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El Indec relevó cuáles son los electrodomésticos que explican consumo de gas y luz en los hogares

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El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) relevó cuáles son los electrodomésticos que explican el mayor consumo de gas y electricidad de los hogares argentinos, identificando características como la antigüedad y la clase de eficiencia, así como su distribución por regiones e ingresos.

Los artefactos con mayor consumo son los destinados a la cocción y conservación de alimentos, calefacción y refrigeración, lavarropas, equipos de comunicación y entretenimiento, iluminación, entre otros.

El trabajo sobre el Uso Hogareño de la Energía es un relevamiento considerado clave para efectuar el balance de energía útil (BEU), que permitirá conocer los patrones de consumo de los argentinos para el diseño de políticas energéticas.

El informe dado a conocer hoy es resultado de un apartado que se sumó en la edición 2017-2018 de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) que permitió incorporar un módulo especial, de cobertura nacional, dedicado al uso hogareño de la energía.

Además de indagar sobre la tenencia y el uso de equipamientos del hogar, tanto electrodomésticos como gasodomésticos y equipos informáticos, incluyendo luminarias y vehículos, también se registraron datos sobre algunas características de los artefactos utilizados, como la antigüedad y la clase de eficiencia.

Asimismo, se procuró determinar la intensidad de uso (frecuencia y cantidad de horas) y el tipo de combustible utilizado, tanto a nivel nacional como por regiones.

El informe relevó que el principal equipamiento utilizado para la cocción de alimentos lo constituyen los gasodomésticos, que en versión cocina, anafe u horno a gas representan 85,4% del total (la región Noreste NEA tiene el porcentaje más bajo: 64,0%), mientras que 17,6% utilizan cocina, anafe u horno eléctricos.

El uso de los artefactos a gas no presenta diferencias importantes por niveles de ingresos, en cambio, en los artefactos eléctricos, se observa que, a mayor nivel, mayor uso: en los quintiles 1 y 2 registra valores cercanos a 14,0% y en el quintil 5 asciende a 24,4% de los hogares.

Para la conservación de alimentos, 88,5% de los hogares utiliza heladeras con freezer y 12,0%, sin freezer, pero el 42,0% de las primeras posee una antigüedad de entre 5 y 10 años, mientras que 27,7% tiene menos de 5 años, y las situaciones regionales no presentan diferencias significativas.

De acuerdo con el nivel de ingreso de los hogares, 82,2% de los que se encuentran en el primer quintil utilizan heladeras con freezer, mientras que este porcentaje se incrementa en 11,8 puntos porcentuales (p.p.) en los del quinto quintil.

El uso de algún tipo de equipamiento para la refrigeración del ambiente alcanza el 84,8% de los hogares, dentro de los cuales el menor porcentaje lo tiene Patagonia (34,6%); en el resto de las regiones supera el 75,0%, y llega casi al 92,0% en el Gran Buenos Aires (GBA).

El uso de aire acondicionado en general (sin tener en cuenta el tipo de artefacto, split o tipo ventana), alcanza el 47,1% de los hogares, y en los de menores ingresos (quintil 1), el uso de split es de 18,5%, y en los de mayor poder adquisitivo alcanza al 61,7%.

El 77,9% de los hogares usa equipamiento para calefaccionar la vivienda, de los cuales el 40,9% declaró utilizar estufas a gas y 25,6%, estufas eléctricas.

Patagonia, la región de menores temperaturas, presenta un uso casi excluyente de estufas a gas, 79,6% y sólo 5,2% son eléctricas.

En los hogares del primer quintil, 60,3% emplea al menos un artefacto para calefaccionar; dicho porcentaje alcanza al 89,9% en los pertenecientes al quintil de mayores ingresos; y el uso de estufas a gas aumenta sostenidamente con el nivel de ingreso del hogar: en el quintil menor alcanza al 19,1% y se incrementa hasta superar el 50% en los hogares de quintiles 4 y 5.

En relación con la producción de agua caliente sanitaria, 35,0% de los hogares del país utiliza termotanque a gas y 24,0% calefón a gas, mientras que la proporción de quienes emplean artefactos eléctricos alcanza al 10,7% para termotanques y al 15,4% para calefones.

