Industria

La economía creció 5,8% interanual en el primer trimestre de 2025

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El producto interno bruto (PIB) de Argentina registró en el primer trimestre de 2025 un crecimiento del 5,8% respecto del mismo período del año anterior, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Esta variación positiva, que contrasta con la fuerte caída registrada un año atrás (-5%), responde principalmente a un efecto de base estadística más que a una expansión genuina y sostenida del conjunto de la economía. En términos desestacionalizados, que permiten analizar la evolución coyuntural, el PIB mostró una suba del 0,8% frente al último trimestre de 2024, señalando una recuperación incipiente, aunque aún débil y desigual.

La demanda interna tuvo como motor principal a la inversión, con un notable incremento de la formación bruta de capital fijo del 31,8% interanual. Este impulso se explicó por fuertes alzas en la adquisición de maquinaria y equipo (48,9%) y en equipos de transporte (74,7%), destacándose el dinamismo del componente nacional, que creció 79,1%. Las inversiones en construcciones también avanzaron, con una suba del 8,4%, mientras que la categoría “otras construcciones” mostró una caída del 8,7%.

El consumo privado exhibió una recuperación del 11,6% interanual, acompañado por un crecimiento del 2,9% en términos desestacionalizados, lo que indica una cierta recomposición en el poder de compra de los hogares. En contraste, el consumo público registró una leve contracción tanto interanual (-0,8%) como trimestral (-0,1%).

En el frente externo, las exportaciones reales crecieron 7,2% en la comparación interanual, aunque cayeron 1,5% en términos desestacionalizados. Sin embargo, lo más llamativo fue el comportamiento de las importaciones, que se dispararon un 42,8% interanual y 17,7% trimestral, superando ampliamente la expansión del producto. Este dato, si bien contribuye al aumento de la oferta global, plantea preocupaciones sobre el equilibrio comercial en los próximos meses.

El análisis sectorial muestra una recuperación heterogénea. El mayor crecimiento se observó en la intermediación financiera (+27,2%), seguido por pesca (+11,6%) y hoteles y restaurantes (+9,0%). También se destacaron el comercio (+7,3%), la construcción (+6,1%) y la industria manufacturera (+5,1%). En cambio, algunas ramas continuaron en retroceso: los hogares con servicio doméstico (-2,2%), los servicios comunitarios y personales (-1,6%), la administración pública (-1,2%) y los servicios sociales y de salud (-0,6%).

En perspectiva, este repunte debe interpretarse en el contexto de una economía que aún arrastra secuelas de un 2024 recesivo, con una caída anual del PIB del -1,3%. El rebote de 2025 se explica en buena parte por esa base deprimida, más que por una mejora estructural. De hecho, el INDEC advierte que los datos del último año aún son preliminares y están sujetos a revisión.

El primer trimestre de 2025 deja, en suma, un panorama mixto: mejora en la inversión y el consumo privado, disparidad entre sectores, fuerte aumento de las importaciones y persistentes señales de debilidad en áreas vinculadas al empleo público y servicios personales. La consolidación de una recuperación sostenida dependerá de que estos signos positivos logren sostenerse sin desbalances macroeconómicos crecientes.

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Industria: el 11% de las empresas dejó de exportar, según la UIA

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El Monitor de Desempeño Industrial (MDI) de la Unión Industrial Argentina expone un escenario crítico para el entramado productivo nacional. Aumentos de costos, atraso cambiario y caída de ventas internas explican el deterioro.

La actividad industrial argentina enfrenta un contexto de contracción sostenida. El último Monitor de Desempeño Industrial (MDI) publicado por la Unión Industrial Argentina (UIA), en base a una encuesta a más de 600 empresas, muestra que el 11,4% de las industrias dejó de exportar en lo que va de 2025.

Entre las empresas que aún exportan, el 31,1% informó una baja en sus ventas externas, mientras que solo el 15,2% reportó incrementos. La pérdida de competitividad por el aumento de costos (57,8%) y la apreciación del tipo de cambio (31,3%) aparecen como los factores más señalados por quienes abandonaron los mercados internacionales.

