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Andresito, donde cuidar el monte sale más barato

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El contexto económico es complejo. La desregulación del mercado yerbatero derrumbó los precios de la materia prima de la principal producción del pueblo, que es también el más perjudicado por el reparto de la coparticipación provincial. 

Sin embargo, Andresito puso en marcha una revolucionaria decisión que implica recaudar menos. Menos recursos a cambio de un legado verde. Un ejemplo que contrasta con otras iniciativas que también buscan preservar la biodiversidad y combatir el cambio climático. En el primer mundo están empezando a cobrar impuestos a los productores para compensar las emisiones agrícolas. Dinamarca dio ese primer paso en el mundo y a partir de 2030, este impuesto climático sobre la agricultura se cobrará a 300 coronas danesas (40 euros; 43 dólares estadounidenses) por tonelada de CO2e producida, y aumentará a 750 coronas danesas (100 euros; 107 dólares estadounidenses) para 2035.

Andresito era hasta hace unos años, el último municipio creado en Misiones. Más allá del Parque Nacional Iguazú, a fines de los 70 y principios de los 80 se puso en marcha un plan de colonización que llevó a numerosas familias a desafiar el monte para producir yerba mate y extraer madera en una zona que entonces era selva virgen. Cuarenta años después todavía queda monte, aunque no tan abundante. Y Andresito decidió premiar a quienes lo preserven en su chacra con la exención de las tasas que cobra el municipio. 

El intendente Bruno Beck sonríe al explicar los detalles del plan de conservación, porque se puso en marcha justo en momentos de contracción económica. “En Andresito han votado este cambio cuyas consecuencias en la actividad económica y sobre todo en la yerba mate, son negativas. Pero también así como a nivel nacional se está pidiendo el ajuste del Estado también los privados lo tienen que hacer y es cuestión de acomodarse. Nosotros hicimos el ajuste necesario dentro del municipio, no hemos renovado muchísimos contratos que cumplían con un servicio, hemos restringido muchos servicios y por supuesto al tener nosotros como municipalidad una actividad que representa el 70% que es la yerba mate, hoy con los bajos precios nos afecta muchísimo en todo. Tenemos más de 1470 kilómetros solo de caminos, son los mismos kilómetros que de aquí a Mar del Plata, mantener caminos de condiciones para sacar la producción es complicado por el alto costo de los combustibles y los repuestos. Entonces no afecta muchísimo lo que está pasando en general, pero no por eso hay que bajar los brazos, al contrario, hay que poner más esfuerzo, hay que buscar otras iniciativas y poder superar la situación”, detalla. 

En ese contexto, cobra otra dimensión la decisión de resignar recursos a cambio de cuidar el entorno natural. 

“No bajamos las tasas, las sacamos”, saca pecho Beck. “Hay una realidad: Si no cuidamos el medioambiente en esta zona, donde estamos rodeados de parques, el esfuerzo que hacemos es vano. Incentivamos el cuidado del monte, de la biodiversidad, para nosotros es importantísimo eso y de alguna manera generamos la iniciativa en la gente, podemos cuidar, podemos hacer algo. No es mucho. Ojalá la Provincia también pudiera hacer eso”, reflexiona el alcalde que lleva varios mandatos frente al municipio.  

La respuesta a la iniciativa municipal fue muy positiva. “Hasta ahora no hemos tenido ningún tipo de problema, al contrario. Esto nos está obligando a seguir avanzando, porque hay mucha gente que todavía tiene monte en las chacras, pero no tiene ningún resultado económico, entonces ese también es el objetivo de incentivarlos para que conserven”.

Detrás del plan de conservación ambiental hay varios jóvenes y también Hugo Cámara, un ambientalista que adoptó a Andresito como lugar de vida. “El Municipio a través del Concejo Deliberante crea una ordenanza con la figura de corredores municipales de conservación y desarrollo, esta es una figura novedosa que pone en valor algunas áreas del municipio, donde es necesario mantener la conectividad entre los diferentes bloques de áreas protegidas. Andresito tiene varias áreas protegidas, pero también tiene muchas propiedades privadas que están fuera de las áreas y que tienen un bosque interesante para conservar, entonces lo que hicimos fue crear esta figura y crear dos corredores, uno que ya está prácticamente establecido que es el corredor Urugua-í, el más conocido por el de Ecoducto, que es casi un símbolo y otro en la Península, con un corredor que tiene más o menos unas 5.000 casi 5.300 hectáreas. El objetivo es preservar los mini corredores que unen las diferentes áreas protegidas. Hoy estamos alrededor de 11 áreas protegidas dentro del corredor, sumando áreas nacionales, provinciales y las reservas privadas que tienen  diferente tipo de gestión”, enumeró Cámara. Entre las principales áreas protegidas están Puente Verde, rodeada por lodges como Surucuá, o reservas como la que produce yerba orgánica para Guayakí, o una parcela de Bayka, que lidera Matías Romano, el propietario de San Sebastián de la Selva, que encaró hace unos años un intenso plan de recuperación de la selva frente al Parque Foerster. 

