Los números detrás de los 20.000 “terroristas” que mencionó Milei: qué dicen los registros oficiales
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La afirmación del presidente Javier Milei sobre la deportación de “20.000 terroristas” durante 2026 no coincide con las categorías utilizadas en las estadísticas oficiales del Ministerio de Seguridad. Los registros disponibles contabilizan 18.947 “incidentes de entrada” y 744 expulsiones entre diciembre de 2025 y agosto de 2026, pero no identifican a esas personas como terroristas.
Milei sostuvo en una entrevista con LN+ que durante este año su Gobierno había “deportado 20.000 terroristas” y que otros 10.000 habían sido expulsados durante 2025. Según el Presidente, se trataría de personas que ingresaban desde otros países con el objetivo de “dinamitar el modelo argentino”. La cifra de 20.000, sin embargo, aparece vinculada a una sumatoria de procedimientos migratorios de naturaleza diferente en los datos oficiales.
El Ministerio de Seguridad registra, desde diciembre de 2025 hasta agosto de 2026, un total de 18.947 incidentes de entrada. Se trata de personas a las que se les impidió ingresar al territorio argentino por distintos motivos legales o administrativos. A esa cifra se agregan 744 expulsiones materializadas. En las estadísticas publicadas no aparece una categoría que denomine a esos casos como “terrorismo”.
La composición de los 18.947 incidentes permite dimensionar la diferencia entre una inadmisión migratoria y una expulsión. Un total de 8.008 casos fueron clasificados como “infracciones migratorias”, categoría que incluye situaciones definidas oficialmente como falso turista, flagrancia o alertas. Otros 6.298 correspondieron a personas rechazadas por no contar con documentación habilitante.
A su vez, 4.566 casos fueron registrados como “impedimentos judiciales”, entre ellos capturas o condenas. Hubo además 42 rechazos vinculados con residencias canceladas y 33 relacionados con documentación falsa, adulterada o robada.
La distinción resulta relevante porque “incidente de entrada” y “expulsión” no describen la misma situación. En el primer caso, la persona no logra ingresar al país; en el segundo, se trata de una persona que ya se encuentra alcanzada por un procedimiento de expulsión. Las estadísticas oficiales, además, no establecen que la totalidad de esos procedimientos estén vinculados con organizaciones terroristas.

Una fuente oficial citada por LA NACION explicó que la mayoría de los casos correspondía a inmigrantes que no contaban con la documentación necesaria y que fueron rechazados o invitados a retirarse. Entre los ejemplos recientes aparece un procedimiento en Formosa en el que Prefectura Naval interceptó a tres ciudadanos chinos sin documentación válida para ingresar al país.
La cuestión adquiere otra dimensión cuando se la contrasta con la información brindada por la Secretaría de Inteligencia de Estado. El 25 de agosto, el titular de la SIDE, Cristian Auguadra, expuso ante la Comisión Bicameral de Fiscalización de los Organismos y Actividades de Inteligencia. Según los reportes sobre esa reunión reservada, las autoridades del organismo negaron la existencia de amenazas terroristas provenientes de sectores de extrema izquierda u organizaciones islámicas en la Argentina.
Eso no implica que la Argentina carezca de una agenda antiterrorista. La SIDE informó durante el año sobre cooperación internacional y fortalecimiento de las capacidades de prevención, mientras el Gobierno creó una Central Nacional Antiterrorista para coordinar tareas de inteligencia y seguridad. La diferencia está entre contar con mecanismos preventivos y afirmar que decenas de miles de personas rechazadas o expulsadas fueron identificadas como terroristas.
También existe una dimensión institucional todavía abierta. El diputado Maximiliano Ferraro presentó pedidos de acceso a la información pública y de informes dirigidos al Ministerio de Seguridad y a la Dirección Nacional de Migraciones para conocer qué casos concretos sustentan la afirmación presidencial.
El legislador pidió que se detalle cuántas personas fueron efectivamente expulsadas, cuántas fueron alcanzadas por causales vinculadas al terrorismo y cuántas aparecen registradas en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento. También solicitó información sobre eventuales denuncias relacionadas con la afirmación de que extranjeros habrían ingresado al país para actuar contra el Gobierno.
El pedido introduce una cuestión que puede resolverse con información verificable: separar las estadísticas migratorias de las categorías vinculadas con terrorismo. La diferencia no es meramente semántica. Una persona puede ser rechazada por falta de documentación, registrar un impedimento judicial o ser expulsada por una causa migratoria sin que ello implique que haya sido identificada como integrante de una organización terrorista.
El episodio muestra, en definitiva, cómo una misma cifra puede adquirir significados diferentes según la categoría utilizada. Los registros oficiales permiten contabilizar rechazos e impedimentos de ingreso y expulsiones; la afirmación presidencial utiliza ese universo para referirse a “terroristas”. Para determinar si existe correspondencia entre ambas cosas, será necesario conocer qué casos concretos fueron considerados bajo esa calificación y qué evidencia los sustenta.
En materia de seguridad, migración e inteligencia, esa precisión importa porque permite distinguir entre una política de control fronterizo, la aplicación de normas migratorias y una investigación vinculada con terrorismo. Son procedimientos diferentes, con fundamentos y consecuencias también diferentes.
La discusión queda así abierta sobre un terreno verificable: qué cantidad de personas fue rechazada, cuántas fueron expulsadas, por qué causales y, eventualmente, cuántas fueron efectivamente identificadas por organismos competentes como vinculadas con actividades terroristas. Los datos oficiales publicados hasta agosto no ofrecen esa última categoría.
