Superávit positivo: una radiografía de las cuentas fiscales misioneras

El 2021 se planteó, tanto desde la administración nacional como la de las provincias, como el año de la reactivación, luego de haber sufrido los embates de la pandemia, que se sumaron a la crisis iniciada allá por el 2018, que generaron fuerte stress de caja en la gran mayoría de las administraciones provinciales.

En ese contexto, hubo un importante avance de los ingresos, pero explicado en mayor parte por la base comparativa; sin embargo, ese salto de los recursos estuvo también acompañada por un considerable ajuste en el gasto en muchos distritos subnacionales, de modo tal que finalizaron el período con resultados fiscales positivos, pero con determinadas demandas sociales aún sin cubrir (ejemplo: la política salarial de la administración pública).

En el caso misionero, se dan particularidades que rompen con las generalidades observados en el párrafo previo.

En primer lugar, veamos la cuestión de los recursos: sobre un total de quince distritos con sus datos de ejecución presupuestaria actualizados al segundo trimestre del año, Misiones mostró la mayor variación de los ingresos totales (+77,5%), empujados sobre todo por el incremento de los recursos propios.

En segundo lugar, y vinculado a lo anterior, así como los ingresos crecieron en gran magnitud, el gasto misionero lo hizo en niveles similares: +75,8%. Esto significa que no hubo un ajuste en el gasto en Misiones, como sí se observa en otros distritos. En el Chaco, por ejemplo, los recursos se expandieron 64%, pero el gasto solo un 46,9%, evidenciando un importante ajuste del gasto. Este es el primer dato importante a tener en cuenta.

Entrando en detalle a lo dicho anteriormente, los ingresos corrientes tuvieron un alza en moneda constante de considerable magnitud, empujado particularmente por los tributarios de origen provincial, que crecieron 39% real contra 11,4% de los de origen nacional. Esto generó que la provincia tenga el mayor nivel de autonomía fiscal de los últimos 11 años (considerando siempre el segundo trimestre de cada año)

Los ingresos de capital, por su parte, también culminaron con alzas reales, particularmente empujados por mayores transferencias de capital del estado nacional (+19% real)

En lo que respecta al gasto, las erogaciones corrientes crecieron 19,5% real (por encima de los ingresos corrientes), y en este sentido se destaca el más que importante aumento en el Gasto en Personal, que determina la conducta de la política salarial: +22,7% real, dejando así tres años consecutivos de caídas, y teniendo subas incluso por encima del total del gasto. También en este punto se destaca el fuerte crecimiento de los recursos a los municipios (+38,8% real), y el apoyo al sector privado (por transferencias, con +6,2% real).

El Gasto de Capital, por su parte, fue el único concepto con comportamiento negativo: cae 3,8% real (pese al alza de los recursos de esta naturaleza), y se sintió con más fuerza en lo referido a las transferencias (-32,1%), mientras que la inversión real directa tuvo un descenso de casi diez puntos. Sin embargo, en este punto vuelve a destacarse el apoyo al sector privado, con un alza del 121% real en las transferencias hacia dicho sector, siendo el ítem de mejor desempeño en este punto para el período mencionado. Pero ojo con esto, porque en valores absolutos la ejecución fue altísima. Debajo te explicamos mejor.

Ya observando los resultados, se observa superávit en los tres niveles: económico (que determina el comportamiento entre los ingresos corrientes y el gasto corriente), que culmino en terreno positivo por $11.262,4 millones; primario, con un verde de $1.150,9 millones (que equivale al 1,2% de los ingresos totales – mejorando respecto al año anterior); y finalmente, un superávit financiero por $777 millones (0,8% de los ingresos totales, superando así a igual período del 2020, cuando culminó con un rojo financiero).

Contar con superávits no significan otra cosa que un mayor volumen de recursos por sobre los gastos de la administración provincial, que genera un “ahorro” que permite que la provincia esté resguardada ante posibles épocas de crisis, por un lado, e invertir en políticas de desarrollo, como ser infraestructura o consumo, por el otro.