Fotos gentileza Elías Dias Da Silva.

El cuidado del monte es también un atractivo para otras economías, como el turismo. “El municipio da un incentivo fiscal para la conservación, esa es una figura novedosa a nivel municipal. La respuesta ha sido muy buena. En este momento llevamos siete propiedades que están ya compartiendo área de conservación y alrededor de 300 hectáreas que sumamos de conservación dentro del corredor. Eso es un número importante porque son áreas clave para conservar, propiedades importantes y gente que, no solamente por  la exención de tasas, ha reconocido que su chacra tiene algo especial: La Península siempre fue algo especial para todos. Lo que hay que trabajar un poco es eso, sentir el orgullo de que la chacra forma parte de un proyecto y que conserva la biodiversidad. No cualquiera tiene un yaguareté caminando por su chacra, unos lo pueden ver como una catástrofe y otros como un orgullo”, argumenta Cámara.

“Es lento, porque obviamente esto lleva un proceso, no es que nosotros solamente declaramos la reserva, sino también la hacemos el plan de gestión, se hace un relevamiento, un mapeo, se determina cuál área, porque no toda la propiedad ingresa, solo la propiedad que tiene bosque. La exención no es sobre el lote entero, sino sobre el lote que vas a conservar”.

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Colonia Gisela: familia comprometida con la selva suma su reserva al Sistema de Áreas Naturales Protegidas de Misiones

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Otras 76 hectáreas se sumarán al Sistema Provincial de Áreas Naturales Protegidas. Son las que corresponden a la Reserva Privada El Lapacho de Colonia Gisela, municipio de General Urquiza. La propietaria de las tierras, Carolina Gutiérrez Zaldivar, realizó los trámites correspondientes ante el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables. “Con esto buscamos que se tome conciencia. Misiones es una de las pocas provincias que lleva adelante acciones concretas para la conservación de lo que nos queda de monte nativo”, destacó.

“Con mi familia siempre concebimos a estos dos lotes como un lugar de conservación. Solo que recién ahora se da la oportunidad de formalizarlo. Estamos muy contentos de haber podido alcanzar este logro”, reconoció tras reunirse con el ministro Martín Recamán.

Carolina tiene una historia particular. Nació en Misiones, pero luego se mudó con sus padres a Córdoba. Sin embargo, al regresar a la Tierra Colorada, volvió a comprar parte de las propiedades que habían sido de sus progenitores.

“En 1996 adquirimos 76,9 hectáreas de las tierras que habían sido de mis padres entre 1942 y 1975. En su momento, fue una chacra con 70 hectáreas de tung y 120 hectáreas de yerba y monte”, precisó la propietaria, muy orgullosa de sus profundos lazos con la provincia.

En la propiedad siguen en pie los yerbales (alrededor de 6 hectáreas). Muchas de las plantas tienen alrededor de 80 años. “Somos socios fundadores de la Cooperativa Biodinámica La Abundancia Ltda de Puerto Rico. Damos valor agregado a la yerba mate con la marca comercial Arapeguá. Estamos adheridos al proyecto de Aves Argentinas para la conservación del Bosque Atlántico y a promover el cultivo de yerba bajo monte, identificando esta labor con el sello CAA (Cultivo Amigo de las Aves). Esta iniciativa exige un compromiso de conservar por cada hectárea de yerba mate 1 ha de monte. Y en la cooperativa tenemos el orgullo de decir que los productores cuentan por cada ha de yerba mate 10 ha de monte”, añadió.

Carolina remarcó que en estos tiempos en que el mundo habla de la fragilidad de muchos ecosistemas, “es más importante que nunca la conservación. Buscamos abrir la conciencia de los dueños de propiedades con monte nativo”.