En el frente doméstico, los números tampoco son alentadores. Un 33% de las firmas declaró haber producido menos que en el primer trimestre del año, mientras que solo el 26,1% registró subas. El índice de difusión —que mide la diferencia entre sectores con crecimiento y aquellos con retracción— se ubicó en -6,9%, confirmando una tendencia regresiva luego del leve repunte medido en octubre de 2024.

Además, el 41,3% de las industrias reportó caídas en sus ventas internas, frente a un 24,9% que indicó aumentos. Si bien la brecha entre ambos grupos se achicó levemente respecto al relevamiento anterior, el balance general continúa en terreno negativo.

Las Manufacturas de Origen Industrial (MOI), una categoría clave en las exportaciones con valor agregado, también mostraron señales de debilidad. A pesar de haber registrado un incremento mensual del 16,4% respecto a abril, y un 14,7% interanual, las ventas medidas en volumen cayeron un 2% en mayo, lo que indica un comportamiento errático y poco sostenible.

El Monitor de Desempeño Industrial es elaborado por el Centro de Estudios de la UIA (CEU) y constituye una herramienta clave para comprender la situación real de la industria. El relevamiento incluye indicadores sobre producción, ventas, exportaciones, empleo, precios e inversión, entre otros.

Este informe en particular, correspondiente al segundo trimestre de 2025, advierte sobre un deterioro que se profundiza en sectores sensibles al mercado externo, afectando especialmente a las pymes industriales de perfil exportador.

La pérdida de capacidad exportadora se hace sentir especialmente en provincias como Misiones, donde el entramado productivo combina industrias medianas con alto grado de inserción externa, como alimentos, forestoindustria y yerba mate. La apreciación del peso y los altos costos logísticos debilitan su competitividad y ponen en riesgo empleos y mercados consolidados.

Revertir esta tendencia exigirá una respuesta coordinada, tanto desde el plano fiscal como monetario, además de una estrategia integral de estímulo a las exportaciones con foco en valor agregado y diversificación geográfica.

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La industria manufacturera creció en abril y consolida su recuperación en 2025

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La actividad industrial registró en abril de 2025 un crecimiento del 8,5% interanual, consolidando así la tendencia positiva que se observa desde comienzos de año. Con este resultado, el acumulado del primer cuatrimestre muestra un alza del 6,7% frente al mismo período de 2024. Además, en la comparación con marzo, el índice desestacionalizado creció 2,2%, aunque la serie tendencia-ciclo marcó una leve caída del 0,5%, lo que refleja cierta inestabilidad en el ritmo de la recuperación.

La mayoría de los sectores industriales mostraron resultados favorables. En total, catorce de las dieciséis divisiones registraron subas interanuales. Se destacaron especialmente las industrias vinculadas a la tecnología, la construcción y el equipamiento del hogar. El mayor incremento se dio en la fabricación de muebles y otras manufacturas, con una suba del 36,2%. También fue notable el crecimiento en la producción de equipos electrónicos y de comunicación, que trepó 27,6%, impulsado por una suba del 71,4% en informática y telecomunicaciones.

Otro rubro de fuerte expansión fue el de productos minerales no metálicos, que avanzó 27,3% gracias al buen desempeño de artículos de cemento y yeso (+55,7%) y del cemento (+31,1%). La maquinaria y equipo creció 19,6%, con una mejora destacada en maquinaria agropecuaria (+31,2%) y aparatos domésticos (+45,3%). También se registraron subas significativas en textiles (+16,6%), vehículos automotores (+9,6%) y productos alimenticios (+7,3%).

Dentro del rubro alimentos y bebidas, la recuperación fue amplia. Hubo aumentos en casi todas las categorías, especialmente en productos lácteos (+13,9%), fiambres y embutidos (+17,8%), productos de confitería y chocolate (+23,2%) y en la preparación de frutas y hortalizas (+19,7%). Por el contrario, la molienda de oleaginosas retrocedió 7,5% y la producción de vino mostró una caída marginal del 0,2%.