Entre las regiones, el uso de calefón a gas alcanza el porcentaje más alto en los hogares de las regiones Cuyo, con el 34,9%, y luego Noroeste (NOA), con el 31,1%, mientras que desciende entre aquellos que residen en la Patagonia (12,4%).

El calefón eléctrico presenta el valor más alto en el NEA (26,8%), mientras que las regiones que menos lo utilizan son GBA y Cuyo, con valores cercanos al 11,0% de los hogares.

El 96% de los hogares del país declaró tener al menos un televisor, alcanzando porcentajes superiores al 92,4% en todas las regiones.

Si bien la diferencia por niveles de ingreso es baja, cobra relevancia según las características de los aparatos: aquellos con tecnología LED/ LCD están presentes en 61,2% de los hogares pertenecientes al primer quintil, y sus valores se incrementan progresivamente hasta alcanzar al 89,4% en los del quinto quintil.

En cuanto al uso de artefactos de iluminación, las luces fluorescentes constituyen el tipo de luminaria predominantemente utilizada en los hogares, con el 52,3%, y la Patagonia es la región donde más se emplea (65,3%), y el GBA registra el menor valor (49,8%).

Las lámparas de tecnología LED tienen una participación de 32,1%. La región Pampeana presenta la mayor participación (35,9%) y, en el sentido opuesto, se ubican NOA y NEA, con 20,2% y 20,9% de los hogares, respectivamente.

Finalmente, las lámparas incandescentes y halógenas representan el 15,6% sobre el total de las luminarias utilizadas.

Mientras que en los hogares pertenecientes al primer quintil el 26,0% de las luminarias utilizadas son lámparas incandescentes y halógenas, en los hogares del quinto quintil constituyen el 13,3%.

Por el contrario, la utilización de lámparas LED predomina en los hogares de altos ingresos, y alcanza, en el quinto quintil, el 40% de los mismos.

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¿Hecho aislado o inicio de tendencia? Analizando la inflación de noviembre

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Escribe Alejandro Pegoraro, director de Politikon Chaco, exclusivo para Economis.com.ar. Los datos del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de noviembre del INDEC sorprendieron a propios y extraños. Se esperaba un descenso en la velocidad de crecimiento, pero ni la más optimista de las proyecciones la ubicaba por debajo del 5%. Esto generó dos debates: la veracidad del dato y su sostenibilidad.

Con respecto al primero, algunos -principales opositores más reaccionarios- pusieron en duda el dato alegando una vuelta a un INDEC intervenido como durante la gestión de Guillermo Moreno. Sobre esto, no hay absolutamente ningún elemento fáctico que sostenga la posibilidad de una manipulación de los datos. Metodológicamente, la medición sostuvo los mismos parámetros que se utilizan desde 2016 y la elaboración del dato es inobjetable. Fin de la discusión.

El segundo debate es algo más complejo, ya que no existe hoy la posibilidad de determinar si se trata de un dato puntual en un momento coyuntural o si, por el contrario, se da lo que el Gobierno nacional afirma (quizás más en forma de deseo que de empírico) respecto al inicio de una tendencia desaceleratoria del nivel de precios, que además tendría un inmediato efecto político, acrecentando las chances de postulación presidencial de un Sergio Massa “exitoso”, como anhela buena parte del Frente de Todos. 

Veamos algunos puntos que nos dejaron los datos del IPC de noviembre, en particular la región del NEA. En primer lugar, la baja en la velocidad de crecimiento del índice es fuerte, aún más que el descenso observado en el nivel general nacional (-1,7 puntos porcentuales vs. -1,4 p.p). ¿En qué se sustentó esta reducción? 

En primer lugar, la división de Comunicación pasó de crecer 11,5% en octubre a “solo” 5,5% en noviembre (-6,0 pp.), situación dada por el hecho de que en octubre se aplicó la mayor parte de los incrementos en esos servicios, que fueron autorizados por el Estado nacional. 