En la reserva privada de los Gutiérrez Zaldivar hay árboles como pino Paraná, cedro, anchico, cancharana y laurel. “Se han avistado animales como osos hormigueros, coatíes, hurones, tiricas y magray. Además tenemos un humedal (bañado) de dos hectáreas y la propiedad es atravesada por el arroyo Once”, detalló.

Anticipó que tienen en proyecto la puesta en marcha de un vivero de nativas y ornamentales y un centro de estudios e investigaciones. 

De las 76,9 hectáreas de la reserva, 48,3 hectáreas son de monte nativo. Carolina regresó a Misiones para cumplir sueños. El primero fue volver a ser propietaria de la tierra en la que nació. Ahora concretó el segundo: hacer un aporte para la conservación del Bosque Paranaense.

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Puente Verde, conexión salvaje

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Para llegar hay que recorrer casi 30 kilómetros desde el centro de Andresito, el pueblo al norte de Misiones, a unos 350 kilómetros de Posadas. La interminable ruta de tierra recorre un tramo de yerbales, algunas chacras, un par de escuelas y casas cada vez más alejadas. Monte. Mucho monte. Al final del extenso camino emerge una nueva reserva natural. Su nombre obedece al factor clave que juega, enclavada en la Península de Andresito: Puente Verde, una conexión salvaje entre el Parque Nacional Iguazú, el manso río homónimo aguas arriba de las famosas Cataratas que se conforman 70 kilómetros aguas abajo, y el parque nacional del lado brasileño, además de otras nueve áreas protegidas privadas y provinciales.

Son 183 hectáreas de monte en buen estado de conservación, compradas por Aves Argentinas –la organización ambiental más antigua de Latinoamérica- para re-generar un vínculo entre los parques y garantizar la supervivencia de la inconmensurable fauna y flora del lugar, con palos rosas y palmitos como emblemas. 

Se identificaron 282 especies de aves -más del 50 por ciento de lo que hay en Misiones-, tapires, monos, roedores, serpientes y el mítico yaguareté. 

Las cámaras trampas y los vecinos han logrado captar a varios ejemplares distintos recorriendo la zona. Sus rugidos, cuentan los guardaparques, suelen escucharse en la espesura del monte. También se escucha al pájaro campana, un ave que se creía extinta en Misiones. Pronto se incorporará un ejemplar de maracaná de lomo rojo, un loro sanado en el hospital Güira Oga con el que se buscará conformar plantel estable de una especie que se extinguió en Misiones en el proyecto de recuperar el monumento natural. 

Puente Verde forma parte de una iniciativa mayor. Un corredor biológico de Andresito de unas 5.300 hectáreas, de las cuáles 3.574 son bosques y 1.700 hectáreas son chacras cuyos dueños están dispuestos a preservar el monte en el marco de una iniciativa promovida por el municipio: exención de tasas a cambio de cuidar la selva. Un sector está sobre el río Iguazú, el otro entre el Parque Foerster y el Parque Provincial Urugua-í. En ambos márgenes del pueblo hay una característica distintiva: un creciente interés por la preservación, desde pequeñas parcelas hasta grandes extensiones.

Puente Verde está rodeado por chacras que también cuidan el monte, como el lodge Surucuá o la reserva que produce yerba orgánica para Guayakí. La preservación genera más de 20 empleos directos en ese extremo de la provincia, donde además del cuidado del monte hay un ambicioso plan de restauración de especies: desde el loro vinoso y el yacutinga hasta árboles como el loro negro o el cedro. Hay un amplio vivero con distintas especies para replantar en el monte propio y también entregar a los vecinos que quieran replicar el rewilding.

Un árbol puede tardar entre diez y 50 años para alcanzar su altura máxima. Será difícil que quienes están trabajando en Puente Verde vean el resultado de su dedicación. “La restauración es una actividad de esperanza, de futuro”, reflexiona Hugo Cámara, uno de los nombres detrás de Puente Verde. A sus 63 años, exuda una pasión juvenil por lo que hace. Pasión por la naturaleza. La misma que refleja Julián, un entrerriano de 24 años que hace varios meses vive en medio del monte como uno de los encargados de la reserva y también del vivero. El joven vino hace cinco años a Misiones, a estudiar en la escuela de Guardaparques de San Pedro. No se quiere ir. Ya es uno más entre los vecinos de las chacras cercanas. 

