Argentina debe ir a terapia
|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
En este país todos debemos ir a terapia, la Argentina de Javier Milei está cada vez más afectada en su salud mental y sin dudas los problemas económicos, las deudas, la falta de trabajo y no poder llevar adelante la familia, encabezan las preocupaciones que perturban la cabeza de la mayoría de los argentinos.
Por otro lado, después de la actual gestión de gobierno nacional, queda demostrado que para hacer política y dirigir un país es importante hacer terapia y garantizar un buen estado de salud mental. A su vez, la elección de un presidente, con el perfil psíquico de Javier Milei, refleja la salud mental de nuestra sociedad.
Ajuste y Salud Mental
Las políticas de ajuste del gobierno de Javier Milei produjeron un deterioro en el bienestar psíquico y el sufrimiento social.
Un informe de la UCA revela que casi el 49 por ciento de población argentina reporta altos niveles de ansiedad y estrés crónico y ese porcentaje crecer a medida que avanza el año, la gestión y se afianzan las medidas económicas. En este sentido, el país lidera el ranking regional de malestar emocional y al menos 6,5 de los ciudadanos se encuentra en riesgo de desarrollar un trastorno mental severo.
El estrés se incrementa cuando no se llega a fin de mes, crece el endeudamiento permanente y la amenaza de perder el empleo, o no conseguirlo, las jornadas laborales extenuantes, tener dos o tres trabajos, pedir préstamos, intentar devolverlos, malabares financieros cotidianos y aun así no alcanza. Ese esfuerzo no solo agota el bolsillo: desgasta también la salud física y mental. El insomnio, la irritabilidad y la desconexión con el propio cuerpo son las formas en que el malestar se expresa. Además, la crisis se filtra en los vínculos: las tensiones generan conflictos familiares y profundizan el aislamiento. La salud mental no puede pensarse por fuera de las condiciones materiales; la pobreza y la exclusión también enferman e impactan directamente en nosotros.
Toda esta situación que pone a la población en extrema vulnerabilidad se suma la medida del gobierno de Milei: reducir el presupuesto destinado a salud en general: a salud mental y adicciones en particular.
El impacto de la crisis es más grave en los sectores populares y en los barrios marginales. Por otro lado los adultos mayores y jubilados conforman otro sector especialmente castigado. Con jubilaciones que perdieron más del 30% de su poder adquisitivo en el último año, muchos se ven obligados a elegir entre remedios y alimentos. La depresión en personas mayores de 65 años, frecuentemente subdiagnosticada y normalizada como «cosas de la edad», creció de manera sostenida y silenciosa.
Las personas con discapacidad también están en el centro de la tormenta de este gobierno libertario. Los recortes, las demoras o suspensiones en las prestaciones de salud mental (sesiones de psicología, psiquiatría, acompañamiento terapéutico) dejaron a miles sin cobertura efectiva. Para quienes dependen de esos servicios para sostener su vida cotidiana, la interrupción no es un inconveniente administrativo: es llevar a las personas a una crisis segura.
8 de cada 10 hogares lo sostienen mujeres
Si la crisis impacta sobre toda la sociedad, no lo hace de manera igualitaria. Las mujeres seguimos siendo quienes absorben la mayor parte del costo invisible. En un sistema de cuidados que históricamente recae sobre nosotras, la sobrecarga se profundiza: más tareas domésticas, más contención emocional, menos recursos.
A esto se suma la precarización laboral. Las mujeres suelen ocupar empleos más inestables y, en tiempos de ajuste, son las primeras en ser expulsadas del mercado. Esta pérdida de autonomía económica es peligrosa: funciona como un factor que agrava las violencias de género, al aumentar la dependencia y dificultar la ruptura de vínculos abusivos.
El suicidio está en emergencia
El dato es demoledor: en lo que va de 2026, los suicidios en la población de entre 18 y 29 años crecieron más de un 40%. Lo que estamos viendo no es una «decisión privada», sino el síntoma más trágico de una generación que siente que esta política y este sistema le cerró el futuro.
Para miles de jóvenes, el título secundario o universitario ya no es garantía de un trabajo digno, y el empleo registrado es sueño imposible. Esta «incertidumbre existencial» no es gratuita: produce una fragilidad emocional profunda en la que la frustración se convierte en una forma de identidad.
Se suma los miles de jóvenes que provienen de hogares en situación de pobreza, quienes cargan con una doble vulnerabilidad. Por un lado, la presión de sostener económicamente a sus familias desde edades tempranas los empuja fuera del sistema educativo y hacia empleos informales y mal remunerados. Por otro lado, el acceso a tratamiento psicológico, cuando se reconoce la necesidad, está vedado por los costos o por la ausencia de dispositivos públicos en los barrios.
El discurso de la «meritocracia» y la «libertad individual» termina siendo una trampa cruel: si no logras éxito el sistema te expulsa, y la lógica libertaria te dice que el fracaso es solo tuyo.
Niñeces en riesgo
Los niños y niñas no escapan a este panorama. Un informe de la UCA indicó que 6 de cada 10 niños en Argentina son pobres. Además, 3 de cada 10 no comen regularmente. Los equipos de orientación escolar reportan un aumento sostenido de consultas por problemas de conducta, dificultades de atención y síntomas de ansiedad en alumnos de nivel primario. La escuela, que históricamente operó como red de contención además de espacio de aprendizaje, se encuentra desbordada: los docentes absorben una demanda emocional para la que no fueron formados y que tampoco es su responsabilidad exclusiva. Sin equipos interdisciplinarios reforzados, sin psicólogos escolares suficientes, la institución educativa no puede sola.
Luchar para salir de Terapia Intensiva
Las políticas de este gobierno, no sólo son ajustes, recortes, además siembran odio, desarman redes de contención y vacían instituciones. El acceso a la salud mental se ha vuelto un privilegio de clase: el 43% de quienes necesitan terapia afirman no poder pagarla. La atención psicológica empieza a convertirse en un privilegio que pocos pueden acceder y en desventaja con la demanda. o.
No hay salud mental posible en una sociedad empujada a la intemperie. El malestar no se resuelve con discursos motivacionales, ni yendo a terapia solamente o tomando medicación, sino con trabajo digno, educación pública y redes comunitarias. Por eso es importante que las luchas sean colectivas, porque nadie se salva solo, y al batallar erigimos y garantizamos una sociedad con salud mental y sobre todo con Derechos, es urgente recuperar nuestra humanidad, nuestra Patria.