La división de Prendas de Vestir y Calzado -la de mayor suba interanual en la región- pasó del 8,1% de octubre al 3,8% en noviembre (-4,2 p.p), apoyado sobre la cercanía del fin de la temporada primaveral y por ciertos acuerdos realizados entre empresas y el Gobierno nacional, que aún no se aplicaron de todo en este mes de análisis. 

La división de Hoteles y Restaurantes, que sostuvo altos niveles de suba desde julio, pasó del 7,1% de octubre al 5,1% de noviembre (-2,0 p.p). Por su parte, la división de Transporte pasó del 6,3% de octubre al 4,6% de noviembre (-1,6 p.p) explicado por una menor suba en el costo de adquisición de vehículos y del transporte público. 

Finalmente, Alimentos y bebidas no alcohólicas pasó del 5,8% de octubre al 3,6% de noviembre (-2,2 p.p), basado en tres principales artículos: la Carne (-1,3 p.p), los Aceites, grasas y mantecas (-2,2 p.p) y, sobre todo, las Verduras (-16,6 p.p).

Pero la duda que surge es: ¿Qué explica estos descensos en las tasas de crecimiento de esas divisiones y rubros? Los factores son varios y varían según el elemento a analizar, pero se observa que en ninguno de los casos, a priori, garantiza que sean sostenibles. 

Un caso clave a analizar son los Precios Estacionales: son aquellos que tienen un comportamiento marcado en algunos meses en particular, como el precio de la ropa en los cambios de temporada, los bienes y servicios asociados al turismo durante las vacaciones, o las frutas y verduras de estación. Entre agosto y octubre, en el NEA estos precios crecieron a un ritmo promedio mensual del 11,8%, pero descienden a 4,1% en noviembre, con una marcada influencia de la ropa y de las verduras. Sin embargo, el mes de diciembre tiene un fuerte componente estacional producto del cambio de temporada, inicio de vacaciones y las fiestas, lo cual es difícil que vuelva a posicionarse en esos niveles. 

Otra categoría es la de Precios Regulados, que son aquellos precios sujetos a alguna normativa o intervención estatal (tarifas de los servicios públicos, prepagas, combustibles y telefonía e internet) o aquellos que tienen un alto componente impositivo (como el caso del tabaco y también combustible). Entre agosto y octubre, estos crecieron a un promedio mensual del 7,7% y fue del 6,0% en noviembre. Pero para diciembre y, sobre todo, el primer trimestre de 2023, se espera una nueva actualización de combustibles (precio e impuestos), como también de otros servicios. Por ende, tampoco pareciera ser sostenible la baja.

Finalmente, la última categoría es la de Precios Núcleo: ésta agrupa al conjunto de bienes y servicios que no se ven afectados tanto por efectos estacionales como por cambios regulatorios del Estado y tiene una fundamental importancia porque brinda una visión más estructural de la evolución de los precios que se mueven de manera libre. Entre agosto y octubre, el promedio de la suba mensual en el NEA de esta categoría fue del 5,8% y pasó al 4,3% en noviembre. Esta es, quizás, la única noticia positiva del indicador de este mes de análisis. 

Entonces, ¿circunstancial o sostenible? A priori, el dato de noviembre parece ser circunstancial y todavía no hay motivos para creer que se trate de una disminución de la tasa de crecimiento del IPC que se sostenga en el mediano plazo a ese mismo ritmo. Diciembre va a ser un mes bisagra en este escenario: los precios tienen una fuerte influencia de la estacionalidad, pero al mismo tiempo, entrarán en vigencia muchos de los acuerdos realizados por Massa, por lo cual será fundamental observar cómo se comporta el IPC Núcleo para lograr determinar con mayor precisión si la naturaleza de una eventual disminución es algo más coyuntural o no. 

Lograr una baja sostenida -y genuina- en la variación del IPC no es una tarea para el corto plazo, ya que requiere de medidas de fondo que llevan su tiempo; en eso, hay que destacar el hecho de que Massa sostiene que sus objetivos están planteados en torno al primer trimestre del 2023, entendiendo que las medidas tomadas en estos últimos meses repercutirán eventualmente recién meses después. Lo que el gobierno NO debe seguir haciendo es hablar de baja de la inflación, como tan inoportunamente lo hizo la portavoz oficial Gabriela Cerutti. 