“Conservar es un proceso de mediano y largo plazo. Puente Verde, además de estar trabajando en conservación, y el monitoreo de biodiversidad, es un centro de atracción a mucha gente que viene a ver aves al norte de Misiones particularmente, por tratarse de un lugar donde hay una infraestructura con muy buenos senderos como para hacer recorridos. También hay información, nosotros no alojamos gente, pero hay un lugar para acampar, por el momento es solo para socios de Aves Argentinas. Estamos haciendo un proyecto de uso público extendido para insertarnos en la oferta turística regional, aunque eso llevará un tiempo.  Entonces somos una reserva que trabaja en conservación, en restauración y también trabaja aportando lo que es el desarrollo turístico de esta zona recibiendo gente que viene principalmente a ver y a fotografiar aves”, detalla Cámara. 

Las aves son el principal atractivo, pero también hay presencia de mamíferos grandes, aunque mucho más difíciles de ver. “Te eriza la piel”, cuenta Julián en voz bajita. Se refiere al “verdadero rey de la selva”. El yaguareté, que se sabe que está, aunque no se lo vea. El joven guardaparque tiene el oído entrenado y lo escuchó varias veces, en las noches, en el monte y cerca del río, además de verlo en las cámaras trampa. Además del yaguareté en Puente Verde hay tapires, agutíes, tapetíes -conejos nativos-, pecaríes y varias especies de monos. 

Julián se siente cómodo en la selva. Se crió en contacto con la naturaleza, ya que su padre también es guardaparque. “Quiero dedicar la vida a la conservación. Misiones me enamoró. Me apasionan las aves”, explica. Esa pasión también atrae a muchos voluntarios que se suman para el trabajo de campo, como llevar los plantines del vivero al terreno y el monitoreo de las cámaras trampa.  

Puente Verde se ha convertido en un centro de atracción, atraemos talentos, inversores y también negocios sustentables como es el caso del turismo, pero uno de los principales logros es que haya puesto de alguna manera a la Península Andresito en un lugar privilegiado, un lugar de interés, el llamar la atención”, resalta Cámara.  El corredor “Península de Andresito” posee una superficie total de 5.276 hectáreas distribuidos en 68 lotes con una superficie promedio por lote de 77,5 hectáreas.

El objetivo es que Puente Verde sea uno de los puntos centrales del Corredor biológico local, gestado por el municipio de Andresito y que involucra a otros productores dispuestos a preservar sus porciones de monte. La península de Andresito es como una cuña que ingresa dentro del Parque Nacional brasileño, y que rodea el río. Es clave para conservar. “La península siempre fue algo especial para todos. Lo que hay que trabajar es que el dueño se sienta orgulloso de que su chacra forme parte de un proyecto de conservación. No cualquiera tiene un yaguareté caminando por su chacra, unos lo pueden ver como una catástrofe y otro lo pueden ver como un orgullo”, analiza el especialista. 

También existe la posibilidad de que los propietarios además de conservar elijan restaurar, lo que demanda la inversión que significa plantar, mantener y limpiar -sobre todo el pasto elefante-, para poder plantar especies nativas. 

Plantar un árbol y hay que esperar 50 años hasta que crezca ¿que te genera eso? 

“Restaurar es un acto de esperanza, un acto de fe, porque muchos de los que somos medio viejitos no vamos a ver los resultados, pero es un compromiso verdadero, a largo plazo, porque de alguna manera es un legado.Restaurar es eso y también hay que hacer una diferencia importante, porque restaurar dentro de un área protegida donde estamos buscando recuperar ambiente es una cuestión, pero también se puede restaurar en un área productiva incluyendo plantas frutales, que después puede usar para una producción sustentable”. 

El palmito es una de esas plantas frutales que está teniendo un aprovechamiento sustentable. Sin tumbar la planta, se aprovecha la pulpa, se extraen los frutos para hacer dulces y salsas. 

Pese a su extensa experiencia en la materia, Cámara se emociona cuando habla del monte. “Es un ambiente espectacular, es como un súper organismo que vive por sí mismo, la clave de la selva es justamente lo completa que es, esa lluvia de hojas permanente que hace que el suelo sea lo que es y esa circulación interna de la energía es como un súper organismo que funciona por sí mismo”, desmenuza.

Ese compromiso con el monte va de la mano de otra pasión: la música. “Soy músico y cuando se empieza a conocer los grandes autores de la música argentina o la música popular, te das cuenta que ahí está la naturaleza o está la selva. Ramon Ayala en su música habla de eso, entonces creo que es parte de nuestra identidad. No podemos concebir a Misiones sin su selva. Entonces creo que todo aquel que ama a su provincia, que ama su territorio, ama su paisaje, de alguna manera debería contribuir para conservarlo, porque si se pierden los referentes, se pierde la cultura. ¿Para qué vas a nombrar algo que ya no está? Con el tiempo desaparece de tu vocabulario y nadie se acuerda de lo que era”. 