En la industria de la yerba mate, el café y el té, la mejora fue más moderada, con un alza del 4% en abril y un acumulado anual que apenas supera el 1%. Esto sugiere una recuperación más lenta en una de las ramas tradicionales del noreste argentino.

No todos los sectores acompañaron la tendencia positiva. Se registraron caídas en la producción de productos de metal (-7,0%) y en el sector químico (-0,3%), donde impactó especialmente la fuerte baja en agroquímicos (-26,8%) y productos químicos básicos (-8,6%). En contraste, dentro de esta misma rama se destacaron los aumentos en detergentes y productos de higiene personal (+18,4%) y en productos farmacéuticos (+8,4%).

Una mención particular merece el sector tabacalero, que mostró un crecimiento interanual del 25,8%. Sin embargo, este resultado se explica casi exclusivamente por el fuerte aumento en la preparación de hojas de tabaco (+151,8%), ya que la producción de cigarrillos cayó 7,5%.

El repunte industrial de abril confirma la tendencia positiva del inicio de 2025, aunque con señales mixtas. La recuperación muestra un fuerte sesgo hacia sectores ligados a bienes durables y a la inversión, mientras que otros rubros mantienen un desempeño más débil. La caída en la tendencia-ciclo y la persistente heterogeneidad entre sectores invitan a mantener la cautela. El escenario industrial sigue condicionado por la evolución del consumo interno, la inversión y el costo de los insumos.

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Anestesia doble: cómo la ficción de normalidad y la fragilidad aprendida frenan la acción frente al colapso

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En pleno invierno austral, mientras las lluvias intensas afectan diversas regiones del país y los cortes de energía vuelven a ser parte del paisaje cotidiano, la percepción colectiva sobre la crisis climática permanece extrañamente distante. Aunque fenómenos extremos como las inundaciones en Bahía Blanca, que dejaron 16 muertos y miles de evacuados en marzo, ocuparon titulares durante días, la reacción política fue fugaz y la respuesta social, marginal. Esta brecha entre el reconocimiento del problema y la acción concreta no es simple desinterés: responde a una doble anestesia que atraviesa el presente. Una, institucional, que simula normalidad incluso ante el colapso evidente; y otra, cultural, que desactiva cualquier emoción intensa antes de que pueda traducirse en una respuesta colectiva.

En la primera capa, la hipernormalización funciona como una estrategia narrativa que sostiene la ilusión de que todo sigue bajo control. La idea, desarrollada por el antropólogo Alexei Yurchak y retomada por Gil-Manuel Hernández en el contexto actual, se manifiesta en discursos públicos donde las crisis estructurales —energética, ambiental, social— se encubren tras promesas técnicas y gestos de gestión superficial. El ejemplo más visible está en los partes meteorológicos: mientras el Servicio Meteorológico Nacional anticipa un invierno más cálido de lo habitual en gran parte del país, con lluvias intensas en el litoral y eventos extremos cada vez más frecuentes, ninguna autoridad articula ese dato con políticas de adaptación concretas. La disociación entre información y acción se vuelve norma.

La segunda capa es más silenciosa pero igual de eficaz: la fragilidad aprendida. El diagnóstico sobre la “generación de cristal” se volvió lugar común para descalificar a jóvenes sensibles, pero el problema es más complejo. No se trata de una debilidad espontánea, sino de una cultura que privilegia la comodidad emocional y reprime la angustia colectiva. En este modelo, todo lo que incomoda —miedo, culpa, duelo— es rápidamente estetizado, medicalizado o descartado como disfuncional. Se entrena a las personas para gestionar su ansiedad de forma individual, en lugar de canalizarla hacia la organización o la protesta. El resultado es un sujeto adaptado a la frustración permanente, pero privado de herramientas para convertirla en acción.