El dato de noviembre no significa que la inflación baje, sino que crece a menor velocidad. Parece una diferencia semántica pero no lo es; más bien, se trata de definiciones económicas donde no da lo mismo decir una cosa que la otra. 
Hay un dato muy particular -casi anecdótico a estas alturas- que surge como consecuencia de los resultados de noviembre: está prácticamente descartado que el año cierre por encima del 100% de inflación. A partir de la fuerte desaceleración de noviembre, para llegar al 100% a nivel nacional se requiere que en diciembre el IPC suba 8% -en el NEA, se necesita de una suba del 7%-, situación que difícilmente se cumpla.

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Crecen sostenidamente las tarjetas de crédito, a la hora de elegir un medio de financiamiento para las compras navideñas

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Según una reciente investigación de Equifax, compañía global de Big Data, Analytics y tecnología, al elegir un medio de financiamiento para las compras navideñas, el 80% prefiere las tarjetas de crédito mientras que un 20% opta por financiarse a través de préstamos personales.

Según la estructura poblacional, los consumidores en época de las fiestas se distribuyen de la siguiente manera. En el tope del ranking se sitúan los Millennials de 26 a 41 años (37%), seguidos por la Generación X de 42 a 57 años que representa el 34% y los Baby Boomers de 58 a 76 años (21%). Por su parte, la Generación Silenciosa de más de 76 representa el 9% y los Centennials de 18 a 25 años el 5%. En cuanto al género, las mujeres lideran el 63% del consumo mientras que los hombres el 37%.

Respecto al producto de crédito elegido para financiar las compras navideñas en la comparativa con años anteriores, se ve un crecimiento sostenido de las tarjetas de crédito, donde en 2019 alcanzaba un 73%, en 2020 un 75% y este último año ascendió 5 puntos en la escala porcentual.

En lo que hace a la adquisición de préstamos, en contrapartida, se ve un leve descenso con un 27% en 2019, marcando un 25% en 2020 y alcanzando el 20% este último año.

“Nuestro último relevamiento muestra una fuerte tendencia de los consumidores bancarizados hacia las tarjetas de crédito, muy influenciados por los descuentos y beneficios especiales que se ofrecen cercano a las fechas navideñas. Por otro lado, el foco del consumo está muy marcado en los Millennials que son la gran fuerza de compra”, explica Santiago Pordelanne, Presidente y Gerente General de Equifax Argentina.
El estudio se basa en datos recopilados por Bureau Equifax, BCRA

Equifax es una compañía global de Big Data, analytics y tecnología, que cree que el conocimiento impulsa el progreso. La compañía combina datos únicos, analíticos innovadores, experiencia en la industria y tecnología, con una pasión por servir a los clientes en todo el mundo, para crear insights que impulsan a las personas en mejores decisiones. Combina la más actualizada tecnología de análisis y procesamiento de datos de 800 millones de consumidores y más de 88 millones de organizaciones en todo el mundo.
Con su sede corporativa en Atlanta, Georgia (EE.UU.) y 11.200 empleados en todo el mundo, Equifax opera y tiene inversiones en 24 países de América del Norte, América Central, Sudamérica, Europa y en la región de Asia y el Pacífico. Es miembro del Índice Standard & Poor’s (S&P) 500® y sus acciones se cotizan en la Bolsa de Nueva York (NYSE) con el símbolo EFX. En Argentina, Equifax cuenta con 250 empleados y desarrolla Studio B, un Centro de Excelencia Analítica con más de 50 profesionales dando servicios para todo el mundo.

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Misiones crea empleo ¿Qué pasa con los salarios?