Puente Verde está para evitar ese olvido. Es la punta de un corredor verde mucho más extenso. Andresito es yerba pero también es monte. Un monte que con trazos visibles y otros silenciosos, recobra su opulencia.

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Un mural de la selva recibirá a los turistas en el Aeropuerto de Cataratas del Iguazú

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Este miércoles se inauguró el mural “El agua de la selva” en el Aeropuerto de Iguazú, en una iniciativa conjunta entre Agua de las Misiones, Proyecto Yaguareté (ONG) y el artista plástico Tonnyc Graff. Este proyecto busca promover el compromiso con la fauna y flora de la provincia a través del turismo sostenible.

Desde 2023, Aeropuertos Argentina ha trabajado bajo el concepto de turismo sostenible, implementando formación gratuita para más de 4000 personas involucradas en los servicios a los pasajeros, promoviendo la separación de residuos en origen, mejorando infraestructuras con características locales y optimizando el uso de recursos naturales. 

Además, la iniciativa Destino Plástico Cero se enfoca en reducir el uso de plásticos en los aeropuertos, beneficiando tanto a pasajeros como a locales comerciales.

Con esta misma visión, este año hemos intervenido en varios espacios del aeropuerto de Puerto Iguazú, reafirmando nuestra convicción de que el vínculo entre los sectores privado, público y social es fundamental para mejorar la vida de las personas.

El evento contó con la presencia del ministro de Turismo de la provincia de Misiones, José María Arrua, el presidente de Agua de la Selva, Angel Vallejos, y representantes de Aguas Misioneras, una empresa del Estado provincial misionero con un enfoque social y ambiental. Esta empresa nació para generar empleo y recursos genuinos para programas de bien común y su gestión se basa en la sostenibilidad, siendo económicamente viable, socialmente beneficiosa y ambientalmente responsable. 

Durante la ceremonia, se destacó la importancia de las alianzas público-privadas y el sector social para alcanzar mejores resultados en la conservación ambiental.

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Día Mundial del Medio Ambiente: nuestras tierras, nuestro futuro

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Desde 1972 el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) dirige y celebra cada 5 de junio el Día Mundial del Medio Ambiente, una iniciativa mundial para la concientización ambiental, que busca fomentar la protección y restauración de los ecosistemas. El lema elegido para el 2024 es #GeneraciónRestauración: no se puede retroceder el tiempo, pero sí es posible hacer crecer los bosques, revitalizar las fuentes de agua y restaurar los suelos.

Los ecosistemas de todo el mundo están en peligro. Desde bosques y tierras áridas hasta tierras productivas y lagos, los espacios naturales de los que depende la existencia de la humanidad y otras especies están llegando a un punto de no retorno. Según la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, hasta el 40% de las zonas terrestres del planeta están degradadas, lo que afecta directamente a la mitad de la población mundial.

La acción es urgente: asumir compromisos, asignar recursos y actuar de manera efectiva. La conservación y restauración no son solo imperativos ambientales, son esenciales para preservar la salud, el bienestar y la supervivencia de nuestra sociedad y del planeta.  

Desde hace más de 50 años el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), conmemora el 5 de junio como el día mundial del ambiente; no obstante, a pesar de los múltiples esfuerzos, nuestro ambiente se sigue degradando. Afrontamos una triple crisis compuesta por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y los excesivos índices de contaminación. Los niveles de consumo de los recursos naturales alcanzados por nuestra generación sobrepasan ampliamente la capacidad del ambiente de reponerlos, y esto ya no solo compromete las posibilidades de las generaciones futuras de satisfacer sus necesidades, sino que compromete nuestras propias posibilidades de desarrollo” reflexionó Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre Argentina.

La verdadera sostenibilidad es aquella que se aplica de manera transversal: desde la producción de energía y productos, hasta las formas de comercio o el transporte, pasando por cómo vivimos, cómo son los sistemas alimentarios y económicos. Para tomar decisiones sobre políticas públicas y económicas se debe considerar el análisis de los impactos que estas acciones podrían producir sobre los ambientes, las especies y los servicios ecosistémicos asociados.

