asfalto encabezó las disminuciones, con 18,4%, seguido por el yeso, con 17%, y las cales, con 13%. También cayeron los pisos y revestimientos cerámicos, 11,9%; los artículos sanitarios de cerámica, 11,4%; y los ladrillos huecos, 9,7%.

Dos materiales centrales para la ejecución de estructuras mostraron idéntica contracción: el consumo de cemento pórtland y el de hierro redondo y aceros para la construcción bajaron 8,1%. El hormigón elaborado retrocedió 3%, los mosaicos graníticos y calcáreos, 2,3%, y las pinturas, 0,8%.

El mapa de insumos sugiere una debilidad que alcanza tanto a las etapas estructurales como a las terminaciones. El deterioro del cemento, el acero y los ladrillos convive con menores consumos de sanitarios y revestimientos. No hay, en esos rubros, una expansión suficientemente extendida para compensar los segmentos en caída.

El descenso del asfalto agrega una señal sobre los materiales utilizados en obras viales. Sin embargo, el consumo de un insumo no permite atribuir por sí solo toda la variación a decisiones de inversión pública ni establecer qué jurisdicciones explican el resultado.

Las excepciones fueron las placas de yeso, con una suba de 1,2%, y el grupo denominado “resto”, que aumentó 19,4%. Esta última categoría incluye grifería, tubos de acero sin costura y vidrio plano para la construcción. Como el INDEC no publica sus componentes por separado por razones de secreto estadístico, no es posible identificar cuál de ellos impulsó la mejora.

La disparidad también aparece en el acumulado anual. Mientras las pinturas crecieron 8,6% y el hierro y los aceros, 2,8%, el cemento cayó 3,9%, los ladrillos huecos, 5,9%, y el asfalto, 10,4%. El pequeño avance general del año convive, así, con contracciones en materiales de uso extendido.

El empleo inmóvil

El mercado de trabajo acompaña ese escenario de escaso dinamismo. En julio, último mes disponible para esta variable, la construcción registró 375.158 puestos asalariados formales en el sector privado, una baja de 0,3% interanual.

Frente a julio de 2025, son 1.298 puestos menos. En el acumulado de enero a julio, la variación fue positiva en apenas 0,1%, un resultado que describe una situación cercana al estancamiento.

Los permisos de edificación ofrecen una señal más favorable, aunque con una advertencia. La superficie autorizada en los 246 municipios relevados acumuló una suba de 7,5% entre enero y julio, frente al mismo período de 2025.

Ese resultado indica que existe una cartera de proyectos potenciales mayor que la del año anterior, pero no equivale a una obra iniciada ni garantiza su ejecución: entre el permiso y la construcción intervienen el financiamiento, los costos, la demanda y las decisiones de inversión.

En julio, además, la superficie autorizada perdió impulso. Se aprobaron 1.382.971 metros cuadrados, un 0,3% menos interanual, y se otorgaron 4.525 permisos, frente a 4.917 un año antes. La cantidad de autorizaciones cayó aproximadamente 8%, aunque la superficie total permaneció casi estable.

Las empresas anticipan estabilidad con sesgo negativo

La encuesta cualitativa realizada a grandes constructoras tampoco muestra expectativas de una aceleración extendida para septiembre-noviembre.

Entre las empresas dedicadas principalmente a obras privadas, 76,2% espera que la actividad no cambie, 13,3% prevé una disminución y 10,5% anticipa un aumento. La estabilidad domina las respuestas, pero las expectativas negativas superan a las positivas.

Entre las firmas orientadas fundamentalmente a la obra pública, el panorama es más dividido: 53,3% espera estabilidad, 23,9% proyecta una caída y 22,8% prevé una mejora.

Los motivos del pesimismo permiten observar dónde se encuentran las tensiones. Entre las respuestas sobre las causas de una futura disminución de la actividad privada, la caída de la actividad económica representa 32,2%; los atrasos en la cadena de pagos, 21,4%; y los altos costos de construcción, 20,2%. En las empresas de obra pública, esas mismas causas reúnen 27,2%, 23,7% y 18,4%, respectivamente.

Los atrasos en los pagos tienen una consecuencia que atraviesa toda la cadena: dificultan la compra de insumos, comprometen el capital de trabajo y pueden alterar los plazos de ejecución aun cuando exista una obra contratada.

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