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Hasta el mes de junio, con la inflación corriendo a un promedio mensual del 5,3%, los salarios de los trabajadores registrados del sector privado en Misiones habían mostrado un buen desempeño, con alza real de siete puntos, apoyados sobre la aplicación de diversos acuerdos paritarios aplicados en el primer tramo del año y el crecimiento de la actividad económica que derramó sobre el empleo y las remuneraciones. Sin embargo, ya en ese momento se advertía como la velocidad de crecimiento del sistema de precios, sumado a cierto estancamiento general de la economía y a paritarias sin reabrirse en todos sus niveles, se dejaba un período del año sin cubrir y por ende, el salario iba a resentirse. 

Dicho y hecho. La velocidad de crecimiento de la inflación pasó al 6,9% mensual entre julio y septiembre, y los salarios sintieron el golpe. En Misiones, el salario promedio del sector privado formal exhibe una caída real en septiembre de 3,4%, explicada casi en su totalidad por la situación descripta anteriormente, que se suma además a los problemas en sectores específicos en términos de producción y comercialización. 

Si bien el dato es duro, no es homogéneo al analizar el desempeño por sectores, aunque sí prima la caída entre ellos. La rama de actividad que tuvo el mejor desempeño en Misiones, algo que se estimaba pero aun así es gratamente sorprendente, es la que está mayormente vinculado al turismo y a la recreación local: Hotelería y Restaurantes, un sector que además exhibe una fuerte alza del empleo (no solo en Misiones, sino también a nivel país) y muestra así un proceso de recuperación muy importante. 

En Misiones, este sector registró una suba real de sus salarios promedios del 9,8%, una de las más fuertes del país y ratificó así una dinámica de reactivación genuina: su participación sobre el producto creció, generó miles de nuevos puestos de trabajo y además, mejoró considerablemente sus salarios. El círculo perfecto. 

Si bien este sector históricamente tiene salarios promedios bajos nominalmente (es de $ 89.610 a septiembre 2022), su importante crecimiento en el último tiempo (acumula crecimientos reales desde hace más de un año) generaron que su distancia contra el sueldo promedio total del sector registrado formal se recorte de manera significativa: en septiembre 2021, el salario promedio del sector de Hotelería y Restaurantes misionero estaba 34% debajo del salario promedio total provincial; a septiembre 2022, se reduce a una distancia del 25%. 

Por otra parte, la economía del conocimiento impulsó la suba del salario real en el sector de Servicios inmobiliarios, empresariales y de alquiler. Esta actividad tuvo un incremento consolidado del 3,8% real de sus salarios y, si bien dentro de la misma hay diversas ocupaciones que la componen, son aquellos vinculadas a la economía del conocimiento las que traccionaron la suba: por un lado, lo referido a Actividades informáticas tuvieron un crecimiento del 31,1% real, y los de Investigación y Desarrollo crecieron 39,3%, teniendo además salarios nominalmente considerables, por encima de los $ 170 mil. Estas dos áreas aun tienen un peso muy menor en la estructura del empleo, pero la misma va creciendo y ello será un elemento fundamental para empujar la suba del salario global. 

Dentro de este mismo sector, los salarios de los Servicios inmobiliarios crecieron 2,2% real, y los de los servicios profesionales (como los jurídico, contables y notariales, entre otros), un 1%; por el contrario, lo referido a Alquiler de maquinarias y equipos caen seis puntos. 

Vista las ramas de actividades de manera global, estas dos mencionadas (Hotelería y Restaurantes y Servicios inmobiliarios, empresariales y de alquiler) son los únicos que exhibieron subas del salario real a septiembre, mientras que las demás exhibieron bajas. Veamos cada caso en particular. 

El descenso más leve del salario real en Misiones se ve en el sector de Comercio al por mayor y por menor, que registró -0,2%. Este sector es uno de los principales empleadores y dinamizadores de la economía local. Pese al resultado negativo, hacia dentro de este hay diferencias: la baja se explica por el baja desempeño de los salarios vinculados a la venta y reparación de vehículos y venta de combustible, que caen 6,7% real, y en menor medida, por la baja en el comercio mayorista (-0,3%); sin embargo, el comercio minorista, el principal empleador dentro del comercio en general y el termómetro de la actividad por excelencia, tuvo alzas (2,3%) lo cual ratifica el proceso de crecimiento de este segmento en particular, que explica el 55% del total del empleo comercial y el 10% del provincial global. 