“La gravedad de la situación requiere acciones concretas: la conservación de los ecosistemas de nuestro planeta y la biodiversidad asociada es la base del bienestar de las sociedades y de la prosperidad humana, y del cual provienen todos los elementos que necesitamos para cubrir necesidades tan básicas como respirar, hidratarnos, alimentarnos, cobijarnos y protegernos. Es por eso que, en un contexto de crisis ambiental, la restauración resulta un imperativo, antes de llegar a un punto de no retorno” advirtió Manuel Jaramillo.

Conservar y restaurar los bosques nativos de Argentina: Bosque Atlántico y Gran Chaco

El Bosque Atlántico, compartido por Argentina, Brasil y Paraguay, se enfrenta a una grave crisis de deforestación y degradación. Se trata de una de las ecorregiones más amenazadas del planeta y alberga una riqueza biológica única: contiene el 7% de las especies de plantas y el 5% de las especies de animales vertebrados del mundo.  Originalmente cubría 1.345.300 km2. Sin embargo, en los últimos 40 años se redujo significativamente —por la deforestación, urbanización, producción— y hoy queda solo el 17 % de los bosques originales.

Los tres países aún enfrentan desafíos para la conservación de la ecorregión, siendo la restauración del paisaje una oportunidad para aumentar la cobertura forestal y mejorar la calidad de vida de las personas. En el Bosque Atlántico, representado por la selva misionera en nuestro país, vive el felino más grande de Latinoamérica que se encuentra en peligro crítico de extinción en nuestro país: el yaguareté.

Por su parte, el Gran Chaco se trata de la ecorregión boscosa más extensa del continente americano después del Amazonas, con una diversidad ambiental y social excepcional. Se extiende en gran parte de Argentina, Paraguay, Bolivia y una pequeña porción de Brasil, y sus ambientes —bosques, pastizales, sabanas, arbustales y humedales— la hacen una región única en el mundo. Sin embargo, El Gran Chaco es una de las principales ecorregiones del país y se encuentra seriamente amenazada: es uno los sitios con mayor deforestación del mundo y niveles más altos de degradación.

Desde hace más de un siglo esta región enfrenta la pérdida sostenida de su patrimonio natural y cultural principalmente por el cambio de uso del suelo para producción agropecuaria y forestal y negocios inmobiliarios, causando deforestación, conversión y degradación de sus ambientes naturales, desplazamiento y empobrecimiento de las comunidades indígenas, extinción de especies y pérdida de los servicios ecosistémicos. En Argentina ya hemos perdido más del 30% de los bosques chaqueños y, a pesar de contar con la Ley de Bosques, entre los años 2007 y 2021, el 76% de la deforestación fue ilegal.

Las Pampas: la ecorregión más transformada

La ecorregión pampeana es una gran llanura cubierta originalmente por pastizales naturales. Sus ambientes albergan una enorme biodiversidad que incluye al icónico venado de las pampas, especie amenazada de extinción.

Las Pampas están en grave peligro y la vida del pastizal se está perdiendo a gran velocidad.  Actualmente queda solo el 20% de sus ambientes naturales, debido al avance de la agricultura y la ganadería no sustentable, la caza furtiva, y en los últimos años por la expansión de urbanizaciones y plantaciones de árboles exóticos.

La conversión de los ambientes se trata de la pérdida de la cobertura vegetal natural de un ambiente, como bosques, pastizales y humedales. Generalmente, es provocada por la acción humana para destinar ese suelo a otras actividades, como la agricultura, la ganadería y la urbanización. Estos procesos tienen un enorme impacto negativo: contribuyen al cambio climático -ya que se incrementan las emisiones de dióxido de carbono (CO2)-, reducen y fragmentan el hábitat de especies animales y vegetales -aumentando el riesgo de extinción- y dificultan la capacidad de los suelos de regular excedentes de agua y, por ende, inundaciones. Pero también atentan gravemente contra el desarrollo sustentable de la sociedad, ya que disminuyen la provisión de servicios ecosistémicos, como la regulación del clima, la captación y reserva de agua dulce, y la estabilidad de los suelos para la producción de alimentos.

Fundación Vida Silvestre Argentina trabaja en estas ecorregiones en proyectos de conservación y restauración, tanto de la selva misionera como de los bosques chaqueños y los pastizales pampeanos, junto con la sociedad local y gobierno. El objetivo es lograr la protección y el manejo responsable de los recursos naturales y compatibilizar los planes de desarrollo regional con la conservación de la biodiversidad.

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