Ambas formas de anestesia se complementan. La hipernormalización impide nombrar el colapso, y la cultura de la fragilidad impide soportar lo que implicaría asumirlo. Así, aunque la mayoría de los argentinos reconoce ya los efectos del cambio climático en su vida cotidiana, la proporción de quienes modifican su comportamiento es mínima. Según datos de la Universidad de San Martín, solo el 21 % de los encuestados dijo haber reducido el uso del automóvil en los últimos seis meses, a pesar del aumento sostenido de temperaturas y del colapso energético registrado en varias provincias durante el último verano.

Frente a esta parálisis, algunos gestos comunitarios muestran caminos posibles. En los barrios periféricos de Posadas y Oberá, colectivos vecinales organizan jornadas de formación en cocina solar, compostaje urbano y conservación de alimentos sin refrigeración, como forma de recuperar saberes adaptativos ante la inestabilidad energética. Son respuestas locales, sin subsidios ni épica, pero que rompen el pacto de anestesia: nombran el problema, sostienen el malestar y lo transforman en conocimiento compartido. No pretenden resolver el colapso, pero sí anclar la vida en medio de él.

Salir del entumecimiento generalizado no requiere héroes ni soluciones mágicas, sino prácticas que restauren la sensibilidad frente a lo que ya está ocurriendo. Eso implica, también, rehabilitar la incomodidad como parte legítima del pensamiento. Porque solo cuando se recupera el derecho a sentir miedo, enojo o tristeza frente al derrumbe, puede emerger una voluntad colectiva de cambiar las cosas. No se trata de dramatizar más, sino de dejar de fingir que nada duele. La salida —si existe— empieza por apagar la anestesia.

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La industria de maquinaria agrícola crece 89,7% en facturación durante el primer trimestre de 2025

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La industria de maquinaria agrícola argentina cerró el primer trimestre de 2025 con una facturación total de 512.046 millones de pesos, lo que representa un incremento del 89,7% en comparación con el mismo período del año anterior, según el informe oficial del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El crecimiento fue impulsado por subas en todos los segmentos analizados: tractores, sembradoras, cosechadoras e implementos.

Con una facturación de 165.054,5 millones de pesos y un aumento interanual del 47,5%, los tractores lideraron el mercado en términos de volumen económico, concentrando el 32,2% del total. Se vendieron 1.362 unidades, de las cuales el 84,3% fueron de origen nacional. Aunque el crecimiento en unidades fue más moderado (19%), el salto en los precios promedios por unidad —especialmente en los modelos de más de 200 HP— explica buena parte del incremento de facturación.

Los implementos alcanzaron una facturación de 164.173 millones de pesos, con un aumento del 128,9% interanual. Se comercializaron 1.759 unidades (+36,4%), destacándose el alto porcentaje de producción nacional (85,1%). En este segmento, los “otros implementos” —que incluyen desde fertilizadoras hasta rastrillos— representaron el 57,9% del total, con un incremento de 178% en facturación. Las pulverizadoras y los equipos de almacenaje de granos también mostraron subas importantes: 99,3% y 62,7%, respectivamente.

Aunque representaron el 26,7% de la facturación total (136.564 millones de pesos), las cosechadoras se destacaron por ser el rubro con mayor crecimiento en unidades vendidas: +58,1% interanual. Se comercializaron 264 máquinas, con una participación nacional del 79,2%. El precio promedio por unidad superó los 517 millones de pesos.

Con ventas por 46.254,7 millones de pesos, las sembradoras mostraron un notable aumento del 117,2% interanual en términos de facturación, aunque su participación en el mercado total fue la más baja (9%). Se vendieron 243 unidades, lo que representa un alza del 43,8% frente al primer trimestre de 2024.

Composición del mercado y origen de la producción

El informe del INDEC muestra que la industria nacional mantiene una fuerte presencia en todos los segmentos. Los productos de origen local representaron más del 80% de las ventas en tractores, implementos y cosechadoras. En el caso de las sembradoras, no se brindó el detalle por razones de secreto estadístico.

Además, la recuperación interanual se da luego de un 2024 de gran crecimiento: ese año la facturación total acumulada fue de 1,94 billones de pesos, un salto del 275% respecto a 2023. No obstante, la variación del primer trimestre de 2025 indica una desaceleración relativa del ritmo de expansión.

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