Siguiendo el orden descendente, el sector de Servicios de Transporte, Almacenamiento y Comunicación es el que tuvo la segunda baja más leve de sus salarios, que fue del 1,7%, aunque ese descenso esta explicado casi en su totalidad por el desempeño específico de lo referido a Transporte ferroviario y automotor (-2,3%) y por Telecomunicaciones y Correo (-5,5%); mientras que otras actividades dentro de este sector, como Transporte fluvial, Transporte aéreo, y Almacenamiento y depósitos tuvieron subas (11,8%, 12,6% y 3,2% respectivamente).

El sector de Electricidad, Gas y Agua mostró bajas de 2,1% real; y el de Agricultura, Ganadería, Caza y Silvicultura cae 2,6%, con mayor fuerza en la silvicultura. 

La Industria Manufacturera también exhibió una baja del 2,6%, pero con muy heterogéneos desempeños hacia dentro. Los descensos más importantes se vieron en las actividades vinculadas a Alimentos (-5,6%), Tabaco (-8,6%), Calzado (-14,4%) y Productos de caucho y plástico (-7,9%); sin embargo, en otros hubo incrementos: Productos textiles (14,1%), Madera (2,9%), Edición (4,9%), Metales comunes (12,9%), Otros productos de metal (7,3%) y Muebles (1,7%).

Los Servicios Financieros y la Construcción caen en igual nivel (-2,8%), con la diferencia de que el primero reduce sus puestos de trabajo y el segundo los incrementa de manera muy significativa. 

Todos los mencionados hasta aquí exhiben bajas inferiores al total provincial, y representan el 70,2% de los trabajadores misioneros. Los dos rubros con alzas, a su vez, explican el 10,2% de los empleos locales. 

Con caídas más fuertes que el promedio provincial, se ubican los Servicios Comunitarios, Sociales y Personales NCP (-5,3%), descenso traccionado por los servicios de organizaciones empresariales (-10%) aunque los servicios deportivos, culturales y de esparcimiento tuvieron fuerte alza (15,1%). 

Le siguen los Servicios de Salud y Sociales (-9,2%); la Explotación de Minas y Canteras (-10,4%) y cierra el ranking la Enseñanza (-12,4%), siendo la caída más fuerte. 

De cara al fin de año (datos que podremos conocer recién en marzo próximo), las proyecciones muestran un sostenimiento en el alza de sectores como el comercio minorista y la turística, apoyados en el crecimiento de la actividad observada, sobre todo esta última. Luego, hay sectores de fuerte productividad pero que están muy atadas a los acuerdos paritarios, y su reactivación en muchos casos producidas entre septiembre y diciembre, sumado a las que puedan lograr a principios del 2023, podrían ponerla de nuevo en terreno positivo.

Sin embargo, no hay esfuerzo provincial ni privado posible que tenga un sostenido éxito si no hay soluciones a los desajustes de la macroeconomía, cuya responsabilidad es única del equipo económico nacional, que continúa jugando al gallito ciego y pierde tiempo fundamental sin aplicar un plan de estabilización que ordene las variables monetarias, fiscales y cambiarias y brinde solución concreta al problema de los precios relativos.

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Inflación alta y consumo: ¿enemigos irreconciliables?

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En Argentina, la economía actual está caracterizada por tener un nivel de actividad real y un consumo privado que se mantienen en terreno positivo, combinado con una inflación alta y persistente.

De aquí se desprenden algunos interrogantes: ¿cuál es el vínculo entre el consumo privado y la suba de precios? ¿una aceleración inflacionaria golpea a la demanda interna, o por el contrario puede estimularla? ¿qué esperamos para el año electoral: será posible que la economía real y el consumo sigan creciendo en un contexto de elevada nominalidad?