En este punto en particular, se destaca que la provincia de Misiones tuvo un comportamiento inverso al resto de las provincias en el sentido de la ejecución del gasto: la mayoría de los distritos con datos publicados concentró la fuerza en el gasto de capital (tomando la obra pública como bandera de reactivación pero también electoral), pero dejaron de lado otras cuestiones como ser la política salarial o la asistencia al sector privado; mientras que Misiones concentró sus esfuerzos mayormente en el gasto corriente, con fuerte alza del gasto salarial (recomponiendo respecto a años previos, donde tuvo caídas), asistencia al sector privado pero también importantes alzas en recursos para municipios.

En segundo lugar, la base comparativa juega un rol inverso a lo dicho al principio: en el primer semestre 2020, los recursos de las provincias tuvieron fuertes caídas por la pandemia, y el gasto de capital también cayó porque las erogaciones se concentraron en el gasto corriente para atender la emergencia. Entonces, pasada la emergencia, el gasto de capital se dispara al volver a valores normales. Pero en Misiones, el gasto de capital de este mismo período 2020 ya había sido alto (casi $9 mil millones), por lo cual la base comparativa era altísima.

Volviendo a la cuestión del superávit, esto no solo implica tener más recursos, sino que también es una consecuencia de la administración del gasto por parte de la gestión provincial.

En el caso misionero, como lo hablamos en la columna de la semana pasada, juega nuevamente un papel importante el bajo nivel de deuda pública en general (visto desde el stock), pero también el bajo peso de los servicios de deuda (flujo), que no impacta de manera importante en las erogaciones de la provincia: los pagos por servicios de deuda cayeron un 29% real en este período en la provincia y fueron equivalente a apenas un 0,4% del total del gasto, colaborando así en tener mayor disponibilidad de recursos: a menor endeudamiento hay más capacidad de gasto para destinar a prioridades de gestión.

Salarios y autonomía: dos de los datos más relevantes de la ejecución presupuestaria misionera

De todo lo detallado hasta aquí, hay dos temas que merecen ser tratados con algo más de detalles.

Decíamos al principio que, así como Misiones fue la provincia de mayor expansión de los recursos en el primer semestre 2021, también fue la de mayor crecimiento del gasto. Se advierte entonces, que la suba del gasto estuvo casi en línea con el alza de los ingresos, y por ende no existió un ajuste como si se ven en la mayoría de las otras provincias.

En este marco, la cuestión salarial cobra relevancia: de las trece jurisdicciones analizadas (a las catorce mencionadas antes se excluye Salta por falta de este dato en particular), Misiones no solo es una de las únicas dos provincias con alzas reales en el gasto salarial, sino que además es la más importante. Por ende, en la administración pública no financiera misionera se observa una fuerte recomposición salarial en este período en particular.

Este es uno de los puntos centrales que explica no solo el incremento en línea del gasto misionero respecto a sus ingresos, sino también el haber contado con un superávit más chico que otras provincias, que aun con verdes financieros de más del 10% de sus ingresos, sostuvieron una política salarial de hasta 30 puntos por debajo de la inflación.

El segundo punto relevante tiene que ver con el fortalecimiento de la autonomía fiscal provincial. El proceso de expansión fenomenal que tuvo Misiones de sus recursos propios, que comenzó durante el tercer trimestre del 2020 y continúa a la fecha, en niveles algo menores, permitió que la autonomía fiscal misionera tenga también un crecimiento más que importante. Esto se consolida con los datos correspondientes al primer semestre 2021: los ingresos propios provinciales alcanzan al 28,7% de los ingresos corrientes (28% de los ingresos totales).

Comparando con igual período del año previo, la autonomía fiscal misionera se incrementó en poco más de cuatro puntos porcentuales; si se compara con una década atrás (1º semestre 2011), creció en doce puntos porcentuales.

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