Pasado reciente: pese a la aceleración inflacionaria creció el consumo privado

El “veranito” del consumo que se inició con la salida de la pandemia en la segunda parte del 2021 se extendió más tiempo de lo esperado, impactando también en buena parte del año actual. La economía creció 6,5% i.a. en el primer semestre, ubicándose a finales de junio a sólo 1 p.p. del máximo de la serie en noviembre 2017, mientras que la tasa de desempleo cayó por debajo del 7% de la Población Económicamente Activa en el segundo trimestre, representando el nivel más bajo desde 2015. Además, no sólo el consumo privado enmarcado en Cuentas Nacionales exhibió una notable mejora (+10,8% i.a.), sino que también varios indicadores de consumo, tanto públicos como privados, mostraron cifras favorables. Ejemplos de esto son las unidades vendidas de electrodomésticos (+15,6% i.a. en el primer semestre), la producción de indumentaria (+33,6% i.a.) y las ventas en supermercados (+2,5% i.a.).

Esta continuación en el crecimiento de la economía se dio a pesar de la fuerte escalada inflacionaria de principios de año y de un nuevo acuerdo con el FMI a finales del primer trimestre del año, que tuvo como objetivo primordial frenar la acumulación de desequilibrios macroeconómicos.

En este sentido, las cifras positivas del consumo de los hogares pueden verse explicadas por otros factores, señala un estudio de la consultora Ecolatina. En primer lugar, la continuidad de un consumo rezagado luego de las restricciones sanitarias del año anterior, donde prima la mayor demanda de servicios asociados a la recreación y esparcimiento producto de cierto “consumo de revancha” que se extiende en el tiempo por las huellas psicológicas que dejó la pandemia. En esta línea, cabe resaltar que, por ejemplo, sólo restaurantes ponderan alrededor del 7-8% en la totalidad del consumo privado.

A su vez, la fuerte aceleración inflacionaria a lo largo del primer semestre pudo tener un impacto positivo sobre la demanda determinados bienes de consumo (principalmente durables, pero también esenciales) y de servicios, dinamizando los efectos “los Pesos queman” y “ahorrar consumiendo”, en un escenario de fuerte tasa de interés real negativa durante la mayor parte del semestre y restricciones al ahorro en dólares. Esto fue acompañado con ingresos reales de las familias que se mantuvieron relativamente estables: por ejemplo, el salario real de los trabajadores registrados creció 2,6% i.a. en promedio en el primer semestre de 2022 gracias a las holgadas paritarias y el efecto arrastre que dejó el fin del año anterior.

Segundo semestre: nueva escalada en la nominalidad y ¿golpe a la demanda interna?

Un panorama algo más conservador comenzó a vislumbrarse hacia la última parte del primer semestre. Como es sabido, varios sucesos golpearon a la economía local, dejando como resultado una economía con elevada incertidumbre y una nueva fuerte aceleración inflacionaria. Como parte de su giro pragmático, el Gobierno ratificó el rumbo acordado con el FMI y llevó a cabo medidas más concretas para frenar la acumulación de desequilibrios macroeconómicos; ofreció mayores señales de austeridad fiscal; aplicó fuertes alzas en las tasas de interés, implementó nuevas restricciones a las importaciones y puso en marcha nuevas regulaciones, como el “dólar soja”.

En este contexto de mayor inflación es que algunos de los indicadores sectoriales de consumo analizados anteriormente empezaron a exhibir un estancamiento, o incluso caídas: las ventas en supermercados se estancaron en el último dato disponible (-0,2% i.a. en agosto); las ventas minoristas de PyMEs exhibieron dos caídas interanuales consecutivas (cayeron 3,5% i.a., 2,1% i.a. y 3,5% i.a. en julio, agosto y septiembre, respectivamente) y según Scentia, el consumo masivo cayó en septiembre (-0,8% i.a.) por primera vez en quince meses.  

Sin embargo, cabe destacar que estos datos más desfavorables no tienen un claro correlato al compararlos con el consumo privado y la actividad económica en términos agregados. En este sentido, la actividad económica (EMAE) se mantuvo en terreno positivo hasta agosto (creció 1,6% mensual entre junio-agosto), mientras que el consumo privado crecería cerca del 8,0% i.a. en el tercer trimestre, según nuestras estimaciones. A su vez, nuestra proyección para el resto del año contempla un crecimiento del PIB del 2% i.a., en conjunto con un crecimiento del 5% i.a. del consumo privado para los últimos tres meses.

¿Cómo podría explicarse este aparente contraste? La estimación de consumo privado pondera con un peso importante a muchos servicios inelásticos -como salud privada, propiedad de la vivienda, telecomunicaciones, transporte por carretera, educación- que en conjunto pesan aproximadamente 25% y estimamos que se mantengan relativamente estables en el corto plazo. A diferencia, los indicadores sectoriales utilizados usualmente como termómetros del consumo privado, como los asociados a consumo masivo (que mostraron datos menos favorables en los últimos meses), pesan alrededor del 20%, por lo que tendrían un impacto relativo menor en términos agregados.

En síntesis, en el segundo semestre la actividad económica desaceleraría su ritmo de mejora, pero los impactos de las medidas del Gobierno anteriormente mencionadas (por caso, mayores restricciones a las importaciones y alza de tasas de interés) están teniendo un efecto negativo menor al esperado sobre la economía en general. Además, el consumo privado en términos agregados seguirá en terreno positivo, principalmente gracias a que en términos estadísticos existe una mayor ponderación de servicios, y esto ocurre pese a que algunos indicadores sectoriales muestren señales de estancamiento o incluso caídas.

Perspectivas para 2023

Para el año entrante estimamos un estancamiento de la actividad económica en conjunto con una inflación en niveles altos. Sin embargo, el consumo de las familias en términos agregados podría seguir creciendo y volver a ubicarse por encima de la evolución del PIB, aunque desacelerando la mejora respecto al año anterior. En este sentido, estimamos que los factores predominantes en la segunda parte de 2022 sigan presentes, por lo que proyectamos que la actividad económica crezca en torno al 1%, en conjunto con un consumo privado que treparía más de 2%. 

 Detrás de esta proyección se esconden varios factores. A grandes rasgos, el incentivo al consumo podría seguir presente -aunque perdiendo fuerza- vía un sostenimiento de la demanda de servicios (tanto los esenciales, que son más inelásticos, como los asociados al esparcimiento), que en conjunto pesan más de la mitad del consumo privado, y en menor medida de bienes durables.

Con paritarias que buscarán seguir el ritmo de la inflación en el año electoral estimamos que el salario real, al menos de los trabajadores registrados, se mantenga estable respecto al año anterior, lo cual tendería a favorecer a los sectores que tienen una mayor propensión al ahorro (y como vimos, existe una tendencia a ahorrar vía consumo).Si bien en un escenario de elevada inflación durante varios meses este efecto se puede ir diluyendo lentamente, este factor seguirá presente y los Pesos que sobren irán a parar a estos consumos “no esenciales”, que tienen importante peso sobre el consumo agregado. Además, esto dará margen a aumentos significativos de precios de algunos servicios, que quizás no son tan relevantes en el nivel general del IPC, pero alimentan la percepción general de una mayor inflación.

En lo que respecta al consumo de bienes durables, una política monetaria más restrictiva podría empezar a ser un condicionante para el financiamiento, en conjunto con determinados problemas de provisión de insumos y bienes (en un contexto de fuertes trabas a la importación) y pérdida de peso del efecto “consumo como alternativa de ahorro”, en un contexto en que constituyen consumos que se hacen pocas veces en un periodo largo de tiempo.

A contramano, en el año electoral el Gobierno se enfrentará al desafío de evitar un fuerte push fiscal. En un contexto de acuerdo con el FMI y la necesidad de cumplir con las metas fiscales, será difícil realizar políticas expansivas (como transferencias holgadas a los sectores más vulnerables), mientras que se combinará con nuevos ajustes en tarifas de servicios públicos, que terminarán por golpear más el ingreso disponible de los hogares. De todas maneras, este driver suele estar orientado a dinamizar el ingreso disponible de los hogares de menores ingresos, por lo que este menor margen de expansión en el consumo privado vía una menor demanda de bienes esenciales podría no ser tan grande en términos de consumo agregado.

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